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La otra desaceleración

La otra desaceleración


Que vivimos en tiempos de especial aceleración es una experiencia compartida que se hace presente en muy diversos aspectos de la vida, individual y colectiva. Las nuevas tecnologías de la instantaneidad han propiciado una cultura del presente absoluto sin profundidad temporal. El origen de esta relación con el tiempo se encuentra en la alianza establecida entre la lógica del beneficio inmediato propia de los mercados financieros y la instantaneidad de los medios de comunicación. Vivimos en una época fascinada por la velocidad y superada por su propia aceleración.

Las técnicas de aprovechamiento del tiempo convierten los movimientos en cintas transportadoras, lo que Chaplin parodió en la invención de la máquina de comer, gracias a la cual podía alimentarse al trabajador sin necesidad de interrumpir el trabajo, o sea, de perder tiempo. La versión posmoderna de esta experiencia podemos encontrarla en aquel personaje de una película de Woody Allen que pretende suicidarse en París en vez de en Nueva York para ganar así un poco de tiempo y resolver antes algunos asuntos.

Ahora bien, describir nuestra sociedad únicamente desde la aceleración constituye una simplificación que no tiene en cuenta sus ambivalencias. Existen también otros fenómenos de desaceleración, menos presentes en la opinión pública que las desaceleraciones económicas, pero no menos reales y decisivos en nuestras vidas. Del mismo modo que coincidieron en el tiempo la experiencia del aburrimiento y la aceleración industrial a finales del XIX, nuestra época parece caracterizarse por el hecho de que nada permanece pero tampoco cambia nada esencial, un tiempo en el que pasan demasiadas cosas y, a la vez, estamos llenos de repeticiones, rituales y rutinas. De ahí la sospecha de que tras la dinámica de aceleración permanente hay un paradójico estancamiento de la historia en el que nada realmente nuevo comparece. A esta experiencia se refieren conceptos como el del "final de la historia" (Fukuyama) y otros similares que han ido proponiendo en los últimos años pensadores muy diversos.

Probablemente nuestra época no sea comprensible desde la alternativa entre aceleración y desaceleración; habría que tener en cuenta además un fenómeno tal vez más característico que es el de la falsa movilidad. En última instancia, las sociedades combinan su resistencia al cambio con una agitación superficial. La utopía del progreso se ha transformado en movimiento desordenado, "neofilia" frenética, agitación anómica y disipación de la energía. Sólo queda una aceleración vacía, un ciego "cada vez más" de tecnología o globalización económico-financiera, un espacio social inestable y un campo psicológico neurótico.

Esta fatalización del tiempo se traduce en la exigencia de aumentar la aceleración, la movilidad, la velocidad y la flexibilidad. Lo vemos a diario en el lenguaje que nos exhorta a "movernos", acelerar el propio movimiento, consumir más, comunicar con mayor rapidez, intercambiar de una manera óptimamente rentable. Se ha llevado a cabo una transferencia semántica que explicaría muchos desplazamientos ideológicos desde la izquierda hacia la derecha: donde había progreso y revolución, ahora hay movimiento y competitividad. El adjetivo "revolucionario" forma parte del vocabulario transversal de la moda, el management, la publicidad y la pospolítica mediática. El fantasma de la revolución permanente se pasea ahora como caricatura neoliberal. Pero, en el fondo, el imaginario político actual tiene un discurso prescriptivo minimalista, muy pobre conceptualmente: el discurso de la adaptación al supuesto movimiento del mundo, el imperativo de moverse con lo que se mueve, sin discusión, ni interrogación, ni protesta. Se daría entonces la paradoja de que justo en los momentos de mayor aceleración las sociedades pueden caer en manos del destino o de la inmovilidad, que era precisamente lo que pretendían superar los procesos de modernización. En ese caso, tal vez tenga razón Fredric Jameson cuando asegura que se ha disuelto la antinomia cambio-estancamiento. Lo que puede estar ocurriendo es que, en muchos aspectos de la vida, las sociedades y el mundo en general, el movimiento sea superficial y que en el fondo haya una parálisis radical, un pseudomovimiento. Paul Virilio ha formulado esta idea en su concepto de "paralización veloz" o aceleración improductiva, una agitación sin consecuencias reales aunque no exenta de graves efectos sobre los seres humanos y la cohesión de las sociedades. En última instancia se trata de una idea que se corresponde con la experiencia personal de que la mayor agitación es perfectamente compatible con una inmovilidad temporal; es posible estar paralizado en el movimiento, no hacer nada a toda velocidad, moverse sin desplazarse, incluso ser un vago muy trabajador. Para llevar a cabo un movimiento real no basta con acelerar, del mismo modo que la transgresión no es necesariamente creativa, ni el cambio es siempre innovador.

