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El SIDA en 2006

El SIDA en 2006

La OMS alerta de un aumento de los casos de sida en Europa del este y Asia

El informe anual ONUSIDA revela que cerca de 40 millones de personas viven con el virus en todo el mundo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de que la epidemia de sida continúa creciendo y ya hay 39,5 millones de infectados en todo el mundo. Además, alerta de un elevado crecimiento de casos en Europa del este y Asia, donde el número de infectados se ha multiplicado por 20 en los últimos 10 años.

Son datos del último informe sobre el sida en el mundo, Situación de la epidemia de SIDA 2006, del ONUSIDA/OMS. Según dicho informe, actualmente viven con el VIH alrededor de 39,5 millones de personas en el mundo. En 2006 se produjeron 4,3 millones de nuevas infecciones, de las cuales 2,8 millones (el 65%) corresponden al África subsahariana. Un total de 2,9 millones de personas han fallecido como consecuencia de enfermedades relacionadas con el sida en 2006. Según el director ejecutivo del ONUSIDA, Peter Piot, estos datos son "preocupantes", por la inversión de la buena tendencia. "Esto significa que los países no están actuando al mismo ritmo de sus epidemias", ha dicho, pidiendo “intensificar drásticamente la acción”.

Uno de los datos más llamativos del informe es el gran crecimiento de la enfermedad en Europa del este, especialmente Rusia y Ucraia, y Asia central, donde se observan algunos indicios de que las tasas de infección han crecido en más del 50% desde 2004. Según estos datos, 1,7 millones de personas viven actualmente con el virus en estas regiones, 20 veces más que hace 10 años. Un total de 270.000 personas se han contagiado en 2006, con 84.000 muertes, y sólo un 13% de los enfermos tiene acceso a tratamientos con retrovirales.

También alerta el informe de que existen "indicios preocupantes" de que en algunos países que tenían tasas de infección por VIH estables o en retroceso han vuelto a aumentar. En este sentido, destaca la importancia de sostener o adaptar los programas de prevención a la evolución de la enfermedad, ya que donde no se ha hecho, las tasas se mantienen estables o vuelven a subir, como es el caso de América del Norte y Europa occidental, donde el número de nuevas infecciones se ha mantenido invariable. Y en algunos países, como Uganda, donde se habían logrado reducir las nuevas infecciones, se ha frenado el descenso o han aumentado. Así, tan sólo en unos pocos países de ingresos bajos y medianos se han reducido verdaderamente las nuevas infecciones.

Desde el lado positivo, el informe reconoce que se observan descensos en las tasas de infección en algunos países, así como tendencias positivas en el comportamiento sexual de los jóvenes en zonas de especial riesgo, con un mayor uso del preservativo, un aplazamiento del inicio sexual y un descenso de la promiscuidad. Es el caso de países como Botswana, Burundi, Costa de Marfil, Kenia, Malawi, Ruanda, Tanzania y Zimbabue.

Onusida

Patentes contra pacientes

Patentes contra pacientes

Farmacéuticas y países ricos impiden el acceso a medicamentos que podrían salvar millones de vidas

Cinco años después de su aprobación, la Declaración de Doha que permite a países en desarrollo acceder a genéricos para garantizar su salud pública, sigue sin poder aplicarse


El 14 de noviembre de 2001 los líderes mundiales firmaron la Declaración de Doha, que anteponía la salud de las personas a los beneficios económicos. Cinco años después, a las personas más pobres de los países en desarrollo todavía se les niega el acceso a medicamentos baratos que pueden salvar sus vidas.

El documento "Patentes contra pacientes: Cinco años después de la Declaración de Doha", hecho público hoy por Oxfam Internacional, Intermón Oxfam en España, afirma que los países ricos hacen muy poco, o nada, para cumplir sus obligaciones. En algunos casos, debilitan de forma consciente el alcance de este acuerdo.

En la declaración se afirma que los países en desarrollo pueden anteponer las garantías de salud pública a las reglas de propiedad intelectual de la Organización Mundial del Comercio (conocidas como ADPIC) con el fin de asegurar el acceso a medicamentos genéricos más baratos. Estas medicinas representan la forma más eficaz para mantener unos precios asequibles, asegura el informe.

