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El capitalismo se ha convertido en un cadáver

El capitalismo se ha convertido en un cadáver

En septiembre de 2007, cuando salió a la luz la gigantesca problemática económica creada por las hipotecas de alto riesgo, empezó a constatarse que el ritmo del crecimiento económico actual es totalmente insostenible. Desde entonces, cada vez hay más desempleo, más compañías que suspenden su actividad y más entidades financieras con dificultades.

En opinión de Santiago Niño Becerra (Barcelona, 1951), catedrático de Estructura Económica de la Facultad de Economía IQS, de la Universidad Ramón Llull, "la deuda acumulada por el actual modelo económico no va a resolverse con más deuda, sino con profundas transformaciones estructurales". Autor de El crash del 2010 (Los libros del Lince) afirma que "se avecina una crisis de proporciones gigantescas, totalmente inevitable, muy parecida a la de 1929, salvo por la diferencia de que ahora la caída está produciéndose a cámara lenta".

Pregunta. Según ha dicho, todavía estamos en periodo de precrisis...

Respuesta. Sí, lo peor está por llegar. Aunque no queramos reconocerlo, este sistema ya ha cumplido con su función en la historia de la evolución de la humanidad y se halla en vías de agotamiento. La crisis de las hipotecas basura, los niveles descontrolados a los que se ha llevado la economía financiera y los montos de deuda privada desmesurados e inasumibles son indicadores de este agotamiento, cuyo punto de no retorno se alcanzó en 1973 y su máximo entre 2003 y 2006. A partir de ese año comenzó a gestarse el crash que se producirá a mediados de 2010.

P. ¿No se puede evitar?

R. No, es algo que tiene que suceder para que la evolución natural de los acontecimientos siga su curso.

P. ¿Y qué opina de usar dinero público para capear la situación?

R. Comprendo por qué y para qué se hace, pero no servirá de nada. La economía mundial lleva años funcionando por inercia, con el piloto automático, sin tener que enfrentarse a una verdadera crisis. De ahí que el sistema no esté preparado para actuar en situaciones de verdadero riesgo, como la actual. Por ello, las medidas que están adoptándose tan sólo servirán para ir tapando agujeros, sin un plan determinado, intentando salvar la situación y creyendo que se trata de un revés temporal y superable.

P. Pero no será así...

R. La crisis que se avecina no será como las de 1993 o 2000. Lo que viene ahora no va a poder taparse. Es algo gordo de verdad: una crisis sistémica.

P. ¿Crisis sistémica?

R. Sí, es aquella que da lugar a un cambio que afecta de forma profunda e irreversible al modo de organización y producción del sistema, así como a su manera de atender y entender su realidad social. Al transformar completamente la forma en la que se han venido haciendo las cosas, esta crisis supondrá un trauma para la sociedad. Pero es algo cíclico, totalmente natural. De hecho, la crisis sistémica que se iniciará en 2010 será la decimonovena que se ha producido en los últimos dos mil años.

P. ¿Significará el final del capitalismo?

R. No, pero sí el principio de su fin. Los sistemas económico-sociales, con ligerísimas variaciones, suelen durar unos 250 años. Y dado que el capitalista comenzó su andadura oficial con la llegada de la Primera Revolución Industrial, en 1820, terminará aproximadamente en 2070. De ahí que se esté convirtiendo en un cadáver económico.

P. ¿Qué pasará a partir de 2010?

R. Por mucho que políticos, banqueros y empresarios intenten hacernos creer que aquí no va a pasar nada, vamos a vivir el hundimiento de la economía entre 2010 y 2012, seguido de un periodo de estancamiento hasta 2015 y, posteriormente, una lenta recuperación hasta 2020. Así, cuando se produzca el crash de 2010 comenzará la paulatina imposición de limitaciones en el uso y el consumo de recursos, tanto a través del aumento de sus precios, como de la restricción o denegación de su consumo, lo que acarreará la muerte de algunas actividades, que se revelarán ineficientes.

P. Y los ciudadanos, ¿qué podemos hacer?

R. Ha llegado el momento de responsabilizarnos de nuestra propia vida. Mi recomendación es que cada persona se dedique a trabajar en algo que le apasione, que realmente tenga sentido y que sea verdaderamente útil y necesario para la sociedad. Lo digo porque sólo quienes sean los mejores en su campo de especialización y aporten verdadero valor añadido a sus organizaciones tendrán garantizado un empleo a tiempo completo. Esta nueva filosofía tendrá su eje en el concepto de responsabilidad personal, que comienza con el autoconocimiento y el desarrollo personal y tiene consecuencias sobre la elección de nuestra profesión, nuestro estilo de vida y nuestro consumo.

P. ¿Algún consejo más?

R. Quien tenga deudas, que las cancele cuanto antes o que las reduzca cuanto pueda, y que no se endeude más. Y antes de comprar cualquier cosa, que cada cuál se pregunte si verdaderamente lo necesita. La crisis de 2010 va a obligarnos a vivir de acuerdo con nuestras necesidades y no nuestros deseos. Dado que vamos a dejar de ir a más para empezar a ir a menos, lo necesario va a volver a ser lo único importante. Conceptos como "utilidad", "eficiencia" y "aprovechamiento" van a ser protagonistas, así como "colectivo", "coordinación", y "colaboración". No va a quedar más remedio que abandonar el individualismo y trabajar conjuntamente para lograr una mayor optimización en la gestión y el uso de los recursos. Como ha ocurrido siempre, este tipo de cambios se producen debido a una necesidad económica.

Santiago Niño Becerraes Catedrático del IQS, Universidad Ramón Llull.

Una universidad en cada pueblo

Una universidad en cada pueblo

El modelo de proximidad democratizó la educación superior, pero hoy está en cuestión - 290 titulaciones apenas tienen aspirantes - El reto es mejorar la calidad


Entre las universidades de Zaragoza, Salamanca y Valladolid sumaron 30 estudiantes nuevos en la carrera de Estadística el curso pasado. En más de 290 titulaciones de otras tantas facultades publicas entraron menos de 20 alumnos nuevos el año pasado. En un centenar de esos casos se matricularon menos de 10. Teniendo en cuenta que en España hay 47 universidades públicas presenciales con 117 campus, a las que hay que sumar 23 universidades privadas con 48 campus, pueden hacer ustedes mismos la prueba de dividir todo eso entre las 50 provincias españolas y las dos ciudades autónomas. El resultado que puede dar a primera vista es que hay demasiadas facultades, y por eso, en un contexto de descenso demográfico, algunas se quedan, casi literalmente, sin alumnos.

Sin embargo, en España hay 1,7 universidades por cada millón de habitantes, tasa parecida a la que hay, por ejemplo, en Inglaterra, por lo que para muchos expertos no es que haya demasiadas, es que son demasiado iguales y todas ofrecen todas las titulaciones (hasta más de 3.000 veces se llegaron a repetir las 140 carreras que existían en España en 2007). Así que la lectura se complica y más aún si se introduce la siguiente idea del rector de la Universidad de Castilla-La Mancha, Ernesto Martínez: "La cuestión no es si hay muchas o no, sino si son buenas o no".

En cualquier caso, con todos estos elementos, lo que parece claro entre los responsables universitarios es que en el camino para modernizar los campus españoles se hace necesario reordenar esa oferta dispersa y, por tanto, ineficiente, con recursos (profesores) también mal repartidos. Un contexto complicado, con un modelo de "proximidad", como dijo en un informe de 2007 el Consejo de Coordinación Universitaria -esto es, que todo el que quiera pueda estudiar lo que quiera lo más cerca posible de su casa-, que si bien presenta ahora problemas, también ha tenido efectos muy positivos.

En los últimos 30 años, el acceso a la Universidad ha dejado de ser elitista. España amplió el sistema en los ochenta y noventa del siglo pasado de tal manera que el porcentaje de jóvenes, de todas las clases sociales, que estudian hoy en los campus está al nivel o por encima de la mayoría de los países desarrollados (el 26% de españoles de 25 a 34 años tiene carrera, la media de la OCDE es del 25%).

