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Prioridades

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Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual. Martin Luther King

Lo que desgraciadamente incluye a la práctica totalidad de países del mundo. El 20% del presupuesto dedicado a I+D en España se destina a gasto militar; supone más que la investigación científica, sanitaria, agraria, oceanográfica y pesquera juntas. Así, por cada euro dedicado a investigación médica destinamos cinco a mejorar nuestras armas, el doble de lo que disponemos para nuestras universidades.

Pedimos paz en Oriente Medio y solo nos preocupamos de prepararnos mejor para la guerra. No somos capaces de desprendernos del 0,7 del PIB para el desarrollo y abrimos 13 nuevos proyectos de creación y desarrollo de armamentos. Olvidamos que un día fuimos nosotros los que necesitábamos la ayuda de otros e ignoramos lo que se sufre cuando alguien decide utilizar esas armas sobre las que investigamos.

De lo que se siembra se recoge: Cada innovación en nuestras armas nos pone un pasito más cerca de esa muerte espiritual.

Charles Evans en pastoralsj.org

Clavos y martillos

Clavos y martillos

El jefe del Pentágono no quiere más dinero para su departamento, algo inusual en un político

"Cuando tienes un martillo, todo te parece un clavo". Éste es quizá el mejor epitafio de la política exterior seguida por Estados Unidos en los últimos años. Sin duda, el propio George W. Bush es un buen ejemplo de hasta qué punto la hipertrofia militar puede llegar a presionar el nervio óptico, nublando la visión. Hasta la propia Laura Bush, en una divertida intervención en la cena de corresponsales de la Casa Blanca hace un par de años, se permitió ironizar sobre la política exterior de su marido al relacionarla con su afición a la sierra eléctrica durante los fines de semana en el rancho de Crawford.

Con un presupuesto que representa más de la mitad del gasto mundial en defensa, no es extraño que Washington se haya acostumbrado a pensar que la solución militar puede resolver casi todos los problemas. Un dato revelador de este poderío: la Marina de guerra estadounidense es más grande que las 13 siguientes del mundo combinadas, y eso que 11 de ellas son aliadas.

Afortunadamente, la hipertrofia militar llega a su fin y el nervio óptico parece volver a funcionar. El secretario de Defensa Robert Gates, criticando a quienes piensan que la seguridad de Estados Unidos se compra con el presupuesto de defensa, ha dicho algo absolutamente inusual en un responsable político: que no quiere más dinero para su departamento. En su apoyo ha ofrecido un dato revelador: que el número de efectivos de las bandas musicales de las fuerzas armadas estadounidenses es superior al de los diplomáticos con los que cuenta el país. Gates prefiere que le den dinero al Departamento de Estado para contratar más diplomáticos con los que prevenir conflictos, mediar en procesos de paz, apoyar la reconstrucción posconflicto o lidiar con Estados fallidos. De hecho, los planes para la creación de una reserva o cuerpo de intervención civil, capaz de desplegarse en zonas de conflicto, están ya muy avanzados.

En el fondo, como no hay mal que por bien no venga, Irak ha constituido una enorme fuente de aprendizaje que va a ser decisiva para Obama a la hora de tratar con Afganistán: el nuevo manual de contrainsurgencia del Ejército estadounidense, elaborado por el general Petraeus, enfatiza la necesidad de utilizar la mínima fuerza y lo crucial que es apoyarse en las instituciones locales y los líderes comunitarios (Israel, que se asemeja a un Estados Unidos en miniatura, capaz de acogotar a todos sus vecinos a la vez, pero incapaz de ver más allá del humo de sus bombas debería, por cierto, prestar atención a este cambio doctrinal).

En las crónicas del periodista Seymour Hersh sobre la llegada al Pentágono del primer secretario de Defensa de Bush, Donald Rumsfeld, escuchamos a éste responder a las reticencias de los generales a ir a la guerra de Irak, diciéndoles que se avergüenza de ellos, que son el hazmerreír del mundo por no querer combatir pese a ser el Ejército más poderoso de la historia, en definitiva, que están clintonizados (sic). No deja de ser por ello una poderosa ironía que ahora la diplomacia estadounidense esté otra vez al mando de un(a) Clinton.

En su toma de posesión, Hillary Clinton ha zanjado el debate entre "poder blando" y "poder duro" haciendo suyo el nuevo término popularizado por el politólogo Joseph Nye: "Poder inteligente" (smart power). El concepto no hará carrera, ya que no añade nada, aunque sí tiene el valor de poner de manifiesto hasta dónde dejó llevar la estulticia el trío Bush-Cheney-Rumsfeld. Más valor tiene la visión planteada por Hillary de una política exterior basada en tres D: diplomacia, defensa y desarrollo, entendidas como elementos inseparables entre sí e íntimamente coordinadas en una estrategia nacional.

Los planteamientos de Gates y Clinton son el mejor exponente de hasta qué punto la manera de concebir y ejecutar la política exterior tiene que cambiar de forma radical si quiere adaptarse a un mundo tan complejo como en el que vivimos. Eso afecta a Estados Unidos especialmente, pero también a la UE, y cómo no, a España. Una diplomacia moderna requiere tener a mano no sólo más diplomáticos, sino también jueces, policías, ingenieros, cooperantes y mediadores culturales. También, por supuesto, unas fuerzas armadas modernas capaces de cooperar en la gestión de crisis y utilizar la fuerza selectiva y decisivamente allí donde sea necesario.

El debate sobre el poder inteligente ya está abierto en Estados Unidos: puestos a admirar a Obama, ¿por qué no lo ponemos también en marcha en España, donde diplomacia, defensa y desarrollo están escasamente integradas, en general poco o nada coordinadas, y normalmente carentes de la capacidad de reaccionar rápida y flexiblemente?

