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Reforzar los municipios


Las elecciones locales del 27 de mayo serán las octavas desde la restauración de la democracia en España. Son casi treinta años de democracia local y aun así, los municipios siguen siendo considerados muchas veces como administraciones periféricas, dependientes y subsidiarias. El goteo diario de escándalos financieros e inmobiliarios no ayuda precisamente a que esa realidad se modifique, sino que, al contrario, refuerza la opinión de aquellos que se afanan en proclamar los grandes beneficios de la centralidad estatal o autonómica como expresión de racionalidad superior frente a lo que se percibe como irresponsabilidad y baja catadura moral de los electos locales. Tampoco ayuda a un cambio de perspectiva el que, como denunciaba este mismo periódico el pasado martes, sigan permaneciendo en las listas de las candidaturas, tanto del PP como del PSOE y de otros partidos que se presentan en algunos de los más de ocho mil municipios españoles, decenas de cargos públicos implicados en causas judiciales. Y a pesar de todo ello, déjenme decirles que creo firmemente que sólo reforzando a los municipios y creando auténticos gobiernos locales, podremos garantizar y mantener la cohesión social del país, sin que ello impida que las labores de control y redistribución de recursos sigan siendo patrimonio de otras esferas de gobierno.

La reivindicación del concepto de gobierno local no es sólo un problema de terminología, sino que expresa la voluntad de reivindicar un demos propio, una verdadera autonomía local. Si a finales de los setenta y ochenta la cantidad de cosas que era necesario afrontar en los pueblos y ciudades hacía casi innecesarias las elucubraciones sobre prioridades, protagonismos institucionales o maneras de hacerlo, todo ha cambiado mucho desde entonces. Se han ido resolviendo muchos problemas y carencias, pero ahora lo que está en juego es qué tipo de ciudad o pueblo se quiere, qué tipo de gobierno se precisa, o qué distribución de protagonismos y de responsabilidades entre iniciativa pública, iniciativa social y respuestas mercantiles es la preferida en cada caso.

Es en este contexto en el que se han ido transformando en los últimos años las políticas públicas en general y las locales en particular. Cada vez se hace más difícil desde ámbitos centrales o autonómicos de gobierno dar respuestas universales y de calidad a las demandas de una población menos indiferenciada, más consciente de sus necesidades específicas. Y esto hace que el foco de tensión se traslade hacia niveles más próximos al ciudadano, asumiendo así los gobiernos y servicios descentralizados una nueva dimensión como distribuidores de bienestar comunitario, pasando de una concepción en la que el bienestar era entendido como una seguridad en el mantenimiento de los derechos sociales para toda la población (indiferenciación-redistribución), a ser entendido como una nueva forma de ver las relaciones sociales de manera integradora y solidaria (especificidad-participación). Las políticas de bienestar han tendido a hacerse desde lejos y con lógicas de "negociado". Los enseñantes a los suyo, los sanitarios por su lado y los de servicios sociales de atención primaria recogiendo lo que los demás no eran capaces de tratar. En el ámbito local, la presión de los problemas obliga a ser más flexible. La proximidad se ha ido configurando como un factor que ayuda a integrar las respuestas concretas a demandas que requieren abordajes integrales. Y por tanto no es extraño que hoy los municipios sean espacios decisivos en el bienestar individual y colectivo. Es en el territorio donde conviven el personal sanitario, los trabajadores sociales, los empresarios y los trabajadores, los psicólogos, los policías, el personal de la administración de justicia, los dinamizadores económicos, los periodistas, los tenderos y los políticos. La gente que en el territorio, desde la proximidad, sabe y comparte la importancia de lo que pasa en el municipio en relación al futuro de la comunidad, del colectivo que vive y convive en un territorio específico, donde la gente mantiene vínculos de pertenencia e implicación en los asuntos comunes.

Es evidente, no obstante, que el tamaño del municipio es también una variable a tener muy en cuenta, y que por tanto no siempre la autonomía de decisiones es igualmente posible en municipios legalmente considerados de manera casi homogénea, pero con características reales muy distintas entre sí. Ello subraya la necesidad de avanzar y reforzar en las fórmulas mancomunadas, y en nuevos roles de las diputaciones como red de municipios. Pero también es cierto que las agendas locales siguen fuertemente condicionadas por las limitaciones que impone el hecho de que las políticas escolares y sanitarias, la formación profesional y ocupacional, y los servicios sociales especializados no forman parte hoy por hoy de la base competencial de los municipios. La participación de los municipios españoles en el gasto público global está todavía lejos de la que es en la mayoría de países europeos, y mientras las comunidades autónomas han pasado de no existir a controlar más de una tercera parte del gasto público, los municipios siguen anclados en cifras que rondan el 15% de ese gasto público total.

