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Divide y vencerás

o el valor de ser diferente

La mayor parte de las explicaciones conllevan una división: simplonas (buenos y malos), artificiales (hutus y tutsis), evidentes (hombres y mujeres), injustas (ricos y pobres). Nos dividimos por países, razas, religiones o culturas en los libros y por equipos de fútbol, gustos musicales o color de los ojos en los bares. Divisiones y subdivisiones que no tienen más importancia si no caemos en la tentación de identificar al otro por su diferencia; luego un pasito más y ya es amenazadoramente distinto; un poco más y desembocamos en el “conmigo o contra mí” y entonces sí, entonces el diferente es el enemigo y lo es para siempre. Y lo triste es que estas divisiones y recelos se cuelan en nuestra vida diaria, nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo… todos ellos quedan catalogados como si fueran personajes planos de una mala novela: siempre buenos, siempre malos, siempre triunfadores, siempre peligrosos. La idea de todos hermanos hijos de un mismo Padre parece demasiado simple para un mundo tan complejo, justo la sencillez que ha marcado los grandes avances de la humanidad.

Klana en pastoralsj

Elige tus sueños

Elige tus sueños


Porque nuestros proyectos se desmoronan y fracasan y el éxito no nos llena como ansiamos. Porque el amor más grande deja huecos de soledad, porque nuestras miradas no rompen barreras, porque queriendo amar nos herimos, porque chocamos continuamente con nuestra fragilidad, porque nuestras utopías son de cartón y nuestros sueños se evaporan al despertar.

Porque nuestra salud descubre mentiras de omnipotencia y la muerte es una pregunta que no sabemos responder. Porque el dolor es un amargo compañero y la tristeza una sombra en la oscuridad. Porque esta sed no encuentra fuente y nos engañamos con tragos de sal. Al fin, en la raíz, en lo hondo, sólo quedas Tú.

Sólo tu Sueño me deja abrir los ojos, sólo tu Mirada acaricia mi ser, sólo tu Amor me deja sereno, sólo en Ti mi debilidad descansa y sólo ante Ti la muerte se rinde. Sólo Tú, mi roca y mi descanso.

Vocaciones Jesuitas

¿Me lo vas a publicar?


Un manual para relacionarse bien con los medios


Desde Aristóteles nadie discute que el hombre, como animal político, se distingue sobre todo por su capacidad para comunicarse. Vivimos en la polis porque nos relacionamos. En La retórica, el filósofo teorizó principalmente sobre la persuasión. Ahora el mundo es más complejo. Se ha vuelto más funcional, menos ambicioso de noblezas.

Las masas ya no se rebelan (o casi nunca); muchos creen, incluso, que sólo están ahí para recibir mensajes y obedecerlos. Ciudadanos de un mercadeo universal. El secreto está en usar bien ante esa masa la ya tópica sentencia del gran teórico de la propaganda, Harold Lasswell: quién dice qué a quién, mediante qué canal y con qué resultados. Para que exista comunicación debe haber un emisor, un receptor, un mensaje y un canal a través del cual se enviará ese mensaje.

Antes era sencillo. Llegaba Protágoras a Atenas, corría la voz con emoción -"¡Ha llegado Protágoras!"-, y la gente se amontonaba para regocijarse escuchando al gran sofista. Vivía de su fama y hasta Pericles le hacía encargos. Nada es hoy tan sencillo. Resulta idiota escribir que el trigo ya no se vende en el arca, ni siquiera en el mercado de abastos. Es más fácil (y más frecuente) vender una moto, como suele decirse, que una buena idea, a un candidato respetable o un buen producto.

Tampoco es sencillo saber estar. Hay hombres descorteses por exceso de cortesía, importunos por civilidad, o que por parecer graciosos terminan ejerciendo de bufones de palacio.

La comunicación cambia al ritmo de la sociedad. Las exigencias de emitir y recibir información van parejas a una evolución constante de técnicas y tecnologías. Hablamos de Internet, de la prensa digital, los blogs, la multiplicación de los medios audiovisuales... Todo debería ser hoy más ágil y participativo. La información está al alcance de quien quiera tomarla. Pero la abundancia es una complicación. Lo sufren cada día los gabinetes de comunicación de todo tipo. Este manual de Miguel del Río Martínez ofrece cientos de buenos consejos para relacionarse mejor con los periodistas: saber cómo trabajan, dónde encontrarlos, a qué resortes obedecen mejor...

El título del libro no hace honor a su contenido, porque parecería que es un manual al uso, con más teoría que documentación. Todo lo contrario. Miguel del Río pone el acento, sobre todo, en cómo mejorar la forma de comunicar, utilizando adecuadamente todas las técnicas, y en cómo usarlas en cada momento. El manual tiene muy útiles índices, que se desarrollan en 640 páginas y alrededor de 200 fotografías, imágenes y dibujos.

El primer bloque estudia la figura del jefe de prensa y su relación con los medios: cómo organizar un gabinete y cómo hacerlo eficaz ante las agencias de noticias, los periódicos, las revistas, la radio, la televisión y ante Internet.

