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Rebélate contra la pobreza

Rebélate contra la pobreza

Las mesas no se llenan con promesas

A finales de los años 60, el Banco Mundial encargó un informe que fue publicado en 1969 con el título “El desarrollo, empresa común”, cuya dirección estuvo a cargo del economista, premio Nobel y ex-primer ministro canadiense Lester Pearson; a su juicio el objetivo de la cooperación al desarrollo debía ser “reducir las disparidades, suprimir las injusticias y ayudar a los países más pobres a entrar, por su propia vía, en la época industrial y tecnológica, de suerte que el mundo no se divida de modo cada vez más tajante en ricos y pobres, privilegiados y menos privilegiados”. Para ello planteaba una nueva estrategia de ayuda al desarrollo resumida en 10 puntos, uno de los cuales era el aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) hasta alcanzar el 0´7 % del PIB de los países donantes. Este compromiso fue formulado en el seno de Naciones Unidas a comienzos de los 70. Después de casi 40 años solamente 5 países han llegado a ese compromiso del 0’7%. La realidad es que en los últimos años la AOD del conjunto de países donantes ha disminuido.

Los gobiernos de los países ricos han hecho desde entonces muchas promesas de lucha contra la pobreza, pero casi todo ha quedado en realizaciones parciales cuando no en incumplimientos totales, fundamentalmente por la falta de voluntad política para adoptar las medidas necesarias y destinar los recursos suficientes.

El 8 de septiembre del año 2000, 189 jefes de Estado y de Gobierno, reunidos en una Cumbre convocada por Naciones Unidas, firmaron la Declaración del Milenio. En ella, entre otras cosas, se comprometían a trabajar en los siguientes 15 años sobre un conjunto de objetivos para lograr reducir la pobreza. Son los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que suponen una síntesis y relanzamiento de algunos de los principales compromisos internacionales de lucha contra la pobreza realizados en las décadas anteriores.

Estos objetivos solamente pueden interpretarse como compromisos de mínimos: es lo mínimo que la comunidad internacional debe garantizar antes de 2015 en el esfuerzo común de lucha contra la pobreza. Sin embargo, como ha podido verse en la cumbre de Naciones Unidas celebrada el mes pasado para hacer seguimiento de estos ODM, esos mínimos no se van a alcanzar.

En estos años se han prometido más cosas; los países desarrollados hicieron en el año 2002 en la Cumbre de Monterrey unas promesas de incremento de la ayuda al desarrollo, pero tampoco se han cumplido. El G-8, los países más ricos y poderosos de la tierra, reunidos en Gleneagles hace tres años, hicieron una serie de promesas, especialmente orientadas a África, pero de todo aquello no se ha cumplido ni la mitad.

Las promesas importantes, las que valen de verdad, no son las que se hacen sino las que se cumplen. Las promesas no dan de comer; aunque en el año 1996 los países miembros de la FAO se comprometieron a reducir a la mitad el número de personas hambrientas, la realidad es que esa cifra ha ido aumentando año por año, y que sólo en este último año ha aumentado en unos 75 millones de personas, acercándose ya a los mil millones en situación de hambre. Las promesas no les dan de comer.

Hace falta presionar a los grandes decisores políticos y económicos a nivel mundial para que cumplan lo que han prometido reiteradamente. Hace falta que cada una de esas personas que tiene en sus manos decisiones que afectan a la vida o la muerte de millones de seres humanos sepa que nuestra sociedad no quiere más promesas, sino realidades, cumplimientos, resultados. Y para eso haces falta tú, y tú, y él, y yo… hacemos falta todas aquellas personas a las que no nos gustan las promesas incumplidas, a las que nos duelen el hambre y la pobreza de cada ser humano.

Entre el 12 y el 19 de octubre celebramos la semana de movilización contra la pobreza, y la celebremos en todo el mundo. Multitud de ONG, de movimientos sociales, de personas solidarias en muchos lugares de muchos países de todos los continentes van a hacer oír esta voz que clama por el cumplimiento de las promesas. También en muchos lugares de la geografía española hay gente comprometida que está organizando multitud de actividades de sensibilización y de movilización para hacer resonar este mensaje: las promesas hay que cumplirlas. Especialmente queremos que el día 17 sea un día que tenga un gran eco en esta reclamación, y para eso necesitamos a todos los hombres y mujeres sensibles con esta causa para que unamos nuestra voz y hagamos llegar con contundencia este mensaje a los líderes mundiales.