En ese tiempo, el sistema creció y creció, al abrigo de una demanda imparable y de la transferencia de competencias educativas a las comunidades autónomas; las universidades fueron aumentando, las públicas hasta mediados de los noventa, y las privadas, después. "Al final del proceso, la defensa de la racionalidad fue un total fracaso; los argumentos del café para todos y del agravio comparativo se fueron imponiendo. No había consejero de educación que no lograra en cada mandato el proyecto de una, dos e incluso tres universidades nuevas para su comunidad. Y, por supuesto, nada de planificación. Todo el mundo miraba su propia realidad coyuntural e inmediata y nadie asumía la responsabilidad de reflexionar sobre las consecuencias a medio y largo plazo", dice un ex alto cargo del Ministerio de Educación en los años ochenta.

Pero el medio plazo llegó, con un descenso de la natalidad que mermó la entrada de alumnos a los campus con el nuevo milenio -el número de estudiantes cayó casi un 12% entre 1998 y 2008-, y algunas carreras de algunas facultades empezaron a vaciarse: algunas filologías, Humanidades, Estadística, Matemáticas, distintas especialidades de ingeniería... Además, el proceso de apertura de la Universidad se hizo a costa, a veces, de una masificación que tuvo costes en la calidad, según aseguraba un informe económico sobre España de la OCDE de 2007.

Y en medio de todo eso, llegó también la reforma de las universidades para adaptarse a un esquema común en toda Europa: el proceso de Bolonia. Aprovechando que el cambio obligaba a adaptar las titulaciones, en los últimos años se ha hablado mucho de esa reordenación de la oferta. En 2005, una propuesta del Consejo de Coordinación Universitaria (integrado por el Gobierno y los rectores) pedía reducir el número de carreras, por ejemplo, dejando las 14 filologías existentes en cuatro, o eliminando directamente Historia del Arte o Humanidades.

Las protestas de decanos y estudiantes acabaron con esa idea y, finalmente, el Gobierno optó por cambiar el modelo: en lugar de hacer un catálogo de títulos centralizado, cada universidad diseñará sus propias titulaciones siguiendo unas reglas generales. En cualquier caso, aún no se solucionaba el problema de la oferta repetida, que puede seguir existiendo perfectamente si todas siguen ofreciendo casi todo.

"La reorganización de la oferta depende de cada universidad", dice la secretaria general del Consejo de Coordinación Universitaria, Carmen Fenoll, que no cree que haya muchas universidades, pero sí que una titulación con 10 alumnos nuevos cada año probablemente no es viable, no por ineficiencia económica, insiste, sino porque no es una cifra suficiente como para "crear una masa crítica" necesaria. Fenoll admite que uno de los principales instrumentos del Gobierno para incentivar la reordenación es a través de la financiación, pero eso "está ahora en fase de debate", dice.

De hecho, la necesidad de que las universidades se especialicen, al menos algunas, en lugar de ser la mayoría generalistas, algo que debería mejorar la calidad, se ha repetido en los últimos años como un mantra, muy unido al de la revisión de la financiación universitaria. Un extenso informe redactado en 2007 por el Consejo de Coordinación Universitaria proponía vincular parte de la financiación de los campus públicos a criterios de eficiencia y calidad. Por ejemplo, restarle financiación a las carreras con muy pocos alumnos, a no ser que se justifique un interés estratégico de dicha titulación. Este texto hacía la siguiente lectura de la situación: "La apuesta que se ha realizado por un modelo de proximidad se ha mostrado exitosa para la extensión y democratización de nuestro sistema Sin embargo, la clonación con la que se ha producido el desarrollo institucional hace que en la actualidad ofrezcan una reducida especialización académica".

Casi nadie duda de que las universidades españolas hoy son mucho mejores que en los años setenta, que la producción científica ha aumentado considerablemente, también en ciencias sociales o humanidades. Pero con el nivel de desarrollo económico, las metas se vuelven más ambiciosas, por lo que el hecho de que ningún campus español esté entre los 100 mejores del mundo y sólo uno, la Universidad de Barcelona, esté entre los 100 primeros de Europa en los ranking internacionales escuece, y no poco. Las explicaciones que dicen que estas listas son engañosas, porque miden cosas muy generales, aunque ciertas, no suelen consolar. Así, el equipo de Universidades (el todavía dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación, ahora acaba de regresar a Educación) lanzó el proyecto de campus de excelencia, formados por una o varias universidades, institutos de investigación, centros tecnológicos y otros organismos públicos.

Un proyecto muy relacionado con la idea de la especialización, pero también con la cooperación entre instituciones universitarias. Y, a su vez, con ese nuevo modelo de financiación que vincula, al menos parte del dinero, a criterios de calidad (que no tienen por qué ser sólo de eficiencia económica, como temen hoy algunos estudiantes y profesores). Pero aquel informe de 2007 para una nueva financiación del Consejo de Coordinación Universitaria cayó en el olvido durante meses y ahora había sido rescatado como "punto de partida" del debate del que hablaba Fenoll. Con el regreso de las Universidades al Ministerio de Educación, con Ángel Gabilondo a la cabeza -un hombre que como presidente de los rectores había reclamado retomar esa discusión a primeros de 2008-, todo está por ver.

En cualquier caso, la reordenación se torna complicada por varias razones. "Visto a la luz de la actual crisis no es extraño que se empiecen a formular preguntas sobre la sostenibilidad de algunas carreras e incluso de algunas universidades", dice el analista educativo de la OCDE Francesc Pedró. "Económicamente, es preferible una consolidación de las carreras con poca demanda, es decir, que se concentren en unos pocos lugares a los que los estudiantes deberían poder acceder gracias a becas apropiadas. Esta consolidación repercutiría en una mayor calidad de la investigación y probablemente también de la docencia. Políticamente, esto significa enfrentarse a una serie de intereses creados, empezando por la comunidad docente afectada por un eventual cierre o transferencia", añade.

La supresión de alguna universidad o de alguna facultad no parece ser una posibilidad para nadie, ya que, como recuerda Fenoll, una universidad supone un gran beneficio social y económico para la región donde se ubica, sin contar con los puestos de trabajo, docentes y no docentes, que supone. Tampoco parece una posibilidad la desaparición de carreras con baja demanda, como se vio cuando se propuso la eliminación de Historia del Arte o Humanidades. Así que una de las soluciones que se barajan es la reagrupación. Por ejemplo, en lugar de ofrecer Filología Románica en cinco facultades, donde se matricularon el año pasado 21 alumnos nuevos, ofrecerla en una o dos; o Estadística, a la que accedieron 203 alumnos nuevos en toda España, en lugar de impartirse en 13 facultades, que se ofrezca en menos. Otra posibilidad es la de unir varias carreras en los primeros cursos, para separarse después.

Ambas las llevará a cabo la Generalitat de Cataluña para las titulaciones con menos de 30 alumnos nuevos al año. Por ejemplo, las filologías con menos demanda, explica un portavoz de la Generalitat, como Románica, Clásica o Eslava, se concentrarán en las universidades de Barcelona y Autónoma de Barcelona. La medida de eliminar títulos con menos de 30 alumnos nuevos al año también se acaba de aprobar en el País Vasco, con las consiguientes protestas de los afectados.

Sin embargo, en las comunidades con una única universidad, no tanto las grandes con varios campus repartidos -como Aragón, Castilla-La Mancha o Extremadura-, sino otras más pequeñas, como las de La Rioja, Oviedo o Cantabria, esta reorganización territorial se torna más compleja. El rector de la Universidad de Castilla-La Mancha, Ernesto Martínez, es el actual responsable del Grupo G-9, que representa a todas esas instituciones superiores públicas únicas en su comunidad. Martínez dice que el tema se ha debatido en el G-9, y habla de acuerdos como el de las universidades de Oviedo, País Vasco y Zaragoza para que los posgrados de Matemáticas de todas sus facultades sean complementarios y no se pisen. Precisamente, Francesc Pedró se decanta por "un modelo en el que los grados universitarios básicos (no todos, sólo los genéricos como en derecho, economía, ciencias, etcétera) se pudieran cursar en cualquier lugar, pero que con los másteres se creara un mapa de titulaciones que repartiera juego en el territorio".