"Los países ricos han traicionado el espíritu de la Declaración de Doha –afirma Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam–. La declaración contempla las medidas adecuadas, pero exige voluntad política para ponerlas en marcha. Y los países ricos no la tienen. Vamos hacia atrás, y hay gente que sufre y muere innecesariamente".

Desde 2001 la situación ha empeorado para las personas enfermas en los países en desarrollo:

+ Más de 4 millones de personas se contagiaron de SIDA en 2005.

+ El cáncer, considerado como un "problema de ricos", está aumentando en la población de los países en desarrollo a un ritmo que hace prever que se duplique el número de enfermos en el año 2020, un 60% de los cuales vivirán en países en desarrollo.

+ El número de enfermos de diabetes ha crecido de 30 a 230 millones de personas en los últimos 20 años, la mayor parte de los cuáles vive en los países pobres.


La Organización Mundial de la Salud asegura que el 74% de las medicinas para combatir el SIDA están controladas por monopolios, que el 77% de los africanos no tienen acceso a un tratamiento y que el 30% de la población mundial sigue sin recibir medicamentos de forma regular.

Hay muchas razones que explican esta situación, pero la más importante es que los países ricos, especialmente Estados Unidos, acosan a los países en desarrollo para que acepten reglas más estrictas sobre propiedad intelectual, que permitan a las empresas farmacéuticas preservar sus monopolios. Esto reduce la competencia de los medicamentos genéricos y mantiene los precios muy altos.

"Las estadísticas mundiales de salud son desoladoras, y aún así Estados Unidos continúa negociando acuerdos comerciales con reglas cada vez más duras que limitan a los países el uso de las garantías sanitarias. De ser aplicados, estos acuerdos obligarán a Colombia a pagar 940 millones de dólares más cada año hasta el 2020 para cubrir los costes de sus medicinas, lo que afectará a seis millones de pacientes. Algo similar ocurrirá en Perú, donde los precios de los medicamentos pueden incrementarse un 100% en 10 años y un 162% en 18 años", afirma Gonzalo Fanjul, responsable de investigación de Intermón Oxfam

Otros países ricos, especialmente los de la Unión Europea, se han mostrado pasivos ante la estrategia de los EEUU. Las compañías farmacéuticas han ido incluso más allá, desafiando directamente a países como India y Filipinas que han tratado de utilizar las garantías sanitarias que contempla la regulación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Responsabilidad de las farmacéuticas

En 2005, varias asociaciones de enfermos de cáncer en India utilizaron las leyes nacionales de propiedad intelectual para frenar el intento de la compañía suiza Novartis de patentar su anticancerígeno Glivec. Está acción permitió a las empresas indias seguir produciendo un medicamento genérico que cuesta 2.700 dólares por paciente y año, frente a la versión de Novartis que ronda los 27.000 dólares por paciente y año.

Sin embargo, Novartis ha apelado recientemente la decisión de los tribunales, desafiando el derecho de India a interpretar los acuerdos ADPIC para proteger su salud pública. Si Novartis triunfa en su empeño, podría poner en peligro la industria de genéricos de aquel país. India es el mayor exportador de medicamentos genéricos del mundo, un 67% de los cuales los vende a países en vías de desarrollo.

"Novartis ha asegurado a Oxfam Internacional que no existe mercado para Glivec en India y que si ha desafiado a las autoridades es para que el país alinee sus leyes de propiedad intelectual con los ADPIC. Sin embargo, India sólo quiere usar una flexibilidad reconocida por el ADPIC y Novartis trata de impedir el ejercicio de ese derecho", dice Fanjul.

Mientras, en Filipinas, el gobierno ha hecho análisis y ha aprobado una versión genérica de Novarsc, un medicamento para el corazón que en estos momentos está patentado por la compañía estadounidense Pfizer. Las autoridades quieren asegurar una versión barata de Novarsc, que cueste un 90% menos, y que esté en el mercado en cuanto termine la patente, que expira en junio de 2007.

Oxfam Internacional considera que la acción del Gobierno es congruente con las reglas ADPIC y con las leyes de propiedad intelectual filipinas. Sin embargo, Pfizer ha demandado al Gobierno de este país. Si gana, limitará la capacidad gubernamental de acceder a medicinas más baratas y de aplicar las garantías ADPIC.

"Los países en desarrollo tienen la obligación de utilizar todas las medidas que protejan su salud pública, pero cuando tratan de hacerlo se enfrentan a una gran presión", afirma Fanjul.

