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cuatrodecididos

Atados

Atados


Las palabras son como las monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una. (Francisco de Quevedo)

Hay silencios elocuentes, y palabras que no dicen nada.
Somos esclavos de nuestras palabras y eso nos impide ser libres para decir lo que queremos.
Por eso callamos y callamos. Cuando debemos y cuando no.
Callamos cuando nuestras palabras incomodan, incluso si eso impide denunciar una injusticia. Callamos cuando nuestras palabras nos vuelven vulnerables y entonces nuestro silencio se convierte en nuestra mayor flaqueza. Callamos lo que sentimos pero esperamos saber cómo se sienten los demás. Callamos cuando odiamos para evitar tener que luchar contra ese sentimiento. Callamos cuando amamos y eso nos aleja de las personas a las que queremos.
Olvidamos que el tiempo pasa y la posibilidad de expresar es un don efímero.
Por eso estamos atados a las palabras que nunca dijimos.

Charles Evans en pastoralsj.

De Atocha a Waziristán

De Atocha a Waziristán

En el mundo en el que vivimos, nuestra seguridad depende de una delgada y porosa línea: la que va desde las cámaras de seguridad de la estación de Atocha al despliegue de nuestras Fuerzas Armadas en Afganistán. Todos los eslabones de esa cadena, que incluye el régimen común de visados de la zona Schengen, la cooperación policial y judicial entre gobiernos y servicios de espionaje o el apoyo al Gobierno paquistaní para que pueda controlar las zonas, como Waziristán, donde supuestamente se refugian los líderes de Al Qaeda, son esenciales. Cuando uno de esos elementos falla o se rompe, nuestra seguridad queda comprometida.

Pero como muchos de esos eslabones son sumamente frágiles, nuestra seguridad nunca estará completamente garantizada. Hay quienes, en busca de certidumbre, optan por el aislamiento o, peor aún, deciden mirar hacia otro lado, dejando su seguridad en manos de otros o al azar de la ley de probabilidades. Se pueden repatriar las tropas, cerrar las fronteras, levantar muros, vigilar a los inmigrantes o deshacer los compromisos adquiridos con nuestros aliados, sí, pero ello no nos hará estar más seguros, ni tampoco ser más prósperos o más libres. Para España, desde luego, no hay opción: pese a la crisis, nuestro país se beneficia, y mucho de tener una posición global. Pero una posición global también implica responsabilidades globales, que no siempre son plato de gusto.

Alemania, por ejemplo, es uno de esos países que admirar. En razón de su pasado, tiene una enorme reticencia a utilizar sus Fuerzas Armadas en el exterior. Por eso, su compromiso con Afganistán adquiere especial relevancia. Estar en Afganistán es una muestra de solidaridad con los afganos, pero también una obligación con respecto a la seguridad de sus ciudadanos. Siguiendo esa lógica, el Gobierno de Angela Merkel ha decidido aumentar el contingente desplegado en Afganistán en mil efectivos, lo que eleva a 4.500 el número de militares alemanes destinados en ese país. Con esa decisión, Alemania se convierte en el tercer país en número de tropas, sólo por detrás de Estados Unidos y Reino Unido, y se suma a Francia, que también ha decidido aumentar su contingente.

La decisión de la canciller alemana refleja una enorme valentía. Por un lado, las encuestas muestran que dos de cada tres alemanes se oponen al despliegue. Por otro, la canciller gobierna en coalición con los socialdemócratas, mucho más tibios que los democristianos respecto al despliegue en Afganistán. "Puedo resistir todo, menos la tentación" dijo Oscar Wilde. Prueba de ello es que, con las elecciones a la vuelta de la esquina, los socios bávaros socialcristianos (CSU) han pedido a la canciller un calendario para la retirada de las tropas.

