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Liberarse de la dependencia hacia el otro

Los celos nacen del miedo a perder lo que se tiene. Destruyen el bienestar y la libertad. Aunque pueda parecer lo mismo, el apego es lo contrario del amor.

Los seres humanos sufrimos por querer lo que no tenemos. La persona que nos gusta, el trabajo soñado, más tiempo libre o un coche deportivo. Sin embargo, por el camino nos olvidamos de lo que verdaderamente necesitamos. Al obsesionarnos con el objeto de nuestro deseo, de forma inconsciente terminamos idealizándolo. Creer que cuando lo obtengamos nos dará la felicidad.

Al conseguir eso que tanto anhelamos, de pronto comenzamos a sufrir por miedo a perderlo, a que nos lo estropeen. Y este temor nos contamina con dosis diarias de ansiedad, atascándonos en un callejón sin salida: no podemos vivir felices con ello ni sin ello…

Devorador de bienestar

“Vivimos encadenados a lo que llamamos felicidad” (Anthony de Mello)

Detrás de nuestros deseos y miedos se esconde uno de los virus más letales que atenta contra la salud emocional: el apego. Según la Real Academia Española, significa “inclinación hacia alguien o algo”. Popularmente, también se considera sinónimo de “afecto”. Pero estas definiciones sólo ponen de manifiesto lo poco que conocemos a este gran devorador de nuestra paz interior.

Hay quien dice que el apego es “sano”, una muestra de “amor”. Otros afirman que “cuanto más apego se tiene, más se ama”. Nada más lejos de la realidad.

Y entonces, ¿qué es el apego? Podría definirse como “el egocéntrico afán de controlar aquello que queremos que sea nuestro y de nadie más”. Implica “creer que lo que nos pertenece es imprescindible para nuestra felicidad”. Sin embargo, más que unirnos, el apego nos separa de lo que estamos apegados, mermando nuestro bienestar y nuestra libertad.

Los celos no son amor


“El amor es una palabra maltratada y pisoteada por la sociedad” (Jiddu Krishnamurti)

“Sin ti no soy nada”. “Lo mejor de mí eres tú”. “Necesito saber que me deseas”. “No puedo pasar un día sin saber de ti”. “Por ti sería capaz de matar”. Estas frases, por muy románticas que puedan sonar, suelen pronunciarse en el seno de una pareja envenenada por el apego.

Al creer que nuestra felicidad depende de la persona que queremos, destruimos cualquier posibilidad de amarla. Bajo el embrujo de esta falsa creencia, nace en nuestro interior la obsesión de garantizar que esté siempre a nuestro lado. Y el miedo a perderla nos lleva a tomar actitudes defensivas. Es entonces cuando aparecen los celos. Etimológicamente, esta palabra proviene del griego zelos, que significa “recelo que se siente de que algo nos sea arrebatado”. Revelan que vemos a nuestra pareja como algo que nos pertenece.

Intentamos cambiarla y ponerle límites. Y así el conflicto está garantizado, manchando nuestra relación de tensiones. Curiosamente, el mismo apego que nos ha separado, a veces nos mantiene enganchados por temor a quedarnos solos, a lo que digan los demás.

La prisión del materialismo

“Lo que posees acabará poseyéndote” (Chuck Palahniuk)

Más allá de dañar nuestras relaciones, el apego también pervierte lo que nos interesa a nivel profesional. Está presente en nuestro afán de éxito. Movidos por el deseo de ser reconocidos, podemos medir nuestro valor como personas en función de los resultados que obtenemos.

A veces nos obsesionamos tanto por la meta, que nos olvidamos de disfrutar el camino que nos conduce hasta ella. Y no sólo eso. La ambición puede terminar corrompiendo aquello que un día amábamos hacer, condicionando nuestras motivaciones y forma de trabajar. Según un proverbio oriental, “cuando un arquero dispara una flecha por puro placer, mantiene toda su habilidad. Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya se pone algo nervioso. Pero cuando dispara para ganar la medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues no ve un blanco, sino dos”.

Buscamos fuera lo que no encontramos dentro. Consumimos compulsivamente. Sin embargo, ¿cuánto dura nuestra satisfacción? Si somos honestos con nosotros mismos, tal vez descubramos el verdadero precio que pagamos por buscar en el lugar equivocado. En palabras de Buda, “lo que más me sorprende son los hombres que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud”.

La seguridad es una ilusión

“Quien tiene miedo sin peligro inventa el peligro para justificar su miedo” (Alain)

La mayoría de nosotros siente un profundo temor a la muerte. La negamos. Aunque mueran cada día miles de personas, nos da pánico que de pronto llegue nuestro turno y desaparecer sin más.

Convertimos desesperadamente nuestra existencia en algo seguro. Nos “esposamos” a través del matrimonio. Firmamos un contrato indefinido con una empresa. Solicitamos al banco una hipoteca para comprar un piso. Y, más tarde, un plan de pensiones para estar tranquilos cuando llegue la jubilación. Seguimos lo que nos dice el sistema que hagamos para llevar una vida “normal”.

Pero por más que nos esforcemos, no calmamos nuestra inquietud interna. ¿Qué sentido tiene buscar certezas en un mundo imprevisible? La única seguridad que tenemos es que la incertidumbre sólo desaparece con nuestra muerte. No podemos escapar de la inseguridad. El reto consiste en aceptarla y confiar más en nosotros mismos.

La inutilidad del afecto

“Tú eres lo único que falta en tu vida” (Osho)

Llegados a este punto, ¿es posible vivir sin apegos? Por supuesto, pero es una hazaña que requiere comprender que lo que necesitamos para ser felices está dentro de nosotros, y no fuera. “Ser felices” quiere decir que “estamos a gusto, cómodos y en paz con nosotros mismos. Cuando sentimos que no nos falta de nada”. La trampa consiste en creer que algo vinculado con el futuro nos dará lo que no nos estamos dando aquí y ahora.

Mediante el equilibrio interno podemos cultivar el desapego en nuestra relación con todo lo demás. Compartir lo que somos, agradecidos de recibir lo que otras personas y la vida nos quieran dar. Nada ni nadie nos pertenece. Tan sólo gozamos del privilegio de disfrutarlo temporalmente. Más que nada, porque todo está en permanente cambio.

Así lo refleja una historia sobre Alejandro Magno. Se cuenta que encontrándose al borde de la muerte, el gran rey de Macedonia convocó a sus generales para comunicarles que quería que su ataúd fuese llevado a hombros, transportado por los propios médicos de la época. También les pidió que los tesoros que había conquistado fueran esparcidos por el camino hasta su tumba. Por último, les insistió en que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, a la vista de todos. Asombrado, uno de sus generales quiso saber qué razones había detrás de tan insólitas peticiones. Y Alejandro Magno le respondió: “Primero, quiero que los más eminentes médicos comprendan que, ante la muerte, no tienen el poder de curar. Segundo, quiero que todo el pueblo sepa que los bienes materiales conquistados, aquí permanecerán. Y tercero, quiero que todo el mundo vea que venimos con las manos vacías y que con las manos vacías nos marchamos”.

La trampa del deseo

Para no caer en las garras del apego es importante hacernos más conscientes de qué deseamos y por qué. Porque nos desconecta de lo único a nuestro alcance: vivir conectados con nuestro bienestar interno. Cuenta una parábola sufí que “un pescador encontró entre sus redes una botella de cobre con un tapón de plomo. Al abrirla, apareció un genio que le concedió tres deseos. El pescador le pidió en primer lugar que le convirtiera en sabio para poder hacer una elección perfecta de los otros dos deseos. Una vez cumplida esta petición, el pescador reflexionó y dio las gracias al genio diciéndole que no tenía más deseos”.

Para cultivar el desapego

1. Libro

‘Un nuevo mundo ahora’, de Eckhart Tolle (Debolsillo). Un ‘best-seller’ que desenmascara las motivaciones egoístas y egocéntricas que hay detrás del deseo, el miedo y la dependencia.

2. Película

‘El guerrero pacífico’, de Víctor Salva. Nick Nolte encarna a un sabio que enseña a un joven atleta los beneficios de cultivar una mente centrada en el momento presente, desapegada de lo que pueda pasar en el futuro.

3. Canción

‘En el muelle de San Blas’, de Maná. La letra muestra lo desgarrador que puede ser no volver a ver a la persona querida.


Borja Vilaseca en EPS.

Entrenemos la Gratitud

Entrenemos la Gratitud

Está comprobado que las personas más agradecidas son las más felices. Así que aparquemos la queja continua, propia de sociedades acomodadas, y repasemos lo bueno que tenemos alrededor.


Si nos preguntaran dónde estábamos o qué hacíamos el 11 de septiembre del 2001 cuando nos enteramos de los ataques terroristas contra las Torres Gemelas, la gran mayoría podríamos responder sin dificultad. Esa situación quedó grabada intensamente en nuestro cerebro por el gran impacto emocional que nos provocó. Los aviones no sólo destruyeron las torres, sino que derrumbaron la estabilidad emocional de muchísimos ciudadanos. Numerosos estudios indicaron un gran aumento de depresiones, ansiedad, insomnio y otras alteraciones.

Entre esa amalgama de emociones negativas parece que no pudiera haber espacio para las positivas; sin embargo, algunos investigadores como Christopher Peterson, de la Universidad de Michigan, y Martin Seligman, de la Universidad de Pensilvania, se pusieron a investigar sobre el tema. Analizaron los resultados provenientes de un cuestionario al que habían respondido 4.817 personas de diferentes partes del mundo (la mayoría de EE UU). Se compararon las puntuaciones de las personas que habían respondido este test antes del 11 de septiembre con los datos de sujetos que lo habían rellenado durante los dos meses después del ataque. Los resultados indicaron que algunos sentimientos positivos o virtudes habían aumentado después del desastre, como la espiritualidad, el amor, la amabilidad, la esperanza y la gratitud.