El 17 de octubre no te quedes en casa; sal a la calle y reclama el cumplimiento de las promesas. Únete a todos los que pensamos que la actual crisis económica, financiera y alimentaria afecta de forma mucho más intensa a los más vulnerables. Suma tu presencia y tu voz a este clamor global de lucha contra la pobreza. Os invitamos a participar en las manifestaciones contra la pobreza que habrá en diversos lugares de España el día 17 de octubre. En decenas de localidades españolas se están organizando actividades y movilizaciones; puedes encontrar información en la web www.rebelatecontralapobreza.org

A cada persona que esté leyendo este mensaje, a quienes no sois indiferentes ante esta realidad, os pedimos vuestro respaldo, vuestro compromiso personal; que tengáis presente en vuestro día a día la posibilidad de ejercer vuestra solidaridad, y os pedimos también que hagáis público ese compromiso ante nuestra sociedad y ante los gobernantes mundiales saliendo a la calle el próximo 17 de octubre. Las promesas son para cumplirlas, y hay que reclamarlas.

José María Medina es Presidente de la Coordinadora de ONG para el Desarrollo de España.

Idas y venidas


Visto en el blog cvx-e.

Solidaridad en tiempos de crisis

Solidaridad en tiempos de crisis


La actual crisis económica hace que todos nos replanteemos nuestro presupuesto y busquemos sacarle el mejor partido a nuestros recursos económicos. Familias, empresas y organizaciones reducimos nuestros gastos para afrontar los próximos meses, esperando que esta situación temporal cambie lo antes posible. En momentos así es cuando más valor tiene la solidaridad. Ahora se evidencia realmente nuestra generosidad con los más necesitados, los más vulnerables. Ahora más que nunca debemos dedicar el dinero a lo que de verdad vale la pena. En época de bonanza económica, cuando el donativo no supone ninguna renuncia, cualquiera puede ser solidario, pero el compromiso auténtico, la verdadera solidaridad, se demuestra cuando las cosas no van tan bien y, a pesar de ello, seguimos esforzándonos por ayudar a quien lo necesita.
Por ello es tan importante en estos tiempos de preocupación por el futuro seguir informando y concienciando de la pobreza y la precariedad en que viven millones de personas (en el tercer mundo, pero también en el primero). La crisis económica no solo es una realidad para nosotros: lo es para todas las personas en los países del sur, que por la subida de precios de los alimentos han pasado de dos comidas al día a una, han retirado a sus hijos de la escuela o han renunciado a unas medicinas que ya no pueden pagar.

LA TELEVISIÓN ha mostrado estas últimas semanas las tormentas y huracanes que han azotado sin piedad el Caribe, causando cientos de muertos y miles de desplazados solo en Haití. Como cada año, llueve sobre mojado en el país más pobre de América. La diferencia esta vez es que Haití estaba ya al borde del colapso mucho antes de que llegaran las inundaciones. En abril, la crisis alimentaria provocó disturbios en la capital, Puerto Príncipe, que se saldaron con cinco muertos y la dimisión del primer ministro. La lluvia que ha caído sin pausa estas semanas no solo ha destrozado las infraestructuras de por sí endebles del país, sino que ha inundado el valle Artibonite, en el que se cultiva el 80% del arroz haitiano, justo cuando llegaba la hora de la cosecha. Así que los precios, ya de por sí muy altos, seguirán subiendo sin respiro.

Quizá la población consuma ahora pasteles de barro, que desde hace un cierto tiempo forman parte de la dieta habitual en uno de los barrios de chabolas de la capital, el mal llamado Cité du Soleil. Es el único alimento que escapa a la tendencia inflacionista. En situaciones como esta, la comunidad internacional debe actuar a tiempo y proporcionar la ayuda necesaria para reconstruir el país y, ante todo, para alimentar a la población. ¿O es posible escudarse en la crisis económica global para no actuar ante una catástrofe humanitaria local de esta envergadura?

En los últimos meses también nos ha llegado a través de los medios la peor cara de Etiopía: la de la desnutrición. En las áreas afectadas por la sequía, las familias etíopes ignoran la crisis mundial y sus causas. Lo que conocen bien son sus efectos. En el último año, las lluvias escasearon en muchas zonas de las regiones de Afar, Somalí, Oromya y Sur. Encima, el precio de los cereales se disparó, lo que privó a muchos de su alimento principal. En los mercados el precio del teff, el cereal con que se prepara el pan básico del país, ha aumentado casi un 40%.

Así que la principal preocupación de las familias, sobre todo en las zonas rurales, es conseguir comida para el día siguiente. Han perdido cosecha tras cosecha y tampoco se han salvado los animales, el principal medio de vida de estas comunidades dedicadas mayoritariamente al pastoreo. Según el Programa Mundial de Alimentos, hay 10 millones de afectados por la crisis. Dentro de un mes empieza la cosecha, pero por casi todo el país los campos siguen secos. La poca lluvia de los últimos meses apenas ayudará a una minoría. La gran mayoría de etíopes seguirán obligados a esperar la ayuda internacional, que tarda en llegar y que también se ve afectada por los precios del mercado: si los presupuestos destinados a ayuda humanitaria y cooperación no aumentan, pero los precios de los alimentos se triplican, una organización que antes repartía tres sacos de trigo hoy estará dando tan solo uno.

