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Hagamos de la Universidad un negocio

Hagamos de la Universidad un negocio


La vinculación de las facultades al nuevo Ministerio de Ciencia persigue rentabilizar la investigación - Se trata de un modelo que ya ha dado resultados en Andalucía y varios países europeos


Existe una leyenda sobre un tipo de bambú oriental cuya semilla, a pesar de que se riegue y cuide con esmero, no da ningún fruto durante seis o siete años. Nada sale de la tierra. La evolución es subterránea: una compleja estructura de raíces se está tejiendo en un largo periodo de hibernación para sostener la planta. Cuando por fin brota, en un par de semanas coge más de 15 metros de altura. Este relato -parábola del tesón, la paciencia y lo crucial que resulta contar con una base sólida- sirve al consejero andaluz de Innovación, Ciencia y Empresa, Francisco Vallejo, para explicar la unión de la industria del conocimiento y la sociedad de la información en un único departamento, un modelo que se adoptó en la comunidad autónoma hace cuatro años y que ahora se inicia en el Gobierno central con la integración de las universidades en el Ministerio de Ciencia e Innovación, que dirige Cristina Garmendia.

No es una visión novedosa. Un número importante de países, entre los que se suele citar al Reino Unido y Dinamarca, han recorrido ya un camino semejante, si bien ningún sistema es extrapolable al 100%. En España, empezó Andalucía, y más recientemente, Extremadura, Aragón y Cataluña.

¿Cuál es el balance en Andalucía? Siguiendo el símil del bambú oriental, aún no han transcurrido los seis o siete años de rigor, pero a juicio de algunos, ya se puede hablar de resultados, y sobre todo de cimentación. El investigador Ángel Cebolla es el director general de Biomedal, una empresa de biotecnología con alto contenido en I+D que trabaja habitualmente con las dos universidades públicas de Sevilla, la Hispalense y la Pablo de Olavide. Vende herramientas de laboratorio especializadas en la producción y purificación de proteínas y va a lanzar al mercado unas tiras reactivas que detectan con precisión y en pocos minutos la presencia en los alimentos de gluten tóxico no apto para celíacos. Su experiencia es un ejemplo de la colaboración de la Universidad y la empresa, en la que también ha tenido que ver mucho el impulso público. "Hay poca gente que esté dispuesta a poner dinero para la investigación, nadie arriesga, y menos a largo plazo". Los datos le dan la razón: en 2006, últimos del Instituto Nacional de Estadística, el gasto en I+D en España era de 11.801 millones de euros, el 1,20% del PIB, de los que el 42,5% proviene del sector público, y el 47,1% del privado, un porcentaje este último todavía débil, pese a que ha subido un 20% respecto a 2005.

El proyecto de detección del gluten de Biomedal lo ha financiado la Corporación Tecnológica de Andalucía (CTA). Promovida en 2005 por la Junta, se trata de una fundación privada gestionada por empresarios, con un fuerte componente público: la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa ha contribuido con unos 50 millones de euros (una cantidad similar a la que aportan las sociedades). También corre con los gastos de la estructura de operación, por lo que los empresarios tienen la garantía de que el dinero que colocan va exclusivamente a la financiación de proyectos. El requisito imprescindible para que CTA ponga fondos es que la empresa en su desarrollo cuente con la participación de un grupo o centro de investigación (al menos en un 15%). De este modo, la transferencia de tecnología entre Universidad y empresa está asegurada. "Nosotros sólo financiamos proyectos empresariales, no repartimos dinero, no patrocinamos nada. Nuestro objetivo no es dar dinero para que se haga investigación, es financiar proyectos que sean económicamente viables. Si no lo son, hay muchas otras entidades para facilitar ayudas", dice Joaquín Moya-Angeler, presidente de CTA y del Consejo Social de la Universidad de Almería. En sus dos años y medio de vida, CTA ha financiado 152 proyectos, de los que el 26% son en cooperación con distintas disciplinas, uno de los objetivos que se persiguen. El volumen de incentivos es de 43,8 millones de euros que movilizan una inversión en torno a los 150.

Moya-Angeler, ex presidente de IBM España y patrono y miembro del Consejo de Administración de COTEC, opina que el proceso, aunque en fase primigenia, ha tenido mucho éxito en cuanto a concienciación sobre la necesidad de invertir en I+D+i (investigación más desarrollo, más innovación): "Hemos conseguido que un millar de investigadores participen en proyectos empresariales y hay 160 grupos de investigación envueltos en 152 proyectos". Éste es uno de los pasos que ya son visibles: hace cuatro años apenas había en Andalucía un centenar de investigadores que trabajasen habitualmente con empresas. "La transformación de la cultura de la Universidad, donde no hace mucho al profesor que colaboraba con empresas se le llamaba pesetero, es un elemento clave. Si las competencias no llegan a estar juntas, habría sido imposible porque lo que hemos hecho es integrar", subraya Francisco Vallejo.

Otro avance cuantificable en Andalucía es la creación de spin-off universitarias (empresas que surgen de proyectos de investigación): de una sola en 2004 a 33 en 2006. En 2008 ya son 67.

Una de ellas es Teams, impulsada por el catedrático de Resistencia y Elasticidad de Materiales de la Universidad de Sevilla Federico París, ex decano de la Escuela de Ingenieros. En los últimos 20 años el equipo de París ha estado trabajando en investigaciones de aeronáutica. La escalada se fue extendiendo hasta hacer imposible atender la demanda. A través del Programa Campus, una de las líneas de créditos blandos de la Junta, recibió una ayuda de 100.000 euros para instalar una nave grande. Hacen ensayos de alta cualificación de lo que se llama "llave en mano". "Nos encargan una tarea; diseñamos el ensayo, lo realizamos y damos los resultados". Entre sus clientes están Airbus y EADS. A Federico París la integración de ciencias, innovación y universidades le parece casi perfecta. "Reconozco que estoy en un sector privilegiado, ya que la política de unir conocimiento y actividad está diseñada para nosotros, es decir, soy muy partidario, pero hay que tener en cuenta mi posición".

París ha puesto el dedo en la llaga. El nuevo Ministerio de Ciencias e Innovación ha sido recibido con entusiasmo entre los universitarios de la parte técnica y científica, pero también con prevención y cierto recelo desde las humanidades, rama en la que se ven pocas oportunidades de conexión con la empresa. Un portavoz del ministerio no detecta problemas: "Hay múltiples ejemplos de valorización del conocimiento de las ciencias sociales y las humanidades, en muchos casos a través de empresas del sector servicios, un sector en el que hay que impulsar el emprendimiento tecnológico".

Nerea Arqueología Subacuática, una spin-off de la Facultad de Geografía e Historia de Málaga, abunda en esta línea. Cuenta con 15 trabajadores estables (ha llegado a tener hasta 45) y se centra en investigaciones sobre el patrimonio arqueológico sumergido. La empresa obtiene unos resultados económicos bastante favorables. "Estamos en un sector de mercado sin explotar y muy primitivo", reconoce Javier Noriega, socio de Nerea, que ahora está desarrollando un sistema de vigilancia de pecios arqueológicos por satélite con Decasat, otra spin-off de robótica, para evitar el expolio de los cazatesoros. El proyecto, denominado Wypasat, ha pasado varios test de viabilidad técnica. Noriega cree que las humanidades necesitan de mucha tecnología e innovación, criterio que comparte Héctor García, miembro de Geografía Aplicada, SL, spin-off de la Universidad de Sevilla, que ofrece soluciones informáticas basadas en los sistemas de información geográfica (SIG) para el control de elementos móviles en el espacio.

No todas las ciencias tienen por qué tener el mismo recorrido, pueden quedarse en los libros. Para Carmen Vela, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), la generación de conocimiento per se es un instrumento muy válido, pues servirá para que se construyan otras cosas después. Vela, presidenta de la compañía Ingenasa, piensa que la integración de las universidades en Ciencia y Tecnología es "lo mejor que ha podido ocurrir, es un sueño tener en un solo ministerio todo lo que se hace en ciencias". Hay centros que ya están muy desarrollados, como CIMA (Centro de Investigación Médica Aplicada) de la Universidad de Navarra, que en su primer año ya tenía 326 personas y había generado 18 patentes.

¿Habrá dificultades de encaje de la Universidad en el nuevo ministerio? En Andalucía las hubo. El cambio fue complejo, más que nada por la sorpresa que causó en el estamento universitario. "Nos costó, hemos vivido un tiempo de adaptación de dos años, y otros dos de mejora y tolerancia. Ahora la situación es muy buena", apunta Adelaida de la Calle, rectora de la Universidad de Málaga.

