Dame Señor,
valor para cambiar lo que puedo cambiar,
serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar
y lucidez para distinguir entre una situación y otra.
Patas arriba
Aunque no podamos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos, al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea.
Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.
Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
Nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree justo en lugar de hacer lo que más le conviene.
El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra.
Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle.
La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla.
La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.
Seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras del mapa o del tiempo.
Eduardo Galeano
Feliz Navidad, y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, en las familias y en todos los pueblos
Gotzone Mora: "ETA ha provocado una diáspora de 400.000 vascos"
La profesora de la Universidad del País Vasco, amenazada de muerte por los terroristas, dio ayer una conferencia en Zaragoza.
M.A.COLOMA. Zaragoza | La profesora de Sociología de la Universidad del País Vasco (UPV) Gotzone Mora decidió hace cinco años abandonar su silencio y denunciar la vulneración de las libertades que sufren los ciudadanos del País Vasco. Desde aquel día, se convirtió en un elemento "molesto" para el nacionalismo abertzale y objetivo preferente de la banda terrorista ETA, que ha intentado acabar con su vida en varias ocasiones. Pero la amenaza y las balas no han silenciado a la también miembro fundador del Foro de Ermua, que ayer visitó por primera vez Zaragoza para participar en las Jornadas de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo organizadas por la Iniciativa Ciudadana "Convive".
"ETA ha provocado un diáspora de 400.000 vascos. Y entre ellos, figuran unos 5.000 profesores de enseñanzas medias y superiores", explicó Mora, identificando la universidad del País Vasco como el escenario elegido por ETA para "ideologizar a la ciudadanía". "La mano de la banda se ha visualizado a través de distintos actos terroristas, que incluyen la colocación de explosivos o el intento de ametrallamiento", relató durante su conferencia en el Aula Magna de la Facultad de Derecho de Zaragoza.
La profesora trató de trasladar al auditorio el "difícil día a día" que se vive en las aulas del campus del Lejona (Vizcaya), "en las que se ha impuesto la ley del miedo". "A mí, en la Universidad, no me habla nadie. Unos, porque les gustaría que ETA me matase. Y los otros, porque temen que el entorno de los terroristas les identifique como mis simpatizantes". "Y esta situación de angustia continua es tan preocupante como los explosivos", apuntó.
Expedientada por el PSE
Gotzone Mora milita en las filas del Partido Socialista de Euskadi (PSE), formación que le abrió un expediente cuando denunció que se estaba negociando con ETA. La concejal del Ayuntamiento de Guecho criticó el "clientelismo" que "secuestra" a los partidos, y reconoció sentir "vergüenza" de algunos compañeros. "Me duele que el PSE apoye los presupuestos del gobierno nacionalista -dijo-, y se olvide de los compañeros que hemos dado un paso adelante".
La socióloga explicó que se ha acostumbrado a convivir con guardaespaldas y a verse involucrada en procesos judiciales. De hecho, actualmente tiene abiertas cinco causas. Una de ellas, iniciada por el propio consejero de Justicia del Pais Vasco, Joseba Azkarraga, que le acusó de llamarle "asesino".
Para Gotzone Mora, el País Vasco vive una situación "comparable a la de la Alemania pre nazi". "Parece increíble -indicó-, pero todavía tengo que quedar en un monte perdido a las 3 ó 4 de la mañana para que me puedan pasar información".
La profesora de la UPV reconoció que "esto no es vida", pero también advirtió que no está dispuesta a tirar la toalla. "Si lo hago yo, abandono a todos esos que están detrás y a los que ahora represento".
En cualquier caso, Gotzone Mora advirtió que se avecinan tiempos "duros o durísimos", "porque mientras se espera la tregua, ETA se está rearmando y reorganizando".
Cuando los elefantes se pelean, quien sufre es la hierba.
