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cuatrodecididos

Crecer y madurar

Guárdame de la ingenua fe
en que todo ha de salir bien en la vida.
Concédeme el sobrio conocimiento
de que las dificultades, derrotas, fracasos y reveses
son un natural añadido a la vida
que nos hace crecer y madurar.

Antoine de Saint-Exupéry

¡Es la educación!

¡Es la educación!

Si España quiere un modelo más sostenible y con menos paro, debe mejorar su sistema educativo


El Gobierno español, por fin, quiere dejar atrás un modelo económico agotado y generador de importantes desequilibrios. Los sectores de la construcción y del turismo, ambos en crisis, generaron conjuntamente en el momento más dulce de la última década dorada casi el 25% del PIB, que es la cuota más alta de la Unión Europea.

A pesar de ser -o por ser- un modelo intensivo en creación de empleo, España ha perdido puestos de trabajo al ritmo más rápido de Europa y hoy tiene más parados que Alemania, aunque la economía alemana sea más del doble de la española. Estos datos confirman que el modelo económico español tiene los pies de barro.

La eliminación de la desgravación a la vivienda a partir del año 2010 es un paso en la dirección correcta. Esta deducción fue el emblema del ahora exhausto modelo de crecimiento español y engendró la mal llamada "cultura de la propiedad".

Pero ésta y otras medidas anunciadas por el Gobierno (ayuda para la compra de un coche, digitalización de las aulas, etc.) no bastan para crear un modelo basado más en el conocimiento y en las exportaciones. Son parches para aliviar la crisis, no las semillas de un nuevo modelo económico.

A mi modo de ver, la clave para la creación de un modelo más sostenible, y que no genere tanto desempleo cuando la economía va mal, reside en una mejora del sistema educativo español, y esto es algo que tardará un tiempo en hacerse y una década en notarse.

Los políticos quieren resultados en el corto plazo. Es lamentable que sólo ahora, a raíz de la crisis de la construcción, se haya puesto de moda entre la clase política hablar de la necesidad de moverse desde el ladrillo al ordenador. Algo muy diferente hubiera ocurrido si esta moda se hubiera extendido durante el boom económico. La afirmación de que España no hubiera llegado a donde está hoy con el Partido Popular en el poder es muy dudosa (de hecho, el auge de la construcción empezó con el PP, que no hizo nada para cambiar el modelo económico y poco para mejorar la educación en sus ocho años de gobierno).

España es el único país europeo que ha generado mucha riqueza durante un largo periodo, a la vez que una tasa creciente de fracaso escolar. La proporción de estudiantes que no terminan la ESO, según las últimas cifras disponibles (2007), es del 30,8%, el doble de la media europea. Un factor que ha contribuido a esta situación ha sido la facilidad, hasta 2008, de encontrar un trabajo en la construcción o el turismo sin necesidad de haber finalizado los estudios.

Es de suponer que la recesión cambiará esta tendencia, vergonzosa para un país desarrollado. En 2007, sólo el 61% de los jóvenes entre 20 y 24 años tenía un nivel de formación al menos de enseñanza secundaria superior, seis puntos menos que en el año 2000 y muy por debajo del promedio europeo (78%). Es cierto que la llegada de inmigrantes ha influido en estos dados, pero menos de lo que se piensa.

En España, según el Informe PISA, menos de uno entre 20 jóvenes de 15 años alcanza un conocimiento elevado en ciencias -como en México y Turquía-, frente a casi uno entre cinco en Finlandia, donde, por cierto, hay muy pocos colegios privados. Y en lectura, sólo el 1,8% de los jóvenes españoles de 15 años alcanza el nivel alto, lo que supone el peor resultado después de México.

¿Es que los alumnos españoles son más tontos que los de otros países? No lo creo. Algo tendrá que ver esta situación con el sistema de aprender a fuerza de repetir y memorizar, en lugar de mediar un análisis crítico. Y también el bajísimo nivel de los contenidos y la falta de autoridad del profesor. No se puede aprender si el profesor no recibe ninguna consideración por parte del alumno ni de su familia, y si el sistema además lo deja desprotegido ante cualquier abuso.

La tasa de abandono en la universidad es también alta y pocos aprueban el curso completo en el tiempo debido. Hay seis convocatorias para superar un examen, más la extraordinaria. ¡Vaya incentivo para estudiar!

Así que los universitarios españoles entran el mercado laboral con 24 años o más (21-22 en Reino Unido). Y el 22% de los mismos ocupa un empleo de nivel de calificación inferior al título obtenido, frente al 13,2% de los países de la OCDE. Y no hay ninguna universidad española entre las primeras 150 de la lista que se confecciona cada año en la Universidad Jiao Tomg de Shanghai.

¿Cómo espera España crear una economía basada en el conocimiento con estos niveles educativos? El país está pagando un alto precio por su ignorancia. El debate político sobre la educación está ciegamente enfocado a temas de menor importancia (no digo que no la tengan), como la Educación para la Ciudadanía y lo que la Iglesia llama el "fundamentalismo laico" en las escuelas, en vez de preguntarse por qué hay tanto abandono escolar.

La educación en España se ha convertido para los políticos en una especie de confrontación futbolera y hasta que esto no termine y todos remen en la misma dirección, crear una economía del conocimiento seguirá siendo un sueño imposible.