José Ignacio Torreblanca

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El Roto

Algunos males del sistema educativo

Algunos males del sistema educativo

Desde la reforma introducida por la LOGSE, el sistema educativo español hace agua por todas partes. Los resultados del Informe PISA, que sólo han sorprendido a los ingenuos, han dado lugar a reacciones de lo más variopintas. Unos opinan que la causa del bajo nivel de nuestros estudiantes está en los cambios sociales, otros en la presencia de inmigrantes, y otros en la poca formación de los padres. También hay quienes dicen que la cosa no es para tanto, y que las estadísticas hay que interpretarlas correctamente. Pero a nuestras autoridades educativas ni se les ocurre la posibilidad de que la causa pueda estar en una mala ley de educación. Eso ni se plantea, y la ministra del ramo sigue cantando alegremente las excelencias de nuestro sistema educativo.

En primer lugar, ¿hacían falta los datos que ofrece PISA para caer en la cuenta de nuestro desastre educativo? ¿Es que no podemos ver la realidad hasta que esté traducida en gráficos y estadísticas? Que la famosa reforma educativa es un disparate ya lo llevamos denunciando algunos desde hace tiempo (lo cual, por cierto, nos ha valido ser tachados de fascistas, reaccionarios y nostálgicos), y para ver por qué es un disparate no hace falta esperar a que los sociólogos de la educación hagan sus estadísticas y sus informes, basta con abrir los ojos y mirar a nuestro alrededor. Hay alumnos que acaban la Educación Secundaria Obligatoria incapaces de operar con decimales, ignorando cosas muy elementales de geometría y, en algunos casos, sin saber la tabla de multiplicar. En muchas facultades de ciencias ha sido necesario implantar un curso cero, que se imparte durante septiembre, donde se enseñan cosas que antes sabía un estudiante corriente de 14 años. Y la necesidad de este curso no se hizo patente hasta que llegaron los primeros alumnos procedentes de la reforma. Que el gamberrismo e indisciplina en los institutos ha subido hasta cotas alarmantes es algo del dominio público, y del descenso del nivel de madurez de nuestros estudiantes hay pruebas cotidianas. No es insólito que un “niño” vaya con su mamá a matricularse a la facultad, y se han dado casos de alumnos universitarios que han ido a la revisión de notas acompañados de sus padres.

A propósito de todo esto, importa mucho aclarar una cosa: si los efectos de la reforma no son todavía más desastrosos, es porque los profesores hacemos bastante más de lo que estrictamente nos corresponde. E importa mucho aclararlo porque también hay quienes achacan el fracaso de nuestro sistema educativo a los profesores, “que no hemos sabido adecuar nuestra mentalidad a los nuevos tiem-pos”. Los alumnos llegan a primero de Bachillerato (que empieza a los 16 años) ignorando cosas muy básicas pero indispensables para seguir las asignaturas de matemáticas, de física o de latín. Cumpliendo rigurosamente con su deber, un profesor tendría que empezar por el primer tema dando por sabido todo lo que los alumnos tienen que saber. Y los que no lo sepan, que reclamen a la señora ministra, que mantiene un sistema que concede el título de ESO a quien no lo merece. Afortunadamente, no hacemos así, porque los alumnos son las víctimas del sistema, no los culpables, y casi todos los profesores, la mayoría de los que conozco, nos demoramos explicando cosas que no tenemos ya obligación de explicar en ese nivel. Si los docentes hiciéramos una huelga de celo, cumpliendo estrictamente con nuestras obligaciones pero nada más, el sistema se hundiría en muy poco tiempo. Por ello, la acusación de que los profesores no hemos sabido adaptarnos a la nueva situación es injusta, y también interesada, porque es otra manera más de los creadores del despropósito de eludir sus responsabilidades.

Los defensores de nuestro sistema educativo sostienen que, con todos sus defectos, consiguió escolarizar a todo el mundo. ¿Pero qué significa realmente “escolarizar”? Si un alumno está en una clase sin enterarse de nada porque tiene varias asignaturas pendientes del curso anterior, no está escolarizado, está encerrado entre cuatro paredes. Quien llega al final de la ESO redactando mal y escribiendo con faltas de ortografía, no ha estado escolarizado, ha estado encerrado entre cuatro paredes. Si un alumno quiere aprender pero no puede porque se lo impide el alboroto de algunos compañeros, no está escolarizado, está encerrado entre cuatro paredes. Un lugar donde los derechos de quienes no quieren aprender están más protegidos que los derechos de quienes sí quieren, sólo por abuso de lenguaje puede ser llamado centro educativo. Con el sistema anterior los alumnos acababan la enseñanza obligatoria a los 14 años mejor preparados que los que la acaban hoy a los 16. Que en más años se obtengan peores resultados no parece precisamente un progreso.

Entre los males de nuestro sistema está la proliferación de unos presuntos expertos que, usando un discurso vacío, están empeñados en intervenir en la formación de los docentes. Algunos de ellos son profesores de instituto que han desertado de la tiza y aprendido la jerga pedagógica. No tienen que soportar las consecuencias de sus propias teorías, pero se dedican a dar cursillos a quienes seguimos dando clase. Otros son profesores de Universidad, que jamás han trabajado con alumnos de instituto, pero que hablan del tema con el atrevimiento propio de los ignorantes. Veamos algunos ejemplos. Hay un sesudo pedagogo que afirmó que señalar en color rojo las faltas de un examen era vejatorio para el alumno, y otro, más inteligente todavía, que llegó a decir que los fallos y los errores son una expresión de la creatividad de los niños. Sé de otro, de la Universidad de Murcia, que impartiendo una conferencia sobre la educación para la salud, dijo que un profesor de física también podía contribuir a este aprendizaje estudiando en clase la elasticidad de los preservativos. En la Universidad de La Coruña hay quien sostiene que los profesores no entienden el mundo en que viven por culpa de su subconsciente franquista, y en la de Málaga quien afirma que, como los alumnos están colocados en hileras, la comunicación horizontal entre ellos es imposible. Este mismo profesor se lamenta de que el saber, en la escuela, es jerárquico y circula de modo descendente (¿qué tendrá de malo que los conocimientos vayan desde quien los tiene hacia quienes carecen de ellos?). Otro, éste de la Universidad de Zaragoza, dice que el profesor no debe ser quien detenta la ciencia dentro del aula, ni que su objetivo sea transmitirla a los alumnos (¿quién ha de “detentar” entonces la ciencia dentro del aula?).