Cuando más destellan nuestras fortalezas es en los momentos más negros. La gratitud es una de las 24 virtudes humanas detectadas por Martin Seligman, padre de la psicología positiva, un nuevo enfoque que tiene como objetivo estudiar las fortalezas humanas más que las debilidades, como se venía haciendo en psicología. La religión y la filosofía sí han atendido a lo largo de la historia las virtudes humanas. De hecho, existe una gran convergencia entre tradiciones filosóficas y religiones sobre lo que se consideran fortalezas. En estas similitudes se basó Seligman para detectar 24 de ellas. Algunas son: la curiosidad por el mundo, la valentía, el amor, la generosidad, la humildad… y la gratitud. La psicología positiva se basa en la idea, sustentada por muchos estudios, de que la práctica de nuestras fortalezas es lo que nos dirige hacia la felicidad. Y una de las fortalezas que más estrechamente se han encontrado ligadas con la felicidad es precisamente la gratitud. En general, las personas más agradecidas son las más felices.

¿Qué es la gratitud?

“Mientras el río corra, los montes hagan sombra y en el cielo haya estrellas, debe durar la memoria del beneficio recibido del hombre agradecido” (Virgilio)

Si nos detenemos a pensar qué es la gratitud, podemos ver cómo tiene dos aspectos diferenciados. Por un lado, es una actitud de reconocimiento de las cosas buenas que nos suceden. Y por otro, la expresión de esta gratitud.

Analizando en más profundidad esta definición vemos que agradecer es reconocer: si no apreciamos lo bueno que nos pasa, no podemos estar agradecidos. Y el problema es que muchas veces no sabemos apreciarlo. En algunas ocasiones no somos conscientes de ver lo bueno, sencillamente porque lo damos por supuesto. Nos levantamos por la mañana, nos metemos en la ducha, abrimos el grifo del agua caliente y nos duchamos. Si un día al abrir el grifo, el chorro de agua que cae sobre nosotros es frío, entonces se nos viene el mundo abajo. ¿Cómo vamos a poder sobrevivir sin agua caliente? Así ya tendremos el mal humor prácticamente asegurado. Cuando las cosas no funcionan como deberían, nos enfadamos, pero cuando sí lo hacen nos quedamos igual. No apreciamos que tenemos agua caliente, que vivimos en un país sin guerras, el café que nos tomamos o el sol que sale a diario. Cosas grandes y pequeñas. Las personas agradecidas son obviamente quienes no las dan por supuesto y las aprecian.

Ego grande, gratitud pequeña

“Un hombre orgulloso rara vez es agradecido, porque piensa que todo se lo merece”(Henry Ward Beecher)

En el caso de las personas egocéntricas o soberbias, su espacio mental está permanente ocupado por ellas mismas, así que resulta muy difícil que puedan apreciar lo que los demás hacen por ellos; incluso si llegan a detectarlo, no lo valoran, puesto que los favores de los demás los pueden ver casi como obligaciones. El sentimiento de superioridad les puede hacer creer que todo lo bueno que tienen lo han conseguido solos.

No experimentar gratitud puede llevar a este tipo de personas a sentirse muy solas. Los egos grandes suelen estar solos. Si no somos capaces de sentir agradecimiento, no seremos capaces de ver cómo nos aprecian los demás.

Cuanta más ambición, peor

“Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos” (Daniel Defoe)

Otra gran enemiga de la gratitud es la ambición desmesurada. Quienes quieren cada vez más, no aprecian lo que ya tienen y, por tanto, no lo agradecen. La ambición que en nuestra sociedad se suele traducir en consumismo siempre nos empuja a buscar la felicidad comprando más, lo cual impide apreciar y valorar lo que ya tenemos. El materialismo puede llevar a sentimientos retorcidos, podemos llegar a desear que se nos estropee el televisor para tener la excusa de comprar otro nuevo.

Ejercicios para casa

“Sólo un exceso es recomendable en el mundo: el exceso de gratitud” (Jean de la Bruyère)

Si la gratitud fomenta la felicidad, hemos de procurar entrenarla. Seligman nos propone un ejercicio del que ha comprobado sus efectos positivos en muchísimas personas. Sugiere que escojamos a una persona importante de nuestro pasado y a la que nunca hemos expresado nuestro agradecimiento por completo. Debemos escribir un testimonio lo suficientemente largo para llenar una página. Se trata de pensar en profundidad todo por lo que le estamos agradecidos y expresarlo con claridad. Debemos dar el testimonio en directo. La lectura ha de ser expresiva. Y al finalizar debemos tener tiempo para compartir los sentimientos que surjan.

Lo esencial es captar el mensaje principal del ejercicio. El año pasado me invitaron a dar una conferencia a personas mayores de mi ciudad. Lo que más ilusión me hacía de la invitación es que entre el público se encontraría mi madre. Cuando preparaba la charla, pensé en aprovechar la ocasión para agradecerle públicamente todo lo que ha hecho por mí, pero dudaba si hacerlo porque tenía miedo de que estuviera fuera de lugar. Afortunadamente, cuando llegó el día me atreví. Ella se abochornó, aunque le encantó. La pregunta es: ¿quién disfrutó más: ella o yo? Sin duda alguna, yo.

Otro ejercicio hermoso que podemos llevar a cabo se trata de, por la noche, antes de acostarnos, repasar el día y pensar qué nos ha regalado. Debemos identificar los regalos que nos ha deparado la jornada. Los regalos pueden ser: un elogio que hemos recibido, la llamada inesperada de un amigo, haber aprendido algo interesante… Si nos acostumbramos a hacer este ejercicio, notaremos que estamos más pendientes de lo que sucede positivo a nuestro alrededor.

Aprovecho la ocasión para agradecerles sinceramente haber dedicado un rato de su tiempo a leer mi artículo. Si no me prestaran su tiempo, no podría disfrutar escribiendo.

Jenny Moix en EPS.

¿Sentados a esperar el nuevo modelo productivo?

¿Sentados a esperar el nuevo modelo productivo?

La solución a la crisis -innovación, patentes, educación y exportación de tecnología- se hace de rogar - El cambio va demasiado lento, las empresas no cumplen y el Gobierno aún no ha elaborado la ley de economía sostenible


"Que inventen ellos", dijo Unamuno. La frase del que fue rector de la Universidad de Salamanca es de 1909. Refleja el atraso y el aislamiento español de la época. Han pasado 100 años y España -que no hizo en su momento la revolución industrial, pero que ha alcanzado el 104% de la renta media europea- ve que su empleo se desmorona con la crisis como un soufflé. El epitafio del modelo económico lo escriben muchos: Gobierno, oposición, empresarios y expertos. El modelo ya no sirve. Falta tecnología, innovación y formación, dicen los expertos.

El presidente del Ejecutivo anunció, en el último debate del estado de la nación, que el Ejecutivo impulsará el cambio a través de una ley de economía sostenible. Pero eso requiere fraguar pactos con los agentes sociales, los grupos parlamentarios y comunidades autónomas. Por tanto, requerirá tiempo, y éste parece agotarse ante una necesidad acuciante que no logra resolverse en España.

El discurso de la innovación va calando. La crisis se ha llevado por delante 1,3 millones de empleos en un año: 6,4% del total, según la Encuesta de Población Activa (EPA), que eleva los parados a cuatro millones. En Francia o Italia, con más innovación, la pérdida de empleo ha sido muy inferior. Francia ha perdido el 0,7%; Italia, el 0,8%; Reino Unido, el 1,1%. Y la caída media europea ha sido del 1,2%, según la agencia estadística Eurostat.

Todos dicen que el derrumbe del empleo tiene que ver con un modelo basado en mucho ladrillo y poca tecnología. El secretario general de Innovación, Juan Tomás Hernani, cree que la burbuja inmobiliaria sólo explica la mitad de los nuevos parados. La otra mitad es por la falta de una industria innovadora, añade. Hay que fabricar productos de más valor, cambiar ladrillos por PC y servicios turísticos por biotecnología es el mensaje. Pero ¿puede hacerse?, ¿cómo?, ¿en qué plazo? Se puede, responden los expertos consultados, pero enganchar la economía a la innovación tardará.

Un primer factor de diferencia de España con los países centrales europeos es el peso de la industria: el 17,3%, medido a través del valor añadido bruto, según Eurostat. En otros países, la industria pesa bastante más. En Alemania, es el 26%; en Italia, el 20,8%; en Holanda, el 19,2%; en Suecia, el 22,8%, y en Reino Unido, el 17,5%, pero su poder tecnológico es muy superior como muestran sus exportaciones globales, las tecnológicas y sus patentes. Y el sistema educativo funciona mejor en estos países, con menos fracaso escolar y más personas con estudios posobligatorios.

Para enganchar la economía al nuevo modelo, los expertos señalan cuatro palancas: la formación, la investigación y el desarrollo (I+D), las patentes, y la capacidad de exportar tecnología. Las cuatro están vinculadas a una meta: hacer productos más sofisticados y con más valor.

Pero "el cambio no podrá ser rápido. No tenemos industria suficiente para innovar. Históricamente, las innovaciones han llegado desde la industria y si no tenemos tejido suficiente es difícil de innovar", dice Jordi Maluquer de Motes, catedrático de Historia Económica de la Universidad Autónoma de Barcelona.

"Hay excepciones, pero tenemos una industria vinculada a sectores como la construcción para fabricar ladrillos, tejas o cristal. Desde estos sectores también se puede innovar, pero hay que estar en otros sectores innovadores", añade Maluquer.