Tender puentes: PSOE y mundo cristiano
José Luis RODRÍGUEZ ZAPATERO
Secretario General del PSOE
A la hora de prologar este libro TENDER PUENTES. PSOE y Mundo Cristiano me ha venido a la memoria un hecho que contaba Ramón Rubial. La historia era la siguiente: Un odontólogo vizcaíno, del municipio de Sestao, hombre de comunión diaria, hombre que estudió la carrera trabajando las minas, y que su sitio de comunión era el Patronato de Sestao. El Patronato de Sestao a los vizcaínos les sugiere el hecho de que era el reclutador de todos los esquiroles para yugular las huelgas que los trabajadores vizcaínos declarábamos en aquella época. Pidiendo aquel hombre el ingreso en la Agrupación Socialista de Sestao en el año 31, se lo denegaron por los antecedentes que tenía por ser hombre de comunión diaria y comulgarse en un sitio donde había sido la recluta de esquiroles. Este hombre recurrió a la Comisión Ejecutiva vizcaína y le denegaron también el ingreso. Recurrió a la Nacional. El Partido Socialista de entonces lo presidía [Largo] Caballero y aún recuerdo algún concepto vertido en la carta a la Agrupación Socialista de Sestao diciéndoles que cómo eran tan brutos, si no sabían que el Partido Socialista no había hecho jamás una declaración de ateísmo, y por el hecho de que un hombre tuviera esas concepciones no podría pensar en socialista. Le dieron el ingreso. Como tributo, el primer fusilado cuando entraron las tropas franquistas en Vizcaya fue Vitorino Martín, que así se llamaba aquel hombre.
Y es que cristianos y socialistas podemos pensar y hacer muchas cosas juntos. Nuestra pasión por la igualdad, por la justicia o por la libertad tienen correspondencia con la búsqueda de la solidaridad o del amor al prójimo que está incorporada a las creencias religiosas del cristianismo. No me cabe la menor duda. Quizá hay una forma de aproximarse a este tipo de colaboración que sea plantear los dos polos de la ecuación cristianos y socialistas, partido socialista y mundo cristiano o cristianismo y socialismo, como algo contrapuesto. No es ese mi punto de vista. No son dos mundos contrapuestos. Hay una alteridad radical entre el PSOE y el Cristianismo, uno es un partido político, lo otro es una religión cuya referencia es la trascendencia. Pero hay también una historia común que este hecho que contaban en el Partido de Bilbao pone de relieve. En los tiempos de la República ya hay quienes unen en su persona el ser cristiano y el ser socialista. Incluso en aquellas épocas tan enconadas, preludio de una guerra civil, que se quiso presentar como cruzada, hay una dirección socialista que defiende la posibilidad de que un cristiano de comunión diaria pueda pensar en socialista.
El cristianismo es una realidad entremezclada con el partido socialista que no conocemos bien. Es más, a veces la distorsionamos porque la vemos por apariencias que no son reales, por prejuicios heredados o por pretendidos intérpretes de lo que es el colectivo de cristianos y cristianas en España, que no reflejan realmente la realidad. En el PSOE hay muchos miles de afiliados que son a la vez cristianos, como G. Peces Barba, F. Pons, P. Sauquillo o J.M. Eguiagaray, y hay millones de votantes socialistas que se declaran a sí mismos cristianos. Por lo tanto no estamos a mi modo de ver, ante dos creencias contrapuestas sino que hay muchísima gente dentro de nuestro partido, y sobre todo en la sociedad española, dentro de nuestro electorado, que comparte ambas condiciones, la de socialista y la de cristiano. Se ha mostrado en la práctica aquello que se decía en el Congreso del PSOE de 1967: no es verdad que exista esa escisión maniquea entre un mundo ateo y materialista y un mundo religioso y espiritualista. Socialismo y cristianismo, en tanto que religión de amor al prójimo, son absolutamente conciliables.