Hay un profesor de la Universidad de Valencia que critica a los profesores porque no leemos libros de pedagogía. Esto es una buena noticia: mientras los docentes sigamos reacios a estas necedades, la cosa todavía puede tener solución. Pero lo más grave es que, si no se pone pronto remedio, de estos ignorantes dependerá aún más que hasta ahora la formación de los futuros profesores. Dios nos coja confesados.

Ricardo Moreno Castillo es profesor de instituto y autor de De la buena y la mala educación, Los Libros del Lince.

Padres, no amigos

Padres, no amigos

Colegas o ’hiperpadres’, muchos progenitores viven el desconcierto de ver crecer a sus hijos huérfanos de modelo y de límites


El niño de seis años se encarama en el carro del supermercado mientras sus padres lo empujan y sortean estanterías. Es él quien dirige la compra y elige los productos que acaban en el carro. ¿Croquetas, pizzas, zumos? Para él es un juego, pero la decisión de compra está en sus manos. "Se le da un papel de adulto. Algo que se repite en otras situaciones diarias. No hay un modelo de autoridad saludable", señala Ana Sáenz, psicóloga vinculada al centro Marie Langer, especializado en ofrecer propuestas sobre malestares cotidianos. Sáenz reside en Bilbao, está integrada en la red de psicología Procesos Correctores Comunitarios (Procc) y colabora con colegios e instituciones. "Para crecer los niños necesitan sentirse seguros y autónomos, pero muchos padres desconocen las necesidades vitales de cada periodo. Se les exige mucho en ciertos aspectos y se les sobreprotege en otros", asegura.

No están ausentes, pero en ocasiones desertan. Muchos padres y madres, además de guardar en la cartera las fotos de sus hijos, tienen la sensación de llevarlos a cuestas. Suelen ser padres condescendientes, colegas en lenguaje coloquial, o hiperpadres. ¿Pero son padres y madres? No, son amigos, o animadores sociales y, si son perfeccionistas y tienen tiempo, profesores domésticos, pero no siempre ponen límites a los afanes consumistas y expansionistas de sus hijos. A no ser que su bolsillo flaquee, les violenta menos comprar un juguete o la maldita chuchería que repetir cada tres minutos en un tono sereno que no pueden tener todo lo que ven. Muchos tienen criterio, lo que no saben es decir que no sin enfadarse; otros pasan en pocas horas de ser padres modélicos a sentirse víctimas. "Prefiero no enterarme de algunas cosas para no estar todo el día de gresca", afirma el padre de una adolescente. "Paso del grito a la autocompasión y hasta empiezo a hablar sola por el pasillo", admite la madre de un chico preadolescente y otro al final de la ESO.

El modelo de padre y madre ha experimentado varios cambios en los últimos años, pero algunos han perdido el guión en medio del viraje. En algunas familias el padre o la madre son figuras desvaídas, fotocopias que podrían imantarse en la nevera junto a los recados urgentes. "Juan, mañana tienes examen de Cono... Estudia, no me seas vago". "Oye Vanessa, reina, si llevas una hora con la PSP, ahora no te pongas a bailar con la Wii, ¿eh?". Su papel es insustituible, pero a veces les resulta ingrato, grande, aplastante. Les cuesta ejercer y mantener cierta insobornable autoridad. Pero si ellos dejan de ser padres, sus hijos se quedan huérfanos y sin referentes, advierte Emilio Calatayud, magistrado del Juzgado número 1 de Granada.

En el otro extremo, o mezclado con ese modelo amable, se encuentran los hiperpadres, arquitectos mentales de completos currículos de futuro para sus vástagos. Pintura, música, baloncesto. ¿Qué más? Algunos parecen estar examinándose cuando juegan con sus hijos. ¿Lo están haciendo bien? Todo les parece poco. ¿Todo por sus hijos, pero sin sus hijos? "¿Qué clase de niños quieren?", pregunta Sáenz. "El modelo que se les propone es el de la sociedad de consumo, aquello que funciona. Por ejemplo, se niega la pubertad, etapa en la que salen afuera y se despiden de su infancia. Se busca que pase cuanto antes y se adelanta la adolescencia por influencia de la televisión. Se les roba así parte de su niñez y se les empuja a adoptar un prematuro rol juvenil". En definitiva, dan bandazos e incluso adoptan ellos el papel de niños, haciendo como que lloran o imitando sus rabietas, apunta Sáenz. "¿Qué autoridad muestra un adulto que actúa así? Algunos niños pueden pensar: ’¿Y éste es el que me cuida?".

Carmen Loureiro, psicóloga de Nexo y colaboradora del Centro Abierto Tomillo, en Madrid, piensa que "el denominador común entre los padres es la culpabilidad". Gracias a esa culpabilidad proliferan las escuelas para padres en colegios o gabinetes psicológicos. El vacío es tal que José Antonio Marina acaba de crear una universidad para padres virtual.

Nunca hubo padres tan informados, pero algunos siguen cursillos y hasta exploran en Internet foros educativos. En especial cuando sus hijos llegan a la ESO. "Mereció la pena mientras fue pequeño. La fiesta acabó con la adolescencia", afirma una madre. La clave la da Alicia Fernández-Zúñiga, psicóloga y directora del Instituto de Lenguaje y Desarrollo (ILD), en Madrid: "Lo que no hagas cumplir antes de la adolescencia será imposible exigirlo después".