INNOVACIÓN Por debajo de Europa
En la primera palanca, la del I+D, España está creciendo más que el promedio europeo, aunque hay una brecha importante respecto a otros países. España destinó a I+D el 1,27% de su riqueza el año pasado (13.342 millones de euros) -medida a través del producto interior bruto (PIB)-, según la Fundación para la Innovación Tecnológica Cotec. En 2000 España sólo destinaba el 0,91% de su riqueza a I+D.

Pero los datos de I+D palidecen frente a otros países. La media de los países del euro destina el 1,86% de su PIB a I+D. Esas 59 décimas de diferencia, aunque parecen poco, suponen un socavón de 6.000 millones de euros al año. Para igualar a Francia, en relación con su peso económico, el esfuerzo debería ser aún mayor: Francia destina el 2,08% de su PIB a I+D; y Alemania, el 2,53%, según Eurostat.

"El cambio tardará. El modelo no se puede cambiar de golpe", asegura Rafael Pampillón, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU-San Pablo. "A España le falta tecnología propia", recalca Pampillón. Este experto pone dos ejemplos de países que han hecho el cambio: Irlanda y Finlandia, los dos mucho más pequeños que España. A los dos les ha costado tiempo cambiar. "Irlanda está sufriendo porque tenía burbuja inmobiliaria", dice Pampillón. Pasó de una economía con gran peso agrícola y una industria basada en el montaje con poco valor añadido y mano de obra barata "a una apuesta por sectores como la farmacia y la biotecnología. Y bajó al 12,5% el impuesto que grava los beneficios empresariales", añade el catedrático de San Pablo-CEU.

Juan Mulet, director general de Cotec, resume: "Estamos mal, pero vamos bien. Mejoramos, pero venimos de atrás y el cambio es lento", añade el director de Cotec, que no se atreve a poner un plazo para lograr el cambio. Mulet cita dos factores que impulsan el cambio. Uno, que "ahora la sociedad española se da cuenta de que se debe cambiar hacia un modelo productivo basado en la tecnología y la innovación". Y dos: "Vamos subiendo la inversión en I+D a un ritmo del 10%-12% anual en la Administración y del 13% en la parte empresarial, pero necesitamos más empresas que basen su competitividad en la innovación", agrega el director de Cotec. De hecho, según el secretario general de Innovación, el 55% de la inversión en I+D es privada cuando debería subir al 66%.

PATENTES Un ritmo lento
La segunda palanca, la de las patentes, también mejora, pero en este caso a ritmo más lento que el I+D. Pampillón ha hecho una lista de patentes concedidas por la norteamericana United States Patent and Trademark Office (USPTO) en la que España figura en el lugar número 20 de ente 173 países, que encabezan EE UU, Japón y Alemania.

España registró en la USPTO 363 patentes el año pasado frente a 3.720 de Francia, un gran desfase porque la economía francesa tiene el doble de tamaño que la española pero tiene 10 veces más patentes en la USPTO. O la británica, que casi dobla el tamaño de la española pero registró 11 veces más patentes. Si se atiende a los datos de la Oficina de Patentes Europea (OEP, en sus siglas en inglés), España registró en ella 26,3 patentes por cada millón de habitantes, una cuarta parte de la media comunitaria. Aun así, la distancia se ha acortado. Hace 10 años era mayor (véase gráfico).

EXPORTACIONES Un 8,5% más que en 2007
En la tercera palanca, la de las exportaciones tecnológicas, las de tipo medio y alto fueron de 185 millones en 2007, un 8,5% más que el año anterior, según el Instituto Nacional de Estadística. En ocho años han crecido el 43%. Estas exportaciones están ligadas a sectores como el farmacéutico y el automóvil.

Pero las exportaciones que abarcan sólo la alta tecnología apenas fueron el 4,92% de las ventas totales de España al exterior en 2006, según Eurostat. Ahí se ve un descenso de peso en los últimos años (véase gráfico).

Aunque están por encima de España, también Alemania, Italia o Francia han perdido peso en sus exportaciones de alta tecnología desde la irrupción de países como China o Taiwán.

Desde el Gobierno, Juan Tomás Hernani, secretario general de Innovación dice: "Nos faltan 6.000 millones de euros al año en I+D para estar en la media europea. Llevamos cinco años de crecimiento a un ritmo del 12%-13%. Debemos mantener el ritmo y necesitamos una legislatura y media, siete años, para alcanzar el nivel europeo. Ya tenemos 48.000 empresas que podemos llamar innovadoras, pero necesitamos otras 45.000", añade.

¿En qué trabaja el ministerio para impulsar el cambio? En varios frentes: en el financiero, para fomentar que las entidades financieras apoyen actividades de innovación; en la internacionalización de la innovación, porque "no se podrá tener una dimensión internacional sin innovar", y en lograr que "más empresas realicen tareas innovadoras", señala Hernani. El secretario general recalca que el Gobierno ha convertido en indefinida la rebaja en el impuesto de sociedades a las empresas que invierten en investigación e innovación, lo que les supuso un ahorro "de 315 millones el último año".

Crisa y Mier Comunicaciones son dos ejemplos de empresas que usan la innovación para competir en el exterior. La madrileña Crisa tiene 400 empleados, fabrica equipos electrónicos para satélites y vende fuera de España. Sus ventas han crecido a un ritmo entre el 10% y el 15% en los últimos tres años. "El éxito viene de la tecnología. La fábrica se puede ir a cualquier parte, la tecnología, no", dice el director de Crisa, Víctor Rodrigo.

Mier Comunicaciones es una firma familiar catalana que produce material para la televisión digital terrestre (TDT), y trabaja para agencias espaciales y constructores de satélites. "Para nosotros, la innovación es básica. Hay un proceso continuo de cambio y hay que innovar para seguir en la brecha", dice su presidente, Pedro Mier Albert.

EDUCACIÓN A la espera de un pacto
En cuanto a la educación, la cuarta palanca, los datos muestran que hay un porcentaje de españoles (el 28%) entre 25 y 64 años con estudios superiores (24% en la UE), por encima de Francia (26%), Italia (13%), o Alemania (18%), según datos del Ministerio de Educación basados en estadísticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Pero el fracaso escolar y el nivel formativo de la población española joven flaquea. Sólo el 61,1% de los que tienen entre 20 y 24 años han completado estudios más allá de la ESO -bachillerato o formación profesional-. Una tasa muy baja comparada con el 78,1% de media de los países del euro. El 72,5%, en Alemania; el 82,4%, en Francia, y el 76,3% de Italia, según Eurostat.

La formación es básica porque a menos formación hay más desempleo. La tasa media de paro el año pasado -antes de estallar la fase aguda de la crisis- fue del 13% para trabajadores entre 25 y 34 años que no habían acabado la secundaria, según la EPA; del 10,3% para los que terminaron esta etapa; de sólo el 8% para quienes tenían bachillerato o formación profesional y apenas fue del 6,4% para personas con educación superior. Y la tendencia sirve para los de 25 a 64 años, aunque más atenuada, según el Ministerio de Educación. El ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ya ha dicho que pretende alcanzar un pacto educativo que comprometa a todos.

Sebastián Tobarra para El País.

Todas las energías son necesarias

Todas las energías son necesarias

Las renovables tienen grandes ventajas, pero son más imprevisibles - Es clave la coexistencia de fuentes para garantizar el suministro y la contención de emisiones


El potencial de la energía eólica es enorme. Un mundo lleno de molinos de viento de 2,5 megavatios abastecería toda el hambre de energía que hay. Bastaría que funcionaran al 20% de su capacidad. En conjunto producirían cinco veces más energía que la que se consume actualmente en todo el globo. Sólo en Estados Unidos se generaría 16 veces la electricidad que consume. Para que esto fuera posible habría que instalar generadores eólicos prácticamente en todas partes. El estudio que da estos datos, elaborado por los profesores de la Universidad de Harvard Michael B. McElroy y Juha Kiviluoma, sólo libra de los enormes postes con aerogeneradores de grandes aspas en la cúspide a las ciudades, las zonas heladas y los bosques.

Esta investigación de McElroy, en realidad, es un ejercicio académico. No obstante, pone de relieve que, como decía hace unas semanas el director financiero de Iberdrola Renovables, José Ángel Marra, argumentos extremos son fáciles de encontrar en el debate energético. Pero lo que parece claro es que a fecha de hoy hacen falta todas las fuentes de generación eléctrica para garantizar la seguridad de suministro, mantener los costes o reducir emisiones de CO2, a decir por la mayoría de conocedores del sector. Un argumento, que con matices, se rechaza desde el ecologismo y que otros tildan de "cliché".

Depender en exclusiva de la energía eólica -la renovable más extendida- en días como el pasado 3 de agosto, en España hubiera sido un problema serio. Ese día, a las dos de la tarde, cuando el consumo eléctrico se acercaba a los 35.000 megavatios, los molinos apenas producían el 1,7% de la electricidad que se consumía, aunque la potencia de generación instalada es del 17%. Y esto suele ser lo habitual en los días en que hace más calor o más frío en la Península Ibérica. Es usual que coincidan con una gran estabilidad atmosférica, por lo que el viento no sopla.

Para hacer frente a la caída de la producción eólica que se demandaba el 3 de agosto hubo que recurrir a los ciclos combinados (centrales de generación eléctrica que usan gas natural como combustible). A esa hora asumieron poco más del 45% de toda la electricidad que se producía, según los datos de Red Eléctrica.

