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El islam, un emporio con franquicias

El islam, un emporio con franquicias

Arabia Saudí y Marruecos controlan a parte de los musulmanes en España - La financiación camina hacia la subvención estatal


Varias mezquitas en España dependen de capital saudí y son una punta de lanza del wahabismo, o rigorismo islámico. Son las de la M-30 de Madrid, Marbella y Málaga. En Ceuta es notable la influencia marroquí y la presencia del movimiento tablig (secta de predicadores que muchos ven cercana a los salafistas, radicales). El predicamento del islam suní de la escuela malequí -el que se practica en Marruecos- alcanza también a la cúpula de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas (FEERI), una de las dos entidades que representan ante la Administración a los musulmanes que viven en España. La FEERI, que es una organización española, tomó sin embargo claro partido por Marruecos en el caso Haidar.

No es un fenómeno exclusivamente español. La gran mezquita de París fue hasta 1992 una plataforma de Argelia en Francia, y en la de Roma ofician imanes salidos de la Universidad islámica de Al Azhar, en El Cairo, aunque no hablen italiano. El buque insignia de la propagación islamista internacional es la Liga del Mundo Islámico, una internacional islamista de origen saudí que difunde la doctrina wahabista y es titular de la citada mezquita madrileña. La inspiración doctrinal de muchos lugares de culto, así como la financiación, han provenido hasta hace poco del extranjero, en un juego de intereses nacionales e ideológicos desarrollado en el tablero de Europa.

Pero esta realidad está en vías de transformación: las comunidades musulmanas en Europa -entre 13 y 15 millones de personas- han echado raíces y se europeízan a medida que se integran sus nuevas generaciones: ya no se puede hablar sólo de inmigrantes, sino de un número cada vez mayor de ciudadanos europeos que además profesan esta religión. Según el Observatorio Andalusí de 2008 de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE, interlocutora junto con la FEERI del Estado), el 37% de los musulmanes de nuestro país son ya españoles, entre conversos, inmigrantes nacionalizados y la segunda y tercera generación de éstos. En Reino Unido son ciudadanos británicos el 50% de los musulmanes; alrededor del 40% de los musulmanes alemanes y casi la mitad de los cinco millones de mahometanos franceses.

Pero ¿se corresponde esta metamorfosis con una mayor independencia ideológica y financiera del colectivo? La tradicional financiación extranjera se revela anacrónica y, desde los atentados del 11-S y el 11-M, particularmente sospechosa. Así las cosas, y dado que quien financia, manda, cabe preguntarse si las comunidades musulmanas que viven en España -y por extensión en Europa-, son aún franquicias ideológicas y doctrinales de países extranjeros o, al contrario, una realidad cada vez más independiente.

"Son los fieles los que financian de su propio bolsillo a la comunidad. Tanto el alquiler como la construcción de mezquitas o lugares de culto, así como el salario de los imanes, se satisfacen con las cuotas que pagan los fieles", explica Riay Tatary, secretario general de la Comisión Islámica de España (CIE, engloba a FEERI y UCIDE) y veterano interlocutor del Estado español.

"La mayoría de los oratorios son locales alquilados por la comunidad, muy pocas han podido construirse mezquitas propias", añade. Preguntado por la procedencia de los fondos que respaldan algunas de las más imponentes, como las de Madrid, Fuengirola o Marbella, Tatary no duda: "Arabia Saudí, a través de la Liga del Mundo Islámico. La nueva mezquita de Granada se financia a través de una fundación que recibe dinero de fuera, pero no sé exactamente de dónde. Y creo que también hay algún emirato en juego, pero no conozco detalles", dice. ¿Y Marruecos? Tatary dice no saber.

El antropólogo Jordi Moreras descarta también que en la financiación del islam en Europa todo dependa de terceros países. "Las comunidades musulmanas en Europa no se rigen por los criterios de un Estado extranjero, no son células de terceros países, pero sí hay, siempre los ha habido, intereses de países musulmanes, y a veces intereses recíprocos. España [el Ayuntamiento de Madrid] cedió en 1992 terreno a Arabia Saudí para construir la mezquita de la M-30 y los reyes de España acudieron a la inauguración. Fue la guinda de un pastel relacionado con una compleja red de intereses bilaterales en la diplomacia y la economía", explica Moreras.

"Pero si ahora se planteara la penetración de Arabia Saudí la respuesta sería distinta: la relativa ingenuidad de los Gobiernos europeos en los setenta y ochenta hoy, después del 11-S, ya no existe", concluye el antropólogo.

La financiación del islam camina pues hacia la institucionalización, y no sólo en España, entre otros motivos para gestionar mejor desde dentro un fenómeno que provoca frecuentes fricciones en la sociedad en que se inserta -como demuestran el referéndum antiminaretes en Suiza o las protestas vecinales en Cataluña por la construcción de mezquitas-, y para perfeccionar, o engrasar, el control administrativo que en los ayuntamientos reciben muchos de los asuntos que conciernen al colectivo (y a sus vecinos): licencias de carnicerías halal, permiso para enterramientos, etcétera.

España, a diferencia de la mayoría de países de su entorno, ha dado un paso más. Muchas comunidades islámicas -también judías y evangélicas- reciben desde hace un lustro subvenciones del Estado, aunque las cantidades son irrisorias (unos 5.000 euros al año por entidad) y no cabe hablar de financiación total, sino de ayudas. Desde 2004, y dependiente del Ministerio de Justicia, la Fundación Pluralismo y Convivencia concede una línea de ayudas económicas tanto a los representantes de las confesiones firmantes del acuerdo de cooperación con el Estado (musulmanes, judíos y evangélicos) como a las comunidades locales, a las que subvenciona proyectos de carácter cultural, educativo y de integración social.

Fernando Arias, del equipo gestor de la fundación, explica que "para el año 2010 han concurrido 404 comunidades musulmanas, y este año se han destinado 463.500 euros en subvenciones a proyectos como la edición de libros de religión islámica para educación primaria, cursos en la UNED para la formación de imanes; también clases de árabe y de español para imanes y mujeres". La iniciativa se inscribe desde 2008 en el marco de la Alianza de Civilizaciones.