Ante este panorama, las soluciones más emancipadoras no proceden ni de la desaceleración ni de la huida hacia delante sino del combate contra la falsa movilidad. Por supuesto que la lentitud compensatoria, tan celebrada en muchos libros de autoayuda para la gestión del tiempo, puede ser una estrategia razonable. Pero la llamada a desacelerar, como principio general, es poco realista y atractiva si tenemos en cuenta las circunstancias políticas, económicas, sociales y culturales en las que vivimos. No tiene ningún sentido querer calculadoras más lentas, mayores colas o transportes con retrasos. La cuestión central consiste en determinar en qué consiste exactamente, en cada actividad y en cada momento, una ganancia de tiempo, lo que unas veces implicará desaceleración y otras todo lo contrario, pero que también puede conseguirse mediante otros procedimientos, como la reflexión, la anticipación o combatiendo la falsa movilidad.

La reflexión estratégica, la perspectiva para encuadrar el instante en un marco temporal más amplio o la protección de lo verdaderamente urgente son, en última instancia, procedimientos para ganar tiempo. No se trata de luchar contra el tiempo o desentenderse de él sino, como decía Walter Benjamin, de ponerlo a nuestro favor. Se trataría de reintroducir el espesor del tiempo de la maduración, de la reflexión y de la mediación allí donde el choque de lo inmediato y de la urgencia obliga a reaccionar demasiadas veces sobre el modo del impulso. Puede que de esta manera las organizaciones y la sociedad en general ganen capacidad de influencia sobre los procesos acelerados, algo que sólo se consigue ganándole la partida al tiempo abstracto unificador con una gestión del tiempo que recurra con inteligencia a sus diversas modalidades.

Daniel Innerarity es profesor de Filosofía en la Universidad de Zaragoza y autor de El nuevo espacio público.

Coto a los sueldos de escándalo

Coto a los sueldos de escándalo

La intervención estatal en los salarios de los ejecutivos se abre paso en el debate para revisar el capitalismo - Los Gobiernos limitan las retribuciones basadas en que el directivo siempre gana


"Es fácil hacer dinero en Bolsa. Vamos a ello antes que salga una ley que lo prohíba". Joseph Kennedy pronunció esta frase allá por los felices años veinte del siglo pasado, antes del crash de 1929. A pesar del tiempo transcurrido, las palabras del padre del ex presidente de EE UU suenan cercanas. Los directivos de numerosos bancos y aseguradoras han cobrado cifras increíbles en el último lustro, gracias a un sistema de retribución que incentivaba la toma de riesgos para lograr resultados a corto plazo. Las acciones de sus compañías subían, ellos ganaban cada vez más dinero mientras los desequilibrios en el balance se agravaban. Este castillo de naipes se ha venido abajo con el agujero de las hipotecas basura. Los paganos de esta burbuja no han sido sólo los accionistas (como ocurrió en la crisis tecnológica) sino también los contribuyentes. Los Gobiernos han tenido que aprobar costosísimos planes de rescate para evitar una quiebra en cadena de entidades que colapsara el sistema. Los políticos quieren tener ahora mayor control sobre los salarios de los directivos. Justo lo que temía Kennedy.

En pocas semanas, el intervencionismo estatal en los sueldos de los bancos rescatados se ha abierto paso en el debate. Alemania ha limitado los sueldos del máximo directivo de las empresas que necesiten dinero público a 500.000 euros anuales. Entre los bancos estatales que han acudido de momento al plan de rescate se encuentran el Hypo Real Estate y el Commerzbank. Sus consejeros delegados ganaron el pasado año 4,2 y 3,2 millones de euros, respectivamente. También pedirán capital bancos regionales como Bayerishe Landesbank, HSH Nordbank y West LB.

El Ejecutivo británico ha prohibido la paga variable para este ejercicio en los bancos que han sido objeto de rescate (Royal Bank of Scotland, HBOS y Lloyds). El pasado ejercicio los principales directivos de estos tres bancos ganaron de forma conjunta 8,5 millones de euros. Además, Gordon Brown ha eliminado los blindajes que obligaban a retribuir a los directivos incluso en caso de quiebra y ha establecido sistemas de remuneración basados en el largo plazo y ajustados por el riesgo que se asume.

En el caso de EE UU, el Tesoro ha decidido suprimir los paracaídas de oro (contratos blindados) de aquellas entidades salvadas con los impuestos de los ciudadanos. Asimismo, la Administración estadounidense ha decidido limitar a 500.000 dólares (390.000 euros) las deducciones fiscales a las que se pueden acoger los directivos de las entidades rescatadas y se desincentiva las estrategias de gestión a corto plazo. AIG es una de las empresas a las que afectarán estas restricciones. Su máximo ejecutivo abandonó la empresa el pasado mes de junio con una indemnización de 22 millones de dólares (17 millones de euros), y meses después la aseguradora tuvo que ser salvada de la quiebra.