De la mano de estos datos, del cambio climático o de sonoras discusiones como la que se organizó hace un mes en torno a la central nuclear de Garoña, resurge con asiduidad el debate sobre cuál debe ser el parque de generación eléctrica. "Todas las energías son necesarias", claman desde Unesa, la patronal de las empresas del sector. Es la opinión mayoritaria entre los expertos. A ella se suma Jorge Fernández, director general adjunto de Intermoney Energía. Incluso, Ignacio Cruz, director del departamento eólico del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), parece apuntarse a ella, aunque con matices, cuando afirma: "Sí que se podría prescindir, pero perderíamos en seguridad [de sumi-nistro]".

Desde el bando ecologista, Ladislao Martínez acepta este argumento, pero él sí que niega la mayor. Para él no todas las energías son necesarias. Para llegar a esta conclusión compara los 90.000 megavatios de capacidad de producción que tiene el parque de generación español con los 44.786 que se demandaron el día de mayor consumo registrado, un lejano 17 de diciembre de 2007.

En esta gran capacidad de producción tienen gran responsabilidad la eólica y el gas (a través del ciclo combinado). Hace apenas unos años prácticamente no existían. Casi no formaban parte del mix (palabra con la que el sector denomina habitualmente al parque básico de generación) eléctrico. Hasta 2002, en España no hubo una sola central de ciclo combinado. Siete años después, el viento y el gas suponen en torno al 40% de la potencia de generación instalada y un porcentaje similar del consumo. El resto se lo reparten de forma desigual la energía nuclear, el carbón, los saltos de agua, otras renovables (minihidráulica, fotovoltaica o biomasa), el fuel...

Pero el mix energético no es una foto fija. Con toda seguridad, el peso de las energías renovables aumentará en el futuro. Para 2020 el objetivo es que supongan el 20% de la energía primaria (el conjunto de toda la energía utilizada incluyendo el transporte y la electricidad) y el 40% de la eléctrica. Y eso al final conduce a una serie de preguntas. ¿Dónde está el límite de las energías renovables? ¿Se puede prescindir de alguna? ¿Hay un parque de generación perfecto o ideal?

"El mix ideal, en principio, no existe", admite Fernández, de Intermoney Energía, en respuesta a la última pregunta. "En realidad refleja las expectativas de los políticos", continúa y cita el caso de Francia, donde la nuclear produce casi el 80% de la electricidad.

"Un mix tiene que ser capaz de garantizar la prioridad de suministro", afirma Miguel Duvisón, director de Operación de Red Eléctrica Española (REE). Y eso, desde la perspectiva del gestor del sistema, lo garantiza la generación térmica (ciclo combinado, fuel o nuclear) y la gran hidráulica. Son energías en las que, a grandes rasgos, resulta sencillo hacer coincidir la disponibilidad y la voluntad del consumidor.

Pero al mismo tiempo que se garantiza la prioridad de suministro, Duvisón explica que el gestor también tiene presente otros objetivos: abaratar costes, reducir la dependencia del suministro energético del exterior (que en el caso español ronda el 80%), controlar las emisiones de CO2 y garantizar el abastecimiento a largo plazo.

Unos criterios muy parecidos tienen en Unesa. Desde la patronal explican que para determinar cuál debe ser el mix energético de un país hay que tener en cuenta tres factores: geoestratégicos o geopolíticos, medioambientales y económicos.

Atendiendo a estos criterios, el recurso a las energías renovables parece evidente. Son abundantes, autóctonas, el combustible -que no la producción- es bien barato y su contribución a la lucha contra el cambio climático es incuestionable. Pero su imprevisible disponibilidad es su talón de Aquiles, todo un obstáculo para el primer principio enunciado por Duvisón: "Garantizar la prioridad de suministro". Valga el ejemplo de la energía eólica. De las 8.760 horas que tiene el año, un aerogenerador está a pleno rendimiento una media de 2.200.

A decir de los expertos, el aumento de las energías renovables -sobre todo de la eólica y la solar- en el parque de generación eléctrica requiere de fuentes de apoyo para cubrir la imprevisibilidad. "Si metes más fuentes no programables, necesitas más colchón", explican en REE. Y en ese colchón entrarían, por su flexibilidad, buena parte de la generación térmica (gas, fuel y carbón) y también la hidráulica.

El portavoz de la plataforma contra las centrales térmicas, Ladislao Martínez, está de acuerdo en que las renovables necesitan respaldo, no así en que las térmicas sean la fuente comodín a la que recurrir. Para él, la solución está en la llamada hidráulica de bombeo -un tipo de generación eléctrica compuesta de una corriente y dos embalses que permite elevar el agua de uno a otro y reutilizarla, por lo que es una forma de almacenar energía- que, además, aún tiene una capacidad de desarrollo potencial en España de unos 3.000 megavatios sobre los que ya hay instalados.

Ignacio Cruz, del Ciemat, dependiente del Ministerio de Industria, también confía en la hidráulica renovable como el "colchón" de otras renovables "intermitentes". Además, él pone énfasis en otros instrumentos como la predicción meteorológica.

Por su parte, Gonzalo Sáenz de Miera, de Iberdrola Renovables, que defiende la "insostenibilidad" del mix energético actual por razones medioambientales y la excesiva dependencia de los combustibles fósiles, cree que conforme crezca la presencia de las renovables, será necesario el colchón del ciclo combinado y de la hidráulica bombeable.

Más difícil tiene desempeñar el papel de "colchón" la siempre polémica energía nuclear. Señalada por sus partidarios como la solución al cambio climático por su bajo nivel de emisiones de CO2 y criticada por los residuos radioactivos que genera o las grandes inversiones que necesita, esta fuente en España no se caracteriza por su flexibilidad, algo necesario para un parque de generación con un peso creciente de las renovables. El diseño inicial de las centrales les obliga a funcionar siempre al máximo de su capacidad, por lo que su contribución al sistema, salvo cuando están paradas, es constante.

Todo este repaso, lleva a una conclusión tan simple como lógica a Unesa: "Todas las tecnologías tienen sus ventajas y sus inconvenientes". Formulada esta premisa, ellos afirman con contundencia que todas las energías son necesarias. No sólo ahora, también en el futuro. Conclusión que encuentra el rechazo de Greenpeace, que en un informe ya antiguo -de abril de 2007- trata de demostrar que en 2050 toda la electricidad que se produzca en España puede provenir de fuentes renovables.

Muy escéptico con ambas conclusiones se muestra Paul Isbell, del Instituto Elcano. Para él, la frase "todas las energías son necesarias" es uno de los grandes clichés. No es el único. Isbell apunta a otros dos: "toda la energía se puede producir con renovables" y "la nuclear es imprescindible".

"En un sistema eléctrico como el español hay un límite sobre la contribución factible de las energías renovables que el consenso sitúa en torno al 40%. Y esto abre la puerta al argumento de que la energía nuclear es insustituible", afirma Isbell. Pero en su opinión, todo cambiaría si el sistema eléctrico español dejara de ser una isla. En este momento las interconexiones con Francia apenas suponen 1.300 megavatios, apuntan en REE.

"Si se abre el sistema con más interconexiones, cambia la perspectiva sobre las renovables", continúa Isbell, que pone a los países nórdicos como ejemplo de lugares donde la mejora y ampliación de la red ha permitido aumentar su contribución al sistema. Para él, incluso si aumenta el uso de la electricidad en los coches, con una red eléctrica de mayor extensión y calidad, en España sólo con renovables y ciclo combinado se podría satisfacer la demanda.

Manuel Gómez para El País.

El fenómeno 'low cost' no nos saldrá gratis

El fenómeno 'low cost' no nos saldrá gratis

La explosión de productos y servicios de bajo coste ha democratizado el consumo, pero tiene un precio

Los sindicatos alertan de que fomenta la precariedad y, en algunos casos, merma la innovación


Para que uno pueda comprar un billete de Madrid a Londres por 20 euros más las tasas y suplementos -a veces cero euros, incluso-; para que otro pueda colocar en su nevera un paquete de yogures de las llamadas marcas blancas entre un 18% y un 42% más baratos que otros casi idénticos, o para que pueda amueblar una casa prácticamente entera por poco más de 1.000 euros, las empresas que los venden han tenido que especializarse en cirugía fina con los costes.

Descartados el milagro y la magia como herramientas de control del gasto, ¿qué hacen las compañías para conseguir ofrecer esos precios sin arruinarse? ¿A costa de qué es posible este fenómeno, una explosión de productos y servicios a precios de derribo que han democratizado el consumo? En un momento en que no se deja de manosear la llamada "economía de valor añadido", ¿entra en contradicción el reinado del bajo coste?

"En cierto modo podría haber una contradicción con el discurso que defiende el valor añadido, porque es difícil encontrar tecnología nueva en este tipo de productos, pero no creo que conduzca a la baja calidad. Es imposible en servicios regulados, como la seguridad de las líneas aéreas, que es obligatoria, o algunos productos de alimentación: la leche pasteurizada, tendrá que ser pasteurizada", razona José García Montalvo, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

Los críticos del modelo ponen sobre la mesa la precariedad laboral y la merma a la innovación como consecuencia del reinado de este tipo de empresas frente a las compañías tradicionales. Pero las compañías de bajo coste y algunos expertos defienden la eficiencia de sus sistemas de trabajo, sus buenos acuerdos con los proveedores, y el sobreprecio que sus competidores hasta ahora cobraban a sus clientes.