La falta de un interlocutor único de las comunidades españolas es un problema añadido a la hora de valorar la pertinencia de la ayuda. "Hay un fuerte debate interno en el seno de la comunidad musulmana española, es decir, de CIE, que engloba a la UCIDE y la FEERI. La FEERI, por ejemplo, no ha concurrido a las ayudas que prestamos", dice.

El dinero procede directamente de los Presupuestos Generales del Estado, que en 2008 consignaron cinco millones de euros para tal fin. Arias subraya, no obstante, que el dinero público que conceden "no es financiación religiosa, sino de proyectos culturales, educativos y de integración social, lo que no quiere decir que las obras de mejora o mantenimiento de infraestructuras de una entidad no se lleven a cabo en una mezquita o un lugar de culto". El Ministerio de Justicia, de cuya dirección de Relaciones con las Confesiones depende el Registro de Entidades Religiosas (703 inscritas en septiembre), subraya que "una vez constituida la comunidad puede anotar el lugar de culto o no, y no tiene por qué ser una mezquita al uso, puede ser otro lugar".

En términos comparativos, el ejemplo de gestión e institucionalización del islam francés es un indicador de por dónde soplan los vientos en los países que han optado por el modelo de asimilación, o integración (España, Italia, Alemania, la propia Francia), frente al multiculturalismo (yuxtaposición, coexistencia) vigente en Reino Unido u Holanda. "Desde los ochenta, la mayor visibilidad del islam en Francia, y el protagonismo creciente de un islam político, han suscitado preocupación en los sucesivos Gobiernos y la búsqueda de nuevos mecanismos de control. Se trataba de sacar el islam de los garajes y propiciar una instancia representativa como interlocutor del Estado", señala Laurence Thieux, investigadora del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria.

"Hasta los ochenta, Francia se apoya en los Gobiernos de los Estados de origen como interlocutores para la regulación: el símbolo de esta política es la Gran Mezquita de París, bajo control directo de Argelia hasta 1992, cuando es nombrado el primer rector de nacionalidad francesa". En los noventa, y coincidiendo con el temor a una repercusión de la crisis argelina, el Gobierno de París da un nuevo impulso a la "institucionalización u oficialización del islam en Francia".

Se crean un par de plataformas representativas y en 2003, a iniciativa del actual presidente francés, Nicolas Sarkozy -entonces ministro del Interior-, el Consejo Francés del Culto Musulmán (imitado luego por la Consulta para el Islam italiano). "Los objetivos del Estado eran ayudar al control y la regulación de la gestión del islam en Francia, desde la construcción de las mezquitas hasta la formación de imanes; contar con un interlocutor y propiciar la emergencia de un islam francés", señala Thieux.

La radical separación Iglesia-Estado en Francia, vigente por ley desde 1905, no ha facilitado precisamente el intento; tampoco la gran diversidad de corrientes doctrinales existentes en el islam francés y por ende la multiplicidad de voces y representantes. Así, la Gran Mezquita de París o el Consejo del Culto Musulmán, que representan el discurso oficial, se han visto superados en la práctica por otras tendencias menos susceptibles de control.

Parecido panorama se da en España, que hoy experimenta una efervescencia del asociacionismo musulmán, con nuevas organizaciones sumándose a las dos oficiales: por ejemplo, la nueva Federación de Musulmanes de España (Feme), la tercera de ámbito nacional. "El panorama de la representación es complicado. La situación es de precariedad, tanto social como organizativa. Hay un avance de corrientes salafistas, aparte de intentos de control por parte de Marruecos y Arabia Saudí que no son de hoy. El crecimiento del islam en España nos ha cogido en el peor momento posible, justo después del 11-M", indica Abdennur Prado, presidente de la Junta Islámica de Cataluña, la comunidad con mayor número de musulmanes del Estado español: unos 350.000 de un total de 1.310.000, según el recuento del Observatorio Andalusí de 2008.

Cataluña, por tanto, es un buen banco de pruebas para la normalización del islam en nuestro país, porque, como recuerda la investigadora Laurence Thieux, "es desde las administraciones locales desde donde se gestiona a diario. La normalización puede venir de la mano de los ayuntamientos, que son los que otorgan licencias para vender carne halal, regular el uso de cementerios, etcétera". Un reciente informe del Centre for European Policy Studies de Bruselas, relativo a la puesta en común de la gestión del islam en 11 ciudades europeas, insiste en esa dimensión local.

Vecinos en contra de mezquitas, cierres de oratorios por parte de ayuntamientos o discursos de partidos políticos que consideran que la erección de una mezquita en un barrio conlleva la creación de "un gueto sin solución" (Alicia Sánchez Camacho, líder del PP catalán, sobre la proyectada construcción de una en Badalona). ¿Gestionar el malestar forma también parte del control del islam en España? "Estamos a años luz de otros países europeos. Somos el cuarto país europeo en número de musulmanes, pero sólo en Londres hay más mezquitas de nueva planta que en toda España. Debemos fomentar un islam contextualizado en un Estado de derecho, en el que sus practicantes sean ciudadanos, no súbditos de terceros países. En los últimos 10 años se ha ido imponiendo un discurso que reivindica los derechos civiles y la democracia", apunta Abdennur Prado, "pero para eso habrá que incorporar a todos estos movimientos que están surgiendo".

Cabe preguntarse, en fin, en qué fase de las que apunta el sociólogo italiano Stefano Allievi se encuentra el islam en el Viejo Continente: si es todavía un islam en Europa; si ha dado un paso más, hacia el islam de Europa, o si, como meta deseable, llegará a ser algún día un verdadero islam europeo.

M. Antonia Sánchez-Vallejo para El País.

De súbditos a ciudadanos, la gran transición

De súbditos a ciudadanos, la gran transición


"Escribo sobre un naufragio / ... sobre lo que hemos destruido /
ante todo en nosotros... Pero escribo también desde la vida... /
de un tiempo venidero".
José Ángel Valente en Sobre el tiempo presente.


La solución a los gravísimos desafíos que enfrentamos es más democracia, mejor democracia. Y ello exige participación activa y conocimiento profundo de la realidad, que se dan especialmente en los "educados", es decir, los que actúan en virtud de sus propias reflexiones y nunca al dictado de nadie. Educación -no me canso de repetir esta inmejorable definición de Francisco Giner de los Ríos- es "dirigir con sentido la propia vida". Tener las alas sin lastres, adherencias, adicciones, para volar a contraviento, para plantar cada día, aun en tiempo desapacible, semillas de futuro, para avizorar, vigías del mañana, el porvenir, para procurarlo menos sombrío.

