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cuatrodecididos

Distinguir la noche del día

Preguntó un gurú a sus discípulos si sabrían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día.

Uno de ellos dijo: "Cuando ves un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo".
"No", dijo el gurú.

"Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un anacardo".
"Tampoco", dijo el gurú.

"Está bien", dijeron los discípulos, "dinos cuándo es".
"Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, aún es de noche".

Tony de Mello

Semillas

Una persona se acercó a la Tienda de las semillas y se dio cuenta
de que tras el mostrador se hallaba el mismo Dios.
-¿Qué deseas, hijo?- le preguntó.
El hombre respondió:
- Deseo el amor, la bondad y la justicia, no sólo para mí sino
también para todos los seres humanos.
Y Dios le repicó:
- Hijo mío, creo que no has leído bien; aquí no vendemos frutos,
sino semillas.

Tony de Mello

Cerrar un ciclo

Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cuando insistimos en alargarla más de lo necesario, perdemos la alegría y el sentido de las otras etapas que tenemos que vivir. Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos…, no importa el nombre que le demos, lo importante es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya terminaron. ¿Me han despedido del trabajo? ¿Ha terminado una relación? ¿Me he ido de casa de mis padres? ¿Me he ido a vivir a otro país? Esa amistad que tanto tiempo cultivé, ¿ha desaparecido?

Puedes pasar mucho tiempo preguntándote por qué ha sucedido algo así. Puedes decirte a ti mismo que no darás un paso más hasta entender por qué motivo esas cosas que eran tan importantes en tu vida se convirtieron de repente en polvo. Pero una actitud así supondrá un desgaste inmenso para todos: tu país, tu cónyuge, tus amigos, tus hijos, tu hermano; todos ellos estarán cerrando ciclos, pasando página, mirando hacia delante, y todos sufrirán al verte paralizado. Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y noche su relación con una persona que se fue para no volver. Todo pasa, y lo mejor que podemos hacer es no volver a ello.

Por eso es tan importante (¡por muy doloroso que sea!) destruir recuerdos, cambiar de casa, donar cosas a los orfanatos, vender o dar nuestros libros. Todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar. Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor. Deja de encender tu televisión emocional y ver siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte.

Nada hay más peligroso que las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del ‘momento ideal’. Antes de comenzar un nuevo capítulo hay que terminar el anterior: repítete a ti mismo que lo pasado no volverá jamás. Recuerda que hubo una época en que podías vivir sin aquello, sin aquella persona, que no hay nada insustituible, que un hábito no es una necesidad. Puede parecer obvio, puede que sea difícil, pero es muy importante.
Cerrar ciclos. No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino porque, sencillamente, aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo. Deja de ser quien eras, y transfórmate en el que eres.

Paulo Coelho

Fraternidad

Dos hermanos, el uno soltero y el otro casado, poseían una granja cuyo fértil suelo producía abundante grano, que los dos hermanos se repartían a partes iguales. Al principio todo iba perfectamente. Pero llegó un momento en que el hermano casado empezó a despertarse sobresaltado todas las noches, pensando: "No es justo. Mi hermano no está casado y se lleva la mitad de la cosecha; pero yo tengo mujer y cinco hijos, de modo que en mi ancianidad tendré todo cuanto necesite. ¿Quién cuidará de mi pobre hermano cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro mucho más de lo que actualmente ahorra, porque su necesidad es, evidentemente, mayor que la mía". Entonces se levantaba de la cama, acudía silenciosamente adonde su hermano y vertía en el granero de éste un saco de grano.

También el hermano soltero comenzó a despertarse por las noches y a decirse a sí mismo: "Esto es una injusticia. Mi hermano tiene mujer y cinco hijos y se lleva la mitad de la cosecha. Pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso, que mi pobre hermano, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?".

Un día, se levantaron de la cama al mismo tiempo y tropezaron uno con otro, cada cual con un saco de grano a la espalda.

Muchos años más tarde, cuando ya habían muerto los dos, el hecho se divulgó. Y los ciudadanos decidieron erigir un monumento en el lugar en el que ambos hermanos se habían encontrado.

Los verdaderos adoradores no adoran aquí o allá, sino en espíritu, en verdad y en fraternidad.

