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La religión, ¿invisible?

La religión, ¿invisible?

En 1967 se publicaba en alemán y en 1973 se traducía al español el libro del sociólogo T. Luckman, La religión invisible. En él se analizaba el lugar de la religión en la sociedad industrializada y pluralista. Se preveía una retirada de la religión del ámbito público a la esfera privada, de una función oficialmente estructuradora a otra sólo inspiradora, de su dimensión institucional a una vigencia estrictamente individual. Eran los años en que el marxismo difuso en toda Europa otorgaba a la economía y a la política la condición de fuerzas sustentadoras de la sociedad, haciendo de todo lo demás (ética, religión, derecho...) puras funciones derivadas de aquellas. Desde ahí se preveía la desaparición de la religión del horizonte público en los próximos años. Más recientemente en Francia M.Gauchet y L. Ferry han pronosticado la salida de la religión de los entramados sociales para convertirse en mero fermento de sentido para la vida privada, en su libro: Lo religioso después de la religión (2004).

¿Cuál es el resultado de tales pronósticos? Parecía en aquellos días que la secularización de la sociedad, de las instituciones y de las conciencias era irreversible, que conquistaría el terreno en un proceso, que nada podría detener. Tal pronóstico sólo parcialmente se ha cumplido. La caída del marxismo, la afirmación beligerante del islam, los movimientos carismáticos de tan distinta índole existentes en el mundo, las diversas teologías de la liberación que inciden sobre la religiosidad popular y sus elementos emocionales, la inexistencia en nuestro horizonte de grandes proyectos éticos de sentido, esperanza y justicia: todo ello ha quebrado la credibilidad de aquellas propuestas secularizadoras. Hoy las dos potencias más inspiradoras de lo humano son las culturas y las religiones.

La situación resultante es una escisión en dos posturas extremas: la que sigue pretendiendo que la religión sea la clave primera y suprema de estructuración de la sociedad y la que se empeña en recluir la religión y reducir los grupos religiosos al puro ámbito individual, convirtiéndolos así en sectas. Entre las teocracias de muy distinto signo y las sectas hay que situar la religión en las sociedades modernas. Estas deben ofrecer espacios públicos abiertos a todos los que, respetando el recto ordenamiento jurídico, el bien común y el orden público, aportan sus valores e ideales a la vida común. El Estado no tiene autoridad para prohibir, imponer o privilegiar a unos grupos sobre otros. El criterio para apoyarlos será su respeto a los derechos humanos junto con los ideales, valores y derechos configuradores de nuestra historia (que no puede ser trasmutada por real gana o arbitraria decisión de un gobierno), su presencia real en la sociedad, su cooperación tanto al fortalecimiento de las instituciones como a la superación de las necesidades, y la realidad numérica de unos y otros grupos. El Estado no puede emitir juicios sobre los contenidos específicos de cada uno de esos grupos. La categoría primera es la libertad de los ciudadanos, y desde ella unos configurarán su identidad desde la religión y otros desde la increencia. El espacio público no es de ninguno de ellos: ambos están igualmente legitimados a expresarse dentro de él y a configurarlo según sus convicciones forjadas en libertad.

La religión es una forma de ejercitación en libertad y por tanto afecta a todas las dimensiones de la persona, que es interior y exterior, privada y pública, individual y comunitaria. Justamente porque se refiere a Dios, absoluto y trascendente, es principio de sentido para todo, pero no sustituye a nada ni hace innecesaria la ejercitación de todas las demás potencias, instancias y ejercitaciones mediante las cuales se articula la vida social, intelectual, moral y política. Dios es para el hombre en un sentido todo, en cuanto principio de nuestro ser, sentido de nuestra existencia y dinamismo de nuestro futuro. El funda, inspira y sostiene todos los dinamismos de nuestra vida, pero no sustituye a ninguno de ellos en el orden material e histórico. El nos entrega el mundo como materia de nuestra libertad; y en el ejercicio de esta consiste nuestra dignidad de seres creados a imagen y semejanza de Dios.

El catolicismo se encuentra ante una historia nueva, que no puede ser ni la repetición de la historia anterior ni el tránsito a la privaticidad o al sectarismo. Una sociedad sin referencias últimas, en mero individualismo y en despreocupación por los grandes valores comunes, está condenada a la anomia y a la desesperación. «La liberación de la conciencia humana de las constricciones, que la estructura social sacralizada ejercía, representa una ocasión sin precedentes históricos porque puede afirmarse para todos la autonomía de la vida individual. Pero contiene un serio peligro: el de causar un retirarse en masa hacia la esfera privada mientras ´arde Roma´» (T.Luckmann). Una sociedad sin el cultivo de proyectos éticos, de la memoria histórica, de las raíces éticas y de los signos religiosos que han nutrido la trayectoria anterior, sucumbirá a la desmoralización y a la violencia.

El cristianismo es religión de trascendencia a la vez que de encarnación. Dios es real y se ha manifestado en la historia; a su reconocimiento abren la fe y un trascenderse del hombre más allá de la inmediatez de las cosas. Por ello Dios, Cristo y la Iglesia nunca podrán ser visibles como lo son la torre Eiffel, la Cibeles o el mar Mediterráneo. Son tan reales para el creyente como lo son la justicia para el hombre bueno, la belleza para quien tiene sentido estético, la música para quien no es sordo o la pintura para quien tiene ojos iluminados. El cristianismo es a la vez religión de encarnación, y en ese sentido es visible, perceptible y verificable. Surge de la acción, de la palabra, de las huellas y signos de Dios en Cristo; no es sólo religión de la conciencia o de la palabra sino también de la historia y de la carne. Dios es real para el hombre que es carne y tiempo, porque él se hizo carne y tiempo. Eso es lo que los cristianos confiesan y de eso es signo la Navidad. Los poetas fueron los más lúcidos adivinos de esa necesidad del hombre: ver a Dios con los propios ojos. «Dios visible es mi alimento» (L. Rosales). R. Browning, en su poema Saúl escribía: «Esta es la debilidad en la fortaleza por la que yo grito, mi carne, que yo busco / en la Divinidad. En ella la busco y la encuentro. Saúl, vendrá / una Faz igual a la mía que te recibirá: un Hombre igual que yo/ que tu podrás amar y por el que serás amado para siempre».

La religión es el grito y susurro, nunca agotados en la historia de la humanidad, que rompen la soledad y las cerraduras del mundo. El cristianismo es la confesión de un mundo abierto a la esperanza porque previamente el Creador se nos ha abierto a nosotros, creándonos ojos nuevos para reconocerle Encarnado. Hacer silencio sobre esa historia de gracia y recluirnos en nuestros límites mortales es cercenar la mejor posibilidad humana: ver al Invisible, extendernos hasta el Infinito, vivir de una esperanza última que se revela matriz fecunda de esperanzas, creaciones y credenciales temporales. Los cristianos no pueden sucumbir ni a la provocación ni al silencio.

