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¿Estamos más deprimidos o nos quejamos más?

¿Estamos más deprimidos o nos quejamos más?


La depresión se vuelve epidemia en la medida en que las mayores expectativas encierran más frustraciones - ¿Exigimos demasiado a la vida?


"La tristeza en los países ricos se tiende a hacer cuestión patológica". El psiquiatra Luis Rojas Marcos da la clave con sólo 12 palabras. Uno de cada cinco españoles corre riesgo de sufrir mala salud mental, sobre todo depresión y ansiedad. ¿Vivimos deprimidos o le exigimos demasiado a la vida? Un especialista del hospital del Mar, Antoni Bulbena, contesta tajante: "No, no vivimos deprimidos, pero tal vez exigimos demasiado a la vida, en lugar de exigirnos a nosotros ser sencillamente nosotros". Diversos expertos coinciden en que existe una tendencia al aumento de los trastornos depresivos. Lo que es seguro es que aumenta la capacidad de detección y diagnóstico. Las sociedades desarrolladas delatan otra enfermedad: cada vez exigimos más y toleramos menos. El resultado: la frustración.

"Hay datos que parecen sugerir que sí aumenta la depresión pero en el rango de los trastornos leves-moderados, no en los cuadros psiquiátricos graves", explica Fernando Cañas, portavoz de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental. Cañas alerta: "No debemos patologizar la insatisfacción de la vida. A veces se consulta de manera muy poco adecuada por problemas que tienen que ver con la insatisfacción".

Las depresiones graves existen en todas las culturas y en todos los ámbitos, pero hay otros estados anímicos que son más socialesdependientes. La sociedad de hoy nos impone un ritmo. "Vamos apretados", dice un joven. "Y cuando pensamos que todo va bien, pam, todo se desmorona". Le pasó a María: perfecta amiga, perfecta esposa, perfecta trabajadora. Resultado: año y medio sin levantar cabeza porque un día, sin saber por qué, la relación con el trabajo y con su marido dejó de funcionar.

De la depresión clínica a la expresión "estoy depre" hay todo un camino. Y un cambio del lenguaje que lleva implícito el peligro de vulgarizar un término científico. El cambio formidable en el lenguaje se entiende en los jóvenes que describen sin pudor sus emociones. "El fenómeno de la depresión se convierte en casi una moda", alerta el catedrático Jordi Obiols. "Hay que distinguir los distintos tipos de depresión: la tristeza como sentimiento normal; los síntomas depresivos; la influencia del temperamento y la enfermedad depresiva. Una cosa es la depre que se relaciona con la dificultad de adaptarte a las cosas que suceden a tu alrededor y otra la enfermedad con base química, muy grave y difícil de entender", afirma Enric Álvarez, director del Servicio de Psiquiatría del hospital Sant Pau. "La vulgarización de los temas científicos nos lleva a este lío y al hecho de que se utilice el término para todo".

Ser mujer, vivir sin pareja, estar en paro o vivir en grandes ciudades, son algunos de los elementos que configuran el perfil de los sujetos que padecen depresión, según la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental. ¿Por qué la diferencia de género? Las mujeres doblan en número los casos de depresión de los hombres y representan el 75% de los consumidores totales de somníferos o tranquilizantes. "Existe un enorme peso de los estilos de pensamiento. Las mujeres tienden a atribuirse más la culpa de cuanto sucede a su alrededor; en cambio, los hombres cortocircuitan más", afirma el catedrático de Psicopatología, Carmelo Vázquez.

Hoy nos reunimos con una decena de mujeres. No están bien. Abren sus libretas y desenfundan sus bolígrafos. "¿Cómo ha ido la semana?", pregunta la enfermera. Cascada de respuestas. Alguna voz entrecortada. Otra eufórica. "Yo bien"; "yo, mejor"; "no tengo muy buenos días"; "yo he tocado fondo esta semana, estaba colapsada". Estamos en el centro barcelonés de atención primaria Montnegre, donde desde hace dos años enfermeras con formación específica sobre depresión y ansiedad realizan grupos psicoeducativos. En total, 12 sesiones de dos horas donde se ayuda a las personas a identificar los síntomas, a controlar los pensamientos y las emociones negativos, y se ofrece información. La radiografía es similar entre las asistentes, aunque cada caso es un mundo: mujeres entre 50 y 60 años, la mayoría en tratamiento farmacológico, que plantean los problemas que tienen con sus maridos, sus hijos y el trabajo. Algunas tienen a su cargo personas con dependencia.

"Queremos evitar que estas situaciones se cronifiquen", explica Teresa Muñoz, la enfermera que hoy dirige el grupo. El tema de la sesión es la autoestima. Una de ellas explica una situación difícil que vivió el otro día: una ecografía mamaria. "Siempre piensas en negativo, tienes un malestar que no puedes afrontar". Teresa les cuenta que aceptarse es muy importante, conocer los límites físicos y psíquicos. Ellas escriben en sus libretas un ejercicio diseñado para ver dónde flaquea su autoestima. La mujer del jersey verde lamenta: "Mi miedo está en afrontar las cosas. ¿Qué haré cuando me quede sola?". Al acabar la clase, la otra enfermera, Carmen Herraiz, realiza unos ejercicios de relajación en colchonetas. Es el mejor momento.