El artículo primero de la Constitución de la UNESCO establece que el resultado del proceso educativo deben ser personas "libres y responsables". Educación para todos a lo largo de toda la vida. Para todos, no para unos cuantos. Y todos es muy peligroso, porque los educados no permanecerán impasibles, resignados, sometidos. No serán espectadores, sino actores. No receptores adormecidos, distraídos, atemorizados, sino emisores. No permanecerán silenciosos ni silenciados. Expresarán, con firmeza y perseverancia pero pacíficamente, sus puntos de vista.

Con ciudadanos educados ya no habrá dogmatismo, extremismo, fanatismo, ya nada será "indiscutible" ni se obedecerá de forma inexorable. La educación vence la apatía, induce a la acción.

Sí, la educación es la solución. No hay democracia genuina si no se participa, si los gobernantes y parlamentarios no son, de verdad, la "voz del pueblo". Educación, pues, para la ciudadanía mundial, teniendo siempre presente el artículo 21/3 de la Declaración Universal: "La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público".

Hoy se premia a quien mayor esplendor mediático aporta; se promueve a deportistas, escuderías, etcétera, con desmesuradas cantidades y deificantes actos de presentación por el más desmesurado todavía retorno audiovisual; se patrocinan acontecimientos según aconsejan los cálculos de las compensaciones previsibles..., y los ciudadanos, sin tiempo para pensar y promover sus verdaderas opciones, siguen como espectadores indulgentes los espectáculos que se les presentan.

Tan acomodados llegan a sentirse como espectadores y receptores, tan obcecados, que pueden conocer sin inmutarse noticias sobre corrupción, sobre asimetrías intolerables, sobre hambre o niños-soldado.

Para movilizarse, para implicarse, para involucrarse es imprescindible tener tiempo para reflexionar. Cada ser humano único, capaz de crear, capacidad distintiva de la especie humana

. Capaz de participar, rehusando las ridículas "obligaciones de la pertenencia", que hacen que muchos apoyen "porque sí" a determinados líderes o ideologías que, bien pensado, no tienen nada que ver con sus preferencias. En el preámbulo de laDeclaración Universal de los Derechos Humanos se dice que su ejercicio liberará a la humanidad del "miedo y de la miseria". La historia de la humanidad va unida al temor: temor al poder, temor a los dioses, en lugar de amor. Es preciso vencer al miedo con la palabra.

Es esencial "escuchar" el mundo. Observarlo, que es mucho más que verlo y que mirarlo. Tener esta visión planetaria, esta consciencia del conjunto de la humanidad, que es lo que nos permitirá reaccionar sin esperar a tsunamis que nos emocionen, que nos pongan en marcha.

Junto a la grave degradación medioambiental, la marginación de valores no sólo ha conducido a la deshumanización, sino a una competición en la que todo vale, sin límites, que busca afanosamente, sea cual sea el precio social y las condiciones laborales, la producción menos costosa. China, la fábrica del mundo, ha resultado ser, de este modo, el país comunista-capitalista que todos cortejan. Pero 1.300 millones de habitantes son muchos millones para imaginar indefinidamente la sumisión. Mejor prevenir...

Los plutócratas (G-6, G-7, G-8, ... G-20) han pretendido -y algunos todavía insisten- convertir el mundo en un gran zoco donde todo, empezando por la gente, forma parte de transacciones mercantiles. Los principales responsables de las crisis presentes (social, económica, medioambiental, alimenticia, democrática, ética) pretenderán tomar de nuevo el volante... si es que realmente se ha logrado que lo suelten. Controlan las finanzas, ocupan altas posiciones públicas y manipulan los medios de comunicación. Pero es posible -ojalá consigamos que sea pronto probable- que, como sucede ya en algunos países, la movilización ciudadana, la resistencia por fin manifiesta, lo impidan.

Los poderosos, que han ahuyentado desde siempre a los ciudadanos que, con mayor atrevimiento, ocupaban el estrado, no contaban con la "revolución virtual". La capacidad de participación no presencial (por telefonía móvil. SMS, Internet...) modificará los actuales procedimientos de consulta y elecciones. En síntesis, la democracia.

La decepción ciudadana al ver la incapacidad de los Estados para llevar a la práctica unos Objetivos del Milenio ya muy menguados y, más recientemente, hacer frente a las responsabilidades globales que supone el cambio climático, ha ido acompañada de la perplejidad e indignación que ha producido el "rescate" de las corporaciones financieras, responsables en buena medida de la grave situación que encaramos.

¿Y la gente? ¿Cuándo se "rescatará" a la gente? Es indispensable un multilateralismo eficiente, con instituciones internacionales dotadas de los medios de toda índole que requieren para el ejercicio de su misión.

Se terminaría así con los tráficos y mafias que hoy disfrutan de la mayor impunidad gracias a los paraísos fiscales, que deberían ser clausurados de inmediato y sin contemplaciones, ya que a ellos se debe en gran parte la proliferación de corruptos, y de los que son todavía peor, los corruptores, en el espacio supranacional.

Un Sistema de Naciones Unidas que no permita la explotación por grandes consorcios multinacionales que siguen empobreciendo a países potencialmente ricos, esquilmando caladeros, yacimientos, minas...

Unas Naciones Unidas que favorezcan la rápida interposición de los Cascos Azules cuando, como en los casos de Camboya o Ruanda, tienen lugar, al amparo de la "soberanía nacional", violaciones masivas de los derechos humanos o -Somalia es un buen ejemplo- cuando no existen "interlocutores gubernamentales" y el país se halla en manos de unos cuantos "señores de la guerra".

Y, sobre todo, la acción rápida y coordinada para reducir el impacto de las grandes catástrofes naturales (huracanes, ciclones, inundaciones, incendios, terremotos...) o provocadas, ante las que hoy vemos carencias increíbles, especialmente cuando se trata de países que tienen grandes arsenales bélicos.

Y la transición de una economía especulativa, virtual y de guerra (3.000 millones al día en gastos militares al tiempo que mueren de hambre más de 60.000 personas) a una economía de desarrollo sostenible global, que amplíe progresivamente el número de personas que pueden acceder a los servicios y bienes.

