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Crisis alimentaria. La hora de la verdad

Crisis alimentaria. La hora de la verdad


Intermón Oxfam pide 15.000 millones de dólares más para ayudar a los países afectados por la subida de los precios de alimentos


Se necesitan cerca de 15.000 millones de dólares extra para conseguir dar asistencia inmediata a las, como mínimo, 290 millones* de personas amenazadas por la escalada de los precios de los alimentos que viven en los países pobres. Esta cantidad es pequeña en comparación con los más de 1 billón de dólares que la Reserva Federal de los EEUU y el Banco Central Europeo han inyectado en los sistemas financieros para intentar evitar la crisis económica de los últimos seis meses. Esta es una de las principales conclusiones del informe `La hora de la verdad´ que Intermón Oxfam ha presentado antes de la cumbre de emergencia de la ONU en Roma sobre alimentos y cambio climático.

Intermón Oxfam considera que los líderes mundiales deben coordinar en esta reunión un plan de acción global para las próximas semanas, que dé respuesta a las necesidades inmediatas, pero también contemple medidas a largo plazo y que vaya más allá de la estricta ayuda humanitaria.

El informe denuncia que la ayuda anual para agricultura, que ahora suma unos 4.000 millones de dólares, es una miseria en comparación con los 125.000 millones de dólares que los países ricos dieron a sus propios agricultores en forma de subsidios en el 2006. Se reconoce que la falta de inversión es una de las causas de la inseguridad alimentaria, y sin embargo la ayuda global para la agricultura se ha reducido a la mitad entre 1980 y 2005. Así pues la comunidad internacional debe apoyar una mayor inversión en agricultura para hacer frente a los problemas de la pobreza rural crónica y las malas cosechas, y ayudar a los pequeños productores a beneficiarse de los precios más altos.

“En los países donde trabajamos estamos viendo el impacto negativo del encarecimiento de los precios de alimentos en las personas pobres, quienes ya gastan más de la mitad de sus ingresos en alimentos y están afectados por el cambio climático”, ha dicho José A. Hernández de Toro, portavoz de Intermón Oxfam para agricultura. “Este es un reto enorme para el liderazgo y la legitimidad de las instituciones multilaterales del mundo, pero también una oportunidad única para emprender las reformas necesarias desde hace mucho tiempo.”

Oxfam sostiene en su informe que la respuesta debe ir más allá de la ayuda humanitaria. Los gobiernos de los países pobres deberían recibir ayuda para llevar a cabo esquemas de protección social que ayuden a los más pobres, como garantías de salario mínimo, semillas y fertilizantes gratis para los agricultores pobres, y rebaja de los impuestos sobre los alimentos.

También se necesitan cambios políticos a largo plazo. En primer lugar, una revisión urgente de los objetivos obligatorios de biocombustibles en los países ricos para frenar el impacto inflacionario. Recientes estudios sugieren que el aumento de la demanda para biocombustibles explica el aumento de los precios de los alimentos en un 30%, mientras que cada vez hay más evidencias científicas que demuestran que los biocombustibles no contribuyen a mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático.

La crisis también debería incitar la reforma del sistema de ayuda de alimentos, promoviendo más ayuda en metálico o comprada en los mercados locales, en vez de ser enviada desde el extranjero. La OECD estima que se podría destinar 750 millones de dólares extra al año si los países ricos dieran ayuda de alimentos en metálico más que en especies.

En los términos planteados en la actualidad, completar un acuerdo de libre comercio global no ayudaría a resolver la situación. Los países en desarrollo necesitan ser capaces de responder a las crisis, pero las propuestas existentes en la Organización Mundial del Comercio eliminan la flexibilidad necesaria para compaginar las políticas agrarias y comerciales, exponiendo los países pobres a mayor volatilidad del mercado.

Hernández de Toro añade: “Se necesita un nivel de coordinación sin precedentes entre las agencias internacionales, los gobiernos y el sector privado para afrontar esta crisis. La gran cantidad de dinero invertida en evitar la crisis financiera muestra qué es posible cuando existe la voluntad política. El coste del fracaso no se medirá sólo en vidas perdidas y sufrimiento humano, pero también en la pérdida de credibilidad.”

Refiriéndose al gobierno español, Hernández de Toro concluye: “El gobierno español ha situado la política de ayuda al desarrollo en la vanguardia de Europa. Le pedimos que también se sitúe en vanguardia en su posición sobre biocombustibles, en los tratados comerciales que está negociando la UE con países en desarrollo y en la reforma de las políticas agrarias europeas y coloque la lucha contra el hambre y la pobreza en el centro de estas políticas.”