Al Dios que se nos ha hecho visible en la encarnación, los creyentes le trasparentan visible mediante actos explícitamente confesantes en sus celebraciones e instituciones propias, mediante las expresiones públicas y mediante el testimonio personal. A través de esas tres formas le hacen perceptible, inteligible y creíble. No le podemos callar, ocultar ni trasmutar, porque Dios es mucho más que ética o cultura; y no es reducible a ellas. Cada una de esas visibilizaciones de Dios tiene su lugar, lenguaje y signos apropiados, que no son intercambiables. Discernir y ejercitar los signos propios de esa visibilidad, haciendo justicia a la confesión cristiana a la vez que al ordenamiento jurídico y a la realidad social es un doble imperativo: tanto del cristiano y de la Iglesia para ejercitarlo como del Estado para reconocerlo. Con asombro y ternura estuvo Dios entre los hombres: con asombro y ternura podemos estar los hombres ante Dios. Ese es el último fundamento de la gloria y alegría de los mortales.

Olegario González de Cardedal es catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca.

Gracias a ti, que vas a Afganistán


Publicado en el blog de Eduardo San Martín...

"Acabábamos en embarcar en el AVE de Zaragoza a Madrid. A mi lado, un lugar vacío fue ocupado por una joven de unos veintitantos años. Cabellos castaños, nada en su atuendo ni en su aspecto delataba rasgos muy diferentes de los de cualquier joven española de su edad. A mitad de viaje, otros tres muchachos, una chica y dos chicos, entablaron conversación desde el pasillo con mi compañera de asiento. Pronto deduje que los cuatro eran militares españoles. Tenían su base, o así me pareció entender, en Gando (Canarias). La charla discurría entre intrascendencias sobre los pasaportes colectivos y sus inconvenientes y los preparativos para ir de copas esa noche en Madrid. “En la zona de la Gran Vía nos viene bien a todos”. Hasta que el diálogo se centró en sus próximos destinos. “Afganistán”. La palabra me paralizó y tuve que dejar mi lectura. La joven de mi izquierda se disponía a viajar en futuro próximo a aquel infierno. “Yo tengo que ir al menos una vez todos los años”, dijo la otra joven. Sus dos compañeros varones conocían también la experiencia. Recordaron con tristeza, pero sin dramatismo, a sus compañeros muertos pocos días antes. “Mis padres no están muy preocupados, pero a mi abuela no le voy a decir nada, sobre todo después de lo del cabo y el brigada. Estoy pensando que cuando vuelva le diré: ‘Abuela, ¿a qué no adivinas dónde he estado?’"Quien hablaba era la joven de mi izquierda. Volví por primera vez la vista hacia ella. Había pronunciado sus últimas palabras sin alterar la compostura, mezclando la gravedad de la referencia a sus compañeros caídos con un cierto tono divertido al mencionar a su abuela. La mía sí se había alterado. Me embargó un sentimiento de afecto profundo por aquellos cuatro jóvenes españoles y de intenso orgullo por lo que estaban haciendo por todos nosotros. Me conmovió la sencilla naturalidad con la que hablaban de su misión, tal vez porque, en su desprendida sencillez, no eran capaces de percibir la importante labor a la que habían dedicado algunos de los mejores años de sus vidas. Finalizado el viaje, ayudé a mi joven compañera de viaje a alcanzar su chaquetón del compartimento superior. “Muchas gracias”. Fue ella quien me las dio. Todavía hoy, casi 24 horas después, me recrimino por no haber sido yo quien se las diera a ella. No sé su nombre, ni los de sus compañeros, pero no podré olvidarlos en mucho tiempo".

Eduardo San Martín es director adjunto de Abc.

Cincuenta años sorprendentes

Cincuenta años sorprendentes


Cincuenta años de periodismo de José María Carrascal...

MI primer artículo apareció el 16 de diciembre de 1958, precisamente en ABC. Era un reportaje sobre el Berlín de las cuatro potencias ocupantes, encabezado por la foto de un Bundestag que mostraba, como toda la ciudad, las heridas de la guerra. En este medio siglo, el mundo ha dado muchas vueltas y han ocurrido muchas cosas, buenas y malas, pero sobre todo, sorprendentes. Sin salirnos de Berlín, tres años después, tuve que informar sobre el alzamiento del Muro, y creí que iba a morirme sin verlo derribado. Sin embargo, en 1989, se vino abajo, no por la fuerza de los tanques, sino de las ideologías. El Muro berlinés ocultaba uno de los mayores fraudes de la Edad Contemporánea: el del comunismo como sociedad más sana, más fuerte, más productiva que el capitalismo, utopía que ha cautivado a la humanidad desde su infancia. El desplome del Muro dejó al descubierto la cruda realidad que ocultaba, el abismo entre dirigentes y dirigidos, el fracaso de una economía incapaz de suministrar los bienes modernos a la población y, a veces, de alimentarla. Una realidad que se llevó por delante no sólo el imperio soviético, sino también a buena parte de la izquierda, que sigue en crisis, pese a todos sus intentos de recuperarse, incluido el de pedir prestadas fórmulas al capitalismo.

Pero no sólo la izquierda está en crisis. Lo está también la derecha, y ésta es otra de las grandes sorpresas. El desplome del Muro trajo el espejismo del «fin de la historia», la creencia de que se habían acabado las ideologías, al no haber alternativa a la democracia como sistema político y al mercado como sistema económico. En adelante, todo sería ensanchar la una y el otro hasta llegar a la «paz perpetua» que soñaba Kant. ¡Cuánto nos equivocábamos! La crisis de 2008 ha demostrado las catastróficas consecuencias de un mercado sin control, mientras las guerras de Afganistán e Irak están demostrando lo difícil que resulta exportar la democracia a culturas y países distintos a los nuestros. Es más, la paz no se ha impuesto ni siquiera en Europa, donde hemos tenido guerras en los Balcanes y acabamos de tener otra en el Cáucaso, por no hablar de las guerras sucias, como la que tenemos en el País Vasco. En otras palabras el mundo es tanto o más peligroso que en 1958.

Volviendo a aquel año, el mundo estaba regido entonces por dos superpotencias, con occidente anonadado por el golpe psicológico que significó el primer vuelo espacial soviético. El futuro parecía estar allí y el chiste en las recepciones diplomáticas era «los pesimistas aprenden ruso, los realistas, chino». Equivocándose en lo primero y acertando en lo segundo, si bien los chinos han adoptado el capitalismo como sistema económico, sin abandonar el comunismo como sistema político. ¿Es ésta la fórmula híbrida del futuro? Pues tampoco lo creo, aunque la experiencia aconseja no descartar nada. Tal vez sea la fórmula para ellos, pero desde luego, no lo es para nosotros.