"Yo soy padre de mis hijos, no su colega", dice el juez Calatayud. "Por temor a ser autoritarios nos da miedo decir no", continúa. Emilio Calatayud reconoce que es más fácil ser juez que padre. "Hay que poner límites a los hijos desde el primer minuto de vida. Luego cuesta más", avisa. A veces los padres se descuidan y el chaval díscolo acaba en el juzgado. "Hay un empeño en judicializar todo, pero por suerte el 80% de los jóvenes que cometen delitos no son delincuentes", explica. Se refiere a chicos que han cogido una moto ajena, han cometido un pequeño robo o han participado en una pelea. Suele imponerles castigos en beneficio de la comunidad, sea el cuidado de discapacitados o la limpieza de espacios públicos. Quiere que sean conscientes de sus actos y que entiendan que hay que ser solidarios y no depredadores. Se convierten así en voluntarios forzosos durante un tiempo. En algunos casos, la sanción incluye sacarse el graduado escolar o terminar la enseñanza obligatoria. La mayoría no reincide. Un 20% entra en una espiral peligrosa.

"Claro que hay que poner límites claros y sencillos. Muchos niños no calculan bien las consecuencias de sus actos, no tienen perspectivas. No podemos renunciar a señalar límites en situaciones cotidianas", opina Carlos Espinosa, docente e inspector de Educación en Málaga. "Estoy a favor de las sanciones integradoras y no de los castigos desintegradores", prosigue. "Echarle de clase si molesta sólo sirve para que el chaval pierda el tiempo, pero encargarle que recoja las pelotas del patio, o de todas las pilas del colegio para llevarlas a reciclar, sí es útil", agrega. Espinosa es coautor del libro Los niños y jóvenes del tercer milenio, y sostiene que los alumnos son cada vez más espabilados y curiosos, aunque no conecten con el saber formal o no siempre sean buenos estudiantes.

Al igual que el juez Calatayud, Espinosa ha tratado tanto a muchachos de ambientes marginales como a chicos malos de buenas familias. Entre unos y otros hay abismos, advierte, aunque coincidan en los juzgados. Los primeros crecen entre carencias y son rebeldes, "pero van por otros derroteros", dice. Los hijos de clase media que maltratan a niños y ancianos sin que sus músculos se alteren son maestros de la simulación y suelen ser más peligrosos. "Con muchos de ellos las técnicas educativas fracasan, son maltratadores, y hay que combinar distintas terapias", sostiene.

"Hay una tendencia a dejar hacer", reconoce Alicia Fernández-Zúñiga. "Pero es preciso establecer unas pautas y cumplirlas. Está demostrado que los niños que siguen unas normas crecen más seguros que los que carecen de ellas. Los que no las incorporan se vuelven más tiranos, no más seguros", señala. Fernández-Zúñiga observa que el cachete es ya algo infrecuente. Lo que percibe en muchos padres es cansancio, pensar: "Pero si tiene de todo...". En los talleres de padres que imparten en su centro, más de una vez ha convocado a abuelos y cuidadoras. "Estas últimas pasan mucho tiempo con los niños, sin tener autoridad y en ocasiones criterio". Sería interesante plantearse una escuela de cuidadoras y no sólo de padres, comenta.

Emilio Calatayud registra desde hace unos cuatro años un incremento de violencia familiar protagonizada por menores, así como grabaciones de peleas entre compañeros en el móvil, como si fuera un hito. Percibe también una mayor participación de niñas en episodios violentos dentro del ámbito familiar. Y al mismo tiempo, situaciones de violencia de género en primeras parejas. "En alguna ocasión ha habido que dictar órdenes de alejamiento de sus ex novias a chicos de 14 o 15 años", reconoce.

El juez piensa que en la todavía joven democracia española "se insiste más en derechos que en deberes, lo que favorece todo tipo de contradicciones, hasta caer en el absurdo". No entiende cómo se le ha condenado a la madre de Jaén que pegó a su hijo de 10 años a un año de alejamiento. "Supongo que la condena se ha fundamentado en el artículo 173, pero quizá habría que volver a redactarlo. Está muy bien corregir sin atentar contra la integridad física, pero también hay que ejercer de padre o madre", sostiene.

Un abeto entrelazado de guirnaldas. Felicidad de familia numerosa con chimenea. Los anuncios navideños transmiten un tipo de familia tradicional que ha dejado de ser mayoritario. Las familias de un sólo adulto con uno o dos hijos o las numerosas a fuerza de reconstituidas son tan reales como las otras. "El desconcierto de muchos padres se agrava porque ellos mismos están en precario con su proyecto de vida o con su pareja", afirma Sáenz. "A muchas mujeres, a pesar de haber separado su doble condición de madres y trabajadoras, les cuesta separarse de sus hijos por motivos laborales", añade. Por su parte, Carmen Loureiro recuerda que "el estrés, la inmadurez emocional de los padres y la confusión entre las necesidades de los niños y las que nosotros les atribuimos, confluyen en reprimendas inútiles que lastran la verdadera comunicación. Algunos fantasean sobre cómo deben ser sus hijos y se frustran si no cumplen sus expectativas. Olvidan que un niño necesita sentirse aceptado y saber que el amor de sus padres es incondicional", agrega.

"Es útil saber y poder decir no sin que te cause trauma, y explicar a tus hijos que no son raros por no tener Play", afirma Mariana Peláez. Asistió a un taller de padres del centro Marie Langer a través del colegio Siglo XXI de Madrid al que acuden sus dos hijos. "Surgen temas que nos interesan y se escenifican conflictos sin contar nada íntimo", añade. Francisco Javier Santaella, director de una entidad financiera, y su esposa, padres de tres hijos, han seguido en Andalucía un taller similar. "Hubo un antes y un después tras el taller", asegura. "Al casarte todo parece idílico, pero con los hijos surgen contradicciones", admite.

