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El poder de tu voz

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La Ayuda Oficial al Desarrollo disminuyó en 2007

La Ayuda Oficial al Desarrollo disminuyó en 2007


Los países desarrollados incumplen sus compromisos internacionales dificultando alcanzar los Objetivos del Milenio.

España se convierte en el séptimo donante mundial


La publicación de los datos provisionales sobre Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en 2007 muestra una situación muy preocupante. La ayuda al desarrollo de los países pertenecientes al Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha disminuido un 8,4% en términos relativos en el último año. Durante 2007 se destinaron 103.655 millones de dólares, que si bien puede parecer una cantidad similar a los 104.421 de 2006, haciendo el correspondiente ajuste por inflación y tasas de cambio, son equivalentes a 95.605 en términos constantes de 2006.

Los datos de 2007 demuestran una vez más que los países desarrollados incumplen sus compromisos para financiar el desarrollo de los más pobres y, si no se toman medidas urgentes, no se alcanzarán los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Sólo cinco países destinan el 0,7% de su RNB (Renta Nacional Bruta) a la AOD -Noruega, Suecia, Luxemburgo, Dinamarca y Holanda-.

De los 22 países donantes que pertenecen al Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE, 9 han aumentado su ayuda y 13 la han disminuido. España ha aumentado su ayuda en un 33,8%, lo que la convierte en el séptimo donante mundial en términos absolutos y el noveno en términos de tasa de esfuerzo, dedicando un 0,41% de su RNB, cifra todavía distante del objetivo del 0,7%.

El incremento de la AOD española es debido en parte al gran consenso político y social conseguido en torno a la cooperación al desarrollo y la lucha contra la pobreza puesto de manifiesto con la firma del Pacto de Estado contra la Pobreza por parte de todos los partidos con representación parlamentaria el 19 de diciembre de 2007. Este consenso tiene que ser la base para continuar incrementando la ayuda hasta alcanzar el 0,5% de la RNB, como está previsto en el Plan Director y en los Presupuestos Generales del Estado para 2008, llegando al 0,7% en 2012.

En los próximos años, la cooperación española tendrá que conjugar el incremento de la ayuda con una aplicación de la misma más orientada a los países menos adelantados, especialmente los del África Subsahariana, a los colectivos más vulnerables y a los servicios sociales básicos que tienen un efecto más directo en la reducción de la pobreza y la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Del 29 de noviembre al 2 de diciembre se celebrará en Doha (Qatar) la II Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo. La comunidad internacional tendrá en esta cita una oportunidad para relanzar la ayuda al desarrollo y poder alcanzar en 2015 los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la Declaración del Milenio aprobada en el año 2000 por 189 países y firmada por 147 jefes de Estado y de Gobierno.

Desde la sociedad civil, apelamos a todos los ciudadanos y ciudadanas a que exijan a sus respectivos gobiernos el cumplimiento de los compromisos adquiridos internacionalmente.

Coordinadora de ONG para el Desarrollo

Monjes olímpicos

Monjes olímpicos


Hacia Pekín 2008


En China todo es muy grande. Y también debe ser muy grande el remordimiento de muchos dirigentes chinos por haberse comprado unos Juegos Olímpicos que no sólo son carísimos sino que en vez de proyectar una imagen positiva del país están logrando todo lo contrario. Estos dirigentes nunca imaginaron que los principales protagonistas de los Juegos no serían los atletas, sino los monjes budistas. Tampoco imaginaron que junto con el prestigio de los Juegos Olímpicos también venían pleitos de calibre planetario con la realeza de Hollywood -de Steven Spielberg a Richard Gere-, la comunidad budista mundial y dos premios Nobel de la Paz -el Dalai Lama y Aung San Suu Kyi- la líder de la oposición birmana, entre millones de otros.

Cuando, en el año 2000, el Gobierno chino hizo lo posible para que los Juegos de 2008 fueran en Pekín, YouTube no existía. Ni Facebook. Los teléfonos portátiles que toman fotos y vídeos no eran tan comunes. En China el número de usuarios de teléfonos móviles pasó de 140 millones en 2001 a más de 600 hoy, mientras que los chinos conectados a la Red aumentaron de 17 millones en 2000 a 162 ahora. Los bloggers, redes sociales y comunidades virtuales también han proliferado.