El comunismo a secas no parece ser ya modelo para nadie y los residuos que quedan de él -Cuba, Corea del Norte- buscan desesperadamente una salida, sin encontrarla. Posiblemente se deba a considerarse un sistema perfecto, siendo imperfecta la condición humana, lo que les impide acoplarse y, más grave aún, impide al sistema evolucionar, que es otra de las leyes de la naturaleza. Mientras el capitalismo, con todos sus defectos, es infinitamente más flexible y no tiene inconveniente en irse adaptando a las circunstancias, autocorrigiéndose incluso con medidas contrarias a su filosofía, si es que tiene alguna. Así, acabamos de ver a gobiernos conservadores nacionalizar parte de la banca, mientras otros, socialistas, la capitalizaban. Un espectáculo inimaginable hace medio siglo. Pero es lo que ha permitido crecer al capitalismo, mientras el comunismo se estancaba.

El crecimiento del capitalismo durante estos cincuenta años, unido a un desarrollo tecnológico superior al de los veinte siglos anteriores juntos, ha acelerado la historia hasta el punto de producir vértigo, por la acumulación de acontecimientos, que somos incapaces de digerir. El hombre empieza a explorar los límites de la naturaleza, con sondas y telescopios que alcanzan los confines del universo y con aceleradores nucleares que intentan descubrir los elementos primordiales del átomo. Trasplantar órganos es ya una operación rutinaria y las células madre abren un campo inédito al tratamiento de enfermedades hasta ahora sin curación. Pero todo ello ha tenido un coste nada barato. El desarrollo material está afectando al equilibrio biológico del planeta, sin que sepamos si llegará a romperlo, pero que le afecta no ofrece lugar a dudas. El aumento de CO2 en la atmósfera, por ejemplo, no es una buena noticia para la humanidad, porque el CO2 es letal para ella. Aunque también es cierto que esa misma humanidad ha sabido salir airosa de todos los desafíos que se le han planteado hasta la fecha. Lo que tampoco garantiza que podrá seguir haciéndolo indefinidamente, al haberse convertido la humanidad en la mayor amenaza para la naturaleza.

¿Cuáles han sido los mayores cambios en este medio siglo? A bote pronto, diría que la liberación femenina, la irrupción de la mujer en todos los ámbitos de la vida pública, al menos en occidente. Ello ha traído, junto a enormes beneficios, costes importantes, incluso para ellas, que han de soportar la doble carga maternal y laboral, con alteraciones significativas en la familia, los hijos, las relaciones de pareja y sexuales, que todavía estamos digiriendo.

La globalización es otra de las grandes revoluciones. A caballo de la explosión de las comunicaciones, lo que ocurre en una esquina del planeta repercute al instante en la otra, como un terremoto global. Pero al mismo tiempo, está en marcha la tendencia opuesta: la individualización. Todo lo ocurrido en las últimas décadas tiende a potenciar el individuo sobre la comunidad. El coche le ha dado la posibilidad de desplazarse por su cuenta; el móvil, la de comunicarse desde cualquier sitio; la televisión por cable, la de elegir entretenimiento; la tarjeta de crédito, la de comprar cuanto desea. Incluso se habla del «derecho a tener 15 minutos de fama», lo que puede ser ilusorio, pues si todos somos famosos, nadie lo será realmente, como si todos somos ricos, tampoco lo seremos e incluso podemos convertirnos en pobres, como estamos viendo en la presente crisis. En cualquier caso, todo ha ido en provecho del individuo, nada de la comunidad, que se debilita. Una tendencia inquietante.

En estos 50 años hemos cambiado el mundo bastante más que a nosotros mismos, lo que arroja dudas sobre nuestro progreso. Al sueño comunista no le ha sucedido el sueño del progreso ininterrumpido y la paz perpetua como soñábamos. Le ha sucedido el individualismo exacerbado y la globalización acelerada, dos fuerzas contradictorias, con derivados como los nacionalismos y los fundamentalismos, claramente negativos. Cómo coordinarlos y domesticarlos va a ser la gran tarea del siglo que empieza.

En cuanto a profecías, basta lo expuesto para entender que son ejercicios fútiles. Las fundamos en experiencias que, al haber cambiado la realidad en que se dieron, ya no sirven. La aceleración que hemos dado a nuestra sociedad, a nuestra vida y a nuestro entorno igual puede conducirnos a un planeta mejor que a destruirlo. Dirijo la vista atrás, poniendo la mano a modo de visera para que no me deslumbren las catástrofes ni los triunfos, y llego a la conclusión de que, pese a todos los pesares, el mundo de hoy es mejor que el del Berlín destruido por la guerra. O sea, que soy un optimista escéptico. Pero tendrá que ser el periodista que, con enorme satisfacción, vea hoy publicado su primer artículo quien, dentro de 50 años, podrá decirlo realmente.

José María Carrascal en Abc.

Las calles del miedo

Las calles del miedo


Los pueblos de mayoría ’euskaldún’ en los valles guipuzcoanos del Urola y el Gohierri han interiorizado el terror a ETA. Impotentes ante la intimidación, construyen una vida aparte y se remiten a los políticos


El miedo y las brumas invernales cubren los valles del Urola y el Gohierri, fatalmente resignados a la convivencia con el asesinato y la coerción etarras. "Hijo, aquí lo mejor es oír, ver y callar, porque si no te pueden pegar tres tiros". La mansa reflexión del celador de la basílica de Loyola, situada a 300 metros de la esquina donde fue abatido el empresario Ignacio Uria, sintoniza con el conformismo de la nacionalista Azpeitia y de los 22 pueblos guipuzcoanos administrados por ANV y por el temor. El hostigamiento de las falanges independentistas, y las flaquezas de la condición humana, también hunden a las poblaciones de otras localidades en el apocamiento y la claudicación.

-Padre, la gente no habla mucho por aquí.

-¿Y cómo vas a hablar? Si lo haces, igual te matan. Prudencia, mucha prudencia. La señorita Prudencia es muy sabia.

-Pero la Iglesia...

-La Iglesia no permitiría que se hiciera política desde el púlpito. Lo mejor es oír, ver y callar, y rezar por los muertos. ¿Qué le parece la basílica?

La pasividad observada en el jesuita del santuario donde cantaba Uria dos veces por semana, entre los parroquianos de las tabernas de Zumárraga o Azkoitia, entre los carniceros del campeonato de morcillas de Ordizia o en las calles de Beasain o Zestoa, obedece a la combinación de complejos factores. El principal, y determinante, es el chantaje de las pistolas. Tampoco ayuda el carácter desmovilizador atribuido por sus críticos al discurso de las instituciones vascas, controladas por el PNV desde hace un cuarto de siglo. "Es desmovilizador en el sentido de que condena moralmente el terrorismo de ETA, pero también condena la violencia de Madrid. O sea, hay que aguantar porque todo se resolverá negociando la autodeterminación", resume un periodista local, obligado a llevar escolta. "Sumados los dos factores, la sociedad vasca se domestica y acaba por inclinar la cabeza".