Para que la Declaración de Doha funcione, Oxfam pide:

* Que la OMC revise el impacto del ADPIC para asegurar que todos los países pueden proteger sus sistemas públicos de salud.

* Que EEUU deje de presionar a los países pobres para que adopten criterios más estrictos sobre propiedad intelectual, especialmente en las negociaciones de acuerdos de libre comercio.

* Que la UE no busque medidas ADPIC-plus dentro de los Acuerdos de Asociación Económica y que dé espacio político a los países para aplicar las flexibilidades reconocidas por el ADPIC.

* Que los países ricos den apoyo político y técnico a los países en desarrollo para usar las garantías ADPIC y asegurar el acceso a medicamentos baratos.

* Que los países en desarrollo implementen las garantías sanitarias.

* Que se ponga fin a las demandas presentadas por Novartis y Pfizer contra los países en desarrollo.

"Los países ricos deben cumplir sus compromisos y dejar de socavar la Declaración de Doha con acciones que únicamente les benefician a ellos. Ahora, más que nunca, necesitamos un sistema comercial global que anteponga la salud a los beneficios económicos y que asegure medicamentos baratos para todos", concluye Fanjul.

Comercio con Justicia

Resolución a favor del Tratado sobre Comercio de Armas

Resolución a favor del Tratado sobre Comercio de Armas

Una aplastante mayoría de países vota a favor de poner en marcha un Tratado Internacional sobre el Comercio de Armas

Campaña Armas bajo Control: Oxfam Internacional (Intermón Oxfam en España), Amnistía Internacional y la Red Internacional de Acción contra las Armas Ligeras (IANSA)

Nueva York/Madrid.- Anoche en Naciones Unidas la mayoría de los gobiernos del mundo dieron el primer paso hacia un Tratado global sobre el Comercio de Armas que impida las transferencias internacionales de armas que alimentan los conflictos, la pobreza y graves violaciones de los derechos humanos. La votación se ha producido tres años después del lanzamiento de la campaña Armas bajo Control. Más de un millón de personas en 170 países han estado reclamando este Tratado.

La votación en el Primer Comité de la Asamblea General de Naciones Unidas ha sido la primera ocasión en que los gobiernos han votado sobre una propuesta para elaborar un Tratado sobre el Comercio de Armas, y el apoyo ha sido aplastante: 139 han votado sí, y sólo EEUU ha votado en contra. El respaldo ha sido especialmente fuerte en Europa, África y Latinoamérica.

Los trabajos sobre el Tratado comenzarán a principios de 2007 cuando el nuevo Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, empiece a recabar los puntos de vista de los Estados miembros de la ONU para establecer los principios básicos del Tratado.

La resolución que pone en marcha la elaboración del Tratado ha sido copatrocinada por 116 gobiernos, una cifra enorme para una iniciativa tan importante como ésta. Además, 15 galardonados con el Premio Nobel de la Paz han apoyado esta semana el llamamiento a favor del Tratado sobre el Comercio de Armas en una declaración pública de la Fundación Arias y la campaña Armas bajo Control, impulsada en España por Amnistía Internacional e Intermón Oxfam.

“El enorme apoyo en esta votación para elaborar un Tratado global sobre el comercio de Armas es una oportunidad histórica para que los gobiernos aborden el azote de las trasferencias de armas irresponsables e inmorales. Cualquier tratado creíble deberá ilegalizar estas transferencias, que alimentan los asesinatos sistemáticos, las violaciones, las torturas y la expulsión de miles de personas de sus hogares”, explica Kate Gilmore, vicesecretaria general ejecutiva de Amnistía Internacional.

“Los gobiernos del mundo han votado para poner fin al escándalo del descontrol en el comercio de armas. Desde que comenzara la campaña Armas bajo Control hace tres años, se estima que un millón de personas han sido asesinadas con armas convencionales. En respuesta a esto, más de un millón de personas en más de 170 países han pedido un Tratado sobre el Comercio de Armas. Los gobiernos han respondido a esta petición”, dice Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam.

“Hemos recorrido un largo camino desde que lanzamos la campaña Armas bajo Control hace tres años. Entonces, la posibilidad de que se negociara un tratado sobre el comercio de armas en Naciones Unidas se veía, como mucho, como un ideal. Pero ahora somos parte de la mayoría. Esta victoria debe convertirse en un Tratado sobre el Comercio de Armas fuerte y eficaz, basado en los compromisos adquiridos por los gobiernos en virtud del derecho internacional”, explico Rebecca Peters, directora de IANSA.