IntermonOxfam

* El cálculo de Oxfam se basa en los 290 millones de personas más pobres en los 53 países considerados más vulnerables a la subida de precios de los alimentos (49 Países Menos Avanzados –PMA-, Tajikistan, Zimbabwe, Territorios Ocupados de Palestina y Kenia) que requieren un promedio de 50 dólares por persona de asistencia humanitaria en 2008. Esta es una estimación conservadora, ya que no toma en consideración los costes de transacción, y significaría tan sólo una ayuda de 14 centavos por persona y día.

Iglesia católica y poder político en España

Iglesia católica y poder político en España

Ahora chirrían en España las disonancias verbales de algunos ilustres prelados. Pero no todos los derechos democráticos pueden ser utilizados como evangélicos. Por ejemplo, recomendar la desobediencia civil.


Me siento cercano al diagnóstico de Américo Castro: "España es la historia de una creencia". Viene a cuento una experiencia del sacerdote Tarancón cuando contaba 30 años, en plena guerra civil. La sublevación le sorprendió en Tuy. Como era inevitable, allí se dejó contagiar por los primeros fervores de aquel acontecimiento que, a su juicio, tenía "aires de cruzada". Le llamó desde Burgos su amigo Emilio Bellón, que había logrado reunir a un grupo de jóvenes que fundaron la revista católica Signo. El de Burriana llevaba ya en Galicia casi dos años, aislado de sus amigos de Madrid. Corrió cuanto antes a la capital castellana. Cuarenta y seis años más tarde, jubilado en su retiro de Villarreal, escribía Recuerdos de Juventud. Uno de los pasajes más elocuentes de estas páginas es aquel en el que anota su sorpresa por el trueque de papeles que observó entre el Capitán General y el Arzobispo de Burgos. Al final de una gran manifestación patriótica, habló primero el Capitán General. "Sus palabras fueron como una oración. Dio gracias a Dios porque ayudaba descaradamente a las fuerzas nacionales. Pidió que el pueblo español conservase su fidelidad a la fe y al evangelio para continuar mereciendo la protección del Señor". En cuanto al discurso de monseñor Castro, "fue una auténtica arenga en la que pedía al pueblo que ayudase a los militares para vencer definitivamente a los enemigos de Dios y de la patria". A los jóvenes de Acción Católica les reprochó el excesivo entusiasmo por el Alzamiento que se reflejaba en la revista Signo. Según sus palabras, "corríamos el riesgo de hacer imposible la tarea de reconciliación que la Iglesia había de asumir ineludiblemente cuando terminase la contienda".

Cuando todavía en el 38, antes del final de la guerra, Tarancón se encarga de la parroquia y del arciprestazgo de Vinaroz le sorprende, y así lo hace notar en sus Recuerdos, que los curas liberados de la zona republicana reconocieran la mayoría de los errores cometidos en su práctica pastoral durante la República y ahora se aferrasen al poder del nuevo Estado. Entonces, observa don Vicente, se perdió la gran ocasión de hacer "una reflexión seria y profunda en aquellos momentos que podían ser decisivos para el futuro del cristianismo en nuestra patria. Demasiado fácilmente nos acogimos a las seguridades que nos ofrecía la victoria militar".

Le tocó después, a lo largo de 10 años de presidente de la Conferencia Episcopal, enfrentarse al intervencionismo de los políticos en las cosas de la Iglesia y más de una vez advirtió a ministros que se profesaban muy católicos que no se preocuparan tanto por las instituciones eclesiásticas ya que el obispo era él y, como tal, el encargado de defenderlas. El Concilio Vaticano II fue para él la luz definitiva, especialmente cuando votó a favor de la Constitución sobre "La Iglesia y el mundo actual" y del Decreto sobre "La libertad religiosa". Parece que había quedado claro que "la comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno" (76).

El Evangelio rechaza, como tentación diabólica, que el poder político sea utilizado para evangelizar. Joseph Ratzinger en su libro Jesús de Nazaret comenta así la victoria de Jesús sobre la tercera tentación, cuando el diablo le ofrece todo el imperio sobre la tierra: "El auténtico contenido de esta tentación se hace visible cuando constatamos cómo va adoptando siempre nueva forma a lo largo de la historia. El imperio cristiano intentó muy pronto convertir la fe en un factor político de unificación imperial. El reino de Cristo debía, pues, tomar la forma de un reino político y de su esplendor. La debilidad de la fe, la debilidad terrena de Jesucristo, debía ser sostenida por el poder político y militar. En el curso de los siglos, bajo diversas formas, ha existido esta tentación de asegurar la fe a través del poder, y la fe ha corrido siempre el riesgo de ser sofocada precisamente por el abrazo del poder. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para que el reino de Jesús no pueda ser identificado con ninguna otra estructura política, hay que librarla en todos los siglos" (pág. 65).