Afortunadamente, Angela Merkel no es mujer que ceda fácilmente en sus principios. Como viene demostrando en sus actuaciones respecto a Rusia, Estados Unidos, China, los Balcanes o el cambio climático, su mezcla de firmeza y pragmatismo, ambas cualidades esenciales en política exterior, tiene que ser observada con mucha atención, especialmente desde España, un país cuya política exterior se cuece con ingredientes similares en lo que se refiere tanto a la opinión pública como a la cultura de paz y de seguridad. En España, en concreto, el barómetro del Real Instituto Elcano muestra un deterioro significativo, de hasta 10 puntos, del apoyo de la opinión pública a la misión en Afganistán, misión que nunca ha sido muy popular.

Afganistán plantea un doble reto: allí y aquí. Allí, más que de una guerra, se trata de una tarea hercúlea: en un lugar donde ha predominado la violencia, el tribalismo, la pobreza, la corrupción, el fanatismo y el narcotráfico, crear las condiciones de seguridad en las que los afganos puedan construir un Estado mínimamente viable. Aquí, se trata de explicar a la opinión pública que su seguridad y la de los afganos es indivisible, es decir, que una no puede existir sin la otra y que, como ocurre con el calentamiento global, de nada sirve que uno se pase a las energías limpias si el vecino, mientras tanto, duplica sus emisiones contaminantes.

La paradoja de Afganistán es que se puede perder la guerra, pero no ganarla. Sólo una solución política que reparta el poder y a la vez integre y cohesione el país es viable, y sólo podrá ser llevada a cabo por los propios afganos. Pero eso requiere tiempo, paciencia y perseverancia (e incluso estar preparados para que la situación empeore más antes de que mejore). Por ello, la realidad es que, hoy por hoy, nuestro concurso, nos guste o no, no sólo es imprescindible, sino inevitable.

José Ignacio Torreblanca, del European Council on Foreign Relations.

Dios y las mediaciones


Sé que las imágenes pueden confundirme y hasta engañarme.
Sé que los nombres no alcanzan a decirte por mucho que los ajuste.
Sé que los sueños más hermosos son proyeccciones.
Sé que las palabras se quedan cortas en todas sus expresiones.

Y a pesar de ello,
te imagino,
te nombro,
te sueño,
y te hago palabra para conocerte,
porque Tú eres el que quiere revelarse
en esas pobres mediaciones.

La crisis deja en la cuneta la solidaridad

La crisis deja en la cuneta la solidaridad


Los recortes en cooperación amenazan la alimentación, la asistencia médica o la educación de millones de personas - Las cifras del hambre vuelven a dispararse en contra de todos los compromisos


La misma crisis que ha secado al sistema financiero internacional amenaza ahora con sumir en la más severa de las miserias a cientos de millones de personas en todo el mundo, que podrían quedarse sin la comida y la atención médica con las que sobreviven o ver como se desvanecen las herramientas básicas con las que tratan de engancharse al desarrollo económico. "Los efectos de esta recesión se extenderán a todo el planeta", alerta la ONG Save The Children. "Con la escasez y el encarecimiento de alimentos en África y Asia, nuestros cooperantes ya están luchando para salvar a decenas de miles de niños de morir por desnutrición. La situación podría derivar en una auténtica catástrofe si, como es previsible, gobiernos y particulares recortan ahora sus ayudas".

La crisis amenaza con "reducir de forma sustancial" los 76.000 millones de euros que el mundo ha destinado este año a la ayuda al desarrollo, según un portavoz de Naciones Unidas. Una cantidad de dinero importante, pero que no llega ni a una décima parte de lo que los Gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea han movilizado en menos de tres semanas para salvar a sus instituciones financieras.

El temor a los recortes es común entre las agencias de la ONU consultadas -Organiza-ción Mundial de la Salud (OMS), Programa Mundial de Alimentos (PMA) y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)-, la Comisión Europea, las ONG y los expertos.

El presidente de la Asamblea General, el nicaragüense Miguel D’Escoto, ha sido el que ha dado el primer paso para diseñar una hoja de ruta y tiene previsto convocar, previsiblemente el próximo día 24, a un grupo de sabios para "hacer una primera evaluación de los recortes que amenazan a la ayuda al desarrollo y estudiar las medidas a adoptar para evitar los peores presagios", avanzan en esta sede.