El proceso
La resolución pide al Secretario General que recoja los puntos de vista de los Estados miembros de la ONU sobre la viabilidad, el alcance y los parámetros de un instrumento legal integral legalmente vinculante que establezca estándares internacionales comunes para la exportación, importación y transferencia de armas convencionales, y que remita un informe a la Asamblea General a finales de 2007. A esto le seguirá en 2008 el establecimiento por parte del Secretario General de un grupo de expertos gubernamentales de todo el mundo que examinará los contenidos más en detalle e informará a la Asamblea General de la ONU.

Sobre la campaña
La idea de establecer normas globalmente vinculantes sobre las transferencias de armas arrancó en 1995 por iniciativa de un grupo de galardonados con el Premio Nobel de la Paz, entre ellos Amnistía Internacional y el actual presidente de Costa Rica, Oscar Arias. Amnistía Internacional, Oxfam Internacional (Intermón Oxfam en España) y la red de ONG IANSA lanzaron la campaña Armas bajo Control en 2003, que hasta ahora tiene el apoyo en todo el mundo de más un millón de personas.

ArmasbajoControl

Horarios

Horarios


Se ha hablado mucho durante los últimos años de la necesidad de «racionalizar los hábitos de los españoles». Las prospecciones demoscópicas aseguran que somos, entre todos los europeos, los menos eficientes de Europa, pero también quienes más alargan la jornada laboral. Inevitablemente, esta prolongación de la jornada hasta horas lindantes con la noche provoca a su vez un deterioro de las relaciones familiares, así como una extensión desesperada, casi agónica del ocio hacia la madrugada. Un análisis de los hábitos de consumo televisivo de los españoles nos revela que somos, entre todos los europeos, quienes más apego sentimos hacia la programación nocturna; puesto que el inicio de la jornada laboral española es aproximadamente el mismo que en otros países europeos, hemos de deducir que somos quienes más cansados llegamos a la oficina o al andamio. Este cansancio enseguida se traduce en las más variopintas calamidades: la más aflictiva de todas quizá sea el muy elevado número de accidentes laborales que se registran en nuestro país, muy superior al de otros países de nuestro entorno.

El panorama no puede ser más desolador: cansancio y somnolencia con su cortejo de trastornos psíquicos y alteraciones de la conducta, descenso de la productividad, aumento de la siniestralidad laboral, mala administración del ocio, depauperación de los afectos familiares… ¿Hace falta seguir? Cuando se proponen soluciones que traten de menguar estas calamidades, siempre se invoca la peculiaridad hispánica, esa presunta idiosincrasia jaranera que nos obliga a convertir nuestros almuerzos en festines pantagruélicos que nos dejan hechos unos zorros. También suele alegarse que el español propende a la vida nocturna, por temperamento y también por incitación del clima. Creo que en esta caracterización un tanto tópica del español subsiste un cetrino afán de pintoresquismo. Aquel Spain is different que llegó a convertirse en proclama turística y coartada de nuestras más cochambrosas vagancias y chapucerías ha encontrado una nueva fórmula de expresión: si renunciáramos a nuestras comidas siempre tardías y alargadas hasta la exasperación y nos recogiéramos antes de la medianoche dejaríamos de ser españoles. Nada más alejado de la realidad. Basta volver la vista atrás y recordar los hábitos de nuestros abuelos: comían y cenaban antes que nosotros, se acostaban a horas mucho más benignas, y no por ello se les puso cara de finlandeses o suizos.

Es cierto que algunos hábitos extendidos por los países europeos más laboriosos postulan una existencia casi infrahumana. Los holandeses, por ejemplo, convierten el almuerzo en un receso laboral de apenas media hora: mordisquean un sándwich de aspecto palúdico (¡a veces acompañado de un vaso de leche!) y enseguida vuelven al tajo, como ejecutantes de una condena más acongojante que la de Sísifo. Pero ahí están, por ejemplo, los franceses, a quienes nadie podrá acusar de descuidar los placeres que hacen más llevadera la existencia, ni de renegar de las satisfacciones que brinda el paladar. Sin embargo, el tiempo que destinan al almuerzo es casi una hora menos que el que empleamos los prolijos españoles. De este modo, al no extraviarse en farragosas sobremesas, pueden regresar antes a casa.