Ángel Gabilondo, presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), señala que se siente "en parte satisfecho" por la unión de la Universidad con la ciencia porque son dos campos íntimamente ligados que "deben avanzar de la mano". Sin embargo, opina que ahora más que nunca será necesario coordinar el nuevo ministerio con el de Educación, Política Social y Deporte: "La Universidad no puede quedar al margen de los procesos educativos y debe mantener un diálogo fluido para construir y contribuir conjuntamente a una sociedad de bienestar". "La educación no acaba a los 18 años, es un proceso de construcción que se alarga durante toda la vida. Y la Universidad es un punto clave dentro del proceso integral de educación. El hecho de que se dividan las competencias educativas en dos partes es simplemente una opción".

Una opción que no le gusta al catedrático de Economía Aplicada de Málaga Juan Torres, que fue director general de Universidades e Investigación de la Junta andaluza. "Que la Universidad esté en un ministerio distinto del de Educación no tiene tanta importancia como la filosofía que inspira, que viene a decir que la enseñanza universitaria tiene que estar al servicio del mercado. Eso es una aberración política, económica y humana. En la práctica, significa que cuando se evalúen las titulaciones se dé prioridad a las que más financiación tienen".

El ministerio asegura que habrá coordinación con Educación, y también con Industria, competencia que en Andalucía se integra con ciencia e innovación. "La innovación es un proceso de carácter horizontal, con el que múltiples sectores y ministerios tienen que estar comprometidos. Pero no todas las políticas económicas, educativas, sanitarias, caben en un solo departamento, por importantes que sean para crear un tejido social y económico favorable a la innovación", dice un portavoz.

Además de Corporación Tecnológica de Andalucía y otros instrumentos para que la oferta de I+D+i esté a disposición del tejido productivo de la comunidad autónoma -Andalucía ha multiplicado por siete su participación en el programa estatal de ayudas a la I+D+i, pasando de captar el 2,8% de los fondos nacionales en 2004 al 20% en la última convocatoria de 2007-, la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa ha impulsado un nuevo sistema de financiación universitaria 2007-2011.

El criterio no es ya repartir el dinero en función del número de alumnos o metros cuadrados. Liga los recursos económicos a la consecución de objetivos: la calidad de formación que ofrezca la Universidad determina el 60% del incremento anual de su financiación; los méritos de investigación, el 30%; y el grado de innovación, el 10%.

La rectora de Málaga, Adelaida de la Calle, que es también miembro de la Permanente de la CRUE, sostiene que entre las universidades andaluzas y el resto de los departamentos de la Consejería de Innovación ya no existen barreras: "Estamos perfectamente adaptados". Y en eso ha contribuido sin duda el aumento de los fondos: hay más recursos que nunca. Si en 2001 lo que destinó la Junta a las universidades fueron 600 millones de euros, en 2007, año en el que se estrena el modelo, han sido 1.400 millones. En 2011, fecha de su conclusión, serán 1.960 millones, lo que significa triplicar en una década la financiación universitaria. "Un proceso de cambio como éste, que es sobre todo de mentalidad, no se puede hacer sin incrementar el presupuesto. Hay dinero para lo de antes y para lo nuevo", concluye el consejero Vallejo.

Isabel Pedrote en El País.

La cárcel es el manicomio del siglo XXI

La cárcel es el manicomio del siglo XXI

La reforma psiquiátrica de los ochenta dejó lagunas sin resolver - La mayor atención a personas con problemas mentales evitaría delitos, pero faltan medios


A veces, al horror del encierro en la cárcel se le añade el de no poder huir de la propia mente. Tristeza infinita, angustia vital, impulso de infligirse dolor o voces imaginarias. Muchos comenzaron ese intento de fuga de sí mismos mucho antes de vivir entre muros y barrotes. Uno de cada cuatro reclusos españoles (el 25%) padece alguna enfermedad mental, según datos de Instituciones Penitenciarias, tal y como explica su secretaria general, Mercedes Gallizo. No sólo eso, la mayoría de ellos (el 17,6%) tiene antecedentes psiquiátricos previos a su ingreso en prisión. La falta de detección y de atención adecuada -muchas veces motivada por la saturación de los centros especializados- provocan que muchos de estos enfermos pierdan el contacto con la realidad, caigan en la marginalidad y terminen cometiendo algún delito. Dos décadas después de la reforma que cerró los psiquiátricos, muchos consideran que las prisiones se han convertido en los manicomios del siglo XXI.

"La reforma de salud mental no dio alternativas. Traspasó la responsabilidad del cuidado de esos enfermos a los familiares", sostiene el subdirector general de Coordinación de Sanidad Penitenciaria, José Manuel Arroyo Cobo. Ese cambio era necesario, explica, pero el traspaso de la atención de estos enfermos a las comunidades no ha sido suficiente. El vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, Miguel Gutiérrez, define esa reforma que derribó los psiquiátricos como "decisiva". Sin embargo, sostiene que queda mucho por hacer. "Hay enormes desigualdades en el tratamiento de estos enfermos en las comunidades. La reforma requiere una revaluación completa", cree.

Alberto Rodríguez no sabe de reformas ni de otras cuestiones técnicas. Pero conoce bien la cárcel. Pasea por el patio del centro penitenciario de Aranjuez y se ajusta la cazadora en un intento de alejar el aire gélido de la mañana. Han pasado seis años desde que pisó por primera vez ese patio que ahora podría reconstruir de memoria. Palmo a palmo, grieta a grieta. Falta un día para que le den el tercer grado y está eufórico. Sólo tendrá que ir a la cárcel a dormir. "Estoy encantado". Recuerda el momento en el que ingresó como si fuera ayer. "Me enviaron directo a la enfermería", cuenta. Diagnóstico: esquizofrenia paranoide.

El problema de Alberto era que escuchaba voces. Voces que no le decían "nada bueno". Un soniquete que se fue haciendo más pesado según iban apareciendo nuevas velitas en su tarta de cumpleaños. Una vez, cuando era pequeño, sus padres le llevaron a un psiquiatra. "No me gustó y no volví más". Se levanta la chaqueta, el jersey y la camiseta y enseña el pecho y los brazos llenos de cicatrices. "En las crisis que me daban me intentaba cortar, me tragaba cosas...", dice. Alberto dejó de estudiar y encontró un trabajo de camarero en un restaurante muy conocido de Madrid. Y las voces seguían, quedas y de cuando en cuando, pero hablaban. Empezó a tomar drogas. Sustancias que al principio lograban aplacar esas malditas voces. Pero luego fue peor. Un día "algo pasó" y se vio involucrado en un par de robos con violencia. El juez le condenó a ocho años y siete meses.

Como Alberto, un 2,6% de los 73.138 reclusos que hay en España tiene antecedentes de trastorno psicótico. Además, un 9,6% de los internos de las prisiones normales -los presos de los psiquiátricos penitenciarios no están incluidos- tiene precedentes de patología dual al sumar el consumo de drogas a su enfermedad. Una mezcla "cada vez más común", según Miguel Gutiérrez. El 6,9% tiene antecedentes de un trastorno afectivo y un porcentaje igual padece algún trastorno de la personalidad. La radiografía de cifras del último informe de Prisiones revela además que el 3,2% de los reclusos ha estado en algún centro psiquiátrico antes de su ingreso en prisión.

Eso, a pesar de que en España sólo queda algún resquicio de estos centros. El panorama es desigual. El País Vasco cuenta con tres. Andalucía los cerró todos. Por no hablar de que sólo existen 580 plazas para los reclusos con enfermedades mentales, en los dos únicos psiquiátricos penitenciarios (en Sevilla y en Alicante).

Pero detrás de estos fríos porcentajes hay historias de familias desbordadas. De ríos de lágrimas derramadas. De miedo. De desconocimiento. Para Mercedes Gallizo, muchos de estos presos "no habrían cometido ningún delito" si hubieran recibido el tratamiento psicológico que precisaban. También lo cree Orlanda Varela, psiquiatra en la cárcel de Valdemoro. "Si hubieran estado correctamente atendidos fuera, un altísimo porcentaje de los delitos podrían haberse evitado", dice. Pero no fue así, delinquieron y ahora viven en la cárcel. Un lugar "poco adecuado" para enfermos de este tipo, según Arroyo Cobo.