Me pregunto por qué en el imaginario social, incluso en el imaginario del partido, sigue funcionando una especie de asociación natural entre religión y derecha. ¿Acaso no representa el PSOE de modo público y suficiente el vínculo entre socialismo y cristianismo? Es posible que no lo hayamos expresado con la suficiente organicidad y permanencia. En mi opinión es de justicia reconocer el hecho y la calidad del compromiso de tantos cristianos socialistas en el pasado y en el presente del partido. Es necesario proyectar con significación histórica esta intersección entre cristianismo y socialismo.
Creo un acierto la publicación de este libro. Significará para el lector algo de lo que es el propio partido socialista y que sin embargo permanece escondido. Lo cristiano socialista forma parte de nuestra identidad. Así hemos de reconocerlo. El cristianismo constituye una de las culturas sociales que apoyan el socialismo en España. Como dice F. Pons, si fuese incompatible el apoyo al socialismo y la condición de católico en España, tendrían que cerrar la mitad de las iglesias o tendría que cerrar el partido socialista.
Sin embargo creo que la afirmación de la compatibilidad práctica entre cristianismo y socialismo no es la aportación fundamental que ha de resaltarse. Lo que quiero decir es que hoy de manera decidida iniciamos algo nuevo; esto es, la aceptación, por el partido socialista de la creencia religiosa y en particular del cristianismo como un hecho positivo para un proyecto de izquierda. Esta es la tarea pendiente: sustituir la negación del valor de lo religioso o una actitud de indiferencia, por un reconocimiento y valoración positiva del mismo.
Soy agnóstico y pertenezco a un partido laico, que quiere e impulsa una sociedad laica. Sin embargo ello no implica, que como responsable de un partido político haya dejado de observar lo que acontece en la sociedad y lo que en ella se mueve en la dirección del socialismo y la democracia. Sé cómo ha evolucionado la expresión social del cristianismo. Recuerdo especialmente la decisiva contribución de tantos cristianos en la oposición al franquismo y en la transición democrática. Y, mirando hoy a la sociedad, es obvio que ese suelo común de valores de solidaridad y de dignidad de la persona tiene en el cristianismo una de las más importantes matrices culturales. Es más, en el trabajo de base que realizamos en barrios, pueblos y ciudades, vemos cómo numerosas asociaciones y movimientos sociales que trabajan por la paz y los derechos humanos, contra la exclusión social y por la solidaridad Norte-Sur, se reclaman de origen e iniciativa religiosa, en particular, cristiana.
Es de gran interés para un partido socialista colaborar con este mundo del cristianismo social. Abre la sensibilidad de la sociedad de tal manera que hace posibles políticas de izquierda que de otra manera pueden ser inviables. Desde su cercanía a los problemas elabora y anticipa soluciones que luego el Estado va a poder apoyar o hacer propias. Es parte viva de la sociedad civil que transforma la sociedad desde la vida cotidiana en la dirección de los valores del ideario socialista. Un colectivo pluriforme que necesitamos para conformar esa mayoría social que nos permite gobernar. Es un desafío para nosotros ser interlocutores y referentes del mismo, que nos vean como los mejores aliados para traducir políticamente sus demandas.
Podemos diseccionar estas prácticas éticas respecto de sus motivaciones religiosas. Sin embargo algo me dice que esto no es honrado con la realidad. La expresión social de este mundo no puede ser reducida con planteamientos materialistas o neopositivistas. Nuestro partido es el partido laico por excelencia en España. La laicidad ha sido, es y seguirá siendo una de nuestras señas de identidad. Consecuencia de ella resultó, en un contexto histórico determinado, un anticlericalismo probablemente justificado. Pero los tiempos han cambiado, también a este respecto. Reivindicamos y defendemos un Estado aconfesional. Sin embargo la laicidad, en este nuevo contexto, no puede convertirse en el argumento para un dogmatismo antirreligioso. La defensa del pluralismo y de la democracia no puede hacerse sobre la indiferencia o el rechazo a la religión. La religión puede ser un complemento valioso de la democracia. Y la democracia es el mejor marco para el ejercicio de las religiones. Así lo dice la Asamblea del Consejo de Europa, en un informe redactado por nuestro compañero Luis M. Puig: la democracia y la religión no son incompatibles; todo lo contrario, la democracia proporciona el mejor marco a la libertad de conciencia, al ejercicio de la fe y al pluralismo de las religiones. Por su parte, la religión, por su compromiso moral y ético, por los valores que ella defiende, por su sentido crítico y por su expresión cultural puede ser un complemento valioso de la sociedad democrática.