Pero el rector Ernesto Martínez también insiste en que no está nada claro cuál es el número mínimo de alumnos adecuado para una titulación y que, en cualquier caso, habría grandes dificultades para desplazar a profesores funcionarios. En este punto, Pedró se pregunta: "¿Qué incentivos se pueden ofrecer a los docentes e investigadores para que se desplacen a otro lugar o encuentren trabajo fuera de la Universidad?" Una pregunta complicada en un momento de crisis económica, en el que se está discutiendo el estatuto del profesorado universitario y en el que está por ver cómo se desarrollan lo cambios legales que permiten flexibilizar las funciones docentes, hoy muy circunscritas a su especialidad.

Pero aunque se resolvieran todas las dificultades anteriores aún quedaría otra más, y no pequeña. Si por fin se especializan las universidades, si se reordena la oferta y se reagrupan las carreras con menos demanda en algunos campus, habrá que conseguir desplazar a los alumnos hasta el centro que ofrece lo que buscan. La secretaria general del Consejo de Coordinación Universitaria, Carmen Fenoll, insiste en que la baja tasa de movilidad estudiantil -sólo el 11,5 % de los nuevos universitarios se matricula fuera de su comunidad- tiene un fuerte componente "cultural", es decir, que a los españoles les cuesta moverse lejos de los suyos para estudiar o trabajar. Es cierto, pero el hecho es que ese modelo de proximidad del que hablaba el Consejo de Coordinación Universitaria en el informe de 2007 también "parece haber afectado al nivel de inversión aplicado a la movilidad estudiantil [...] Del esfuerzo presupuestario realizado, una tercera parte se ha destinado a financiar las tasas de matrícula, quedando las dos terceras partes restantes para financiar un amplio abanico de ayudas entre las que figuran muy minoritariamente las específicas de movilidad".

Aunque es cierto que la cuantía de las becas de movilidad ha aumentado en los últimos años (llegan hasta los 5.700 euros anuales para las rentas más bajas), los expertos coinciden que ese nuevo esquema requeriría mucho más esfuerzo. Y por supuesto, vencer esas resistencias culturales a la movilidad.


El País

España genera en sólo un año la mitad de los parados de Europa

España genera en sólo un año la mitad de los parados de Europa


El hundimiento de la construcción y la alta tasa de empleo temporal son las claves

La crisis y la disminución de la actividad económica es un fenómeno generalizado en Europa, pero en ningún país se está produciendo una destrucción de empleo tan intensa como en España. Entre febrero de 2008 y febrero de 2009, la Unión Europea generó tres millones de parados, y la mitad de ese paro se produjo en España. En materia de empleo, España se desmarca claramente de Europa.

Cuando se conozcan los datos de marzo de toda la UE, lo más probable es que España haya pasado a generar, por sí sola, más de la mitad del paro europeo, a la vista de los 1,8 millones de personas que perdieron su empleo entre marzo de 2008 y marzo de 2009. La situación contrasta con los años anteriores a la crisis en curso, en que la economía española llegó a crear hasta el 40% del empleo de la zona euro. La situación se ha dado la vuelta dramáticamente: España, que en total supera ahora los cuatro millones de desempleados, ocupa el primer puesto de la Unión en paro global (17,3%); también en desempleo juvenil (32%) e igualmente encabeza la tasa de empleo temporal involuntario (26%).

Recesión no es sinónimo automático de paro. El impacto de la crisis es muy distinto en los diferentes países europeos. Alemania, por ejemplo, con unas perspectivas de recesión para este año muy severas (se prevé una contracción del 5,6% del PIB, el doble que en España) está logrando mantener la tasa del desempleo en el 7,4% de su población activa. Otros países con fuerte caída de la actividad, como Holanda y Polonia, han logrado mantener sus tasas de desempleo en 2,7% y 7,4%, respectivamente, según los datos de Eurostat de febrero pasado. La media de desempleo en la UE se mantiene en el 7,9%, es decir, 1,1 puntos más que hace un año.

El último análisis sobre el mercado laboral de los Veintisiete (Quaterly EU Labour Market Review Spring 2009) señala precisamente al "fuerte aumento del desempleo en España" como el principal responsable del incremento del paro en la UE, "junto con más moderados aumentos en Francia, Italia y Reino Unido".

Daniel Gros, director de The Centre for European Policy Studies (CEPS), considera que la intensa caída del empleo en España está relacionada "con el hundimiento del sector de la construcción y actividades vinculadas, y de la demanda, junto con el simultáneo aumento de la población, debido en buena parte a la inmigración". La mezcla de ambos factores explica la situación. Uno de los problemas del mercado laboral español es su excesiva "segmentación", eufemismo de la UE para referirse a la elevada proporción de "trabajadores temporales involuntarios". Según el Joint Employment Report, 2008/2009, de marzo pasado, un 26% de los trabajadores españoles eran temporales involuntarios -aceptan empleos de tiempo limitado porque no tienen otra opción-, frente al 11% en la media de la Unión. "Algunos de los Estados miembros con una proporción grande de empleo temporal involuntario figuran también como los que tiene mercados laborales con un funcionamiento más bajo", afirma.

José Maria Zufiaur, miembro del Comité Económico y Social Europeo, considera que la fuerte pérdida de empleo en España es consecuencia "de la baja productividad y del modelo laboral". Un modelo que "registra una elevada temporalidad, y pese al coste permite despedir con mucha facilidad respecto al resto de Europa". Y añade: "En la mayoría de países europeos el despido improcedente es imposible". La rescisión del contrato "debe ser autorizada por el juez, la Administración o aceptada por los sindicatos".

Para Zufiaur resulta "ridículo" insistir en la reforma laboral como la gran asignatura pendiente de los últimos 30 años, "cuando lo que hay que hacer es concentrar los esfuerzos en crear empleos de calidad, elevar la productividad a base de fomentar la educación, la formación y la investigación". Alemania ha mitigado los efectos de la recesión en el mercado laboral mediante "reducciones temporales de producción y reducciones de jornada, en lugar de recortes de empleo", señala el informe trimestral de empleo de la UE.


Andreu Missé en El País.

Levantar la natalidad sí es posible

Levantar la natalidad sí es posible

Francia ha logrado impulsar los nacimientos con una política familiar sostenida por izquierda y derecha - Conciliar está bien visto - En España, sólo las extranjeras salvan la débil estadística


Buenas noticias para la natalidad, aunque al otro lado de los Pirineos. La inversión pública en política familiar, la coincidencia de izquierda y derecha en el objetivo y la aceptación social de la conciliación han permitido a Francia convertirse en modelo de natalidad en una Europa que ve peligrar su sistema de bienestar.

Al pie de la torre Eiffel, en los columpios de los jardines del Campo de Marte, una madre mira cómo sus dos hijos se suben a un tren de madera. Se llama Céline, tiene 36 años, trabaja en una aseguradora y encarna una realidad tan francesa como el cruasán de almendras: la maternidad.

Francia es el país de Europa con la natalidad más alta. Tanto los periódicos como los telediarios abrieron hace unas semanas sus espacios informativos con una noticia que les hacía sentirse (aún más) orgullosos de ser franceses: cada mujer en edad fértil en Francia tiene dos hijos de media. Exactamente, 2,1. No es algo casual, ni anecdótico, ni puntual. Tampoco responde a ninguna aportación extraordinaria de la población inmigrante, que contribuye sólo con el 0,1 de esta cifra.

Al contrario: la estadística que hizo sonreír a los presentadores de informativos responde a una tendencia constante y continuada. Y obedece, según todos los expertos consultados, a un sistema estatal de ayudas que funciona.

El mismo estudio en España arrojaría un resultado completamente diferente. La tasa de fecundidad está en 1,37 hijos por mujer en edad fértil, y, si se excluye a las extranjeras, la tasa es aún menor, explica la demógrafa del CSIC Margarita Delgado. Con una población femenina inmigrante que representa el 9,3% del total de mujeres, las extranjeras fueron en 2007 madres de casi 93.000 niños, un 19% de los 491.000 nacimientos ese año.

Muy cerca de Céline y del tren de madera se encuentra otra madre. Se llama Dulce Gamonal, es española, trabaja en varias editoriales, lleva viviendo en París más de 15 años y tiene un hijo de tres con el que se entiende simultáneamente en francés o en español. A la pregunta de por qué los franceses tienen más hijos que los españoles responde, en primer lugar, que porque la familia está muy bien vista en Francia.