William Chislett es colaborador habitual del Real Instituto Elcano y autor de varios libros sobre España.

Todas las energías son necesarias

Todas las energías son necesarias

Las renovables tienen grandes ventajas, pero son más imprevisibles - Es clave la coexistencia de fuentes para garantizar el suministro y la contención de emisiones


El potencial de la energía eólica es enorme. Un mundo lleno de molinos de viento de 2,5 megavatios abastecería toda el hambre de energía que hay. Bastaría que funcionaran al 20% de su capacidad. En conjunto producirían cinco veces más energía que la que se consume actualmente en todo el globo. Sólo en Estados Unidos se generaría 16 veces la electricidad que consume. Para que esto fuera posible habría que instalar generadores eólicos prácticamente en todas partes. El estudio que da estos datos, elaborado por los profesores de la Universidad de Harvard Michael B. McElroy y Juha Kiviluoma, sólo libra de los enormes postes con aerogeneradores de grandes aspas en la cúspide a las ciudades, las zonas heladas y los bosques.

Esta investigación de McElroy, en realidad, es un ejercicio académico. No obstante, pone de relieve que, como decía hace unas semanas el director financiero de Iberdrola Renovables, José Ángel Marra, argumentos extremos son fáciles de encontrar en el debate energético. Pero lo que parece claro es que a fecha de hoy hacen falta todas las fuentes de generación eléctrica para garantizar la seguridad de suministro, mantener los costes o reducir emisiones de CO2, a decir por la mayoría de conocedores del sector. Un argumento, que con matices, se rechaza desde el ecologismo y que otros tildan de "cliché".

Depender en exclusiva de la energía eólica -la renovable más extendida- en días como el pasado 3 de agosto, en España hubiera sido un problema serio. Ese día, a las dos de la tarde, cuando el consumo eléctrico se acercaba a los 35.000 megavatios, los molinos apenas producían el 1,7% de la electricidad que se consumía, aunque la potencia de generación instalada es del 17%. Y esto suele ser lo habitual en los días en que hace más calor o más frío en la Península Ibérica. Es usual que coincidan con una gran estabilidad atmosférica, por lo que el viento no sopla.

Para hacer frente a la caída de la producción eólica que se demandaba el 3 de agosto hubo que recurrir a los ciclos combinados (centrales de generación eléctrica que usan gas natural como combustible). A esa hora asumieron poco más del 45% de toda la electricidad que se producía, según los datos de Red Eléctrica.

De la mano de estos datos, del cambio climático o de sonoras discusiones como la que se organizó hace un mes en torno a la central nuclear de Garoña, resurge con asiduidad el debate sobre cuál debe ser el parque de generación eléctrica. "Todas las energías son necesarias", claman desde Unesa, la patronal de las empresas del sector. Es la opinión mayoritaria entre los expertos. A ella se suma Jorge Fernández, director general adjunto de Intermoney Energía. Incluso, Ignacio Cruz, director del departamento eólico del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), parece apuntarse a ella, aunque con matices, cuando afirma: "Sí que se podría prescindir, pero perderíamos en seguridad [de sumi-nistro]".

Desde el bando ecologista, Ladislao Martínez acepta este argumento, pero él sí que niega la mayor. Para él no todas las energías son necesarias. Para llegar a esta conclusión compara los 90.000 megavatios de capacidad de producción que tiene el parque de generación español con los 44.786 que se demandaron el día de mayor consumo registrado, un lejano 17 de diciembre de 2007.

En esta gran capacidad de producción tienen gran responsabilidad la eólica y el gas (a través del ciclo combinado). Hace apenas unos años prácticamente no existían. Casi no formaban parte del mix (palabra con la que el sector denomina habitualmente al parque básico de generación) eléctrico. Hasta 2002, en España no hubo una sola central de ciclo combinado. Siete años después, el viento y el gas suponen en torno al 40% de la potencia de generación instalada y un porcentaje similar del consumo. El resto se lo reparten de forma desigual la energía nuclear, el carbón, los saltos de agua, otras renovables (minihidráulica, fotovoltaica o biomasa), el fuel...

Pero el mix energético no es una foto fija. Con toda seguridad, el peso de las energías renovables aumentará en el futuro. Para 2020 el objetivo es que supongan el 20% de la energía primaria (el conjunto de toda la energía utilizada incluyendo el transporte y la electricidad) y el 40% de la eléctrica. Y eso al final conduce a una serie de preguntas. ¿Dónde está el límite de las energías renovables? ¿Se puede prescindir de alguna? ¿Hay un parque de generación perfecto o ideal?

"El mix ideal, en principio, no existe", admite Fernández, de Intermoney Energía, en respuesta a la última pregunta. "En realidad refleja las expectativas de los políticos", continúa y cita el caso de Francia, donde la nuclear produce casi el 80% de la electricidad.

"Un mix tiene que ser capaz de garantizar la prioridad de suministro", afirma Miguel Duvisón, director de Operación de Red Eléctrica Española (REE). Y eso, desde la perspectiva del gestor del sistema, lo garantiza la generación térmica (ciclo combinado, fuel o nuclear) y la gran hidráulica. Son energías en las que, a grandes rasgos, resulta sencillo hacer coincidir la disponibilidad y la voluntad del consumidor.