La creencia religiosa no es ajena a la esfera pública. Es un asunto privado, pues es opción personal la elección de uno u otro credo o la ausencia del mismo. Con la democracia han acabado los tiempos de la imposición religiosa. No obstante, en cuanto hecho compartido por una amplia ciudadanía, con indudables efectos en la vida cotidiana, en las referencias éticas, incluso en el comportamiento político, es preciso tomar la religión como un asunto público. Un asunto que es preciso examinar desde los valores constitucionales. En este sentido han de apoyarse aquellas formas religiosas que contribuyen a un desarrollo de la ciudadanía democrática y de una sociedad justa. Por el contrario, deben combatirse aquellas formas fundamentalistas que atenten contra la libertad de la persona y la tolerancia que debe caracterizar la vida democrática. La relevancia pública del cristianismo, para los socialistas, radica en su capacidad para inculcar en la conciencia humana valores comunes que también han constituido, desde hace siglos, el objetivo de la lucha social de la izquierda.
Quiero hacer, y así concluyo, una llamada a los cristianos al compromiso político, al quehacer político. Creo que es necesario que trabaje en política gente que tiene unos valores y que tiene una forma de ver su inserción en la sociedad que va más allá de un mero interés egoísta y de una mera apetencia de bienes materiales. La liberación de los seres humanos se tiene que realizar en esta tierra, y depende sustancialmente de la política. Creo que somos siempre pocos los que podemos arrimar el hombro en una tarea tan importante como es la de ayudar a hombres y mujeres a superar sus angustias, a superar sus problemas, a salir de la marginación, a garantizar sus derechos y a permitirles avanzar hacia un futuro mejor. Es verdad que no es lo mismo una religión que una creencia política, es verdad que nos tenemos que mover en planos distintos, pero también lo es que el PSOE no solo no cierra las puertas a nadie que crea en el progreso, en la justicia y en la libertad, sino que tiene las puertas abiertas a muchísima gente y entre otros a los cristianos y a lo que puedan colectivamente representar.
José Luis Rodríguez Zapatero
Madrid, 5 de junio de 2001
La otra orilla de la fe
... Creada por un viajero infatigable, la Compañía de Jesús es, en su origen, misionera. Al igual que en Ignacio de Loyola, en Francisco Javier hay un gran deseo por trascender fronteras, una universalidad añorada y deseada por el hombre inquieto del siglo XVI...
UNO de los hechos capitales de la historia europea es el descubrimiento de Oriente, palabra espléndida que abarca tantas y famosas historias. Herodoto, Alejandro de Macedonia, Marco Polo, Vasco de Gama, Las mil y una noches y Kipling son diversas etapas de esta aventura. Otra es la escrita por el misionero que en 1549 entra a bordo de un junco chino en el pequeño puerto de Kagoshima, la más meridional de las islas del archipiélago japonés, y que poco antes ha redactado estas palabras al Rey de Portugal:
«Yo, Señor, porque sé lo que acá pasa, ninguna esperanza tengo que se han de cumplir en la India mandatos ni provisiones que, a favor de la cristiandad, ha de mandar, y por eso casi voy huyendo para Japón, por no perder más tiempo del pasado».
Este misionero que mira al misterioso Japón, donde anhela encontrar un ambiente esperanzador para su apostolado, había nacido en Navarra el siete de abril de 1506, año que se extinguía la vida de Cristóbal Colón. Su infancia y primera juventud, transcurridas en el castillo de Javier, coinciden con una época turbulenta de cambios para el reino de Navarra, que vive los últimos estertores de su independencia y los iniciales de su incorporación a un nuevo proyecto político bajo Fernando el Católico, primero, y los Austrias, después.
