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Internet cambia la forma de leer... ¿y de pensar?

Internet cambia la forma de leer... ¿y de pensar?


La lectura en horizontal, a saltos rápidos y muy variados se ha extendido - ¿Puede la Red estar reeducando nuestro cerebro?

Internet ya es para muchos el mayor canal de información. Cada vez es superior el tiempo empleado en navegar, ya sea para leer las noticias, revisar el correo, ver vídeos y escuchar música, consultar enciclopedias, mapas, conversar por teléfono y escribir blogs. En definitiva, la Red filtra gran parte de nuestro acceso a la realidad. El cerebro humano se adapta a cada nuevo cambio e Internet supone uno sin precedentes. ¿Cuál va a ser su influencia? Los expertos están divididos. Para unos, podría disminuir la capacidad de leer y pensar en profundidad. Para otros, la tecnología se combinará en un futuro próximo con el cerebro para aumentar exponencialmente la capacidad intelectual.

Uno de los más recientes en plantear el debate ha sido el ensayista estadounidense Nicholas G. Carr, experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), y asesor de la Enciclopedia británica. Asegura que ya no piensa como antes. Le sucede sobre todo cuando lee. Antes se sumergía en un libro y era capaz de zamparse páginas y páginas hora tras hora. Pero ahora sólo aguanta unos párrafos. Se desconcentra, se inquieta y busca otra cosa que hacer. "La lectura profunda que solía suceder de forma natural se ha convertido en un esfuerzo", señala Carr en el provocador artículo Is Google making us stupid? (¿Está Google volviéndonos tontos?), publicado en la revista The Atlantic. Carr achaca su desorientación a una razón principal: el uso prolongado de Internet. Está convencido de que la Red, como el resto de medios de comunicación, no es inocua. "[Los medios] Suministran el material del pensamiento, pero también modelan el proceso de pensar", insiste.

"Creo que la mayor amenaza es su potencial para disminuir nuestra capacidad de concentración, reflexión y contemplación", advierte Carr, a través del correo electrónico. "Mientras Internet se convierte en nuestro medio universal, podría estar readiestrando nuestros cerebros para recibir información de manera muy rápida y en pequeñas porciones", añade. "Lo que perdemos es nuestra capacidad para mantener una línea de pensamiento sostenida durante un periodo largo".

El planteamiento de Carr ha suscitado cierto debate en foros especializados, como en la revista científica online Edge.org, y de hecho no es descabellado. Los neurólogos sostienen que todas las actividades mentales influyen a un nivel biológico en el cerebro; es decir, en el establecimiento de las conexiones neuronales, la compleja red eléctrica en la que se forman los pensamientos. "El cerebro evolucionó para encontrar pautas. Si la información se presenta en una forma determinada, el cerebro aprenderá esa estructura", detalla desde Londres Beau Lotto, profesor de neurociencia en el University College de Londres. Y añade una precisión: "Luego habría que ver si el cerebro aplica esa estructura en el modo de comportarse frente a otras circunstancias; no tiene por qué ser así necesariamente, pero es perfectamente posible".

Lo que queda por ver es si esta influencia va a ser negativa, como vaticina Carr, o si va a ser el primer paso para integrar la tecnología en el cuerpo humano y ampliar las capacidades del cerebro, como predice el inventor y experto en inteligencia artificial Raymond Kurzweil. "Nuestras primeras herramientas ampliaron nuestro alcance físico, y ahora extienden nuestro alcance mental. Nuestros cerebros advierten de que no necesitan dedicar un esfuerzo mental (y neuronal) a aquellas tareas que podemos dejar a las máquinas", razona Kurzweil desde Nueva Jersey. Y cita un ejemplo: "Nos hemos vuelto menos capaces de realizar operaciones aritméticas desde que las calculadoras lo hacen por nosotros hace ya muchas décadas. Ahora confiamos en Google como un amplificador de nuestra memoria, así que de hecho recordamos peor las cosas que sin él. Pero eso no es un problema porque no tenemos por qué prescindir de Google. De hecho, estas herramientas se están volviendo más ubicuas, y están disponibles todo el tiempo".