Rojas Marcos retoma la pregunta y asegura que no vivimos deprimidos, aunque a veces le pedimos demasiado a la vida. Arranca su tesis con dosis de optimismo: "La mayoría de las personas no están deprimidas, sino que se sienten razonablemente satisfechas con su vida". A la pregunta de cuál es el grado de satisfacción con la vida de 0 a 10, común en algunas encuestas sociales, las puntuaciones suelen ser muy altas. "Aunque el que se da un 10 tiene que venir a verme", bromea. Rojas Marcos alerta: "No nos debemos dejar robar la tristeza que es un sentimiento normal ante una adversidad". El psiquiatra, desde Nueva York, asegura que en televisión hay un constante bombardeo de anuncios sobre "pastillas" para ser feliz o menos viejo: "La industria fomenta esta idealización". Aspiraciones que, si no se cumplen, desembocan en frustración.

No es el caso de Antonia, maestra. Ella ha sufrido una depresión durante más de ocho años que se desencadenó cuando a su madre le diagnosticaron alzhéimer. Primero recurrió al médico de cabecera, que le recetó un antidepresivo. No mejoró y acabó visitando al psiquiatra. "El principal mal que me diagnosticaron es que no sé decir que no". Antonia mejoró y luego volvió a recaer. En todo el proceso han pasado ya 10 años. "Ahora estoy bien, aunque tengo problemas de falta de concentración y de pérdida de memoria".

La línea de combate es la atención primaria, pero el instrumento son los psicofármacos. En España, los antidepresivos son el tercer grupo de medicamentos más vendidos, según datos del Ministerio de Sanidad de 2006. "Medicamos cualquier reacción humana y no siempre se resuelve", alerta el vocal del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, Pedro Rodríguez. En la lista de los 10 fármacos más solicitados el año pasado figuran los somníferos y los tranquilizantes. "Los psicofármacos han crecido extraordinariamente en los últimos 10 años y se ha multiplicado por cinco el gasto que supone para el sistema público de salud. Tiene que ver con el clima social que supone medicalizar las dolencias de la vida", explica Vázquez. "¿Por qué se absorbe tan bien? La idea de la medicalización supone una cierta desculpabilización".

Los ambulatorios constituyen la puerta de entrada. Sólo un 10% de los depresivos llegan al psiquiatra y hasta el 90% son atendidos en la atención primaria. Entre un 20% y un 30% de los pacientes de los ambulatorios presentan síntomas depresivos. ¿Están los médicos de familia haciendo de psiquiatras? "No, y además no es nuestro objetivo ser pseudopsiquiatras, pues si en algo es especialista el médico de familia es en personas", subraya María Jesús Cerecedo, coordinadora del grupo de trabajo de salud mental de SEMFYC. Los médicos de familia se forman específicamente en muchas áreas y la salud mental es una de ellas.

En la actualidad, la depresión es la cuarta causa de discapacidad mundial entre todas las enfermedades y se estima que en 2020 será la segunda, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). El 21,3% de la población de 16 o más años presenta riesgo de mala salud mental, según la Encuesta Nacional de Salud 2006 que por primera vez mide esta situación. A más edad, más riesgo de padecerla. "Los trastornos mentales en general han tendido a aumentar. Y uno de los factores es el aumento de la esperanza de vida. En España hay 450.000 personas con trastornos severos y el resto, hasta un porcentaje del 21%, están en zona de riesgo", explica Alberto Infante, director general de calidad del Ministerio de Sanidad.

La salud mental es una prioridad de todos los sistemas sanitarios del mundo. Y España no es menos. En marcha está una estrategia nacional aprobada en 2006 para fomentar la prevención y afrontar los nuevos retos. Sin embargo, Infante se permite también ofrecer algunos "elementos poderosísimos de prevención de los trastornos leves", como: hablar del tema con la familia y los amigos, disminuir la ingesta de tóxicos y practicar actividad física. "Si el trastorno no cede y es más duradero de lo que cabe esperar, consultar".

Más radical se muestra Eduardo Jáuregui, fundador de la consultora Humor Positivo: "Estamos ante una crisis de salud mental". Jáuregui cita algunos de los factores que considera que nos llevan a esta situación: una sociedad cada vez más atomizada con familias más pequeñas y personas más anónimas; una forma de concebir el mundo que se ha abierto como un melón y que ha perdido todo sistema de referencia; un ocio cada vez más pasivo. "Tendemos a dramatizar demasiado nuestra realidad ¿Por qué siempre dan los oscares a películas dramáticas?". Jáuregui se repone y recupera su humor: "No estamos tan mal en realidad como pudiera parecer".

Salud mental

- El 21,3% de la población de 16 años o más (15,6% de los hombres y 26,8% de las mujeres) presenta riesgo de mala salud mental. En el grupo de edad de 75 y más años, el 25,0% de los hombres y el 39,5% de las mujeres.- En Europa uno de cada diez ciudadanos padece en estos momentos algún tipo de problema de salud mental y un 1% sufre un proceso grave.- Sólo un 10% de los casos llega al psiquiatra. El resto de afectados acuden al médico generalista, a otros especialistas o no visitan a ningún facultativo.

Ana Pantaleoni

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