Un desarrollo que permita compartir, partir con los demás aquello de lo que disponemos, incluidos los conocimientos; que aumente la producción de alimentos, de agua, de energía renovable; que cuide y procure la buena salud de los humanos y de la Madre Tierra; que propugne el transporte eléctrico; unas viviendas ecológicas...

El porvenir está por hacer. El futuro debe inventarse venciendo la inercia de quienes se obstinan en querer resolver los problemas del mañana con las recetas de ayer. Muchas cosas deben conservarse. Pero otras deben cambiarse. Y hay que atreverse.

Las instituciones académicas y científicas, de intelectuales, artistas, creadores en general, están llamadas a liderar el cambio de época, la "rebelión" orteguiana para que sea realidad lo que lúcidamente establece el preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas: "Nosotros, los pueblos"... Los pueblos no pueden permanecer -teniendo tantos conocimientos y experiencia acumulados-, como testigos impasibles. Deben ser faro y vigía.

¡Ahora es el momento de la sociedad civil! De la fuerza a la palabra, al encuentro, a la conciliación. De súbditos a ciudadanos, la gran transición.

Federico Mayor Zaragoza es presidente de la Fundación Cultura de Paz.

Llorar


Llorar, sí; pero llorar de pie, trabajando; vale más sembrar una cosecha que llorar por lo que se perdió.

Alejandro Casona

Hablemos de guerra

Hablemos de guerra

El enorme desarrollo militar no ha sido suficiente para derrotar a los enemigos más amenazantes de EE UU


Cada febrero, mientras en Davos se habla de dinero, en Múnich se habla de guerra. Desde hace más de 40 años, los principales magnates de los negocios van a Davos (Suiza) a encontrarse con sus pares de todo el mundo. También desde hace casi medio siglo, los magnates de la guerra suelen reunirse en la ciudad alemana de Múnich. Ministros de Defensa y cancilleres, generales y almirantes, jefes de los servicios secretos y expertos en inteligencia militar, científicos y -no podían faltar- los directivos de las más importantes industrias bélicas asisten cada año a la Conferencia de Seguridad de Múnich, el foro más importante del mundo en estos temas.

La reunión de Múnich es una buena oportunidad para husmear por dónde andan las preocupaciones de quienes toman las decisiones de paz y guerra en el mundo -sin que nos las tomemos demasiado en serio, por supuesto-. Al igual que los empresarios y economistas que van a Davos no vieron venir la crisis económica, los expertos en seguridad reunidos en Múnich en 2001 fueron tan sorprendidos por los ataques terroristas del 11-S como cualquier otro mortal. En todo caso, los temas dominantes en la reunión y las conversaciones de los pasillos al menos reflejan en qué están pensando estos influyentes personajes. "China, China y más China", me dijo un alto funcionario a quien le pregunté cuál había sido la cuestión más relevante de la reunión. "Y claro, Afganistán, Irán y terrorismo también son preocupaciones importantes, pero en todos estos temas ahora China es un actor que no puede ser marginado de las conversaciones y los cálculos. Y ellos lo saben y se les nota que lo saben. Hasta su lenguaje corporal es distinto".

La figura central de la reunión este año en Múnich fue Yang Jiechi, el canciller chino, quien aseguró a los participantes que su país será una fuerza positiva en el mundo y contribuirá a la paz, siempre que exista lo que describió como "un espíritu de cooperación". Esto le sirvió de telón de fondo para lamentar, como no podía dejar de hacerlo, la masiva venta de armas estadounidense a Taiwán. El ministro también reiteró que la prioridad de su país no puede ser otra que la de sacar a la gran mayoría de sus compatriotas de la profunda pobreza en la que aún están sumidos.

Si bien es obvio que el desarrollo económico es la prioridad de China, esto no quiere decir que el gigante asiático esté descuidando su poderío militar. Tiene las fuerzas armadas más numerosas del planeta (2,25 millones de efectivos, o el equivalente al 0,17% de su población). Le siguen EE UU (1,5 millones de efectivos o el 0,5% de sus habitantes), India, Corea del Norte y Rusia. Claro que el poderío militar depende tanto o más del dinero y la tecnología como del número de efectivos militares. El gasto militar de EE UU equivale al 50% del total de lo que gasta el resto del mundo. China y Rusia representan el 8% y el 5%, respectivamente, del total mundial. Sólo 25 países, casi todos los de Oriente Próximo, tienen un gasto militar que, en proporción al tamaño de su economía, es mayor que el de EE UU. La superpotencia es también el principal vendedor de armas: controla el 68% del total mundial.

Sin embargo, como sabemos, estas enormes cifras no han sido suficiente para derrotar a los enemigos más amenazantes de Estados Unidos. Al Qaeda, talibanes y piratas somalíes están en la mente de todos los que se ocupan de la seguridad. Al Qaeda, debilitada y con muchos de sus líderes muertos, inhabilitados o capturados, no ha dejado de ser una amenaza. Y es una amenaza más por su capacidad para inspirar a individuos o pequeños grupos a actuar por su cuenta, emulando a otros terroristas islámicos, que por su capacidad para actuar de manera coordinada y centralizada.

Por su parte, los talibanes han obligado al Ejército más grande y tecnológicamente avanzado del mundo a buscar alternativas de diálogo y concertación, ya que resulta obvio que su derrota militar es imposible o demasiado onerosa en vidas y costes. Los piratas que operan en el Golfo de Adén siguen haciendo de las suyas a pesar de tener que enfrentar la flota multinacional más sofisticada de nuestro tiempo.

Durante las últimas tres décadas, los conflictos armados entre países han venido disminuyendo. En cambio, las guerras civiles, insurgencias, rebeliones y todo tipo de enfrentamientos entre actores que no van a reuniones como las de Múnich, han aumentado. Estos conflictos, y no una China en ascenso, continuarán siendo la principal amenaza a la paz mundial.