"La situación se presenta muy delicada", opina el director de la Oficina de Estudios de Desarrollo del PNUD, Pedro Conceiçao. "La crisis aumentará los gastos y reducirá los ingresos de los países desarrollados y, en este contexto, es previsible que crezcan sus reticencias a la hora de contribuir en planes específicos de ayuda".

Estas contribuciones a los llamamientos hechos por los organismos internacionales son fundamentales para mantener el flujo de ayudas a los 923 millones de personas desnutridas en el mundo, para reducir la cifra de 58 millones de mujeres que este año habrán dado a luz sin asistencia médica o escolarizar a los 56 millones de niños de África y Asia que ni siquiera han recibido educación primaria, según datos de la FAO y de los Objetivos del Milenio de la ONU.

Esta organización, con un presupuesto de 3.060 millones de euros para el bienio 2008-09, ha recaudado en los nueve primeros meses del año otros 3.040 millones con llamamientos ad hoc para contribuir en programas concretos. La OMS también logra el 70% de sus ingresos por esta vía.

La crisis llega, además, en un momento en que las cosas no estaban yendo todo lo bien que deberían en materia de cooperación. Un informe de la OMS alerta de que las diferencias en la esperanza de vida son abismales entre los países más ricos del mundo (donde se superan holgadamente los 70 años) y los más castigados por el sida, el hambre y la pobreza, en África. Las desigualdades, sin embargo, no sólo se dan entre países: la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años en algunos suburbios de la capital de Kenia, Nairobi, es del 254 por 1.000, 17 veces más que los 15 por 1.000 registrados en los barrios ricos de la ciudad.

Margaret Chan, directora general de la OMS, ha alertado públicamente de que estos gigantescos desequilibrios en materia de salud hacen del mundo un "lugar inseguro e inestable". Otro informe, publicado por la FAO en septiembre, señaló que el alza de precios de los alimentos registrado en los dos últimos años ha aumentado el número de personas desnutridas en el mundo en 73 millones.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, destacó en la reciente sesión de la Asamblea General que, pese al crecimiento económico de los últimos años, los Gobiernos se han mostrado incapaces de cumplir los compromisos que asumieron en 2000 para erradicar la pobreza y el hambre en el mundo en 2015. El viejo objetivo de destinar el 0,7% de la riqueza nacional al desarrollo sólo es cumplido hoy por cinco países: Dinamarca, Holanda, Luxemburgo, Noruega y Suecia. Las grandes potencias, con EE UU a la cabeza, cada vez están más lejos de conseguirlo: Washington sólo llega al 0,16% y Japón, segunda potencia económica, el 0,17%.

Con estas cifras y el actual contexto internacional, los expertos ven muchos nubarrones en el horizonte. "Es pronto aún para disponer de datos, pero es previsible que la crisis acentúe la tendencia de los dos últimos años, en los que la ayuda total ya había disminuido", explica Iliana Olivié, investigadora del Real Instituto Elcano. En un trabajo publicado el pasado mes de mayo, Olivié puso de manifiesto que la ayuda mundial al desarrollo viene disminuyendo desde 2005. En 2007, por ejemplo, lo hizo un 8,7%, según la OCDE. Aún más significativo es que la asistencia más básica, la alimentaria, se redujo un 16% entre 2000 y 2006, al pasar de 1.110 a 945 millones de euros.

Un responsable del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que en 2007 asistió a 86 millones de personas en 80 países, destaca que "con el plan de rescate del sistema financiero aprobado por Estados Unidos, el PMA podría trabajar durante más de 100 años". "Si los gobiernos tienen recursos para rescatar a sus bancos, seguro que también deben tenerlos para dar de comer a los hambrientos". Desde la OMS se lanza un mensaje parecido y se teme que también los contribuyentes privados reduzcan sus aportaciones. "Las fundaciones y los filántropos, por ejemplo, tienen en muchos casos su capital invertido en las bolsas. La caída de sus valores puede llevarles a reducir sus donaciones", explica un portavoz.