La crueldad, el acobardamiento o la complicidad quedaron de manifiesto el pasado día 3, el día del crimen, en la sala de plenos del Ayuntamiento de Azpeitia, sin concejales del PSOE ni del PP, y sin la presencia de España por ningún rincón: ocho concejales del PNV, seis de ANV, dos de EA y uno de Aralar. Un cuñado del copropietario de la constructora Altuna y Uria no pudo contenerse al no condenarse unánimemente el atentado y rompió a llorar. Lloró casi a escondidas, arropado por la cuadrilla de amigos, pero zaherido por ANV: "No montes el numerito. Nosotros también hemos sufrido y seguimos sufriendo", le dijeron. Alguien gritó: "Un aplauso fuerte para Inazio". Y, nuevamente, la mediocridad y el desaliento: unos aplaudieron y otros abandonaron la sala sin hacerlo.

El día de la imposible entrevista con el alcalde de Azpeitia, Iñaki Irrazkin, de ANV, la fachada del Consistorio permanecía pelada, sin crespones de duelo ni señales de contrición. Junto a los soportales del Consistorio, tocando el cuartelillo de la policía municipal, un pasquín ilustra sobre la rutina de una localidad de 14.000 habitantes y pasado carlista: "Ciudadanos vascos presos e incomunicados. En riesgo de ser torturados. Tres compañeros están en manos de la Guardia Civil". Nada amigable, la secretaria del regidor, ubicada en la primera planta de un edificio dominado por las cumbres del macizo Izarraitz, escrutó a los dos forasteros.

-Buenos días, ¿podríamos hablar con el alcalde?

-No.

-¿Le importaría preguntar?

La secretaria se comunicó con el alcalde a través de un teléfono interior y así le planteó la solicitud de entrevista: Paiseko kazetari batzuk daude hemen. Ez duzu beraiekin hitz egin nahi , ez ta? (Aquí hay unos periodistas de EL PAÍS. No querrás hablar con ellos, ¿no?

-Dice que no los recibe.

La prensa españolista no es bienvenida en los feudos del independentismo violento, ni tampoco entre los vascos amedrentados o convencidos de que ETA existe porque "el Estado español" les robó los fueros vascos, tortura, cierra periódicos e ilegaliza partidos e ideas. El vecindario del Urola y el Gohierri rehuye hablar de ETA o la menciona en voz baja, con medias palabras y una cautela que al catedrático vizcaitarra José Luis Pinillos le recuerdan la mirada en los tiempos de la Gestapo (policía secreta del nazismo), der deustche Blick, la mirada alemana, una mirada que escrutaba el entorno antes de hablar para detectar la presencia de posibles delatores.

Los dos escoltas de Manoli Uranga, ex concejal socialista, también buscan sospechosos cuando barren con la mirada los accesos e interior el restaurante Kiruri, virtuoso de la lubina, el txakolí y el pichón de caserío. El empresario asesinado jugaba a las cartas hacia las 12.45 de cada día, muy cerca de la mesa donde la socialista euskaldún, amenazada de muerte, confiesa sus sueños y amarguras: "Lo que este pueblo necesita es libertad para poder vivir. Yo no puedo salir sola, pero estoy dispuesta a pasar lo que estoy pasando si acabamos con esto". La única concejal del PSE-PSOE en la pasada legislatura, que no repitió al faltarle 20 votos, pide al nacionalismo democrático un paso al frente contra ETA y su mundo. "¿Pero están dispuestos a vivir como nosotros? Aquí es muy fácil decir ’estamos contigo’, pero de eso a lo otro...".

El compromiso de Uranga contra la intolerancia se impuso a los cócteles molotov lanzados contra su domicilio, a las pintadas, el hostigamiento, las burlas, la soledad y las miradas que matan. Ocho años atrás, el 29 de julio del 2000, el día en que el ex gobernador civil de Guipúzcoa Juan María Jáuregui fue asesinado en una cafetería de Tolosa, la corajuda socialista recibió el primer aviso. "¡Gora Eta militarra!", le gritaron. "Sois enemigos del pueblo". Manoli Uranga se dio la vuelta en las escaleras de la afrenta y, también en vasco, respondió a sus linchadores sin ambages: "Los asesinos y enemigos del pueblo sois vosotros". "Hay gente nacionalista que se ha enfrentado al terrorismo individualmente, pero colectivamente fallan".

Muchas cosas fallan en el País Vasco. Las instituciones y los vecinos de Azpeitia, el colectivo al que alude Uranga, transitan por la calle Erdi sin inmutarse ante el santuario levantado a la violencia independentista en el escaparate de una taberna. Una pantalla de vídeo muestra uno tras otro, durante 24 horas al día, los rostros y la identidad de los cientos de presos de ETA. Preside el altar la bandera amarilla con el arrano beltza (el águila negra), el símbolo primigenio de la soberana e irrenunciable territorialidad de Euskal Herria. El cartelón colocado en la puerta de entrada instaba a la liberación de doce presos, bajo cuyo retrato se apostilla: "cáncer", "cáncer", "convulsiones", "epilepsia...". Casi de pasada, sin ser preguntada, una veinteañera que saca la basura espeta al mirón: "Y ya son casi 700 presos políticos que tenemos, eh".

El alcalde no quiso hablar con este diario. Pero su propuesta de pacificación, esbozada por la fugaz transeúnte de la calle del pasmo, fue comunicada en agosto del pasado año al lehendakari Juan José Ibarretxe, de visita oficial en el pueblo. La alternativa ofrecida es fundacional: "Este país necesita un nuevo marco democrático en el que las diferentes sensibilidades existentes puedan actuar y podamos decir libremente en torno a qué propuesta y qué marco político queremos tener, siempre y cuando la sociedad apoye este planteamiento". Algunas sensibilidades huelen a pólvora en buena parte de Euskadi, donde la libertad de expresión no existe o no es plena. Atestiguan sus carencias el mutismo y evanescencias de los vecinos consultados durante el recorrido por la ruta del sirimiri, el miedo y la resignación.

Los votantes del PSOE y del PP, vascoparlantes o no, viven en las catacumbas de los pueblos euskaldunes, amparados por una existencia silente y mutilada. Significarse públicamente como electores de las fuerzas políticas represivas complicaría la vida, y nadie quiere complicaciones. El coloquio intencionado con esa población cautiva no es fácil, y, cuando el periodista escucha hablar en castellano en un puente sobre el río Urola, corre a conversar con quien lo hace, una señora y su hijo pequeño que tira migas a los patos, pero naufraga clamorosamente al adentrarse en honduras, al abordar la esencia del problema o formular la pregunta del millón: la apatía ciudadana ante la sangre y el sufrimiento. "Uy, majo, esto está muy fastidiado. Agur".