Lo que sucedió esta semana en Tíbet recuerda lo que ya sucedió en Myanmar, y se agudizara en los próximos meses. Es el choque entre los viejos hábitos represivos de burocracias autoritarias y las nuevas modalidades de organización política que son a la vez profundamente locales y ampliamente globales. Los muy locales monjes de Tíbet tienen hoy influencia global gracias a Internet. Y, a los Juegos.

El 10 de marzo de 1959 el Dalai Lama tuvo que exiliarse en la India debido a la represión del Gobierno chino tras los disturbios que ocurrieron en Tíbet. Hace dos semanas un grupo de monjes budistas conmemoró este aniversario con una marcha pacífica en Lhasa. Los monjes fueron encarcelados, lo cual provocó que más monjes salieran a las calles y que el Gobierno los reprimiera.

El Gobierno chino ha iniciado una campaña para dar al mundo su versión de los hechos: los disturbios han sido orquestados por el Dalai Lama y los actos más brutales de violencia fueron protagonizados por tibetanos que saquearon y quemaron casas y negocios de comerciantes chinos. Diplomáticos basados en Pekín han sido invitados por el Gobierno a ver películas que muestran grotescas escenas de violencia por parte de los tibetanos. El Gobierno chino también organizó una muy controlada visita a Lhasa para un pequeño grupo de periodistas extranjeros. Cuando en el templo de Jokhang las autoridades explicaban a los corresponsales que la normalidad había regresado a los monasterios, 30 jóvenes monjes interrumpieron el evento gritando "queremos un Tíbet libre" y explicando que muchos de los monjes y los visitantes que allí se veían eran parte de un montaje del Gobierno para engañar a los periodistas. Llorando, los monjes anticipaban las graves consecuencias personales que les acarrearía su protesta. Inmediatamente, los agentes de seguridad sacaron a empujones a los visitantes extranjeros.

La torpeza mediática del Gobierno chino contrasta con la agilidad y eficacia de sus oponentes. A pesar del severo bloqueo informativo que las autoridades han impuesto en Tíbet, fotos y vídeos de los acontecimientos aparecieron rápidamente en Internet. La red internacional pro Tíbet cuenta con más de 153 grupos de apoyo en todo el mundo y su presión política se siente en las principales capitales. Y en Facebook.

Estos eventos en Tíbet tienen mucho en común con lo que paso en Myanmar el año pasado. Allí también los monjes budistas protestaron y el Gobierno intento impedir que el mundo supiera lo que estaba sucediendo. Y también fracasó. Y allí también China desempeña un papel crucial como aliado incondicional de la junta militar.

En 1988 el Gobierno de Myanmar asesinó a más de 3.000 personas que protestaban en las calles. El mundo tardó semanas en enterarse. El 8 de agosto del 2008 no es sólo el aniversario de esa matanza. También es el día en que se inauguran los Juegos Olímpicos de Pekín.

Moisés Naim

No problem. Aunque muera viviré

No problem. Aunque muera viviré

por Ana Vázquez Ponzone.

Durante la pasada Pascua vi a Jesús pasar. Le vi atravesando la carretera a Tánger, en Marruecos. Iba rápido, muy rápido.
De un borde al otro de la carretera, cargando una tela en la que guardaba todo aquello que pudo reunir antes de emprender su camino, y que necesitaría para los duros días que se le venían encima.

Era un Jesús de piel negra, era un Jesús vapuleado, maltratado, magullado, asustado y condenado por toda una sociedad que le acusa de tener demasiadas ganas de vivir y de luchar, demasiadas ganas de trabajar, demasiadas ganas de alcanzar una vida mejor para él y para los suyos. Cruzó muy rápido, pero me miró, y en su mirada me acusaba de no defenderle ante el mundo, de no defenderle ante la mentira y ante la injusticia. Me acusaba de tanta sangre y lágrima derramada en la roja tierra africana. Pero al mismo tiempo, me perdonaba, me decía ”No problem” –como siempre dice un buen africano- porque aunque muera viviré. Era un Jesús solo, muy solo. No tenía quién le ayudara a llevar su carga. Porque cualquiera puede denunciarte. Y eso no, otra expulsión de la tierra prometida no sabe si la aguantaría.
Iba solo, con su carga, camino del bosque que precede al otro mundo.

