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cuatrodecididos

Yo soy 'mileurista'

El término mileurista surgió no de un estudio sociológico sino de una carta al Director de ElPaís...



EL PAÍS - Opinión - 21-08-2005

El mileurista es aquel joven, de 25 a 34 años, licenciado, bien preparado, que habla idiomas, tiene posgrados, másteres y cursillos. Normalmente iniciado en la hostelería, ha pasado grandes temporadas en trabajos no remunerados, llamados eufemísticamente becarios, prácticos (claro), trainings, etcétera. Ahora echa la vista atrás, y quiere sentirse satisfecho, porque al cabo de dos renovaciones de contrato, le han hecho fijo, en un trabajo que de alguna forma puede considerarse formal, "lo que yo buscaba". Lleva entonces tres o cuatro años en el circuito laboral, con suerte la mitad cotizados. Y puede considerarse ya un especialista, un ejecutivo; lo malo es que no gana más de mil euros, sin pagas extras, y mejor no te quejes.

El mileurista hace tiempo que decidió irse de casa, y gasta más de un tercio de su sueldo en alquiler, porque le gusta disfrutar de la gran ciudad. Comparte piso con más gente, a veces es divertido, pero ya cansa. "Yo en 30 metros me apañaría".

El mileurista no ahorra, no tiene casa, no tiene coche, no tiene hijos, vive al día. A veces es divertido, pero ya cansa. El mileurista ha ido a "Europa" este verano, en uno de esos vuelos baratos donde te hablan de tú, y ha dormido en un hostal joven (qué divertido). El mileurista ha pagado lo mismo por un café, incluso menos por la comida, que en su ciudad. Pregunta, investiga y allí los alquileres son parecidos, y piensa que España está ya al nivel europeo.

Pero lo malo es que se ríen cuando dice que gana "nine hundred and ninety seven euros".-

Carolina Alguacil - Barcelona

Una idea de Europa


Si el mismo Jacques Delors pudo decir que Europa era un Objeto Político No Identificado, no deberíamos sorprendernos demasiado al comprobar que la percepción de la opinión pública es borrosa y confusa. La perplejidad sería mínima si se tratara de una configuración que pudiera orientarse por las categorías tradicionales de Estado nacional o las relaciones internacionales, si estuviéramos construyendo un Estado nacional a escala más amplia o intensificando unas relaciones entre Estados soberanos. Pero el proceso de integración es único, inédito; exige conceptos y actuaciones originales.

Se habla mucho de déficit democrático, pero creo que el problema más profundo de Europa es su déficit cognoscitivo, nuestra falta de comprensión acerca de lo que la Unión Europea representa. Nos cuesta entender que estamos ante una de las mayores innovaciones políticas de nuestra historia reciente, un verdadero laboratorio para ensayar un nueva formulación de la identidad, el poder o la ciudadanía en el contexto de la mundialización. La crisis que está detrás del fracaso constitucional o la desafección generalizada ante la posibilidad de avanzar en la integración se deben fundamentalmente a una deficiente comprensión de lo que somos y lo que estamos haciendo, a la falta de una buena teoría sobre Europa. El déficit al que me refiero no es una falta de comunicación que se pudiera resolver con un mejor márketing. Es una falta de comprensión y de convicción (entre sus ciudadanos y sus gobernantes) acerca de la originalidad, sutileza, significación y complejidad de la construcción europea. Así se explican los miedos de los ciudadanos y las escasas ambiciones de buena parte de sus dirigentes. Y es que la idea que se tiene de la UE está llena de malentendidos que la dejan a merced de una opinión pública superficial: como una escala de poder suplementario, como una estrategia para sobrevivir frente a una globalización que es percibida sólo como algo amenazante, como una forma política sobre la que se proyecta el modelo del Estado-nación Y así pasa con frecuencia que unos países parecen muy europeístas porque en el fondo aprecian las subvenciones que han recibido, mientras que otros ven en Europa una amenaza y dejan de percibir la oportunidad que representa. Unos y otros tienen una percepción equivocada de lo que Europa representa y, mientras no se disuelva ese equívoco, la adhesión al proyecto político de la UE seguirá siendo débil o superficial.