En España el concepto low cost, (bajo coste, en inglés), lo importaron las compañías de vuelos baratos. Para los consumidores son una fiesta -casi el 40% de los pasajeros en España utilizan este tipo de aerolíneas-, pero muchos de sus trabajadores echan chispas. Manuel Sánchez Rollón, secretario de Acción Sindical del Sector Aéreo de Comisiones Obreras, asegura que las "diferencias salariales son abismales" entre las aerolíneas low cost y el resto, sobre todo en su personal de tierra (handling) subcontratado o no. Ahora, los sindicatos se las están viendo con Easyjet, con la que llevan dos años para mejorar las condiciones del convenio colectivo de sus empleados. "Estas son las diferencias: un operario de Easyjet con dos años de antigüedad cobra 15.400 euros anuales, uno de Flightcare 16.166 y otro de Acciona 17.138", apunta. Los sindicatos han convocado huelgas los próximos tres sábados de agosto, a partir de hoy.

Easyjet, la aludida, defiende que su modelo de negocio no se cimienta en las condiciones de sus empleados, sino en las facilidades de Internet y en su tipo de trayectos cortos, con lo que toda su tripulación (pilotos, azafatas...) y sus aviones duermen en su casa, y se ahorran un dineral en dietas, jornada laboral y gastos de alojamiento.

La cuestión es si es suficiente para poder ofrecer miles de plazas de avión a cero euros (aunque luego haya múltiples recargos), como hace Ryanair.

No hay un solo euro de ahorro en seguridad, cuyas exigencias son iguales para todas las aerolíneas. La aerolínea irlandesa, líder en el reino del bajo coste, también descubrió que se ahorraba cientos de miles de euros al eliminar algo tan accesorio como el reposacabeza de velcro y optar por tapicería de cuero para los asientos, más fáciles de limpiar, pero las condiciones laborales de su personal también despiertan recelos.

"Tenemos la flota de aviones más nueva de Europa y los sueldos de nuestros trabajadores cobran por encima de la media, pero pueden ir a dormir a sus casas", explica la compañía, que siempre defiende también su puntualidad.

La aerolínea vuela además a aeropuertos secundarios y cuenta apoyo de las Administraciones, bajo la forma de acuerdos de marketing. El Gobierno catalán, por ejemplo, ha garantizado más de 14 millones en ayudas para el periodo 2009-2011. "Son subvenciones escondidas en contratos de publicidad; no están jugando en igualdad de condiciones", se queja Eduardo Gavilán, de la junta del Colegio Oficial de Pilotos de Aviación Comercial (COAP). Esta entidad también ha pedido al Ministerio de Trabajo y a la Agencia Tributaria que investigue la situación fiscal de varias low cost extranjeras, con bases fijas en España, a las que acusan de no pagar las cuotas a la Seguridad Social en España, lo que supone "un importante ahorro de costes que va en detrimento" de las compañías españolas que sí cumplen con las obligaciones fiscales.

La calidad del servicio también ha despertado inquietud en las organizaciones de consumidores. Rubén Sánchez, de Facua, apunta que "los abusos a los consumidores se producen en todo tipo de aerolíneas, aunque algunas compañías como Ryanair son ejemplo de cómo hacer las cosas mal. Y las autoridades lo permiten con su dejación".

La lucha por mantener la calidad, en pleno recorte de gastos, es una preocupación generalizada en todos los sectores. "El periodismo de calidad no es barato y una industria que regala su producto está canibalizando su capacidad para hacer buen periodismo", dijo hace unos días Rupert Murdoch, propietario del mayor grupo de medios de comunicación del mundo, News Corporation, para explicar por qué cobrará por el acceso a la versión digital de sus periódicos a partir de 2010.

Y es que la cultura de lo barato, incluso de lo gratis, ha puesto en apuros a múltiples sectores. En alimentación, el equivalente a los vuelos baratos son las marcas de los distribuidores -las marcas blancas, porque originariamente eran así-. Este sector, que ya supone el 30% de las ventas de los súper, también plantea sombras. Las compañías de primeras marcas tradicionales han lanzado una campaña para defender su valor añadido y sus esfuerzos en investigación.

Hasta Bruselas se ha visto obligada a actuar en la polémica. Un grupo de trabajo de alto nivel de la Comisión Europa ha recomendado realizar un estudio sobre "el efecto de las marcas de distribución en la competitividad de la industria agroalimentaria, en particular en las pequeñas y medianas empresas, y examinar las maneras de reducir, si es necesario, los desequilibrios de poder en la cadena de suministro".

Un documento de este grupo de trabajo resalta, de hecho, que los distribuidores se han convertido en competidores de la industria alimentaria, con grandes ventajas, lo que plantea "serias cuestiones de competencia".

"La ausencia del nombre del productor en el envase lleva a efectos negativos para el consumidor y la industria" y supone "falta de transparencia". Además, "tal y como le preocupa a la industria, hay un impacto para las medianas empresas que trabajan para los distribuidores y en el beneficio que resulta de la innovación", ya que "las marcas blancas pueden reducir drásticamente su poder de mercado y la posibilidad de recuperar el coste de sus inversiones en el desarrollo de productos y seguridad. Aunque también puede suponer una oportunidad para hacer crecer sus negocios".

Según un informe elaborado por profesores de la Universidad Complutense, recogido por Mercasa, los productos de marca del distribuidor permiten ahorrar entre un 18% y un 42%. Un informe de Comisiones Obreras apunta que las diferencias salariales tienen algo que ver. "Las empresas con marcas propias generan mejores condiciones sociales y económicas (de media entre un 30% y un 40%, pudiendo llegar al 71%) que las marcas de distribución o blancas", apunta Jesús Villar, secretario general de la Federación Agroalimentaria de CC OO.

"No estamos en contra de las marcas blancas, sino de sus efectos en la industria. Intuíamos que íbamos a encontrar diferencias en las condiciones laborales, pero nos ha sorprendido lo negativo de los datos", añade Villar, cuyo equipo ha comparado los convenios colectivos en seis subsectores de la alimentación.

El representante sindical opina que esta tendencia conduce a la deslocalización de la producción y reclama que éstos lleven consigo toda la información de dónde han sido producidos y envasados, una información que en el sector se llama trazabilidad.

Mercadona, la compañía con más experiencia y más éxito en la "marca de distribuidor" (para ellos, "marcas recomendadas": Hacendado, Bosque Verde, Deliplus y Compy) se distancia de muchas de esas críticas. Sus productos sí llevan la identidad del productor y aseguran que su modelo pasa por la "máxima calidad". "Se ahorra en muchas otras cosas, como eliminar todos aquellos elementos que no añaden valor al producto pero que sí lo encarecen, como los embalajes excesivos. Por ejemplo, hemos quitado la caja de cartón del gel dentífrico infantil, que no añadía ningún valor pero encarecía en cinco céntimos el producto", explica un portavoz de cadena valenciana de supermercados.

La compañía también cuestiona que exista una brecha salarial entre los empleados de unas compañías y otras, dado que un gran número de marcas populares fabrican también para marcas de distribución. ¿Tienen la misma calidad uno y otro producto?

Es difícil generalizar una respuesta aquí. "Una mermelada puede tener más fruta que otra, por ejemplo, pero en general, si la calidad que ofrece un producto o servicio de bajo coste es buena, funciona, y si no lo es, fracasa. Por eso, no todas las aerolíneas de vuelos baratos, por ejemplo, han triunfado", apunta Pedro Arizmendi, socio consultor de Ernst & Young.

Tampoco cree que el bajo coste conduzca necesariamente a una mayor precariedad laboral, lacra que puede encontrarse en grandes multinacionales, de marcas prestigiosas. De hecho, la irrupción del bajo coste ha llevado a muchas otras empresas, que quizá estaban cobrando un sobreprecio, a rediseñar sus estrategias. La reducción de los costes, además, es una obsesión para la mayor parte de las compañías, sobre todo en estos tiempos de crisis (ver gráfico).

Ikea, otra de las grandes triunfadoras en la era de los productos baratos, también se quita de encima las críticas. Ha bajado sus precios un 2% anual en España. ¿Cómo consigue que sus muebles sean baratos? Por una retahíla de medidas, entre las que cita la búsqueda de materiales asequibles, buenos acuerdos con los proveedores y el ahorro del transporte. Y también porque produce su mobiliario en fábricas de países de bajos costes laborales, si bien, asegura, están sujetos a un código de conducta basado en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU y los Derechos del Trabajo, cuyo cumplimiento comprueban mediante auditorías internas y externas.

Montalvo, que ha vivido durante años en Estados Unidos, está seguro de que el bajo coste no acaba con las compañías tradicionales, ni sirve de coartada para dejar de invertir en I+D: "En Estados Unidos hay ordenadores de 250 dólares (unos 176 euros), pero Intel sigue investigando para lanzar microchips cada vez más potentes. Lo que significa es más competencia. Convivirán los dos modelos".

Amanda Mars

La atracción por el riesgo

La atracción por el riesgo

El riesgo es un gran estimulante, y encontrar retos de forma natural fuerza a sacar recursos positivos. El peligro es dejar de ser conscientes de los límites y la vulnerabilidad de cada uno.


Qué puede impulsar a una persona a proponerse objetivos casi imposibles, a conducir de manera temeraria a gran velocidad o a engancharse a los juegos de azar? Exponerse a una situación incierta o peligrosa supone una conducta difícil de explicar, sin embargo, algunas personas sienten una atracción especial hacia el riesgo, como un imán irresistible que les empuja a vivir al límite y a comprometer reiteradamente su seguridad.

Desde la sociología se habla de la cultura del riesgo. Esta expresión apunta que el desarrollo tecnológico de las últimas décadas no ha venido acompañado de una mayor sensación de seguridad, sino más bien al contrario: el cambio y la incertidumbre se han convertido en una constante. Como resultado, el riesgo se percibe y está más presente que nunca, lo que genera en algunos casos una necesidad exacerbada de control o, en el otro extremo, estilos de vida unidos al gusto por la novedad y las sensaciones fuertes.