El Concilio orientó toda la acción de la Iglesia hacia la evangelización. Si en un momento había prevalecido el carácter apologético como defensa frente a las revoluciones ideológicas de los últimos siglos, ahora había que insistir en el diálogo con el mundo. En la Iglesia comenzó a hablarse claramente de la Segunda Evangelización. Juan Pablo II aprovechó el V Centenario de la Colonización de América, para reconocer el error de la Iglesia y oponer "evangelización" a "colonización". Pablo VI antes de finalizar el Concilio publicó su primera encíclica sobre el diálogo. "La Iglesia debe entablar diálogo con el mundo en el que tiene que vivir. La Iglesia se hace mensaje. La Iglesia se hace coloquio" (n. 60). Y en 1974, al recoger las conclusiones del III Sínodo romano dedicado a la evangelización, avanza notablemente sobre este concepto: "Lo que importa es evangelizar -no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces- la cultura y las culturas" (n. 20). De hecho los que se divorcian o abortan no lo hacen sólo porque lo permitan las leyes, sino porque no han sido debidamente evangelizados. Para el Episcopado francés, la Iglesia tiene que desarrollar una "función de mediación" en esta sociedad violenta y fracturada.

En España chirrían ahora las disonancias verbales de algunos ilustres prelados. Sospecho que no todos los derechos democráticos pueden ser utilizados como evangélicos. Por ejemplo, recomendar la desobediencia civil, abrir procesos de intenciones a propósito de las leyes permisivas de un gobierno laico, apoyar a los que tratan de desacreditar el poder constituido, etc. Ante la Constitución más hostil a la Iglesia y sus instituciones, como fue la de la Segunda República, los obispos españoles en su Declaración Colectiva (1931), dieron ejemplo de acatamiento y respeto al poder constituido, siendo fieles a la tradición de la Iglesia e hicieron serias advertencias en este sentido a todos los fieles. Permítame el lector esta cita: "No olviden jamás que, si la verdad tiene unos derechos, la caridad tiene sus deberes; eviten, por tanto, los escritores católicos vanas e injuriosas polémicas, absteniéndose de aplicar apelaciones despectivas e inconvenientes, que tantas veces se usan para distinguir unos católicos de otros, y no caigan en la temeraria ligereza, con el fin de sostener a un partido político, de hacer sospechosa la ortodoxia de otros, por la sola razón de pertenecer a otro bando, como si la profesión de catolicismo estuviera necesariamente unida a tal o cual partido político... Conviene evitar y apartarse de todo lo que sea y parezca inmoderación intemperancia y violencia de lenguaje... Para la defensa de los sagrados derechos de la Iglesia y de la doctrina católica, no son debates acrimoniosos lo que hace falta, sino la firme, ecuánime y mesurada exposición en que el peso de los argumentos, más que la violencia y aspereza del estilo, da razón al escritor". (IV. 10)

La Iglesia oficial acepta la "laicidad positiva", aquella en la que se garantiza la libertad de creer y la de no creer; porque no considera que las religiones son un peligro, sino más bien una ventaja, como acaba de decir Sarkozy. El debate sobre la licitud de la ética pública es un tema mayor que merece otro artículo. El contenido semántico de la palabra "laico" se desplaza según la tendencia de quien lo emplea. Norberto Bobbio se negó a firmar el Manifesto laico por "su lenguaje insolente contagiado de anticlericalismo". Existe un laicismo que rechaza toda forma de agresividad y es propenso al diálogo con los católicos sobre cuestiones particularmente delicadas, como el aborto, las uniones de hecho, hetero y homosexual y las investigaciones genéticas. "En la coyuntura político-cultural que se está delineando -escribe el profesor de Turín G. E. Rusconi- la distinción entre laicos y católicos ha llegado a ser más importante que la de izquierda-derecha" (La Stampa, 25.04.02).

José Mª Martín Patino es presidente de la Fundación Encuentro y sacerdote jesuita.

Dime quién eres

Ahora que la noche es tan pura,
Y que no hay nadie más que tú,
Dime quién eres.