Pero, ¿qué está sucediendo para que enfermos que han dado señales de estarlo no estén recibiendo el tratamiento adecuado? "La búsqueda de la receta milagrosa que termine con el dolor cotidiano o la ansiedad inunda las consultas y desplaza en muchas ocasiones problemas más graves que quedan sin diagnóstico o sin el tratamiento adecuado", sostiene Gutiérrez. Una queja repetida por muchos expertos como Varela, con más de cuatro años de experiencia en centros penitenciarios. "No podemos psiquiatrizar la vida privada y pretender luego que se pueda dar prioridad a las enfermedades realmente graves", apunta. "Hay mucha patología de poca monta que satura los servicios", remata Arroyo Cobo.

Éste es uno de los motivos por los que el enfermo psicótico es el que menos prestaciones recibe, según el vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría. "Otros lo han desplazado. Algo que habría que evitar poniendo filtros", dice. Pero no los hay y los psiquiatras están saturados.

"Faltan centros especializados. Hay muy poca oferta asistencial", opina el subdirector general de Coordinación de Sanidad Penitenciaria. Apunta otro motivo: "En España no se puede obligar a una persona a someterse a tratamiento. La única manera es inhabilitarle e ingresarle en un centro forzoso. Un proceso largo y que además no sirve como medida urgente. Por eso, aparte de que apenas existen lugares de internamiento, es necesario que haya más centros de salud mental y atención. Además, obligar a un enfermo a someterse a tratamiento es estigmatizador", dice.

La Federación de Asociaciones de Personas con Enfermedad Mental y Familiares (Feafes) también critica esa falta de medios. "Por cada 30.000 cartillas sanitarias debería haber un equipo completo de salud mental: un psiquiatra, dos psicólogos, dos enfermeros y dos auxiliares clínicos, un trabajador social, un terapeuta ocupacional y un auxiliar administrativo; es decir, 14 personas", sostiene su presidente, José María Sánchez Monge. "Las unidades que hay ahora mismo son tan incompletas que ni siquiera nos acercamos a esas cifras", analiza.

Carencias que también tiene en cuenta el Ministerio de Sanidad, que ha promovido una Estrategia en Salud Mental, un plan basado en la prevención y en la erradicación del estigma asociado a las personas que padecen enfermedades mentales. Pero la falta de detección y de atención de estas enfermedades no es el motivo único de que un alto porcentaje de los reclusos de las cárceles españolas lleguen con alguna enfermedad mental. "También hay que tener en cuenta otras variables, como el aumento de la población penitenciaria y el crecimiento de las personas que viven en una situación de marginalidad", asegura el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría. Y es que, según Feafes, entre el 20% y el 30% de las personas que viven en la calle padecen algún tipo de enfermedad mental.

Arroyo también menciona este factor. Tiene 20 años de experiencia en centros penitenciarios. Desde que, siendo aún estudiante de medicina, llegó a la enfermería de uno de ellos para investigar para su tesis hasta ahora, como subdirector general de Coordinación de Sanidad Penitenciaria. Pero para él, que ha visto centenares de casos como el de Alberto, el punto fundamental que puede desencadenarlo todo es que el enfermo pierda el contacto con la realidad, abandonando, por ejemplo su casa. "Por eso es tan necesaria una actuación previa", sostiene.

Sin embargo, hasta llegar a ese punto el enfermo y su familia pueden haber dado bandazos de un centro a otro tratando de buscar un diagnóstico. Un monstruo muchas veces desconocido hasta que la palabra aparece escrita en el historial médico del ser querido.

Araceli Carrillo lo sabe muy bien. Nada sabía de enfermedades mentales hasta que a su amigo Rafael (nombre supuesto) le pasó lo que le pasó. El chico estaba triste y apático. Tenía 17 años y ya no quería salir. Ni estudiar. Ni nada. "No sabíamos qué le pasaba. Pensábamos que eran cosas de la adolescencia", dice. Hasta que las cosas se torcieron y recibieron una llamada que les avisaba de que Rafael estaba detenido y en el calabozo. "Ingresó en prisión a la espera de juicio. Nada más llegar le metieron en la enfermería", comenta. Tenía esquizofrenia. Araceli explica que Rafael sí había ido al médico. Pero nadie supo dar con lo que le ocurría.

Nadie lo supo hasta que llegó a la cárcel. Por eso Arroyo destaca el papel de la prevención. Pone de ejemplo el caso del Reino Unido. Allí, asegura, se ha implantado un mecanismo de control de problemas de salud mental en las comisarías. "En una ciudad como Bristol se dan 800 casos sospechosos al año. De ellos, un tercio terminan ingresados en algún centro", dice.

Pero, qué sucede una vez que estos enfermos entran en la cárcel, un ambiente que los expertos tachan de negativo. "Por mucho que se haga dentro, salen mucho peor de lo que entran", dice Carrillo, que desde que Rafael entró en prisión se ha hecho miembro de Feafes. El vicepresidente de la Sociedad Española de Psiquiatría también considera la cárcel un lugar inadecuado para estos enfermos. "Debería haber dispositivos intraprisón", sostiene.

Arroyo explica que para mejorar la vida de los enfermos mentales de los centros penitenciarios y evitar su estigmatización, Instituciones Penitenciarias ha creado el Programa Marco para la Atención Integral a Enfermos Mentales (Paiem). Se basa en la detección de los trastornos y, una vez diagnosticados, en mejorar la vida de los enfermos, aumentar su autonomía y la adaptación al entorno. Además, el Paiem intenta fomentar la reincorporación social de estos reclusos.

Es el caso de Gustavo. Tiene 37 años y acaba de empezar 2º de Derecho por la UNED desde la cárcel de Aranjuez. Tiene una enfermedad mental y lleva siete años y cinco meses en la cárcel. "Aún me queda casi otro tanto", dice. Ésta es su segunda condena. En la primera también tuvo tratamiento médico para su enfermedad. "Pero recaí en las drogas y todo se fue a la mierda...", dice. Reconoce haber experimentado los síntomas antes de su primera entrada en prisión, pero dice que nunca fue a que le diagnosticaran. "Tampoco nadie me dijo que podría ser una enfermedad", dice. Nada más llegar entró en el programa de Prevención de Suicidio, dentro del Paiem. "Lo pasé fatal... Cada día me levantaba con ganas de quitarme la vida", dice.

A Bernardino le pasó lo mismo. Con una diferencia. Sus problemas empezaron en la cárcel y por su condena. "Estoy aquí por homicidio imprudente. Era guardia de seguridad y dos personas murieron por mi culpa. Todos los días me digo que el que tendría que estar muerto soy yo", cuenta con lágrimas en los ojos. Bernardino, como Gustavo, también se ha decidido por estudiar Derecho. "A todos los presos nos da por lo mismo", intenta bromear.

Este recluso alto y espigado ya ha abandonado la enfermería del centro penitenciario de Aranjuez. Allí permanecen todavía otros como Miguel Ángel o Francisco. El primero tiene esquizofrenia paranoide; el segundo, una depresión grave. A los dos aún les queda bastante para salir. Lo matan estudiando. Francisco tiene sobre la mesa de su habitación una decena de libros sobre la Biblia. Miguel Ángel se dedica a la informática. "Me gusta mucho", dice. No quiere hablar de las crisis que le llevaron a la enfermería. Tampoco profundizar sobre el delito que cometió. "Pegué a mi novia". Algo, que, según los médicos que le tratan, tuvo mucho que ver con su enfermedad.

A Alberto no le importa recordar su etapa en la enfermería. "Lo pasé muy mal pero salí. Logré hacerlo...". Se acelera cuando habla de todo lo que le espera fuera. "Una ONG me ha buscado un trabajo y mis padres también me van a ayudar mucho". Se le iluminan los ojos. Lejos, muy lejos quedan ya las crisis que le dejaron el cuerpo cubierto de cicatrices y el miedo a su enfermedad.

María R. Sahuquillo en El País.

Lo decisivo en la Compañía de Jesús



Jesuitas
by ignaciosj

Muchos preguntan cómo un hombre de hoy puede querer ser o llegar a ser jesuita. A esta pregunta sólo se puede contestar muy subjetivamente.

Yo quiero responder muy sencillamente. No porque la Compañía de Jesús tenga "todavía" hoy un no insignificante influjo en la Iglesia; no porque tenga muchas universidades y sabios de todo tipo, o porque se haga sentir en los medios de comunicación etc.,etc. Ni siquiera porque la Orden se haya puesto en muchas países, más claramente que antes, al lado de los pobres y de los oprimidos. Es porque también hoy, por encima de cualquier trabajo pastoral, eclesial o sociopolítico, con o sin éxito, vive, a mi parecer en muchos de mis compañeros un deseo de servicio callado no retribuido, de oración, de abandono al misterio de Dios, de aceptación serena de la muerte tal como ella viniere, de Jesús el Crucificado.