Lo que Europa necesita es conocerse y renovar su coherencia. No se puede avanzar en la integración política si no abordamos abiertamente la cuestión de la naturaleza de Europa, si escamoteamos las preguntas de fondo acerca de lo que es y puede llegar a ser. Ni que decir tiene que, sin esa aclaración, las políticas de comunicación en el seno de la Unión no podrán ser eficaces, especialmente en una sociedad que es madura y en la que cada vez se pueden hacer menos cosas sin dar razones convincentes. Como decía Julia Kristeva: Europa no sólo tiene que ser útil, sino que también ha de tener sentido. Comprender Europa es el primer paso para conferirle un sentido e imprimirle una dirección, para indicar a la ciudadanía qué es lo que debería recibir su asentimiento después de un debate público. Es posible que durante un tiempo esta clarificación se considerara ociosa, pero ahora resulta ineludible.

Si el experimento europeo fracasa o sale bien es algo que no se decidirá porque tengamos una idea adecuada de lo que estamos realizando, pero un proceso de tal envergadura no puede llevarse a cabo sin unas categorías que interpreten adecuadamente la situación. Nuestro principal desafío consiste en abandonar los conceptos centrados en la idea tradicional de Estado y desarrollar una comprensión alternativa de las relaciones entre los Estados, las naciones y las sociedades. Al tener que definir un nuevo bien común europeo frente a los intereses más inmediatos del mercado y de los Estados, los europeos tenemos la oportunidad de descubrir los grandes fines de la política.

Daniel Innerarity es profesor titular de Filosofía en la Universidad de Zaragoza

Indios y sociólogos

Indios y sociólogos

No sé si a ustedes les pasará igual: si a mí me tomasen por tonto Habermas o Vargas Llosa, por ejemplo, lo aceptaría con resignación puesto que a su lado probablemente lo soy; pero que me consideren idiota Conde Pumpido o López Garrido, por no hablar de Pepe Blanco... vaya, es algo que le humilla a uno. Y mi impresión general es que este Gobierno ha decidido que lo mejor es tratar a la clientela levantisca como si no tuviese demasiadas luces -"¡pero qué sabrá usted!"- incluso cuando se les está intentando dar en vez de liebre ya no gato, sino rata disecada. El truco empleado es elemental aunque repetido con renovado énfasis: consiste en decir que en modo alguno se va a hacer o a consentir algo y luego hacerlo o consentirlo pero llamándolo de otro modo. Por tanto, el Gobierno nunca pactará con ETA un precio político del final de la violencia, pero ofrece una mesa política en cuanto acabe la violencia o si se suspende un rato suficientemente largo; no excarcelará a De Juana Chaos, pero se complacerá en verlo paseando fuera de la cárcel, que no es lo mismo; no absolverá de apología del terrorismo a Otegi, aunque no se extrañará de que no se le condene; no permitirá a Batasuna presentarse a las elecciones, pero autorizará decenas de listas de ANV que son "pacíficas y legales" aunque funcionen a todos los efectos como si fueran de Batasuna y por tanto parezcan de Batasuna, qué desconfiada es la gente; y por supuesto no se han reunido últimamente con los delegados etarras con fines de mercadeo, digan estos lo que digan, aunque de vez en cuando se les acerquen a buscar información, que no todo lo resuelve Google. Siguiendo así, el día que ETA pegue un tiro a alguien no se tratará de un asesinato propiamente dicho, sino todo lo más de otro afortunado que pasa a mejor vida...