Oponer cerebro y tecnología es un enfoque erróneo, según coincide con Kurzweil el profesor JohnMcEneaney, del Departamento de Lectura y Artes lingüísticas de la Universidad de Oakland (EE UU). "Creo que la tecnología es una expresión directa de nuestra cognición", discurre McEneaney. "Las herramientas que empleamos son tan importantes como las neuronas de nuestros cráneos. Las herramientas definen la naturaleza de la tarea para que las neuronas puedan hacer el trabajo".

Carr insiste en que esta influencia será mucho mayor a medida que aumente el uso de Internet. Se trata de un fenómeno incipiente que la neurología y la psicología tendrán que abordar a fondo, pero de momento un informe pionero sobre hábitos de búsqueda de información en Internet, dirigido por expertos del University College de Londres (UCL), indica que podríamos hallarnos en medio de un gran cambio de la capacidad humana para leer y pensar.

El estudio observó el comportamiento de los usuarios de dos páginas web de investigación, uno de la British Library y otro del Joint Information Systems Comittee (JISC), un consorcio educativo estatal que proporciona acceso a periódicos y libros electrónicos, entre otros recursos. Al recopilar los registros, los investigadores advirtieron que los usuarios "echaban vistazos" a la información, en vez de detenerse en ella. Saltaban de un artículo a otro, y no solían volver atrás. Leían una o dos páginas en cada fuente y clicaban a otra. Solían dedicar una media de cuatro minutos por libro electrónico y ocho minutos por periódico electrónico. "Está claro que los usuarios no leen online en el sentido tradicional; de hecho, hay indicios de que surgen nuevas formas de lectura a medida que los usuarios echan vistazos horizontalmente a través de títulos, páginas y resúmenes en busca de satisfacciones inmediatas", constata el documento. "Casi parece que se conectan a la Red para evitar leer al modo tradicional".

Los expertos inciden en que se trata de un cambio vertiginoso. "La Red ha provocado que la gente se comporte de una manera bastante diferente con respecto a la información. Esto podría parecer contradictorio con las ideas aceptadas de la biología y la psicología evolutivas de que el comportamiento humano básico no cambia de manera súbita", señala desde Londres el profesor David Nicholas, de la Facultad de Información, Archivos y Bibliotecas del UCL. "Hay un consenso general en que nunca habíamos visto un cambio a esta escala y rapidez, así que éste podría muy bien ser el caso [de un cambio repentino]", añade, citando su ensayo Digital consumers.

Se trata de una transformación sin precedentes porque es un nuevo medio con el potencial de incluir a todos los demás. "Nunca un sistema de comunicaciones ha jugado tantos papeles en nuestras vidas ?o ejercido semejante influencia sobre nuestros pensamientos? como Internet hace hoy", incide Carr. "Aun así, a pesar de todo lo que se ha escrito sobre la Red, se ha prestado poca atención a cómo nos está reprogramando exactamente".

Esta alteración de las maneras de buscar información y de leer no sólo afectaría a los más jóvenes, a los que se les supone mayor número de horas conectado, sino a individuos de todas las edades. "Lo mismo les ha sucedido a maestros, profesores y médicos de cabecera. Todo el mundo muestra un comportamiento de saltos y lecturas por encima", precisa el informe.

Carr insiste en que una de las cuestiones clave es el modo de lectura "superficial" que va ganando terreno. "En los tranquilos espacios abiertos por la lectura de un libro, sostenida y sin distracciones, o por cualquier otro acto de contemplación, establecemos nuestras propias asociaciones, extraemos nuestras propias inferencias y analogías, y damos luz a nuestras propias ideas". El problema es que al impedir la lectura profunda se impide el pensamiento profundo, ya que uno es indistinguible del otro, según escribe Maryanne Wolf, investigadora de la lectura y el lenguaje de la Tufts University (EE UU) y autora de Cómo aprendemos a leer (Ediciones B). Su preocupación es que "la información sin guía pueda crear un espejismo de conocimiento y, por ello, restrinja los largos, difíciles y cruciales procesos de pensamiento que llevan al conocimiento auténtico", señala Wolf desde Boston.