Entonces, y en resumidas cuentas, no es en absoluto decisivo ni el "significado" espiritual, o histórico eclesial de un grupo con semejante Espíritu, ni si ese mismo Espíritu se encuentra de la misma manera, implícita o explícitamente, también en otros grupos. Porque tal Espíritu se da.

Pienso en hermanos que yo mismo he conocido. Pienso en mi amigo Alfredo Delp que firmó su definitiva incorporación a la Compañía con las manos esposadas por lo nazis; pienso en aquel que en un pueblo de la India, donde ningún intelectual del país se deja ver, ayuda a excavar pozos a los pobres; en el que hora a hora atiende en el confesionario las tribulaciones y angustias de los sólo aparentemente burgueses; en el que fue apaleado con sus estudiantes por la policía de Barcelona, sin la satisfacción de aparecer siquiera como glorioso revolucionario. Pienso en los que andan diariamente en los hospitales a la cabecera de los moribundos y para quienes tiene que hacerse rutinario lo absolutamente único; en los que tienen que poner" a la venta" el mensaje siempre nuevo del Evangelio y a quienes se les agradecen más los cigarrillos que la Palabra de Dios; en aquellos que con esfuerzo y sin éxitos "estadísticos" de Dios intentan encender un chispazo de fe, esperanza y amor en unas cuantas personas. Tales figuras y muchas otras realidades y tareas personales que llegan al mismo misterio de Dios son también hoy lo decisivo y lo que se tiene por tal en la Compañía de Jesús. ...Si hoy en la Compañía se puede vivir el Espíritu vivo de Jesús Crucificado (lo cual, en mi opinión, así es) y si este Espíritu tiene primacía sobre todo lo sociológico y aun lo eclesial, entonces para los que viven en la Compañía de Jesús el futuro de la Orden es, en resumidas cuentas, un realidad de segunda categoría y además llena de esperanza.

Un jesuita escribía en 1773, al disolverse la Orden: "Si en la muerte estás conmigo, Jesús mío, yo seré tu eterno compañero, sin que lo puedan impedir ni el Papa ni Satanás". Bajo muchas cenizas arde también en esta Orden el amor por Jesús y por su destino incomprensible... Por eso puede someterse a la experiencia de una historia de antemano incalculable. Por eso puede aceptar confiadamente vida, éxito y fracaso, prestigio e irrelevancia y hasta la muerte, si necesario fuere, como participación en el destino de Aquél cuyo nombre lleva.

Karl Rahner, sj

¡Hoy tengo un sueño!

¡Hoy tengo un sueño!


Discurso de Martin Luther King en 1963...

Hace 100 años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero 100 años después, el negro aún no es libre; 100 años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; 100 años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; 100 años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Es obvio hoy en día que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros.

No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipi no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente".

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño americano. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales". Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso el Estado de Misisipi, un Estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que un día, el Estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

Ésta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada Estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!


Extracto del discurso leído en las gradas del Lincoln Memorial durante la histórica Marcha sobre Washington en 1963.

Internet cambia la forma de leer... ¿y de pensar?

Internet cambia la forma de leer... ¿y de pensar?


La lectura en horizontal, a saltos rápidos y muy variados se ha extendido - ¿Puede la Red estar reeducando nuestro cerebro?

Internet ya es para muchos el mayor canal de información. Cada vez es superior el tiempo empleado en navegar, ya sea para leer las noticias, revisar el correo, ver vídeos y escuchar música, consultar enciclopedias, mapas, conversar por teléfono y escribir blogs. En definitiva, la Red filtra gran parte de nuestro acceso a la realidad. El cerebro humano se adapta a cada nuevo cambio e Internet supone uno sin precedentes. ¿Cuál va a ser su influencia? Los expertos están divididos. Para unos, podría disminuir la capacidad de leer y pensar en profundidad. Para otros, la tecnología se combinará en un futuro próximo con el cerebro para aumentar exponencialmente la capacidad intelectual.

Uno de los más recientes en plantear el debate ha sido el ensayista estadounidense Nicholas G. Carr, experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), y asesor de la Enciclopedia británica. Asegura que ya no piensa como antes. Le sucede sobre todo cuando lee. Antes se sumergía en un libro y era capaz de zamparse páginas y páginas hora tras hora. Pero ahora sólo aguanta unos párrafos. Se desconcentra, se inquieta y busca otra cosa que hacer. "La lectura profunda que solía suceder de forma natural se ha convertido en un esfuerzo", señala Carr en el provocador artículo Is Google making us stupid? (¿Está Google volviéndonos tontos?), publicado en la revista The Atlantic. Carr achaca su desorientación a una razón principal: el uso prolongado de Internet. Está convencido de que la Red, como el resto de medios de comunicación, no es inocua. "[Los medios] Suministran el material del pensamiento, pero también modelan el proceso de pensar", insiste.

"Creo que la mayor amenaza es su potencial para disminuir nuestra capacidad de concentración, reflexión y contemplación", advierte Carr, a través del correo electrónico. "Mientras Internet se convierte en nuestro medio universal, podría estar readiestrando nuestros cerebros para recibir información de manera muy rápida y en pequeñas porciones", añade. "Lo que perdemos es nuestra capacidad para mantener una línea de pensamiento sostenida durante un periodo largo".

El planteamiento de Carr ha suscitado cierto debate en foros especializados, como en la revista científica online Edge.org, y de hecho no es descabellado. Los neurólogos sostienen que todas las actividades mentales influyen a un nivel biológico en el cerebro; es decir, en el establecimiento de las conexiones neuronales, la compleja red eléctrica en la que se forman los pensamientos. "El cerebro evolucionó para encontrar pautas. Si la información se presenta en una forma determinada, el cerebro aprenderá esa estructura", detalla desde Londres Beau Lotto, profesor de neurociencia en el University College de Londres. Y añade una precisión: "Luego habría que ver si el cerebro aplica esa estructura en el modo de comportarse frente a otras circunstancias; no tiene por qué ser así necesariamente, pero es perfectamente posible".

Lo que queda por ver es si esta influencia va a ser negativa, como vaticina Carr, o si va a ser el primer paso para integrar la tecnología en el cuerpo humano y ampliar las capacidades del cerebro, como predice el inventor y experto en inteligencia artificial Raymond Kurzweil. "Nuestras primeras herramientas ampliaron nuestro alcance físico, y ahora extienden nuestro alcance mental. Nuestros cerebros advierten de que no necesitan dedicar un esfuerzo mental (y neuronal) a aquellas tareas que podemos dejar a las máquinas", razona Kurzweil desde Nueva Jersey. Y cita un ejemplo: "Nos hemos vuelto menos capaces de realizar operaciones aritméticas desde que las calculadoras lo hacen por nosotros hace ya muchas décadas. Ahora confiamos en Google como un amplificador de nuestra memoria, así que de hecho recordamos peor las cosas que sin él. Pero eso no es un problema porque no tenemos por qué prescindir de Google. De hecho, estas herramientas se están volviendo más ubicuas, y están disponibles todo el tiempo".

Oponer cerebro y tecnología es un enfoque erróneo, según coincide con Kurzweil el profesor JohnMcEneaney, del Departamento de Lectura y Artes lingüísticas de la Universidad de Oakland (EE UU). "Creo que la tecnología es una expresión directa de nuestra cognición", discurre McEneaney. "Las herramientas que empleamos son tan importantes como las neuronas de nuestros cráneos. Las herramientas definen la naturaleza de la tarea para que las neuronas puedan hacer el trabajo".

Carr insiste en que esta influencia será mucho mayor a medida que aumente el uso de Internet. Se trata de un fenómeno incipiente que la neurología y la psicología tendrán que abordar a fondo, pero de momento un informe pionero sobre hábitos de búsqueda de información en Internet, dirigido por expertos del University College de Londres (UCL), indica que podríamos hallarnos en medio de un gran cambio de la capacidad humana para leer y pensar.