La atracción por el riesgo puede ir desde la afición a deportes o actividades que conllevan cierto peligro, la necesidad de poner a prueba las relaciones, emprender conductas arriesgadas, rozar la ilegalidad, provocar continuamente apuros económicos o profesionales… hasta actitudes autodestructivas como ciertas adicciones o poner en juego, consciente o inconscientemente, la vida propia y ajena.

La exposición al riesgo es captada por el organismo como una amenaza para la supervivencia. Como consecuencia, se dispara la adrenalina, los músculos se tensan, la respiración se agita, aumenta el ritmo cardiaco y la persona permanece alerta, vigilante, focalizando su atención en el peligro advertido.

Para algunos individuos este estado de activación resulta muy excitante. Según los neurobiólogos, se debe especialmente a los picos de dopamina, el neurotransmisor cerebral asociado a las sensaciones de placer y bienestar, que pueden resultar adictivas. Pero la cuestión es: ¿por qué algunas personas viven el riesgo con temor, mientras que para otras resulta altamente gratificante?

Buscadores de sensaciones

“Todas las pasiones son buenas cuando uno es su dueño, y todas son malas cuando nos esclavizan” (J. J. Rousseau)

Marvin Zuckerman, un psicólogo estadounidense, definió un rasgo de personalidad al que bautizó como “buscador de sensaciones”. Las personas que presentan este rasgo tienen un marcado deseo de experimentar sensaciones nuevas e intensas y son más propensas a exponerse a distintos tipos de riesgos. Se ha observado, por ejemplo, que en estas personas las sensaciones fuertes activan con mayor facilidad las estructuras cerebrales relacionadas con la recompensa y la satisfacción. Por tanto, uno de los atractivos del riesgo son las poderosas vivencias que aporta: la impresión de la caída libre, la sensación de velocidad, la exaltación que producen ciertas drogas, la aceleración del corazón ante el vértigo de la apuesta…

Este anhelo de intensidad resulta característico de una sociedad que tiende al exceso. Acostumbrados como estamos a un nivel de activación muy alto, se necesitan estímulos cada vez más impactantes para producir sensaciones. Basta con observar cómo las películas, las atracciones o las actividades de ocio aumentan progresivamente de intensidad, persiguiendo el “más difícil todavía”.

Sin embargo, disponer de un abanico tan amplio de alternativas y experiencias fuertes no implica mejor capacidad para disfrutar. En la actualidad existe una mayor intolerancia al aburrimiento y a la rutina, y se aprecia en general cierta “anestesia” emocional. Sólo lo que supera cierto umbral de excitación es susceptible de despertar los sentidos, como si éstos se encontraran saturados ante la multitud de estímulos que reciben.

Las personas que se sienten atraídas por el riesgo acostumbran a tener la necesidad de vivirlo todo y de gozar al máximo cada momento. Este deseo de vida, cuando es excesivo, puede conducir paradójicamente a un atajo hacia la muerte. Lo observamos, por ejemplo, en las adicciones, en que la búsqueda de placer puede terminar resultando sumamente destructiva.

Ilusión de control

“La conciencia es la voz del alma; las pasiones, la del cuerpo” (Shakespeare)

Tras las conductas de riesgo a menudo existe lo que se denomina una ilusión de control. Es decir, la persona cree y piensa que siempre podrá dominar la situación. Entre los jóvenes, las conductas temerarias resultan muy comunes. No en vano en esta época la primera causa de mortalidad entre ellos son los accidentes de tráfico, o resulta tan frecuente el abuso de drogas o las prácticas sexuales de riesgo. Este fenómeno se atribuye, por un lado, a la necesidad de transgresión y de ponerse a prueba, y por otro, a un desconocimiento de los propios límites.

Ser consciente de la propia vulnerabilidad es un signo de madurez. Además, debido al valor que se otorga socialmente al coraje, fácilmente se confunde la verdadera valentía con la inconsciencia.

Todo exceso implica una carencia. Por eso, quienes perciban que con frecuencia ponen en peligro sus relaciones, su salud o su trabajo pueden plantearse qué intentan encubrir o resolver a través de esa actitud. Quizá supone una manera de escapar del tedio o bien un modo de construir una autoimagen de seguridad e intrepidez, en la que el miedo se encuentra desterrado.

Sin embargo, lo que a menudo impulsa realmente hacia el riesgo son aspectos emocionales inconscientes. Esta actitud a veces puede suponer una especie de autoboicoteo, pues la persona no se permite alcanzar el éxito en alguna faceta de su vida y opta por ponerla continuamente en peligro. Sucede así, por ejemplo, con la necesidad que tienen algunos individuos de llegar al límite, o en sus relaciones afectivas provocar constantes conflictos, como un modo de evitar el compromiso o subir el tono emocional de la relación, fenómeno que asocian con un amor más verdadero.

Tal y como definió Freud, el ser humano se siente atraído por la creación y el placer tanto como por la destrucción. Y las conductas de riesgo, cuando implican un descuido grave hacia la propia vida, a menudo esconden un deseo inconsciente de autodestrucción. De algún modo se desafía al destino dejando la propia existencia en manos del azar.

El riesgo resulta un poderoso estimulante. Aporta viveza, intensidad, reto. Al encontrarnos ante una situación complicada, de manera natural nuestra atención se centra en el presente y nos fuerza a sacar a la luz recursos personales. Sin duda, como seres humanos necesitamos desafíos. Es posible que disponer de una vida acomodada, con tantas facilidades que antes no existían, nos lleve en la actualidad a buscar retos quizá más artificiales o en lugares inadecuados.

Las personas acostumbran a sentirse satisfechas cuando afrontan y resuelven un riesgo. Pero, como sucede a menudo, las dificultades se hallan en los extremos. Tan problemática puede resultar una actitud imprudente y temeraria como vacilar en exceso, reemplazando la acción por el análisis. La raíz psicológica en ambos casos suele ser una relación inadecuada con el miedo.

El ser humano, pese a ser probablemente la única especie plenamente consciente de su propia mortalidad, en ocasiones actúa como si fuera inmortal. La proximidad del peligro fascina y puede alentar una sensación de poder inaudita. La intrepidez para asumir riesgos es un requisito para el progreso, pero es preciso distinguir cuándo se convierte en una necesidad que puede alcanzar límites alarmantes.


Para saber más

1. Libros‘Las nuevas adicciones’, de Jean Adès y Michel Lejoyeux. Editorial Kairós.‘El jugador’, de Fiódor Dostoievski.

2. Películas‘Réquiem por un sueño’,de Darren Aronofsky.

Conductas de riesgo

1. Se definen como una exposición repetida y voluntaria a un peligro.
2. Implican una atracción irresistible hacia las sensaciones intensas y novedosas.
3. La conducta en sí aporta una gratificación y un refuerzo positivo.
4. En ocasiones puede estar asociada a rasgos psicopatológicos que actúan como facilitadores o agravantes de estas conductas.
5. Existe a menudo un “sesgo optimista” que provoca que la persona se sienta menos expuesta al peligro real.
6. Pueden estar asociadas a distintos tipos de adicciones o a la dificultad para controlar los impulsos.

Cristina Llagostera en EPS.

Muchos presos para tan pocos delitos

Muchos presos para tan pocos delitos

España tiene la tasa de encarcelamiento más alta de Europa y una de las más bajas de criminalidad - Crecen las voces que abogan por suavizar el Código Penal y favorecer la redención de las penas


El extendido tópico de que en España los presos entran por una puerta y salen por otra ni es cierto ni se sustenta en ninguna cifra oficial. Es el país de la UE con la tasa de encarcelamiento más alta y, por el contrario, de los que tienen menor índice de criminalidad: 20 puntos por debajo de la media.

Varias razones explican esta paradoja: la dureza de las penas para los delitos habituales -robo y tráfico de drogas-; el continuo endurecimiento del Código Penal y la incorporación de nuevos delitos; la imposibilidad de redimir condena y la cicatería del Estado para conceder la libertad condicional.

"Las prisiones españolas están llenas de pobres, enfermos y drogadictos. Suman más del 70%. La cárcel se está convirtiendo en el único recurso asistencial y esa no es su función". Mercedes Gallizo, secretaria general de Instituciones Penitenciarias lleva años recordando la función resocializadora que debería tener la cárcel, pero admite que ese principio constitucional está cada día más lejano.

El Código Penal de 1995 originó un aumento de la población penitenciaria que llena a un ritmo acelerado las nuevas cárceles. Hace tres años había 63.800 presos. Ahora son 76.485. La tasa de encarcelamiento se sitúa en España en 166 reclusos por 100.000 habitantes, por delante de Gran Bretaña (153) -que siempre había encabezado la lista- Portugal (104), Francia (96) e Italia (92). Sin embargo, la tasa de criminalidad (infracciones penales por cada mil habitantes), es una de las más bajas de los Quince. La relación del año 2008 la encabeza Suecia (120,4), seguida de Reino Unido (101,6). En España es de 47,6, por delante solo de Grecia (41,2), Portugal (37,2) e Irlanda (25,2).

"Hace ya muchos años que se constata que la tasa de encarcelamiento no guarda relación con la criminalidad, sino con la política penal. Lo que ocurre en España no es que los jueces metan a más gente en la cárcel, sino que pasan mucho tiempo", dice José Luis Díez Ripollés, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga y director del Instituto Andaluz de Criminología.

El delito principal que han cometido más del 40% de los penados (22.416 reclusos) fue contra el patrimonio y el orden socioeconómico, según los define el Código Penal. En lenguaje más inteligible: robos, tirones y atracos.