Agur, eskerrik asko (gracias) y rumbo a la vecina Azkoitia, donde aguarda otra valiente: Pilar Elías, concejal del Partido Popular, viuda de Ramón Baglietto, asesinado en 1980 por Cándido Azpiazu, que abrió una cristalería frente a la casa de Pilar tras de salir de la cárcel. "¿A qué tiene miedo la gente? Pues a esa gentuza. El miedo es libre, pero la gente es muy cobarde y muy cómoda. No quieren meterse en líos. Para mí hay una cobardía impresionante". Levantan los hombros y se acabó. "No pasa nada. Eso sí, en privado te dicen: ’Ay, pobrecito. Ay, qué pena’, pero se acabó. Ahí termina todo". Vive protegida. "Y ya son casi 12 años así. Le digo esto para que vea como está la cosa por aquí. En lugar de ir a peor, vamos para atrás".

La gente subordina los aldabonazos de la conciencia a la comodidad de la convivencia. Porque al no poder vivir en la permanente y corrosiva tensión de los asesinatos, las bombas y los secuestros, activa mecanismos de defensa contra lo desagradable y angustioso. "Se niega la evidencia, se deforma esto, se sublima aquello, se aíslan los sentimientos de temor y compasión en unos compartimentos estancos donde no interfieran con el ejercicio corriente de la vida", según la tesis de José Luis Pinillos, catedrático de Psicología, que sabe mucho sobre otra clase de miedo: el de los vascos con hijos, familiares y amigos cercanos a ETA, que rechazan el terrorismo, pero temen que los suyos terminen presos o muertos.

"Nos encontramos muy solos. Y ahora dicen que la Vuelta Ciclista a España no debe pasar por aquí porque esto no es España. Por favor", prosigue Pilar Elías. "¿El PNV? Siempre ha sido muy ambiguo. Juzga como le conviene, pero siempre está más con ellos que con nosotros". ¿Pesimista? "Uff, para cambiar esto se tiene que detener a toda esta gentuza, meterla en la cárcel y de esa forma ya cambiaríamos, pero mientras anden por ahí y con la actitud del PNV, pues poco cabe esperar". Aunque Azkoitia es una localidad relativamente pequeña, apenas 10.000 habitantes, la concejala no conoce a sus votantes. "Nunca sé quién me vota, porque la persona que me vota a mí ya está marcada".

Nadie quiere quedar marcado, y entonces la modorra y ocultamiento de los votantes de los partidos constitucionalistas, de grado o por imperativo legal, son presa fácil de los radicales, que implican a sus electores en una organización casi militar, a toque de trompeta. Más o menos numerosos, a veces siempre los mismos, el activismo abertzale acude a las sesiones plenarias más calientes, integra comités ciudadanos y manifestaciones y no suele malgastar recursos durante el arrinconamiento del enemigo. "Si la presión que ejercen pueden causar graves trastornos psicológicos en determinadas personas o en su entorno, las mantienen y aumentan. Y si el objetivo tiene los apellidos vascos, les jode más", señala un sindicalista con residencia en la zona.

De regreso a Azpeitia -Guipúzcoa es un pañuelo-, una mujer de tez sonrosada, afable y mofletuda analiza la situación. A su manera. Lo hace con el castellano de quien apenas lo utiliza.

-Señora, ¿sabe dónde queda el batzoki?

-Ahí cerca. En la trasera de esa calle.

-Muchas gracias. Por cierto, está la cosa caliente, ¿no? El asesinato de Uria ha sido tremendo.

-Pero yo le digo una cosa: no son malos chicos [los asesinos]. Seguramente han estudiado en la misma escuela que yo y lamentan lo que han hecho, pero alguien les mete cosas en la cabeza.

-Pero es que el alcalde tampoco condena.

-Bueno, es que seguramente él también está amenazado por ETA.

-¿A quién votó usted?

-Ah, eso no se dice.

Nada o poco se dice públicamente contra los autores del atentado que costó la vida a un empresario y buen amigo de José María Bastida, el ex alcalde de Azpeitia durante 20 años, miembro del PNV. "La impotencia es total. Nos piden reaccionar, pero a ver cómo reaccionas ante un caso en el que te pegan tres tiros. Eso sí, la gente del pueblo y de los alrededores ha reaccionado como nunca". Habla un hombre nada cobarde durante el acoso sufrido en el ejercicio del cargo: un grupo de encapuchados le agredió en una tasca porque no cedía unos locales municipales a la previsible subversión batasuna. "Estamos hartos, hartos, hartos, pero desde hace muchos años. No ahora porque han matado a Inazio".

Pero los vecinos no quieren hablar, evitan drenar abiertamente la rabia y el hartazgo. "Les cuesta porque a veces los periodistas... No es que tengan miedo, lo que pasa es que los vascos somos así. Nos cuesta expresarnos, sacar afuera lo que sentimos dentro. Nos cuesta. Somos así y punto, pero estamos hartos. Y los que más sufrimos somos nosotros". El ex alcalde niega que ETA tenga deferencias con los nacionalistas. "A esos les importa poco. A veces se dice: ’Han matado a un socialista, a uno del PP’. No, no, les da lo mismo. Van a lo más fácil. En ese caso han ido a por Inazio porque era muy fácil matarle".

Las manipulaciones mediáticas le cabrean mucho. "Yo he pasado muchos años en la política y conozco los entresijos de lo que es parte de la política. No admito que, aprovechando esta triste ocasión, cierta prensa manipule. Y no digo en el caso de El PAÍS. ¿Y qué consiguen con eso? A la larga perdemos todos". ¿A qué manipulación se refiere? "Pues, por ejemplo, a que nos metan a todos en el mismo saco, como que todos somos lo mismo. Y eso no es así. Yo he estado muchos años amenazado y me he tenido que aguantar".

La cuadrilla de partida de Ignacio Uria en la cafetería Uranga también se dice manipulada cuando El Mundo publicó una fotografía en la que seguían jugando al tute el día del atentado, aparentemente como si nada, como si hubiera muerto de una gripe. La realidad es otra, según un comunicado de los contertulios: "Éramos unos compañeros consternados por lo ocurrido que, finalmente, optaron por jugar una partida de cartas en homenaje al amigo fallecido". También "acudimos al tanatorio consolando a la familia y rezando por el difunto, y fuimos al funeral y a la posterior concentración". No todos entendieron "que tuvieran los hígados" de jugar a las cartas, aunque fuera en homenaje al compañero de mesa, "en lugar de apedrear la sede de ANV", se escucha en algunos lugares.