Pero al mismo tiempo que se garantiza la prioridad de suministro, Duvisón explica que el gestor también tiene presente otros objetivos: abaratar costes, reducir la dependencia del suministro energético del exterior (que en el caso español ronda el 80%), controlar las emisiones de CO2 y garantizar el abastecimiento a largo plazo.

Unos criterios muy parecidos tienen en Unesa. Desde la patronal explican que para determinar cuál debe ser el mix energético de un país hay que tener en cuenta tres factores: geoestratégicos o geopolíticos, medioambientales y económicos.

Atendiendo a estos criterios, el recurso a las energías renovables parece evidente. Son abundantes, autóctonas, el combustible -que no la producción- es bien barato y su contribución a la lucha contra el cambio climático es incuestionable. Pero su imprevisible disponibilidad es su talón de Aquiles, todo un obstáculo para el primer principio enunciado por Duvisón: "Garantizar la prioridad de suministro". Valga el ejemplo de la energía eólica. De las 8.760 horas que tiene el año, un aerogenerador está a pleno rendimiento una media de 2.200.

A decir de los expertos, el aumento de las energías renovables -sobre todo de la eólica y la solar- en el parque de generación eléctrica requiere de fuentes de apoyo para cubrir la imprevisibilidad. "Si metes más fuentes no programables, necesitas más colchón", explican en REE. Y en ese colchón entrarían, por su flexibilidad, buena parte de la generación térmica (gas, fuel y carbón) y también la hidráulica.

El portavoz de la plataforma contra las centrales térmicas, Ladislao Martínez, está de acuerdo en que las renovables necesitan respaldo, no así en que las térmicas sean la fuente comodín a la que recurrir. Para él, la solución está en la llamada hidráulica de bombeo -un tipo de generación eléctrica compuesta de una corriente y dos embalses que permite elevar el agua de uno a otro y reutilizarla, por lo que es una forma de almacenar energía- que, además, aún tiene una capacidad de desarrollo potencial en España de unos 3.000 megavatios sobre los que ya hay instalados.

Ignacio Cruz, del Ciemat, dependiente del Ministerio de Industria, también confía en la hidráulica renovable como el "colchón" de otras renovables "intermitentes". Además, él pone énfasis en otros instrumentos como la predicción meteorológica.

Por su parte, Gonzalo Sáenz de Miera, de Iberdrola Renovables, que defiende la "insostenibilidad" del mix energético actual por razones medioambientales y la excesiva dependencia de los combustibles fósiles, cree que conforme crezca la presencia de las renovables, será necesario el colchón del ciclo combinado y de la hidráulica bombeable.

Más difícil tiene desempeñar el papel de "colchón" la siempre polémica energía nuclear. Señalada por sus partidarios como la solución al cambio climático por su bajo nivel de emisiones de CO2 y criticada por los residuos radioactivos que genera o las grandes inversiones que necesita, esta fuente en España no se caracteriza por su flexibilidad, algo necesario para un parque de generación con un peso creciente de las renovables. El diseño inicial de las centrales les obliga a funcionar siempre al máximo de su capacidad, por lo que su contribución al sistema, salvo cuando están paradas, es constante.

Todo este repaso, lleva a una conclusión tan simple como lógica a Unesa: "Todas las tecnologías tienen sus ventajas y sus inconvenientes". Formulada esta premisa, ellos afirman con contundencia que todas las energías son necesarias. No sólo ahora, también en el futuro. Conclusión que encuentra el rechazo de Greenpeace, que en un informe ya antiguo -de abril de 2007- trata de demostrar que en 2050 toda la electricidad que se produzca en España puede provenir de fuentes renovables.

Muy escéptico con ambas conclusiones se muestra Paul Isbell, del Instituto Elcano. Para él, la frase "todas las energías son necesarias" es uno de los grandes clichés. No es el único. Isbell apunta a otros dos: "toda la energía se puede producir con renovables" y "la nuclear es imprescindible".

"En un sistema eléctrico como el español hay un límite sobre la contribución factible de las energías renovables que el consenso sitúa en torno al 40%. Y esto abre la puerta al argumento de que la energía nuclear es insustituible", afirma Isbell. Pero en su opinión, todo cambiaría si el sistema eléctrico español dejara de ser una isla. En este momento las interconexiones con Francia apenas suponen 1.300 megavatios, apuntan en REE.

"Si se abre el sistema con más interconexiones, cambia la perspectiva sobre las renovables", continúa Isbell, que pone a los países nórdicos como ejemplo de lugares donde la mejora y ampliación de la red ha permitido aumentar su contribución al sistema. Para él, incluso si aumenta el uso de la electricidad en los coches, con una red eléctrica de mayor extensión y calidad, en España sólo con renovables y ciclo combinado se podría satisfacer la demanda.

Manuel Gómez para El País.

Lo que está pasando (Reloaded)

Lo que está pasando (Reloaded)

La salida está en consumir, sí, pero sólo lo necesario; producir, también, pero sólo lo conveniente


El título les sonará: The Matrix Reloaded (Larry y Andy Wachowski, 2003). Es la segunda entrega de la saga The Matrix, en la que se apunta el camino hacia el desenlace. ¿Hacia dónde apunta el desenlace de la situación que padece hoy la economía del planeta? ¿Qué puede haber más allá del presente? ¿Qué hay más allá de la recuperación, cuando ésta se produzca? Recuperación: ¿cuándo será? ¿cómo será?