"La falta de conciliación está en la raíz de los problemas", opina una experta en educación de la Fundación Tomillo que trabaja ahora con hijos de inmigrantes. "Con 12 años, hay niños que pasan la tarde solos, o con una cuidadora. Los niños aprenden a través de modelos y si no lo encuentran en sus padres traspasan al grupo de iguales sus expectativas. Las habilidades comunicativas de los padres son decisivas: su actitud cuenta tanto como sus palabras. Sin embargo, muchos llegan cansados después de relacionarse con sus compañeros y sus habilidades aparecen menguadas".

Los niños son esponjas y captan cada gesto, recuerda Loureiro. "No están peor educados que antes, lo que sucede es que hay que dirigir sus emociones desde la motivación", concluye.

Inmaculada de la Fuente en El País.

De muchos, uno

De muchos, uno

Es el lema que figura en el dólar estadounidense. E pluribus unum resume en tres palabras el espíritu del país, su unidad dentro de la más absoluta diversidad de ese crisol de razas y culturas que conforman los Estados Unidos de América. "No hay una América liberal, ni una América conservadora", clamaba el entonces candidato Barack Obama durante la campaña presidencial. "Sólo hay unos Estados Unidos de América". Nunca he oído nada similar en las campañas electorales europeas. Ni he visto que el candidato ganador de unas elecciones organice una cena de gala en honor de su adversario derrotado la noche antes de su toma de posesión, como hizo Barack Obama con John McCain el pasado martes. Ni recuerdo, para sólo remontarnos a la anterior Administración, que un presidente en ejercicio como George W. Bush haya utilizado los servicios de dos de sus antecesores en la Casa Blanca, su padre y Bill Clinton, en diversas gestiones de paz y humanitarias.

En efecto, Europa y EE UU son dos democracias, más partitocrática la primera que la segunda. Pero, como decía George Bernard Shaw de Reino Unido y su antigua colonia, "somos dos países separados por el mismo idioma". En el caso que nos ocupa, separados por una distinta concepción del mismo sistema, con la excepción de Reino Unido, donde las convergencias priman sobre las divergencias, quizás por aquello de la Magna Charta y el hábeas corpus.

Ese sentido de unidad, de orgullo nacional, de reafirmación democrática y de patriotismo republicano se puso de manifiesto una vez más a los ojos del mundo en la toma de posesión del 44º presidente de Estados Unidos con la entusiasta presencia de dos millones de ciudadanos de toda raza y condición social agitando la bandera de las barras y estrellas desde el Capitolio a las cercanías del monumento a Lincoln, más de tres kilómetros de recorrido con ocho grados bajo cero de temperatura. Y no eran rancios conservadores o ultraderechistas, como se les hubiera calificado aquí, sino ciudadanos orgullosos de pertenecer a la primera democracia del mundo moderno, congregados, no sólo por el hecho histórico de presenciar la toma de posesión del primer presidente negro de su país, sino por pertenecer a una nación donde ese hecho es posible. Una multitud, que superaba con mucho el millón de ciudadanos, presenció con igual entusiasmo la toma de posesión de Lyndon B. Johnson en 1965 para mostrarle su gratitud por la aprobación de la ley de derechos civiles, una decisión que le costó al Partido Demócrata la pérdida del sur hasta estas elecciones.

La llamada progresía de este lado del Atlántico se va a llevar una desilusión si cree que Obama es la versión estadounidense de un izquierdista europeo. Lean su discurso del martes y comprobarán que el contenido podría suscribirlo John McCain o cualquier líder del auténtico centro-derecha europeo desde James Cameron a Angela Merkel o Nicolas Sarkozy. Una gran parte de sus palabras estuvieron inspiradas por su ídolo y antecesor, Abraham Lincoln, fundador del Partido Republicano. Un partido secuestrado durante casi ocho años por la secta de los neocons, completamente ajena a la doctrina tradicional republicana expuesta por Lincoln y cuyos miembros procedían en su mayoría de la izquierda trostkista demostrando una vez más la peligrosidad de los conversos.

Familia, trabajo duro, responsabilidad, patriotismo, tributo a las fuerzas armadas, democracia, libertad y respeto a las ideas del oponente fueron los conceptos defendidos por Obama en una alocución verdaderamente presidencial y no de candidato en campaña. A lo que hay que añadir una fe religiosa sin complejos en un país con una separación total de Iglesia y Estado demostrada con el juramento sobre la Biblia, una primera visita a la llamada iglesia de los presidentes, frente a la Casa Blanca, antes de su toma de posesión y el tradicional "Que Dios les bendiga y que Dios bendiga a América" con que se acostumbra a terminar todos los discursos en Estados Unidos.

Frente a esa unidad y a esa fuerza que dan las convicciones, Europa no sólo es incapaz de crear una fuerza militar conjunta y homogénea, sino que ni siquiera puede articular una política exterior común, como se acaba de demostrar en la crisis de Gaza y en la respuesta al chantaje gasístico ruso. Si el euro circulara ya en los 27 países de la Unión, el lema debería ser justo el contrario del estadounidense. No "de muchos, uno", sino de "uno, muchos". Y hablando de desilusión. Veremos cuánto dura la actual luna de miel transatlántica cuando el presidente Obama pida a sus socios europeos de la OTAN una mayor y más efectiva colaboración en Afganistán.

Carlos Mendo en El País.