En Holanda, donde ING ha recibido una inyección de 10.000 millones, el Gobierno tendrá voz y voto en todo lo referido a las retribuciones de los ejecutivos del banco. UBS, la entidad de Europa con mayores pérdidas por las hipotecas basura, ha decidido, después de recibir más de 45.000 millones de euros del Estado suizo, eliminar el bonus de 2008.

"Me parece lógico que en aquellas entidades que reciben fondos públicos el Gobierno pueda establecer topes a las remuneraciones, aunque muchos directivos que van a recibir las ayudas no deberían seguir en sus cargos", señala Aldo Olcese, miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras. "Lo que me parece escandaloso es que se le exija a los Gobiernos transparencia a la hora de adjudicar los fondos. En un país democrático a las que hay que exigir transparencia cristalina acerca del uso que dan a las ayudas es a las compañías que las reciben", añade Olcese.

El intervencionismo político en los salarios, no es bien visto, sin embargo, por Blas Calzada, ex presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). "Algunos sueldos son una auténtica barbaridad. Sin embargo, los límites a las retribuciones deben marcarlos los accionistas. Los propietarios deben exigir cuentas sobre los riesgos que se están tomando y las recompensas de los directivos".

¿Y qué pasa con las remuneraciones de los ejecutivos españoles? Aquí no ha quebrado ninguna entidad. Sin embargo, el Gobierno ha creado un fondo para aliviar las necesidades de liquidez de bancos y cajas y en un solo año los accionistas han visto cómo se esfumaban 250.000 millones de su riqueza financiera (medida por la capitalización del Ibex 35). El vicepresidente segundo del Gobierno y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, ha admitido que si el Ejecutivo entrara en el capital de alguna institución financiera, "lógicamente" debería poner ciertos límites a los sueldos de sus directivos. Solbes, no obstante, descarta que se vayan a tomar medidas de este tipo.

Para Eduardo Montes, ex vicepresidente mundial de Siemens y presidente del Club de Excelencia en Sostenibilidad, la situación en España no tiene nada que ver con la de Estados Unidos. "Aquí los sueldos están dentro de unos parámetros bastante acotados". José Medina, presidente de Ray & Berndtson, empresa especializada en la búsqueda y selección de directivos, reconoce que el caso español no es comparable al de Wall Street, pero advierte de que el sistema retributivo tampoco debe permanecer al margen de las críticas. "Aquí también se están cometiendo algunos excesos con las remuneraciones".

En 2007 el importe total agregado de los incentivos de los consejos de administración de las compañías del Ibex 35 ascendió a 271,8 millones de euros, según datos de la CNMV. La retribución media por consejero se sitúa en 542.000 euros anuales, un 55% más que en 2004 (en este periodo la inflación en España sólo ha subido un 14,5%). En el caso de la alta dirección del Ibex, la retribución media en 2007 fue de 669.000 euros, un 30% por encima que cuatro años antes. La crisis de este año no parece que vaya a pasar factura a los sueldos. Hasta junio, por ejemplo, los salarios de los directivos bancarios crecieron en tasa interanual un 54%.

La historia empresarial española tampoco está exenta de blindajes polémicos. En el pasado, Ángel Corcóstegui y José María Amusátegui (Banco Santander) cobraron 108 millones y 56 millones respectivamente; Meter Erskine (Telefónica) se embolsó más de 30 millones; Alfonso Cortina se fue de Repsol con una indemnización de casi 20 millones, y Manuel Pizarro (Endesa) recibió 12 millones. Y en el presente, el 74% de las empresas del Ibex tienen establecidas cláusulas de garantía o blindaje a favor de 283 miembros de la alta dirección. Sólo una de esas sociedades (Indra) declara en su Informe de Buen Gobierno que dichas cláusulas fueron sometidas a la aprobación de la junta general. En el resto de los casos el máximo órgano de representación de la empresa no ha podido dar su opinión sobre estos blindajes, ya que éstos han sido aprobados por el consejo de administración sin informar a la junta.

La crisis financiera, además de avivar la polémica sobre si el Gobierno debe inmiscuirse en los salarios, ha traído otra serie de debates en torno a la retribución de los directivos. Las críticas se centran en tres flancos. En primer lugar, se cuestiona si los sueldos de los últimos años se justifican por la creación de valor aportada, teniendo en cuenta el desplome bursátil. En segundo lugar, se denuncia que la forma elegida para fijar las retribuciones, con gran peso del bonus, habría incentivado a tomar más riesgos de los convenientes para lograr metas a corto plazo. La última crítica se plantea por los blindajes que gozan estos gestores, con independencia de la herencia que dejen.

