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cuatrodecididos

Utopías

Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías

cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza

cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea

cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada

cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor

ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos

cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro

cómo voy a creer / dijo el fulano
que la utopía ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía.

Mario Benedetti

Una Iglesia de participación y comunión

La muerte de Juan Pablo II y la elección de su sucesor han coincidido con fechas «malas» para una revista mensual como la nuestra que se elabora bastantes días antes de que llegue a nuestros lectores. Esta circunstancia nos impide hablar del nuevo pontífice, pues cuando estas líneas van a imprenta todavía desconocemos su nombre. Y, sin embargo, cuando ustedes las vean ya lo sabrán.

Por eso nos ha parecido mejor soñar en voz alta sobre cómo nos gustaría que se fuera configurando la Iglesia, el pueblo de Dios en marcha por la historia, bajo la égida del nuevo sucesor de Pedro.

En primer lugar, anhelamos una comunidad eclesial regida por el principio de la igualdad de todos sus miembros, varones y mujeres, clérigos o laicos. Lo que no significa que no haya en ella diversidad de servicios, ministerios, funciones, carismas y vocaciones. Pero todos ellos orientados a hacer realidad la misma misión de Cristo. Que la Iglesia se parezca cada vez menos a una entidad administrativa. Que no se ocupe tanto en detectar desviaciones y errores como de fomentar y tutelar la vida plural que la misma fe suscita. Que no excluya a nadie en función del género o de los sacramentos.

En segundo lugar, libertad de opinión en la Iglesia, lo que no es una patente de corso para que cualquiera ponga en cuestión los dogmas o la auténtica tradición. No, deseamos que las diferentes corrientes, los pareceres distintos, las ideas o mentalidades diversas, las múltiples culturas o formas de pensar tengan cabida cómoda en la comunidad cristiana. Que puedan expresarse con respeto y humildad, aunque puedan sorprender o incluso escandalizar por ignorancia a algunos. No hay que tener tanto miedo al pluralismo. La uniformidad impuesta, hasta en lo nimio, resulta atosigante.

Todo ello no ha de ser fruto de un capricho, sino de una aceptación interiorizada de la doctrina del Vaticano II sobre la Iglesia, donde se propugna la «comunión» y la participación de todos, porque los fieles son, por el bautismo, profetas, sacerdotes y reyes o, lo que es lo mismo, hijos e hijas de Dios. La autoridad en la Iglesia no debería confundirse, por su raíz evangélica, con el absolutismo monárquico, en el que todavía parecen ancladas todavía ciertas estructuras de gobierno. Tampoco el estilo de su ejercicio ha cambiado en muchos ámbitos. Algunos procedimientos disciplinares rozan la vulneración de los derechos humanos. Que la Iglesia sea jerárquica no obsta para que sea un poco más democrática.

Un rasgo fundamental de la eclesiología del Vaticano II es la importancia concedida a las Iglesias locales y nacionales. Nos gustaría que aumentaran las atribuciones de las conferencias episcopales, que los obispos fueran elegidos y nombrados de forma diferente, teniendo en cuenta a la diócesis y al pueblo cristiano al que van a servir. Ojalá también la participación de los laicos en la vida interna de la Iglesia no fuera tan pequeña y limitada.

La insistencia, por otra parte, en el mantenimiento de venerables prácticas, ceremonias y ritos –basta recordar las vetustas oraciones del Misal Romano o el conjunto de rúbricas que constriñen toda celebración litúrgica– impiden la variación e incluso acomodación a las diferentes circunstancias y culturas. Como si los rituales, por serlo, tuvieran poder mágico. Una mayor frescura, espontaneidad y novedad sería de agradecer, ahora que, además, las presentaciones multimedia nos han acostumbrado a una dinámica y sensibilidad bien distintas.

Son más extensos nuestros sueños, pero sólo les hablamos hoy de unos cuantos, que nos parecen –a estas alturas– indispensables. Ojalá este papa, recién elegido (dicho sea de paso, por un procedimiento que no deja de ser singular y mejorable) recorra esta senda con el concurso de todos los fieles.

Editorial de la Revista Mensajero editada por los jesuitas

Táctica y estrategia

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya ni telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Mario Benedetti

Hagamos un trato

Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Mario Benedetti

Carta a Benedicto XVI desde tierra de nadie

Querido Benedicto XVI:

Todo comienzo invita a la esperanza. Estas últimas semanas me he sentido así, ilusionado porque todo cambio es ocasión de moverse, y al moverse, sacudir inercias y emprender búsquedas. Porque por ahora un nuevo papado es como un papel en blanco en el que se pueden escribir páginas bellísimas, páginas de evangelio hoy…Y eso es lo que quiero seguir esperando ahora. Lleno de deseos, inquieto (siempre) por el futuro, te escribo desde “la tierra de nadie.”