SON SOLO dos claros ejemplos que ilustran una situación muy grave que no podemos ignorar. Girar la vista y centrarnos en nuestros problemas domésticos no es admisible. La solidaridad es un valor humano que todos debemos mantener en momentos así, cuando es más necesaria que nunca. Si, después de revisar su presupuesto familiar, algún donante se ve obligado a reducir parcialmente sus donativos o su tiempo, que no su compromiso, las organizaciones nos habremos de adaptar al nuevo escenario. Pero me preocupan especialmente en esta situación los avisos de diversos estamentos gubernamentales y autonómicos que apuntan a retrasos en los compromisos de alcanzar a medio plazo porcentajes de ayuda del 0,7%. En Intermón Oxfam y en muchas otras organizaciones trabajamos cada día para que la situación de muchas personas pueda mejorar. Personas que luchan por su supervivencia y por acceder a una vida digna, para sí y para sus hijos. La dignidad humana es una constante, no depende de la coyuntura. La auténtica solidaridad, tampoco.

Arianne Arpa es directora general de Intermón Oxfam.

Dean Martin y la ataraxia

Dean Martin y la ataraxia

La felicidad no debe ser confundida con el bienestar, o con la euforia. En un sentido heroico, podría estar relacionada con el cumplimiento del deber. Lo más cercano a un concepto sensato de la felicidad sigue siendo un viejo concepto griego, la ataraxia: un camino de equilibrio emocional, control de las pasiones y fortaleza de ánimo.

Se supone que las personas ansiamos la felicidad por encima de cualquier otra cosa. Pero faltan modelos. Incluso las grandes figuras religiosas tienen sus fallos. La madre Teresa de Calcuta cumplió con mucho más que su deber, demostró una enorme fortaleza y controló, hasta donde sabemos, sus pasiones; sufrió, sin embargo, tremendas crisis de fe que la hicieron infeliz en algunas fases de su vida. Existe también la opción oriental de la meditación y la renuncia, demasiado austera para mi gusto.

La gran pregunta es: ¿puede ser feliz un hombre con una copa en la mano, un chiste en los labios, un montón de mujeres alrededor y una montaña de dólares en el banco? Mi opinión es que sí. Absolutamente, sí. Pongo como prueba a Dean Martin. No cabe duda de que fue el hombre más cool del siglo XX. Yo sostengo que fue también el más feliz.

Dino Paul Crocetti (1917-1995), conocido como Dean Martin, nació en una aldea de Ohio y trabajó como contrabandista de alcohol, crupier, obrero metalúrgico, escritor de chistes, boxeador, cantante, pareja artística de Jerry Lewis, actor y presentador de televisión. Se le recuerda sobre todo como miembro fundador del rat pack de Frank Sinatra, como personaje relacionado con la mafia y como crooner borrachuzo.

Ésa fue la imagen pública que forjó para ocultarse, para no ofender con su elegancia y disponer de margen para desarrollar su particular ataraxia. En realidad, era Sinatra quien sentía hacia Martin una curiosa dependencia psicológica, y era Sinatra quien mantenía las relaciones mafiosas. En cuanto al vaso, Shirley MacLaine, que también perteneció al rat pack, reveló en su autobiografía que solía estar lleno de zumo de manzana. A Martin le gustaba el J&B, y lo consumía en grandes cantidades, pero también le gustaba trabajar sobrio y acostarse temprano.

Martin parecía no tener pasiones, ni opiniones, ni ideología. Se mostraba indiferente a todo. Jeanne Biegger, que estuvo casada con él durante 24 años, afirmó que ni ella ni nadie sabían quién se escondía en el interior de aquel tipo bromista, sonriente, que fascinaba por igual a hombres y mujeres. Jamás discutió. Si algo no le gustaba, contaba un chiste y se iba.

Como no daba importancia a su éxito, los demás tampoco se lo daban. Tiende a olvidarse que Elvis Presley reconoció haber copiado su fraseo para interpretar canciones como Love me tender o Are you lonesome tonight?; que ya casi en la vejez desbancó del número uno de ventas a los Beatles con Everybody loves somebody sometimes; que obtuvo no una, sino tres estrellas (como cantante, como actor y como showman) en el Paseo de la Fama de Hollywood; que tuvo uno de los programas televisivos más exitosos y duraderos de la televisión estadounidense, y que murió con 50 millones de dólares en el banco y el mayor paquete de acciones en la productora RCA.

También se olvida a veces que fue, con Sinatra y Sammy Davis Jr., uno de los principales contribuyentes económicos a la campaña de Martin Luther King por los derechos civiles de los negros.

¿Equilibrio emocional? Lo demostró en abundancia. Carecía de vanidad, y no le importaba trabajar en películas malísimas con tal de que el ambiente fuera divertido; se zambulló durante años en los disparates orgiásticos que Sinatra organizaba en Las Vegas, sin dejar de portarse como un caballero; fue, tal vez, el único amigo de Marilyn Monroe que no abusó de ella.

