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La natalidad puede remontar si el Estado cumple su parte

La natalidad puede remontar si el Estado cumple su parte

Los países que más invierten en apoyo a la familia logran resultados, pero España está a la cola - Es más útil financiar guarderías que dar "cheques-bebé"

"Las buenas políticas familiares son las que ayudan a la gente a trabajar y a tener el número de hijos que quieran tener, y a hacer frente a los desafíos para el mercado laboral de una población que envejece". Esta es la conclusión del megaestudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) presentado ayer sobre la situación y la atención a las familias en 44 países. La prueba está en los países nórdicos. En un contexto en el que la natalidad ha descendido mucho en la mayoría de países desarrollados desde los años ochenta, las cifras reflejan que allí han conseguido aumentarla con políticas de conciliación que ayudan a las parejas a ser padres sin tener que renunciar a su carrera profesional y sin tener que hacer milagros para combinar empleo y niños.

Noruega ha pasado de 1,72 niños por mujer a 1,98; Suecia, de 1,68 a 1,94; Finlandia de un 1,63 a 1,86; y Dinamarca de 1,55, a 1,84. Y lo han conseguido en un mundo desarrollado en el que parece más complicado tener hijos que hace algunas décadas. Las familias con hijos han desplazado a los mayores como el tipo de hogar de mayor riesgo de pobreza. El porcentaje de niños que viven en hogares pobres en la OCDE ha pasado del 11,6% a mediados de los noventa al 12,7% en 2009; España, con un 17,3%, es el segundo país de la UE con la cifra más alta, solo por detrás de Polonia.

En un contexto de crisis económica, el informe habla del gran reto de las políticas públicas para atender a unas familias cuya complejidad se ha multiplicado, que son más pequeñas (el 21% de los hogares tiene más de un hijo, y el 60%, ninguno), con los padres más mayores, que trabajan más y menos niños viven con sus dos padres (las familias monoparentales de la OCDE son el 8,7%, un punto más que hace 15 años). Uno de los retos es conseguir aumentar la natalidad o, al menos, que la gente tenga el número de hijos que quiera a la edad que desee, algo que, según el informe, "no ocurre en muchos países de la OCDE". Por ejemplo, porque cada vez "más hombres y mujeres quieren establecerse en el mercado laboral antes de iniciar una familia", dice el estudio.

Así, la tasa de natalidad, que en los años setenta era de 2,2 hijos por cada mujer, en 2009 era 1,7. En España, la cifra está en 1,4. Pero, según la última encuesta de fecundidad del CIS, de 2006, las españolas tienen, de media, un hijo menos del que desearían, recuerda la socióloga y demógrafa del CSIC Margarita Delgado.

Muchos expertos, entre ellos Delgado, han enfocado la cuestión de la reducción de la natalidad mientras se da un progresivo envejecimiento de la población, como una situación insostenible a medio y largo plazo porque no habrá suficientes personas trabajando por cada jubilado, sobre todo en el sur y el este de Europa. Sin embargo, otros especialistas rebajan la alarma, y dicen que no es la demografía, sino que son los problemas económicos los que ponen en tensión las pensiones del futuro. "Si yo tuviese que calificar con un único término el cambio demográfico experimentado por España lo haría con la palabra ’progreso", escribía el pasado noviembre en este periódico el también demógrafo del CSIC Julio Pérez Díaz.

Pero, en cualquier caso, ambos enfoques colocan la base para un futuro mejor en el mismo sitio: "Los humanos, una vez dotados de buenas dosis de recursos, cuidados, ocupación, atención, respeto, cultura o justicia, tienen la sorprendente y ancestral peculiaridad de mejorar notablemente las sociedades a las que pertenecen", escribía Pérez Díaz. Es decir, volviendo al estudio de la OCDE, políticas que permitan a la gente tener los hijos que quieran y a las mujeres no tener que elegir entre su trabajo y ser madres. A pesar del espectacular aumento de los últimos 15 años, están empleadas el 53,5% de las españolas, frente al 59,6% de la OCDE.

El gasto público en España en apoyo familiar es el 1,61% del PIB, frente al 2,23 de media de la OCDE y el 3,67% en Francia y Dinamarca. Pero no se trata tampoco de gastar sin más. Para aumentar la natalidad resultan más eficaces las políticas de servicios que las ayudas económicas o las rebajas fiscales, explica la analista de la OCDE María Huerta. Es decir, políticas de conciliación que apoyen la natalidad sin tener que renunciar al potencial de buena parte de las mujeres en el mercado de trabajo.