Quizá sea la hora tardía de regreso a casa la que esté causando un mayor daño en nuestra salud social. Esos padres que vuelven derrengados al hogar a las ocho o las nueve de la tarde, después de una jornada que se ha estirado durante más de doce horas, ya no tienen tiempo ni ganas de dedicar tiempo a unos hijos que crecen expuestos al adoctrinamiento televisivo. Acabamos de saber que tres de cada cuatro profesores de enseñanza secundaria han padecido agresiones físicas o verbales de sus alumnos; creo que estos comportamientos los explica, en una proporción nada exigua, el derrumbe de las estructuras educativas familiares ocasionado por unos horarios laborales que convierten el trato entre padres e hijos en una labor ímproba, casi irrealizable.

Mi amigo Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios, lleva algún tiempo empeñado en corregir estos hábitos tan perniciosos como estrafalarios. Ha logrado implicar en su empeño a instituciones, medios de comunicación, organismos públicos y empresariales; ya sólo le falta implicar también a los españoles, empeñados en suicidarse poquito a poco.

Juan Manuel de Prada

Control para las armas convencionales

Control para las armas convencionales


Por Mary Robinson
Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales
ABC. Opinión

¿RECUERDAN la emoción que sentimos cuando hace casi diez años se firmó en Otawa (Canadá) el tratado que prohibió las minas antipersona? Lo que comenzó como una campaña pequeña de las organizaciones sociales consiguió en aquel momento un acuerdo internacional legalmente vinculante para desterrar del planeta el azote de esos artefactos. En este mes de octubre tenemos una oportunidad similar de abordar los horribles excesos del comercio de armas porque, en los próximos días, Naciones Unidas votará una resolución para empezar a trabajar en un tratado sobre esta materia. Esto ocurre exactamente diez años después de que se le pidiera que votara una resolución para apoyar la prohibición de las minas antipersona.

Es imprescindible que los gobiernos apoyen esta resolución y exijan que el Tratado sobre el Comercio de Armas gire en torno a los derechos humanos. Las armas biológicas, químicas y nucleares han estado controladas por medio de tratados internacionales durante décadas, pero no hay aún ningún tratado integral y legalmente vinculante que regule las ventas de armas convencionales, entre las que se incluyen desde los AK-47 hasta los aviones de combate. Las minas antipersona son una de las pocas armas convencionales que están efectivamente controladas. Todo esto ocurre, a pesar de que se estima que sólo una parte de las armas convencionales, las armas pequeñas, matan cada día a 1.000 personas, la mayoría de ellas civiles.

He visto por mí misma lo fácilmente disponibles que están estas armas en demasiadas zonas en conflicto, y cómo contribuyen a que se cometan graves violaciones de los derechos humanos. En Ruanda, armas pequeñas como el AK-47 contribuyeron a las dimensiones del genocidio. Durante la guerra civil en Sierra Leona estaba claro que la proliferación de armas trajo consigo una epidemia de violaciones de mujeres y mutilaciones a punta de pistola. En Timor Oriental, en 1999, el acceso de los grupos armados a las armas les permitió aterrorizar a la población, y cuando ganó el sí, en el referéndum de independencia, en agosto de ese año, también les permitió matar.

Ha llegado, pues, la hora de un Tratado sobre Comercio de Armas. Su proliferación descontrolada está destrozando vidas, comunidades y las oportunidades de muchas personas en todo el mundo, y el problema no hace más que empeorar. En los cinco años que han transcurrido desde el 11 de septiembre de 2001, en nombre de la llamada «guerra contra el terrorismo» se han suministrado un creciente número de armas a países con un pobre historial en derechos humanos.

La resolución del Tratado sobre el Comercio de Armas ha sido presentada por los gobiernos de Argentina, Australia, Costa Rica, Finlandia, Japón, Kenia y el Reino Unido. Al hacerlo han dado un paso adelante muy valiente, que debería ser reconocido. Sin embargo, es esencial que el texto final de la resolución contenga referencias a las leyes internacionales sobre derechos humanos. Esto no es un mero matiz legalista: los derechos humanos deben ser la espina dorsal del tratado si se quiere prevenir que las armas caigan en manos de quienes los violan. Sólo de esta forma será efectivo a la hora de salvar vidas.