"Tengo muchas amigas con dos, con tres e incluso con cuatro hijos. De mi generación. Con trabajos parecidos a los míos. Es algo normal. Pero también, supongo, porque aquí se lo ponen más fácil que en España", dice.

Si se hiciera la misma pregunta en el país de origen de Dulce, probablemente la respuesta sería la inversa. Aunque la tasa de fecundidad entre las extranjeras está todavía por encima de los 2,1 hijos por mujer que se considera necesario para asegurar que la población no decaiga (la llamada tasa de remplazo), las inmigrantes tienden a copiar las costumbres de las españolas, matiza Delgado. "Ellas vienen a España a trabajar, y tienen peor información, por lo menos al principio, sobre las medidas de apoyo social, y en cambio les es más fácil acceder a los anticonceptivos", apunta Delgado. La experta añade otro aspecto: "Habrá que ver cómo influye la crisis. Es de esperar que la natalidad, que había experimentado un repunte, se frene". Es lo que la experta llama "fecundidad en tiempos de crisis".

Más ejemplos de la ventaja francesa: muy cerca de Céline y Dulce, a doscientos metros de la torre Eiffel, otras dos madres pasean sendos carritos de bebés. Una es escocesa. La otra estadounidense. No llevan mucho tiempo viviendo en Francia. Pero las dos coinciden en que el sistema de política familiar francés les parece mejor que el de sus respectivos países. Además, la mujer escocesa añade otra característica que puede resultar determinante. "Aquí no está mal visto que una mujer deje a su hijo en la guardería a los tres o cuatro meses. En mi país sí", explica.

Los expertos consultados coinciden en algo que caracteriza Francia: los hijos están bien vistos y la necesidad de conciliar, también. La socióloga y experta en políticas de familia Dominique Meda añade que sin una buena opinión sobre la familia, Francia no alcanzaría la tasa de natalidad que ostenta. "No sólo se trata de una política que permita la conciliación, que existe en Francia aunque no es perfecta y es mejorable. Los ciudadanos franceses, y la sociedad en general, valoran mucho los niños, y eso se ha reflejado año tras año en los sondeos".

En enero, la ministra francesa de Justicia, Rachida Dati, se presentó al primer Consejo de Ministros del año cinco días después de haber dado a luz a su hija. Su meteórica incorporación al puesto de trabajo, renunciando a su derecho de baja maternal (16 semanas en Francia, igual que en España) generó todo tipo de opiniones. Pero las críticas no le llegaron de ninguna asociación de defensa de la familia ni del papel tradicional de la mujer en la casa, sino de grupos feministas que la acusaban de mal ejemplo y de dar "ideas a los empresarios" en tiempos de crisis.

Un sondeo de 2004 dejó claro este asunto: el 17% de los franceses cree que los padres o madres deben dejar de trabajar para cuidar a los niños. El 60% opinó que los padres o las madres son libres de decidir si quieren trabajar o no y no les parecía nada mal que hicieran lo primero.

Hay un dato que clarifica la cuestión y establece una relación incontestable. Francia ocupa el primer lugar entre los países de la OCDE en cuanto a presupuesto destinado a políticas familiares. Exactamente el 3,8% del PIB, incluidas las exenciones fiscales, los servicios y las ayudas económicas a familias. España, en el lugar 28 de esta lista, no llega al 1,5%. Así se recoge en un informe (La política sobre la infancia en Francia: comparación con las otras políticas de los países de la OCDE), elaborado por tres expertos de esta organización y presentado estos días en la Asamblea Nacional francesa. En él se precisa: "Francia se sitúa en cabeza en gasto público a favor de la familia. Estas ayudas son muy diversas".

Efectivamente. Se cuentan hasta 30 tipos de ayudas a las familias con hijos. Algunas muy concretas y otras rebuscadas. Hay hasta una aportación estatal en caso de mudanza por el nacimiento de un tercer hijo, de aproximadamente 900 euros. Se ofrecen descuentos y exenciones fiscales si se emplea a un cuidador o cuidadora que se encargue de los niños, aunque acuda sólamente los miércoles (día no lectivo en Francia para los escolares de primaria y fuente de tormento para los padres que desconocen la inmensa cantidad de servicios municipales de actividades extraescolares).

De cualquier forma, la principal -y ahora cuestionada- ayuda financiera se llama "remuneración a la paternidad". Permite al padre o la madre (a pesar del nombre, en un 98% la disfruta ella) dejar de trabajar si se tienen dos hijos o más a cambio de un sueldo mensual de unos 600 euros. Este permiso dura tres años.

Esta ayuda esconde una trampa. Casi 800.000 madres se acogen a ella por año. Siempre, o casi siempre, según la socióloga, escritora y experta en los temas de familia y conciliación laboral Dominique Meda, mujeres con escasos recursos, trabajos poco estimulantes y/o mal pagados. El problema es que el regreso de estas mujeres al trabajo, tras tres años de inactividad y con poco nivel académico, es difícil, y, más aún, en un periodo de crisis galopante y paro rampante como el actual.

Una característica del sistema de la política familiar en Francia, además de su antigüedad -se remonta a principios del siglo XX- es que salva las barreras ideológicas. "Hay matices, claro, pero se puede decir que la política familiar, su concepción general y sus objetivos, están por encima de la derecha y de la izquierda", argumenta Olivier Thévenon, uno de los autores del informe de la OCDE anteriormente citado.

De hecho, en febrero, con motivo de la entrega de las medallas de la familia, el presidente de la República, Nicolas Sarkozy, líder de la UMP, de centro-derecha, aseguró que "dejar el trabajo no puede ser la manera de cuidar a los niños pequeños". Una diputada de su partido propuso acercarse al modelo sueco con una "remuneración a la paternidad" más corta, de un año, mejor pagada (hasta 1.800 euros) y compartida obligatoriamente con el padre. Si se cumple lo esperado, a eso tenderá el futuro del sistema francés.

Otra de las claves, según los expertos consultados, de la explosión de la natalidad en Francia es su red de guarderías y escuelas infantiles. "El sentido último de la política familiar en Francia es que la madre o el padre puedan elegir si quieren cuidar a su hijo en casa o dejarlo en la guardería. Para eso se arbitran medidas distintas", explica Thévenon.

El sistema en Francia es el siguiente: para los niños de hasta dos o tres años hay guarderías públicas. Desde esa edad, el niño va a la escuela infantil. Todo es gratuito (incluidos los libros) o muy barato.

No todo es perfecto. En primer lugar, el éxito del sistema ha hecho que las plazas de las guarderías públicas se revelen insuficientes en la actualidad, sobre todo en las grandes ciudades y muy especialmente en París. Hay un dato que lo avala: las madres apuntan a su hijo a la guardería a los seis meses de embarazo. Es una manera de asegurarse la plaza. Y más vale hacerlo así. Este corresponsal visitó todas las guarderías públicas de su barrio parisiense con el objeto de encontrar plaza para su hijo de dos años y medio. Sólo consiguió ingresar en varias listas de espera. Pero dos meses después, tenía por fin, una plaza para su hijo.

El escalón superior, las escuelas infantiles, están muy consideradas, son gratuitas y hasta hace unos años acogían a niños incluso de dos años, ya que contaban con plazas. Ahora se limitan, sobre todo en París, a aceptar sólo a pequeños con los tres años cumplidos.

Con todo, el sistema permite acogerse a otras modalidades: cuidadoras colectivas controladas por el Ayuntamiento, guarderías semiprivadas que gozan de subvención estatal... Sarkozy ha prometido, además, crear, antes de 2012, cerca de 200.000 plazas de guardería.

Hay una cifra que revela que, a pesar de la falta actual de plazas de guarderías, el modelo francés funciona: más del 50% de las mujeres francesas con un hijo trabaja a tiempo completo. Este porcentaje baja a partir del segundo hijo y, sobre todo, del tercero (caso no muy raro en Francia). Los padres quedan fuera de esta estadística y por lo general siguen conservando su trabajo independientemente del número de hijos.