"Algunos sueldos son una auténtica burrada. No responden a ninguna lógica económica ni empresarial. Las críticas están más que justificadas", señala Olcese. Richard Fuld, el presidente que ha llevado a la quiebra a Lehman Brothers, cobraba 13.000 euros a la hora. Además, cada directivo de Wall Street recibió el año pasado 275 veces más dinero que la retribución media de sus trabajadores (este ratio era de sólo 36 veces en 1976), según las cifras de The Institute for Policy Studies and United for a Fair Economy. Los empleados de los mayores cinco bancos de inversión de EE UU percibieron en 2007 39.000 millones en paga variable.

"El mercado es quien fija en función de la ley de oferta y demanda los salarios de los directivos. Eso sí, nunca se pueden pagar cantidades desorbitadas como se ha visto últimamente", indica Eduardo Montes. "Soy partidario del sistema de retribución basado en objetivos, porque es un mecanismo que ha ayudado a mejorar la productividad. Sin embargo, hay que repensar cuáles son los objetivos que hacen a un empleado merecedor de un bonus. Si lo único que se tiene en cuenta para determinar la paga variable son los resultados a corto plazo existirá siempre la tentación de asumir más riesgos de los aconsejables", añade Montes.

El corto plazo en las empresas no es conveniente y equivale a aquellos equipos de fútbol que juegan mirando al marcador o a los políticos que toman decisiones sólo en función de las encuestas, según José Medina. "Determinados sistemas de retribución son un desastre para las compañías, ya que priman un estilo de gestión inadecuado. La economía de mercado se compone de técnicas y sistemas que deben servir para generar riqueza, pero estos mecanismos no deben estar nunca por encima de los valores humanos", agrega este cazatalentos.

En el caso de muchos directivos su cuenta corriente parece que gana siempre. Gana si la empresa va bien porque su bonus se dispara. Y gana si la empresa va mal porque en caso de despido sus contratos incluyen cláusulas de blindaje que les garantizan un retiro de lujo. Ejemplos de estos paracaídas de oro son los de Stan O’Neal y Charles Prince, ex presidentes de Merrill Lynch y Citigroup, respectivamente. Ambos dejaron sus cargos a finales de 2007, cuando el virus de las hipotecas basura ya había empezado a carcomer el balance de las entidades, con finiquitos superiores a los 78 millones de euros.

"Aquel ejecutivo que deje a una empresa en la ruina no debe llevarse ni un euro", sentencia Blas Calzada. Esta idea es compartida por Eduardo Montes: "La empresa, cuando contrata a un directivo, debe valorar qué cláusulas puede aceptar y cuáles no. Si el despido se produce por un cambio de estrategia o por problemas personales, me parece lógico que se cobre una indemnización. Sin embargo, si la salida del ejecutivo se produce porque como consecuencia de sus errores la compañía está en crisis, el blindaje no tiene sentido". José Medina señala que el único blindaje aceptable consiste en garantizar al directivo un periodo de tiempo, entre seis meses y un año, "para que pueda buscarse otro trabajo".

David Fernández en El País.

Contra todos

No es fácil hoy rezar. Nadie te deja
el silencio dispuesto y la palabra.
Tú parece que estás en la otra orilla
de Ti mismo, y no llegas a escucharnos.

Y, sin embargo, quiero, contra todos,
rezarte a media voz; lo necesito
mientras paro mi lucha, y le pregunto
a los hombres por Ti sin que lo sepan.

Sin oración me quedo desolado,
falto de tu exigencia y de tus manos
por mis ojos que atisban tu venida.

Vaya a Ti mi oración, te vaya en contra
de este puño de voces que entrecruzan
su ruido en mi silencio que te añora.

Valentín Arteaga

El quehacer de la paciencia


Por Ángel Gabilondo...

Prefiero la paciencia a la resignación. Ni es inactividad ni es claudicación. Es constancia, insistencia, coherencia. Hay quienes se descomponen si las cosas no van como desean, si no suceden inmediatamente. La paciencia sabe atender, es una forma de acción que convive con la espera. La precipitación no es su camino. Pero no se limita a aguardar la llegada de algo o de alguien, con su quehacer crea las hospitalarias condiciones para que advenga: hace venir.

Son tiempos de urgencias. Sin duda, algunas alarmantes. Y hemos de abordarlas, de enfrentarlas o, quizá, de afrontarlas, de aceptar el desafío. Claro que hay que hacer. Sin embargo, la acción no es realizar cualquier cosa de cualquier manera, para sentirse decidido o activo. Ni es limitarse a constatar qué pasa. Es procurar que ocurra, y de una determinada forma. Tanto la ansiedad como la apatía son formas de desconsideración. No es que transgredan lo previsto, es que impiden toda previsión, ese modo de ver que antecede, preludia y desea. La paciencia no lo da todo por ya prefigurado o clausurado, aprisionado por la expectativa. Desestima el apresuramiento. Y la pasividad. Es compatible con el elegir, con el preferir.