Dime quién eres y por qué me visitas,
Por qué bajas a mí que estoy tan necesitado
Y por qué te separas sin decirme tu nombre.
Dime quién eres tú, que andas sobre la nieve;
Tú que, al tocar las estrellas,
las haces palidecer de hermosura;
Tú que mueves el mundo tan suavemente,
Que parece que se me va a derramar el corazón.

Dime quién eres, ilumina quién eres;
Dime quién soy también,
y por qué la tristeza de ser hombre;
Dímelo ahora que alzo hacia ti mi corazón,
Tú que andas sobre la nieve.

Dímelo ahora que tiembla todo mi ser en libertad
Ahora que brota mi vida y te llamo como nunca.
Sostenme entre tus manos;
sostenme en mi tristeza,
Tú que andas sobre la nieve.

José Luis Blanco Vega, sj

La semana de 65 horas revienta el sueño europeo

La semana de 65 horas revienta el sueño europeo


La UE sacrifica su modelo social en un intento de ser competitiva - La prometida sociedad del ocio y la conciliación, aún más lejos


El trabajador europeo está desconcertado. Por la noche, se acuesta con el nuevo discurso dominante: las empresas deben tomarse en serio la necesidad de conciliar la vida laboral y la vida privada, los países más productivos no son aquéllos en los que se trabaja más horas, las empresas modernas miman al máximo la salud de su gente, sociólogos y filósofos nos han prometido para el siglo XXI una nueva sociedad del ocio, con tiempos de trabajo cortos gracias a la implantación de las nuevas tecnologías... Por la mañana, el mismo trabajador se desayuna con la confirmación de que la conciliación era sólo un cascarón verbal: lo que de verdad viene es una brecha, un enorme boquete abierto en el techo de su semana laboral y en el de Europa, la cuna del modelo social. ¿Deben los europeos trabajar más horas para ser más competitivos en el mundo, como les permite la decisión adoptada esta semana por una mayoría de países miembros de la Unión Europea, ante el desmayo de un Gobierno español que promete no aplicarla? ¿Hasta qué punto la Vieja Europa, donde soplan fuertes vientos liberales, va a cometer perjurio contra sus propias bases sociales en ese empeño?

Los defensores de la polémica decisión, que requiere una bendición del Parlamento Europeo que no está clara por la movilización de la izquierda que se avecina, niegan la mayor: que no hay golpe social. No en vano, el Reino Unido, tras 15 años de batalla, ha logrado colar la expresion de moda, la free-choice o libre elección. Dicen: si un trabajador quiere trabajar más allá de las 48 horas semanales que fija el marco legal europeo -en España, se cumplan o no, son 40 las horas contempladas en el Estatuto de los Trabajadores, salvo en el caso de colectivos con su propio estatuto, como los médicos, los bomberos o la policía, y salvo que se hagan horas extra, hasta un máximo de 80 al año- ¿por qué se le debe impedir bajo ciertas condiciones?

A menos que un trabajador renuncie a ello, se supone que de forma voluntaria, la semana laboral europea se mantiene en las actuales 48 horas, subraya por activa y por pasiva la Comisión Europea. Ésta recuerda incluso que, a quienes superen ese tope, se les cuida poniéndoles un límite. Será de 60 horas, o de 65 en el caso de las profesiones con guardias, como los médicos. En realidad no es un tope, sino un promedio de tres meses. Así, si los europarlamentarios no lo impiden, uno podría encontrarse trabajando una semana, por ejemplo, ¡78 horas!

John Messenger, investigador principal del Programa sobre las Condiciones de Trabajo y del Empleo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), subraya desde Ginebra "el probable impacto negativo para la salud y seguridad de los trabajadores, y también para el equilibrio de su vida laboral y privada," que resultaría de una semana generalizada de hasta 65 horas. Según la OIT, 600 millones de personas trabajan "excesivamente", es decir, "más de 48 horas a la semana", el límite que esta organización estableció hace 90 años. Diversos informes de la OIT afirman que trabajar más de 50 horas por semana eleva el estrés y la fatiga, causa desórdenes en el sueño, malos hábitos de vida y, a la larga, transtornos musculoesqueléticos, enfermedades cardiovasculares y mentales, infecciones crónicas.

¿Hasta qué punto superar las 48 horas se mantendrá como excepción? "La negociación individual entre la empresa y el trabajador que plantea la directiva no es de igual a igual. La situación del trabajador es de debilidad total", advierte Raúl Riesco, director general de Trabajo. El ex secretario de Estado de Economía y profesor de IESE Alfredo Pastor prefiere plantearlo en estos términos: "El trabajador con talento, el crack buscadísimo por las empresas, tiene poder de mercado como para negociar. Por eso algunos sugieren que se está dando un margen de libertad. Pero para la mayoría de trabajadores sin ese poder, hablar de 60 horas es plantear un recorte a la protección social".