La sede de Altuna y Uria, SA, dista 30 metros de la farola donde cayó herido de muerte Ignacio Uria Mendizábal. La familia acude todos los miércoles al lugar, señalado con una ofrenda floral, pero prefiere no hablar con la prensa. "Sólo le puedo decir que vamos a seguir trabajando porque nuestra responsabilidad es con las más de 400 familias que dependen de nosotros", dice un portavoz en una oficina de la empresa. "Ya lo hemos dicho todo". Un amigo de los Uria Mendizábal accede a relatar algunos detalles del descalabro emocional de una saga con 32 miembros en la empresa y cerca de 70 en las grandes comilonas y celebraciones. "Están destrozados, pero dispuestos a seguir adelante. Ellos nunca se metieron en política. Y como son tantos, pues imagino que votan diferente. Pero si usted repasa la lista de cargos políticos de cualquier tipo, ellos nunca aparecen".

Los trabajadores de la constructora que son miembros del sindicato ELA-STV, adscrito al PNV, suscribieron el comunicado de condena del asesinato, rechazado por los tres delegados de LAB, la central del independentismo. "La persistencia de ETA sólo nos trae sufrimiento y desánimo. Los atentados deben acabar de una vez por todas. Su obstinación resulta totalmente contraria a los intereses, deseos y aspiraciones de los trabajadores vascos", subraya la nota, cuidadosamente redactada, sin palabras malsonantes, para facilitar su firma. "Uno de los de LAB lloró cuando se enteró que habían matado a Inazio, pero, claro, el sindicato está por arriba...", según el amigo de la familia Uria, que suplica no ser identificado. "El miedo es como una bola que crece y se lleva todo por delante. ¿Y qué vamos a hacer? Son los políticos, los gobiernos de aquí y de allí, los que tienen que arreglar esto".

Y si en España no se torturara tantísimo, pues igual cambiaban las mentalidades de los vascos, dice uno sin asomo de duda: España es un Estado opresor con verdugos y potros de tortura que funden las bielas martirizando a destajo. "Y es que, además, la caverna mediática es la hostia con los vascos. Yo soy nacionalista y, cuando salgo de viaje y pongo la radio, es para descojonarse o echar a correr. Lo comentamos mucho los amigos". El socialista Miguel Reimúndez de Milán, concejal de Azkoitia, nacido en A Coruña, vive en Zumárraga y nada puede comentar en euskera porque no lo habla. Pero, al igual que las personas dispuestas a dar la cara en este reportaje, no tiene pelos en la lengua en castellano. "Lo mismo que se extendió la muerte y el terror al grito de ’¡Arriba o Viva España!’ hace setenta años, desde hace 40 se hace lo mismo al grito de Gora Euskadi Askatuta", señala. "Eso no quiere decir que todos los que gritaban ’Arriba España’ o ’Viva España’ defendieran el terror que se imponía, ni todos los que gritan Gora Euskadi Askatuta defiendan el terror actual; aunque, antes los unos y ahora los otros, les dan base y cobertura".

Trabajador en una fábrica, atribuye el pasotismo ciudadano a las supuestas complicaciones y a la desidia de la sociedad, "que olímpicamente pasa de todo". "¿Qué por qué me metí en las listas para concejal? Pues porque siempre he sido sindicalista en Comisiones Obreras y consideré que no podíamos perder el espacio político a nuestro alcance". Y de Zumárraga a San Sebastián, dejando atrás la turbulenta endogamia nacionalista de los valles y montañas guipuzcoanos y la enrevesada ruta de las proclamas de combate: "Gutunak Idatzi", "Presoak etxera", "Indepentzia", "Autodeterminazio", "Askatasuna".

Luis Daniel Izpizua, profesor en un instituto donostiarra, escritor e inteligente observador de las pasiones humanas, critica el quietismo ciudadano y político y la perversa y estéril repetición de las emociones: "Lo que se subraya tras los crímenes cometidos por ETA son las reacciones emocionales, un factor que sirve para señalar la buena o la mala conciencia social, pero que, en mi opinión, es irrelevante". Él no puede sufrir por el asesinato de Ignacio Uria como lo harían sus allegados, ni se le puede exigir que lo haga, "pero sí puedo reprobarlo moral y políticamente y actuar en consecuencia. Es esto último, y no un sufrimiento empático, lo que se le puede exigir a una sociedad amenazada por el terror, y la escenificación de un dolor improbable no puede servir de paliativo para esa exigencia".

Catedrático de Lengua y Literatura españolas, Izpizua apuesta por un vuelco electoral en el Gobierno y Parlamento vascos, y también en los comportamientos sociales y políticos de Euskadi. "Pero si no ocurre, tampoco caeré en el fatalismo. Ya tengo un poco de callo". Llueve intensamente en San Sebastián y en el balcón principal del Ayuntamiento, junto a la playa de la Concha, ondean la bandera española, la ikurriña y la de la UE. La española tremola sin mucho entusiasmo, casi por imperativo legal. -

Juan Jesús Aznárez en El País.

El problema de la realidad

El problema de la realidad


La realidad no sólo es inabarcable: es inasumible. Dejemos de lado la filosofía y, del modo más pedestre, definamos la realidad simplemente como la hilación de lo que pasa. Ni usted ni yo podemos soportar eso, salvo en pequeñísimas dosis. Supongamos que tenemos delante un plato de huevos con tocino; podemos imaginar, más o menos, en qué condiciones vive la gallina que puso este huevo, o cómo y con qué se fabricaron los piensos que alimentaron a la gallina y al cerdo, o cómo gritó el cerdo antes de morir; incluso, recreándonos, podemos fantasear con que el animal estaba aún vivo cuando se le arrancaban las vísceras. Disponemos de la información suficiente para saber cómo funcionan estas cosas. Pero preferimos no verlas personalmente.

La mayoría de las personas gozamos de un bajo nivel de sensibilidad y de una extraordinaria capacidad para limitar nuestra percepción de la realidad a lo inmediato y conocido, obviando otras realidades desagradables. Leemos sobre la guerra en la región congoleña de los Grandes Lagos y adquirimos plena conciencia de que se trata de un conflicto muy cruel, sucio. Leemos un poco más y descubrimos que una de las claves de esa guerra es el coltán que se obtiene en las minas de la zona (gracias al trabajo de niños esclavizados) y se utiliza cada vez más para fabricar ordenadores portátiles y teléfonos móviles. No tenemos gran dificultad para relacionar la guerra del Congo con el teléfono que llevamos en el bolsillo y, por tanto, con nosotros mismos. Tampoco tenemos mayor dificultad en pasar página y empezar a leer otra cosa mientras nos comemos, si se tercia, los huevos con tocino.

No hace falta ponerse tan tremendos para referirnos a la realidad y a lo poco que nos conviene asumirla. Hay ejemplos menos incruentos. El votante de Convergència puede enterarse de que el líder del partido, Artur Mas, tiene un padre cuyos ahorros, un par de millones, aparecieron en Liechtenstein. Dicho votante puede deducir la existencia de un posible fraude fiscal por parte del señor Mas senior, e incluso sonreír ante el hecho de que el señor Mas junior denuncie una y otra vez la presunta injusticia fiscal a la que Cataluña se ve sometida por esa cosa abstracta que los catalanes llamamos Madrid. El votante, sin embargo, está preparado para encajar esas contradicciones tan propias de la realidad. Difícilmente cambiará su voto en las próximas elecciones.