También desde la oficina del Comisario de Desarrollo y Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea, el belga Louis Michel, se observa "muy de cerca y con gran preocupación" el impacto que la crisis pueda tener en sus programas. "Los Gobiernos deben mantener sus compromisos con los más desfavorecidos", afirma un portavoz. "La reunión que el FMI y el Banco Mundial celebran este fin de semana en Washington debe servir para reiterar este mensaje de que no nos podemos olvidar de los más pobres ahora que vienen tiempos difíciles", afirmó un portavoz el pasado viernes.

John Holmes, subsecretario general para Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas afirmó ayer en Madrid que "lo peor de la situación actual es que no sabemos lo que puede ocurrir ya que la crisis se está mostrando cada día más profunda y extensa". "Nosotros podemos hacer poco más que estrechar las consultas con los Gobiernos y pedirles que mantengan los presupuestos de ayuda internacional, aunque esto pueda no ser fácil para ellos. Si los gobiernos gastan tanto dinero en los rescates financieros y la economía y sus ingresos van a menos, necesitarán recortar los gastos por algún lado. La tentación de cualquier Gobierno, por la falta de contestación interna, es hacerlo por la ayuda internacional".

Todo esto ocurre, según Holmes, en un momento en el que las necesidades son "apremiantes y crecientes". "La situación en Darfur se está deteriorando de manera lenta pero constante y en Somalia está prácticamente fuera de control. En Congo, las necesidades son apremiantes y en Birmania la ayuda debe seguir a las víctimas del ciclón Nargis", afirmó.

Las recetas para hacer frente a la situación no son fáciles, según todas las fuentes consultadas. El derecho internacional no contempla ningún mecanismo por el que los Gobiernos estén obligados a mantener sus contribuciones y la única fórmula consiste en una hábil combinación de diplomacia y apelaciones a la consciencia de los países más pudientes. "En este momento, el mundo necesita más que nunca un liderazgo y compromiso fuertes", añade Pedro Conceiçao, del PNUD. "Esta crisis la han causado los excesos de los más ricos y sería desolador e imperdonable que acaben muriendo de hambre y enfermedades fácilmente curables millones de personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de disfrutar de la bonanza económica de los últimos años".

Ariane Arpa, directora general de Oxfam-España, reitera que "la situación no es buena; han subido los alimentos, la inflación merma los recursos para cooperación y ya hemos notado un descenso en las contribuciones privadas debido a una caída en la captación de nuevos socios". "Las sociedades y Gobiernos desarrollados, tras años de vivir en la abundancia, no pueden dejar a cientos de millones de personas sin ayudas esenciales cuando las cosas se están torciendo. Ahora, más que nunca, es necesario mantenerse fiel a los principios de solidaridad".

Oriol Güell para El País.


Terrorismo

Terrorismo


Inventariar todos los muertos


Imaginemos otra transición; por ejemplo, que a la caída del general Franco tras una decisiva intervención de la Administración de Kennedy, un Gobierno provisional hubiera creado una comisión de la verdad para conocer todos los crímenes cometidos en España desde la rebelión militar del 18 de julio de 1936 hasta el 1 de abril de 1939 y toda la represión caída a partir de esa fecha sobre los vencidos. Imaginemos que esa comisión publicara el censo de todas las sacas, paseos, ejecuciones sumarísimas, asesinatos con tiro en la sien y enterramientos en fosas comunes, y que, en su loable decisión de conocer toda la verdad, estableciera también el censo de los culpables de sacas, paseos, ejecuciones y asesinatos.

Imaginemos que esa comisión hubiera llegado a la conclusión de que las matanzas de Sevilla y Badajoz fueron crímenes contra la humanidad y que las matanzas de Barcelona y de Madrid fueron también crímenes contra la humanidad. Imaginemos que para conocer toda la verdad, la comisión hubiera propuesto la apertura de un proceso penal contra las personas identificadas por testigos solventes o delatadas por su misma firma al pie de una orden de saca o de una sentencia inicua, y que un juez dotado de jurisdicción universal hubiera solicitado a esa comisión los censos de víctimas y las listas de sus victimarios y hubiera abierto procedimientos penales contra esas personas.