¿Control de las pasiones? Sufría de claustrofobia, y supo curarse él mismo: se encerró en un pequeño ascensor y permaneció en él, subiendo y bajando un rascacielos neoyorquino, sudando y desmayándose, hasta que desapareció la ansiedad.

¿Fortaleza de ánimo? Cuando Sinatra se empeñó en realizar una última gran gira con el rat pack, en 1988, hacía pocos meses de la muerte de Dino, uno de los ocho hijos de Dean Martin. Además, sufría de enfisema. Le horrorizaba la idea de que tres viejos dieran el espectáculo en los mayores estadios del país. Pero nunca había fallado a los amigos, y tampoco podía fallar esta vez. Acudió a la cita, sabiendo que harían el ridículo.

Murió sin enemigos, el día de Navidad de 1995. Diez años después consiguió un disco de oro por un álbum póstumo de grandes éxitos. Hace dos años, en 2006, todavía colocó una canción (Baby, it’s cold outside) entre las 10 más vendidas en Estados Unidos.

Todo esto lo hizo tranquilo, sonriente, con un vaso en la mano, un chiste en los labios y muchas mujeres estupendas a su alrededor. Fue feliz, estoy seguro.

Enric González en El País.

La revolución verde de Putin, Ahmadineyad y Chávez

La revolución verde de Putin, Ahmadineyad y Chávez


Vladímir Putin, Mahmud Ahmadineyad y Hugo Chávez han sido descritos de muchas maneras. Pero nunca como paladines en la lucha contra el calentamiento global. La sorpresa es que, sin proponérselo, en eso se están convirtiendo. Sus agresivas conductas internacionales están creando más incentivos que nunca para que el mundo busque aceleradamente alternativas al petróleo. Y un mundo que depende menos de los hidrocarburos es un mundo más limpio.

Todo esto ni va a pasar pronto ni va a ser fácil. Pero gracias a las ambiciones de Putin, Ahmadineyad y Chávez va a pasar más rápido. Usar el petróleo para ganar influencia mundial es normal y todos los países petroleros lo han hecho. Usarlo de manera desmedida, como lo hacen estos tres peligrosos personajes, inevitablemente genera reacciones destinadas a impedir que sigan teniendo la influencia que han alcanzado gracias al petróleo.

Por supuesto que en todo esto la preocupación mayor es Putin, ya que el poder real que tiene Ahmadineyad en Irán es limitado y de Chávez ya sabemos que su boca y su bolsillo son mucho más grandes que su capacidad para hacer lo que dice. Pero Putin es lo contrario de Chávez: habla poco y hace mucho. Y en contraste con Ahmadineyad, que es presidente pero manda poco, Putin ya no es presidente, pero es quien sigue mandando en Rusia.

Y últimamente la conducta rusa ha hecho sonar las alarmas en Washington y otras capitales de Europa y Asia. No es sólo la propensión rusa a cortar arbitrariamente el suministro de gas a Europa o a países vecinos con los que tiene diferencias. También alarma su venta de armas avanzadas a Irán, Siria y Venezuela, su veto en las Naciones Unidas a las sanciones contra Zimbabue, la declaración de un general ruso que Polonia volvería a estar incluida en los blancos de sus misiles nucleares, la toma forzada de empresas extranjeras como TNK-BP y otras, el asesinato de enemigos en otros países (¡y en Rusia!), la agresividad hacia países como Ucrania, Estonia o Lituania y, por supuesto, la reacción contra Georgia. Todos éstos son síntomas de tendencias negativas que, de intensificarse, van a acelerar la búsqueda de estrategias para contrarrestarlas. Y una de las estrategias obvias es disminuir el consumo y los precios de lo único importante que exportan países como Rusia (o Irán, o Venezuela): el petróleo.

Gracias a su desmedida búsqueda de protagonismo internacional, Putin, Ahmadineyad y Chávez están corriendo el riesgo de matar la gallina que les pone los huevos de oro: el ávido mercado petrolero mundial que garantiza ingentes recursos a los países con la suerte de tenerlo en abundancia. Los países petroleros árabes, por ejemplo, entendieron la importancia de cuidar la salud de la gallina dorada después de que, en 1973, impusieran por motivos políticos un embargo petrolero a Estados Unidos y Europa. El embargo estimuló la adopción de todo tipo de políticas en los países consumidores (conservación, incentivos a la producción, aumentos de eficiencia, búsqueda de alternativas, etcétera) que rápidamente llevó a los grandes exportadores petroleros de Oriente Próximo a suspender el embargo y, de allí en adelante, a nunca darle razones a los consumidores para ahorrar energía o invertir en fuentes alternativas. Pero los grandes exportadores petroleros no sólo fueron cuidadosos con respecto a sus políticas de precios; también lo fueron en su manera de intervenir en la política mundial. Si bien ocasionalmente algunos de ellos, como Irán o Libia, se alejaban de la cautelosa postura, en general la estrategia funcionó bien durante décadas: logró que los países consumidores se despreocuparan de su enorme vulnerabilidad a las decisiones de un pequeño grupo de naciones autocráticas y volátiles.