Éste es el talón de Aquiles del modelo francés: la desigualdad entre sexos. El informe de los expertos de la OCDE presentado a la Asamblea francesa incide en esto último: "La posibilidad de elegir se ejerce de cualquier modo de una forma desigual, y estas desigualdades están ligadas al sexo y al nivel de vida". Con todo, en la opinión del sociólogo español Gerardo Meil, conocedor de las dos realidades, el sistema francés funciona debido sobre todo a la decidida implicación pública.


Un reportaje de El País.

De la V a la L, el abecedario de la salida de la crisis

De la V a la L, el abecedario de la salida de la crisis

España se enfrenta a una recesión más larga que EE UU y sus vecinos europeos


Los economistas se estrujan los sesos para poner fecha al fin de esta recesión anómala, la primera crisis realmente global de la historia. Honestos, confiesan que nadie sabe nada a ciencia cierta, mientras bucean en pasadas zozobras económicas en busca de referentes, sabedores de que hay crisis que se parecen, aunque nunca son idénticas, ni igual de intensas, ni duran lo mismo. Sí coinciden en algo: el telón no bajará a la vez en EE UU (la recuperación llegará antes) que en las grandes economías europeas. Y menos aún en España. Aquí llevará años hablar de recuperación vigorosa.

Aunque técnicamente sea casi una aberración, los expertos hacen un esfuerzo de divulgación con un particular abecedario económico: así, unas crisis se desangran rápido y terminan rápido (la economía baja y sube en forma de V) y no duran más de año y medio; otras son más prolongadas, aunque menos agudas (como una U) y pueden abarcar tres años; hay auténticas montañas rusas (en W), con recuperaciones y recaídas encadenadas varios años; y, las más temidas, las crisis en L, con caídas afiladas de la actividad, seguidas de un largo estancamiento, con crecimientos casi nulos, resume Jordi Gual, director de Estudios de La Caixa.

La buena nueva la evidencia Ángel Laborda, director del Gabinete de Coyuntura de Funcas: "En realidad, la crisis en L no existe". En efecto, pronto o tarde, de todas se acaba saliendo. "Hablamos de L para los casos en que durante bastantes años no se consolida una recuperación", precisa.

Lo más parecido que ha vivido España a una L fue la etapa comprendida entre 1975 y 1983, que aunó la transición política y un ajuste de una estructura productiva casi obsoleta tras la crisis del petróleo. España conoce sobre todo crisis en V, como la última, la del 93. Es Japón el país que encarna la L por antonomasia. Hasta ahora. ¿Es demasiado fácil recurrir a la comparación?

Salvando diferencias como la cultura del consumo, o el hecho de que la escalada de precios inmobiliarios en Japón convierta la vivida en España casi en un juego de niños -entre 1955 y 1990, los precios de las viviendas en el país del sol naciente se multiplicaron por 75, mientras en España, desde final de los setenta a 2003, se duplicaron y, entre 1997 y 2006, subieron el 150%- hay quien no ve descabellado el parangón.

"En Japón hubo una gran burbuja inmobiliaria. Es cierto que el Palacio Imperial de Tokio llegó a valer más que todo el Estado de California", señala el profesor Xavier Sala i Martín, catedrático de Economía de Columbia University, "pero la clave del caso, además de esa burbuja, fue que Japón se olvidó de hacer coches y ordenadores, mientras los nuevos dragones coreanos y, luego, los chinos, le robaron competitividad".

Este economista liberal espeta que "Japón hizo como Zapatero, recurrir a más gasto público y entró en 18 años de crisis". Sala i Martín sólo defiende el gasto público "si es inteligente". Lo propone para levantar infraestructuras productivas, como hospitales punteros; no para la plaza del pueblo. Lo aconseja para formar a los trabajadores en paro; no para "un parado de brazos cruzados".

El ex ministro de Industria socialista Joan Majó no habla tan distinto tras analizar la crisis en su libro No me lo creo: "Que la crisis financiera no nos deslumbre. Si ésta se arregla, Alemania volverá a funcionar. Su industria está en condiciones de competir. Y EE UU levantará cabeza rápido. Podemos verles salir del lío en V. O en U si tardan en limpiar la banca. Pero el origen de la crisis española es interno. Es una crisis de cambio de estructura del PIB. La ayuda pública, además de reactivar la economía, echo en falta que se use para cambiarla, para hacer infraestructuras de futuro. Y vería bien que los parados recibieran un subsidio para formarse".

No va a ser fácil cambiar de modelo económico, un discurso gastado por los políticos de todos los colores y que siempre se estrella contra la realidad. "Tenemos una estructura económica de hace 30 años. El problema de España es que ya no es tan barata, pero tampoco se ha vuelto productiva, de modo que nos hemos quedado en tierra de nadie", advierte Fernando Hernández, director de renta variable de Inversis Banco. El meollo de la cuestión es que, aunque España y EE UU pasen por un vía crucis inmobiliario, en Estados Unidos el ladrillo pesa un 5% de su economía. En España, el ladrillo es un 15% del PIB.

"¡Estamos hablando de que debemos comernos un 10% del PIB!", exclama Llorenç Bagur, profesor de Economía Financiera de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), que defiende un ajuste cuidadoso "porque, de golpe, veríamos en caída libre a muchas entidades financieras", víctimas de la morosidad. Como la mayoría, cree que España saldrá del atolladero con una L ligeramente optimista, como el socorrido símbolo de Nike, con la segunda pata en ángulo abierto. Gual se inclina más por la U, "debido a la reducida flexibilidad de la economía española, la política fiscal para amortiguar la caída y la magnitud de los desequilibrios".

Pero todos coinciden: "Esto va a durar más que una recesión típica. Hasta 1991, las crisis eran más frecuentes, pero duraban menos. Casi siempre eran en V", explica Laborda. La excepción mundial fue la U de la Gran Depresión (1930-33), encadenada en W tras la Segunda Gran Guerra.

Una recuperación en V, rápida, parece, de entrada, lo más deseable. Pero nada es evidente. "Los tratamientos de choque para zanjar la crisis deprisa pueden llegar a ser contraproducentes, las salidas en V pueden provocar nuevas burbujas", alerta Bagur.

Hay precedentes. El estallido de la burbuja tecnológica en 2000, más el pánico desatado a raíz del 11-S, más la desconfianza por escándalos como el de Enron sumieron a la economía americana en un pozo. La respuesta de la Reserva Federal fue bajar y bajar los tipos de interés. Y vaya si logró estimular la demanda: las familias empezaron a consumir y se endeudaron e invirtieron en viviendas. "La recuperación se consolidó, pero la Fed siguió bajando los tipos nominales hasta el 1% en junio de 2003 y mantuvo los tipos reales hasta finales de 2005, y la fase expansiva del ciclo se convirtió en euforia, pero se creó una burbuja global en el mercado inmobiliario", recuerda el profesor del IESE Antonio Argandoña.

"No olvidemos que las crisis sirven para resolver desajustes", apunta desde el Instituto Español de Analistas Financieros Xavier Adserà. "España tiene más desajustes que sus vecinos, ha crecido más y ha vivido más por encima de sus posibilidades. Cuanto mayor es el desajuste, más se tarda en resolver el desaguisado".

Cierto: desde finales de los noventa, España creció a ritmos de más del 3% y del 4%, por encima de sus vecinos europeos (hasta el batacazo de 2008). Los expertos coinciden en que, en 2010 y 2011, este país empezará a ir hacia arriba, pero con crecimientos humildes, bien por debajo de su potencial... de nuevo la L optimista. Tampoco hay que descartar una recaída, si Alemania y Francia se recuperan rápido y el Eurobanco (BCE) sube los tipos pensando en las grandes economías antes de que España haya hecho los deberes con el vuelco de su patrón de crecimiento. Algunos batacazos sirven para despertar.

Ariadna Trillas en El País.

Llega el coche eléctrico. ¿Dónde lo enchufamos?

Llega el coche eléctrico. ¿Dónde lo enchufamos?

España quiere contar con un millón de automóviles ’limpios’ en 2014 - La red puede soportarlo sólo si se impone una gestión inteligente - El vehículo podrá almacenar energía y revenderla


Se recarga por la noche, como un teléfono móvil, apenas gasta 1,5 euros por cada 100 kilómetros, no sale humo del tubo de escape y su conductor se libra de la vibración y los ruidos de los motores actuales. Los coches eléctricos no son ciencia ficción: llegarán a Europa el año que viene. Pero lo que falta, precisamente, es toda una red de enchufes y postes eléctricos que proporcionen autonomía a los vehículos. En las casas, en las empresas, en las calles.