La campaña en favor del Tratado sobre el Comercio de Armas cuenta con el apoyo de 20 galardonados con el Premio Nobel de la Paz y con organizaciones como Oxfam Internacional, Amnistía Internacional y la Red Internacional de Acción sobre las Armas Ligeras (IANSA). El tratado que piden estos grupos estaría basado en un principio muy simple: no hay armas para los que violan el derecho internacional. Un tratado así prohibiría a los gobiernos vender armas cuando hay un riesgo claro de que éstas se usen para alimentar conflictos, dificultar el desarrollo de los países o violar los derechos humanos.

Hay quien afirma que un tratado sobre comercio de armas no funcionaría jamás, que los mayores productores de armas en el mundo no lo firmarían y que, si lo hicieran, tampoco habría mucha diferencia. La experiencia que tenemos con el tratado sobre minas antipersona es contraria a este argumento. Varias de las mayores potencias militares del mundo no han ratificado aún el Tratado de Otawa. Sin embargo, se han salvado miles de vidas en la última década; y, tan importante como esto, ha cambiado el comportamiento de todos los gobiernos, porque muy pocos países se atreven ahora a comerciar abiertamente con minas antipersona, como hacían antes de que el tratado entrara en vigor.

Se estima que el conflicto en la República Democrática del Congo ha matado a más de tres millones de personas desde 1998. En este país, Naciones Unidas realiza habitualmente operaciones de recogida de armas, en las que se encuentran piezas fabricadas en países de los cinco continentes. Armas hechas en Bélgica, China, Egipto, Alemania, Francia, Rusia y EE.UU. se encuentran en manos de los grupos rebeldes.

El comercio incontrolado de armas es un problema global. Todos los gobiernos que fabrican, venden o transfieren armas participan en él. Puede que estos gobiernos no vean la destrucción que estas ventas de armas causan, pero nosotros no podemos mirar hacia otro lado. La población civil de las áreas en conflicto -particularmente las mujeres y los niños- claman por una solución conjunta a este problema global.

Mary Robinson
Ex Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, es presidenta honorífica de Oxfam Internacional. Ha sido galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2006.

Más hechos, menos palabras


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Rebélate contra la pobreza

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50 años de Intermón Oxfam

50 años de Intermón Oxfam

El análisis de Intermón Oxfam sobre 50 años de desarrollo alerta del desequilibrio entre las regiones del mundo

La ONG organiza en Madrid una conferencia internacional sobre la lucha contra la pobreza

Durante los últimos cincuenta años, la pobreza y la desigualdad se han reducido a escala global, pero sus efectos se han concentrado en algunas regiones como la africana. Esta es una de las principales conclusiones que se desprende del avance del informe La realidad de la Ayuda 2006-2007, en el que Intermón Oxfam analiza los logros, los fallos y las carencias de la cooperación internacional durante el último medio siglo. El capítulo del informe se ha presentado en el contexto de las jornadas 50 años de lucha contra la pobreza y la injusticia, que Intermón Oxfam celebra el 9 y 10 de octubre en Madrid para reflexionar sobre el pasado y el futuro de la cooperación internacional.

Mientras que el número de personas pobres en los países en desarrollo ha disminuido en los últimos cincuenta años, en África subsahariana la cifra ha incrementado en torno a 140 millones de personas, hasta el punto de que la pobreza extrema ha pasado a ser un problema crecientemente limitado a las economías del continente africano. La tasa de pobreza en esta zona apenas ha variado desde los años 80 y en 2002 alcanzaba ya al 44 % de su población.

Desequilibrios regionales
El rápido crecimiento de China e India durante los dos últimos decenios ha permitido al mundo en desarrollo estrechar la brecha con los países más ricos. Sin embargo, crece la brecha que existe entre regiones del mundo. El 20% de población más rica dispone de tres cuartas partes de los ingresos mundiales, mientras que el 20% más pobre, sólo recibe el 1,5%.

Este 20% de población más pobre del mundo lo componen en su gran mayoría los habitantes de los países subsaharianos. Tras el despegue de las economías asiáticas, la presencia de África en el porcentaje de población mundial más desfavorecida se ha doblado desde 1980. Mali y Níger, dos de los países de los que proceden gran número de inmigrantes que intentan llegar a Europa, están entre los 5 países más pobres del mundo.