Pero la combinación de los dolorosos aumentos de precios con las bravuconadas de Putin, Ahmadineyad y Chávez han desencadenado poderosas fuerzas (políticas, económicas, tecnológicas) en los países consumidores, especialmente en Estados Unidos, que luchan por disminuir su vulnerabilidad energética.

Es imposible no reaccionar al enterarse de que, cuando el precio del petróleo saltó de 23 dólares por barril en 2002 a más de 100 este año, se produjo -y se sigue produciendo- la mayor transferencia de riqueza en la historia de la humanidad y que esa riqueza está cayendo en manos de gente como Putin y Chávez o en las de quienes, como Ahmadineyad, ayudan a financiar el terrorismo fundamentalista islámico.

Ahmed Zaki Yamani, un experto petrolero saudita, dijo una vez que la edad de piedra no terminó porque se acabaron las piedras. La era del petróleo se va a acabar antes de que acabe el petróleo. Y eso se lo deberemos en parte a que los autócratas petroleros ayudaron a despertar al mundo de su largo y peligroso letargo energético.

Moisés Naím

Los cristianos en un Estado laico

Los cristianos en un Estado laico


Profesor de la Universidad Pontificia Comillas, el sacerdote y teólogo Luis González-Carvajal Santabárbara acaba de publicar Los cristianos en un Estado laico (PPC, 2008), interesante reflexión sobre la presencia del creyente en el actual espacio público y su contribución a una ética civil compartida por el conjunto de la sociedad, la única propuesta que “a la larga tiene futuro”.

¿Qué papel deben jugar los cristianos en un Estado laico?

En principio, el que tiene que desempeñar cualquiera, sea cual sea su ideología. En un Estado laico, precisamente porque no hay una ideología oficial, el enriquecimiento se producirá cuando cada colectivo aporte sus riquezas y haya luego un diálogo entre unos y otros. Los cristianos tendremos que aportar los elementos que brotan de nuestra tradición, pero procurar traducirlos a un lenguaje racional. Dentro de la comunidad cristiana podremos hablar con argumentos bíblicos, teológicos… -y debemos hacerlo-, pero en la sociedad civil debemos ser capaces de expresar nuestras ideas con un lenguaje racional, de forma que puedan convencer otros, o que, al menos, podamos enriquecernos mutuamente.

Y la Iglesia, ¿cuál debe ser su lugar en un país como España?

Si para intentar enriquecer la legislación se trata de actuar como grupo de presión, entonces es preferible una voz única, porque así crece la fuerza. Pero si se quiere enriquecer la ética civil, la ética común de los ciudadanos a través de un diálogo, es preferible que intervengan muchas instancias: los obispos, la CONFER, la FERE, los cristianos individuales… Actuar como grupo de presión es legítimo (Amnistía Internacional lo es, por ejemplo), pero hacerlo sin pretender cambiar antes la ética civil o mejorarla, sólo puede provocar agresividad en quienes no comparten esa ideología. Enriquecer la ética civil es lo que tiene más futuro.

¿Por qué la Iglesia no goza ya de buena imagen?

Es un tema que me preocupa muchísimo. Según estudios sociológicos, en el año 90, la Iglesia en España era la segun­da institución más valorada después del sistema educativo, y hoy en día es la última empatada con las multinacionales. Es tremendo. ¿Puede ser achacable al laicismo reinante? Me temo que hay un círculo vicioso, porque cuanta más agresividad genera una de las partes, con más ­agresivi­dad responde la otra; y lo importante no es preguntarse quién ha empezado, sino quién quiere terminar. Es necesario que adoptemos otra postura, que no genere esa agresividad, que defienda nuestros valores, pero en un clima de diálogo sincero.

El PSOE tiene una ideología dominante laicista, especialmente desde que está al frente Zapatero. Pero, por parte de la Iglesia, tampoco es el clima de los tiempos del cardenal Tarancón.

Hablaba de una ética civil. ¿Qué código ético debe respetar la legislación de un Estado laico?

Si hubiera un derecho natural aceptado por todos, sería una solución magnífica, muy querida desde siempre por la Iglesia: que utilizando la razón todos, creyentes y no creyentes, llegáramos a comprender cuáles son las exigencias éticas de la naturaleza humana. Pero, desgraciadamente, no somos capaces de llegar a ese acuerdo. Por lo tanto, me parece irreal pretender que un Estado laico, no confesional, vaya a aceptar el modelo de derecho natural que defiende la Iglesia porque lo defiende la Iglesia. Sólo hay una solución viable: la ética civil, compartida por el conjunto de los ciudadanos, y humilde, porque es sólo esa plataforma común en la que coincidimos todos, pero que puede enriquecerse.

Otros la llaman ética de mínimos…

Cada nombre tiene sus ventajas y sus inconvenientes, porque ética de mínimos parece sugerir una ética rebajada, poco exigente, y ética civil parece sugerir que se opone a ética militar. Todo puede prestarse a malentendidos.