Moisés Naim

Es simple: a más formación menos paro

Es simple: a más formación menos paro

La crisis lo confirma: la tasa de desempleo de los menos formados duplica la de los universitarios - Faltan titulados en FP y sobra fracaso escolar - Invertir en educación genera más ingresos fiscales


Cuanta más formación, menos paro. Esta evidencia que se ha estado desdibujando durante años de bonanza económica, con una enorme abundancia de empleos de baja cualificación y de jóvenes titulados universitarios mileuristas, vuelve a resurgir con fuerza por culpa de la actual crisis económica. Las distancias entre los que tienen un título superior (universitario o de FP) y los que apenas alcanzaron la educación obligatoria se agigantan, y dejan en evidencia que España necesita subir su nivel educativo. Invertir más en formación, pero también gastar mejor. Faltan personas con formación profesional, hay demasiado fracaso escolar y el país tiene más universitarios que la media europea. Éste es el mensaje de expertos y políticos.

J. U. es un ejemplo. Perdió su empleo hace siete meses. Dejó la escuela a los 14 años. Trabajó más de 30 años en la misma empresa del sector del caucho en Barcelona, pero la firma suspendió pagos y después cerró. Se ocupó de atención al cliente, preparó pedidos, estuvo en carga y descarga y haciendo tickets de compra. Hoy busca empleo y para poder tener opciones de trabajar le piden, al menos, la ESO y manejar algunos programas de ordenador. A los 50 años este parado está haciendo formación en un centro de CC OO y con tesón espera salir adelante.

La formación será clave para que J. U. halle trabajo. Mientras está parado se abraza a ella para salir a flote. Pero volver a trabajar no depende sólo de la formación ni de la perseverancia. Será decisivo que la economía vuelva a crecer con fuerza.

Algunos economistas consultados -Guillermo de la Dehesa, Lorenzo Serrano, Juergen B. Donges- dicen que la economía española no volverá a crear empleo hasta que el crecimiento no roce el 2%. La realidad está muy lejos de ese umbral. Los datos apuntan a una caída interanual de la economía española del 4%. El descenso es menos pronunciado trimestre a trimestre: hasta el -0,3% en el tercero de 2009. Eso hace que cada vez sean más los que creen que se podría estar tocando fondo. Otra cosa es crear empleo y que el paro empiece a bajar. Eso tardará más.

Las series estadísticas muestran que a mayor formación hay menos paro. Pasa en España, en Francia, en Italia, en Alemania, según Eurostat. Pero las diferencias de los parados según su formación se han disparado a medida que avanzaba la crisis.

El latigazo del paro ha dejado la tasa en España en el 18,8%. Pero para los que tienen la formación más alta (universitaria o formación profesional [FP*> superior sólo es el 8,8%. En el nivel medio -Bachillerato o formación profesional media- el paro se dispara al 15,3% y entre los que tienen preprimaria, primaria o ESO sube al 21,7%. Son datos hasta junio pasado de personas que tienen entre 64 y 25 años, cuando su formación básica ya ha acabado. Entre los que tienen de 25 a 39 años y baja formación, el paro se dispara al 26,4%, según Eurostat.

"Está demostrado que invertir en formación hace que la economía avance más rápido. Pero en España tenemos demasiados universitarios y, en cambio, pocos estudiantes de formación profesional", afirma Guillermo de la Dehesa, presidente del Centre for Economic Policy Research. "En otros países es al revés y es precisamente en la formación profesional donde se están utilizando cada vez más las nuevas tecnologías", recalca De la Dehesa, antiguo secretario de Estado de Economía en los años ochenta y ex presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio. "Crecer en capital humano permite hacerlo más rápido junto con la inversión en I+D+i", recalca este experto.

Juergen B. Donges, profesor del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia, asegura: "Los primeros en caer en el paro cuando viene una crisis son los trabajadores con menos cualificación. Y cuando llega la recuperación son los que más tardan en encontrar empleo. Pasa en España y pasa en Alemania", afirma Donges, que desde hace muchos años sigue de cerca la economía española. "España ha creado empleos con poco nivel de formación por el tirón de la construcción, ahora los ha perdido y eso no puede seguir".

¿Cómo está la formación en España? El avance ha sido grande, pero hay datos que muestran la necesidad de cambios. En 2007 tenía únicamente estudios obligatorios el 49% de la población de 25 a 64 años (30% en la OCDE). Es una mejora. Hace 10 años eran el 69%. El 22% tienen Bachillerato o FP media (43% en la OCDE). Hace 10 años eran el 13%. Y el 29% estudios superiores (28% en la OCDE). Una década atrás eran el 19%.

Los expertos concluyen que hay demasiadas personas con formación baja, faltan con formación media profesional y, en cambio, hay demasiadas que eligen la vía del Bachillerato. El 43% de los jóvenes que acaban la ESO en España se van a formación profesional frente al 57% que eligen Bachillerato. La media europea es al revés: más alumnos en formación profesional (51,7%) que en Bachillerato (48,3%), según el informe La educación en Europa en 2009, de la Comisión Europea. La meta es llegar a un reparto similar al europeo entre estudiantes que van a Bachillerato o a FP.

Hay más socavones educativos. Entre los más jóvenes, la tasa de abandono temprano de los estudios (jóvenes de 18 a 24 años que no habían completado ni Bachillerato ni formación profesional de grado medio y no seguían ningún tipo de formación) ha subido al 31,9% en 2008 desde el 29,6% en 1998, según datos del Ministerio de Educación. Es el doble que la media europea de abandono temprano: 14,9%. Y no hay ningún país europeo, salvo Portugal, que tenga tasas de fracaso tan altas (35,4%, dato este último aún provisional).

El proyecto de Ley de Economía Sostenible que el Gobierno ha enviado al Congreso convierte la formación profesional en una apuesta, ampliando la oferta, completando la que existe y la que se hace a distancia. Y el pacto educativo que negocia con la oposición y las comunidades autónomas el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero busca que haya más estudiantes de formación profesional.

"Se está produciendo una sobreabundancia de titulados superiores con una sobreformación para algunos empleos y eso lleva a que sus salarios puedan ser bajos", dice Francesc Pedró, director de Investigación en el Centro de Investigación Educativa de la OCDE. "En Europa es al revés. Hay que cambiarlo. Debe haber más formación profesional, continua y dar más incentivos económicos a los parados que se formen", añade.

El Gobierno ya ha puesto sobre la mesa una propuesta para debatir y avanzar en la consecución del pacto. También el PP. Los expertos ven imprescindible este pacto para ayudar a dar el salto en educación: que más personas sigan estudiando más allá de la secundaria, que crezcan los recursos para educación y que se corrija el déficit de alumnos que eligen la formación profesional.