Tras varios intentos fallidos, las industrias del automóvil y de la energía aúnan fuerzas para hacer viable, esta vez sí, el coche más limpio. Si se tiene en cuenta que el Gobierno prevé que circule un millón de coches eléctricos dentro de cinco años, el desafío es mayúsculo. Experiencias pioneras en Londres, Israel o California están enseñando el camino, no exento de tropiezos.

Las dudas son muchas. ¿Habrá energía suficiente? El consumo eléctrico aumentará, pero los expertos coinciden en que, al menos a medio plazo, es posible funcionar con las centrales existentes si se produce un cambio estructural. El éxito parece residir en las smart grids, o redes inteligentes, que conformarán un sistema de gestión de electricidad activo y capaz de interactuar con el cliente. Es decir, redes que permitan que los vehículos aparcados vendan a la red energía en los momentos en que el sistema la necesite.

La cátedra BP de Desarrollo Sostenible de la Universidad Pontificia de Comillas ha elaborado un documento en el que se analiza el impacto de la implantación del coche eléctrico. El documento hace hincapié en estas redes inteligentes: "Sistemas que permitan una relación bidireccional en los flujos entre la red y los coches, y que faciliten la transmisión de las señales necesarias para que los coches se conecten a la red en los períodos adecuados para el correcto funcionamiento de la red eléctrica".

Por ello, a medio plazo, el coche eléctrico puede funcionar (con condiciones). Las eléctricas coinciden en que los vehículos tendrán que recargarse principalmente por la noche, en las llamadas horas valle, donde existe menor consumo eléctrico, para facilitar la operatividad del sistema. La energía eólica, en la que España es líder, funciona dependiendo de las circunstancias meteorológicas y es precisamente por la noche cuando suele haber más viento. "Ha llegado a aportar más del 40% de la energía total, pero en otras ocasiones representa menos del 1%", dice Luis Atienza, presidente de Red Eléctrica Española (REE). A veces es necesario desconectar los molinos porque sobra producción; hasta el 37% de ellos tuvo que parar un domingo del pasado mes de noviembre.

Con el coche eléctrico se va a ganar en eficiencia y sostenibilidad. En eficiencia, porque estos nuevos vehículos rinden al 80% o 90%, mientras que la eficacia de un motor de combustión se sitúa en torno al 20%. Por otro lado, la energía total consumida por los vehículos proviene en el 98% de productos derivados del petróleo, por lo que el ahorro real irá en función de la procedencia de la electricidad que, según los expertos, podría ser renovable en mayor medida. Atienza apunta, en este sentido, el posible aprovechamiento de las renovables: "El parque automovilístico eléctrico contribuirá a absorber la producción energética renovable que actualmente no encaja en el sistema. Crearlo no es tanto un reto como una oportunidad para que, como líderes internacionales de energías renovables, podamos facilitar la operatividad del sistema".

El optimismo de Atienza no es descabellado, pero dar el salto a la gestión inteligente de la energía será un proceso complejo. Según el presidente de REE habrá que esperar unos 10 años para que el suministro pueda ser bidireccional. No obstante, con el número de coches que se prevé que vayan incorporándose al mercado, el presidente de REE cree que será suficiente con "reforzar el sistema eléctrico en algunas zonas y adaptar sobre todo los puntos de suministro; enchufes y postes, y realizar la transmisión de forma inteligente".

Desde el Ministerio de Industria también se confía en la capacidad energética de España. "Es posible producir 80.000 megavatios y el pico está en 45.000", dice un portavoz del departamento. Aunque estos datos son relativos porque, dado que no todas las centrales rinden de forma continuada, es necesario tener instalada una sobrecapacidad para poder atender a la demanda. No obstante, Pedro Linares, ingeniero de la cátedra de Desarrollo Sostenible, también descarta que pueda producirse un colapso en el sistema energético: "Las previsiones que existen de aquí a 2014 supondrían un aumento de la demanda del 3% o 4%. Esto es lo que suele crecer anualmente, por lo que no sería significativo para el sistema". Lo que será necesario es mejorar el rendimiento, poniendo el mayor énfasis en las energías renovables, que España se ha propuesto aumentar hasta llegar al 20% de la energía total en 2020, objetivo de la Unión Europea.

Otra cuestión que preocupa al sector es la forma de abastecimiento de energía en los coches. Tras años de estudio, la tecnología de las baterías de ion-litio de los teléfonos móviles se perfila como la alternativa más eficaz para recargar los vehículos del futuro, por su menor tamaño y mayor capacidad. Aunque las baterías resultan aún muy caras, y más cuanta más autonomía tenga el coche, el precio por kilómetro rodado es mucho menor. Según José Santamarta, que ha asesorado al Ministerio de Medio Ambiente, cargar el coche de noche costará, aproximadamente, 1,5 euros cada 100 kilómetros, mientras que en los automóviles de gasolina el importe está en torno a los seis o siete euros.

Las compañías automovilísticas tienen que decidir entre dos posibilidades para que los vehículos se carguen en la calle: una, rellenar sus baterías en puntos destinados a ello, y otra, que directamente cambien su batería por otra cargada. En España, todo apunta a que los coches optarán por el primer modelo. Según el informe de la cátedra BP, si se opta por la sustitución de baterías no sería necesario un gran cambio en la regulación del sector, al contrario del procedimiento de recarga, para el que habría que dotar de mayor infraestructura al sistema y "dar señales adecuadas sobre cuándo es conveniente cargar el coche y, más aún, si el flujo va a ser recíproco", señala el documento, que concluye que "el sector eléctrico está plenamente capacitado para afrontar cualquier cambio de paradigma regulatorio".

Uno de los principales retos en este sentido pasa por la estandarización de los postes de carga. La normalización de sus características y de los sistemas de contadores de consumo para que se homologuen los de todas las empresas con la tarificación de los comercializadores de la energía. Asimismo hay que lograr una interlocución con la red para que se gestione y cobre la demanda. Todo esto debe ir, indica el presidente de la REE, de la mano de la tecnología de la información y en paralelo a los progresos de la industria automovilística. Miguel Ángel Sánchez, director de telecomunicaciones de Iberdrola, asegura que la empresa ya está trabajando en esta normalización: "Estamos en todos los foros con fabricantes europeos y ya se están planteando soluciones. No será difícil llegar a un estándar".

La experiencia internacional puede servir de modelo. Better Place, una compañía con sede en California, se ha convertido en pionera de instalación de infraestructuras para coches eléctricos. El primer proyecto a escala nacional se hará en Israel. Las condiciones son ideales en un país donde la mayoría de los conductores recorren menos de 70 kilómetros al día y la distancia entre las principales ciudades no supera los 150 kilómetros. La alianza Renault-Nissan será la que proveerá de vehículos que podrán cargar la batería en 500.000 puntos de recarga por todo el territorio. El proyecto comenzará en pruebas este año.

En Londres, donde los coches eléctricos tienen incentivos, éstos circulan desde 2006. Los modelos de más éxito son el Smart y el Reva, coches de baja potencia para el centro de la ciudad, donde ya hay una importante red de puntos de recarga. El Ayuntamiento ha establecido una tarifa anual, de alrededor de 400 euros, con la que los usuarios pueden aparcar y recargar sus coches.

En España, el Ministerio de Industria se ha puesto el objetivo de que un millón de vehículos se muevan con energía eléctrica en 2014. Aunque no está claro que la cifra sea viable. Santamarta opina que "el proyecto tiene muy buenas intenciones pero, con las inversiones realizadas, será complicado". El director general de la federación de concesionarios Faconauto, Blas Vives, añade: "Lo que el Gobierno pretende es, hoy por hoy, un sueño. Tal y como está la industria, con unas pérdidas tremendas, es necesario reactivarla primero y no improvisar con ideas nuevas".

Para actuar planificadamente, las compañías eléctricas y automovilísticas se están poniendo las pilas. General Motors e Iberdrola han iniciado un acuerdo para analizar la viabilidad del suministro energético que, si concluye con éxito, pasarán a las Administraciones públicas para pedirles su participación mediante subvenciones o ayudas.