Serían los mínimos éticos que comparte una sociedad, y no son tan pequeños. Como mínimo, es la Declaración Universal de Derechos Humanos. Lo que ocurre es que luego hay discrepancias, por ejemplo, en torno al derecho a la vida. Pero ahí está la vía del diálogo entre los distintos grupos sociales para intentar enriquecernos mutuamente y llegar a un acuerdo. Ocurrió con la esclavitud, que durante siglos se consideraba algo normal, y que hoy nadie defiende ya. Es un proceso que requiere sus ritmos y su crecimiento paulatino, y todo eso forma parte también de la propia humildad de la propuesta.

Compromiso sociopolítico

Pensando en la presencia pública de los cristianos, ¿qué aporta la fe al compromiso sociopolítico?

Unas motivaciones que enriquecen y profundizan las motivaciones puramente humanistas que puede tener cualquiera. Aporta un estilo caracterizado por unos grandes principios: el destino universal de los bienes, la opción por los más débiles, el principio de subsidiariedad, la vía del diálogo sobre la violencia, el derecho a un trabajo digno para todos, etc. Si cada uno de esos principios no es propio en exclusiva de la Iglesia, quizás el conjunto sí que supone ese estilo característico de los cristianos y, además, es algo que podemos presentar sin el menor rubor, porque es una sabiduría que se ha ido acumulando durante siglos.

¿Está reñido el pluralismo con la fe?

Los datos demuestran que no, puesto que hay católicos, incluso practicantes, en todos los partidos del espectro político. Pero, ¿eso es sólo una cuestión de hecho o también de derecho? Creo que es una cuestión de derecho, precisamente porque la fe aporta grandes principios, pero que por sí solos no bastan para presentarse a unas elecciones. Hacen falta luego mediaciones técnicas, que entran dentro de lo discutible. Por lo tanto, bajar de los principios al problema concreto supone entrar en el campo del pluralismo legítimo, que no es sinónimo de pluralismo ilimitado. Hay opciones que difícilmente se pueden justificar en nombre del pluralismo legítimo, porque claramente van en contra de los principios.

¿Contar con tribunas propias o ser fermento en la masa de un modo transversal? ¿Qué le conviene más al cristiano en la sociedad?

Tan democrático y legítimo es actuar individualmente, mezclándonos con los no creyentes, como formar nuestros propios grupos, como lo pueden hacer quienes tienen otra ideología. No se puede dar una respuesta universalmente válida, como mucho sugerir elementos a tener en cuenta para hacer un discernimiento en cada caso. Y, en cada caso, habría que preguntarse: aquí y ahora, ¿qué es pastoralmente más conveniente? Y también ahí cabría un pluralismo legítimo.

Ya para acabar, en el terreno económico, ¿la meta de la Iglesia es la plena autofinanciación?

Sería la mejor de las noticias, y un testimonio magnífico de una Iglesia participativa, comprometida, que no necesita de apoyos económicos externos, a diferencia de partidos políticos, sindicatos, que tienen una financiación pública muchísimo mayor. Pero, hoy por hoy, se ve lejanísima esa autofinanciación y, por tanto, no tenemos más remedio que aceptar como mal menor la asignación tributaria. Tengo la sospecha de que la Iglesia española, en el fondo, ya se ha resignado a no alcanzar nunca la autofinanciación. Sería un testimonio precioso que un día pudiéramos decir que los católicos españoles nos sentimos tan responsables de nuestra Iglesia, que la financiamos por nosotros mismos, sin necesidad de recurrir a la ayuda del Estado.

Vida Nueva

Claves electorales americanas

Claves electorales americanas


Decía Julián Marías -y su reflexión sigue siendo válida- que los americanos no estaban preparados aún para la filosofía. Los americanos -al contrario de lo que hacen, según Ortega, los argentinos- siempre «están a las cosas». No al porqué de las cosas, sino a su para qué. No tienen todavía como pueblo el grado de escepticismo y de relativismo del mundo europeo, ni su larga experiencia histórica, ni sus encantos y desencantos intelectuales y sociales, ni tampoco su pereza profunda. Son un pueblo joven, vivo, fuerte, optimista, sanamente ingenuo, todavía inexperto para aquellos temas en los que se requiere una lenta maduración, pero tremendamente capaz en casi todos los demás terrenos.