Amanece por la maduración de la noche, por la fuerza del día, por su buena labor, no porque cerremos o abramos los ojos. No es adecuado precipitar el fruto, su fructificación exige un determinado trato con el tiempo. La paciencia comprende su quehacer y lo quiere y lo acompaña. Combate toda prisa, todo miedo y sabe hasta qué punto late en la plenitud del instante alguna forma de eternidad que cabe atisbarse o incluso habitarse, como sólo un mortal es capaz de hacer. Demorarse en algo, permanecer en ello, deambular por sus aristas y laderas y saber convivir con el asunto es compartir la propia paciencia de la cosa. Ella se configura poco a poco. Como la vida, que tanto viene como se va.

No siempre vemos ni prevemos lo que nos aguarda. Esperamos abiertos a lo imprevisto, esperamos incluso lo inesperado, que es tanto como desvivirse por vivir. Por eso, la paciencia no es un simple estado de ánimo, ni un ingrediente de la actividad.

Es una forma suprema de atención, de activa contemplación, de aquella que participa en el brotar o emerger de algo, del otro, de la vida. La paciencia acompaña y, a la par, alumbra. No es simplemente comadrona, siendo ésta decisiva y no sólo para Platón, es concepción, hace irrumpir en la luz.

No esperemos sentados en el umbral de la puerta el paso de un hecho concluido, de un hecho tan hecho que resulte un deshecho, un cadáver que, en última instancia, acabaría por ser el nuestro. Terminaríamos por ser mirados por lo que decimos ver, agotado nuestro mirar. La paciencia nos hace hacer pero sin voluntad de darlo todo ya por finalizado, por finiquitado, por finado, por muerto. Es la paciencia de no querer dejarlo todo agostado, sin vida. No es reposo, es inquietud.

No sólo esperamos, también somos esperados por lo que nos espera. Por eso, la paciencia no consiste en detenerse, ni en suponer que todo es indiferente respecto de lo que pensamos, decimos y hacemos.

Ahora que parece primar el abordaje, el asalto, el ataque, ahora que para algunos ser ejecutivo es ser ejecutor, hay otro modo de acción, sereno, insistente, no el de la mirada que escudriña sino que penetra en el corazón de lo que hay y lo toca sin arrasarlo todo. Una y otra vez procuramos, luchamos y perseguimos lo que no acaba de llegar, pero no cejamos. En definitiva, no se trata de improvisar respuestas de repuesto, ante la incapacidad para soportar las cuestiones abiertas. Temerosos, somos capaces de precipitar cualquier supuesta solución, con tal de no tener que sostenernos pacientemente en el problema y vérnoslas con él.

La paciencia no es indiferencia. Resulta desconcertante y magnífico cómo convive con la pasión, cuando ésta no es entendida como una intervención puntual, casual, coyuntural, sino como un estado de intensidad. La insistencia y la energía ofrecen otras posibilidades y dan a la vida un primor y una frescura inclasificables. Me gustan quienes ni son impasibles ni se alteran permanentemente, quizá porque siempre tienen curiosidad y nunca se dan por definitivamente peripuestos. Se les ve incidir en las cuestiones y, más que tomar, esperan dejar o desprenderse de algo. Aunque se despojen de sí, necesitamos que no se nos vayan. Su espera nos hace vivir porque viven creativamente.

Por eso, tal vez la justa paciencia quede reservada para la profunda humildad del artista capaz de crear, que espera la hora del alumbramiento. La paciencia es artífice. Así nos lo recuerda Rainer Maria Rilke. “Ahí no cabe medir por el tiempo. Un año no tiene valor y diez años nada son. Ser artista es no calcular, no contar, sino madurar como el árbol que no apremia su savia, mas permanece tranquilo y confiado bajo las tormentas de la primavera, sin temor a que tras ella tal vez nunca pueda llegar otro verano. A pesar de todo, el verano llega. Pero sólo para quienes sepan tener paciencia y vivir con ánimo tan tranquilo, sereno, anchuroso, como si ante ellos se extendiera la eternidad. Esto lo aprendo yo cada día. Lo aprendo entre sufrimientos, a los que por ello quedo agradecido. ¡La paciencia lo es todo!”.

Ángel Gabilondo es rector de la Universidad Autónoma de Madrid.

Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España 2008

Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España 2008


España tiene los mismos pobres tras una década de expansión económica

Las desigualdades repuntan y 8,5 millones de personas viven aún en la escasez


Los índices de desigualdad y de pobreza se mantienen constantes en España, "a espaldas del proceso de extraordinaria generación de riqueza" de los últimos 10 años. Ésta es una de las constataciones del Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España 2008. El estudio, el séptimo de Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada (FOESSA) desde 1965, ha sido elaborado por 70 expertos vinculados a diferentes universidades y grupos de investigación, convocados por Cáritas.