Lo de las listas de ANV, sobre todo, está convirtiéndose en un auténtico máster de cómo tomar el pelo desde el Gobierno a la resignada grey de los gobernados. A cada telediario apretamos el cinturón de los embelecos un punto más. No sólo hay que creer que Batasuna no se presenta ni poco ni mucho a las elecciones gracias a la firme diligencia gubernamental, no sólo la parte autorizada de ANV nada tiene que ver con ETA pese a los apoyos que recibe de y brinda a los proetarras, sino que según el Fiscal General hasta se ha ido demasiado lejos en el celo prohibitivo. ¡Y aún hay quien pretende encerrar a la sufrida gente abertzale en un Guantánamo electoral! Es lo que viene a explicarnos a los duros de entendederas Javier Pérez Royo en Liquidación electoral de una minoría (EL PAÍS, 19 de mayo de 2007). Con la misma elocuente vehemencia con que otrora justificó a quienes iban a las puertas de la cárcel de Guadalajara para hacer la ola a los condenados del GAL, hoy denuncia que se está intentando ante nuestros ojos nada menos que la liquidación electoral de 150.000 o 200.000 ciudadanos españoles del País Vasco a los que se priva en la práctica del derecho de sufragio. Y así será, si se les impide votar de la manera que cada uno de ellos considere individualmente apropiada y se vean obligados a ejercerlo de la manera que los demás le imponen. A esos perseguidos solamente se les deja la opción de apoyar las candidaturas de los partidos que no les gustan o de abstenerse, es decir que se les condena al limbo electoral. ¡Menudo atropello! Por lo visto, no basta que haya candidaturas nacionalistas, nacionalistas radicales o francamente independentistas. Si el público lo demanda, es imprescindible que se autoricen también otras que no se desliguen de la violencia terrorista, que apoyen la estrategia de ETA y que recauden para ella financiamiento y audiencia política, abierta o encubiertamente. El derecho fundamental de elegir debe primar sobre la condición democrática o no de lo elegido, sea lo que sea. ...Pues fíjense, yo no me lo creo. Puede que el derecho, sea constitucional o de otro tipo, no siempre coincida punto por punto con el sentido común del lego pero tampoco es una pieza absurda como las del teatro de Ionesco. Y hay argumentaciones jurídicas que corroboran en este caso el escepticismo ante los razonamientos de Pérez Royo: remito al lector a la obra de otro catedrático de derecho, Carlos Fernández de Casadevante, La nación sin ciudadanos (ed. Dilex) cap. VIII, titulado "Ni todas las ideas, ni todos los proyectos políticos".

Pero si por un momento acepto el planteamiento de Pérez Royo, entonces yo también temo formar parte de la minoría electoral liquidada. Porque yo tampoco tengo un partido a mi gusto al que votar. Yo quisiera votar a un partido socialista con una firme posición de rechazo tanto ante el terrorismo de ETA como ante sus pretensiones políticas, un partido socialista que se atuviese al espíritu y la letra del Pacto Antiterrorista tal como fue redactado en su día, un partido socialista que buscara en este punto político fundamental el apoyo del resto de los constitucionalistas y que no debilitara el diseño unitario del Estado de Derecho para conseguir apoyos de los nacionalistas periféricos que no creen en él por mucho que tales concesiones garantizasen su hegemonía en el Congreso. Y como tal partido socialista de mi ideal no existe y por otra parte no puedo inclinarme por una derecha empeñada en el terreno educativo en preferir feligreses obedientes a ciudadanos conscientes, me veo obligado al limbo del voto en blanco. ¡Ay, que zapatética situación la mía! ¡Arnaldo, Pernando, cómo os comprendo y compadezco!