Esa es la diferencia básica que siempre hay que recordar cuando se intentan juzgar desde Europa los acontecimientos en los Estados Unidos. Es, como suele decirse, «otro mundo» y no hay que empeñarse por lo tanto en interpretar su realidad utilizando exclusivamente nuestra óptica y nuestros valores. No podemos inventarnos una América que no existe. Los americanos tienen -y eso es decisivo en términos sociológicos- un concepto substancialmente distinto del papel del Estado y de la sociedad civil en la vida de la ciudadanía y son en concreto, no un poco, sino mucho más conservadores, mucho más patriotas y mucho más religiosos que los europeos. Todo eso justifica y explica actitudes, preferencias y reacciones que en Europa nos cuesta entender con justeza. Pongamos, por ejemplo, las distintas valoraciones sobre la elección de Sarah Palin como candidata a vicepresidente con McCain, una mujer que defiende -al más puro estilo de los «neocons»- un americanismo en su versión más nítida y radical y que exhibe con orgullo, sin el más leve pudor, todos sus convencimientos y dogmatismos religiosos, sociales y políticos, lo cual le hace conectar bien -por eso fue la elegida- con un amplio sector de votantes conservadores en las distintas capas sociales.

En las últimas elecciones presidenciales, George W. Bush ganó con sorprendente facilidad al Senador Kerry a pesar de la mala situación económica del país y de la ya entonces complicada situación de la guerra de Irak, porque supo, de un lado, capitalizar, -a veces de forma abusiva- la prioridad absoluta de la seguridad nacional frente a cualquier otro argumento, y de otro, porque incidió con éxito en la escasa capacidad de su oponente para afrontar estos problemas. En la actualidad la situación económica ha empeorado gravemente y la guerra de Irak se ha convertido en un ejemplo perfecto de «desastre esplendoroso». ¿Cuál puede ser ahora la salida para la candidatura republicana? La respuesta es clara. La seguridad nacional volverá a ser un eje clave de la campaña. McCain está haciendo y hará todo lo posible para alejarse y desentenderse de la herencia del presidente Bush pero, al igual que él, se presentará como el único capacitado para garantizar esa seguridad, magnificando los viejos y los nuevos riesgos y entre estos últimos el que está planteando recientemente una nueva Rusia cada vez más fuerte, más ambiciosa y más agresiva. Esta nueva contienda -tómese nota- será, sin duda, positiva para McCain que concentrará su dialéctica, como hizo Bush con Kerry, en la inexperiencia y la ineptitud de Barack Obama. ¿Volvemos pues a lo mismo? ¿Se repetirá la historia? Entra dentro, muy dentro, de lo posible. Pero…

América no está en su mejor momento. A pesar del éxito inicial del dramático plan de salvamento que han puesto en marcha, la situación económica es ciertamente inquietante y no parece que tenga soluciones fáciles, y aún menos rápidas. El mundo financiero americano es además consciente -aunque ello no les preocupe en exceso- de su responsabilidad a escala mundial. Por otra parte, el trauma del 11S -un trauma que los europeos nunca hemos sabido valorar e interpretar correctamente- empieza a perder, aunque sea levemente, su vigor y su impacto emocional y la manipulación demagógica de los riesgos exteriores ya no va a ser tan fácil, ni tan efectiva electoralmente. El mismo argumento de la inexperiencia puede volverse en contra de quien lo utilice. McCain, decía un analista político, tiene «un exceso de experiencia demasiado antigua» que podría resultar más peligroso que el «defecto inicial» de Obama. Kennedy y Clinton, -añadía- también fueron acusados de jóvenes inexpertos.

Todas estas consideraciones pueden ayudar significativamente a Obama pero lo que más va a beneficiarle es la sensación colectiva generalizada de que América tiene que abrir una nueva página histórica y buscar -como propuso en su tiempo Kennedy- una «nueva frontera». El lema sobre el cambio con que inició su campaña Obama es todo un acierto. En estas elecciones se han ido abriendo todas las cajas de Pandora posibles. De unas elecciones reservadas exclusivamente a candidatos blancos varones anglosajones hemos pasado en el 2008 a dos candidaturas de hispanos, un afroamericano -¡todavía hay gente que no se lo cree!- y una mujer, Hillary Clinton, que ha estado muy cerca de alcanzar la nominación, lo cual en los Estados Unidos tiene mucho más valor sociológico que en Europa. A partir de ahora todos los escenarios electorales van a ser posibles en una sociedad que necesita, en efecto, superar una etapa presidencial que ha sido profundamente negativa, tanto para la credibilidad económica como para la imagen exterior de los Estados Unidos, en donde se han alcanzado récords históricos de antiamericanismo, un tema que ya empieza a sensibilizar y a preocupar a su ciudadanía.

La capacidad americana para afrontar situaciones difíciles ha sido hasta el momento admirable. Cuando se ponen a ello, y ya lo están, saben reconocer los errores, establecer estrategias y sobre todo adecuar los medios a los objetivos hasta lograr que las fuerzas del mercado vuelvan a funcionar con naturalidad y eficacia. Así lo hicieron con las burbujas tecnológica y contable y así lo harán con la burbuja inmobiliaria aún cuando ésta sea -nadie debe dudarlo- más intensa, más extensa y más peligrosa que las anteriores. Hay que apostar decididamente a favor de una salida positiva e incluso saludable de esta encrucijada económica que ha venido a coincidir, desafortunadamente, con un proceso electoral complejo y delicado en el que todavía nos esperan algunas sorpresas.