En definitiva, el gobierno local se enfrenta al futuro desde una agenda de actuaciones más compleja y heterogénea de lo que lo hacía años atrás. El cambio de época en el que estamos inmersos resitúa la significación y la capacidad de gobierno de los ayuntamientos. La vida de los ciudadanos y ciudadanas está hoy más llena de incertidumbres y de dudas sobre su trabajo, su familia, su vida, de lo que lo estaba hace unos años. Estas incertidumbres planean sobre la realidad social y afectan la vida de pueblos y ciudades. La política local tiene que ver hoy en día con cotidianeidad, estilos y formas de vida. Y son los ayuntamientos y sus equipos de gobierno los que desde posiciones de primera fila deben gestionar y tratar de implicar conjuntamente a la ciudadanía en la gobernación de la vida local, y en la resolución de unos problemas cada vez más complejos y más difíciles de resolver desde los recursos y las estructuras de gestión de que disponen los gobiernos locales.

Hemos de aceptar que el bienestar individual y colectivo de los ciudadanos, depende cada vez más de la capacidad de servicio y de la capacidad de gestionar servicios y recursos desde la cercanía de los gobiernos locales. Los problemas de la gente requieren políticas pensadas y gestionadas desde la proximidad, con lógicas transversales y con mecanismos y estilos de gobierno y gestión participativos. En definitiva, sin reforzar los ayuntamientos no aseguraremos el bienestar ciudadano.

Joan Subirats

Los horarios que nos están matando

Los horarios que nos están matando


Ahora que van a desaparecer definitivamente las corridas de toros en Barcelona sería el momento de acabar con los exóticos horarios españoles, que casi lo mismo es.

Y no sólo desterrarlos de los confines de la autonomía catalana sino del entero suelo nacional tan devastado por la erosión de las vigentes jornadas laborales que una mitad de las separaciones matrimoniales, una tercera parte de la delincuencia juvenil y la totalidad del cinismo en preescolar se hallan influidas por la atrabiliaria costumbre de comer a las dos y media, cenar a las diez y acostarse alrededor de la una.

El costumbrismo ibérico, que dentro del deje orientalista español, atrajo a los visitantes románticos, se ha convertido con los años en una patología familiar, profesional, gastronómica y clínica que hace demasiado incómoda la organización de nuestras vidas. Padres y madres que sólo ven a hijos dormidos, jóvenes que van y vienen agotados para comer con la familia, atascos en grandes, medianas y pequeñas ciudades con la sevicia del trastorno bipolar, las fatigas crónicas, la ansiedad, las malas digestiones y el sueño exiguo.

Con una ministra de Sanidad tan bragada como la señora Salgado ¿qué obstáculo insalvable traba una regulación cabal? Tanto o peor que el tabaco, el alcohol o la anorexia -que aborrecen hasta la histeria en el ministerio de Sanidad- es acaso el ajetreo por comer y llegar a tiempo. ¿Enfermedades coronarias? ¿Agresividades desplazadas? ¿Consumo de ansiolíticos, analgésicos, antipépticos, cafés y chupitos?

La muchedumbre se desplaza arriba y abajo cumpliendo una condena acampada fatalmente sobre esta tierra de María Santísima y sin aparente voluntad de desaparecer. Porque mientras los franceses, los ingleses, los norteamericanos o los alemanes, salen de trabajar como a las cinco y pueden ir de compras, al cine, al supermercado o sentarse en un sofá, los españoles ambulan sin tregua en el circuito laboral, compran aturulladamente y dan los biberones mirando el reloj.

Ni el folclorismo que tanto beneficio ha procurado al país con la atracción de millones de turistas, justifica el mantenimiento de esta rara periodificación agraria en plena era de urbanización. Ni siquiera a los verdaderos agricultores o a los extranjeros les hace gracia esto. Y mucho menos a los demás, porque si ya no bebemos porque conducimos ni fumamos porque no hay lugar ¿para qué necesitamos las solazadas o tremebundas sobremesas de tiempos pasados?