Nadie ha sido culpable de lo que está pasando: la crisis se está produciendo porque se ha agotado un modo de funcionar, un modelo económico y no sólo económico, y para salir de este agotamiento no basta con anfetaminas.

Dicho de otro modo, no basta con planes de ayuda ni planes de estímulo; porque nos hallamos ante una crisis sistémica. No es el fin del mundo, pero sí será el final de una manera de funcionar. La solución estará en la aparición de algo nuevo, y no en una reedición de lo viejo; no bastará con un lifting de lo antiguo, ni con una readaptación, aquí no vale el "algo debe cambiar para que todo siga igual" de Il Gatopardo.

Lo nuevo: cambios profundos que alteran las formas de hacer, de actuar. Durante la Gran Depresión también se gestaron cambios sistémicos, y la contribución de esos cambios a la salida de la crisis fue esencial, fundamental.

La solución que se encontró entonces fue la intervención activa del Estado en la economía, el gasto público como motor económico, la búsqueda del pleno empleo de los factores productivos, del pleno empleo del factor trabajo. Y también el sobredimensionamiento del individuo, la exacerbación del individualismo llevado hasta sus últimas consecuencias; y durante unas cuantas décadas aquellos cambios permitieron que el nuevo modelo funcionara, y que lo hiciera muy bien. También ahora tendrá que haber cambios radicales para hacer frente a la nueva crisis, que también es una crisis sistémica, como la del 29. La pregunta es, ¿en qué consistirá ahora el cambio sistémico, cómo será?

Pienso que el hiperindividualismo que ha permeado todos los órdenes de la economía, de la sociedad y de la política en estos últimos 50 años tiene los días contados. Un individualismo no sólo en términos de persona, que también, sino de país, incluso de área económica.

Y pregunto: si ya nos hallamos en un mundo posglobal, ¿qué sentido tiene pensar en términos de persona, de región, de país, de zona? El cambio que se avecina terminará con esa fase individualista de la historia, y traerá consigo la necesidad imperiosa de coordinar grupos, asociar colectivos, colaborar en proyectos comunes. Y toda esa coordinación no habrá que hacerla sólo a cortísimo plazo, sino al revés. ¿Por qué? Porque es infinitamente más eficiente para operar en una atmósfera de recursos escasos, que es la que viene ahora, la del nuevo mundo en el que vamos a tener que movernos.

Eficiencia: utilización de las cantidades óptimas de recursos a fin de obtener la cantidad necesaria de los bienes que sean precisos. Existencias cero; desperdicios nulos; elaborados innecesarios, ninguno. Producir aquello que sea necesario, en la cantidad conveniente; consumir en la misma medida.

Tras la Gran Depresión, la solución consistió en aumentar la propensión al consumo para que ese consumo tirase de la producción; y la cosa funcionó. Pero el precio de ese crecimiento ha sido el desperdicio: se ha profundizado en la competitividad desperdiciando de todo, y propiciando la reducción en el precio de los recursos, de las commodities, las materiales, las financieras y las humanas, todas.

La salida de esta situación está en dar la vuelta al razonamiento: consumir, sí, pero sólo lo necesario; producir, también, pero sólo lo conveniente; y coordinando medidas a nivel mundial.

Coordinación, asociación, regulación: competitividad, eficiencia y productividad tienden a confluir: un automóvil que usa una sola persona durante una hora diaria no es eficiente; una instalación industrial utilizada al 60% de su capacidad, tampoco lo es.

En su momento, al ensamblarse aquel automóvil, al construirse esa instalación, se generó PIB; pero ahora hemos de cambiar, porque a partir de ahora un crecimiento del PIB generado por ese método ya no será bueno, porque no será eficiente.

Extrapolen ustedes, pensemos en la especulación financiera ¿Dónde radica la eficiencia de especular con los tipos de cambio, o con un derivado financiero, o con un puñado de metros cuadrados construidos?

Hemos agotado un modo de hacer. No lo critiquemos ahora: ha funcionado, pero ahora tenemos que poner en marcha un nuevo modo de hacer que no debe estar basado en algo superado porque sería inútil.

Hay un pero: algo así siempre tiene consecuencias, unas consecuencias para las que nadie nos ha preparado y sobre las que nadie nos ha informado, unas consecuencias que tendremos que ir aprendiendo sobre la marcha y a las que sobre la marcha tendremos que ir adaptándonos.

Santiago Niño Becerra es catedrático de Estructura Económica en la Facultad de Economía del IQS (Universidad Ramon Llull). Acaba de publicar El crash del 2010 (Los Libros del Lince).

El fenómeno 'low cost' no nos saldrá gratis

El fenómeno 'low cost' no nos saldrá gratis

La explosión de productos y servicios de bajo coste ha democratizado el consumo, pero tiene un precio

Los sindicatos alertan de que fomenta la precariedad y, en algunos casos, merma la innovación


Para que uno pueda comprar un billete de Madrid a Londres por 20 euros más las tasas y suplementos -a veces cero euros, incluso-; para que otro pueda colocar en su nevera un paquete de yogures de las llamadas marcas blancas entre un 18% y un 42% más baratos que otros casi idénticos, o para que pueda amueblar una casa prácticamente entera por poco más de 1.000 euros, las empresas que los venden han tenido que especializarse en cirugía fina con los costes.