Lo importante ahora será que un país decisivo para el mundo, una vez superada esta situación, aproveche la dura experiencia para modificar ciertos comportamientos y rectificar algunas conductas y en especial las relativas a su pasión por el unilateralismo y a sus tentaciones autárquicas y aislacionistas que siempre han carecido de justificación pero que en estos momentos son verdaderamente inaceptables.

Obama o McCain tendrán que asumir que su país puede y debe liderar un proceso de globalización en donde tendrán que aceptar y apoyar unas instituciones globales que operen con capacidad de acción y la debida independencia. Los patriotismos y los nacionalismos de todo orden no pueden impedir que se avance con fuerza en una gobernanza global civilizada, ética y solidaria. Ese es el verdadero «gran paso» que necesita la humanidad. Y sobre eso -aunque no sean enteramente conscientes de ello- van a votar los americanos en las elecciones de Noviembre.

Antonio Garrigues Walker es jurista.

Estamos peor preparados

Estamos peor preparados

El 80% de los jóvenes de la Unión Europea entre 25 y 34 años tiene bachillerato superior o formación profesional superior. En Alemania es el 84%, y en Francia, el 82%, igual que en Irlanda. En España no supera el 64%. Es decir, existe un desfase de nada menos que 20 puntos con Alemania y de 16 con la media europea. No estamos hablando de bajos niveles educativos heredados del franquismo (en el tramo de edad entre 55 y 64 años, la diferencia con Alemania llega a unos escalofriantes 52 puntos). No, esto son datos que se refieren a jóvenes europeos en plena vida laboral.

Dicho pronto y sin tapujos: los españoles en edad de trabajar tienen un nivel educativo inferior, saben menos cosas y están sensiblemente menos preparados que la media de los trabajadores europeos de su misma generación. Son pésimas noticias que, sin embargo, no parecen poner nervioso a nadie en este país. Estamos encantados de habernos conocido, de nuestros progresos y de nuestra elevada población universitaria (superior incluso a la media de la UE). Pero todos los expertos saben que vamos demasiado despacio en educación secundaria superior y que es precisamente ahí donde se juega el futuro.

Es curioso, porque los ciudadanos que escucharon a sus representantes en el Congreso de los Diputados el pasado miércoles a propósito de la crisis económica podrían haber sacado otra conclusión. De hecho, en lo único en que todos ellos parecieron estar de acuerdo es en que España necesita un cambio en el modelo de crecimiento, de manera que no se base muy preferentemente en el sector inmobiliario, sino en áreas más relacionadas con el conocimiento, el desarrollo y la investigación. Todos ellos deben ser conscientes de que no hay forma de cambiar el modelo de crecimiento sin cambiar, precisamente, ese pésimo dato educativo. No podemos competir con el resto de Europa si la realidad sigue siendo la que es: sabemos menos y estamos menos preparados.

Nadie habló de esto en el debate parlamentario del miércoles. Nadie anunció ni exigió que la crisis y los recortes presupuestarios que, sin duda, habrá que soportar el año que viene, no afecten a la inversión en educación (que sigue estando por debajo de la media de la OCDE). Nadie pidió que, bien al contrario, se realice un esfuerzo suplementario, sacando el dinero de donde haga falta, incluso aumentando el déficit, para reactivar todos los planes educativos y apostar por una educación secundaria superior, que sea capaz de acortar esas distancias a plazo fijo. Nadie analizó la crisis desde este punto de vista y nadie llamó la atención sobre lo que deberían ser dos objetivos inmediatos e insoslayables: reducir el abandono escolar (un 30% de los chicos y chicas españoles no consigue alcanzar los niveles de ESO, la enseñanza obligatoria) y aumentar el número de muchachos y muchachas que se apuntan y superan la enseñanza secundaria superior, sea en bachillerato, sea en formación profesional. Sin eso, sin corregir esos dos datos, no será posible adaptarse a la nueva sociedad globalizada, ni aumentar la famosa productividad, ni hacer frente a futuras crisis.

Los datos hechos públicos esta semana por la OCDE son preocupantes: una quinta parte de la población española entre 15 y 19 años no recibe ningún tipo de formación, el octavo porcentaje más alto de toda la OCDE (el 20,5% de jóvenes españoles frente al 12,5% de media de la Unión Europea). Y lo que es peor: "Un examen detenido de la tendencia en esos datos en el periodo 1995-2006 indica que las mejoras son muy lentas (dos puntos en diez años)".

La única alegría entre tanta estadística adversa es la que proporciona saber que España ofrece un acceso a la educación secundaria y universitaria más equitativa que muchos otros países del mundo, incluidos Francia o Alemania. El 40% de los estudiantes en educación superior procede de familias definidas como blue collar; es decir, trabajadoras. Quiere decirse que, desde ese punto de vista, la movilidad intergeneracional española es considerable.

Soledad Gallego-Díaz