La jornada continua sería una continuidad de la democracia por otras vías. No una simple modernización, puesto que hacerse modernos ha caído en desuso, sino una sana liberación. El trabajo mata. Y tanto más cuanto peor se paga y más abusivamente se administra. No se entiende como la señora Salgado no toma cartas en el asunto. Una vez que ha ganado el recelo generalizado a propósito de sucesivas reglamentaciones severas, ¿no le convendría una orden sin grandes antipatías?

La compatibilidad entre familia y trabajo, tiempo laboral y tiempo libre, hogar y empresa, define el elemento capital en la calidad de la vida. Asunto de esta envergadura no debería soslayarse ni un minuto dentro de un gobierno que ha presumido de caridad con la ley de dependencia, de tacto con la super ley de género y de celo sexual con los matrimonios de cualquier clase. ¿Qué parte endurecida del corazón socialista le impide abordar una materia de cordialidad superior? ¿El electoralismo? ¿El continuismo? ¿El talante? ¿Lo diletante?

Lo mismo da. Con demasiada frecuencia lo más evidente resulta ser lo que peor se ve y el respeto acrítico de algunas costumbres crea vicios tan feos que ni siquiera permiten presumir de calaveras. Y, mucho menos, de cadáveres. Muertos antes de tiempo, en suma, si el ministerio de Sanidad y Consumo no hace prevalecer pronto la energía de su primer título y favorece en cambio las horas de nuestra consumación.

Vicente Verdú

Por el derecho a la educación, ya!

Por el derecho a la educación, ya!


El mundo no podrá alcanzar los objetivos de la Educación para Todos y Todas, si no existe un número suficiente de docentes motivados, capacitados y suficientemente remunerados.

La Campaña Mundial por la Educación exige que los políticos y representantes oficiales cumplan los compromisos asumidos para garantizar que todos los niños y niñas no sólo puedan ir a la escuela, sino que tengan un docente cualificado en una clase que no supere los 40 estudiantes.

Del 23 al 26 de abril nos uniremos para hacer “LA GRAN CADENA A FAVOR DE LA EDUCACIÓN”.


Te invitamos a participar en la Semana de Acción Mundial:

» Trabajando la propuesta didáctica ¡Únete por el derecho a la educación, ya!

» Enviando post-it a tus representantes políticos recordándoles sus promesas.

» Participando en la cadena on-line por el derecho a la educación.

Una vez realizada la cadena, es importante registrar la participación en: http://www.campaignforeducation.org/unete y enviar copia de las fotografías y/o vídeos a info@cme-espana.org.

De esta forma, la secretaría de la CME podrá mantener un registro de la longitud de la cadena, a escala nacional e internacional. Cuantas más personas se unan ¡mayor será el impacto político!


Puedes consultar los materiales de la Semana de Acción Mundial aquí.

Para información de cómo participar en la Semana de Acción Mundial mándanos un correo.

Si quieres conocer la SAME 2007 en el mundo pincha aquí.


Manual de conservar caminos


1. El principio del camino hay una encrucijada. Allí puedes pararte a pensar en la dirección que vas a tomar. Pero no te quedes demasiado tiempo, o nunca saldrás de ese lugar. Hazte la clásica pregunta de Castaneda: ¿cuál de estos caminos tiene un corazón? Reflexiona lo necesario sobre las opciones que tienes delante, pero una vez que des el primer paso, olvídate definitivamente de la encrucijada, pues en caso contrario nunca dejarás de torturarte con la inútil pregunta: «¿El camino que elegí era el correcto?». Si prestaste oídos a tu corazón antes de ponerte en movimiento, escogiste, sin duda, el buen camino.

2. El camino no dura para siempre. Es una bendición recorrerlo durante algún tiempo, pero un día terminará, y por eso debes estar siempre listo para despedirte en cualquier punto. Por mucho que te deslumbren determinados paisajes o te asusten ciertos trechos donde hay que esforzarse especialmente para seguir en pie, no te aferres a nada. Ni a los momentos de euforia ni a los interminables días en los que todo parece difícil y el progreso es lento. Más tarde o más temprano aparecerá un ángel y tu jornada habrá llegado a su término. No lo olvides.

3. Honra tu camino. Fue tu elección, fue decisión tuya, y en la misma medida en que tú respetas el suelo que pisas, este mismo suelo respetará tus pies. Haz siempre lo más adecuado para conservar y mantener tu camino y él hará lo mismo por ti.