La propuesta del PP es reducir de cuatro a tres años la ESO y elevar de dos a tres el Bachillerato. La del Gobierno, que se pueda hacer cuarto de secundaria por dos vías: una orientada a estudios profesionales y otra a bachillerato, sin que suponga renunciar a ninguna de las dos vías al acabar la ESO.

El pacto también busca acabar con los cambios de leyes educativas cada vez que PP y PSOE llegan al Gobierno. El Ejecutivo plantea que las modificaciones normativas en materia educativa requieran los votos de dos tercios del Congreso para dar estabilidad al sistema.

¿Cuánto se invierte en educación? Los recursos públicos han crecido hasta el 4,6% de la riqueza medida por el producto interior bruto (PIB), en 2008, y el 4,9% en 2009, según el Ministerio de Educación. Pero los datos dejan a España con una inversión educativa 0,76 puntos de PIB por debajo de la media de los 27 países de la UE y de 0,8 puntos menos que los de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el club de los 30 más desarrollados del mundo. Puede parecer poco, pero en euros la brecha de PIB en educación es de unos 7.000 millones al año.

Hay rendijas por donde se están escapando recursos y capital humano. España tiene un 30% de fracaso escolar, el doble de la media europea. El gasto medio por alumno es de 6.141 euros, y está por encima de países como Portugal o Polonia, pero por debajo de Alemania, Francia o Eslovenia. "Sumando el coste por alumno en la ESO, el fracaso escolar y teniendo en cuenta que un tercio de nuestros universitarios no acaban la carrera vemos que estamos desperdiciando casi un punto de PIB" al año, calcula De la Dehesa [en torno a 10.000 millones de euros].

Pedró también ve otros puntos oscuros de la educación. "Se ha avanzado mucho, pero hay demasiado fracaso escolar y España está por debajo de la media de los 30 países más desarrollados del mundo (agrupados en la OCDE) en las pruebas PISA ".

No sólo hay rendijas por donde se van los recursos educativos. También el precio de la no formación puede llegar a ser mayor a la larga que invertir en ella. Así lo apunta el informe de la OCDE Education at Glance 2009, que recalca que los trabajadores con más formación tienen menos paro y la Hacienda pública puede llegar a ahorrarse prestaciones por desempleo.

Al margen del beneficio que la formación da a la productividad, sobre todo cuando se usan las nuevas tecnologías, también apunta este informe que los trabajadores más formados suelen tener salarios más altos y el fisco recauda más por el impuesto sobre la renta, el de más poder recaudatorio.

"Los jóvenes están más formados que la media de la población. Pero tienen los empleos más precarios y no se usa su capacidad", dice Lorenzo Serrano, profesor de Economía de la Universidad de Valencia e investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE). "Tenemos jóvenes mejor formados que nunca, pero la mayoría tienen contratos temporales porque hay un 30% de asalariados eventuales y entre los jóvenes la tasa es mayor. Con tantos eventuales, ni los trabajadores ni los empresarios se involucran del todo en la formación. Y, precisamente, los resultados de la formación se notan más a medida que el empleado tiene más experiencia", añade Serrano.

Susana López es presidenta de la comisión de formación de la Confederación de Empresarios de Andalucía. "Nunca se ha hecho tanta formación y es una apuesta de las empresas y de la Administración, tanto para reciclar a los que están trabajando como a los parados", dice López.

El año pasado 293.000 empresas usaron las cuotas de formación que figuran en las nóminas. Se beneficiaron tres millones de participantes. La inversión fue de 1.545 millones de euros, un 2,3% más. Por primera vez, el año pasado hubo una aportación estatal de 116 millones de euros para cubrir el descenso de las cuotas por la pérdida de empleos que ha traído la crisis.

El canalizador de estos fondos es la Fundación Tripartita para la Formación y el Empleo, que forman la Administración, los sindicatos y la patronal. "La mayor parte de las empresas que usan estos fondos de formación son grandes. El 88% de las que tienen más de 250 empleados hacen formación a través nuestro, cuando hace cinco años eran el 67%", dice Carlos Gómez, gerente de la fundación.

"El 42% de las medianas empresas usan los fondos de formación. Hace cinco años eran sólo el 15,4%. En las de menos de 10 trabajadores sólo el 14% lo hacen, aunque hace cinco años eran el 2,3%", dice Gómez. La conclusión es que la formación avanza en España, pero a ritmo lento y lo hace en medio de socavones. Los frutos se harán esperar. Los cambios en educación suelen tardar en notarse al menos 10 años, dicen los expertos. Quizás es demasiado tiempo.

Sebastián Torraba para El País.

Sobre la identidad democrática

Sobre la identidad democrática

Frente a la cultura de la pertenencia está la cultura de la participación, que busca la integración.

No hay cánones para ser francés, pero sí para estar en Francia como ciudadano.

El debate sobre la identidad francesa incitado por el presidente Sarkozy es un síntoma alarmante de cómo se están poniendo las cosas en nuestra Europa de los malentendidos. ¡Preocupación identitaria hasta en el último bastión republicano del radicalismo ilustrado! Si la sal pierde también el sabor... ¿con qué podremos devolvérselo? Probablemente, la mejor respuesta a quienes inquieren en qué consiste la identidad francesa es replicar: "En no hacer nunca preguntas como ésta". Pero hemos llegado a tal punto que ya no podemos limitarnos a esa irónica contundencia. Es preciso intentar de nuevo dar otra vuelta de tuerca a la pedagogía cívica.

En el congreso Casa Europa, celebrado hace pocos días en Turín por inspiración de Gianni Vattimo, escuché una intervención interesante del ex alcalde de Palermo y actual parlamentario italiano Leoluca Orlando, titulada Identidad y convivencia. Sostuvo que en la UE es preciso dejar de hablar para bien o para mal de "minorías", porque lo que cuenta es que todos formamos parte de la mayoría democrática igual en derechos humanos y garantías civiles. El reconocimiento político de "minorías" estereotipadas consagra una cultura de la pertenencia, según la cual los derechos dependen de la adscripción del ciudadano a tal o cual grupo identitario. Cada identidad se convierte así en un blindaje que justifica excepciones y conculcaciones de las pautas democráticas generales.