Pero antes de llegar tiene que atravesar la valla, esa valla doliente, inhumana, que grita y clama al cielo y a los hombres. Porque en este mundo nuestro, parece que no basta con ser un hombre o una mujer para caminar por la tierra. Se necesita tener y ser mucho más para cruzar las fronteras impuestas por la sinrazón. Se necesita papeles, una identidad adecuada, es decir, haber nacido en el lugar “correcto”. Pero Jesús no tenía nada de eso, y tenía que esperar a saltar la valla. Esa valla de alambres y espinas, esa doble valla de seis metros de altura y no sé cuantos kilómetros de larga, esa maldita valla que divide lo que Dios creó como algo único.

Y creo que allí se adentró, en soledad, esperando el viento que engaña los sensores, o el oleaje que relaje a los guardias de frontera. Porque la valla llega al mar, ese lugar de muerte donde 3.500 seres humanos murieron el año pasado en su intento de alcanzar un mundo mejor.

Pero el Jesús que yo vi también iba cargado de fe, de confianza, pidiéndole a su padre que le indicase sus caminos, que le enseñase sus sendas. Y le pedía a su padre que en su vida se abrieran caminos de paz y de bien, de justicia y de libertad. Pero antes de adentrarse en el denso bosque me gritó, fuerte, muy fuerte “¡No temas! Ve y avisa a mis hermanos y hermanas que vayan a verme a la casa de las hermanas Vedrunas en Ceuta, allí me verán”. Porque allí, el Jesús que yo vi, y todos los Jesús del mundo que consiguen cruzar la frontera tendrán un sitio donde descansar antes de seguir el camino.

pastoralsj.org

El puente

El puente



Para librarte de ti mismo,
lanza un puente
más allá del abismo de la soledad
que tu egoísmo ha creado.
Intenta ver mas allá de ti mismo.
Intenta escuchar a algún otro,
y sobre todo
prueba en esforzarte por amar
en vez de amarte a ti solo...
Si quieres ser,
perdona que te lo diga,
tienes que librarte ante todo
del exceso de poseer
que tanto te llena,
de pies a cabeza.

Helder Camara

Otra política (I)

Otra política (I)

Introducción a "La transformación de la política" (Península)


El malestar ante la política es bastante viejo, pero sus causas van cambiando a lo largo del tiempo. La historia podría escribirse como la modificación de los motivos de ese malestar. Apenas ha cambiado la escasa valoración que reciben los políticos entre sus ciudadanos, mientras que son muy variadas las causas de ese desprecio. Si hiciéramos un inventario de las quejas actualmente en curso tal vez nos encontráramos con la sorpresa de que su tenor ha cambiado radicalmente en unos años; donde hace no mucho se criticaba el abuso de poder, se critica ahora la impotencia de los supuestamente poderosos. El destinatario de ese malestar no es el estadista prepotente sino el político que no puede, que no se aclara y repite un discurso convencional con una pobre escenificación.

Lo que actualmente desacredita a la política no es una actitud autoritaria sino la distancia entre lo que habría que hacer y lo que se hace, la discrepancia entre las palabras y los hechos, la precipitada apelación a que no es posible hacer otra cosa. Lo que molesta de la política es su desconcierto e incapacidad. Con ánimo de agudizar la contraposición, podría afirmarse que nunca fue la política tan impotente. La capacidad configuradora de la política retrocede preocupantemente en relación con sus propias aspiraciones y con la función pública que se le asigna. La amenaza actual de la política no es tanto la violencia o el caos como la impotencia de una escenificación rutinaria.

Así pues, el actual cansancio político no surge de un desinterés por el bien público sino de la desesperanza de poder hacer algo con la política tradicional. Las tareas de la política se han modificado en este último cuarto de siglo de un modo dramático mientras que los políticos apenas han transformado su discurso, talante y actuación. La política es una mezcla ocasional de postergaciones, administración y táctica.

El lenguaje político es el primero en registrar esa insignificancia, fundamentalmente en su tono abstracto y convencional. La gente oye hablar de niveles, factores, problemas e índices y se desentiende de los asuntos políticos, lo cual da una oportunidad a los siniestros simplificadores. Muchos de los conceptos que todavía manejamos tienen un aspecto cansado y resulta difícil inventar otras categorías desde la que comprender algo mejor la realidad social. Esta precariedad hace que tengamos la sensación de vivir en una sociedad desconocida, cuya realidad se mueve más rápidamente que nuestro vocabulario político, siempre tan lento e impuntual. Casi todos los diccionarios políticos y sociales han envejecido aunque sus conceptos sigan utilizándose. Buena parte de nuestros discursos los conforma un lenguaje ruinoso e inapropiado. Cubrimos con las mismas fachadas verbales realidades que han cambiado radicalmente. Nos parecemos a alguien que sigue tratando de atrapar algo con un brazo que ha perdido o a quien vive de una renta hace tiempo agotada.