En la estructura social española permanece enquistado un segmento de "pobreza extrema", que afecta a entre un 2,6% y un 4% de la población. En cifras absolutas, hay 8,5 millones de pobres, con ingresos por debajo de 574 euros al mes (19,7% de la población). Es el mismo porcentaje que hace 10 años. Otro millón y medio de españoles vive en "pobreza severa" (con menos de 280 euros al mes), y 500.000 hogares sufren, además, situaciones de "exclusión social".

"Después de varias décadas de reducción continuada de la desigualdad en la distribución de la renta, el proceso se frena desde el primer tercio de los años noventa. La experiencia española parece desdecir el estereotipo de que la mejor forma de favorecer el bienestar es conseguir altas tasas de crecimiento y elevados niveles de creación de empleo", dice FOESSA. Otro elemento diferenciador del comportamiento de la desigualdad "es el distanciamiento de los indicadores medios de la UE".

El umbral de pobreza manejado por FOESSA es el mismo de la Encuesta de Condiciones de Vida del Instituto Nacional de Estadística. Su cuantía está fijada en 6.895 euros anuales, es decir, el 60% de los ingresos medios netos por persona y año. Se considera pobre a la persona cuyos ingresos están por debajo de esa cantidad.

Reparto territorial
FOESSA también analiza las desigualdades entre territorios. Entre las regiones con niveles de desigualdad considerablemente inferiores al conjunto nacional destacan Navarra, País Vasco, Murcia y Castilla-La Mancha. Por el contrario, el proceso distributivo interno con mayores niveles de desigualdad se acentúa en Andalucía, Canarias, Cantabria y Madrid.

Los datos de la investigación revelan, además, que existen grupos de población considerablemente más vulnerables que al principio de los noventa. Se trata de "viejas formas de pobreza que se consideraban superadas y que vuelven con notable crudeza", en referencia a las personas mayores, cuyas tasas de pobreza están muy por encima de la media.


"Al principio me avergonzaba venir al comedor de caridad"

Ensalada, lentejas, pescado y una manzana. Éste fue el menú de ayer de la Casa de la Caridad de Valencia, un lugar que Marco Quiroga conoce bien. Desde mayo, unos meses después de perder su empleo, este boliviano de 40 años no ha faltado ningún mediodía al comedor de esta institución benéfica, festivos incluidos. "Al principio me daba vergüenza, pero con el tiempo te das cuenta de que cada día hay más gente en una situación como la tuya que viene aquí a comer", comenta. Los propios trabajadores del centro han constatado un importante incremento en los últimos meses de lo que ellos denominan usuarios "normalizados", frente a las personas en situación de exclusión social, muchos de ellos sin hogar.

Marco llegó en diciembre de 2006 a España. "Había mucho trabajo, era fácil colocarse". A pesar de ser licenciado en Derecho, no pudo ejercer de abogado -"Es muy complejo obtener la convalidación", dice-, pero no tuvo problemas para encontrar empleo. Empezó en la construcción, cobrando hasta 1.400 euros al mes. "Como no tengo papeles, me los dejaba un compatriota mientras se iba de viaje y así me contrataban". Entonces tenía dinero de sobra para pagarse una habitación (180 euros al mes) y mandar a su mujer: "100 euros son 900 bolivianos, con eso tienes para vivir un mes completo". Luego encontró trabajo en el campo, y sus ingresos bajaron a unos 1.000 euros al mes. A medida que la situación económica iba empeorando, la calidad de sus trabajos también lo hacía. En su último empleo estable repartía publicidad en la calle por 600 euros. En febrero se quedó sin nada. "Ahora hago trabajitos, me llaman amigos para que les ayude a pintar o lo que salga", lo justo para pagarse la habitación y poco más. "Hace meses que ya no mando nada a casa". Hay menos trabajo, y sin papeles es todavía más difícil. "Las mujeres lo tienen más fácil con el trabajo doméstico, pero para nosotros hay menos oferta".

Ahora, Marco quiere volver a casa y contar lo que ha encontrado en España. "Mucha gente sólo cuenta lo bueno, el dinero que ha ganado, pero se callan lo mal que lo ha pasado", apunta. Y lanza un consejo: "Lo más importante es salir del país con un contrato de trabajo. Si no, estás perdido".


Caritas española

Razonable

Razonable


Parece razonable que deba existir un control sobre la inmigración.

Parece razonable que se impida el acceso en masa, que se exijan visados, contratos de trabajo, dinero en efectivo… Seguramente existen razones para que, si hay dudas, se detenga y se deporte sin mayores contemplaciones. A todos nos encoge el corazón, pero es razonable que deba existir un orden. Lo que me preocupa es que no encuentro en el evangelio el mandato de “Sed razonables”.