El Gobierno español ha avanzado que seguirá sin permitir que se supere el tope de las 40 horas. Pero Riesco admite "preocupación por la posibilidad de estar rodeados de países donde las largas jornadas se eleven a la categoría de normal y que intenten captar empresas, es un golpe al modelo europeo".

"O abrir la puerta a la competencia desleal, o volver a las historias de Charles Dickens", reflexiona Toni Ferrer, secretario confederal de Acción Sindical de UGT, quien, junto a CC OO, ha prometido hacer una "dura campaña" para que el Europarlamento ataje la norma. "Si no, el desapego del ciudadano europeo con la UE se disparará", añade. Los sindicatos parecen recobrar bríos con esta batalla en la actual Europa liberal. Se enfrentan a un disparo a su propio papel y al de la negociación colectiva. "Al trabajador individual va a serle imposible resistir la presión de una compañía que exija alargar el horario laboral", augura Ignacio Fernández Toxo, secretario de Acción Sindical de CC OO. Prevé un otoño caliente.

A la cabeza de la manifestación se han puesto los médicos. No sólo porque les afecta en particular la posibilidad de alargar la semana laboral a 65 horas, sino porque la directiva distingue, en el caso de una guardia, entre periodo activo y periodo inactivo. Contempla la posibilidad de que el tiempo que un médico pasa de guardia en un hospital, pero durante el que no atiende directamente a un paciente, no sólo no sea considerado tiempo de trabajo, sino que se interprete como tiempo de descanso.

"Vamos hacia el desastre. La directiva, si se aplica, cuestionará el compromiso con la calidad de la asistencia de los médicos y con su salud", subraya Patricio Martínez, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Esperanza de Barcelona y secretario general de la Confederación Estatal de Sindicatos de Médicos.

Diversas sentencias del Tribunal de Justicia de Luxemburgo -una de ellas, en 2000, a raíz de un litigio sobre el régimen laboral de los médicos dependientes de la consejería de Sanidad de la Comunidad Valenciana- dejan bien claro que la jornada laboral máxima de los médicos debe ser de 48 horas semanales, guardias incluidas. La directiva las ignora.

"¿Acaso nos van a poner un cronógrafo? ¿Y si el médico no está con un paciente pero revisa un expediente o espera el resultado de una analítica? ¿Está descansando?", se interroga Martínez, quien advierte que en la directiva tampoco queda claro que se pueda respetar la actual obligación de descansar un día tras haber hecho una guardia. "El motivo de toda esta cruzada es el déficit de médicos", explica el doctor Carlos Amaya, neurocirujano de La Paz y vicepresidente de la Federación Europea de Médicos Asalariados. El Reino Unido amplió en un 20% la oferta de plazas de estudiantes en sus facultades de Medicina y no la cubrió. "Así que intentan estirar la jornada de los que tienen", añade Amaya.

"Es imposible una atención sanitaria de calidad con una semana laboral de 65 horas", corrobora Loren Mármol, enfermera de 42 años que trabaja en el servicio de Urgencias y el área quirúgica del Hospital Espíritu Santo de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona). Mármol entra en el centro a las 21 horas y se queda 10 más. Hay semanas en que aplica este horario lunes, martes, viernes, sábado y domingo. Las alterna con otras cortas, de dos días, miércoles y jueves. "En la práctica, si alguien se pone malo y te piden que vayas, no te ponen una escopeta, pero, en fin...", cuenta.

Los empresarios españoles navegan con prudencia en este encendido debate, e insisten, al igual que el PP, en que las 60 horas semanales van a ser algo voluntario y la excepción a la regla. El responsable de Relaciones Laborales de la patronal CEOE, Fernando Moreno, apunta que "en España no hay demanda para cambiar la jornada laboral de 40 horas semanales, y que ya permite excepciones pactadas por acuerdos colectivos". Moreno sí reclama "mayor flexibilidad para distribuir las horas trabajadas en periodos de cómputo más largos, y que haya mejores adaptaciones a las puntas de actividad de las empresas".

Algunos empresarios sí se pronuncian abiertamente a favor de la directiva, sobre todo en sectores con fama de conllevar jornadas laborales largas, y en especial todo en determinadas épocas del año. Emilio Gallego, secretario general de la Federación Española de Hostelería, opina a este respecto que "la economía europea necesita de una flexibilización del mercado laboral en cuanto a la distribución del tiempo de trabajo. Esta decisión, como todo cambio, genera incertidumbre, pero puede ser buena para la competitividad".