Pero los cambios que se nos exigen van más allá de las denominaciones. En el marco de esa transformación de la política que exigen las nuevas circunstancias, lo fundamental es determinar qué exigencias se debe plantear a la profesión política. Esa extraña mezcla de incompetencia y pericia que caracteriza a la política es inevitable cuando no están claras las funciones que se esperan de ella. La cuestión estriba en qué podemos pedir a la política que no puedan darlo otras funciones sociales. El hecho de que esto no esté muy claro puede ser la causa que explique la irrupción en la política de empresarios, jueces o periodistas, jaleados por una demagogia simplista que dice despreciar la incompetencia de la clase política cuando en realidad desprecia las exigencias de la vida democrática.

Esta simplificación revela un problema de fondo que la política debe resolver. La política perdería una oportunidad de establecer cuáles son sus responsabilidades si viera en ello solamente una injerencia injustificada, pero no acertaría a determinar en qué reside la falta de justificación de que se apliquen a ella los métodos propios de la economía, la justicia o la comunicación. Podría suceder entonces que la política siguiera funcionando y se ocupara de sí misma sin que eso molestara a nadie porque sus prestaciones fueran irrelevantes para los otros sistemas, hasta el punto de que se planteara la cuestión acerca de qué funciones sociales cumple que no puedan ser llevadas a cabo por otros sistemas incluso de un modo más profesional. De esta carencia se benefician los diversos populismos que presentan para solucionar los problemas políticas a quienes han acreditado estar en condiciones de solucionar otro tipo de problemas, de tipo empresarial o judicial por ejemplo, o son líderes en el mundo de la comunicación. Las aspiraciones políticas de empresarios, jueces y periodistas se apoyan en la incompetencia de los políticos y en el agrado con que son recibidos los mensajes simplistas en un mundo abrumado por la complejidad.

No es extraño, por tanto, que en los aledaños de la ciencia política reine desde hace tiempo una retórica inaugural cuyo reverso es la perplejidad. La proclamación de una cesura histórica, los rituales de bienvenida hacia alguna novedad o las despedidas solemnes de conceptos inservibles pueden ser acertadas pero también ponen de manifiesto que no se sabe muy bien qué está pasando. Es relativamente registrar que algo ya no funciona, pero las cosas se complican cuando se trata de aventurar qué lo va a sustituir. Todo lo cual, tratándose de política, no es especialmente grave, pues se trata del saber menos exacto de cuantos tenemos, con el agravante de que tampoco podemos prescindir de él (como hacemos con otras cosas menos necesarias que nos desconciertan) sin pagar un alto precio.

Este desconcierto está producido, en buena medida, porque lo que sucede en la realidad política es mucho más interesante que los conceptos con los que se interpreta. Como dice Xavier Rubert de Ventós, “hay muchas cosas y experiencias que discursos repertoriados donde aparcarlas y neutralizarlas”. Es bastante lógico el lamento por lo mal que funciona la política: es el arte más difícil, donde se tramita más incertidumbre y se manejan asuntos tan inverosímiles, contingentes, con escasa información y urgencias de tiempo. Y esta dificultad se agudiza cuando la política ya no se deja atrapar en las simplificaciones de las ideologías tradicionales, que hacían de la sociedad algo manejable y previsible.

Estamos en una época de transformación de la que ni los optimistas ni los pesimistas pueden predecir si resultará una revitalización de la política o la normalización de su forma degradada. La cuestión es saber si bajo las actuales condiciones de una complejidad inabarcable, cuando todo parece acontecer con una dinámica enfrentada a las posibilidades configuradoras del gobierno, es posible encontrar un equivalente moderno para lo que era la política en el mundo antiguo. La pregunta que Hannah Arendt se planteaba hace cincuenta años-“¿tiene la política algún sentido?”-mantiene su actualidad...

Daniel Innerarity

Intermon Oxfam 2007: Un año de grandes logros


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