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Cáritas, 60 años de solidaridad

Cáritas, 60 años de solidaridad

Cáritas Española celebró este fin de semana su sesenta aniversario. Esta asociación es pionera en la asistencia y promoción de los más pobres de entre los pobres


«No somos el «brazo social de la Iglesia», sino la misma Iglesia, que quiere seguir siendo fiel a su identidad», afirma Silverio Agea, secretario general de Cáritas Española, que este fin de semana celebró en El Escorial su 60 aniversario, coincidiendo con la LXI Asamblea General, bajo el lema «Cáritas y el compartir fraterno de la comunidad eclesial».

Desde 1947, Cáritas trabaja por la atención y promoción social de distintos colectivos en riesgo, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Desde transeúntes a enfermos de SIDA, pasando por el trabajo con inmigrantes, niños y jóvenes, drogodependientes, reclusos, discapacitados y personas mayores. Desde Cáritas, además, se realizan proyectos como el de Empleo (que este año cumple el cuarto de siglo desde su puesta en marcha), Vivienda, Formación y Estudios. En este último ámbito, y gracias a los informes Foessa, Cáritas se ha destacado como un pilar insustituible a la hora de establecer políticas sociales y educativas en España.

A lo largo de todos estos años, el trabajo de Cáritas ha ido cambiando al mismo ritmo que la propia sociedad española. Así, en los duros años de la posguerra, «Cáritas nació con una misión totalmente asistencial», apunta Silverio Agea, para atender a los miles de desplazados y de empobrecidos tras la Guerra Civil y la contienda mundial, así como a los ancianos y huérfanos.

De la asistencia a la denuncia

«Pero, de inmediato -añade el secretario general-, Cáritas notó que no sólo podíamos quedarnos en la asistencia, sino que había que trabajar en la promoción social». En los años cincuenta, la tan manida expresión de «no dar el pez, sino enseñar a pescar» se convirtió en el ámbito de actuación de esta organización, que vivió la década de los sesenta con emoción, al albur de la «primavera de la Iglesia» que supuso el Concilio Vaticano II.

De esa fecha datan programas, pioneros en nuestro país, como el citado de Empleo, así como otros destinados a la promoción de la mujer, la juventud y los «sin techo», una realidad que comenzó a hacerse patente a finales de los años 60.

La tercera etapa, en la que todavía anda inmersa esta organización, «surgió al darnos cuenta que, junto a la labor asistencial y la promoción social, Cáritas debía liderar la transformación de la sociedad». De este modo, surgieron los movimientos de denuncia de las «estructuras de pecado», y la sensibilización social.

La «denuncia profética», como integrantes de la Iglesia, tuvo dos elementos fundamentales. De un lado, el fomento de la Cooperación Internacional que en 2005 supuso el 14% del presupuesto de Cáritas, unos 167 millones de euros, y que en 2006 ya alcanza el 20% del total- ; del otro, la irrupción del fenómeno de la inmigración.

Una fecha clave para esta tercera fase fue 1994 y el drama de los Grandes Lagos. Posteriormente llegó el liderazgo de Cáritas en la lucha por la erradicación de la deuda externa y el cumplimiento de los Objetivos del Milenio. En el ámbito de la Cooperación Internacional, la labor de Cáritas siguió los mismos patrones que en nuestro país. «Al principio -recuerda Agea-, trabajábamos para paliar las urgencias y atender las grandes catástrofes humanitarias. Después comenzamos con la promoción social, y ahora también estamos comprometidos con la prevención de las situaciones injustas», provocadas por la sempiterna lucha Norte-Sur.

Sesenta años después, la red nacional de Cáritas está constituida por unas 5.000 Cáritas Parroquiales, 68 Cáritas Diocesanas y sus correspondientes Cáritas Regionales o Autonómicas, que hacen de esta entidad «un observatorio privilegiado de la realidad» existente en nuestro país, hasta el punto de que, según Agea, «hoy por hoy, podemos adelantarnos a señalar cuáles serán los problemas de la sociedad».

Una ingente labor para la que trabajan más de 4.000 profesionales, además de la insustituible colaboración de 65.000 voluntarios y miles de socios y benefactores, lo que hacen de Cáritas la principal entidad social de España. Y que, a diferencia de lo que se piensa, se financia en su gran mayoría con fondos privados. En 1999, su misión fue reconocida con la concesión del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación.

Pero hay algo que no ha cambiado en todo este tiempo. «Cáritas siempre ha permanecido fiel a la identidad de ser Iglesia. No somos una parte de la Iglesia, somos la Iglesia misma», estima el secretario general de la organización.

Identidad eclesial

Precisamente, el refuerzo de la identidad cristiana de Cáritas es uno de los ejes principales de la Asamblea de este fin de semana. Así, los responsables de esta entidad subrayan el «espaldarazo» dado por Benedicto XVI en su primera encíclica, «Deus Caritas Est», donde reivindicaba el papel de las ONG católicas en la promoción social y la lucha contra las desigualdades, dentro de un profundo ser de Iglesia.

Entre los retos de futuro, Silverio Agea destaca la relevancia de «mantener, y fomentar, la identidad cristiana de Cáritas, y animar a la comunidad cristiana para que comparta no sólo su dinero, sino también su tiempo, con los más necesitados. Que los cristianos se impliquen más». En este sentido, se abundará en la promoción y el protagonismo del voluntariado.

Jesús Bastante

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