Según mi interpretación, existe una diferencia esencial entre la diversidad de identidades discernibles en cualquiera de nuestras comunidades actuales y la identidad democrática que constituye el ADN del sistema político en que vivimos. Como ya he escrito en otro sitio (el curioso debe consultar el capítulo sexto de La vida eterna) el asunto se resume en la distinción entre ser y estar. Cada individuo configura lo que es de acuerdo a una gama más o menos amplia de identidades yuxtapuestas: algunas nos vienen impuestas por los azares de la biología, la geografía o la historia, mientras que otras provienen de elecciones más personales en el terreno de los afectos, las creencias o las aficiones. Hay cosas que somos desde la cuna y otras que preferimos o nos empeñamos en ser: ciertas identidades nos apuntan y al resto nos apuntamos. Sobre lo que cada cual es, cree que es o quiere ser poca discusión pública cabe. Se trata de una aventura personal mejor reflejada en obras autobiográficas como las Confesiones de san Agustín o de Rousseau, incluso en diarios como el de André Gide.

La identidad democrática, en cambio, no expresa tanto una forma de ser como una manera de estar. De estar junto a otros, para convivir y emprender tareas comunes, pese a las diferencias de lo que cada uno es o pretende ser.

El único requisito que se impone en democracia a las diversas identidades que se dan en ella es que no interfieran radical-mente con las normas que permiten estar juntos o imposibiliten su funcionamiento igualitario. Por ejemplo, la identidad francesa es, sin duda, parte de lo que los ciudadanos franceses son, pero hay muchas maneras de vivirla, sentirla y pensarla de acuerdo con el resto de los rasgos de identidad que cada cual considera suyos. Ya existen novelas o películas sobre esta diversidad, que unos viven como drama y otros como conquista (supongo que entre estos últimos habrá que incluir al propio presidente de ascendencia húngara y a su envidiablemente cosmopolita esposa).

No hay cánones definitivos para ser francés, pero sí para estar en Francia como ciudadano de una democracia avanzada. De modo que la pregunta interesante no indaga lo que significa ser francés, sino lo que exige ser ciudadano en Francia.

Lo mismo es válido para el resto de los países, desde luego. No son los minaretes ni los campanarios los que amenazan las libertades públicas, sino aquellos feligreses o dignatarios religiosos que ponen su pertenencia a una fe por encima de sus obligaciones con el sistema democrático que las permite convivir a todas sin desgarramientos ni indebidos privilegios. Frente a la cultura de la pertenencia -acrítica, blindada, basada en el sacrosanto "nosotros somos así"- está la cultura de la participación, cuyas adhesiones son siempre revisables y buscan la integración de lo diferente en lugar de limitarse a celebrar la unanimidad de lo mismo. A esta última, que respeta el ser de cada cual pero lo subordina en asuntos necesarios al estar juntos con quienes son de otro modo, es precisamente a lo que se llama laicismo.

Pero es importante destacar que el laicismo no sólo se refiere a las identidades religiosas: también ha de aplicarse ante otras de distinto signo, como las llamadas de género (refiriéndose al sexo, que es lo que tenemos los humanos a diferencia de los adjetivos y los pronombres) o a las de idiosincrasias nacionalistas. En el País Vasco, por ejemplo, las tímidas medidas que afortunadamente se van tomando para asentar por fin la maltrecha identidad democrática que allí nunca ha tenido verdadera vigencia tropiezan con la oposición de quienes se empeñan en verlas como agresiones a una supuesta "identidad vasca", que ellos se han ocupado de diseñar como incompatible con la española y calcada de parámetros exclusiva y excluyentemente sabinianos. De modo semejante, se previene y desvaloriza en Cataluña la función del Tribunal Constitucional, cuya misión (hay que reconocer que cumplida por lo general sin excesivo lucimiento) supone precisamente la defensa del estar constitucional frente a formas de ser que impliquen desigualdades ofensivas o disgregaciones territoriales de la ciudadanía. No sólo son los obispos quienes pretenden que lo que ellos consideran pecado sea convertido en delito por la ley civil: también hay integrismos culturales o etnicistas que aspiran a imponer sus prejuicios irreversibles -"aquí somos así, hablamos así, etcétera..."- por la misma vía.

El problema de fondo es que las identidades particulares con las que cada uno definimos lo que somos gozan de una calidez entusiasta y egocéntrica a la que difícilmente puede aspirar la más genérica y compartida identidad democrática. Cada cual disfruta o padece (pero deliciosamente) su ser y sólo se resigna a estar con los demás. De ahí la importancia de una educación cívica, la denostada Educación para la Ciudadanía, que razone y persuada para la formación de un carácter verdaderamente laico en todos los aspectos. Ignoro si este objetivo es ahora alcanzable en nuestra era centrífuga, pero estoy convencido de que es deseable y hasta imprescindible dentro de una actitud progresista más allá de las habituales querellas entre izquierdas y derechas.

Fernando Savater es escritor.

Haití, ¿qué te queda?

Haití, ¿qué te queda?


Haití, ¿qué te queda? La tierra se ha tragado las vidas de tus hijos e hijas. Los cadáveres se cuentan a miles; cuerpos rotos bajo restos de edificios desgajados. Entre la humareda de polvo, un hombre saliendo de entre los escombros, un niño desnudo en sus brazos. El niño, aterrado, se aferra al hombre que le ha salvado la vida.

Sus ojos, exhaustos por la angustia de las horas enterrado bajo los bloques de hormigón, apenas cuentan con lágrimas en las que hablarnos de su miedo y su dolor ante esta vida que le ha sido ahora devuelta.
Los periodistas nos hacen llegar la desesperación y el vacío de los que han sobrevivido. Una niña de 15 años no se despega noche ni día de la montaña de piedras en la que se ha visto convertida su casa. Su familia yace enterrada bajo las pesadas planchas destrozadas de paredes, tejado y columnas de hormigón. Junto a uno de los hospitales descansa una niña con una venda manchada de sangre seca cubriendo la herida de su cabeza. Salvó su vida, pero no le queda nadie. Sus vecinos le han confirmado que su madre, tía y hermana no sobrevivieron, y que no se sabe nada de su padre.