Las 17 Españas no se entienden

Las 17 Españas no se entienden

Las comunidades autónomas viven de espaldas unas a otras y el ciudadano lo sufre - Una mayor coordinación resolvería problemas estadísticos y burocráticos


Aunque parezca algo de sentido común, hasta este año los Gobiernos de Aragón y de Castilla y León no se habían puesto de acuerdo sobre cómo debe organizarse la atención sanitaria en las zonas limítrofes entre las dos comunidades. Qué ambulancia debe acudir, a qué hospital hay que trasladar al enfermo y quién lo paga. Convenios similares los han firmado también este año Castilla y León con Galicia y el País Vasco con Cantabria. Son, respectivamente, una comunidad del PP, otra del PSOE, otra gobernada por el PNV y otra con presidente regionalista, simplemente llegando a acuerdos entre ellas para facilitar la vida a sus ciudadanos.

Pero las cosas de sentido común no siempre forman parte de la agenda política. Enrique Gómez Campo es el director general de Desarrollo Autonómico del Ministerio de Administraciones Públicas, y reconoce que las comunidades autónomas "tienen la tendencia a no hablar entre sí". La percepción del ciudadano, gracias en parte al debate político, es que los problemas los debe solucionar el Estado. Nadie mira al vecino.

El terror de cualquier empresa que quiera operar en toda España (y de cualquier periodista de ámbito nacional, disculpe el lector la queja) es que alguien le diga: "Lo sentimos, pero eso es competencia autonómica". La descentralización del poder en España es un éxito incontestable. Pero en asuntos de competencia autonómica no es raro encontrarse con 17 sistemas distintos de contabilidad, normativas distintas o formas de aplicar una ley.

En una comparecencia parlamentaria reciente, el presidente del Tribunal de Cuentas, Manuel Núñez, presentó un informe de fiscalización del sector público autonómico con datos de 2003. Núñez denunció que las diferentes formas de contabilidad de las comunidades "han limitado la posibilidad de ofrecer una información homogénea". Esto le sucede al Tribunal de Cuentas, pero son más conocidos casos como el de las listas de espera, donde hay una ocultación deliberada de los datos y nadie tiene poder para hacerlos públicos. Responsables del Gobierno reconocen que en ocasiones es más sencillo tener estadísticas de la UE que de España.

Un caso sangrante es el de la Ley de Dependencia, uno de los proyectos estrella del área social. Las autonomías, que son las que deben evaluar a las personas que requieren ayuda, envían sus datos al Ministerio de Educación y Política Social, que los publica en su web, pero algunas sólo aportan datos globales consignados a la casilla "sin especificar", lo que no permite saber si el afectado está efectivamente recibiendo la ayuda o no, ni de qué tipo (económica, plaza residencial, etc), lo que impide conocer el grado de cumplimiento de la ley.

La burocracia sanitaria es uno de los principales problemas a los que se enfrenta el ciudadano, aunque nadie se vaya a quedar sin atención médica. "En la asistencia sanitaria un ciudadano español no debe tener problemas en ninguna parte del país", aclara Gómez Campo, porque los derechos en este ámbito son los mismos en toda España.

Pero hay otros ámbitos sanitarios donde se pueden dar problemas. Por ejemplo, en noviembre de 2006 la Comunidad Valenciana anunció que no pagaría las recetas de medicamentos firmadas en otras comunidades autónomas. La medida no afectó a turistas ni a viajeros de paso, pero sí a pueblos fronterizos de Castilla-La Mancha. Según el Gobierno valenciano, las farmacias fronterizas estaban dispensando un número muy importante de recetas de pacientes geriátricos de localidades fronterizas. Al no contar como habitantes valencianos, se producía una "desviación de fondos" de una comunidad a otra.

Curiosamente, aquel año el lobby Farmaindustria había denunciado que la Comunidad Valenciana tenía una deuda con las farmacéuticas de 607 millones de euros, el 28% de toda la deuda farmacéutica del sistema sanitario español, seguida por Andalucía y a mucha distancia de las demás.

Ante estos problemas, el PP pone la vista en el papel del Estado. "No hay un elemento homogeneizador y eso perjudica la libre disponibilidad del ciudadano, la movilidad", dice Juan Manuel Moreno, responsable de Política Autonómica del PP. Moreno aporta sus propios ejemplos a la descoordinación. Las licencias de pesca y de caza son distintas en todas las comunidades. Se puede tener licencia para pescar en una orilla de un río pero no en la otra orilla, donde, vaya usted a saber, a lo mejor hay una sombra más agradable. "Si vas en tren de Madrid a Barcelona con un perro, atraviesas tres comunidades con tres normativas distintas sobre protección de animales", expone Moreno.

El dirigente del PP apunta una cuestión que no pocos empresarios han denunciado, y es que se puede romper la unidad de mercado. "Por ejemplo, si quieres hacer una red de clínicas veterinarias, tienes que adaptarla a todas las normativas". Para Moreno, es un ejemplo de que "a veces, hacemos lo contrario de lo que hace la UE". Europa unifica criterios y España los divide por 17. Para este partido, el principal problema es no terminar de definir las competencias, que el Estado ejerza el liderazgo y garantice "la igualdad de derechos". "Nuestro modelo es complicado y muy caro. Tenemos una sensación de Estado inacabado que acabará por hacer de España un Estado inviable".

Sin embargo, hay asuntos en los que el Gobierno apenas puede hacer más que ofrecer un despacho de un ministerio para reunir a consejeros autonómicos y engrasar acuerdos. El portavoz de la Entesa Catalana en el Senado, Carles Bonet, suele bromear diciendo que el único sitio donde se reúnen las comunidades autónomas (y no todas) es la FORTA, el órgano que agrupa a las televisiones. Y si se puede llegar a acuerdos entre todos en materia de televisión, se tiene que poder sobre cualquier cosa.

Desde el PSOE ponen más el acento en el tempo del desarrollo autonómico que en los desajustes. Para María del Mar Moreno, responsable de Política Territorial, el Estado está "en proceso de construcción". Se han constituido las comunidades, se les ha dado competencias y dotación económica y después se ha reforzado la coordinación desde Madrid. "Estamos entrando en una fase, nueva y necesaria, donde hay que mejorar la coordinación horizontal [entre comunidades]", dice Mar Moreno. Un terreno donde "la Constitución no dice nada, porque no hay una cultura de colaboración que nazca de la Constitución".