El estudio observó el comportamiento de los usuarios de dos páginas web de investigación, uno de la British Library y otro del Joint Information Systems Comittee (JISC), un consorcio educativo estatal que proporciona acceso a periódicos y libros electrónicos, entre otros recursos. Al recopilar los registros, los investigadores advirtieron que los usuarios "echaban vistazos" a la información, en vez de detenerse en ella. Saltaban de un artículo a otro, y no solían volver atrás. Leían una o dos páginas en cada fuente y clicaban a otra. Solían dedicar una media de cuatro minutos por libro electrónico y ocho minutos por periódico electrónico. "Está claro que los usuarios no leen online en el sentido tradicional; de hecho, hay indicios de que surgen nuevas formas de lectura a medida que los usuarios echan vistazos horizontalmente a través de títulos, páginas y resúmenes en busca de satisfacciones inmediatas", constata el documento. "Casi parece que se conectan a la Red para evitar leer al modo tradicional".

Los expertos inciden en que se trata de un cambio vertiginoso. "La Red ha provocado que la gente se comporte de una manera bastante diferente con respecto a la información. Esto podría parecer contradictorio con las ideas aceptadas de la biología y la psicología evolutivas de que el comportamiento humano básico no cambia de manera súbita", señala desde Londres el profesor David Nicholas, de la Facultad de Información, Archivos y Bibliotecas del UCL. "Hay un consenso general en que nunca habíamos visto un cambio a esta escala y rapidez, así que éste podría muy bien ser el caso [de un cambio repentino]", añade, citando su ensayo Digital consumers.

Se trata de una transformación sin precedentes porque es un nuevo medio con el potencial de incluir a todos los demás. "Nunca un sistema de comunicaciones ha jugado tantos papeles en nuestras vidas ?o ejercido semejante influencia sobre nuestros pensamientos? como Internet hace hoy", incide Carr. "Aun así, a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha prestado poca atención a cómo nos está reprogramando exactamente".

Esta alteración de las maneras de buscar información y de leer no sólo afectaría a los más jóvenes, a los que se les supone mayor número de horas conectado, sino a individuos de todas las edades. "Lo mismo les ha sucedido a maestros, profesores y médicos de cabecera. Todo el mundo muestra un comportamiento de saltos y lecturas por encima", precisa el informe.

Carr insiste en que una de las cuestiones clave es el modo de lectura "superficial" que va ganando terreno. "En los tranquilos espacios abiertos por la lectura de un libro, sostenida y sin distracciones, o por cualquier otro acto de contemplación, establecemos nuestras propias asociaciones, extraemos nuestras propias inferencias y analogías, y damos luz a nuestras propias ideas". El problema es que al impedir la lectura profunda se impide el pensamiento profundo, ya que uno es indistinguible del otro, según escribe Maryanne Wolf, investigadora de la lectura y el lenguaje de la Tufts University (EE UU) y autora de Cómo aprendemos a leer (Ediciones B). Su preocupación es que "la información sin guía pueda crear un espejismo de conocimiento y, por ello, restrinja los largos, difíciles y cruciales procesos de pensamiento que llevan al conocimiento auténtico", señala Wolf desde Boston.

Más allá de las advertencias sobre los hipotéticos efectos de Internet sobre la cognición, científicos como Kurzweil dan la bienvenida a esta influencia: "Cuanto más confiamos en la parte no biológica (es decir, las máquinas) de nuestra inteligencia, la parte biológica trabaja menos, pero la combinación total aumenta su inteligencia". Otros discrepan de esta predicción. La mayor dependencia de la Red conllevaría que el usuario se vuelva vago y, entre otras costumbres adquiridas, confíe completamente en los motores de búsqueda como si fueran el grial. "Lo utilizan como una muleta", señala el profesor Nicholas, que recela de que esa herramienta sirva para liberar al cerebro de las tareas de búsqueda para poder emplearse en otras.

Carr va más allá y asegura que el tipo de lectura "vistazo" beneficia a las empresas. "Sus ingresos aumentan a medida que pasamos más tiempo conectados y que aumentamos el número de páginas y de los elementos de información que vemos", razona. "Las empresas tienen un gran interés económico en que aumentemos la velocidad de nuestra ingesta de información", añade. "Eso no significa que deliberadamente quieran que perdamos la capacidad de concentración y contemplación: es sólo un efecto colateral de su modelo de negocio".

Otros expertos matizan bastante el pronóstico de Carr. El experto en tecnología Edward Tenner, autor de Our own devices: how technology remake humanity (Nuestros propios dispositivos: cómo la tecnología rehace a la humanidad), se suma a la crítica de Carr pero añade que no tiene por qué ser irreversible. "Coincido con la preocupación por el uso superficial de Internet, pero lo considero como un problema cultural reversible a través de una mejor enseñanza y un mejor software de búsqueda, y no como una deformación neurológica", explica desde Nueva Jersey (EE UU). "Sucede como con la gente que está acostumbrada a los coches y a las tumbonas pero entiende la importancia de hacer ejercicio".

En definitiva, científicos como Kurzweil destacan el potencial de Internet como herramienta de conocimiento. "La Red ofrece la oportunidad de albergar toda la computación, el conocimiento y la comunicación que hay. Al final, excederá ampliamente la capacidad de la inteligencia humana biológica. Y concluye: "Una vez que las máquinas puedan hacer todo lo que hacen los humanos, será una conjunción poderosa porque se combinará con los modos en los que las máquinas ya son superiores. Pero nos mezclaremos con esta tecnología para hacernos más inteligentes".

Usuario de ’corta y pega’

Un informe pionero del University College de Londres sobre hábitos de búsqueda de información en Internet distingue mitos y realidades sobre el uso que hacen los jóvenes. Una de las ideas que subyace en todas las conclusiones es que la destreza digital no equivale a destreza informativa, es decir, a saber cómo buscar información y transformarla en conocimiento.

1. Los usuarios jóvenes no suelen comprender bien sus necesidades informativas y por tanto les resulta difícil desarrollar estrategias de búsqueda efectivas.

2. Tienen un mapa mental poco sofisticado de lo que es Internet. No logran entender que se trata de una colección de recursos en red procedentes de diferentes fuentes. Así, los motores de búsqueda, ya sean Yahoo! o Google, se convierten en la primera marca que asocian con Internet.

3. Son en general más competentes con la tecnología que la generación anterior, aunque los adultos se ponen rápidamente al día. Emplean, sin embargo, menos aplicaciones digitales de lo que se cree.

4. Prefieren sistemas interactivos y le dan la espalda al consumo pasivo de información. Prefieren la visual sobre la textual.

5. Son la generación del corta y pega. Abundan los casos de plagios de diversas fuentes en los trabajos encargados.

6. Prefieren, como los adultos, la información despiezada, en vez de textos completos.

7. No son expertos buscadores.

Abel Grau en El País.

La Iglesia, escuela de solidaridad

La Iglesia, escuela de solidaridad

La crisis, desaceleración, recesión o estancamiento económico —según las preferencias de los distintos autores— preocupa, con razón, a la sociedad española por diversos motivos. Algunos ven peligrar el aumento de su bienestar, otros se enfrentan a hipotecas impagables, muchos temen caer en la precariedad, especialmente, si pierden sus empleos, no pocos ven en peligro sus permisos de trabajo y residencia, si son inmigrantes. ¿Qué tiene que hacer la Iglesia en una situación como ésta? La respuesta a esta cuestión dependerá del posicionamiento ideológico de quien la conteste: para los laicistas, la Iglesia no tendría nada que hacer, porque la economía no es ámbito de su competencia; para los grupos sociales tradicionales, la Iglesia tendría que ayudar a paliar los efectos más negativos del deterioro económico; desde planteamientos creyentes más abiertos, éste sería el momento de mantener una actitud profética; para los sectores neoconfesionales, la Iglesia debería orientar la actuación de nuestros gobernantes.

Desde mi punto de vista, es preciso plantear bien la cuestión, antes de descender al terreno de las actuaciones concretas. En concreto, hay cuatro puntos de partida que admiten poca discusión:

1. La Iglesia no es el gobierno y, por consiguiente, su labor no puede consistir en sustituirle.

2. La Biblia no es un Tratado de Economía y, en consecuencia, ni desde ella ni desde la fe cabe encontrar soluciones inmediatas a los problemas económicos.

3. La fe es una experiencia que afecta a la totalidad de la persona humana y que, por tanto, puede iluminar también la realidad socioeconómica, desde una claves propias.

4. La Iglesia debe adoptar una actitud valiente, humilde y propositiva, para unir sus ideas y acciones a todas las que intenten gestionar solidariamente la crisis.