4. Equípate bien. Lleva un rastrillo, una pala, una navaja. Entiende que para las hojas secas las navajas son inútiles, y que para las hierbas muy enraizadas los rastrillos son inútiles. Conoce siempre qué herramienta hay que emplear en cada momento. Y cuida de ellas, porque son tus mayores aliadas. 5. El camino va hacia delante y hacia atrás. A veces es necesario volver porque se perdió algo, o porque un mensaje que debía haber sido entregado se quedó olvidado en un bolsillo. Un camino bien cuidado permite que puedas volver atrás sin grandes problemas.

6. Cuida del camino antes de cuidar de lo que está a su alrededor. Atención y concentración son fundamentales. No dejes que las hojas secas que soman en el borde del camino te distraigan ni que la manera como los otros cuidan sus propios caminos desvíe tu atención. Usa la energía para cuidar y conservar el suelo que recibe tus pasos.

7. Ten paciencia. A veces es necesario repetir las mismas tareas, como arrancar las malas hierbas o cubrir los agujeros que surgieron tras una lluvia inesperada. Que esto no te enfurezca, pues forma parte del viaje. A pesar del cansancio y a pesar de las tareas repetitivas, ten paciencia.

8. Los caminos se cruzan. Las personas pueden explicar el tiempo que hace. Escucha los consejos, pero toma después tus propias decisiones. Tú eres el único responsable del camino que te fue confiado.

9. La naturaleza sigue sus propias reglas. Por lo tanto, tienes que estar preparado para los súbitos cambios del otoño, para el hielo resbaladizo del invierno, para las tentaciones de las flores en primavera, y para la sed y las lluvias del verano. En cada estación, aprovecha lo mejor que te ofrezca y no te quejes de sus particularidades.

10. Haz de tu camino un espejo de ti mismo. No te dejes influir por la manera como los demás cuidan de sus caminos. Tú tienes un alma que escuchar y los pájaros transmitirán lo que tu alma quiere decir. Que tus historias sean bellas y agraden a todo lo que tienes en torno. Sobre todo, que las historias que cuente tu alma durante la jornada se reflejen en cada segundo del recorrido.

11. Ama tu camino. Sin este principio, nada tiene sentido.

Paulo Coelho

Desde la fragilidad


Señor, tú has sido un refugio para los seres humanos
de generación en generación.
Desde antes de que surgiesen los montes,
antes de que naciesen tierra y cielo
tú estabas ahí, Señor

Nuestra vida pasa rápido
Mil años ante tus ojos
son un ayer que pasó,
un suspiro en la noche.

Tú ves nuestros secretos,
tú desnudas nuestras pequeñeces.
Vivimos vidas largas, y en ellas
hay mucho de vacío y vanidad,
hay tantas cosas que se desvanecen
y pasan rápido.

Enséñanos a vivir desde lo profundo,
que lo verdaderamente importante
llene nuestra cabeza y nuestro corazón
Ilumínanos, Señor, enseña a tus hijos.

Sácianos con tu amor cada día
y entonces gozaremos y cantaremos de por vida.
Llénanos de sentido si alguna vez nos ha faltado,
danos paz cuando la hayamos perdido.
Que sepamos descubrir tu acción y tu esplendor.
Haz que de nuestra vida surjan obras dignas.

Señor, tú has sido un refugio para los seres humanos
de generación en generación.

Adaptación del salmo 90

¿Dónde estamos?


A Fernando Savater, por razones obvias

El último comunicado de ETA - esta vez en forma de declaraciones al diario Gara-me ha planteado una pregunta a la que no encuentro respuesta: ¿dónde estamos?, ¿ha concluido el llamado “proceso de paz” o aún estamos alimentando esperanzas para que continúe? Es el Gobierno quien debe responder, por supuesto. Pero no aclara nada y ha perdido ya varias ocasiones para hacerlo.

Cuando en verano comenzó una intensa kale borroka intentó restarle importancia. En octubre, un nuevo comunicado le puso contra las cuerdas y ni se dio por aludido: hasta el día antes del atentado de Barajas todo iba viento en popa. Pero lo de la T4 fue un duro mazazo. Unas primeras y atinadas palabras de Rubalcaba parecían indicar que el Gobierno comenzaba a aterrizar a la realidad pero unas horas después Zapatero echaba pelotas fuera: el llamado “proceso de paz”, al parecer, continuaba, pero nada ha estado claro desde entonces: vacilaciones, contradicciones, medias tintas, desmentidos, fiscales y jueces, Navarra, la Ertzaintza, el PNV… Todo muy confuso. Por eso pregunto: ¿dónde estamos?

