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cuatrodecididos

Contra toda esperanza..

Contra toda esperanza..

A veces, la única manera de “entender” lo que es velar y estar atentos es cuando tenemos que “velar–atender a un enfermo” en el hospital. No podemos dormir: hay que vigilar el “goteo”, la hora de las pastillas, la respiración...
Pero no es de esto a lo que el evangelio nos invita cuando nos urge a “velar”. Vigilar y velar para el Evangelio es poner todo lo que hay de mejor en nosotros para apercibirnos de los signos de presencia de Dios a nuestro lado. No es éste de nuestros días un momento sin Dios, por mucho que muchos lo piensen. No estaba Dios antes más presente en el mundo o en la Iglesia de lo que ahora está. Es cierto que quizás haya “elementos” que caen. Caen porque ya no son mediación de Dios, de su presencia o con capacidad suficiente para sospechar (=ser interrogados) que detrás de ellos Alguien tenía que estar.

Dios hoy está abriendo nuevos caminos de presencia... y no nos damos cuenta. Dios hoy está viniendo de nuevo, como ayer, como siempre, y no nos damos cuenta. Dios hoy está haciendo señales y guiños para ser reconocido, y algunos sí que se dan cuenta mientras otros viven esperando (¡o promoviendo!) la “repetición” los signos de ayer...

Hoy es momento de novedad, es momento de susurro, es momento de intimidad... Los íntimos de Dios saben que Dios no nos ha abandonado.

Es momento de novedad. Dios nos sorprenderá. Seguro que no nace, que no viene por los caminos que le marcamos. Dios no quiere que el hombre le marque caminos. Dios siempre inaugura él mismo los caminos por los que llega.

A los que se sienten acobardados y lamentan “otros tiempos donde todo parecía mejor”, a los que se sienten como abandonados de Dios porque esto “está muy cambiado y parece que Dios no tiene sitio en nuestra Sociedad”, a los que se frotan las manos porque, por fin, en vez de Dios hay dioses (cada uno los suyos), a éstos y a todos los demás, hay que anunciarles: que el Dios de la Biblia está vivo, que el Dios de Jesús sigue vivo, que el Dios de ayer sigue sin morir y han muerto los que anunciaron su muerte, que el Dios de nuestros padres, sigue empeñado en su pacto de fidelidad, que el Dios de Jesús, el Salvador, el Hijo de Dios no ha desaparecido de nuestras ciudades...

Habita, como en la primera Navidad, en lugares donde hay sencillez, acogida, sorpresa, aliento nuevo, sensibilidad para lo verdaderamente humano, lo profundamente humano.

Cuando os canséis de mirar la luz artificial, colorida y zigzagueante, dirigid la mirada reposada, pausada, discreta y descubrid: hay hombres que rezan, que callan, que se dan, que buscan, que no se dejan enganchar por la corriente, que aman la verdad, que aman al otro, que lo defienden, que entregan la vida, que irradian alegría, que no miden el amor, que esperan contra toda esperanza, que esperan en la noche... Por ahí, por ellos, en lo de ellos, Dios está llegando.
Dios está presente.

Álvaro Ginel

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