En una de las historietas del genial Fontanarrosa, el gaucho don Inodoro Pereyra se enfrenta a los indios que llegan en destructivo malón. "¿Qué pretendéis?", les pregunta y el jefe responde: "Vamos a arrasar vuestros campos, quemar vuestras casas y violar a vuestras mujeres". "Pero... ¡eso es una barbaridad!", comenta don Inodoro y el otro responde: "Ah, no lo sé, yo soy indio, no sociólogo". En el País Vasco, los indios del malón abertzale siguen manteniendo sus pretensiones tradicionales, pero ahora renovadas y reforzadas: intimidar a los oponentes políticos, extorsionar a la población social y económicamente, convertir su ideario de máximos en un trágala obligatorio para todos del que sólo están dispuestos como mucho a negociar los plazos de cumplimiento. Ya lo están demostrando en la campaña electoral en el País Vasco y hasta el ministro de Justicia lo ha experimentado en carne propia (como no hay mal que por bien no venga, al menos tras los incidentes de Sestao seguro que Fernández Bermejo no necesitó recurrir ese día a ningún laxante). Y después de las elecciones, podemos prepararnos para lo peor. Pero claro, los indios no tienen por qué ser sociólogos. Ese papel lo cumplen otros, que nos explican sus intenciones fundamentalmente pacíficas, su deseo de renunciar a la violencia aún no del todo maduro, las posibilidades futuras de entenderse con ellos porque entre gente de izquierda todo acaba arreglándose, sus derechos vulnerados por la inicua Ley de Partidos y los intolerables caprichos de la derecha montaraz que se empeña en hablar de terrorismo para que la gente no se pasme como es debido ante los logros económicos y sociales del Gobierno. Nunca les habían faltado a nuestros indios proetarras voces sociológicas de elucidación y encomio, pero nunca antes las habían tenido tan abundantes y situadas a tan alto nivel en el ordenamiento estatal.

Ya sé que estas elecciones municipales no son ni debieran ser unas primarias, pero me temo que en gran medida van a funcionar como tales. Porque algunos estamos preocupados sin duda por la corrupción urbanística y temas afines, pero por mero instinto de conservación sentimos otras cuestiones como prioritarias. Y no podemos dejar pasar esta oportunidad de mostrar con la ocasión de voto que se nos ofrece nuestro rechazo ante la explicación sociológica y la ambigüedad gubernamental que refuerza en lugar de impedir el peligro que corren nuestras cabelleras.

Fernando Savater

En África he conocido el poder de la dignidad

En África he conocido el poder de la dignidad

"En África he conocido el poder de la dignidad"

Sebastião Salgado (Minas Gerais, Brasil, 1944) viajó por primera vez a África en 1971 para trabajar como economista de la Organización Internacional del Café. Nace entonces su amor por la fotografía y por todo lo que ve en el continente africano. Abandona el mundo de los números y se convierte en reportero gráfico.

Con su inseparable Leika, ha visitado centenares de veces el continente africano retratando todo aquello que le llama la atención por su dignidad. Una selección de las fotografías tomadas en estos viajes se exponen a partir de hoy en la sala de exposiciones del BBVA en Madrid, dentro del programa PHotoEspaña 2007.

En 56 imágenes de gran formato, siempre en blanco y negro, Salgado ofrece emocionantes miradas sobre niños y mujeres recolectando té en Ruanda, sobre nómadas en el desierto del Sáhara, sobre las consecuencias de las incontables guerras fratricidas y los intentos de migrar hacia Europa. Y siempre, espectaculares paisajes de un continente que revienta por las cataratas de sus ríos, por los cráteres de sus montañas. No podían faltar tampoco primeros planos de elefantes y gorilas.

"Esta exposición", explica Salgado, "es parte de mi vida. Todo lo importante me ha ocurrido mientras hacía estos viajes. ¿Qué he aprendido? He conocido el poder de la dignidad. Es un poder tan fuerte que tengo esperanzas de que acabe con la miseria, con las guerras, con la injusticia que sufre toda esta gente. África tiene una población muy trabajadora y, a cambio, no tienen casas, ni educación, ni sanidad. Es hora de que empiecen a recibir un poquito de lo mucho que se les ha quitado. Creo que es el momento de devolver algo de lo mucho que sale de allí".