El estudio sobre familias pone los ejemplos de la baja incidencia en la natalidad de los cheques-bebé en Australia desde 2004 y cuestionan el resultado a largo plazo de una iniciativa similar puesta en marcha en Rusia en 2007. También mencionan el cheque-bebé que se dio en España y que se retiró dentro de las medidas anticrisis. En el lado contrario, el ejemplo son los países nórdicos, donde, con un gasto público elevado en servicios de atención infantil (guarderías, actividades extraescolares, etcétera), "más mujeres trabajan y nacen más niños", dice Huerta.

En España, la escolarización de los menores de seis años presenta buenas cifras: 67% frente al 58% de media de la OCDE en 2008. Sin embargo, se trata también de la calidad y del coste, sobre todo en las guarderías para menores de tres años. En España acude a estos centros el 37,5% de los niños, pero las diferencias entre los hijos de familias pobres y de medios y altos ingresos es de 20 puntos (van el 23% de los pobres y más del 43% del resto). En Noruega, por ejemplo, esa diferencia es de menos de seis puntos, y globalmente van a clase el 45%. El Gobierno español puso en marcha en 2007 el programa Educa3 para aumentar las plazas de guardería, pero aún no se ha hecho ningún estudio sobre su impacto.

Pero, según María Huerta, quizá el mayor problema en este sentido en España llega en la educación primaria a la hora de intentar casar los horarios y las vacaciones escolares con los del trabajo de los padres. Según el estudio de la OCDE, en 2006 apenas un 6% de los niños españoles de 6 a 11 años se beneficiaban de servicios de atención pública fuera del horario esolar, mientras que en Dinamarca, Suecia, Hungría y Australia eran entre el 50% y el 70% de los chavales los que se beneficiaban de esos servicios, muchas veces, dentro de los propios colegios. Es cierto que en España ese 6% no refleja el porcentaje de chavales que hacen actividades extraescolares (las hacen la inmensa mayoría), que en muchas ocasiones cuentan con subvenciones públicas, por ejemplo, de Ayuntamientos. Sin embargo, la oferta es muy dispersa (suelen encargarse las asociaciones de padres) y no garantiza, de nuevo, que puedan acceder a ellas las familias con menos ingresos.

Sin embargo, las medidas de conciliación van más allá. Tienen que ver, por ejemplo, con los permisos de maternidad y paternidad apoyados con dinero público. Pero el estudio sugiere que estos permisos son más eficaces cuando apoyan el reparto de las bajas entre padres y madres, pues son estas últimas las que las suelen tomar y, por lo tanto, afecta más a su carrera el hecho de tener un hijo. En España, el permiso destinado para ellos es de dos semanas, mientras que en los países nórdicos tienen entre siete y 13, y en Alemania, 17. Y las empresas también tienen que hacer su parte. En España, el 73% de los empleados no tienen voz alguna a la hora de fijar su horario; en Holanda, Suecia o Dinamarca esa cifra está entre el 35% y el 40%.

Pero España también necesita un cambio cultural, añade Delgado. A la hora de repartir tareas domésticas, ellos dedican menos de dos horas al día y ellas, unas cinco; esta es la sexta mayor diferencia de los países desarrollados. Pero la cuestión también se refiere al apoyo familiar que en los países del sur de Europa, también en España, tradicionalmente han tapado muchos de los agujeros que dejaban los servicios públicos. Un 25% de los abuelos se ocupan diariamente de sus nietos. Pero esto no puede durar siempre, advierte Margarita Delgado, para empezar, porque muchos de los abuelos y, sobre todo, abuelas de hoy están trabajando cuando sus nietos son pequeños.

Delgado cuenta que ese apoyo familiar puede estar teniendo efectos perversos, pues hace que los jóvenes se emancipen más tarde y, por lo tanto, pospongan la edad de maternidad, con lo que al final se tienen menos hijos aunque se quieran más. Las españolas son madres, de media, a los 29 años, la cuarta edad más tardía de la OCDE. Sería injusto, en cualquier caso, no destacar aquí que el elevado precio de la vivienda, unido a la inestabilidad laboral y el paro que ha atacado a los jóvenes españoles durante toda la década, tampoco invita a tener hijos. Con el 42%, España tiene la tasa de paro juvenil más alta de la UE.

J.A. Unión para El País.

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