"En un restaurante familiar, trabajar menos de 10 horas al día es imposible", sentencia Jordi Vila, chef del establecimiento Alkimia, de Barcelona. A sus 34 años, asegura que ha pasado por 17 restaurantes y "nunca" ha trabajado menos de 12 horas al día. Ahora, en el suyo propio, dice: "Cuando oigo hablar de las 35 horas pienso que yo las hago ¡en dos días y cuarto!".

La restauración, la hostelería, el comercio, la medicina, la asistencia a las personas, el periodismo, los servicios profesionales son carne de jornadas largas. Clara G., que se debate entre semanas de 45 horas y otras de 30 en un geriátrico, confiesa que "tanto psicológicamente como físicamente, trabajar muchas horas seguidas resulta agotador, ya que el trabajo implica movilizar a personas mayores sin mucha fuerza".

Las consultoras de Recursos Humanos no esconden su sorpresa. "Hablar de 60 horas va a contracorriente", dice Begoña Benito, directora general en España de Watson Wyatt. "Si habláramos de casos puntuales voluntarios, me parecería fabuloso, soy liberal. Pero según se aplique, se corre un riesgo: que las empresas se aprovechen", anticipa. En Europa se ha puesto de moda el concepto de la flexiseguridad. Conciliar la seguridad en el puesto de trabajo con la flexibilidad que requiere la empresa. La experta en Derecho Laboral Esther Sánchez, asegura desde Esade: "Tal vez estemos poniendo demasiado el acento en la flexi, más que en la seguridad. Esto es una regresión".

Ariadna Trillas


El perdedor

El perdedor

Rajoy tiene un problema. Uno fundamental, que ensombrece los otros que padece. El problema de Rajoy es que no ganó las elecciones. Si hubiera ganado su falta de carácter sería interpretada como mesura; su indefinición, síntoma de prudencia; su carisma deficiente, una demostración de que a veces los votantes saben distinguir entre envoltorio y fondo. Si las hubiera ganado, sus colegas celebrarían sus silencios como la actitud del hombre sabio; sus frases enigmáticas irían de boca en boca hasta que llegara ese intelectual, siempre hay uno, que las pasara a limpio. Si hubiera ganado, los que hoy enseñan los dientes serían ministros, secretarios de Estado, directores generales; eso les tendría definitivamente más calmados y pensarían que el debate sobre la capacidad de un solo partido para albergar a todos los sectores de la derecha puede esperar. También estarían aquellos cuyo nombre sonó para entrar en el Olimpo, pero que, tristemente, se quedaron sin nada. Ésos serían, sin duda, los más entusiastas defensores del jefe, porque no hay fidelidad más grande que la de aquel que está en la cola de los que quieren ser algo. Ay, el poder, qué brillo tiene. Genera tantas ilusiones que son contados los casos en que los ministros se rebelan. Los hombres que ostentan el poder, decía Montaigne, siempre parecen inteligentes. Lo penoso, añade, es que cuando el líder lo pierde, sus acólitos no tardan más de tres días en preguntarse: "¿Cómo tendríamos la cabeza para apoyar a este individuo?". Rajoy tiene muchos problemas, apuntados a diario por los analistas de este melodrama, pero el mayor es que perdió. De Zapatero, el ganador, Felipe González destacó la suerte como una de sus mayores virtudes. Habrá que empezar a creerle, dado que la legislatura ideal para cualquier gobernante es aquella en la que no se habla más que de la oposición.

Elvira Lindo

Señor...

Señor...

... Ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes
y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la razón.
Si me das éxito, no me quites la humildad.
Si me das humildad, no me quites la dignidad.

Ayúdame siempre a ver la otra cara de la medalla,
no me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a mí mismo y a no juzgarme como a los demás...

No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso.
Más bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es un signo de grandeza y que la venganza es una señal de bajeza.

Si me quitas el éxito, déjame fuerzas para aprender del fracaso. Si yo ofendiera a la gente, dame valor para disculparme y si la gente me ofende, dame valor para perdonar.

¡Señor... si yo me olvido de ti, nunca te olvides de mi!