Todo eso es imaginable. Más aún, todo eso es lo que en estos días nos están sugiriendo los que comparan transiciones para insistir en que aquí no se hizo lo que en Suráfrica o en algunos Estados suramericanos. Y cuando, a renglón seguido, derivan la conclusión de que aquí fue el miedo y la amnesia lo que impidió constituir comisiones de la verdad. ¿El miedo, la amnesia, o más bien la memoria viva de lo ocurrido? Imaginemos la escena: en ese Gobierno provisional de coalición de todos los partidos se sentaban un católico, un carlista, un comunista, un socialista, un anarquista, un ex falangista devenido demócrata, un republicano, cada cual con la memoria viva, personal -nada de histórica-, de los crímenes cometidos por los otros contra los suyos: desde el 18 de julio de 1936, las llamadas al exterminio del enemigo no fueron exclusivas de nadie.

Se puede seguir imaginando lo que un Gobierno de esas características habría durado si su primera decisión no hubiera consistido en proclamar una amnistía general sobre el pasado. Ah, pero eso los iguala a todos, exclaman ahora los que no tienen de aquello memoria viva, sino sólo recuerdo de recuerdos como decía poéticamente Julio Caro. Esto iguala a todos, la famosa equidistancia, el "todos fuimos culpables" (frase por cierto que llegó del exilio, y no sólo de Vidarte, que así tituló su historia; a un católico de los años cincuenta ni se le habría ocurrido). Pues no, para nada: esto es simplemente que, cuando se renuncia a la creencia en la justicia de la historia, el crimen de lesa humanidad cometido por los rebeldes no legitima el régimen de terror impuesto por los revolucionarios.

No hubo Gobierno provisional ni comisión de la verdad. Pero hubo amnistía -dos amnistías, para ser exactos- que no cerró el conocimiento del pasado: desde los años de transición, decenas de historiadores han publicado listas y listas de sacados, paseados, ejecutados, asesinados. ¿Por qué, entonces, siguen cadáveres en las fosas? Pues porque los sucesivos Gobiernos, del PSOE y del PP, no cumplieron la obligación que les corresponde. Y en lugar de urgir ese cumplimiento, un juez de instrucción pide un censo de asesinados porque quiere saber si tiene competencia para... ¿para qué, si a nadie puede perseguir por la vía penal? Y ¿por qué un censo y no todos los censos? ¿Por qué no instruir una causa penal por todos los católicos asesinados por el solo hecho de serlo?

Un Estado democrático no puede llamar "asesinados" a las víctimas de la rebelión y "fallecidos" a las víctimas de la revolución, como hace la Junta de Andalucía para justificar una determinada política de la memoria. Un Estado democrático tiene que dar cuenta de todos los crímenes y, si puede, reparar todos los crímenes. Con eso hay que apechar. Por decirlo con Luis Rosales: "Porque tú tienes que ser justo / ésta es tu obligación: / tienes que inventariar todos los muertos que ha causado en el mundo la mirada antagónica". Inventariar todos los muertos: ésa es la primera tarea de un Estado de derecho si se decide a emprender políticas de memoria. No es la de un juez de instrucción 70 años después de cometidos los crímenes.

Santos Juliá

El abandono escolar ya pasa factura

El abandono escolar ya pasa factura

Muchos jóvenes que dejaron las aulas en busca de empleo fácil en turismo y construcción se encuentran hoy sin título y sin trabajo - La crisis fuerza a decenas de miles a volver a clase


El abandono escolar, una opción que se hizo fácil en la España del turismo y la construcción, empieza a pasar factura. El trabajo ya escasea, y los jóvenes se encuentran ahora sin empleo, y además sin cualificación.

Los datos se despachan rápido: El 31% de los adolescentes en España no aprueban la ESO. El otro 69% continúa, pero un 28% de ellos no conseguirá un título de bachillerato o FP de grado medio, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La tasa de los que abandonan en esa etapa es más dramática en hombres (35,8%) que en mujeres (23,8%), y en total dobla la media europea. Sólo Portugal y Malta están por detrás de España.

En la Escuela de Adultos de Mazarrón, Murcia, no cabe un alma desde hace tres años. Este curso, 40 personas quieren asistir a la clase que prepara para la obtención del título de la ESO (el antiguo graduado escolar), pero diez tendrán que esperar un año más. No hay tantas plazas, ni otros centros para mayores en la zona. Esta invasión estudiantil no se entiende sin hablar de la crisis económica.