Probablemente, en estos días el Gobierno ha perdido una nueva ocasión para aclararlo. Las declaraciones de los dos encapuchados, leídas despacio, se las traen. He ahí algunos fragmentos: “ETA seguirá luchando hasta conseguir sus objetivos fundacionales”. “El Gobierno no ha respetado sus compromisos de alto el fuego ni ha mostrado una intención clara de cumplir estos compromisos”. “La lucha popular ha conseguido traer a Iñaki (de Juana Chaos) a Euskal Herria”. “La sociedad vasca sabe perfectamente que las llaves para resolver el conflicto son la territorialidad y el derecho a decidir”. “Con la acción de Barajas ETA envía un mensaje claro al Gobierno: es necesario respetar los compromisos para que pueda realizarse el proceso”. “Hoy, y en las condiciones que vive nuestro pueblo, pensamos que siguen vigentes las razones para utilizar la lucha armada y mientras sea así seguiremos en ello”. “Una cosa es ofrecer un cese de las acciones (…) pero otra bien distinta es reflexionar que practicar la lucha armada no es necesario. Esa situación la vemos lejana en las actuales condiciones”. “No se pueden imaginar unas elecciones sin la izquierda abertzale (ya que su ausencia) supondría apostar por alargar el conflicto”.

A este órdago en toda regla, hasta el momento de escribir estas líneas, el Gobierno no ha dicho ni mu,más allá de vagas generalidades de Blanco y el escurrir el bulto de Zapatero. O sea, que mientras unos hablan, otros callan. Hay que considerar también, por supuesto, que el Gobierno puede tener sus razones para no pronunciarse. Quizás tiene informaciones que le hacen pensar que aún hay posibilidades de llegar a un acuerdo. Quizás tiene razones fundadas para creer que Batasuna no dejará escapar la posibilidad de presentarse a las próximas elecciones, ya que en ello va su supervivencia, y que en cualquier momento puede dejar a ETA en la estacada. Todo puede ser, incluso lo más improbable. Ahora bien, el azar no es nunca una política responsable. Si el acuerdo no llega, habrá que preguntarse qué bazas tenía el Gobierno para intentar iniciar un proceso que, ya desde el principio, no parecía tener mucho futuro. Habrá que preguntarle a Zapatero cuáles eran sus razones para declarar solemnemente en junio pasado que se habían cumplido las condiciones, establecidas un año en el Congreso, para iniciar una negociación. Quizás cabrá sospechar que el optimismo del presidente no es otra cosa que el afán de no defraudar a su electorado - “ZP cumple”-, aunque nunca el proceso tuviera base real alguna, más allá de la ciega confianza en su buena estrella.

Porque motivos razonables para el optimismo no ha habido nunca. Desde el primer momento, desde el primer comunicado en el que anunciaba su extraño “alto el fuego permanente”, ETA no ha ocultado sus objetivos: autodeterminación y territorialidad a un precio que no pasaba por el cumplimiento de las reglas del Estado de derecho. El Gobierno, por su parte, tampoco ha ocultado que no desbordaría en ningún momento estas reglas y, en efecto, las ha cumplido a rajatabla. A lo más, sólo se le puede acusar de alguna vacilación al intentar condicionar las posiciones del Ministerio Fiscal.

Pues bien, estos dos trenes iban en direcciones opuestas y el choque parecía inevitable a menos que los simples mortales ignoráramos algunos secretos, de estos que sólo están al alcance del poder. En eso confiaban algunos. Si al Gobierno, al fin, le sale bien, ¡aleluya! Pero si le sale mal, y le está saliendo, nos debe una explicación.

Esta explicación, por supuesto, no puede consistir en vulgares vaguedades: que si ETA ha estado tres años sin asesinar es porque sabe que la violencia ya no vende, que tras la bárbara violencia del 11-S y del 11-M a ETA ya no le queda más opción que una retirada honrosa y pactada. Un gobierno no puede argumentar como se suele hacer en una charla de café. Un gobierno debe aportar los datos e informaciones fiables que le movieron a intentar un acercamiento. A partir de ahí, debe explicar razonadamente lo que ha sucedido para que podamos saber si hay que seguir confiando en él y si el riesgo y la responsabilidad que ha adquirido valían la pena.

¿Dónde estamos ahora? ¿Todavía en el proceso de paz o mejor que no hablemos más de ese asunto? Por ahí podría el Gobierno empezar sus explicaciones.

Francesc de Carreras es catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.