Más allá de las advertencias sobre los hipotéticos efectos de Internet sobre la cognición, científicos como Kurzweil dan la bienvenida a esta influencia: "Cuanto más confiamos en la parte no biológica (es decir, las máquinas) de nuestra inteligencia, la parte biológica trabaja menos, pero la combinación total aumenta su inteligencia". Otros discrepan de esta predicción. La mayor dependencia de la Red conllevaría que el usuario se vuelva vago y, entre otras costumbres adquiridas, confíe completamente en los motores de búsqueda como si fueran el grial. "Lo utilizan como una muleta", señala el profesor Nicholas, que recela de que esa herramienta sirva para liberar al cerebro de las tareas de búsqueda para poder emplearse en otras.

Carr va más allá y asegura que el tipo de lectura "vistazo" beneficia a las empresas. "Sus ingresos aumentan a medida que pasamos más tiempo conectados y que aumentamos el número de páginas y de los elementos de información que vemos", razona. "Las empresas tienen un gran interés económico en que aumentemos la velocidad de nuestra ingesta de información", añade. "Eso no significa que deliberadamente quieran que perdamos la capacidad de concentración y contemplación: es sólo un efecto colateral de su modelo de negocio".

Otros expertos matizan bastante el pronóstico de Carr. El experto en tecnología Edward Tenner, autor de Our own devices: how technology remake humanity (Nuestros propios dispositivos: cómo la tecnología rehace a la humanidad), se suma a la crítica de Carr pero añade que no tiene por qué ser irreversible. "Coincido con la preocupación por el uso superficial de Internet, pero lo considero como un problema cultural reversible a través de una mejor enseñanza y un mejor software de búsqueda, y no como una deformación neurológica", explica desde Nueva Jersey (EE UU). "Sucede como con la gente que está acostumbrada a los coches y a las tumbonas pero entiende la importancia de hacer ejercicio".

En definitiva, científicos como Kurzweil destacan el potencial de Internet como herramienta de conocimiento. "La Red ofrece la oportunidad de albergar toda la computación, el conocimiento y la comunicación que hay. Al final, excederá ampliamente la capacidad de la inteligencia humana biológica. Y concluye: "Una vez que las máquinas puedan hacer todo lo que hacen los humanos, será una conjunción poderosa porque se combinará con los modos en los que las máquinas ya son superiores. Pero nos mezclaremos con esta tecnología para hacernos más inteligentes".

Usuario de ’corta y pega’

Un informe pionero del University College de Londres sobre hábitos de búsqueda de información en Internet distingue mitos y realidades sobre el uso que hacen los jóvenes. Una de las ideas que subyace en todas las conclusiones es que la destreza digital no equivale a destreza informativa, es decir, a saber cómo buscar información y transformarla en conocimiento.

1. Los usuarios jóvenes no suelen comprender bien sus necesidades informativas y por tanto les resulta difícil desarrollar estrategias de búsqueda efectivas.

2. Tienen un mapa mental poco sofisticado de lo que es Internet. No logran entender que se trata de una colección de recursos en red procedentes de diferentes fuentes. Así, los motores de búsqueda, ya sean Yahoo! o Google, se convierten en la primera marca que asocian con Internet.

3. Son en general más competentes con la tecnología que la generación anterior, aunque los adultos se ponen rápidamente al día. Emplean, sin embargo, menos aplicaciones digitales de lo que se cree.

4. Prefieren sistemas interactivos y le dan la espalda al consumo pasivo de información. Prefieren la visual sobre la textual.

5. Son la generación del corta y pega. Abundan los casos de plagios de diversas fuentes en los trabajos encargados.

6. Prefieren, como los adultos, la información despiezada, en vez de textos completos.

7. No son expertos buscadores.

Abel Grau en El País.

Balanzas fiscales: el arte de la confusión

Balanzas fiscales: el arte de la confusión



En principio, parece que el interés por conocer las balanzas fiscales de las comunidades autónomas con el Estado está en poder aclarar el equilibrio/desequilibrio entre los impuestos pagados por aquéllas y las transferencias y servicios recibidos de éste. Sin embargo, las dificultades metodológicas y de información convierten los resultados de las balanzas en una operación de confusión que ofrece poca utilidad, alimenta la confrontación y permite múltiples interpretaciones respecto al hecho que se quiere analizar.