En Mazarrón, una localidad turística de 29.000 habitantes, nada es lo que era. Los eternos veraneos en la playa han pasado a la historia, hay un parón evidente en el ladrillo, son ya pocos los que trabajan a destajo los tres meses de verano para vivir el resto del año y en primavera no hay carteles demandando camareros. El paro, antes inexistente, acecha. En la comunidad de Murcia, con un 58% de ocupación hotelera este verano, había en septiembre 76.000 desempleados, un 2,89% más que el septiembre de 2008.

Por miedo al paro o a perder oportunidades, este curso los adultos están volviendo a clase: 138.000 adultos están estudiando en busca del graduado escolar. Son 22.500 más que hace cuatro años. 11.500 quieren entrar en la Universidad (2.000 más); 14.000 quieren hacer las pruebas de acceso para la FP superior (el doble ahora). Además, 35.000 (15.000 más que entonces) asisten a talleres.

Los Objetivos de Lisboa pactados por la Unión Europea en 2000 aspiran a que la tasa de abandono prematuro de la escuela -índice de población de 18 a 24 años que no ha completado el bachillerato o Formación Profesional y no sigue ningún tipo de formación- se sitúe en los países comunitarios por debajo del 10%. Un porcentaje que en estos momentos sólo cumplen Finlandia, Austria y cuatro países de la antigua Europa del Este -República Checa, Eslovenia, Polonia y Eslovaquia-. En España, en el curso 2006-2007 -últimos datos conocidos- el abandono subió respecto al anterior en 1,1 puntos: del 29,9% al 31%. El doble de abandono que el promedio de la Unión Europea.

"El abandono prematuro es muy grave porque se produce una pérdida de capital humano y cada vez la formación se va a valorar más. Es lo que va a distinguir a los países en competencia. La producción se puede deslocalizar, pero la formación no", opina Ferrán Ferrer, coautor del anuario Estado de la educación en Cataluña 2006, de la Fundación Jaume Bofill. Y de su gravedad parece haberse dado cuenta la ministra del ramo, Mercedes Cabrera, que no sólo pretende reformar la Formación Profesional sino que va a convocar para este mes una reunión sectorial monográfica sobre el abandono a la que acudirán los responsables de Educación de las 17 Comunidades Autónomas.

La mayoría de los chicos ya no desertan para aportar dinero a casa, sino porque resulta muy atractivo optar por el empleo fácil -mayor cuando más bajo sea el nivel socioeconómico de su familia-, algo al alcance de cualquiera en las zonas turísticas. O al menos hasta la crisis. Por ese motivo, junto a zonas históricamente desfavorecidas sin gran tradición de acceder en masa a la escuela (Andalucía, Castilla La-Mancha y Extremadura), lideran la lista de abandono de secundaria post-obligatoria las regiones de Canarias y el Mediterráneo (Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia y Baleares). Pese a la alta renta per cápita de Baleares -la cuarta de España tras Madrid, Navarra, País Vasco y Cataluña-, el 44,7% de los chicos, -que no chicas- baleares menores de 24 años no tiene estudios de secundaria obligatoria, mientras que en el otro extremo, sólo el 8,4% de las vascas de esa edad desertaron. En todo el país son ellas, con mucho, las más constantes en el estudio.

"No necesitar cualificación para trabajar es una característica común nuestra con el arco Mediterráneo, pero también con California y Miami", cuenta Juan José Martínez, director general de Universidades de Canarias. "Y se trata de bascular un modelo económico que no esté basado sólo en el turismo y en la agricultura, y para eso las universidades tienen que hacer el tránsito con I+D", prosigue. Su consejería está realizando una encuesta entre los empresarios para conocer sus necesidades.