Salgado reconoce que ha pasado momentos peligrosos mientras tomaba algunas de estas fotografías y muestra restos de mortero en el pecho y en un brazo. "El peor momento lo sufrí en Angola, durante un ataque de la guerrilla cuando viajaba acompañando a un grupo de soldados portugueses. También pasé mucho peligro perseguido por un elefante salvaje en Namibia".

¿Ha habido alguna situación cuya dureza le haya conmovido especialmente? "La situación más dura me ocurrió en Brasil. Tenía ante mí a un hombre, posiblemente trastornado, al que habían atado con unas cadenas a un muro. Su mirada me impactó tanto que no pude fotografiarle".

Salgado, considerado uno de los grandes de la fotografía en todo el mundo, habla con entusiasmo de su oficio y se considera un privilegiado. "Trabajar como reportero gráfico es un privilegio. Frecuentar el planeta buscando algo que luego recoges en una fracción de segundo es un lujo. Yo cuento lo que quiero a partir de historias de los otros, pero en esas fotografías está la historia de mi vida".

Añade que es optimista respecto a lo que se pueda hacer con una cámara en la mano y le agrada ver una cierta preocupación universal por el dolor que se vive en África. "Insisto en que a base de dignidad lograrán que se les reconozca la deuda que Occidente tiene con ellos".

¿Utilizará alguna vez una cámara digital? "Jamás", responde contundente. "Yo sólo trabajo en blanco y negro. En el gris tengo todos los colores del mundo. Eso no se consigue con una cámara digital. Es otro mundo, no el mío". Y habla de un último problema: escasea el tipo de papel que él utiliza para sus revelados. "Terminaré fabricando el papel y la película. Quedamos pocos trabajando así".

Sebastião Salgado

Entrevista en BBC Mundo

Pentecostés

Tú te has ido. Con la primavera.
Pero aún nos guía tu Presencia ausente, Cristo,
por el camino de la esperanza, verde.

Hacia el maduro Otoño y la Vendimia...
Tú te has ido, pero refloreces en nosotros
¡oh Vid cosechada y perenne!

En nosotros que vamos — y Tú vienes —
bajo el estío del Amor por el camino luminoso y verde...


Pedro Casaldáliga

Un mundo de etiquetas

Un mundo de etiquetas

En el último libro de Paul Auster, un tal Mr. Blank se despierta en una habitación. No sabe dónde está ni cuánto tiempo lleva ahí. Las cosas que le rodean llevan una etiqueta adhesiva con su nombre escrito: pupitre, silla, ventana, etcétera.

Surrealista, ¿no? Quizá no tanto. Es alucinante cómo se ha disparado nuestra tendencia a etiquetarlo todo. Responde a una necesaria economía cognitiva. La mente tiene una capacidad limitada de almacenamiento, así que concedemos un solo atributo a cosas y personas: esa mesa es hortera; ese hotel es anticuado; fulano es un pesado; mengano es un lince.

Hasta aquí, de acuerdo. Lo que no es tan lógico es que esa simplificación se haya extendido a las habilidades y ocupaciones de las personas. Cuando nos presentan a alguien, nos suelen preguntar: "Y usted, ¿a qué se dedica?". Si respondemos médico, periodista, piloto de aerolínea o maestro?, no tendremos problema. El interlocutor nos pondrá una etiqueta como las de Mr. Blank y quedaremos catalogados en el gremio de los médicos o periodistas.

El problema aparece si se nos ocurre la imprudencia de dedicarnos, incluso profesionalmente, a algo más. Si quien dijo ser médico añade también profesor de artes marciales, se encontrará con una actitud muy distinta. Los demás no comprenderán muy bien esa doble cualidad y dudarán de sus competencias ¡tanto en medicina como en artes marciales! Lo que debería ser un mérito se convierte en extrañeza.