Descartados el milagro y la magia como herramientas de control del gasto, ¿qué hacen las compañías para conseguir ofrecer esos precios sin arruinarse? ¿A costa de qué es posible este fenómeno, una explosión de productos y servicios a precios de derribo que han democratizado el consumo? En un momento en que no se deja de manosear la llamada "economía de valor añadido", ¿entra en contradicción el reinado del bajo coste?

"En cierto modo podría haber una contradicción con el discurso que defiende el valor añadido, porque es difícil encontrar tecnología nueva en este tipo de productos, pero no creo que conduzca a la baja calidad. Es imposible en servicios regulados, como la seguridad de las líneas aéreas, que es obligatoria, o algunos productos de alimentación: la leche pasteurizada, tendrá que ser pasteurizada", razona José García Montalvo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

Los críticos del modelo ponen sobre la mesa la precariedad laboral y la merma a la innovación como consecuencia del reinado de este tipo de empresas frente a las compañías tradicionales. Pero las compañías de bajo coste y algunos expertos defienden la eficiencia de sus sistemas de trabajo, sus buenos acuerdos con los proveedores, y el sobreprecio que sus competidores hasta ahora cobraban a sus clientes.

En España el concepto low cost, (bajo coste, en inglés), lo importaron las compañías de vuelos baratos. Para los consumidores son una fiesta -casi el 40% de los pasajeros en España utilizan este tipo de aerolíneas-, pero muchos de sus trabajadores echan chispas. Manuel Sánchez Rollón, secretario de Acción Sindical del Sector Aéreo de Comisiones Obreras, asegura que las "diferencias salariales son abismales" entre las aerolíneas low cost y el resto, sobre todo en su personal de tierra (handling) subcontratado o no. Ahora, los sindicatos se las están viendo con Easyjet, con la que llevan dos años para mejorar las condiciones del convenio colectivo de sus empleados. "Estas son las diferencias: un operario de Easyjet con dos años de antigüedad cobra 15.400 euros anuales, uno de Flightcare 16.166 y otro de Acciona 17.138", apunta. Los sindicatos han convocado huelgas los próximos tres sábados de agosto, a partir de hoy.

Easyjet, la aludida, defiende que su modelo de negocio no se cimienta en las condiciones de sus empleados, sino en las facilidades de Internet y en su tipo de trayectos cortos, con lo que toda su tripulación (pilotos, azafatas...) y sus aviones duermen en su casa, y se ahorran un dineral en dietas, jornada laboral y gastos de alojamiento.

La cuestión es si es suficiente para poder ofrecer miles de plazas de avión a cero euros (aunque luego haya múltiples recargos), como hace Ryanair.

No hay un solo euro de ahorro en seguridad, cuyas exigencias son iguales para todas las aerolíneas. La aerolínea irlandesa, líder en el reino del bajo coste, también descubrió que se ahorraba cientos de miles de euros al eliminar algo tan accesorio como el reposacabeza de velcro y optar por tapicería de cuero para los asientos, más fáciles de limpiar, pero las condiciones laborales de su personal también despiertan recelos.

"Tenemos la flota de aviones más nueva de Europa y los sueldos de nuestros trabajadores cobran por encima de la media, pero pueden ir a dormir a sus casas", explica la compañía, que siempre defiende también su puntualidad.

La aerolínea vuela además a aeropuertos secundarios y cuenta apoyo de las Administraciones, bajo la forma de acuerdos de marketing. El Gobierno catalán, por ejemplo, ha garantizado más de 14 millones en ayudas para el periodo 2009-2011. "Son subvenciones escondidas en contratos de publicidad; no están jugando en igualdad de condiciones", se queja Eduardo Gavilán, de la junta del Colegio Oficial de Pilotos de Aviación Comercial (COAP). Esta entidad también ha pedido al Ministerio de Trabajo y a la Agencia Tributaria que investigue la situación fiscal de varias low cost extranjeras, con bases fijas en España, a las que acusan de no pagar las cuotas a la Seguridad Social en España, lo que supone "un importante ahorro de costes que va en detrimento" de las compañías españolas que sí cumplen con las obligaciones fiscales.

La calidad del servicio también ha despertado inquietud en las organizaciones de consumidores. Rubén Sánchez, de Facua, apunta que "los abusos a los consumidores se producen en todo tipo de aerolíneas, aunque algunas compañías como Ryanair son ejemplo de cómo hacer las cosas mal. Y las autoridades lo permiten con su dejación".

La lucha por mantener la calidad, en pleno recorte de gastos, es una preocupación generalizada en todos los sectores. "El periodismo de calidad no es barato y una industria que regala su producto está canibalizando su capacidad para hacer buen periodismo", dijo hace unos días Rupert Murdoch, propietario del mayor grupo de medios de comunicación del mundo, News Corporation, para explicar por qué cobrará por el acceso a la versión digital de sus periódicos a partir de 2010.