Emergencias alimentarias
El número de emergencias alimentarias en el África subsahariana se ha triplicado en los últimos 20 años, pasando de poco más de cinco emergencias anuales a mediados de la década de los 80, a las más de 20 que se producen en la actualidad. Entre los factores causantes de esta aceleración se cuentan los conflictos armados, la pobreza, la falta de inversión en el desarrollo agrícola, la rápida propagación del SIDA, el cambio climático, la corrupción política y las reglas comerciales injustas.

A causa de todos estos factores en estos últimos años el índice de Desarrollo Humano (IDH), que contempla no sólo criterios económicos sino también sociales, ha registrado mejoras significativas en todas las regiones del mundo excepto en África.


Hambre crónica
La malnutrición es especialmente preocupante en los niños menores de 5 años. Según datos de Naciones Unidas, más de 150 millones de niños menores de 5 años tiene un peso inferior al normal. En África subsahariana, el número de niños por debajo del peso aumentó de 29 a 37 millones entre 1990 y 2003. De ahí también que la tasa de mortalidad infantil, que ha remitido en general en el mundo, se mantenga muy alta en la región (100 por cada 1.000 nacidos vivos). La mayor parte de los niños muere además por causas evitables.


Paro creciente
El informe de Intermón Oxfam constata que tener un empleo ya no es un seguro contra la pobreza. La precariedad e inseguridad laboral existentes influyen directamente en las condiciones de vida de los trabajadores acentuando la situación de pobreza en la que vive la mayoría de la población empleada en los países en desarrollo. En el 2005 la población empleada pobre, es decir aquella cuyos ingresos son inferiores a 2 dólares al día, suponía el 48,4% del total de la población mundial empleada. En África subsahariana el porcentaje se dispara hasta el 87%.

Aproximadamente el 90% de la población joven desempleada vive en países en desarrollo. En África del norte el porcentaje de paro juvenil alcanza el 29,4%, y en África subsahariana el 21,1% con el agravante de llevar una tendencia al alza. Según las estimaciones durante los próximos años uno de cada tres jóvenes de África subsahariana estará en paro.


Más negocio, menos ingresos
Dentro del capítulo comercial el estudio detecta una paradoja preocupante: los países en desarrollo han aumentado su volumen de exportación pero ganan menos por culpa de las relaciones desiguales de intercambio, es decir el precio de las exportaciones comparado con el de las importaciones. Desde la década de los 80 el precio del café ha caído cerca del 70%, un producto del que dependen 25 millones de familias en algunos de los países más pobres del mundo. Según las Naciones Unidas, las relaciones de intercambio para las exportaciones de materias primas de África fueron una quinta parte más bajas a finales de los años 90 que a principios de los 70.
Sin este deterioro de las reglas comerciales, la cuota de África en los mercados mundiales de exportación habría sido el doble de la que es hoy, que apenas alcanza el 2% del total del comercio mundial. Por otra parte, gran parte de la ayuda oficial al desarrollo que reciben se dedica a pagar los intereses de la deuda externa. Zambia, por ejemplo, el país con el nivel más alto de infecciones de SIDA en el mundo, gasta más de 2 dólares en pagar su deuda por cada dólar que destina al sector salud.


SIDA y otras enfermedades
El SIDA no es una enfermedad más sino una pandemia en partes de África subsahariana. De hecho, el 70% del total de afectados en el mundo son africanos, y en concreto en la zona subsahariana el impacto se ha multiplicado por tres entre 1990 y 2004. Más de la mitad de las personas infectadas son mujeres jóvenes, con edades comprendidas entre los 15 y los 49 años.
También se ha propagado de manera preocupante la tuberculosis (363 casos por 100.000 habitantes), que se consideraba erradicada. Su propagación se debe en parte a la aparición de cepas resistentes a los medicamentos y también por la vulnerabilidad ante la enfermedad que comporta el SIDA. Por último el paludismo (o malaria) es endémico puesto que el 90% de muertes anuales se registran en el África subsahariana: más de 2.000 niños mueren al día de paludismo y los que sobreviven sufren secuelas, como episodios de fiebre y anemia, que perjudican su desarrollo mental y físico.