Para Mar Moreno, son pocos todavía los asuntos exclusivos donde el Estado no tenga nada que decir. Pero además, "hay una limitación política, muy poca cultura política de cooperación y colaboración". Y añade: "Todo lo contrario. Hay cierto frentismo. Todos los asuntos que se ponen sobre la mesa tienden a contaminarse del debate político. Debería ser natural que una comunidad del PP se pusiera de acuerdo con otra del PSOE". Moreno rechaza también las quejas sobre la burocracia sanitaria: "No conozco un ciudadano español que no haya sido atendido en otra administración que no sea la suya. No tiene ninguna consecuencia práctica".

A la espera de que se concrete alguna fórmula, actualmente los convenios entre comunidades autónomas como los citados al principio son el único instrumento de cooperación que hay previsto. Sólo se han firmado 47 en toda la democracia, aunque su número aumenta cada legislatura. En toda, la pasada se firmaron 12, mientras que sólo en 2008 ya van una decena. Estos convenios se conocen porque la Constitución obliga a enviarlos al Senado para que dé su consentimiento (algo que hace sin pestañear) antes de ponerlos en práctica. La mayoría de estos convenios son en materia sanitaria. La semana que viene se firmará otro entre Castilla y León y Extremadura.

Joan Lerma es el presidente de la Comisión General de Comunidades Autónomas del Senado, que es la que tramita los convenios. "Estos problemas se pueden resolver con mayor cooperación entre las comunidades autónomas", opina Lerma. El ex presidente de la Comunidad Valenciana (1982-1995) cree que "una reunión entre las comunidades sin el Gobierno se mira con recelo, por una tradición centralista. Gracias en parte al discurso de la derecha, se ve como la antiespaña".

Por concretar, "que se reúnan las comunidades y se pongan de acuerdo en homologar las licencias de caza debería ser lo normal", dice Lerma. "En Alemania, los länder se reúnen precisamente para evitar que el Gobierno federal se meta en determinadas cuestiones y nadie piensa que eso sea poner en cuestión el Estado". Pero hay una resistencia difícil de vencer. Lerma pone como ejemplo el debate de la financiación autonómica. Es más fácil políticamente discutir con el Gobierno que con 16 iguales. Es más fácil reclamar a Zapatero que exponer tus argumentos enfrente posición. "Con el discurso actual, parece que todo el dinero sale del Estado, y no se ve que lo que piden se lo pueden estar quitando a la comunidad de al lado".

Pablo X. de Sandoval en El País.

"¿Acaso tiene que haber 17 de todo? Pongámonos de acuerdo"


El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara (Olivenza, 1958), hizo pública el año pasado una propuesta que podría poner a España a la altura de Alemania en cuanto a cooperación entre sus territorios: crear un foro para que los líderes autonómicos se reúnan al margen del Gobierno central y lleguen a acuerdos en temas de su competencia. En los últimos meses se la ha trasladado a todos los presidentes con los que ha coincidido. Fernández Vara ha sufrido, primero como médico y luego como consejero de Sanidad, las consecuencias de vivir ignorando al vecino.

Pregunta. ¿Cuál es el origen de la idea?

Respuesta. He sido consejero de Sanidad durante 12 años. Me preocupa mucho que el sistema de salud sea equiparable. No puede ser que el hecho de que haya 17 servicios distintos socave el sistema. Después, como presidente, me he dado cuenta de que hay otras áreas en las que ocurre lo mismo. La solución estaría en que tuviéramos un punto de encuentro, que podría ser el Senado. Pero mientras eso no ocurra nos encontramos con una paradoja: para todo lo que tenemos competencias exclusivas, y que tienen que ver con la vida diaria de la gente, no hay donde nos podamos encontrar y llegar a acuerdos.

P. ¿No es suficiente con las reuniones en los ministerios?

R. En las conferencias sectoriales se discuten temas que son competencias del Estado que afectan a las comunidades o competencias compartidas. Pero en cuestiones exclusivas, como por ejemplo las licencias de pesca, el Gobierno no nos puede convocar para hablar de ellas. Tenemos que encontrar dónde reunirnos para facilitar la vida al ciudadano, para hablar lo que tiene que ver con el día a día de la gente. Por ejemplo, al estudiante universitario que se va a otra comunidad no le pueden asignar médico en el centro de salud con la tarjeta sanitaria de su autonomía de origen. Es decir, ahora mismo, si viene un europeo a España, le asignan médico en el centro de salud. Pero si llega de otra comunidad, no.

P. ¿Qué otras consecuencias prácticas tiene esa descoordinación?

R. Por ejemplo, el calendario vacunal, el de las vacunas de nuestros hijos, ya no es igual en todas las comunidades, porque algunas han decidido no aplicar el acuerdo del Consejo Interterritorial de Sanidad. El día de mañana no habrá quién elabore un dato epidemiológico fiable. Esto tenía que ser algo de sentido común. Las empresas, para presentarse a concurso en España, tienen que tener 17 pliegos distintos. Hay una comunidad autónoma, no diré cuál, donde a los extranjeros les atienden gratis en los hospitales, pero si va un ciudadano de otra autonomía y se ha olvidado su tarjeta sanitaria, le cobran. Yo no digo que volvamos atrás. El Estado de las autonomías es lo mejor que se ha hecho en este país. Pero nos falta rematarlo. Rematarlo es eliminar la parte negativa que hay en crear 17 de todo. ¿Acaso tiene que haber 17 de todo? Pongámonos de acuerdo.

P. Quizá sea más fácil políticamente reclamar al Gobierno central.

R. Lo fácil es echar la culpa de todo al Gobierno. Detrás de todo esto subyace una idea: la España de las autonomías no se termina de construir cuando se transfiera la última competencia a la última comunidad, sino cuando las autonomías cooperemos entre nosotros.