La explicación está en un fenómeno llamado ventaja comparativa, una teoría económica muy sencilla cuyo máximo exponente fue el economista inglés David Ricardo. Postuló que si un país era más eficiente que otro a la hora de crear un producto, tenía que dedicar sus recursos a éste y abandonar la producción de aquéllos donde era menos eficiente. Por ejemplo, si Portugal produce vinos con menor coste que Inglaterra y ésta fabrica barcos con más eficiencia que Portugal, es mejor que los astilleros lusitanos se reconviertan en enólogos y Portugal compre los barcos a los ingleses. Del mismo modo, es poco creíble que alguien pueda ser bueno, eficiente o competente en dos disciplinas. A nivel de individuo, eso se denomina especialización, que hoy se ha convertido en hiperespecialización. Ya no se trata sólo de ser médico o periodista o economista. En cada profesión han surgido especialidades dentro de las especialidades. Hay médicos especialistas en cardiopatías infantiles crónicas y periodistas especializados en política internacional árabe. Y ese médico o periodista, si pasa muchos años en una especialidad, difícilmente podrá pasarse a otra. ¿Cómo vamos a aceptar entonces que alguien sea bueno en otro campo, si ya es difícil destacar en una especialidad distinta dentro de la misma profesión?

Explico esto porque tenemos un grave problema. Las consecuencias del etiquetado de personas en lo profesional son uno de los principales inhibidores de la capacidad innovadora de una sociedad. En el Renacimiento, la familia Medici, como recoge Johansson en El efecto Medici, fomentó la intersección de disciplinas al mezclar en Florencia a escultores, científicos, poetas, filósofos, estadistas, financieros, pintores y arquitectos. Aprendieron unos de otros, derrumbando las barreras entre sus disciplinas, para alumbrar un mundo basado en ideas nuevas. La explosión y efervescencia creativa que entonces vivió Florencia fue una de las más fértiles de la historia.

Fomentar la intersección de disciplinas y culturas es esencial para la generación de nuevas ideas. Es lógico. Si uno se ciñe a una especialidad se convertirá en un experto en la materia, pero difícilmente podrá redefinir sus límites. Tomamos conciencia de la forma de un objeto cuando lo observamos desde fuera, no desde dentro.

A menudo he oído decir que tal persona es polifacética. Eso es una falacia. Los seres humanos somos polifacéticos por definición. Es la sociedad de la especialización y de la división del trabajo la que nos convierte en monotemáticos. Dominar otros campos no es sólo natural y positivo, sino que ayuda a innovar en la especialidad profesional donde se vivía encerrado.

Recientemente se está demostrando esta verdad. En el campo de la literatura, por ejemplo, hemos asistido a grandes novelistas que provenían de otros campos: José Luis Sampedro, de la economía; Albert Sánchez Piñol, de la antropología; Agustín Fernández Mallo, el autor de Nocilla Dream, es especialista en radiaciones nucleares para aplicaciones médicas; el grandísimo escritor portugués Miguel Torga fue médico, etcétera.

No se trata de si éstos son o no mejores que las personas que se dedican en exclusiva a la literatura, un debate tan peregrino como absurdo. La ignorada cuestión es cuánta de la innovación y creatividad de estas personas surgió de aplicar las técnicas y los estándares de sus otras profesiones a la escritura.

Eso se aplica en todos los sentidos y niveles. Ideo está considerada la mejor empresa de innovación del mundo. De ella surgió, por ejemplo, la Palm. Pues Ideo tiene en plantilla barrenderos, enfermeras, obreros, etcétera, para innovar en productos tecnológicos. Su modo de trabajar, pensar, actuar y decidir es tan distinto, que ayuda a los diseñadores industriales a desmarcarse de sus patrones habituales. La analogía es una de las herramientas creativas más potentes. Establecer analogías, por ejemplo, entre el comportamiento de las hormigas y el de las células cancerígenas puede inspirar en una nueva estrategia contra el cáncer. Pero eso obliga a que un investigador del cáncer comparta ideas con un biólogo de insectos, con el único objeto de abrir su mente.