Tiempo de hidalgos y soldados de fortuna, de pícaros y místicos, el mundo al que abre los ojos Francisco Javier es un mundo cambiante en el que el aventurero ensancha los horizontes conocidos y el poeta anuncia al guerrero la edad gloriosa de un monarca, un imperio y una espada. Herencias, matrimonios, disparos de arcabuz y conquistas coloniales ponen a los Austrias en posición de restablecer en beneficio propio y con centro en Castilla el Sacro Imperio, hecho que no podían tolerar ni los Valois ni los Tudor ni el Papa, y contra el que se sublevarán los príncipes protestantes de Alemania. Cuando a los diecinueve años, el santo navarro parte para París, donde unos buenos estudios no pueden sino augurarle la atribución de un importante beneficio eclesiástico en la diócesis de Pamplona, reinan ya Carlos V y Francisco I y la guerra se ha instalado en el viejo continente.
Las resonantes victorias de los tercios españoles o las conquistas de los imperios ultramarinos por Cortés y Pizarro, que harán de Sevilla la reina del Atlántico, ya están ahí, del mismo modo que ya están ahí los representantes de una Europa que, enraizada en la tradición cristiana, da el paso hacia la Edad Moderna. Copérnico ha revelado que los descubridores tan sólo son los pasajeros de uno de los barcos de una flota innumerable. Maquiavelo ha soñado a su príncipe. Tras Erasmo, que se ha liberado de los hábitos agustinos, toda una pléyade de eruditos proclama que el estudio de las letras antiguas hará al hombre más consciente de sí mismo, más civilizado y más humano.
El período de los estudios de Javier en París -once años en total-, que le proporcionarán su formación académica universitaria, coincide también con el auge de Lutero y Calvino, de Tomás Moro, Canciller de Inglaterra, y Francisco de Vitoria y de otros grandes humanistas como el valenciano Luis Vives y el habitual de los lupanares y fraile retirado, el francés Rabelais, que al imaginar a su majestad Pantagruel, rey de la comida y del vino, da al mundo una de las grandes invenciones del espíritu moderno, algo que ni Homero ni Virgilio ni Ariosto habían conocido y que no es la risa, ni la burla, ni la sátira, sino un aspecto particular de lo cómico que convierte en ambiguo todo lo que toca, el humor.
En este clima intelectual que exalta la iniciativa individual y el ideal cristiano militante en el ámbito de la cultura y la sociedad política, en el efervescente París de Francisco I, feria de humanidades donde las disputas de las escuelas se alternan con el fuego de las hogueras, es donde Javier cobra plena conciencia de su identidad creyente y donde se une a la cohorte de piadosos rebeldes y teólogos vagabundos que rodea a Ignacio de Loyola. Desde entonces, sus pasos, siempre dentro de la Compañía de Jesús, y respondiendo a la solicitud de Juan III, Rey de Portugal, toman la ruta de Oriente.
En la era de los descubrimientos, un religioso podía ser Simbad. Francisco Javier no se limitó a ser un espectador privilegiado de su tiempo. Fue protagonista de él. Mientras sus compañeros terminan de construir la Compañía, convierten a Ignacio en su jefe institucional, polemizan en Trento y fundan sus primeros colegios, él se transforma en un Ulises de la fe y viaja zarandeado por los mares, del Cabo de Buena Esperanza a Mozambique y de la Costa de los Piratas a Goa y las Molucas. Recubierto con el título de nuncio apostólico, pero vestido con una sotana zurcida, recorre el sudeste asiático predicando en una jerga hecha de su extraño portugués y de uno u otro de los innumerables idiomas que se hablan en la India y Malasia, consagrado a una soledad que queda rota por la comprometedora protección de los hombres armados del Rey Juan III.