A corto plazo y como experiencia piloto en España, el IDAE presentó en febrero el proyecto Movele. La iniciativa quiere demostrar la viabilidad de los vehículos eléctricos en entornos urbanos y "reducir las incógnitas que puedan surgir y servir de base para la expansión de estas tecnologías a corto y medio plazo". Juan Luis Pla, jefe del departamento de transporte del IDAE, asegura que el plan (que tiene previsto comenzar a hacerse efectivo en abril y mayo) está aún en fase inicial, ya que hay que "trabajar en modificaciones normativas para que se puedan establecer los puntos de carga públicos, por ejemplo, en cabinas telefónicas o parquímetros, y aumentar la potencia eléctrica donde sea necesario, etc., y tomar las decisiones políticas para crear tarifas y establecer procedimientos de cobro. La dificultad va a estar en la distribución, no en el sistema".

España no sólo quiere utilizar el coche eléctrico. Además quiere fabricarlo. El Ministerio de Industria negocia con Renault para establecer la producción de un coche de este tipo en Valladolid. Si la conversación da sus frutos, la planta comenzaría a producir un coche eléctrico de carácter sencillo en 2012.

Paso a paso, la llegada paulatina de los nuevos modelos verdes y la implantación de la red inteligente irán conformando este nuevo panorama. Luis Atienza asegura que estamos ante "un paso de modernización extraordinario, la gran apuesta de la industria energética para la próxima década". Y se aventura con una apuesta: "Al fin de la próxima década será prácticamente imposible entrar en las grandes ciudades con un vehículo que no sea eléctrico".


Los primeros pasos en España

- El proyecto piloto del Instituto para la Diversificación y el Ahorro Energético (IDAE) tiene previsto poner en circulación 2.000 coches eléctricos entre 2009 y 2010.

- Para alimentarlos se instalarán 546 puntos eléctricos de recarga.

- Las ciudades elegidas para el proyecto son Sevilla, Madrid y Barcelona.

- El presupuesto total del proyecto es de 10 millones de euros. De ellos, ocho millones se destinarán a ayudas a la adquisición de coches; un millón y medio será para crear infraestructuras y medio millón irá destinado a la asistencia técnica y análisis.

- El plan pretende "demostrar la viabilidad técnica, económica y energética en entornos urbanos y periurbanos" y "reducir las incógnitas que puedan surgir y servir de base para la expansión de estas tecnologías a corto y medio plazo".

- Serán las ciudades las que propongan los proyectos para instalar la infraestructura necesaria que se valdrá principalmente de postes en aparcamientos públicos y calles, aunque se confiará en la carga dentro de los propios garajes.

- Los convenios con los municipios empezarán en abril, y las subvenciones en mayo.


El fracaso escolar, ¿cuestión de sexo?

El fracaso escolar, ¿cuestión de sexo?


El elevado descalabro educativo español (30,8%) es un asunto masculino - Las alumnas obtienen un rendimiento superior


"Tenemos un problema muy serio con los chicos", resume el profesor Antonio Matamala, tras descomponer, para el periodista, la fórmula en la que se sustenta nuestro modelo educativo: "Dos medidas de comprensión lectora, dos de atención en clase y dos de esfuerzo personal". A juicio de este pedagogo, director de Bachillerato del colegio Liceo Europeo de Madrid, el problema es que buena parte de los alumnos varones se muestran incapaces de cumplir con esas exigencias mínimas. Se mire como se mire: por cursos y ciclos académicos, por autonomías o redes de titularidad pública o privada, resulta ya innegable que las alumnas obtienen un rendimiento sustancialmente superior al de los chicos a lo largo de todo el sistema educativo. Es una noticia incómoda, incluso, excéntrica, pero tan persistente que ha acabado por romper el pudoroso corsé de la corrección política.

Reconozcámoslo abiertamente: el desastre del elevado fracaso educativo español (30,8% en 2006) y el abandono escolar temprano son un asunto esencialmente masculino. Sin la abultada contribución de los varones a ese descalabro, en el que la inmigración contribuye sólo en una porción mínima, las alumnas españolas no estarían muy por debajo de la media educativa de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), establecida en el Informe PISA. Y lo que tenemos, en la antesala de la sociedad del conocimiento, es que más del 36% de los muchachos y el 25% de las chicas salen del sistema escolar sin ni siquiera haber cubierto la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO); jóvenes con una formación académica mínima y ni oficio, ni beneficio. El objetivo comunitario de reducir el fracaso escolar al 15,5% en 2010 se ha convertido para España en una amarga quimera.

¿Vamos a un modelo de pareja común en la que el varón es manifiestamente más iletrado que la mujer? Porque en la educación, el sexo débil es claramente el masculino. "Hay chavalas con una capacidad impresionante; sacan unas notas excelentes, hacen montones de extraescolares: ballet, deporte, piano, militan en una ONG y encima, ayudan en su casa", se admira Matamala. Las chicas lo hacen ya mejor en los primeros años de escolarización y ese rendimiento diferencial superior se mantiene, con altibajos, a lo largo del recorrido educativo hasta desembocar en la Universidad. En los últimos años, el porcentaje de licenciaturas universitarias conseguido por las mujeres se sitúa en torno al 61%. Y eso, pese a que las chicas continúan estando más retrasadas en las asignaturas de matemáticas y física y que, por lo mismo, siguen mostrándose reticentes ante las carreras científico-técnicas. La directora del Instituto de la Mujer, Rosa Perís, achaca a razones culturales esa pobre representación femenina, cercana al 30%.

"Las carreras técnicas les dan miedo porque ellas son muy prácticas y buscan salidas profesionales más compatibles con el proyecto de fundar una familia, tener hijos...", explica, a su vez, el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio García Martínez. Según eso, el estancamiento en el número de catedráticas y de personal docente femenino universitario (36,1%) y la falta de correspondencia entre la superior formación de las mujeres y su lugar en el mercado laboral tiene que ver con su voluntad de procrear, una suerte de "mandato de género" que trunca, a menudo, trayectorias profesionales brillantes. La discusión está en si el denominado "techo de cristal" (expresión que designa los obstáculos supuestamente invisibles que impiden a las mujeres ocupar puestos de responsabilidad para los que están preparadas) depende sólo de factores culturales o influyen también elementos biológicos. En cualquier caso, la conciliación entre la vida laboral y familiar se revela como una necesidad urgente, puesto que ningún país -no, desde luego, España-, puede permitirse el lujo de prescindir de la riqueza potencial que conlleva la formación de las mujeres.

La variable de género ha sido poco utilizada en la investigación estadística oficial, aunque pocos directores de centros de enseñanza dudan, a estas alturas, de la significación de las diferencias entre el comportamiento educativo masculino y femenino. A falta de datos oficiales y sin pretensiones científicas mayores, algunos pedagogos han optado por confeccionar sus particulares estadísticas para poder calibrar el alcance del fenómeno, siquiera en el plano doméstico. La de Matamala, que cubre los cuatro cursos de la ESO y los dos de Bachillerato, muestra que en los seis ejercicios académicos el número de varones suspendidos en más de tres asignaturas superó siempre al de las chicas. Los propios estudios del Ministerio de Educación establecen que entre los estudiantes que acaban la ESO el porcentaje de varones repetidores (49%) dobla, prácticamente, al de las mujeres (26%).

Pero es que, además, los premios extraordinarios por rendimiento académico o esfuerzo personal pertenecen a las mujeres de forma tan abrumadora que, en algunos centros, se priman los méritos masculinos para evitar que los varones se sientan convidados de piedra en la fiesta. En la práctica, la "discriminación positiva" lleva tiempo ejerciéndose en determinadas universidades privadas que buscan asegurar un cierto equilibrio de matrículas masculinas y femeninas. "Sé de una universidad, cuyo nombre no diré, en el que las mujeres necesitan medio punto más de nota media para poder ser admitidas", indica un profesor. Aunque, por lo general, las diferencias se recortan en el Bachillerato -en la etapa en la que los asuntos amorosos ocupan buena parte del universo mental femenino y los chicos reaccionan con una mejor disposición para el estudio-, el retraso no termina nunca de enjugarse totalmente a efectos de la mayoría estadística. De hecho, el reparto más equitativo de los suspensos no permite recuperar todo lo perdido, ni deshacer la ventajosa posición que ocupan las mujeres en la franja de los sobresalientes y notables. El porcentaje de chicas que se gradúan en la enseñanza posobligatoria (Bachillerato, en la rama académica) supera en 12 puntos al de los hombres. El 58,25 % de los alumnos que se matricularon en la Universidad en 2007 fueron mujeres.