El negocio de la prensa se basa, o debería basarse, en la realidad. A veces podemos arriesgarnos a explicar por qué pasa lo que pasa, e incluso qué pasará después. La materia prima de esta industria, en cualquier caso, es lo que pasa: pequeños fragmentos de realidad, generalmente llenos de impurezas, que conviene lavar y verificar antes de revenderlos (a usted) con la menor manipulación posible.

La imagen suele identificarse con la realidad. No siempre se corresponde con ella, porque quien extrae la imagen elige lentes, distancias, campo, luz; pero convengamos en que una fotografía o una filmación (sin trucos) constituyen un material fiable.

Entre la gente que trabaja con imágenes se encuentran las personas más esforzadas de la prensa. Por decirlo de alguna forma, son quienes están obligados a ver cómo vive la gallina, a escuchar los gritos del cerdo y contemplar cómo le arrancan las vísceras. Sin intermediarios ni abstracciones. Dado que no es posible hablar de todos ellos, mencionaré a uno como arquetipo: Gervasio Sánchez. Si usted se hace una idea de lo que fue el sitio de Sarajevo, lo que fue la guerra sucia en El Salvador, de las amputaciones que causa una mina antipersona o de la tragedia crónica que devasta la región de los Grandes Lagos, es casi seguro que ha consumido algunos de los fragmentos de realidad que Gervasio Sánchez, colaborador del Heraldo de Aragón, La Vanguardia y en ocasiones de este diario, viene sirviéndole desde hace tres décadas. Menciono a Gervasio, insisto, en nombre de todos, e incluyo a quienes murieron por acercarse demasiado a ciertas realidades peligrosas, desde Juantxu Rodríguez hasta Miguel Gil, pasando por José Couto.

Espero que el fotógrafo José Cendón, secuestrado en Somalia, se encuentre ya libre cuando se publiquen estas líneas. Espero no tener que escuchar de nuevo lo de "ellos se lo buscan": si no fuera por estos tipos capaces de chapotear en la realidad, ni yo podría cobrar por este artículo ni usted sabría qué hay más allá de su plato, de su teléfono, de su periódico.

Enric González

Navidad

Navidad


Lógica de Dios

Donde acaba la ciudad
y empieza el miedo,
donde terminan los caminos
y empiezan las preguntas,
cerca de los pastores
y lejos de los dueños,
en el calor de María
y en el frío del invierno,
viniendo de la eternidad
y gestándose en el tiempo,
salvación poderosa para todos
en una fragilidad recién nacida,
liberador de todos los yugos
atado a un edicto del imperio,
rebajado hasta un pesebre de animales
el que a todos nos sube hasta los cielos,
nació el Hijo del Padre,
Jesús, el hijo de María.

Sólo abajo está el Señor del mundo
que nosotros soñamos en lo alto.
Aquí se ve la grandeza de Dios
contemplando la humildad de este pequeño.

Aquí está la lógica de Dios,
rompiendo el discurso de los sabios.
Aquí ya está toda la salvación de Dios
que llenará todos los pueblos y los siglos.

Benjamín González Buelta, sj

Por qué es mejor dar el dinero a las mujeres

Crean más riqueza y son más fiables que los hombres - España se suma a la perspectiva de género con más créditos para ellas en la ayuda al desarrollo


Ayudar más a la mujer da mejores resultados y España se ha apuntado a esta doctrina con voluntad de liderar la cooperación de género. Tres décadas después, la intuición de Muhammad Yunus, el hombre que decidió que el 95% de las beneficiarias de su banco para pobres fueran mujeres, se ha convertido en un principio universal que rige las políticas de ayuda al desarrollo de organismos como la ONU o el Banco Mundial: "Son mejores luchadoras contra la pobreza que los hombres", asegura Yunus. El descubrimiento le valió un Premio Nobel de la Paz (2006) y el poder decir 30 años después que ha conseguido sacar de la pobreza a seis millones de personas.

"Son las más pobres entre los pobres. Y están desesperadas por cuidar adecuadamente a sus hijos. Ellos no están al lado de sus hijos en tiempos de crisis. Ellas sí. Tienen más razones para salir de la pobreza, los suyos", asegura Muhammad Yunus.

Siete de cada 10 personas que tienen hambre en estos momentos en el mundo son mujeres, según la ONU. Realizan más de dos tercios del trabajo no remunerado, es decir, el equivalente a 11 billones de dólares (7 billones de euros), según el PNUD, pero sólo reciben el 10% de los ingresos y poseen el 1% de los medios de producción. Son las más afectadas por la pobreza y a la vez las que más posibilidades tienen de combatirla, porque por encima de todo son gestoras del hogar, las que cuidan del bienestar de los hijos, futuras generaciones de pobres y analfabetos... o no.

Cuando Yunus puso en marcha en 1976, con sólo 27 dólares, su idea del banco para pobres, observó que lo primero que hacían las mujeres de Bangladesh cuando tenían ingresos era recuperar a sus hijos de las casas de los ricos donde los habían dejado trabajando a cambio de comida. Lo segundo, enviarlos al colegio.

"La igualdad entre hombres y mujeres es un factor fundamental para luchar de forma eficaz y sostenible contra la pobreza", dice la Declaración de Objetivos del Milenio de la ONU. España pretende abanderar ese nuevo enfoque de la ayuda al desarrollo. La vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, anunció en el tercer encuentro hispano-africano de mujeres que España promoverá la creación de un fondo de género en la ONU para financiar políticas de igualdad. En esta legislatura, el Gobierno ha aumentado un 400% la cooperación destinada a mujeres y España es ya el tercer donante de microcréditos del mundo por detrás del Banco Mundial y Alemania.

"Son siempre las más vulnerables entre los vulnerables. Pero, además, son la palanca de cambio en la mayoría de países porque su lucha es la lucha de los derechos de todos. Son el motor del desarrollo porque de ellas depende la alimentación y la educación de sus hijos. No entendemos el desarrollo de un país sin igualdad de oportunidades. Por eso nos comprometemos a terminar la legislatura destinando el 15% de la ayuda al desarrollo a mujeres. Ya somos el primer donante de Unifem [Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer]", explica la secretaria de Estado de Cooperación, Leire Pajín.

"En casi todas las culturas, las mujeres, especialmente las pobres, son ciudadanos de segunda clase. Ése es el poder del microcrédito: pone el poder, en forma de dinero, directamente en las manos de las mujeres", explica Sam Daley-Harris, director de un movimiento de microfinanciación del que se han beneficiado 100 millones de familias pobres de todo el mundo.