En el terreno de lo práctico, la Iglesia tiene que “meterse en economía” por fidelidad al Evangelio, dado que el criterio último de verificación del seguimiento es el “tuve hambre y me disteis de comer” (Mt 25), aunque desde una perspectiva que será necesariamente distinta a la de los empresarios, partidos, sindicatos o asociaciones de consumidores. Esto tiene mucha importancia porque en economía —y más aún cuando ésta atraviesa dificultades— hay que tomar dos decisiones fundamentales: a qué problemas vamos a dar prioridad, por una parte; y cómo se van a repartir los costes del ajuste (y entre quiénes), por otra.

Así, uno espera que la Iglesia pida a los gobernantes que, en estos momentos, no se recorten los fondos sociales, los recursos dedicados a la cooperación internacional o a las inversiones públicas, y que evite la tentación de presionar para reducir los ingresos de los grupos más débiles (asalariados poco cualificados, autónomos y pensionistas) o haga recaer el peso del ajuste laboral entre los inmigrantes (con el peligro real de que las recesiones vayan asociadas al aumento de la xenofobia). Es momento también para defender la solidaridad interterritorial, que parece estar siendo sometida a cierta erosión en los últimos tiempos por la pugna entre las distintas Autonomías en el diseño de un nuevo modelo de financiación.

Por el contrario, la Administraciones Públicas habrán de buscar otros ámbitos en los que ahorrar fondos, sabiendo que un déficit moderado puede tener plena justificación en períodos recesivos. Especialmente en las épocas de crisis es conveniente mantener la progresividad fiscal, pues los más poderosos económicamente tienen siempre más posibilidades de reducir la carga impositiva. No parece muy justo permitir los grandes enriquecimientos en las épocas de bonanza (piénsese en el auge inmobiliario o bursátil) y socializar las pérdidas en los años de vacas flacas. La crisis demanda siempre más solidaridad.

Obviamente, será también misión de la Iglesia a lo largo de estos próximos años acompañar a las víctimas de la crisis actual a todos los niveles para que puedan defender sus derechos y para evitar que sufran un fuerte empeoramiento de sus condiciones de vida. Ciertamente, la Iglesia no puede resolver los problemas macroeconómicos, pero puede llevar a cabo pequeños gestos simbólicos —como los que hizo el propio Jesús en su tiempo— que alienten la esperanza y apunten en la dirección en la que debería moverse la acción política desde una perspectiva cristiana: cultivando el bien común frente a los intereses particulares y poniendo en el centro de la preocupación de los diferentes poderes públicos la situación de los últimos.

Las comunidades cristianas deben ser un espacio de acogida, apoyo, búsqueda de soluciones y denuncia de los abusos para todos ellos. Pero también tendría que desarrollarse en su seno un tipo de discurso que suele escucharse poco: la llamada a vivir de un modo más sobrio y sencillo en un mundo que es finito y está devorando sus recursos; la invitación a ahorrar e invertir en actividades socialmente productivas aunque no sean financieramente muy rentables; la llamada a compartir lo que tenemos (dinero, conocimientos, empleo); la iniciación en el consumo responsable; la constatación de la oportunidad de fortalecernos con nuestra afiliación a los sindicatos; la conveniencia de participar mucho más en el movimiento asociativo y voluntario; siendo, en definitiva, una escuela de solidaridad.

Pedro José Gómez Serrano es profesor de la Universidad Complutense y del Instituto Superior de Pastoral de Madrid.

Políticos al borde del suspenso

Políticos al borde del suspenso

La formación de los líderes españoles se estanca por falta de reciclaje - En otros países y en el sector privado se cultivan el liderazgo y la estrategia


El futuro presidente del Gobierno no sabrá inglés. Sólo uno (Leopoldo Calvo-Sotelo) de los que han gobernado España a lo largo de la democracia dominaba esta lengua. En el caso de Adolfo Suárez o Felipe González quizá se entienda más, pero resulta extraño que no tuvieran tiempo o interés para aprenderlo José María Aznar, en los 14 años que estuvo en su escaño antes de gobernar; ni José Luis Rodríguez Zapatero, en los 18 años que permaneció en esa misma situación, ni tampoco Mariano Rajoy, en los 22 años que lleva como diputado. En todo ese tiempo (desde mediados de los años ochenta) se ha exigido este idioma para entrar en la mayoría de las empresas, y más aún para acceder a un puesto de responsabilidad. Tras las próximas elecciones, la situación no cambiará: ni Zapatero ni Rajoy se manejan en inglés. Este dato es sólo una pequeña muestra de lo poco que se reciclan los políticos. La inmensa mayoría (el 75% de los diputados nacionales) son licenciados, pero no más de un centenar de los que están en activo realizan cursos de reciclaje (inglés aparte) cada año en centros independientes de los partidos.

El funcionamiento de las políticas públicas, la estrategia política, el liderazgo, la gestión de equipos o la comunicación son asignaturas pendientes para los políticos españoles. Una formación que se hace cada vez más necesaria en una sociedad en continuo movimiento que plantea retos cada vez mayores derivados de cuestiones como el vertiginoso avance de las tecnologías, el mundo virtual, los avances científicos o el incremento de las migraciones. Todo ello hace que el ejercicio de la política requiera tener una visión cada vez más global de la sociedad. Con independencia del nivel de preparación inicial que tengan, ¿están los políticos adecuadamente formados para liderar esta sociedad?

La respuesta unánime de sociólogos, expertos en formación política y de muchos cargos es un rotundo no. En medio de ese complicado panorama social, los dirigentes anuncian cambios que muchas veces no tienen detrás un análisis previo de la situación ni obedecen a estrategia política alguna. Y, cuando la hay, muy a menudo no se sabe transmitir bien a los ciudadanos.

La inmensa mayoría de los políticos son autodidactas en estas cuestiones, van aprendiendo de la experiencia o asistiendo a minicursos (de dos o tres días) sobre cuestiones como telegenia o comunicación impartidos por fundaciones vinculadas a los partidos.

En otros países, como Francia, hay una preocupación porque los políticos sepan de liderazgo, políticas públicas o estrategia. En Francia, la mayoría de los presidentes y altos funcionarios han recibido este tipo de formación a su paso por la legendaria Escuela Nacional de Administración (ENA), aunque estos diplomados escasean en el actual Gobierno francés. El equipo es más variado que nunca en cuanto a fuentes de reclutamiento. La tradición implica que el diploma de la ENA tenga valor de salvoconducto para entrar en instituciones prestigiosas de Francia: el Tribunal de Cuentas, el Consejo de Estado, los ministerios. Pero muchos se pasan a la empresa, tejiendo una red de poder que ha sido muy criticada en la sociedad francesa. Lo que ha hecho Sarkozy ha sido reclutar a las gentes del poder en otros lugares. Empezando por él mismo, que tampoco es un enarca, sino un profesional del Derecho con pocos años de ejercicio, ya que se ha dedicado a la política desde su primera elección como alcalde, a los 28 años.

En Estados Unidos y el Reino Unido los políticos de primera fila se han formado en las universidades de élite -en Yale (los Clinton, Bush padre...), Harvard (Bush hijo), Oxford (Blair, Thatcher...), Cambridge...-. Y en ambos países hay un cuerpo de funcionarios estable (llega hasta el nivel equivalente al de los directores generales de España) que no cambia con los vaivenes de gobiernos y pasa por un reciclaje periódicamente.

Detrás de la carencia formativa de los políticos españoles hay apretadas agendas, muchas veces marcadas desde abajo con dudoso criterio, y hay también un tópico: está mal visto en la clase política que un ministro, un secretario de Estado, un consejero o un alcalde en activo se forme. Sigue primando la idea de que "a determinado nivel ya hay que llegar preparado", coinciden numerosos expertos y políticos. Una idea que en la compleja sociedad actual ha perdido ya todo su sentido, no sólo en el ámbito político. Hasta algunos presidentes de empresas asisten sin pudor a cursos de reciclaje para perfeccionar habilidades directivas o aprender nuevos contenidos. Pero este hábito no ha calado aún en la política española. La formación de base con la que llegan a la política los dirigentes españoles suele ser universitaria (alrededor de 75% de los diputados nacionales son licenciados o doctores). Tienen buenos conocimientos generalistas, pero no específicos para el liderazgo. Y, una vez que ocupan un escaño en un hemiciclo, una cartera o una alcaldía, la inmensa mayoría no vuelve a pasar por un aula.

Sólo un centenar de dirigentes en activo se apuntan cada año a la media docena de cursos específicos para políticos en activo externos a los partidos que realizan algunas universidades y escuelas de negocios. Sin embargo, en los últimos años se han empezado a detectar un mayor interés en la clase política.