Klana en pastoralsj.

Los límites del poder de la Casa Blanca


El EE UU de Obama no podrá alcanzar sus objetivos sin ayuda de los demás


Uno de los primeros retos con los que se va a encontrar el presidente Barack Obama es la actual crisis financiera, que ha puesto en tela de juicio el poder estadounidense. Un artículo aparecido en The Far Eastern Economic Review proclama que "la crisis de Wall Street presagia un giro tectónico mundial: el comienzo del declive del poder estadounidense". El presidente ruso, Dmitri Medvédev, cree que la crisis es una señal de que el liderazgo mundial de EE UU está llegando a su fin, y el presidente venezolano, Hugo Chávez, ha declarado que Pekín es ya mucho más importante que Nueva York.

Sin embargo, el dólar, símbolo del poder de Estados Unidos, ha subido, en vez de bajar. Como destaca Kenneth Rogoff, catedrático de Harvard, "es irónico, después de que hayamos metido la pata hasta el fondo, que la reacción de los extranjeros sea invertir más dinero en nuestro país". Cuando Estados Unidos contrajo la gripe financiera, otros países le siguieron. Muchos extranjeros pasaron rápidamente de alegrarse del mal ajeno a tener miedo; y se refugiaron en la seguridad de los bonos del Tesoro estadounidense.

La fuerza de la economía estadounidense sigue siendo impresionante. El mal comportamiento de Wall Street y los reguladores estadounidenses le ha costado mucho al país en atractivo de su modelo económico, pero el golpe no tiene por qué ser fatal si, a diferencia de Japón en los años noventa, EE UU consigue absorber las pérdidas y limitar los daños. La economía estadounidense es la más competitiva del mundo, por la flexibilidad de su mercado de trabajo, la educación superior, la estabilidad política y la apertura a la innovación.

No obstante, cabe preguntarse sobre el futuro a largo plazo del poder estadounidense. Una previsión para 2025 que está elaborando el Consejo Nacional de Inteligencia de EE UU cree que el dominio de este país estará "muy disminuido" y que el terreno fundamental en el que persistirá la superioridad norteamericana -el poder militar- tendrá menos importancia en el mundo competitivo del futuro. No se trata tanto del declive de Estados Unidos como del ascenso de los demás.

En el mundo actual, el reparto de poder se parece a un complejo juego de ajedrez tridimensional. En el tablero superior, el poder militar es, en gran parte, unipolar, y seguramente seguirá siéndolo durante un tiempo. Pero, en el tablero intermedio, el poder económico ya es multipolar, con Estados Unidos, Europa, Japón y China como jugadores fundamentales y otros que adquieren cada vez más importancia.

El tablero inferior es el ámbito de las relaciones transnacionales que escapan al control de los Gobiernos. En él hay actores tan variados como los banqueros, los terroristas y los piratas informáticos. En él se incluyen también nuevos retos como las pandemias y el cambio climático. En este tablero inferior, el poder está muy disperso, y no tiene sentido hablar de unipolaridad, multipolaridad o hegemonía.

Después de la crisis financiera, el factor en la política interestatal más importante será la continuación del "regreso de Asia". El ascenso de China e India puede crear inestabilidad, pero es un problema con precedentes, y la historia puede enseñarnos cómo la política puede influir en el resultado. Hace un siglo, Gran Bretaña abordó el ascenso del poder estadounidense sin conflictos, mientras que el mundo no supo ocuparse debidamente del ascenso del poder alemán y eso desembocó en dos guerras mundiales.

También hay que hacer algo respecto al ascenso de los actores no estatales. En 2001, un grupo no estatal mató a más estadounidenses de los que Japón había matado en Pearl Harbor. Una pandemia propagada por aves o por viajeros en avión podría matar a más gente de la que murió en las dos guerras mundiales.

El reto al que se enfrenta Barack Obama es que cada vez hay más cuestiones y problemas que se escapan al control de los Estados, incluso del más poderoso. Aunque EE UU sigue saliendo bien parado según las formas tradicionales de medir el poder, dichas formas están cada vez más anticuadas para captar lo que hoy define la política mundial, que, debido a la revolución de la información y a la globalización, está cambiando de tal manera que es imposible que los estadounidenses logren todos sus objetivos internacionales si actúan a solas.

Por ejemplo, la estabilidad financiera mundial es fundamental para la prosperidad de Estados Unidos, pero se precisa la cooperación de otros países para garantizarla. El cambio climático también afectará a nuestra calidad de vida, pero Estados Unidos no puede abordar el problema por su cuenta. Y, en un mundo en el que las fronteras son cada vez más porosas y permiten el paso de todo, desde las drogas hasta el terrorismo, pasando por las enfermedades infecciosas, Estados Unidos debe movilizar coaliciones internacionales para afrontar amenazas y problemas comunes.