"Cuando el préstamo entra en una familia a través de una mujer, los beneficios van directamente al bienestar de toda la familia: los niños van al colegio, comen mejor, el tejado está arreglado... Cuando se trata de un hombre, hay demasiadas posibilidades de que acabe en licor", añadió Daley- Harris. La misma tesis mantiene Rosahneh Zafar, discípula de Yunus y presidenta de la Fundación Kashf (milagro) de Bangladesh, con 260.000 beneficiadas de microcréditos: "Si una mujer gana un dólar, gasta el 70% en su familia. Un hombre le dedica el 30%".

Zafar y Daley-Harris participaron la semana pasada en Madrid en una conferencia internacional sobre microcréditos organizada por Casa África y Casa Asia en el CaixaForum, que ha reunido a los siete responsables de las entidades microfinancieras más importantes del mundo. Entre los siete han sacado de la pobreza a decenas de millones de personas, decenas de millones de milagros.

"Un día, el marido de Perveen no pudo aguantar la presión de ser incapaz de alimentar a su mujer y a sus cuatro hijos y se suicidó. Perveen se dio cuenta de que tenía dos opciones: aceptar la caridad de sus vecinos y depender para siempre de los demás, o pedir un préstamo y actuar. Escogió lo segundo. Nunca había salido de casa. Ahora tiene un negocio con el que viaja constantemente y sus hijos reciben una educación", recuerda Zafar de una cliente.

Pero la fórmula se enfrenta al peor reto de su historia, la subida del precio de los alimentos. "Si en cinco años sacamos de la pobreza a 50 millones de personas a través de microcréditos, ahora 25 millones van a volver a ser pobres porque el precio de su materia prima se ha triplicado y sus ingresos no", lamentó Zafar. Yunus tampoco es optimista: "Es muy grave. Supone una presión enorme sobre los prestatarios, porque sus ingresos aumentan poco a poco, pero el precio de los alimentos sube muy rápido. Y lo peor es que no es algo temporal".

España destina más del 62% de los préstamos del Fondo de Concesión de Microcréditos a mujeres. Muchas de ellas solas. "En Madagascar, por ejemplo, muchos maridos se han ido y ellas están endeudadas por la usura, que les cobra intereses del 100% o 200%. Con los microcréditos, con pagos muy fraccionados y pequeños, pueden comprar arroz y hacer pastelitos, venderlos, ir aumentando sus ingresos, incorporar a los hijos a la microempresa y ahorrar", explica Beatriz Morant, responsable del área de África, Asia y Europa Oriental de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). "En Marruecos hemos invertido 45 millones de euros en microcréditos, y las mujeres han generado más del doble con su actividad". Al otro lado del teléfono, Nezha Ouardi, una de las marroquíes beneficiadas, lo corrobora: "Me dieron 500 euros para montar un negocio de artesanía. Ahora algunos de mis productos los vendo por 400. He podido ayudar a mis seis hermanos".

"El índice de morosidad en las mujeres es prácticamente inexistente porque la vida de sus hijos está en juego. He visto a un grupo sacar adelante una población entera montando un negocio de venta de champús", asegura Pilar Gómez-Acebo, presidenta de honor de la Federación de Mujeres Empresarias, implicada en proyectos de cooperación de género.

La garantía de éxito, según Manuel Cadarso, consejero técnico de Microcréditos de la AECID, es que se trata de "una cadena de esfuerzos": "El Gobierno español hace un esfuerzo destinando unos fondos que en cualquier otro mercado obtendrían mayor rentabilidad. Y la mujer que recibe el microcrédito hace un esfuerzo mayor para sacar adelante su negocio y poder devolverlo".

Guadalupe Ruiz, de 40 años, nacida en Chiapas, nunca pensó que ganaría más que su marido. Hace un año ni siquiera trabajaba. Ella y su hija de 13 años malvivían con los 5.000 pesos (unos 300 euros) que él, chófer, ganaba al mes. "Una amiga que había montado un negocio de venta de zapatos me habló de los microcréditos. Empecé con uno de 5.000 pesos y acaban de darme uno de 20.000 [1.250 euros]. He montado un pequeño negocio de venta de ropa. He mejorado mi casa, pagado las deudas de un terrenito y acabo de tener un bebé. ¡Nunca había tenido ahorros!".

Unicreich, la entidad que concedió a Guadalupe el microcrédito, gestiona un millón de euros de cooperación española para microcréditos en Chiapas. El 85% de las beneficiadas son mujeres. "Tienen muy bajo nivel cultural, el 10% no saben leer ni escribir y muchas están solas porque aquí hay mucha deserción familiar, por emigración y sobre todo por problemas de violencia familiar, alcoholismo....", explica Isabel Camacho, directora de la entidad.

En México, la Fundación Interamericana, financiada por el Gobierno estadounidense, va a poner en marcha un proyecto para ayudar a mujeres a las que la emigración de los padres de sus hijos en busca de una vida mejor ha dejado a merced de unas remesas no siempre puntuales. "Al principio las reciben frecuentemente, pero luego empiezan a escasear. Muchas veces sus maridos construyen una segunda familia en el país de emigración. Nuestro proyecto quiere ofrecerles apoyo psicológico y ayuda para que monten microempresas y tengan sus propios ingresos", explica Marcy Kelly, responsable para México de la fundación.

El microcrédito es, de las fórmulas de ayuda de cooperación de género, probablemente la más agradecida. Los resultados se ven a corto plazo y con muy poco suele conseguirse mucho. La parte más difícil y también la más difusa es lo que se ha bautizado como "empoderamiento" de las mujeres. En el caso de España, apoyando a asociaciones femeninas locales como Las Dignas, en El Salvador, contra la violencia machista; "asesorando al Gobierno peruano en la elaboración de un plan de igualdad de oportunidades", explica Itziar González, directora de la oficina técnica de cooperación en Lima; o favoreciendo programas de salud reproductiva y planificación familiar en África y Centroamérica.

Este último apartado es clave. En los países ricos la tasa de natalidad es de "reemplazo", es decir, dos hijos. En los países más pobres asciende a cinco o más, lo que produce una presión enorme sobre los recursos alimenticios, impide la adecuada nutrición y educación de los niños y, en definitiva, origina una nueva generación aún más pobre. Jeffrey D. Sachs, el economista que ha recorrido el mundo asesorando economías en crisis, lo llama la "trampa demográfica". La trampa que sume a los países pobres en una pobreza cada vez más profunda.

Pero implantar estos programas no es fácil en según qué países. "Este trabajo hay que hacerlo desde la propia conciencia que las mujeres tienen de sus derechos en cada país para que no sea una injerencia cultural", explica Juana Bengoa, vocal de género de la Coordinadora de ONG de Desarrollo. De la Vega se declaró horrorizada tras posar con un hombre y sus tres esposas en Níger. Pero el texto y propósito del encuentro, la Declaración de Niamey, se firmó sin una sola palabra de condena a la poligamia.

Natalia Junquera en El País.

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