Y es que la cultura de lo barato, incluso de lo gratis, ha puesto en apuros a múltiples sectores. En alimentación, el equivalente a los vuelos baratos son las marcas de los distribuidores -las marcas blancas, porque originariamente eran así-. Este sector, que ya supone el 30% de las ventas de los súper, también plantea sombras. Las compañías de primeras marcas tradicionales han lanzado una campaña para defender su valor añadido y sus esfuerzos en investigación.

Hasta Bruselas se ha visto obligada a actuar en la polémica. Un grupo de trabajo de alto nivel de la Comisión Europa ha recomendado realizar un estudio sobre "el efecto de las marcas de distribución en la competitividad de la industria agroalimentaria, en particular en las pequeñas y medianas empresas, y examinar las maneras de reducir, si es necesario, los desequilibrios de poder en la cadena de suministro".

Un documento de este grupo de trabajo resalta, de hecho, que los distribuidores se han convertido en competidores de la industria alimentaria, con grandes ventajas, lo que plantea "serias cuestiones de competencia".

"La ausencia del nombre del productor en el envase lleva a efectos negativos para el consumidor y la industria" y supone "falta de transparencia". Además, "tal y como le preocupa a la industria, hay un impacto para las medianas empresas que trabajan para los distribuidores y en el beneficio que resulta de la innovación", ya que "las marcas blancas pueden reducir drásticamente su poder de mercado y la posibilidad de recuperar el coste de sus inversiones en el desarrollo de productos y seguridad. Aunque también puede suponer una oportunidad para hacer crecer sus negocios".

Según un informe elaborado por profesores de la Universidad Complutense, recogido por Mercasa, los productos de marca del distribuidor permiten ahorrar entre un 18% y un 42%. Un informe de Comisiones Obreras apunta que las diferencias salariales tienen algo que ver. "Las empresas con marcas propias generan mejores condiciones sociales y económicas (de media entre un 30% y un 40%, pudiendo llegar al 71%) que las marcas de distribución o blancas", apunta Jesús Villar, secretario general de la Federación Agroalimentaria de CC OO.

"No estamos en contra de las marcas blancas, sino de sus efectos en la industria. Intuíamos que íbamos a encontrar diferencias en las condiciones laborales, pero nos ha sorprendido lo negativo de los datos", añade Villar, cuyo equipo ha comparado los convenios colectivos en seis subsectores de la alimentación.

El representante sindical opina que esta tendencia conduce a la deslocalización de la producción y reclama que éstos lleven consigo toda la información de dónde han sido producidos y envasados, una información que en el sector se llama trazabilidad.

Mercadona, la compañía con más experiencia y más éxito en la "marca de distribuidor" (para ellos, "marcas recomendadas": Hacendado, Bosque Verde, Deliplus y Compy) se distancia de muchas de esas críticas. Sus productos sí llevan la identidad del productor y aseguran que su modelo pasa por la "máxima calidad". "Se ahorra en muchas otras cosas, como eliminar todos aquellos elementos que no añaden valor al producto pero que sí lo encarecen, como los embalajes excesivos. Por ejemplo, hemos quitado la caja de cartón del gel dentífrico infantil, que no añadía ningún valor pero encarecía en cinco céntimos el producto", explica un portavoz de cadena valenciana de supermercados.

La compañía también cuestiona que exista una brecha salarial entre los empleados de unas compañías y otras, dado que un gran número de marcas populares fabrican también para marcas de distribución. ¿Tienen la misma calidad uno y otro producto?

Es difícil generalizar una respuesta aquí. "Una mermelada puede tener más fruta que otra, por ejemplo, pero en general, si la calidad que ofrece un producto o servicio de bajo coste es buena, funciona, y si no lo es, fracasa. Por eso, no todas las aerolíneas de vuelos baratos, por ejemplo, han triunfado", apunta Pedro Arizmendi, socio consultor de Ernst & Young.

Tampoco cree que el bajo coste conduzca necesariamente a una mayor precariedad laboral, lacra que puede encontrarse en grandes multinacionales, de marcas prestigiosas. De hecho, la irrupción del bajo coste ha llevado a muchas otras empresas, que quizá estaban cobrando un sobreprecio, a rediseñar sus estrategias. La reducción de los costes, además, es una obsesión para la mayor parte de las compañías, sobre todo en estos tiempos de crisis (ver gráfico).

Ikea, otra de las grandes triunfadoras en la era de los productos baratos, también se quita de encima las críticas. Ha bajado sus precios un 2% anual en España. ¿Cómo consigue que sus muebles sean baratos? Por una retahíla de medidas, entre las que cita la búsqueda de materiales asequibles, buenos acuerdos con los proveedores y el ahorro del transporte. Y también porque produce su mobiliario en fábricas de países de bajos costes laborales, si bien, asegura, están sujetos a un código de conducta basado en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU y los Derechos del Trabajo, cuyo cumplimiento comprueban mediante auditorías internas y externas.

Montalvo, que ha vivido durante años en Estados Unidos, está seguro de que el bajo coste no acaba con las compañías tradicionales, ni sirve de coartada para dejar de invertir en I+D: "En Estados Unidos hay ordenadores de 250 dólares (unos 176 euros), pero Intel sigue investigando para lanzar microchips cada vez más potentes. Lo que significa es más competencia. Convivirán los dos modelos".