Un manual para comunicar bien no puede olvidar, además, las técnicas del buen orador o cómo cuidar la imagen de un hombre público (político, empresario, quien sea que quiera aparecer ante una masa de ciudadanos). Miguel del Río lleva dos décadas al frente del protocolo del Parlamento de Cantabria y conoce o padece de primera mano ese campo. Ha escrito otros libros sobre el asunto.

El manual también incluye detallados consejos para redactar comunicados correctamente, sobre cómo hacer convocatorias de prensa -en qué tipo de salas, con qué iluminación, etcétera-, sobre los medios gráficos y televisivos; como prepararse para las fotos oficiales, o sobre la innovación que supone las pantallas de plasma, los vídeos y los powerpoints. Incluso da buenos consejos sobre las famosas filtraciones, el off the record, el derecho de rectificación y sobre cómo actuar frente a las malas noticias.

Este Manual para comunicar bien da a conocer de forma práctica y gráfica todas estas reglas y técnicas, con consejos, experiencias y dudas. Pero, al final de todo, queda siempre la pregunta al redactor jefe de turno: ¿me vas a publicar lo que te he enviado?

¿Vas a publicar lo que te he enviado? Manual para comunicar. Las técnicas más efectivas para informar en prensa, radio, televisión e internet de Miguel del Río Martínez.

Prioridades

Prioridades


Una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual. Martin Luther King

Lo que desgraciadamente incluye a la práctica totalidad de países del mundo. El 20% del presupuesto dedicado a I+D en España se destina a gasto militar; supone más que la investigación científica, sanitaria, agraria, oceanográfica y pesquera juntas. Así, por cada euro dedicado a investigación médica destinamos cinco a mejorar nuestras armas, el doble de lo que disponemos para nuestras universidades.

Pedimos paz en Oriente Medio y solo nos preocupamos de prepararnos mejor para la guerra. No somos capaces de desprendernos del 0,7 del PIB para el desarrollo y abrimos 13 nuevos proyectos de creación y desarrollo de armamentos. Olvidamos que un día fuimos nosotros los que necesitábamos la ayuda de otros e ignoramos lo que se sufre cuando alguien decide utilizar esas armas sobre las que investigamos.

De lo que se siembra se recoge: Cada innovación en nuestras armas nos pone un pasito más cerca de esa muerte espiritual.

Charles Evans en pastoralsj.org

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El Roto

Lo que no acaba de llegar

Lo que no acaba de llegar


Llevo años esperando ese momento y ese momento no acaba de llegar. No sé muy bien en qué consiste, ni siquiera sé si sabría identificarlo si ocurriera, pero tengo la impresión de que aún no ha sucedido. Lo sueño, trabajo por él, vivo para él, lo persigo. Me sostiene cada día, me hace desperezarme, levantarme. No pienso en otra cosa y no he llegado aún a ninguna conclusión. No es que obedezca a una determinada insatisfacción o a un descontento, más parece ser fruto de cierta incompletud, carencia o falta. No podría acharcárselo a nadie. Incluso cabía decir que, si bien no soy exactamente un privilegiado, desde luego no soy ni un damnificado ni una víctima. He tenido la suerte suficiente, la salud suficiente, la satisfacción suficiente, los amigos, el amor, suficiente. Si no ha ocurrido, no he de atribuirlo ni a los demás ni a mi sórdida o difícil situación. Si fuera otro, encontraría que me van las cosas razonablemente bien. Quizá sea un exigente, o un exagerado, o un ansioso, pero ni siquiera ello explicaría por qué eso no acaba de llegar. Tal vez no soy capaz de salir de alguna suerte de adolescencia, no ya temporal sino constitucional. Pero tampoco eso daría cuenta de esta convicción de que aún no ha sucedido.

A veces pienso que eso que espero está ya aquí, que no lo sé ver, que me rodea, que me abraza, que me es tan próximo y evidente que ni siquiera yo soy capaz de reconocerlo. En otros momentos, considero que quizá su modo de estar aquí conmigo consiste en que está ya, pero siempre por venir, nunca dado del todo. Es lo que me hace vibrar y vivir, como una utopía o un horizonte, como un deseo sin objeto, que se vuelve sobre sí mismo, como un deseo de desear.

Tal vez temamos que se haga patente y que finalmente no sea para tanto. Quizá resulte impresentable, indecible, incluso no sólo insuficiente, sino invivible. Eso no es algo, ni alguien. Es tan nuestro que nos constituye. En ocasiones, nos desalienta su imposible posesión, pero en otras es la clave de todo estímulo y desafío. He vislumbrado eso en una tarde, en una escritura, en un perfil, en unos pasos, en unos ojos, pero no acaba de llegar. A veces considero que es mejor así, pero en cuanto lo acepto y me resigno se desvanece y me encuentro peor, y no por estar sin eso, sino por encontrarme con eso atrapado, poseído, muerto. Y, entonces, me alegro de que ese momento aún no haya sucedido.

Permanezco activo y a la espera. Y no ya tanto a la expectativa de ninguna llegada o venida, sino de alguien otro que cerca, y poblado por esa misma experiencia de lo que no acaba de llegar, sea una compañía, un estímulo, una complicidad, o quizás algo más.

Ángel Gabilondo

Pérdidas y ganancias

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El Roto

2009

2009