Así que hay que olvidarse de ser el mejor en un área y nada más. Hay que dedicar tiempo y desarrollar habilidades en otras disciplinas. Sólo quienes huyen de su especialidad unas horas al día pueden redefinirla de forma radical.

Fernando Trías de Bes es profesor de Esade, conferenciante y escritor.

Los 22.000 de San Sebastián


El Partido Popular es el segundo partido en la ciudad de San Sebastián, por delante del PNV, de Eusko Alkartasuna y de la propia Batasuna, pero sus actos electorales son mínimos. Ayer, la cabeza de lista, María José Usandizaga, convocó a cuatro periodistas y a cinco cámaras en el hall superior del teatro Victoria Eugenia, para leer dos folios sobre política cultural. Mañana los convocará en cualquier otro punto de la ciudad para leer dos folios sobre otro asunto municipal. La cosa es que todos los días de campaña los medios de comunicación tengan algo que decir del PP, alguna foto o algún vídeo. Eso es todo.

Para hacer campaña por la calle, sigue haciendo falta movilizar a un ejército de policías y Ertzaintza y parece que en San Sebastián ya está todo el mundo muy cansado. La última vez que Mariano Rajoy visitó una sede popular, en Amara, hubo que limpiar de coches aparcados toda la calle, por motivos de seguridad, y provocar tantas incomodidades a los vecinos que hasta los organizadores opinaron que no mereció la pena.

El cansancio y la desconfianza parecen marcar la mortecina campaña en esta ciudad. Por no haber, no hay casi carteles de ANV en la parte vieja, el feudo más clásico de Batasuna. Nadie parece inmutase mucho por las elecciones, pero nadie parece tampoco fiarse mucho de la relativa calma actual. El PP actúa como siempre, refugiándose en las grandes ciudades, donde todavía puede hacer política, e intentando mantener vivo el voto, por escaso que sea, en los pequeños pueblos guipuzcoanos en los que, desde hace años, se le impide participar con normalidad en la vida municipal.

Ha habido ya algunos ataques y se ha reforzado la seguridad de los pequeños grupos que se empeñan en pegar carteles en las zonas reservadas para ello en ciudades y pueblos, pero nada parece modificar la escasa movilización general. "Lo más lamentable", dice Usandizaga, "es que alguna gente cree por aquí que eso es normal. Ya casi no les llama la atención ver a un coche con cuatro chavales que van a pegar carteles y cuatro coches más con sus escoltas. Algunos incluso creen que son ganas de provocar".

Pese a los incidentes, el PP vasco, tradicionalmente más templado que el nacional, reconoce que, de momento, las cosas están como estaban en el periodo de tregua etarra: con menos violencia y con más expectación. Prácticamente nadie entre ellos comparte, sin embargo, la esperanza de que las cosas se puedan mantener en esa relativa calma después de las elecciones. La convicción de que Batasuna y ETA reclamarán de nuevo su dosis de protagonismo es casi unánime. "Todo esto va para largo", es la frase más repetida entre las filas populares en el País Vasco.

El objetivo del PP en estas elecciones es mantener su voto urbano. En San Sebastián gana las elecciones desde hace 16 años el socialista Odón Elorza y parece que el próximo día 27 repetirá sin grandes dificultades: con este nuevo mandato se puede convertir en uno de los alcaldes más antiguos de España, 20 años ininterrumpidos al frente de la ciudad.

Lo cierto es que los vecinos de la capital guipuzcoana tienen, en general, una tendencia de voto bastante tozuda: entre 20.000 y 22.000 repiten, año tras año, con el PP, frente a los 23.000 a 27.000 que se reparten PNV y EA. (Esta vez hay curiosidad por ver cuánto son capaces de obtener presentándose por separado). Batasuna, que llegó en sus tiempos a rondar los 19.000 votos, suele movilizar ahora unos 10.000, que en esta ocasión, como en la anterior, serán catalogados de nulos porque las listas de sus agrupaciones, y las de ANV en esta ciudad, han sido ya declaradas ilegales.