Prueba de ello son, por ejemplo, la creación del Centro de Estudios en Políticas Públicas y Gobierno por parte de la Universidad de Alcalá de Henares (acaba de concluir el primer curso para políticos electos de las Administraciones del Estado) así como el aumento de participantes en los cursos de corta duración que ofrece el PSOE, a través de la Fundación Jaime Vera (que se han pasado de 830 a 5.500 en los últimos cuatro años) o los planes del PP de incorporar, a través de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), formación en cuestiones como las políticas públicas o el liderazgo mediante convenios con alguna escuela de negocios.

¿Son mejores políticos los hombres y mujeres que han hecho toda su carrera en el partido, los licenciados o los graduados en secundaria con un perfil más parecido a la mayoría de la ciudadanía? La catedrática de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos Edurne Uriarte considera que la mejor formación inicial para los representantes públicos es la licenciatura en Ciencias Políticas y se queja de que la mayoría sean titulados en Derecho: "Un ministro de Justicia o de Sanidad, por ejemplo, lo prioritario es que tengan un conocimiento de qué es la política, qué es el Estado, qué quieren los ciudadanos y cuáles son los problemas sociales, y que tengan capacidad para gestionar todo eso. No tiene que ser un especialista, debe ser un gran gestor y un gran comunicador. Ésta es una cualidad escasa, pero que se aprende".

El no saber construir estrategias globales se traduce muchas veces en la elaboración de políticas basadas en medidas que, injustamente o no, son tachadas de "ocurrencias". Los ciudadanos lo perciben. La imagen que tienen los españoles de los políticos es mala. La encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de hace un año es la última que preguntaba a los ciudadanos por esta opinión. La respuesta es dura: el 70% cree que los políticos "buscan siempre sus intereses personales por encima de cualquier otra consideración" y el mismo porcentaje tiene la percepción de que "no se ocupan de la ciudadanía poniendo su atención en problemas que no son los que afectan a los votantes".

Los datos de la última Encuesta Social Europea, conocidos el pasado noviembre, corroboran esas opiniones. El 36% de los españoles afirma que no le interesa nada la política y la puntuación media que da a los partidos es de un 3,6 sobre 10. En el resto de los países europeos encuestados, sólo hay más desinterés en Portugal.

El catedrático de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad Rey Juan Carlos, Manuel Villoria, que dirige el Departamento de Gobierno, Administración y Políticas Públicas del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, recuerda que "la visión que tienen los españoles es mala históricamente, cínica y crítica", aunque "muchas veces se basa en datos que tienen su razón de ser, porque a los políticos les falta capacidad para ser líderes". Villoria dice que los que ocupan cargos en el Estado tienen, en general, "un nivel de formación muy alto, hay pocos, hay muchos titulados superiores y de cuerpos de élite de Estado".

De hecho, de acuerdo con los datos del Ministerio de Administraciones Públicas, las titulaciones más habituales a día de hoy entre los altos cargos (de secretarios de Estado a directores generales) son las de licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas y Empresariales. La mayoría de ellos proceden de la Universidad (como profesores titulares o catedráticos), los Administradores Civiles del Estado, la inspección y la carrera diplomática.

"Para los políticos es difícil mantener un proceso de formación largo de reciclaje, de seis u ocho meses, aunque algunos lo intentan, desde consejeros autonómicos a directores generales. Lo pasan mal porque no hay una cultura de formación de altos cargos en España, y muchos reciben críticas de sus compañeros o de los miembros del Gobierno", cuenta Villoria, quien considera absolutamente necesario ese reciclaje por la transformación constante del mundo en el que vivimos. "En España es preciso entender que los políticos deben estar formados y preparados, sobre todo en el nivel intermedio, de secretario de Estado para abajo".

Francisco Longo dirige el Instituto de Dirección y Gestión Pública de ESADE, una escuela de Administración y Dirección de Empresas que imparte uno de los cursos con más tradición (lleva 20 años) en este campo. En ella se forman muchos directivos del sector público. Opina que "es necesario incrementar tanto la demanda como la oferta", aunque matiza que no hay que olvidar que, en cualquier caso, "la legitimidad política no se gana por la formación sino por las cuotas de representatividad".

Pero, teniendo en cuenta que en democracia lo que más hay es, como dice Longo, "profanos mandando a expertos", ¿qué formación necesitan los políticos cuando hay líderes como Luiz Ignàcio Lula da Silva, el presidente de Brasil, sin apenas estudios, a los que adoran los votantes? "El que existan Lulas no es malo", dice Longo, "lo malo es que existan Lulas de mala calidad", reflexiona este experto. "El liderazgo no necesita legitimarse en el dominio de especialidades técnicas y además se aprende. Y como nos hacen falta líderes en muchos terrenos no debemos tener una idea carismática del liderazgo porque nos cerramos muchas puertas. Con los retos que tiene la sociedad actual ni hay que buscar grandes técnicos ni líderes carismáticos, pero sí gente con mucho sentido común, que sepa negociar, argumentar e influir, que son habilidades propias del liderazgo".

Longo menciona dos grandes enemigos de esta formación: el activismo y la inseguridad. "Por una parte, los políticos viven su actividad a salto de mata, sin tiempo, colgados de los móviles y hacen gala de ello porque les parece que esa situación es legitimadora, falsamente desde luego, y no piensan de forma estratégica. Por otra parte, los políticos tienen temor a mostrar sus carencias".

Virgilio Zapatero, rector de la Universidad de Alcalá y catedrático de Filosofía del Derecho, Moral y Política, ha ejercido como político durante 20 años antes de ser elegido rector en 2002. No es casualidad que esta universidad se haya interesado en crear un curso específico para el colectivo. "Hay cosas que se pueden aprender, por eso se montan estos cursos. En la política hay de todo, pero es claramente mejorable la formación. Algunos están muy preparados, tanto en unos partidos como en otros, y hay muchos otros políticos que se limitan a decir los temas". Zapatero opina que debería haber además filtros más rigurosos de entrada de la política, los que es responsabilidad de los partidos. "Tienen que cuidar más la entrada en sus listas y, una vez dentro, los políticos tienen que prepararse bien el tema. Porque hay algunos que no dominan los temas y sólo venden titulares o medidas publicitarias".

El problema que más alegan los políticos en activo para justificar las carencias esta formación es la falta de tiempo. Pascual Montañés imparte Dirección Estratégica en el Instituto de Empresa, materia que él define como "la asignatura del poder" y su especialidad es la"inteligencia política". Explica la situación con un relato: "Una empresa fichó a un leñador por sus buenos resultados pero que al poco de estar trabajando en su nuevo destino empezó a rendir mucho menos. Cuando le preguntaron qué es lo que le pasaba contestó: ’Es que estoy tan ocupado que no tengo tiempo de afilar el hacha’. Muchos políticos no se paran a afilar el hacha ni siquiera a ver si hay algún problema en ella.

"En liderazgo hay un gran vacío. Muchos llegan mal preparados y les falta humildad", dice Rafael Bengoa, director del primer curso sobre esta cuestión realizado por la Universidad de Alcalá. "En los políticos de otros países se empieza a ver que hay más humildad de gobierno, lo que quiere decir que aquí hay mucho trabajo por hacer", añade.

Pero Bengoa asegura que "los políticos se están dando cuenta de que está cambiando la naturaleza de su trabajo". "El individualismo creciente hace difícil hacer cosas colectivas. La gente vota cada vez menos y no se apunta a partidos políticos como antes. Hay una pérdida de fuerza de lo político que está haciendo que esté cambiando la función de los políticos, la naturaleza de su función, pero es algo que ellos no tienen interiorizado.

Los dos principales partidos, PSOE y PP, forman a sus afiliados en diversas cuestiones en la Fundación Jaime Vera y la FAES, respectivamente. La Jaime Vera, con 25 años de vida, ofrece formación a todos sus afiliados y otra específica dirigida a políticos con perfiles concretos.Su director, Francesc Romeu, explica su actividad: "Organizamos jornadas; editamos publicaciones; hemos hecho, por ejemplo, El abc del concejal, una asesoría jurídica y política permanente por Internet, en tiempo real, y por teléfono y convenios con universidades, porque la investigación. Con todo esto se trata de ayudar al reciclaje permanente y, por supuesto, a la aplicación de las políticas del partido". Romeu recalca que los políticos necesitan cursos muy prácticos, en los que los políticos pierdan sus miedos, detecten sus puntos débiles y aprendan la base de la organización de equipos.