En 2006 el Instituto de Estudios Fiscales (IEF) creó una comisión de expertos para estudiar una posible metodología de las balanzas fiscales. Ya entonces se alzaron voces alertando de la inutilidad del proyecto. La comisión no llegó a un acuerdo y sólo fue capaz de consensuar dos posibles metodologías para el cálculo oficial: carga/ beneficio y flujos monetarios. El IEF ha publicado para 2005 seis diferentes balanzas según los criterios de imputación utilizados. Se calcula que desde 1960 se han publicado unas 40 estimaciones distintas de balanzas de varios autores e instituciones.

Es conveniente aclarar que los que pagamos los impuestos somos los ciudadanos y las personas jurídicas (empresas e instituciones). No son las comunidades las que aportan recursos al resto de la nación aunque sí recaudan impuestos y prestan servicios al ciudadano. Por otra parte, es razonable que en aquellos territorios donde haya más ciudadanos con rentas altas y/o más empresas con beneficios paguen más impuestos, con independencia de que el gasto público (infraestructuras, educación...) sea equitativo en función de las necesidades de los ciudadanos que se tienen que cubrir en cada comunidad autónoma.

Si lo que se quiere analizar es la mayor o menor solidaridad entre territorios, las balanzas fiscales no son el mejor instrumento ya que dejan fuera del análisis aspectos muy importantes como por ejemplo la producción de energía (en Extremadura) de la que se benefician otras regiones a precio subvencionado... Para analizar el grado de solidaridad se debe comparar el nivel de producción de cada territorio con su nivel de renta disponible, una vez que se han tenido en cuenta los impuestos, transferencias y subvenciones.

Señalemos algunas dificultades para la distribución territorial de los ingresos. Los llamados impuestos directos (IRPF, sociedades) se imputan según el domicilio fiscal del contribuyente. En el caso de las grandes empresas, con actividad en varias comunidades autónomas, tributarán allí donde tengan su domicilio fiscal, habitualmente Madrid, Barcelona, País Vasco, a pesar de que su actividad productiva esté distribuida en diferentes lugares y por lo tanto sea difícil concretar dónde se ha generado el beneficio. En las balanzas publicadas por el IEF dentro del criterio carga-beneficio se han utilizado dos criterios de imputación del impuesto de sociedades: el primero con proporciones diferentes entre los consumidores y los accionistas y el segundo utilizando la población y el ahorro. Con el criterio de los flujos monetarios se imputa la distribución en función de la remuneración de los asalariados, el valor añadido bruto y la inversión. Por supuesto, los resultados en cualquiera de las imputaciones son diferentes dando una idea clara de la confusión al interpretarlos. En cuanto al IVA, su sistema de recaudación en cascada supone que el ingreso no se produce donde se recauda sino donde se consume el producto final. Está más relacionado con el consumo final de los productos que con su producción.

Desde la óptica de los gastos, es clara la distribución territorial de las transferencias del Estado asignadas a las comunidades, pero es difícil hallar criterios razonables para distribuir los gastos de actuaciones estatales en infraestructuras, como los aeropuertos o el AVE, o de hospitales con especialidades en los que se atiende a toda España, y poder determinar con equidad a qué territorios benefician esos gastos.

Por otra parte, las balanzas fiscales publicadas por el IEF se refieren al ámbito de las administraciones públicas centrales y por tanto incorporan no sólo los flujos directos entre las comunidades y el Estado, sino que se consideran también los efectos de la Seguridad Social. Los criterios de imputación de los ingresos y gastos de la Seguridad Social vuelven a encontrarse con dificultades y se opta por utilizar el criterio de residencia en el territorio. En los resultados se presenta una subbalanza de la Seguridad Social para cada una de las balanzas obtenidas. Por el contrario, no incluyen información ni reflejan los gastos realizados por las propias comunidades autónomas.