La tierra de nadie es ese espacio intermedio donde estamos tantos católicos, que no nos sentimos en paz con declaraciones dogmáticas tajantes para problemas culturales y sociales que requieren muchas consideraciones cotidianas; pero tampoco nos sentimos alineados con quienes meten en el mismo saco todas las reivindicaciones del mundo, ya se trate de familia, vida, investigación, como si todo valiese o como si todo fuese lo mismo…

La tierra de nadie es ese espacio en el que viven divorciados que, tras un fracaso que ha podido ser inevitable, se sienten en la encrucijada de rehacer su vida (y sentirse apartados de la Iglesia), o quedar presos de una situación muy dura. Es el espacio donde viven los hombres y mujeres que aman a otros hombres y mujeres, respectivamente, y aman al Dios de Jesús, pero sienten que se les dice que uno de los dos amores no cabe en su vida o en su Iglesia. Donde teólogos que buscan nuevas formas de anunciar el mismo evangelio tienen miedo de buscar, porque equivocarse se iguala a atacar… pero si no se buscan nuevos caminos, aunque no haya error, tampoco avanzará la búsqueda de una verdad más plena.

En la tierra de nadie están tantas mujeres que ven una cierta contradicción entre las afirmaciones que les dicen que pintan mucho en la Iglesia, y la masculinidad absoluta que hemos visto en la liturgia, voces y toma de decisiones de estos días pasados. Y muchos jóvenes que necesitan una palabra de moral que les hable de sus vidas, sus problemas y sus límites hoy (y no hace cincuenta años, cuando la sociedad era otra, la cultura era otra, las imágenes y prácticas otras, el mundo otro). En la tierra de nadie, sin dramatismos, estamos los que nos llevamos bofetadas de unos (que nos acusan de pertenecer a una Iglesia muy encastillada), y de otros (que dicen que nos dejamos llevar por el mundo).

En esta tierra de nadie a veces se anhela una palabra entrañable, una búsqueda pastoral conjunta, un espíritu integrador, una capacidad de oscilar entre la unidad y la pluralidad, entre la diversidad y la comunión, entre los múltiples carismas y el mismo cuerpo… Porque hay muchas cosas que no están claras, y precisamente por eso necesitamos darnos tiempo, escucharnos, buscar juntos, clarificar, con valentía. Y porque, unos y otros, no encontramos la forma de hacerlo.

Así que, querido Benedicto… acércate a esta tierra de nadie, que es tierra de Iglesia, de esta Iglesia tan rica en gentes, problemas y sueños. Y sé pastor de todos. Dicen que tienes una mente privilegiada, que eres un gran teólogo. Pues que el Espíritu de Dios te ilumine para abrir puertas y tender puentes; pues eso es ser pontífice, el que tiende puentes, entre Dios y los seres humanos, y entre unos y otros…; para conjugar la unidad con la escucha; la firmeza con la flexibilidad; la tradición con el cambio; y la existencia de límites con el diálogo. Y especialmente sé la voz de los miles de millones de personas que no tienen quién hable en su nombre, quién pida por ellos paz, pan y palabra

Rezo por eso. Confío en ello. Espero. Y, si Dios quiere, intentaré colaborar en ello, hoy y siempre.

Jose Mª Rodríguez Olaizola, sj

Te guste o no

No sé si m gusta más de ti
lo que te diferencia de mi
o lo que tenemos en común.
Te guste o no
me caes bien por ambas cosas.
Lo común me reconforta,
lo distinto me estimula.

JM Serrat

No inútilmente

Contemplo yo a mi vez la diferencia
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la injusticia,
la candidez azul de las palabras.
No hemos llegado lejos,
pues con razón me dices
que no son suficientes las palabras
para hacernos más libres.

Te respondo
que todavía no sabemos
hasta cuándo o hasta dónde
puede llegar una palabra.
Quién la recogerá ni de qué boca
con suficiente fe
para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza.
Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra
para cambiar, no inútilmente, el mundo

José Angel Valente

No se trata de

No se trata de “¿cómo murió?” sino de “¿cómo vivió?”
No se trata de “¿cuánto ganó?” sino de “¿cuánto dio?”
Estas son las unidades para medir el valor
De todos los seres humanos, y no su nacimiento.

No se trata de “¿Tuvo dinero?” sino de “¿Tuvo corazón?”
¿Tuvo siempre una palabra amable, una sonrisa?
¿Supo siempre enjugar una lágrima?
¿Estuvo al lado del que le necesitó?

No importa cuál fue su templo, ni cuál fue su credo.
Lo que importa es si ayudó a los necesitados.
No importan los elogios que, al morir, le hizo la prensa.
Lo que importa es cuántos lloraron su muerte

Anónimo