La revolución del cambio climático

La revolución del cambio climático

El mundo se encuentra en medio de una gran transformación política y el cambio climático ha pasado a ocupar el centro de la actualidad nacional e internacional. Los políticos que insisten en negar la necesidad de actuar, como el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, el primer ministro australiano, John Howard, y el primer ministro canadiense, Stephen Harper, no tienen ya dónde esconderse. Los datos científicos están claros, los cambios provocados por el hombre en el clima están empezando a sentirse y en el electorado hay una exigencia creciente de que se lleve a cabo algún tipo de acción. Hoy tiene bastantes oportunidades de producirse algo que hace sólo pocos meses parecía poco probable: que de aquí a 2010 se llegue a un sólido acuerdo mundial, capaz de fijar el rumbo de actuación para varios decenios.

Los dirigentes políticos de los países que producen carbón, petróleo y gas -como Estados Unidos, Australia y Canadá- han pretendido convencernos de que el cambio climático no es más que una mera hipótesis. Durante varios años, el Gobierno de Bush intentó ocultar los datos al público: eliminó de los documentos oficiales las referencias al clima creado por el hombre e incluso trató de borrar declaraciones de importantes científicos del Gobierno. Hasta hace poco, ExxonMobil y otras compañías pagaban a profesionales de grupos de presión para que intentaran distorsionar el debate público.

Sin embargo, la verdad ha triunfado sobre las maniobras políticas. El propio clima está encargándose de transmitir un mensaje lleno de fuerza y, a menudo, devastador. El huracán Katrina mostró a los estadounidenses que el calentamiento global seguramente va a aumentar la intensidad de las tormentas. Igual que la gran sequía sufrida por Australia este último año ha dejado en ridículo la actitud despreciativa de Howard hacia el cambio climático.

Los científicos se han tomado con mucha seriedad el objetivo de educar al público. Podemos agradecérselo a Naciones Unidas. La ONU auspicia el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC), un organismo internacional en el que figuran cientos de especialistas en climatología que, cada pocos años, informan a la opinión pública sobre la ciencia del cambio climático.

Este año, el PICC publica su cuarta serie de informes, empezando por el que dieron a conocer a principios de febrero. La conclusión era inequívoca: en la comunidad científica existe el consenso de que la actividad humana, sobre todo la utilización de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas) -además de la deforestación y otros usos de la tierra (como la extensión de los arrozales)- genera enormes emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, con la consecuencia de un cambio climático que está acelerándose y que representa graves riesgos para el planeta.

La mayor amenaza es la derivada de la producción y el consumo de energía para electricidad, transporte, calefacción y refrigeración de edificios. Pero los científicos e ingenieros de todo el mundo, y empresas líderes en tecnología como General Electric, también están mandando un mensaje muy claro: podemos resolver el problema con costes moderados si aplicamos nuestra máxima capacidad de reflexionar y actuar a la búsqueda de soluciones reales.

Si recurrimos a fuentes de energía alternativas, ahorramos consumo energético y capturamos y almacenamos de forma segura el dióxido de carbono producido por los combustibles fósiles, la sociedad podrá limitar sus emisiones de dióxido de carbono a unos niveles prudentes con un coste, se calcula, inferior al 1% de la renta mundial. El paso a un sistema de energía sostenible no será rápido y necesitará nuevos tipos de centrales eléctricas, nuevos tipos de automóviles y "edificios verdes", capaces de ahorrar consumo energético.

El proceso tardará muchos años, pero debemos empezar ya y actuar a escala mundial, mediante la implantación de impuestos sobre el carbono y licencias de emisión para crear incentivos de mercado que animen a las empresas y los individuos a hacer los cambios necesarios. Los incentivos tendrán un coste moderado y unos beneficios inmensos, y pueden diseñarse de tal forma que los pobres queden protegidos y los que carguen con el peso del cambio climático sean los que pueden permitírselo.

Es posible establecer un calendario razonable. Hacia finales de 2007, todos los gobiernos del mundo deberían entablar negociaciones sobre un sistema para abordar el cambio climático que entre en vigor cuando expire el Protocolo de Kioto, a partir de 2012. A lo largo de 2008 deberían fijarse unos principios básicos y en 2009 la comunidad mundial -incluidos los dos mayores productores de dióxido de carbono, Estados Unidos y China- debería estar dispuesta a firmar un acuerdo serio que tendría que estar firmado en 2010 y ratificado a tiempo de sustituir a Kioto.