Perspectivas de futuro
Las cifras actuales arrojan unas perspectivas alarmantes respecto al desarrollo de África subsahariana. El SIDA y el cambio climático están dejando al territorio sin los recursos humanos y naturales necesarios para la producción de alimentos. Si se continúa al ritmo actual, no se cumplirá en África el compromiso de los gobiernos de reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre en el 2015, tal como se acordó con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. De hecho se estima que la desertificación y el incremento de la temperatura media del planeta harán que entre 55 y 66 millones más de africanos pasen hambre en 2080.
Desde la perspectiva de Intermón Oxfam la crisis africana se explica en parte por cómo se ha tratado la problemática: atacando los síntomas pero no las causas. Durante estos años se han abordado las sucesivas crisis ofreciendo ayuda de emergencia y alimentaria, instrumentos que aportan soluciones puntuales pero no a largo plazo. A la par que el gasto en ayuda humanitaria se incrementaba considerablemente, cayó un 43 por ciento la ayuda para producción agrícola en África subsahariana entre 1992 y 2002. Erradicar la pobreza en África es un imperativo ético pero también una necesidad económica para evitar que la situación se convierta en un “bumerán” con consecuencias nefastas también para Europa.
Intermón Oxfam ha extraído de estos cincuenta años de cooperación otras lecciones que alimentan la esperanza. Se ha demostrado que es posible salir de la pobreza y que el hambre no es un mal inevitable. Para vencerlo no sólo hay que centrarse en la producción estable de alimentos, sino en la capacidad para acceder a ellos de forma diferentes, lo que incluye apoyarse en la producción propia, así como en el comercio y las inversiones como fuente de ingresos, conocimientos y tecnología. Estos elementos, junto con la existencia de instituciones sólidas y estados participativos, han estado en el origen de las experiencias más exitosas de las últimas décadas.


Soluciones
África ha sido durante años un continente olvidado, a pesar de la situación de extrema pobreza en la que viven 300 millones de africanos. Es necesario hacer frente a esta indiferencia de manera inmediata, y afrontar las causas últimas de la pobreza y desigualdad que arrasan el continente. Puesto que el problema es complejo por los múltiples factores, también lo es la solución. De hecho, ninguna solución seria a este problema puede ignorar la importancia de la cooperación internacional ni de abordar la cuestión en toda su complejidad.
Entre los factores que impiden el desarrollo de los países africanos cabe destacar la insuficiente ayuda al desarrollo y ayuda humanitaria que reciben; unas las reglas injustas del comercio internacional que condenan a millones de agricultores y pequeños productores a la pobreza; el desmedido peso de la deuda externa; y los conflictos y la inseguridad exacerbados por el descontrol en el comercio internacional de armas.


Ante esta situación las soluciones deberían pasar por:


+ Incrementar los recursos disponibles para la financiación del desarrollo: Las transferencias procedentes de instituciones públicas y privadas pueden ayudar a superar la brecha financiera en la que están atrapados muchos países en desarrollo, creando las condiciones que les permitirán crecer y romper el círculo de la pobreza. Según los cálculos de la Comisión por África puesta en marcha por el Gobierno británico, África necesitaría 10.000 millones de dólares adicionales a lo largo de cada uno de los diez próximos años si quiere establecer las infraestructuras que necesita para salir adelante.


+ Hacer frente a las crisis humanitarias: La participación de instituciones regionales, donantes y agencias internacionales es un requisito imprescindible para reducir el sufrimiento que provoca una crisis humanitaria. Hay tres ámbitos en los que esta cooperación es particularmente importante: La provisión de ayuda de emergencia de calidad, la responsabilidad de proteger a las víctimas de los conflictos y la reducción de gases contaminantes vinculados al calentamiento global.


+ Poner el comercio al servicio de la lucha contra la pobreza: Las injustas reglas de la Organización Mundial del Comercio y de otros acuerdos internacionales impiden a los países en desarrollo aprovechar las oportunidades que les ofrece el comercio. Aún no se ha logrado reformar algunas políticas que han obstaculizado la prosperidad de gran parte del planeta, como el insensato modelo de protección de la agricultura que se perpetúa en Europa y en EEUU. También es necesario abrir nuevos mercados de exportación en sectores en donde los países en desarrollo son muy competitivos, proteger la capacidad de actuación de los estados cuando está en juego el interés público y reformar las reglas sobre propiedad intelectual que impiden el acceso a medicamentos esenciales.

Intermón Oxfam