Estados Unidos es la mayor economía del mundo y su liderazgo seguirá siendo crucial. El problema del poder estadounidense tras la crisis financiera no es que esté en declive, sino que es preciso darse cuenta de que ni siquiera el país más poderoso puede alcanzar sus objetivos sin la ayuda de los demás. Por suerte, Barack Obama es consciente de ello.

Joseph S. Nye Jr., antiguo vicesecretario de Defensa de Estados Unidos, es catedrático en Harvard.

Sí, podemos

Sí, podemos


Discurso de Barack Obama en Grant Park...

¡Hola, Chicago!

Si todavía queda alguien por ahí que dude de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, que se pregunte si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, que cuestione la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.

Es la respuesta que dieron las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número como esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta y que sus voces podrían suponer esa diferencia.

Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de Estados rojos y azules. Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.

Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido escépticos, temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr a poner manos al arco de la historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.

Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hhemos hecho en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha llegado a América.

Esta noche recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.

El senador McCain ha luchado duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.

Le felicito. Felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.

Quiero dar las gracias a mi compañero en este viaje, un hombre que hizo la campaña desde el corazón y actuó como portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crió en las calles de Scranton y con quienes viajaba en un tren de vuelta a su casa en Delaware: el vicepresidente electo de Estados Unidos, Joe Biden.

Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, el pilar de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.

Sasha y Malia [sus hijas], os quiero a las dos más de lo que podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará a la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Les echo en falta esta noche. Sé que mi deuda con ellos es incalculable.

A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis dado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido, quien diseñó la mejor estrategia, creo, en la historia de Estados Unidos.

A mi estratega jefe, David Axelrod, que me ha acompañado en cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.

Pero, sobre todo, no olvidaré a quien pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.

Nunca di la impresión de ser el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco, diez dólares y veinte dólares.

Adquirió la fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito ser una generación apática, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para trabajar por poco dinero y sacrificando horas de sueño.

Adquirió la fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos, de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo es posible en la Tierra.

Ésta es vuestra victoria.

Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras disfrutamos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas: dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo.

Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.

Hay madres y padres que se desvelarán en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagar la hipoteca o las facturas médicas o cómo ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.

Hay nueva energía que aprovechar, nuevos puestos de trabajo que crear, nuevas escuelas que construir y amenazas que afrontar, alianzas que reparar.

El camino por delante será largo. La cuesta será pronunciada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como esta noche de que llegaremos.

Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.

Habrá percances y pasos en falso. Muchos no estarán de acuerdo con cada decisión mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.

Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos espera. Os escucharé, sobre todo cuando discrepemos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho durante 221 años: bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.

Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a lo de antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio. Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu patriótico, responsable, en que cada uno eche una mano y trabaje más y se preocupe no sólo de uno mismo sino también del otro. Recordemos que si esta crisis financiera nos ha enseñado algo es que no puede haber un Wall Street [el sector financiero] próspero mientras Main Street [la economía real] sufre.

En este país avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación del partidismo, la mezquindad y la inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo. Recordemos que fue un hombre de este Estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la independencia y la libertad del individuo y la unidad nacional. Son valores que todos compartimos. Y si el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hemos hecho con humildad y el empeño de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.

Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos, sino amigos. Aunque las pasiones hayan puesto bajo tensión nuestros lazos de afecto, éstos no deben romperse.

Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente también.

Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se reúnen alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diferentes, pero nuestro destino es el mismo, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.

A aquellos que quieren derrumbar el mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina con fueerza: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza, sino del poder duradero de nuestros ideales: la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.

Ahí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza para lo que podemos y tenemos que lograr mañana.

Estas elecciones tuvieron muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que votó en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones. Salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.

Nació sólo una generación después de la esclavitud, en una era en la que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos, cuando alguien como ella no podía votar por dos razones: porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos: la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: sí, podemos.

En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí, podemos. Cuando la desesperación y la Gran Depresión se extendió a lo largo del país, ella vio cómo una nación superaba sus miedos con un New Deal (Nuevo Contrato), nuevos empleos y un nuevo propósitos comunes.

Sí, podemos.

Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza para salvar la democracia.

Sí, podemos.

Ella estaba allí con los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".

Sí, podemos.

Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación. Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, en los buenos tiempos y en las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.

Sí, podemos.

Hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos ¿qué cambio verán, que progresos habremos conseguido si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen la suerte de vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper? Ésta es nuestra oportunidad de responder a ese desafío. Éste es nuestro momento. Éstos es nuestro tiempo, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad a nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental: que, aunque muchos, somos uno; que mientras respiremos, tenemos esperanza.

Y cuando tengamos dudas y oigamos a algunos decir que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: sí, podemos.

Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a Estados Unidos de América.

Barack Obama