Amanda Mars

Alianza de Autonomías

Alianza de Autonomías

Dudas

Dudas

El Gobierno tiene la obligación de gestionar honradamente los recursos públicos. Habría que suponer que los Gobiernos son honrados. Y pensar, por tanto, que el Gobierno de Felipe González actuó en nombre del interés general cuando concedió un canal televisivo de pago a PRISA, grupo editor de este periódico. Lo mismo que el Gobierno de Esperanza Aguirre en Madrid, cuando concedió un montón de licencias a grupos de orientación conservadora. Lo mismo que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que ayer reguló la Televisión Digital Terrestre (TDT) de pago que demandaba con urgencia el conglomerado Mediapro-Imagina-La Sexta, liderado por Jaume Roures, para rentabilizar su inversión futbolística. Habría que suponer que todo esto se hace por el bien común. Evidentemente, son legítimas las dudas.

El fútbol es una cuestión de "interés general" en España, según una ley de 1997 pergeñada por Álvarez Cascos y firmada por Aznar. Esa ley establece la emisión gratuita de un partido en cada jornada de Liga. No parece nada claro que, en este contexto legal, Digital + (del grupo editor de este periódico) haya conseguido hacer rentable el fútbol de pago que hasta ahora tenía en exclusiva: la competencia, hace 12 años, de Vía Digital, una plataforma impulsada por Telefónica (gestionada por personas próximas a Aznar), disparó al alza el precio de los derechos. En estos momentos, PRISA y Mediapro comparten el fútbol y compiten entre sí, lo que ha acarreado una sensible reducción de los precios para el consumidor. No es una mala noticia. Habría que suponer que a partir de ahora, con un partido en abierto y dos plataformas en competencia, el negocio del fútbol no va a ser ruinoso y no va a acabar costando dinero al contribuyente. Evidentemente, son legítimas las dudas.

La noticia de la regulación de la TDT de pago fue muy destacada ayer por los principales diarios digitales españoles. Habría que suponer que era una noticia de gran interés general, dada la coincidencia, y descartar que el realce informativo estuviera relacionado con los intereses de los dueños de esos diarios digitales, todos ellos beneficiados o damnificados por la decisión del Gobierno. Evidentemente, son legítimas las dudas.

Enric González

La atracción por el riesgo

La atracción por el riesgo

El riesgo es un gran estimulante, y encontrar retos de forma natural fuerza a sacar recursos positivos. El peligro es dejar de ser conscientes de los límites y la vulnerabilidad de cada uno.


Qué puede impulsar a una persona a proponerse objetivos casi imposibles, a conducir de manera temeraria a gran velocidad o a engancharse a los juegos de azar? Exponerse a una situación incierta o peligrosa supone una conducta difícil de explicar, sin embargo, algunas personas sienten una atracción especial hacia el riesgo, como un imán irresistible que les empuja a vivir al límite y a comprometer reiteradamente su seguridad.

Desde la sociología se habla de la cultura del riesgo. Esta expresión apunta que el desarrollo tecnológico de las últimas décadas no ha venido acompañado de una mayor sensación de seguridad, sino más bien al contrario: el cambio y la incertidumbre se han convertido en una constante. Como resultado, el riesgo se percibe y está más presente que nunca, lo que genera en algunos casos una necesidad exacerbada de control o, en el otro extremo, estilos de vida unidos al gusto por la novedad y las sensaciones fuertes.

La atracción por el riesgo puede ir desde la afición a deportes o actividades que conllevan cierto peligro, la necesidad de poner a prueba las relaciones, emprender conductas arriesgadas, rozar la ilegalidad, provocar continuamente apuros económicos o profesionales… hasta actitudes autodestructivas como ciertas adicciones o poner en juego, consciente o inconscientemente, la vida propia y ajena.

La exposición al riesgo es captada por el organismo como una amenaza para la supervivencia. Como consecuencia, se dispara la adrenalina, los músculos se tensan, la respiración se agita, aumenta el ritmo cardiaco y la persona permanece alerta, vigilante, focalizando su atención en el peligro advertido.

Para algunos individuos este estado de activación resulta muy excitante. Según los neurobiólogos, se debe especialmente a los picos de dopamina, el neurotransmisor cerebral asociado a las sensaciones de placer y bienestar, que pueden resultar adictivas. Pero la cuestión es: ¿por qué algunas personas viven el riesgo con temor, mientras que para otras resulta altamente gratificante?

Buscadores de sensaciones

“Todas las pasiones son buenas cuando uno es su dueño, y todas son malas cuando nos esclavizan” (J. J. Rousseau)

Marvin Zuckerman, un psicólogo estadounidense, definió un rasgo de personalidad al que bautizó como “buscador de sensaciones”. Las personas que presentan este rasgo tienen un marcado deseo de experimentar sensaciones nuevas e intensas y son más propensas a exponerse a distintos tipos de riesgos. Se ha observado, por ejemplo, que en estas personas las sensaciones fuertes activan con mayor facilidad las estructuras cerebrales relacionadas con la recompensa y la satisfacción. Por tanto, uno de los atractivos del riesgo son las poderosas vivencias que aporta: la impresión de la caída libre, la sensación de velocidad, la exaltación que producen ciertas drogas, la aceleración del corazón ante el vértigo de la apuesta…

Este anhelo de intensidad resulta característico de una sociedad que tiende al exceso. Acostumbrados como estamos a un nivel de activación muy alto, se necesitan estímulos cada vez más impactantes para producir sensaciones. Basta con observar cómo las películas, las atracciones o las actividades de ocio aumentan progresivamente de intensidad, persiguiendo el “más difícil todavía”.