"Depende de cómo sea el tirón se puede castigar hasta con cinco años. ¿Debe ir a la cárcel esa persona si ha delinquido por primera vez?", se pregunta Eduardo Navarro, magistrado de la Sección Sexta de la Audiencia de Barcelona, con 20 años de experiencia, 17 de ellos en juzgados de instrucción. "La sociedad no entiende que no sea así. Los incidentes que he tenido como juez han sido por no enviar a alguien a la cárcel", afirma.

Díez Ripollés ratifica que algunas penas son desproporcionadas. "No es razonable que un delito urbanístico se castigue con un máximo de dos años de cárcel, lo mismo que un hurto agravado, porque al final siempre acaban en la cárcel los mismos". Es el inicio de una tela de araña en la que queda atrapado el preso y que él ayuda a tejer en muchas ocasiones, pues los índices de reincidencia se sitúan entre el 40% y el 70%.

El perfil del recluso español apenas ha variado con los años. Es un hombre, de 30 a 40 años y condenado por robo o tráfico de drogas. Las reclusas suponen el 8% del total de la población. La mayoría están condenadas por tráfico de drogas (48,4%).

El llamado Código Penal de la democracia de 1995 que impulsó el ex ministro de Justicia Juan Alberto Belloch eliminó la redención de pena por trabajo o estudio y estableció el cumplimiento íntegro. Eso significa que la mayoría de las condenas se pagan "a pulso", en lenguaje carcelario, y que se aplica en muy pocas ocasiones la secuencia lógica en la vida penitenciaria: prisión preventiva, segundo grado, permisos, tercer grado, libertad condicional y libertad definitiva.

Siete de cada diez penados están en segundo grado, y así pasan la mayor parte de su estancia entre rejas, sin lograr permisos. Solo el 15,1% cumple condena en régimen abierto, y los que logran la libertad condicional suponen el 11%. "Es totalmente innecesario estar tanto tiempo en la cárcel. El cumplimiento íntegro no es bueno desde ningún punto de vista porque aumenta la reincidencia", sostiene José Cid, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona, que ha analizado el fenómeno en el libro El incremento de la población reclusa en España entre 1996 y 2006.

El abogado madrileño José Luis Galán lleva en la profesión más de 35 años y sigue en el turno de oficio. Tiene claro que la situación se hace cada más vez insostenible y que urge un cambio legislativo en sentido contrario al incremento punitivo de los últimos años. "Lo que no se puede hacer es buscar el aplauso fácil. No siempre se legisla para sacar votos, porque, si no, no habría impuestos. Hay que cambiar las normas que se aplican para que la cárcel sea el último recurso, no el primero y único", asegura. A renglón seguido reprocha al PSOE la aplicación de una política punitiva que, de manera sustancial, coincide con la del PP. "La izquierda se ha abonado a la chita callando a esa política represora. Cuando no se ha puesto al frente de la procesión, ha ido detrás con el capirote y gran mansedumbre".

Galán también cuestiona que algunas conductas estén tipificadas como delito. "Diga lo que diga el Tribunal Constitucional, es disparatado que las amenazas del marido a la esposa sean delito. Y con la última reforma sobre seguridad del tráfico se han pasado". Ahora hay en España 3.721 presos penados cuyo delito principal es de violencia doméstica, desde un asesinato -una minoría-, a lesiones o amenazas. También hay 816 reclusos por delitos al frente del volante.

"La delincuencia patrimonial de escasa importancia no es razonable que se castigue con penas que comportan la entrada en prisión", dice Díez Ripollés. Con tres matices: que sean delitos graves, que los cometan reincidentes o altos sectores de la sociedad. "A esos solo se los puede intimidar con la cárcel", afirma el jurista. Y es que los delincuentes de cuello blanco que acaban entre rejas son una excepción. Casi nadie discute el efecto ejemplarizante que eso causa en la sociedad, aunque tarden en entrar porque pagan mejores abogados y agotan todos los recursos, muchas veces con el beneplácito de los tribunales.

"El Código Penal es duro con el débil y débil con el duro", asegura Díez Ripollés. "Los tribunales tienden a ser más comprensivos con determinados delitos porque la ley es interpretable", opina la abogada barcelonesa Lidia Lajara, con 16 años de experiencia como penalista. "Hay muchos tipos de jueces y sería injusto no reconocer que muchos creen en la rehabilitación y apuestan por ella", dice José Cid. Lo que ocurre es que las administraciones no les ofrecen la posibilidad de imponer medidas alternativas. "Hay que decir que los jueces de Cataluña somos unos afortunados y que sí podemos imponer penas al margen de la cárcel de las que en otras comunidades no han oído ni hablar", dice el juez Navarro.

"Otra política criminal es posible", afirma el catedrático Díez Ripollés, y las penas alternativas para delitos menores son un ejemplo. Ayudarían a descongestionar las prisiones y reducirían el gasto público. Una medida así cuesta 3,05 euros diarios, y el coste de un preso es de 78,29 euros al día, según un estudio de la Generalitat catalana, la única comunidad con competencias en prisiones.

"No se puede dejar de castigar al delincuente, pero sin tanta dureza y aplicando las políticas que ya han dado resultados en otros países", dice Díez Ripollés. Como en Finlandia, recuerda, que a principio de los ochenta tenía una de las tasas de encarcelamiento más altas de Europa y ahora está a la cola.


La droga y ’los BBC’

Un grupo de presos que cumplía condena en Madrid por tráfico de drogas fue conocido durante muchos años como los BBC: procedían de Bogotá, habían aterrizado en Barajas y acabaron en la cárcel de Carabanchel. En las prisiones españolas hay ahora 15.868 penados con el vigente Código Penal por delitos contra la salud pública, que representan el 27,8% del total. Quedan otros 200 con el código derogado hace 13 años, lo que da idea de la dureza de las penas por esos delitos.

"No puede ser que se condene igual a quien se le pilla con 800 gramos de cocaína que al que se le coge con varios kilos. Y, además, éste saldrá antes porque tiene mejores abogados", advierte el juez Eduardo Navarro. "Por esos 800 gramos de cocaína le pueden caer de 9 a 13 años y medio, seguramente más que por un homicidio, que se castiga de 10 a 15 años".

Mercedes Gallizo también constata que "el pequeño traficante casi siempre acaba cumpliendo una pena muy alta". ¿Debería cambiarse el Código Penal? "No me gusta pronunciarme sobre eso. Es el legislador el que debe analizarlo. Lo que hay que tener claro es que la droga lleva a la cárcel y que las penas son muy altas", dice. "Cuando impones una pena así, duele, porque ves que ese mulero se ha jugado una condena muy alta por 3.000 euros, pero la ley dice lo que dice", añade Navarro. "Con el tráfico de drogas existe muy poca consideración de los jueces. Y no solo para condenar, sino para que se aplique un atenuante de drogadicción", razona la abogada Lidia Lajara. "No se tienen en cuenta las circunstancias personales y sociales del que llega con una bola en el estómago jugándose la vida. Es verdad que la ley no permite considerarlo como estado de necesidad, pero tampoco se puede ser ajeno a los motivos que lo han llevado a delinquir", añade.

Hay otros casos. "Está muy bien que cerremos los psiquiátricos, pero no los hemos sustituido por nada", dice Gallizo. Y eso que el 25% de la población reclusa padece algún tipo de trastorno mental.

Y después están los extranjeros, que son el 37% de los presos. Como no tienen domicilio conocido es más fácil que acaben en prisión preventiva y más difícil que logren un permiso. Muchos son expulsados cuando salen de la cárcel y por haber delinquido una sola vez.

Pepe Ríos para El País.

Donde acaba el derecho y empieza la ideología

Donde acaba el derecho y empieza la ideología

Los jueces son reacios a admitir que los prejuicios a menudo condicionan las sentencias - El sistema de acceso ha favorecido que la judicatura sea mayoritariamente de signo conservador


Al iniciarse este año había en España 4.439 jueces en activo. El 74% tiene menos de 50 años. Es decir, que estudiaron la carrera en democracia y con la Constitución ya vigente, pero a diario imparten justicia de manera muy distinta sobre cuestiones que afectan a la vida de los ciudadanos: desde una demanda por un accidente de tráfico, una reclamación económica de un banco, un desahucio, las medidas derivadas de una separación matrimonial, un conflicto laboral en una empresa o a la hora de condenar o absolver a un acusado, entre otros muchos ejemplos.

La extendida creencia instalada en la ciudadanía de que la resolución de un pleito puede depender en buena parte del juez que a uno le toque en suerte -aunque no menos decisivo resulta el abogado que le defienda- es un hecho que pocos jueces admiten sin reparos. Ninguno duda de que todas las leyes son interpretables, pero son reacios a admitir que eso y no otra cosa es impartir justicia.

Son casos minoritarios, pero existen actuaciones de jueces que amparados en esa discrecionalidad se niegan a aplicarla porque es contraria a sus convicciones personales, como ocurrió con el juez de familia de Murcia Fernando Ferrín Calamita, que ha acabado inhabilitado porque, como él es contrario al matrimonio homosexual, bloqueó una adopción a una pareja de lesbianas.

Algunas de las deliberaciones y votaciones que se producen en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), como la votación prevista para hoy sobre la ley del aborto, ilustran también esa diferente manera de interpretar la ley, con dos bloques de juristas, conservadores frente a progresistas, que votan en bloque sobre una misma cuestión.

¿Condiciona la ideología a los jueces? "Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquéllas", se dice en el artículo 3.1 del Código Civil.

"Si la sociedad piensa que los jueces dictan sentencia movidos por su ideología es que algo estamos haciendo mal entre todos y que no somos capaces de ganarnos la confianza de los ciudadanos", explica Margarita Robles, magistrada en excedencia del Tribunal Supremo y en la actualidad vocal del CGPJ a propuesta del PSOE.