Mahatma Gandhi

Grietas


La verdad es que grietas no faltan
así al pasar
recuerdo las que separan a zurdos y diestros
a pequineses y moscovitas
a présbites y miopes
a gendarmes y prostitutas
a optimistas y abstemios
a sacerdortes y aduaneros
a exorcistas y maricones
a baratos e insobornables
a hijos pródigos y detectives
a borges y sábato
a mayúsculas y minúsculas
a pirotécnicos y bomberos
a mujeres y feministas
a aquarianos y taurinos
a profilácticos y revolucionarios
a vírgenes e impotentes
a agnósticos y monaguillos
a inmortales y suicidas
a franceses y no franceses
a corto o a larguísimo plazo
todas son sin embargo remediables
hay una sola grieta decididamente profunda
y es la que media
entre la maravilla del hombre y los desmaravilladores
aún es posible
saltar de uno a otro borde
pero cuidado
aquí estamos todos ustedes y nosotros
para ahondarla señoras y señores
a elegir a elegir de qué lado ponen el pie.

Mario Benedetti

Los jesuitas y la Bioética, una estrecha relación

Los jesuitas y la Bioética, una estrecha relación


20 años de la Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas


¿Quién dice que la Iglesia es ajena a la realidad del hombre de hoy? Trasplantes de órganos, transgénicos, bioteconología, células troncales humanas, limitación del esfuerzo terapeútico; cuestiones éticas asociadas al comienzo y final de la vida humana (aborto, eutanasia), problemática del sida, la ética psiquiátrica, el síndrome de Alzheimer, el equilibrio de la población mundial, la deficiencia mental y cuestiones éticas como el matrimonio, la familia, el trabajo, la exclusión social y el diagnóstico prenatal en relación con ella. Estos y muchos otros son temas estudiados, debatidos y de los que han escrito los jesuitas que se han dedicado o se dedican a la bioética.

¿Tienen las religiones todavía algún papel en el discurso de la bioética? ¿Cómo conjugar una bioética civil o secular con una bioética de inspiración religiosa?, ¿Por qué excluirlas del debate? ¿No tienen algo que decir las religiones a la bioética sobre la manera de vivir, crecer, nacer, morir, sufrir, envejecer? Se pregunta Javier de la Torre, el director de la Cátedra de Bioética de la universidad jesuita Comillas (Madrid) que celebra este año su veinte aniversario. De forma muy resumida responde: “Todos los hombres pueden reconocer que lo divino y el sentido de lo religioso juegan un papel importante en la forma de situarse el hombre ante el sufrimiento, la enfermedad o la muerte; que la religión puede plantear visiones alternativas a las dominantes, que ayuda a fundar la incondicionalidad de la moral, que aporta máximos a los mínimos de justicia en nuestra sociedad, que ayuda a superar los límites estrechos del principalismo y del entusiasmo tecnológico, sin necesidad de que muchas personas tengan que asumir las creencias religiosas o la confianza en una realidad última divina”.

Historia de los jesuitas y la Bioética

Cómo explica Juan Ramón Lacadena (catedrático de genética de la universidad Complutense y seglar muy cercano a la Compañía), en Veinte años de Bioética en España (U.P.Comillas, 2008): “La Bioética nació en Estados Unidos y allí mismo la presencia de los jesuitas en la Bioética se materializó en 1971 cuando el profesor de Obstetricia y Ginecología, Dr. André Hellegers (1926-1979) fundó, con el apoyo de la Fundación Kennedy, el Instituto de Bioética y Estudios de Población en la Universidad jesuítica Georgetown, Washinton D.C que tiene gran proyección mundial y es el más antiguo y completo centro académico de Bioética del mundo”.

Desde esa fundación la relación de la Compañía y la Bioética se estrecha y van naciendo nuevos centros de estudio de esta disciplina. No en vano, los pontífices Pablo VI y después Juan Pablo II habían señalado a los jesuitas su obligación de situarse en las “encrucijadas de las ideologías”, y el padre Arrupe, siendo Prepósito General de la Compañía distinguió la Bioética como una de esas “trincheras” donde era necesaria el trabajo de la Compañía. El pasado 22 de abril, el Papa Benedicto XVI en audiencia a los miembros de la Congregación General 35 de la Compañía, les reforzaba el mismo envío a los jesuitas con estas palabras: “(…) la Iglesia os necesita, cuenta con vosotros y en vosotros sigue confiando, particularmente para alcanzar aquellos lugares físicos o espirituales a los que otros no llegan o encuentran difícil hacerlo (…) No son los mares o las grandes distancias los obstáculos que desafían hoy a los heraldos del Evangelio, sino las fronteras que, debido a una visión errónea o superficial de Dios y del hombre, acaban alzándose entre la fe y el saber humano, la fe y la ciencia moderna, la fe y el compromiso por la justicia”.