La FAES está configurada como un laboratorio de ideas (think tank), aunque proyecta dar más relevancia en el futuro a la formación, según explica Jaime García-Legaz. Es su secretario general desde junio de 2007 y va de número cuatro en la lista del Partido Popular al Congreso por Murcia. "Damos formación en cuestiones como comunicación, telegenia, legislación electoral a través del departamento de formación del partido, que está dirigido por el Bermúdez de Castro, el secretario de Formación del PP. La coordinación con el partido es completa. Pero no damos formación específica en temas de fondo de políticas públicas, estrategia de negociación o gestión de equipos".

En la formación de los políticos "hay terreno en el que avanzar y mucho margen de mejora en conocimientos de política y gestión pública", reconoce este político. Y añade que, aunque hay altos cargos que son funcionarios y han recibido algo de formación, por ejemplo, en el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), "en realidad la mayoría de la gente llega a ocupar cargos políticos por otras razones. Hay una falta de sensibilidad porque al final los méritos internos cuentan más que cuestiones como la formación y un diputado, por ejemplo, se puede preguntar para qué se va a formar si lo que va a hacer que siga son otro tipo de méritos".

Susana Pérez de Pablos en El País.

La nueva escuela se mete en casa

La nueva escuela se mete en casa


Desde lavarse los dientes hasta atender el teléfono, los padres pueden usar la vida diaria para reforzar el aprendizaje de sus hijos - Un manual explica cómo

Martes: Escuchar la previsión del tiempo y elegir la ropa adecuada. Miércoles: lavarse los dientes utilizando sólo un vaso de agua. Con la actividad del martes se practica la competencia lingüística y la cultural y artística. Con la del miércoles, la importancia del medio ambiente y la iniciativa personal. Así, con ejemplos sencillos, estructurados en una agenda del año escolar, el manual para padres Diario de Familia intenta mostrarles qué actividades cotidianas que ya muchos de ellos hacen normalmente sirven, además, para reforzar el aprendizaje de sus hijos.

El texto, realizado por el Proyecto Atlántida de innovación educativa y la asociación laica de padres y madres Ceapa, está a punto de presentarse. Se trata de un instrumento concreto de lo que muchas veces parecen sólo bellos objetivos escritos en papeles. Las metas de la educación obligatoria van más allá del mero aprendizaje de la lista de autores barrocos o las ecuaciones de segundo grado, sino que pretende asegurarse de que todos los chicos a los 16 años (tanto los que aprueben como los suspendan las ecuaciones) sepan construir, hacer cosas con todos esos datos, que tengan unos mínimos con los que puedan manejarse en la sociedad del siglo XXI.

Esto es lo que se ha llamado las competencias básicas. En 2005, la UE instó a todos los países a incorporarlas y en España están presentes en la ley educativa desde 2006. Son ocho: lingüística; cultural y artística; conocimiento del mundo; iniciativa personal; lógico-matemática; tratamiento de la información y competencia digital; social y ciudadana; y de aprender a aprender. Y esto es, más allá de los exámenes de cada materia, lo que se va a medir en las famosas evaluaciones de diagnóstico de la educación que establece la ley, que se parecerán mucho más a las pruebas que se hacen para el Informe Pisa que a los clásicos exámenes.

Este curso, el Ministerio de Educación evaluará en 4º de primaria (en una muestra representativa de alumnos) cuatro de esas competencias: lingüística, matemática, conocimiento del mundo físico (estas tres son las que mide Pisa) y la social y ciudadana. El próximo curso las evaluarán en 2º de la ESO, y el resto de competencias en los siguientes. Además, entre los 10 objetivos educativos prioritarios que se marcaron el pasado mes de junio el Gobierno y todas las comunidades (también hay un documento), está el de reforzar las competencias básicas.

Pero todo esto tiene varios problemas. El primero es el desconocimiento sobre estas ideas, dice Pedro Rascón, presidente de Ceapa. Entre las comunidades, el desarrollo de materiales para profesores y de formación "es muy desigual", añade el profesor de la Universidad de Las Palmas José Moya, uno de los responsables de Atlántida. Aunque estén colaborando en el proyecto con el Ministerio de Educación y con distintas consejerías (como Cantabria, Castilla-La Mancha o Extremadura), las dudas están ahí.

Tal vez porque el segundo escollo es que muchas personas, tanto profesores como padres, ven todo esto con recelo. Con una concepción más clásica de la educación, consideran que el alumno lo que debe aprender es, simplemente, a hacer esas ecuaciones de segundo grado y saberse el nombre de los autores del Barroco. Esta postura sostiene que los problemas de la educación vienen precisamente de haber aflojado la exigencia de esos contenidos a aprender.

Sin embargo, los que defienden las competencias básicas, lo entienden de la siguiente manera: "Lo que está precisamente en crisis es el tipo de cultura que transmitimos como obligatoria. No es posible saber verbos irregulares en inglés y no saber pedir pan en ese idioma... saber adverbios y pronombres en español y no tener hábito lector... saber capitales y fórmulas y no ser respetuoso", firma el Proyecto Atlántida en grandes letras en una página de Diario de Familia.

Lo que se está proponiendo es un cambio muy profundo que obliga a transformar el día el día de los centros, y a los profesores a exponer cada vez más los contenidos y temas relacionados con actividades de la vida diaria, y eso es complicado. Uno de los objetivos de la agenda es "motivar, formar a las familias, junto al profesorado para aumentar el nivel de competencia curricular del alumnado tanto en el currículo formal (escuela), con el informal (familia) y el no formal (la calle), que la escuela salga a la vida y ésta entre dentro de las aulas...", explica Florencio Luengo, responsable también de Atlántida.

Y lo que han hecho es una herramienta que va a lo concreto, a esas actividades de la vida diaria que han propuesto en año y medio de trabajo los propios padres entre cosas que ya hacían con sus hijos. Pero el gran valor del trabajo, asegura Moya, es poner en contacto esas pequeñas cosas con las competencias básicas que se entrenan. Por ejemplo, que el niño atienda el teléfono de casa y coja los mensajes ayuda, por supuesto, a mejorar la competencia lingüística, y a la del tratamiento de la información, es decir, que el chaval vaya aprendiendo a obtener de forma crítica la información, transformarla en conocimiento y transmitirla correctamente. O cambiar las sábanas de la cama supone entrenar la interacción con el mundo físico, la competencia social y ciudadana y la autonomía e iniciativa personal. Esta última pretende que el chaval tome decisiones propias y asuma sus consecuencias, y desarrolle su "autonomía, creatividad, autoestima, autocrítica, iniciativa, control emocional..."

"La modernización de la escuela pasa por este tipo de cosas. Cuanta más gente convencida haya, mejor", dice Pedro Rascón. Moya recuerda que tradicionalmente, la idea más extendida es que "la familia educa y el profesor enseña; pero la escuela cada vez se ve más obligada a educar. Y, con el aumento de la información gracias al desarrollo tecnológico, en la familia también se aprende".

Sacar un poco de tiempo

Al final, los ejemplos son sólo ejemplos. Los que propone la agenda del Diario de Familia tratan de explicar qué tareas cotidianas que refuerzan las competencias básicas. Pero a partir de ahí, la idea es que los padres las adapten a la edad de sus hijos: "Si proponemos que vea una película con su hijo y comente su contenido, dependerá de la edad del hijo, la película escogida y el tipo de comentarios que se realicen", explica Florencio Luengo, uno de sus autores.

Además, se trata de que los padres, después de enterarse bien de en qué consisten esas competencias, se inventen sus propias actividades, y, sobre todo, que saquen tiempo cada día para desarrollarlas con sus hijos.

En la agenda hay propuestas de actividades diarias (ir a comprar el periódico para que te devuelvan cambio), semanales (cocinar con tus hijos/hijas), mensuales (encargarle de llevar toda la ropa sucia, separando la blanca con la de color), incluso, anual (acordar la paga mensual). "Es sólo un juego para entrenar las competencias", advierte el texto.

Debajo de la actividad de cada día, la agenda tiene un apartado para valorar su resultado. Y se pide además a los padres que envíen sus opiniones (sobre la agenda y las actividades) para ir mejorándola año a año.

El texto explica de una manera sencilla las competencias básicas y también da herramientas para poder hacer talleres en las asociaciones de padres, a los que podrían unirse los profesores. Tanto Ceapa como Atlántida están preparando ya actividades de este tipo con distintas consejerías.


El País