El Protocolo de Kioto fue el primer intento de crear un sistema de ese tipo, pero sólo afectaba a los países ricos y sus objetivos eran muy modestos. Ni siquiera lo firmó el país más rico y máximo contribuyente al cambio climático mundial, Estados Unidos. Tampoco lo hizo Australia. Canadá firmó pero no ha hecho nada. Otros grandes consumidores de energía, China e India, que deberían formar parte de cualquier solución sustancial, no han hecho frente tampoco a sus responsabilidades en virtud del acuerdo de Kioto.

Todo eso tendrá que cambiar. Todos los países tendrán que asumir su parte de responsabilidad respecto al mundo y las futuras generaciones.

Existe ya una manera de que tanto los individuos como las empresas puedan hacer oír su voz. El Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia, que dirijo, ha acogido una Mesa Redonda Mundial formada por grandes empresas, grupos ecologistas y otras organizaciones internacionales para llegar a un acuerdo que esté presente en las futuras negociaciones. El resultado de la Mesa Redonda fue una importante Declaración de Principios y otra declaración general firmada por gran parte de las mayores empresas del planeta, con sedes en Estados Unidos, Europa, Canadá, China e India. También la han firmado muchos de los principales científicos del mundo.

El cambio climático mundial exige decisiones de alcance mundial, e iniciativas como la citada Declaración muestran que podemos encontrar áreas de consenso para emprender acciones enérgicas. Ha llegado el momento de que los políticos que hasta ahora seguían negándose se unan a ese esfuerzo.

Jeffrey D. Sachs es catedrático de Economía y director del Instituto de la Tierra en la Universidad de Columbia.

Convivencia y ciudadanía

Convivencia y ciudadanía


por Federico Mayor Zaragoza, Manuel Dios Diz y Calo Iglesias


Convivir significa compartir vivencias juntos; convivir es, por lo tanto, encontrarse y conversar, "dar vueltas juntos" (cum-versare). Si conversamos en la escuela, estamos construyendo la convivencia escolar; si lo hacemos en la sociedad, en la ciudad, estamos construyendo la ciudadanía, la convivencia democrática.

Aprender a convivir es una finalidad básica de la educación. Se trata de sumar esfuerzos para dar respuestas favorables, conscientes de que la educación para la convivencia democrática y la ciudadanía, para la igualdad entre hombres y mujeres, la educación intercultural, en definitiva, la educación para una cultura de paz, son desafíos que la escuela no puede obviar si quiere encontrar alternativas, positivas y constructivas, a los problemas escolares y sociales del siglo XXI. Jacques Delors lo expresaba muy bien en su libro La educación encierra un tesoro cuando insistía en la necesidad de aprender a ser y de aprender a vivir juntos.

Es cierto que la escuela, en cuanto que comunidad educativa, no tiene todas las respuestas, pero sí que tiene algunas, y necesita otras... porque estamos hablando de una colaboración estable e interinstitucional (socio comunitaria también), de respuestas compartidas con el resto de los agentes sociales, especialmente de aquellos que están más directamente involucrados con la llamada violencia escolar, es decir, la salud, justicia e interior, bienestar social, sin olvidar obviamente a los ayuntamientos y organizaciones de la sociedad civil.

Para dar respuestas positivas se están elaborando proyectos de planes integrales de mejora de la convivencia escolar en numerosas comunidades autónomas y en el propio Ministerio de Educación. Parece necesario y urgente elaborar un buen diagnóstico, actualizado y riguroso, sobre los principales problemas que están afectando a la convivencia escolar, para conocer sus causas, evolución, distribución territorial, por edades, por sexo... porque todo ello permitirá realizar una evaluación real del estado de la cuestión y, en consecuencia, activar y proponer, con visión prospectiva, las mejores medidas integrales de prevención y de intervención.

Un plan integral de mejora de la convivencia escolar y su necesaria adaptación y concreción en cada centro educativo, para no caer en la impunidad, tiene que especificar y desarrollar medidas de carácter formativo, anticipatorio y disciplinario, con protocolos bien detallados para una más oportuna actuación ante los agresores, las víctimas y los espectadores (activos o pasivos) de la violencia escolar. En cualquier caso, serán las propuestas de carácter educativo e integrado (no sólo las punitivas y sancionadoras) las que centren el marco general de las actuaciones.