A lo largo de estas tres últimas décadas, a nivel internacional, han destacado en la Bioética jesuitas como: los estadounidenses Richard A. McCornick, Robert A..Jonsen, John P. Langan y Kevin Wm. Tildes. Albert L. Archer (Portugal) que llegó a ser Presidente de la Comision Nacional de Bioética de Portugal; Edouard Boné (Bélgica) Angelo Serra (Italia). Y del ámbito hispanoamericano: Alfonso Llano, Gilberto Cely, Omar França y Jorge Ferrer.

En España el primer centro jesuítico de Bioética fue el Instituto Borja de Bioética, fundado en 1975 por Francesc Abel, S.J. en el seno del Centro Borja de Sant Cugat del Vallés (Barcelona). Este Instituto, hoy dirigido también por una seglar, Nuria Terribas, tiene como objetivo “ofrecer una plataforma de diálogo entre la fe cristiana y otras visiones del mundo, profundizando en la fundamentación científica, filosófica y teológica aplicada a las ciencias de la salud”.

En 1984 se crea la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA) fundada por Alberto Dou SJ, con la finalidad de “fomentar el intercambio cultural entre personas dedicadas a las ciencias humanas y a las disciplinas teológicas y filosóficas” y que, ocasionalmente, aborda problemas bioéticos.

En 1987 se crea la ya mencionada cátedra de Bioética de la Universidad Comillas, de la que celebramos ahora veinte años de existencia. Dirigida por Javier Gafo SJ desde su creación hasta su fallecimiento en 2001, le sucedieron en el cargo: Jorge Ferrer SJ; Julio Martínez SJ, Juan Masiá SJ y en la actualidad, el seglar Javier de la Torre.

En 2005 se crea la Cátedra Andaluza de Bioética en Granada y en 2007 se crea en Córdoba el “Foro de Bioética Francisco Suárez”, del centro cultural San Hipólito, coordinado por Manuel Porras del Corras.

Si tuviéramos que hacer una relación de los jesuitas españoles que han trabajado en bioética, brillaría con luz propia Javier Gafo SJ, quien fue miembro de la Comisión Teológica Episcopal de la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española desde 1988 a 2000. Además de su formación filosófica y teológica era licenciado en Biología. Participó activamente en los debates bioéticos como jesuita moralista católico dentro y fuera de los espacios eclesiales.

Y por supuesto, hay que mencionar muchos otros como: Francesc Abel y Carlos Alonso Bedate, que han ocupado puestos de relevancia en comisiones de Bioética a nivel autonómico, nacional o de la Unión Europea, así como su aportación en las comisiones previas a la redacción de determinados textos legales de ámbito nacional o regional. Y Eduardo López Azpitarte SJ, Juan Masiá, Juan Vélez, E. Colomer, M. Cuyás, Augusto Hortal, Gonzalo Higueras, Ignacio Núñez de Castro o Julián Rubio, entre otros.

Veinte años de la Cátedra de Bioética de Comillas

La Cátedra de Bioética de la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE ha celebrado el pasado mes de mayo su vigésimo aniversario. En estos veinte años el centro se ha convertido en un referente con la creación un Master de Bioética (en 1997-98) dirigido a la formación de profesionales que quieren especializarse en esta disciplina, formar parte de los comités de ética asistencial de los hospitales o dedicarse a la investigación y la docencia. La Cátedra ha realizado también: 44 publicaciones, 10 tesis doctorales, 35 congresos, más de 50 cursos y jornadas, cerca de mil conferencias y la realización de más de 20 proyectos de investigación.

Fue en 1986 cuando la Conferencia Episcopal Española pidió a la Universidad Pontificia Comillas que celebrara un seminario sobre temas de Bioética, que organizó el P. Javier Gafo. De este seminario se derivó a la Cátedra de Bioética de Comillas que en 1987 fundó el P. Gafo, con el objetivo de iluminar los problemas morales originados por los avances de las ciencias biomédicas y establecer un diálogo multidisciplinar.

En palabras del rector de Comillas, José Ramón Busto: “Lo que ha caracterizado el trabajo de la Cátedra de Bioética ha sido el rigor en la reflexión ética que ha querido mantener siempre un equilibrio, no fácil de conseguir, entre la fidelidad a las exigencias de la fe cristiana en temas de bioética, tal como las viene expresando el Magisterio de la Iglesia y la atención tanto a las demandas de la investigación en las ciencias médicas y sanitarias como a las posibilidades que el desarrollo de nuestras técnicas ofrecen a los profesionales de la salud que han de enfrentase cada día a nuevos dilemas”.

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