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Las grandes colmenas

Las grandes colmenas

Urbanistas, sociólogos, políticos, arquitectos y otros profesionales tienen el desarrollo de las grandes urbes en el punto de mira. La ciudad está enferma, pero sus síntomas son analizados paso a paso mediante studios de todo tipo. Se conocen los problemas y las soluciones. Lo que hace falta son decisiones políticas.


No nos engañemos, la ciudad ideal para vivir no existe. Aunque algunas se acercan más que otras a esa antigua aspiración humana. Según estudios realizados por distintos medios y empresas que evalúan anualmente la calidad de vida en cuanto a estabilidad, infraestructuras, sanidad, educación, cultura y medioambiente, Canadá es el país con mejores condiciones en tres de sus grandes ciudades (Vancouver –en el primer puesto–, Toronto y Calgari), seguido por Australia, con Melbourne en el tercer lugar y otras cuatro ciudades australianas (Sydney, Perth, Adelaida y Auckland) en los puestos del 7 al 10, según el Mercer Quality of Living Survey para el Economist Intelligence Unity en el último año. Viena, en el segundo lugar, es la ciudad más votada en la encuesta como la que elegirían para vivir. En esta lista, Barcelona ocupa el lugar 42, y Madrid, el 48.

El reverso de la moneda estaría en las que el citado estudio señala como las peores ciudades para vivir entre 140 urbes encuestadas. Estas son: Dakar (Senegal) y Teherán (Irán) –empate en el lugar 130–, Colombo (Sri Lanka), Katmandú (Nepal), Douala (Camerún), Karachi (Pakistán), Lagos (Nigeria), Port Moresby (Papúa Nueva Guinea), otro empate en el 139 entre Argel (Argelia) y Dhaka (Bangladesh), y en último lugar, Harare (Zimbabue).

Los arqueólogos no se ponen de acuerdo sobre el salto entre la aldea y la ciudad que tuvo lugar hace unos 5.000 años. Lo cierto es que los restos de las primeras grandes civilizaciones aparecieron ya plenamente desarrolladas, con palacios, edificios de uso público y murallas que los protegían tanto de los ataques enemigos como de la inmigración descontrolada. Porque las ciudades son desde su origen un importante foco de atracción para gente en busca de mejores condiciones de vida y más libertades. Las grandes concentraciones urbanas han tenido más o menos los mismos problemas desde el principio, en distinta medida: la necesidad de agua para el consumo de sus habitantes, la eliminación de los desperdicios y basura, la contaminación, la circulación de vehículos y el peligro de desórdenes públicos.

El crecimiento demográfico es cada día más preocupante y el crecimiento de las megaurbes un tema al que es indispensable prestar mayor atención y previsión. En 2050 el 70% de la humanidad vivirá en ciudades, cuando en 1900 sólo lo hacía un 10%. Tokio, México DF, Mumbai, Nueva York, São Paulo, Delhi, Calcuta, Yakarta, Buenos Aires y Dhaka (Bangladesh) son hoy, en ese orden, las ciudades más pobladas del mundo. Se calcula que en 2020 cerca de 1.400 millones personas vivirán en zonas chabolistas en todo el planeta, según resultados del Urban Age Project, una organización que ha tomado como referencia seis ciudades (Nueva York, Shangai, Londres, México DF, Johanesburgo y Berlín) para el seguimiento tanto de su expansión arquitectónica como de los factores sociales y económicos en juego, resumidos en el libro The Endless City (Phaidon).

El espectáculo que nos presenta ahora con toda facilidad una herramienta como Google Earth puede ser escalofriante. El ser humano ha dejado su huella en el 80% del territorio del planeta. Somos una plaga . Las ciudades son gigantescas manchas que se extienden como un líquido depredador. Y siguen creciendo. La población urbana ha aumentado en el siglo XX de 220 millones de personas a 2.800 millones. Según las previsiones la escala de crecimiento seguirá en alza especialmente en Asia y África, donde las grandes ciudades llegarán a duplicar su población para 2030, según un informe de la ONU. Se estima que 120.000 personas llegan cada semana a vivir en ciudades asiáticas. En Dubai el 80% de habitantes son extranjeros. Movimientos migratorios extremos para los que los gobiernos locales deberían ir preparándose porque, según recomienda este documento, no será posible detenerlo con medidas de exclusión. Las ciudades fueron el nido de la civilización, el lugar que permitió (y necesitó) que surgieran las leyes, se perfilaran los derechos cívicos, que avanzara la ciencia, el comercio, la industria y las artes. Hoy parecen hormigueros o colmenas, aunque menos organizados que los de los simples insectos. Sin embargo, los directores del Urban Age Project, Ricky Burdett y Philipp Rode, no ven que esto sólo tenga un fin apocalíptico. “Las ciudades no representan sólo la concentración de los problemas –aunque así sucede–, sino que son los lugares donde esos problemas se pueden resolver”.

Fietta Jarque para EPS.

 

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