Creada por un viajero infatigable, la Compañía de Jesús es, en su origen, misionera. Al igual que en Ignacio de Loyola, en Francisco Javier hay un gran deseo por trascender fronteras, una universalidad añorada y deseada por el hombre inquieto del siglo XVI. Con su empresa oriental, el aventurero navarro representa el abrazo de dos orillas distantes, dos continentes hasta entonces aislados e incomunicados, Europa, patria de navegantes y conquistadores, y Asia, una de esas extensiones que los cartógrafos de la época señalaban con hic sunt leones (aquí hay leones). Pero si de su epopeya apostólica he destacado la anónima entrada que protagoniza en el puerto de Kagoshima es porque el Francisco Javier que emprende la aventura japonesa ya no es el conquistador en sotana que sólo piensa en convertir masas de infieles («hay tardes en que me duele el brazo») sino el humanista cristiano que anhela el conocimiento y persigue un diálogo a escala humana.
Es en busca de otro rostro, en busca de un ser dialogante, con preguntas y respuestas, y sin que ningún ejército ni autoridad dotada de fuerza se mezcle en su nueva empresa, la manera en que el recolector de almas indias afronta los mares del Extremo Oriente. Al término del viaje, claro está, se halla siempre la evangelización, pero a partir de ahora sobre la base del conocimiento y del intercambio cultural. Como si Colón, percatándose de su error a la vista de las islas del Caribe, hubiese desandado su camino y se hubiese dirigido al verdadero Oriente, así este misionero español, que escribe:
«Los japoneses escriben muy diferente de los demás pueblos, pues comienzan en la parte superior de la página y bajan derecho hacia abajo. Preguntando yo por qué no escribían como nosotros, me respondieron: ¿por qué más bien vosotros no escribís al modo nuestro? Porque así como el hombre tiene la cabeza en lo alto y los pies en lo bajo, así, también, debería escribir derecho de arriba abajo».
Sospechaba Borges que la historia, la verdadera historia, que es ajena al influjo de las superproducciones cinematográficas, es más pudorosa y que sus fechas esenciales pueden ser, asimismo, durante largo tiempo, secretas. Los ojos ven lo que están habituados a ver. Tácito no percibió el alcance de la Crucifixión, aunque la registra su libro. Cien años, y con mayor razón quinientos, aparecen bajo nuestra mirada como una unidad de tiempo evocadora y suficiente para volver la vista atrás y dejar hablar otras fechas y aventuras que han venido construyendo el ancho mundo que habitamos. No el día en que el paternalista Bartolomé de las Casas, compadecido de los indios que se extenuaban en los infiernos de las minas de oro antillanas y a los que evangeliza a la sombra del conquistador, propuso al Emperador Carlos V la importación de esclavos negros a América, sino aquel otro día en que un religioso español venido de Lisboa conversa de lo divino y de lo humano con un viejo y sabio japonés de Yamaguchi, marca una fecha histórica. Una jornada que señala una doble revolución: del sistema de conversión en masa al diálogo con el otro y del rechazo cultural al intercambio que supera y trasciende la barrera de las sangres y las naciones.
¿Diríamos que este misionero jesuita que anhela fijar un puente entre el hombre del Renacimiento definido por Erasmo y aquellos hombres diferentes que «escriben de arriba abajo» y que tienen, para hacerlo así, «tan buenas razones», anticipa a los trotamundos ilustrados del siglo XVIII? La respuesta aguarda la celebración de un sí no suficientemente evocado, pues el camino iniciado por Francisco Javier, muerto en una pequeña isla mientras oteaba el horizonte del imperio chino, ha vuelto a ser pisado y recorrido una y otra vez. Todo su legado forma parte de la mejor historia viajera de España, que ha impregnado al resto de la humanidad de ideas y valores y que con sus personajes y sus obras ha enriquecido el patrimonio universal y sin cuya aportación nuestro mundo no sería el mismo.
Fernando García de Cortázar
Obra como si todo dependiera de ti, confiando en que todo depende de Dios