"Muchos dejan de estudiar un par de años y vuelven. Se dan cuenta de que tienen un trabajo que no es de su agrado y no pueden optar a otro. Notamos que están retornando desde hace tres o cuatro años", explica Montserrat Vallés, directora del Instituto Jaime I de Salou (Tarragona), localidad que recibe en agosto a 180.000 viajeros. A este instituto llegan estudiantes de más de 18 años que han aprobado las pruebas de acceso a módulos de grado medio de Formación Profesional. "Estudian para administrativo, atención sanitaria o para educación infantil. Áreas en las que saben que hay empleo", continúa la directora. "De todos modos, la situación de Salou es privilegiada. Hay muy buen clima, una ciudad cosmopolita, bien comunicada... Y todo eso facilita que uno se recicle".

"Un primer tema es el valor otorgado a la educación. Si la sociedad, las familias y las empresas no transmiten a los jóvenes que estudian el mensaje de que van a poder acceder a un mejor trabajo y que les admiramos, vamos mal. Y tiene que haber una repercusión por este esfuerzo con un mejor salario y un trabajo acorde a lo estudiado", prosigue Ferrer, convencido de que el fracaso se inicia en primaria.

Los chicos pronto se dan cuenta de que sin cualificación la experiencia laboral no se acumula. "A los 17 años, un adolescente balear puede ganar lo mismo que un universitario vasco de 26 años mileurista. Pero cuando pasen tres años, él seguirá con casi el mismo sueldo y el del vasco será bastante más", razona Mercedes Esteban, vicepresidenta de la Fundación Europea Sociedad y Educación, institución que realizó en 2007 un estudio sobre la catastrófica situación balear para su consejería de Educación. En su opinión, la solución debe plantearse a medio-largo plazo, "no cabe esperar resultados inmediatos".

El nivel de estudios de la madre era antes determinante en el abandono -a menos preparación, menor afán de que el niño estudiase-, pero ahora no condiciona tanto: en diez años se ha multiplicado por cuatro el porcentaje de chicos cuyas progenitoras cuentan con estudios medios (el 35%) o universitarios (más del 4%). "Los padres apenas ven a sus hijos. Y el poco tiempo que los ven no lo pasan haciendo un seguimiento de sus deberes, sino viendo la televisión", se lamenta Montserrat Casas, rectora de la Universidad de Baleares. Se calcula que 150.000 niños entre 6 y 14 años sufren incomunicación extrema en el hogar.

El archipiélago balear, con 1,1 millones de habitantes, tan sólo tiene 17.000 universitarios -3.000 de ellos en estudios no reglados-. Sólo el 23% de los jóvenes llega a las facultades, cuando la media española es del 43%. "Al menos hemos conseguido que no baje el número, como está pasando en casi toda España", se alegra Casas. La tentación por dedicarse a los servicios es mayor en las pequeñas localidades, y está favorecida por los altos salarios. En 2004, en hostelería se ganaba de media 963 euros en Baleares frente a los 731 del resto del país.

El beneficio por permanecer más tiempo en el sistema educativo no se hace patente hasta que se completan los estudios superiores. Esto provoca un escalón demasiado alto para los que cuentan con menos recursos. Aunque las diferencias salariales se están acortando. En 1997 alguien que sólo tenía el graduado escolar ganaba un 73% menos que un licenciado. Nueve años después les separa un 47%. En Estados Unidos o Reino Unido el sueldo es el doble.

"Los alumnos vienen orientados por el INAEM, el ayuntamiento, los centros de secundaria...", cuenta Mariano Fernández, profesor de la Escuela de Adultos de Mazarrón. "Dejan las clases un 30%. Tienen muy poca base y se desaniman cuando ven el nivel de exigencia". El graduado se puede aprobar por partes, pero para los retornados resulta difícil. "Antes se sacaba en octavo de EGB y casi lo regalaban. Pero ahora son dos cursos académicos más y se nota mucho. Se desesperan con una ecuación de segundo grado. No sé, quizá deberían hacerse otras pruebas de madurez. Las de ahora están encaminadas para hacer el bachillerato y muchos no van a continuar estudiando. Van a necesitar entender lo que leen, pero hay algunas preguntas de lingüística que no tienen sentido", plantea el maestro de Mazarrón.