En su opinión la ley sólo es interpretable, "desde un punto de vista jurídico, que no ideológico". En ese razonamiento coincide Pablo Llarena, magistrado de la Audiencia de Barcelona y miembro del comité ejecutivo de la mayoritaria y conservadora Asociación Profesional de la Magistratura, a la que están afiliados una cuarta parte de los jueces de España. "Que se juegue con la ideología de los jueces para establecer un pronóstico de la resolución hace que la ciudadanía pierda la confianza en la justicia", asegura.

Menos equidistante que sus compañeros se expresa el magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional Ramón Sáez. "Lo que hay que preguntarse es porqué en casos similares se dictan sentencias distintas. El derecho es débil y no hay duda de que a la hora de aplicarlo influyen la ideología, los perjuicios y los posicionamientos personales del juez. Hay que asumir sin complejos que tenemos un poder y que al dictar sentencia lo imponemos a las partes".

Sáez, como Robles, pertenece a la asociación progresista Jueces para la Democracia, a algunos de cuyos integrantes les han colgado sus compañeros conservadores la etiqueta de practicar, en ocasiones, lo que se denomina el uso alternativo del derecho. Es decir, la desmitificación del carácter científico que tiene la interpretación y aplicación de la ley y la necesidad de apostar por las clases más desfavorecidas.

Son muy pocos los jueces que reconocen abiertamente que interpretan la ley desde su ideología y abundan los que suscriben las tesis de Pablo Llarena, en el sentido de que su función consiste en asegurar "una justicia imparcial, técnicamente formada, equidistante y alejada de la política". Sin embargo, el mismo Llarena reconoce que "la resolución judicial puede variar según el juez que la dicte. Eso no es ninguna perversión, es que es así. Cada juez puede visualizar una realidad en un mismo procedimiento", explica.

"¡Claro que los jueces tenemos ideología, porque somos personas! Pero no somos ni más ni menos conservadores que cualquier colectivo profesional de alto nivel", explica el magistrado Sebastián Moralo, miembro del comité nacional de la Asociación Francisco de Vitoria, la segunda organización judicial de España, con 600 afiliados. "La seguridad jurídica que ofrecemos los jueces es igual o superior a la que pueda tener el dictamen de un ingeniero, de un médico o un abogado, pero con la diferencia de que las sentencias están sometidas a un sistema de revisión de recursos", explica Moralo. Ramón Sáez discrepa abiertamente de esa posición. "Ese modelo del juez técnico, distante, neutral y que sólo aplica una técnica como un fontanero o un médico es una ficción, es el vacío, es la nada. Pasa en todas las jurisdicciones y cuanto más arriba se esté más consolidadas están las certezas y los jueces operamos con más automatismos", asegura.

"Si la carrera judicial en España es mayoritariamente conservadora es porque el actual sistema de oposición facilita esa tendencia y porque los preparadores que buscan esos opositores también son casi siempre conservadores", explica Alejandro Sáinz, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Y es que no todas las familias pueden mantener a un aspirante a juez, que, tras los años de carrera universitaria, tarda otros cinco años y tres meses de media en superar una oposición.

Con todo, cada vez existe mayor permeabilidad social en la judicatura. Hace 30 años, por ejemplo, sólo eran hijos de obreros el 8% de los alumnos de la facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Barcelona y únicamente una tercera parte de los estudiantes eran mujeres. Sólo dos de esa minoría de alumnos de clases populares acabaron la carrera.

Ahora las mujeres representan ya más del 47% de los jueces de España, son mayoría entre los 20 y los 40 años y suponen desde hace años más del 60% de cada promoción. Pero sólo representan el 8,11% en el Tribunal Supremo, por ejemplo, porque para llegar hasta allí hacen falta muchos años de experiencia, al margen del aval de las asociaciones judiciales y del Poder Judicial.

La última hornada que ha salido de la Escuela Judicial con sede en Barcelona y que desde hace unos días ya imparte justicia en todos los rincones de España está formada por 127 jueces y sólo 28 son "hijos del cuerpo". Es decir, tienen algún familiar en profesiones jurídicas. Cada vez escasean más los nuevos jueces que representan la tercera o cuarta generación de una de esas sagas de abolengo jurídico que hay en España.

Los nuevos jueces tienen una media de edad de 29 años y el perfil mayoritario de esa promoción, como de las anteriores y seguramente de las próximas, es el de un profesional muy escéptico con el poder político, absolutamente distanciado de cualquier posible injerencia en su función y muy crítico con la actuación de las asociaciones judiciales que les representan. Todos proclaman su "independencia", el vocablo que más les gusta pronunciar cuando aún no visten toga y que tanto repetirán a lo largo su carrera, que finaliza a los 70 años.

"La independencia es lo que es y nada más: que el juez esté libre de presiones al impartir justicia. Pero una cosa es la independencia y otra el condicionamiento ideológico que tienen jueces y fiscales en su trabajo diario", precisa Carlos Jiménez Villarejo, Fiscal Anticorrupción entre 1995 y 2003. "¿Alguien puede negar que los jueces del Tribunal Supremo que han admitido la querella contra Garzón por prevaricación por su actuación en el caso de las fosas de la Guerra Civil no han actuado con una fuerte carga ideológica? ¿Alguien duda que la actuación del Fiscal General del Estado y del Tribunal Supremo reclamando la ilegalización de Iniciativa Internacionalista que después anuló el Tribunal Constitucional no estaba condicionada por los intereses del Gobierno en el asunto?", se pregunta Villarejo. "Y con el poder económico la lista de asuntos es muy larga: desde las cesiones de créditos del Banco de Santander, que ni siquiera llegó a juicio, a las cuentas de los directivos del BBV, que acabaron absueltos. La carrera judicial y fiscal es mayoritariamente condescendiente con quien ostenta cargos, se les tiene un poder reverencial por ser quienes son", dice Villarejo.

Las sentencias a las que se refiere el ex fiscal son una minoría en el conjunto de la actividad judicial en España, pero configuran en la ciudadanía una determinada imagen de la judicatura. "El 95% de los jueces de España no están ideologizados", sentencia Margarita Robles, quien considera que "no hay nada peor que un juez que se abstraiga de la realidad social, que sea capaz de decir que no lee los diarios para no contaminarse".

"La manera de entrar en la judicatura, con casi 10 años de estudio entre la carrera y la oposición, es lo que marca el modelo de juez que hay en España y lo que habría que revisar", explica Carlos Gómez, director de la Escuela Judicial entre junio de 1999 y abril de 2002 y en la actualidad presidente de la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca. Durante ese tiempo vio pasar a casi 600 futuros jueces e intentó aplicar un plan de estudios para que recibieran "una formación adecuada a los tiempos que corren", explica. "Después de tantos años de estudio, los futuros jueces llegan a la Escuela escasamente motivados y con ganas de tocar balón de una vez y de impartir justicia", explica Alejandro Sáinz.

"Pero acaban resignados. Han de pasar de la memoria a la razón. Por lo menos se intentará que aprendan a escribir resoluciones razonadas y con un lenguaje inteligible", añade. Y es que ese modelo de Escuela Judicial que enseña a los futuros jueces conocimientos muy diversos que no están en las leyes ni en los códigos tampoco acaba de ser del agrado de buena parte de la judicatura, hasta el punto de que la mayoría conservadora del anterior Consejo General del Poder Judicial estuvo a punto de desmantelarla.


El fin de un sistema de acceso basado en la memoria

España es uno de los pocos países europeos en el que la oposición de acceso a la judicatura se basa en dos exámenes memorísticos: uno escrito y otro oral. Desde que un estudiante empieza derecho hasta que aprueba la oposición transcurre una media superior a los nueve años. El Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) quiere cambiar ese marco legal aprovechando la reforma universitaria del plan Bolonia de reforma universitaria, que obligará a retocar la ley orgánica.

El borrador que se baraja y que será común a jueces y fiscales pasa por cuatro años de estudios para obtener el grado (la actual licenciatura), al que seguirían dos años de posgrado con un grupo de profesores en el que los jueces y fiscales serían mayoritarios. Esos estudios contarían con becas para facilitar la permeabilización social de los estudiantes.

Tras los estudios de posgrado (lo que ahora es el doctorado) se volverían a evaluar con otro examen, como sucede en Alemania. Después habría de superarse una oposición con menos temas (ahora son 360) en la que bastarían una media de dos años de intenso estudio. La estancia en la Escuela Judicial se mantendría en dos años, pero fomentando los "Erasmus judiciales", tal y como recomienda la Comisión Europea y la Red Europea de Formación Judicial.

"Cualquier propuesta de cambio debería tener el apoyo de los compañeros y las asociaciones antes de que la aprobase el poder legislativo. Yo creo que lo lograremos tras el necesario debate", explica Félix Azón, vocal del Poder Judicial encargado de la reforma y que tras el verano llevará su propuesta a una comisión creada para ese fin. Según Azón, la "reforma es una necesidad urgente y la oposición no puede basarse sólo en un sistema memorístico". En este sentido, recuerda que cada año hay en España menos aspirantes a juez: en 2000 fueron 5.640 y en 2008 se redujeron a 3.548.

Al mismo tiempo, el CGPJ se propone revitalizar el llamado cuarto turno, un sistema de acceso a la judicatura con la categoría de magistrado a juristas con más 10 años de experiencia que hibernó el anterior Consejo. La entrada a la carrera al margen de la oposición pura y dura siempre ha provocado recelos en parte de la judicatura. Son los llamados patas negras, que, con cierto tono despectivo, califican a esos compañeros de turneros.

Pepe Ríos para El País.