Para el PP, mantener una presencia notable en los principales ayuntamientos es un elemento esencial en su política vasca, la única manera de no quedar fuera del tejido social de Euskadi. La campaña no cuenta en esta ocasión con una de sus figuras más conocidas, María San Gil, que se ha retirado momentáneamente de la política por motivos de salud. Su ausencia se notará, aseguran sus compañeros, porque San Gil ha sido siempre uno de sus elementos más dinámicos y la protagonista de una especie de mítines relámpago que alcanzaron bastante popularidad en otras convocatorias electorales. Pese a todo, el objetivo es mantener los mismos votos de las municipales de 2003, un 19% del total.

El voto del PP en el País Vasco, tal vez por las difíciles circunstancias de su militancia, es, con seguridad, el que se comporta con más fidelidad de toda España: 212.486 en las municipales de 2003; 235.728 en las legislativas de 2004 y 210.614 en las autonómicas de 2005.

Soledad Gallego-Díaz

De qué voy

De qué voy

Que dice A. de León que yo elijo las cartas de los lectores según me conviene. Ahí le han dado. La lectora A. tiene toda la razón. La cosa es así: me levanto, a mi juicio muy temprano, y después de tomarme mi cafelito y de realizar mis naturales abluciones, me voy a la mesa de tortura bien limpia y compuesta para que ustedes me puedan imaginar igualita que en la foto que me han puesto en los papeles.

Entonces, leo las cartas: a veces me río, otras me aburro, otras me indigno, algunas me deprimo. Elijo aquellas que pienso pueden tener algún interés general, y para colmo, sigo dándole la razón a A., las maquillo antes de mostrarlas al público.

Pero lo que quiere decir A. es que se me nota a la legua que quiero favorecer a los míos. Sobre cuáles son los míos hay muchas opiniones, le diría yo a A., porque según sobre quién protagonice la columnilla recibo quejas en un sentido o en otro.

Las quejas casi nunca provienen de esos lectores que aceptan que el juicio y el cachondeo caiga sobre todos los candidatos, sino de aquellos que consideran inaceptable cualquier crítica que se dirija a los suyos.

En esto han tenido una mala pedagogía, los políticos son los primeros que, si pueden, acuden a la autoridad correspondiente para expresar su descontento; a ellos, aunque nunca se atrevan a decirlo, les gustaría tener sólo columnistas afines, y conste que lo entiendo, a mí personalmente también me gustaría eliminar al crítico que no me quiere, pero, maldita sea, no me atrevo, y eso que viendo los Soprano sé que hay crímenes perfectos.

Para que A. se haga una idea, las cartas más furibundas que este humilde buzón ha recibido han sido las de algún acérrimo seguidor del PSOE, cuando una servidora, inspirada por los propios lectores, insinuó que tal vez la Junta de Andalucía debía reconocer alguna responsabilidad, por pequeña que fuera, en los casos de corrupción de su comunidad.

Otra carta iracunda fue aquella en que se me decía que lo único que conseguía escribiendo sobre los capítulos de violencia contra socialistas y populares en el País Vasco era estigmatizar a los vascos, a lo cual contesté que si de estigmatizar se trata no necesitan ayuda, algunos vascos se estigmatizan solitos; alguna que otra carta cayó a raíz de un comentario que escribí sobre el amor del señorito Camps por la fórmula 1, al parecer estaba cantado que yo estaba aquí haciendo campaña por el PSOE.

Algo tienen en común estos mis lectores airados: sólo creen en las adhesiones inquebrantables y quieren saber de qué voy.

Yo, por sentirme cercana a alguien, me identifico con ese joven Rubén que me cuenta que hubo un tiempo en que tomó por costumbre ir a los mítines y no aplaudir, a ver qué pasaba. Y qué pasaba. "No veas, una vez casi me sacan a hostias".

Elvira Lindo