Esta queja no es compartida por Eva Almunia, secretaria de Estado de Educación y Formación. "El sistema tiene que ser flexible, con pasarelas, para que se reincorporen al estudio aquellos que se fueron, pero eso no puede significar que se rebaje el nivel. La titulación de secundaria es la misma para quieren quiere seguir el bachillerato y quien no. No se puede discernir". Almunia recuerda que desde el curso 209-2010 aquellos jóvenes que acrediten una experiencia laboral de más de tres años podrán optar a un título de cualificación si asisten a unos cursos semi-presenciales.

Jorge Calero, catedrático de Economía Aplicada, calcula en el estudio Desigualdades tras la educación obligatoria: nuevas realidades, de la Fundación Alternativas, que sólo el 5,9% de los chicos de 16 años estudian y trabajan. Un porcentaje que aumentaría, piensa, "facilitando estudios a tiempo parcial o reducciones del horario de trabajo para determinados contratos". Además, propone para rebajar el abandono dignificar la Formación Profesional, muy desacreditada; introducir asignaturas aplicadas en el bachillerato, hoy demasiado académico; destinar más dinero a becas en secundaria, porque la mayoría van a la universidad, e intervenir en educación infantil para reducir las desigualdades provocadas por el origen social y familiar.

Toda medida es poca cuando se está en el furgón de cola.


Elisa Silió en El País.

La Iglesia, entrañas y musculatura de Misericordia

La Iglesia, entrañas y musculatura de Misericordia

La cosa es sencilla. La Iglesia es la comunidad de los seguidores de Jesús, comunidad encarnada al servicio del Reino. Para ello, la Iglesia vive de los valores de Jesús, se alimenta de su cuerpo, comparte sus opciones, vibra con sus sueños, sintoniza con su Corazón.

Pero, ¿cómo es ese corazón de Jesús? Si hubiera que quedarse con una única palabra, diría que es un corazón misericordioso. Es decir, un corazón cercano, compasivo, amigable, servicial, atento, entrañable. La misma etimología latina de la palabra nos puede ayudar.
Miseri-cordia significa “corazón-en-la-miseria”. O sea, en sentido estricto, ser misericordioso supone poner el corazón en las miserias humanas de cada persona, en la miseria humana global. Es vibrar ante el sufrimiento, estremecerse, desgarrarse, sufrir, gritar, pelear contra esa misma miseria. Optar por los pobres y contra la pobreza.

Todo ello forma parte del paisaje cotidiano que vivimos como Iglesia. Constituye nuestra misma entraña, lo que mejor expresa qué es la Iglesia porque transparenta (aunque sea con grandes limitaciones) el mismo corazón de Jesús, la misma entraña de Dios Padre.

Al decir esto, pienso en las nueve familias que fueron desalojadas de sus casas demolidas en la Cañada Real Galiana de Madrid; en los 37 jóvenes bangladeshíes que, después de meses de lucha en Ceuta, lograron finalmente pasar a la península para poder rehacer aquí su vida; en la muchacha toxicómana que, cuando decidió dejar de ejercer la prostitución, no tenía un hogar donde vivir ni se veía con fuerzas ni apoyos suficientes para sostener su decisión. En esos casos, y en muchos otros, he podido constatar la respuesta de la Iglesia, encarnada en personas y comunidades concretas. Se trata de una respuesta cercana, atenta, servicial, gratuita. Una respuesta que muestra que somos una Iglesia con entrañas de misericordia.

O, mejor, que las entrañas de la Iglesia están hechas de misericordia encarnada.
Pero aún hay más. Estoy convencido de que estas entrañas de misericordia no bastan para describir lo que es y lo que debe ser nuestra Iglesia. Hace falta también desarrollar una cierta “musculatura de misericordia”. Es decir, estamos llamados a cultivar no sólo la ternura de la acogida, sino también la fortaleza para acoger. Y, junto a ello, necesitamos creatividad, estructura organizativa, esfuerzo sostenido, tejido articulado... y otros rasgos que nos permiten ser una comunidad tiernamente eficaz al servicio de las personas que sufren. Una Iglesia con entrañas y musculatura de misericordia. La cosa es sencilla y, a la vez, compleja.

Daniel Izuzquiza, sj