
El Camino nos invita
a disfrutar de un montón de cosas que no se compran,
que no sólo son gratis, sino también gratuitas:
el amanecer en el páramo, la lluvia de Galicia,
la charla en el albergue,
la comida o el vaso de vino con el paisano,
las nubes en la montaña, el ábside románico...
El Camino nunca es el mismo,
porque las oportunidades para disfrutar
cada vez son otras.
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