Aquí queremos muchas competencias exclusivas, pero cuando pasa algo lo fácil es echar la culpa al Gobierno. Esto, si no lo hacemos sin el Ejecutivo de España, no lo vamos a hacer, porque estaremos tutelados. El Estado de las autonomías tiene que demostrar su madurez.

Sobre la inocencia


...Se puede decir que la República era un régimen democrático entre cuyos apoyos había muchos asesinos. El movimiento salvador de la patria que encabezaba Franco, se puede definir como un sistema criminal al que también apoyaban personas decentes...

A cuenta de las responsabilidades exigidas o exigibles por crímenes cometidos durante la Guerra Civil, no está de más que se analicen en serio los comportamientos de los distintos actores que participaron en acciones de carácter genocida, que las hubo en todas las direcciones. Hay un amplio consenso entre los historiadores serios sobre el carácter esencialmente exterminador del movimiento rebelde. No sólo Franco, sino Queipo, Mola y bastantes militares y civiles más, coincidieron en dar a su actuación un decidido impulso asesino que fue bendecido por la Iglesia. El nacional catolicismo dio pie a la buena conciencia de aquellos asesinos sistemáticos. También es fácil coincidir en que no admite discusión la responsabilidad -investigada, pero también reconocida por muchos de sus protagonistas- de la Internacional Comunista en las decisiones que condujeron, por ejemplo, a la matanza de Paracuellos. Unas decisiones que fueron acompañadas por la colaboración personal y material necesaria de miembros de la dirección del PCE. Paracuellos, pero también Andreu Nin y otros numerosos casos.

Sin embargo, permanece en el aire una opinión generalizada que atribuye inocencia en torno a las posiciones de otros grupos políticos que, a lo más, cargan con la culpa de haber practicado una violencia ciega, espontánea y de respuesta, pero nunca de haber desarrollado esa violencia de forma científica y genocida. Dirigentes anarquistas y del POUM son, por lo general, los beneficiarios de esa benévola opinión generalizada.

Antonio Elorza es uno de los historiadores serios que adopta esta actitud compasiva, tanto hacia los comunistas españoles como hacia los anarquistas.

Sin embargo, los hechos parecen ir por otro lado. Basta leer la prensa de la época para comprobar que desde Solidaridad Obrera o La Batalla se hacían llamamientos directos al exterminio de religiosos o de burgueses. Hay incluso testimonios que avalan que la FAI, la rama pistolera del anarquismo, tenía en Barcelona un plan sistemático de eliminación de personas antes de que se produjera la sublevación del 18 de julio de 1936.

El caso extremo es el de Paracuellos. Porque si bien parece ser incontestable que la iniciativa partió de un agente de la Internacional Comunista como Vitorio Codovila, uno de los creadores del V Regimiento, la decisión se concretó por un acuerdo entre las cúpulas del Movimiento Libertario y las Juventudes Socialistas Unificadas en la Junta de Defensa de Madrid. Las sacas de noviembre y diciembre fueron ejecutadas por orden de Amor Nuño, un joven anarquista presente en la Junta y alguien no identificado de las JSU, organización ya de obediencia comunista, que sólo podía ser Santiago Carrillo o su segundo, José Cazorla. A Segundo Serrano Poncela le tocó obedecer y poner en marcha la matanza. Esta responsabilidad está comprobada en el acta de la reunión del Movimiento Libertario de Madrid celebrada el 8 de noviembre, que tuve la fortuna de encontrar en los archivos anarquistas hace tres años.

Pero hay más: Melchor Rodríguez, el ángel de las prisiones, estuvo presente en esa reunión, y no figura su opinión al respecto. Lo que sí sabemos es que fue destituido oportunamente por su jefe, Juan García Oliver, ministro de Justicia del Gobierno de Largo Caballero, seguramente porque no mostraría su acuerdo con las matanzas proyectadas. Rodríguez fue repuesto en su cargo el día 6 de diciembre, cuando las sacas se terminaron. García Oliver estuvo, por tanto, informado de que se iba a proceder a la matanza, aunque en sus memorias, repletas de fantasías y tardías justificaciones, intentara echar toda la responsabilidad sobre dirigentes como Margarita Nelken.

No hay ningún indicio serio, por el contrario, que avale que ni el Gobierno de la República ni la Junta de Defensa de Madrid conocieran esa voluntad de exterminio puesta en práctica por los comunistas y anarquistas madrileños. Como no hay nada que implique a Companys u otros dirigentes de Esquerra Republicana en las sistemáticas matanzas de curas, carlistas o militantes de la Lliga de Cambó, realizadas por la FAI y el POUM. Hubo voluntad y planificación, pero no del Estado republicano, sino de las direcciones de grupos políticos que lo apoyaban. Comunistas del PCE y del POUM, anarquistas de la FAI y, es posible, alguna fracción de los divididos socialistas, que fueron los actores del asalto a la cárcel Modelo en agosto de 1936.

Esa distinción es importante. Y justifica que se pueda decir que la República era un régimen democrático entre cuyos apoyos había muchos asesinos. El movimiento salvador de la patria que encabezaba Franco, se puede definir como un sistema criminal al que también apoyaban personas decentes.

La República, logró reimplantar un régimen legal de garantías, como evidenció el juicio contra los militantes del POUM en 1938. Aunque nadie se atrevió a investigar en serio los asesinatos de Andreu Nin o José Robles, porque eso podía comprometer las relaciones con la Unión Soviética de Stalin, único país que le suministraba armas.

Mientras, el Estado franquista no hizo sino legalizar el asesinato mediante el uso de los tribunales militares y los juicios sumarios.

Una diferencia básica que no nos puede llevar a repartir certificados vanos de inocencia. Lo que importa es la verdad.

Jorge M. Reverte es escritor.