¿Qué está pasando para que este fenómeno, generalizado dentro del mundo desarrollado, se produzca en nuestro país de forma bastante más acusada? Aceptado que el nivel de inteligencia es igual entre los sexos y que la escuela tiene vocación igualitaria (a diferencia en, muchos casos, de la familia y del mercado de trabajo) las explicaciones se centran, sobre todo, en la más temprana maduración psíquica y física de las mujeres. "No se puede generalizar, pero a ciertas edades, las chicas son más espabiladas", sostiene Dolores Villalba, directora de un colegio público de Primaria en Vallecas (Madrid). "Maduran antes, son más constantes y estudiosas", apunta, a su vez, Juan José Nieto, director de un instituto de Secundaria.

Encuestas llevadas a cabo en una serie de institutos muestran que en la ESO y el Bachillerato los chicos estudian una media de tres horas semanales, mientras que las chicas dedican a esa tarea alrededor de ocho. A la vista de estos datos, está claro que demasiados niños pasan demasiado tiempo con los videojuegos y matan las horas ante el televisor en lugar de hacer sus deberes y también que las chicas trabajan y se esfuerzan más. "Ellas son más aplicadas porque también son más conscientes de la importancia de la educación. Hay que tener en cuenta que en los niveles de formación bajo la tasa de paro femenino es muy superior", subraya la directora del Instituto de la Mujer. También se implican más en la clase. "De ocho manos que se levantan para formular una pregunta académica, siete son chicas", comenta Matamala.

Y eso, por no hablar del comportamiento masculino en esas edades en las que la testosterona desbocada causa estragos. Los estudios del colegio Montessori y la experiencia de otros centros muestran que más del 80% de los alumnos conflictivos suelen ser chicos. Ellos acaparan los partes de incidencia y las expulsiones, protagonizan la gran mayoría de los actos de indisciplina y las agresiones. En contraste con esa característica física, algunos pedagogos detectan entre las chicas una "agresividad psicológica alta" de efecto igualmente pernicioso. La expresión "son un horror", referida a los niños, más indisciplinados, desordenados, inconstantes, se escucha, sobre todo, en Primaria de boca de un profesorado abrumadoramente femenino. De ahí, que, especialistas como el propio Matamala, propugnen reequilibrar la composición por sexos del profesorado. "Hay profesoras que como no logran entender los comportamientos de los niños varones corren el riesgo de incurrir en falta de empatía", señala.

Lo que parece claro es que el dominio temprano de la lectura y la escritura -de acuerdo con una serie de informes, en estas materias, las mujeres llegan a acumular una ventaja de hasta año y medio-, contribuye poderosamente al mejor rendimiento continuado. Según el Informe PISA 2006, las alumnas españolas aventajan en 35 puntos a los chicos en el área de escritura, lengua y comprensión lectora, frente a los nueve puntos de retraso que arrastran en matemáticas.

"Nuestro sistema educativo está en crisis, sobre todo, porque aplicamos la misma metodología a chicos y chicas sin tener en cuenta sus notables diferencias biológicas, el dimorfismo cerebral que explica sus distintos comportamientos", sostiene la profesora de derecho administrativo de la Universidad Carlos III, de Madrid, María Calvo Charro, autora de numerosos trabajos sobre la educación. A su juicio, "las chicas se adaptan mejor al sistema gracias a su precocidad en el habla y la escritura, mientras que los chicos adquieren mayor facilidad para el pensamiento lógico matemático y el razonamiento abstracto".

Madre de dos chicas y dos chicos y presidenta en España de la Asociación Europea para la Educación Diferenciada, Calvo Charro sostiene que la educación mixta de aplicación metodológica común ha dejado de tener sentido, a la luz de la experiencia y de los actuales conocimientos científicos.

"Hay múltiples y crecientes ejemplos en Estados Unidos, Australia y Europa que demuestran", subraya, "que aplicar a los chicos y chicas metodologías y ritmos diferentes contribuye a mejorar sus rendimientos escolares. En la educación diferenciada o especializada por sexos como le llamamos, las muchachas están más centradas y tranquilas, menos pendientes de los chicos". Asegura que ellas mejoran en matemáticas y física y los chavales, que, a su juicio, precisan un ambiente más competitivo y disciplinado, progresan en lenguaje. "Veo ventajas y ningún inconveniente. No es una cosa de la derechona, no se trata de volver a segregar a los sexos; es una cuestión de eficacia, chicos y chicas pueden seguir conviviendo en la escuela y compartiendo otras clases", aclara.

Pese a todo, su propuesta escandaliza a buena parte de la comunidad educativa. "La coeducación es, en sí misma, un valor que facilita la convivencia en igualdad. Hay que tener en cuenta que la educación no es solo la transmisión de conocimientos", destaca Carmen Vieites, de UGT y promotora del proyecto Sindicadas. Educando en Igualdad. "No creo que separar a los alumnos por sexo resuelva las cosas", comenta Ana María Savaté, directora de la Oficina de Igualdad de Género de la Complutense de Madrid. Tampoco a Matamala le parece una buena idea. Al igual que otros especialistas, opina que los políticos, los padres y el conjunto de la sociedad debe tomarse en serio que la educación es una tarea de todos y que hay que combatir el modelo de sociedad consumista que alimenta el deseo y, por lo mismo, la frustración.

Piensa que los palos que bloquean la rueda del sistema educativo son también el bombardeo televisivo de la violencia, el abandono de valores como el esfuerzo y el machismo todavía latente en tantos hogares españoles. La pregunta sigue siendo: "¿Qué hacer?". Pero la única respuesta unánime es que habrá que hacer lo imposible para reducir la calamidad del desastre escolar -esa grieta de género-, y para que nuestro país no pierda pie en el camino hacia la sociedad del conocimiento.

José Luis Barbería en El País.

Hace poco yo ayudaba. Hoy te necesito

Hace poco yo ayudaba. Hoy te necesito

Cuestación de Semana Santa. Pedimos un día, ayudamos 365.

Durante la Semana Santa el Refugio realiza su tradicional cuestación que cubre un porcentaje elevado del presupuesto anual de esta Institución. El lema elegido este año, "Hace poco yo ayudaba. Hoy te necesito.", refleja que nadie está exento de sufrir la exclusión social en el momento de crisis global que atraviesa la sociedad, principal conclusión que se desprende de la Memoria de 2008 del Refugio. La cara de un transeúnte zaragozano servirá para ilustrar la campaña gráfica y, además, pondrá rostro a todos los "sin techo" que en estos momentos sufren la exclusión social.

En la cuestación colaboran las parroquias de Zaragoza en cuyos atrios se instalan mesas petitorias para recoger los donativos de los fieles y cuenta, además, con la colaboración desinteresada de la práctica totalidad de los medios de comunicación aragoneses.

La recaudación


El dinero recaudado se distribuirá entre los proyectos en los que trabaja esta Institución: el Área Infantil que presta atención fisiológica y dietética a niños a través de los servicios de la Gota de Leche (entrega de alimentos infantiles, pediatría y guardería); el Área de Transeúntes cuyo objetivo es la reinserción de estas personas, victimas de la exclusión social, a través de los servicios de estancias (alojamiento y manutención), consultorio medico, entrega de alimentos y Reinser (empresa de reinserción laboral) y por último la Casa de Acogida de San José un nuevo centro que acoge a menores de edad inmigrantes.

Haz tu donación en las mesas parroquiales o tu ingreso en la cuenta de la CAI: 2086 0000 26 0700855431.

La Hermandad del Refugio de Zaragoza es una Entidad Benéfico-Privada, sin ánimo de lucro, que desarrolla diversas obras sociales.

La atención de las mismas es llevada a cabo por la Comunidad de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, con 9 hermanas, la plantilla de trabajadores de la Hermandad y el Voluntariado.