¿Qué queda de ti, Haití? Quedan más de 100.000 familias rotas por la pérdida irremplazable de hijos, hijas, padres o madres. Quedan 3 millones de personas golpeadas por las heridas del terremoto. Quedan noches de pesadillas sin techo que los proteja, días de espera en los hospitales sin analgésicos que alivien el dolor, la anarquía y el pillaje amenazando las calles de Puerto Príncipe. El silencio ante lo inexplicable y lo impensable es arrebatado por los gritos de desesperación y de dolor. ‘La vida se nos ha ido, la vida de los que más queríamos’.

Entre las imágenes que más me han impactado estos días, me queda en la retina la de un hombre con el rostro roto por las lágrimas y el duelo ante el frágil cuerpo sin vida de un niño de 3 años que carga consigo. Al fondo un edificio derrumbado. La gente paralizada; no hay palabras con las que describir el dolor de un padre por la pérdida de un hijo. Y la fe en que Dios está ahí, de alguna manera tiene que estar ahí: ¡¡el Señor de la vida tiene que estar ahí, donde la vida de sus hijos e hijas está siendo amenazada!! Haití, contigo han de estar en estos días Sus ojos y Sus manos.

¿Qué queda de ti, Haití? Deseo que a ti quede la fuerza suficiente para luchar, y que nosotros tengamos corazón para unirnos como sea a vosotros en esta lucha.

Juanjo Aguilar, SJ en pastoralsj.org

El amanecer de otra economía

El amanecer de otra economía

"No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su momento" (Víctor Hugo)


Todo lo que ha sucedido a lo largo de 2009 no ha sido bueno ni malo. Simplemente ha sido necesario. Al tomar un poco de perspectiva, concluimos que las crisis no son más que puntos de inflexión en nuestra larga historia de transformaciones sociales y económicas. En realidad, son el puente entre lo que somos y lo que estamos destinados a ser.

Esta última crisis, por ejemplo, nos ha servido para darnos cuenta de que estamos evolucionando de forma inconsciente. A grandes rasgos, hemos creado un sistema que nos obliga a trabajar en proyectos en los que no creemos para poder comprar cosas que no necesitamos. Y encima pagando un precio muy alto: la progresiva deshumanización de nuestra sociedad, así como la contaminación del medio ambiente, del que ya casi no formamos parte.

Lo sucedido en 2009 también ha puesto de manifiesto que como sociedad y sistema todavía no sabemos quiénes somos ni hacia dónde vamos. Además, esta falta de propósito y de sentido nos genera un gran vacío en nuestro interior. Y por más que triunfe la cultura de la evasión y el entretenimiento, no logramos llenarlo con nada del exterior. El problema es que hemos comenzado la casa por el tejado. Nos falta lo más esencial: los pilares sobre los que sostenerla. Y la solución pasa por aprender lo que la crisis nos ha venido a enseñar.

Entre otras lecciones, nos ha revelado que la economía es como un tablero de juego que hemos incrustado sobre la naturaleza, en el que a través del dinero se relacionan e interactúan tres jugadores principales: el sistema, las empresas y los seres humanos. Y todo ello regulado por leyes diseñadas por los Estados, que a su vez están sujetas a una ley superior denominada "causa y efecto", por la que cada individuo, organización y nación termina por recoger lo que cosecha.

Aunque el capitalismo ha demostrado su eficacia a la hora de promover crecimiento económico, ha resultado ineficiente para fomentar bienestar y felicidad en la sociedad. La negatividad, el estrés, la ansiedad y la depresión son las enfermedades más comunes de nuestro tiempo. La paradoja reside en que somos más ricos que nunca, pero también mucho más pobres. En este caso, la inconsciencia ha consistido en querer crecer por crecer, sin considerar la finalidad y las consecuencias de dicho crecimiento.

Las empresas, por su parte, se han consolidado como las instituciones predominantes. Tanto es así, que el mundo se ha convertido en un negocio orientado a maximizar el lucro de las organizaciones en el corto plazo, sin importar los medios que emplean para conseguirlo ni los efectos que su exceso de codicia ocasiona sobre los seres humanos y el planeta en el que vivimos.

Cabe recordar que desde la óptica empresarial, todo lo que está vivo es considerado como un "recurso". Y como tal, es usado y explotado para fines mercantilistas. Eso sí, la falta de valores y de sentido ha provocado que el corazón de las organizaciones -las personas que las componen- haya dejado de latir. La mayoría de trabajadores se levanta los lunes por la mañana deseando que llegue el viernes para comenzar el fin de semana. De ahí que la improductividad derivada de la gestión mecanicista amenace la supervivencia de las compañías socialmente más irresponsables.

Nos guste o no, estas circunstancias socioeconómicas forman parte de un proceso evolutivo del que todos somos corresponsables. Y es precisamente la asunción de esta responsabilidad personal el pilar del nuevo paradigma económico que está emergiendo. Se trata de una semilla de la que está empezando a brotar la denominada "economía consciente", cuyo objetivo es que el sistema, las empresas y los seres humanos cooperen para crear un bienestar social y económico verdaderamente eficiente y sostenible.

El primer gran reto que promueve la economía consciente es la responsabilidad social corporativa, que consiste en alinear el afán de lucro de las empresas con la humanización de sus condiciones laborales y el respeto por el medio ambiente. Otra característica es el comercio justo, que apuesta por establecer una relación comercial voluntaria e igualitaria entre productores y consumidores, de manera que todos salgamos ganando.

En paralelo, también está cobrando fuerza el consumo responsable y ecológico, que nos invita a comprar lo que verdaderamente necesitamos en detrimento de lo que deseamos, tratando de que con nuestras compras apoyemos a organizaciones que favorezcan la paz social y la conservación del medio ambiente. Por último, cada día está ganando más adeptos el ahorro consciente, que consiste en poner nuestro dinero en bancos éticos, que, a diferencia de los convencionales, sólo invierten en proyectos que realmente benefician a la sociedad.

La transformación de las empresas y del sistema siempre comienza con el cambio de mentalidad de los seres humanos. No en vano, nosotros diseñamos y ejecutamos los planes y objetivos de las empresas. Nosotros consumimos sus productos y utilizamos sus servicios. Y en definitiva, con nuestra manera de ganar dinero y de gastarlo construimos día a día el sistema en el que vivimos. Sólo al asumir que somos co-creadores del mundo que habitamos podemos decidir cambiarlo, cambiándonos primeramente a nosotros mismos. Y, lo queramos ver o no, es una decisión que tomamos cada día.

Borja Vilaseca en Negocios.