Sin embargo, disponer de un abanico tan amplio de alternativas y experiencias fuertes no implica mejor capacidad para disfrutar. En la actualidad existe una mayor intolerancia al aburrimiento y a la rutina, y se aprecia en general cierta “anestesia” emocional. Sólo lo que supera cierto umbral de excitación es susceptible de despertar los sentidos, como si éstos se encontraran saturados ante la multitud de estímulos que reciben.

Las personas que se sienten atraídas por el riesgo acostumbran a tener la necesidad de vivirlo todo y de gozar al máximo cada momento. Este deseo de vida, cuando es excesivo, puede conducir paradójicamente a un atajo hacia la muerte. Lo observamos, por ejemplo, en las adicciones, en que la búsqueda de placer puede terminar resultando sumamente destructiva.

Ilusión de control

“La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo” (Shakespeare)

Tras las conductas de riesgo a menudo existe lo que se denomina una ilusión de control. Es decir, la persona cree y piensa que siempre podrá dominar la situación. Entre los jóvenes, las conductas temerarias resultan muy comunes. No en vano en esta época la primera causa de mortalidad entre ellos son los accidentes de tráfico, o resulta tan frecuente el abuso de drogas o las prácticas sexuales de riesgo. Este fenómeno se atribuye, por un lado, a la necesidad de transgresión y de ponerse a prueba, y por otro, a un desconocimiento de los propios límites.

Ser consciente de la propia vulnerabilidad es un signo de madurez. Además, debido al valor que se otorga socialmente al coraje, fácilmente se confunde la verdadera valentía con la inconsciencia.

Todo exceso implica una carencia. Por eso, quienes perciban que con frecuencia ponen en peligro sus relaciones, su salud o su trabajo pueden plantearse qué intentan encubrir o resolver a través de esa actitud. Quizá supone una manera de escapar del tedio o bien un modo de construir una autoimagen de seguridad e intrepidez, en la que el miedo se encuentra desterrado.

Sin embargo, lo que a menudo impulsa realmente hacia el riesgo son aspectos emocionales inconscientes. Esta actitud a veces puede suponer una especie de autoboicoteo, pues la persona no se permite alcanzar el éxito en alguna faceta de su vida y opta por ponerla continuamente en peligro. Sucede así, por ejemplo, con la necesidad que tienen algunos individuos de llegar al límite, o en sus relaciones afectivas provocar constantes conflictos, como un modo de evitar el compromiso o subir el tono emocional de la relación, fenómeno que asocian con un amor más verdadero.

Tal y como definió Freud, el ser humano se siente atraído por la creación y el placer tanto como por la destrucción. Y las conductas de riesgo, cuando implican un descuido grave hacia la propia vida, a menudo esconden un deseo inconsciente de autodestrucción. De algún modo se desafía al destino dejando la propia existencia en manos del azar.

El riesgo resulta un poderoso estimulante. Aporta viveza, intensidad, reto. Al encontrarnos ante una situación complicada, de manera natural nuestra atención se centra en el presente y nos fuerza a sacar a la luz recursos personales. Sin duda, como seres humanos necesitamos desafíos. Es posible que disponer de una vida acomodada, con tantas facilidades que antes no existían, nos lleve en la actualidad a buscar retos quizá más artificiales o en lugares inadecuados.

Las personas acostumbran a sentirse satisfechas cuando afrontan y resuelven un riesgo. Pero, como sucede a menudo, las dificultades se hallan en los extremos. Tan problemática puede resultar una actitud imprudente y temeraria como vacilar en exceso, reemplazando la acción por el análisis. La raíz psicológica en ambos casos suele ser una relación inadecuada con el miedo.

El ser humano, pese a ser probablemente la única especie plenamente consciente de su propia mortalidad, en ocasiones actúa como si fuera inmortal. La proximidad del peligro fascina y puede alentar una sensación de poder inaudita. La intrepidez para asumir riesgos es un requisito para el progreso, pero es preciso distinguir cuándo se convierte en una necesidad que puede alcanzar límites alarmantes.


Para saber más

1. Libros‘Las nuevas adicciones’, de Jean Adès y Michel Lejoyeux. Editorial Kairós.‘El jugador’, de Fiódor Dostoievski.

2. Películas‘Réquiem por un sueño’,de Darren Aronofsky.

Conductas de riesgo

1. Se definen como una exposición repetida y voluntaria a un peligro.
2. Implican una atracción irresistible hacia las sensaciones intensas y novedosas.
3. La conducta en sí aporta una gratificación y un refuerzo positivo.
4. En ocasiones puede estar asociada a rasgos psicopatológicos que actúan como facilitadores o agravantes de estas conductas.
5. Existe a menudo un “sesgo optimista” que provoca que la persona se sienta menos expuesta al peligro real.
6. Pueden estar asociadas a distintos tipos de adicciones o a la dificultad para controlar los impulsos.

Cristina Llagostera en EPS.