Un plan de convivencia escolar tiene también que sensibilizar, prevenir y evitar. Debe interpelar directamente a las responsabilidades de cada sector de la comunidad educativa, a la sociedad en su conjunto, a los padres y a las madres o tutores, sobre la compleja problemática de la convivencia escolar, sin alarmismos, sin caer en sensacionalismos, informando sobre los problemas con rigor, de manera positiva, constructiva y esperanzada. Sensibilizar más y mejor a los padres y a las madres, como los primeros y principales responsables de la educación de sus hijos e hijas, precisamente, en el ámbito en donde se construye la primera cartografía de los afectos, el mapa de las emociones y de los sentimientos, la urdimbre afectiva, como el mejor antídoto contra la violencia, tal y como afirmaba Juan Rof Carballo en su celebrado libro Violencia y ternura.

Pero un plan integral de convivencia escolar que prevenga de manera efectiva contra la violencia debe significar también cambios en los centros educativos y en el profesorado, en los estilos docentes, en las relaciones interpersonales, en las metodologías y en el modelo de organización escolar, en la selección y estructuración de los contenidos curriculares. Estos cambios deberían tener su plasmación real (no sólo formal) en el proyecto educativo de centro y en las tutorías, en los servicios de orientación, en los equipos directivos...

En la actualidad existe una muy amplia coincidencia en reconocer las notables deficiencias en la formación inicial del profesorado de educación infantil, primaria y secundaria, sobre todo, en estas cuestiones tan relevantes, por lo que recibimos gratamente las propuestas de reforma del título de grado y el máster en formación del profesorado de secundaria, en los que se recogen, de forma genérica, aspectos como la diversidad, la educación en los valores cívicos y democráticos, la resolución pacífica de conflictos, la igualdad de género, los derechos humanos o la educación para una ciudadanía activa.

También la formación del profesorado en servicio necesita de una reforma en profundidad, tanto en los contenidos como en las metodologías, privilegiando la formación en los propios centros de trabajo para que tenga una repercusión real en la práctica docente de cada día.

Consideramos muy urgente la puesta en marcha de equipos de mediación y de tratamiento de los conflictos en cada centro educativo, de carácter mixto e interdisciplinar, integrados por profesorado, alumnado, padres y madres, y profesionales como psicólogos, educadores sociales, psicoterapeutas, con espacios y tiempos, en los que el trabajo cooperativo, la colaboración entre iguales, la atención individualizada, la ayuda en propuestas de diversificación curricular, la comunicación y el diálogo sean la norma y no la excepción.

De igual modo nos parece acertada la creación de Observatorios de la Convivencia Escolar, con funciones precisas y composición plural, con autoridad moral y autonomía suficiente, con la financiación adecuada, para investigar, analizar, sensibilizar, ayudar, programar, orientar y evaluar, así como para hacer propuestas de mejora de los respectivos planes de convivencia.

Somos conscientes de no haber agotado el tema. Tan sólo nos queda insistir en que los valores de ciudadanía y los derechos humanos se aprenden, se deben de aprender como un valor en sí mismo. No como una necesidad reactiva derivada de los problemas puntuales que surjan, como un objetivo constitucional y como una de las finalidades máximas de la educación. Y aprendemos a convivir interactuando, dialogando, escuchando activamente, asumiendo responsabilidades, compartiendo vivencias y propuestas, debatiendo, intercambiando ideas y opiniones diferentes, acordando, encontrando aspectos comunes, reflexionando, produciendo pensamiento crítico... porque la educación para la convivencia, la educación para la ciudadanía y los derechos humanos es, como sabemos, una educación en valores prosociales, imprescindibles en una sociedad democrática de auténticos ciudadanos y ciudadanas libres, conscientes y responsables.

Aquellas autoridades religiosas que objetan de una formación ciudadana deberían pensar muy bien si imponer credos indiscutibles y dogmáticos es el mejor camino para difundir los mensajes de amor, solidaridad y dignidad humana en los que se basan las religiones, de los que son fundamento, precisamente, los principios esenciales de la educación ciudadana.

Suscriben también este texto Juan José Tamayo, Dionisio Llamazares, Mariano Fernández Enguita, Miguel Ángel Santos Guerra, Joan Pagés, Luís Acebal Monfort, Jurjo Torres Santomé, Miguel Zabalza Beraza, Xosé Antón Caride Gómez, Ramón Sánchez Rodríguez, Moisés Lozano Paz, Elvira Landín Aguirre, Manuel Armas Castro, Felicia Estévez, Xulio Rodríguez López, Xosé Manuel Sabucedo, Elena Vázquez Cendón, Pedro Badía, Fernando Lezcano...

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