Muerte y enfermedad

Muerte y enfermedad

Escribió Javier Tusell sobre la enfermedad y la muerte:

"La enseñanza más importante que se recibe de la experiencia de la enfermedad es la de la solidaridad. Éste es un término malbaratado por el abuso excesivo que de él se hace: la solidaridad se da por su puesta e incluso aparece monótonamente en los programas de los partidos políticos. Pero, como es lógico, se trata de algo más profundo y decisivo. Se refiere a la especie de comunión que se establece entre el enfermo -el indigente- y quienes le cuidan, le quieren de algún modo o se compadecen -en el más literal sentido del término- en sucesivos círculos concéntricos. En la enfermedad descubres, no rememoras porque hasta el momento no has vivido esa experiencia, los pliegues infinitos, hasta el último recoveco, del amor conyugal y familiar. Se te presenta con meridiana claridad que sin ese apoyo te resultaría imposible siquiera enfrentarte a las circunstancias. Te prometes, llegado a la esencia de las cosas, ser al máximo selectivo con tu tiempo y disfrutar hasta el fondo de los otros. Te preguntas si, llegada la ocasión, podrás tú responder de modo semejante (y tienes la desasosegante sensación de que la respuesta es negativa). Te sorprende y te emociona de modo especial descubrir lo que le importas a gente que has tratado poco o que te resulta desconocida. Te maravilla la gratitud y la espontaneidad de su sentimiento. De todo ello no podrías haber gozado antes -porque, en efecto, se disfruta- de no ser por la experiencia de la cercanía a la muerte".

"A la conformidad supongo que se puede llegar con la pura racionalidad, pero en mi caso también por la fe religiosa, ese sentido de la ordenación del mundo. Para algunos quizá la creencia signifique el consuelo de una prolongación vital y la promesa de una compensación ante los padecimientos. Yo la veo más como esa conformidad, tanto de cara al futuro como en el balance personal respecto del pasado. Nace de la consideración de Dios como Padre y de ti mismo como ese apóstol que ha podido fallar y que se dirige a Jesús con una frase que denota, a la vez, sumisión y reconocimiento de esa falibilidad: "Señor mío y Dios mío"".

El canto del pájaro

Los discípulos tenían multitud de preguntas que hacer acerca de Dios.

Les dijo el Maestro:
"Dios es el Desconocido y el Incognoscible,
Cualquier información acerca de él,
cualquier respuesta a vuestras preguntas,
no será más que una distorsión de la Verdad".

Los discípulos quedaron perplejos:
"Entonces, ¿por qué hablas sobre él?".

"¿Y por qué canta el pájaro?", respondió el Maestro.

El pájaro no canta porque tenga una afirmación que hacer. Canta porque tiene un canto que expresar.
Las palabras del alumno tienen que ser entendidas. Las del Maestro no tienen que serlo. Tan sólo tienen que ser escuchadas, del mismo modo que uno escucha el viento en los árboles y el rumor del río y el canto del pájaro, que despiertan en quien escucha algo que está más allá de todo conocimiento.
Tony de Mello

El águila real

Un hombre encontró un huevo de águila.
Se lo llevó y lo colocó en el nido de
una gallina de corral. El aguilucho fue
inacabado y creció con la nidada de pollos.

Durante toda su vida, el águila hizo lo
mismo que hacían los pollos, pensando que
era un pollo. Escarbaba en la tierra en
busca de gusanos e insectos, piando y
cacareando. Incluso sacudía las alas y
volaba unos metros por el aire, al igual
que los pollos. Después de todo, ¿no es
así como vuelan los pollos?

Pasaron los años y el águila se hizo vieja.
Un día divisó muy por encima de ella, en
el límpido cielo, una magnífica ave que
flotaba elegante y majestuosamente por
entre las corrientes de aire, moviendo
apenas sus poderosas alas doradas.

La vieja águila miraba asombrada hacia
arriba "¿Qué es eso?", preguntó a
una gallina que estaba junto a ella.

"Es el águila, el rey de las aves",
respondió la gallina. "Pero no pienses
en ello. Tú y yo somos diferentes de él".

De manera que el águila no volvió a
pensar en ello. Y murió creyendo que
era una gallina de corral.

Anthony de Mello

Bienvenido al weblog cuatrodecididos

Bienvenido al weblog cuatrodecididos

Esta bitácora intenta ser un espacio para publicar -o más bien para recordar- textos que me parecen interesantes, que pueden servirnos para pensar, para meditar, para orar, para vivir mejor en definitiva. Ojalá os guste y también os animéis a escribir en él. Un saludo