Los resultados publicados dividen y enfrentan a las propias comunidades en el proceso de reforma de la financiación autonómica. Por una parte las de mayor renta, que como es natural aparecen con saldo fiscal deficitario al pagar más de lo que reciben (Madrid, Baleares, Cataluña y Comunidad Valenciana) y por otro las de menor renta (Extremadura, Asturias, Galicia...) con saldo fiscal positivo, que consideran que la información aportada es incompleta y no debe ser considerada en la negociación.

Y después de todas estas complicaciones y dificultades, ¿qué utilidad tienen las balanzas fiscales en la discusión de la financiación de las comunidades autónomas?

Es importante ser conscientes de que el sistema fiscal está basado en un concepto de España como una nación y no en un sistema federal, como algunos pretenden al compararlo con el alemán. De acuerdo con la Constitución, el sistema fiscal sigue unas pautas de solidaridad por las que se intenta que todos los ciudadanos tengan acceso a los servicios públicos en términos de igualdad. Por tanto, intentar fijar un sistema de financiación de las comunidades que equilibre las balanzas fiscales rompería esa solidaridad e iría en contra de la Constitución española (artículo 138).

Otra cuestión diferente es que se reforme y actualice el sistema de financiación de las comunidades vigente (Ley 21/2001), ya que con el intenso proceso de inmigración de los últimos años la distribución de la población en la geografía española ha cambiado drásticamente y también ha variado la distribución de las necesidades de servicios públicos como la enseñanza y la sanidad. Otro aspecto es el de las inversiones públicas. Con los datos de las balanzas fiscales, la estimación de las inversiones hechas por el Estado en cada comunidad varía también según se utilice el criterio del coste-beneficio o el de flujos monetarios.

Por último, en una situación de transferencias como la actual en la que las comunidades y los ayuntamientos son importantes gestores públicos, no deberían considerarse sólo los efectos de la actuación del Estado. Para la buena comprensión de la situación sería importante contar con una mayor y más clara información sobre la distribución de competencias entre Estado, comunidades y ayuntamientos. A veces los ciudadanos por desconocimiento achacan las deficiencias al Estado "en Madrid" cuando la responsabilidad es de la gestión de su Administración autónoma. El malestar de los ciudadanos en cuanto al mal funcionamiento de los servicios de su comunidad tiene que analizarse con información completa y veraz sobre las competencias y las responsabilidades de actuación no sólo del Estado, sino también de las administraciones y de las corporaciones locales (ayuntamientos). Lo importante para el ciudadano sería conocer con transparencia y fiabilidad de qué recursos disponen los Gobiernos autónomos y cómo los gastan.

Carmen Alcaide es economista y ex presidenta del INE.

Explicación de lo que pasa

Mundo, huerto casi muerto,
siempre siempre siempre
con la pena puesta,
con el rencor al hombro
con el odio a cuestas;

-llorando a voces
gritando con silencio,
casi cobarde ya de tanta valentía-.

Dios intuitivo usa
tu más dulce huracán y haz de leña,
porque se arrasen cosechas de tristeza
y nazca un trigo nuevo.
¿Qué pasa en este huerto casi muerto?
¿Qué pasa en este mundo donde me hundo?
¿Qué pasa en este huerto de la Vida
donde se secan todos los frutales
y se nos pudren las sonrisas,
donde no se dan bien las “buenas tardes”
en donde solo medran las hortigas?
¿Qué pasa en este huerto casi yerto?

Gloria Fuertes

La Iglesia, escuela de solidaridad

La Iglesia, escuela de solidaridad

La crisis, desaceleración, recesión o estancamiento económico —según las preferencias de los distintos autores— preocupa, con razón, a la sociedad española por diversos motivos. Algunos ven peligrar el aumento de su bienestar, otros se enfrentan a hipotecas impagables, muchos temen caer en la precariedad, especialmente, si pierden sus empleos, no pocos ven en peligro sus permisos de trabajo y residencia, si son inmigrantes. ¿Qué tiene que hacer la Iglesia en una situación como ésta? La respuesta a esta cuestión dependerá del posicionamiento ideológico de quien la conteste: para los laicistas, la Iglesia no tendría nada que hacer, porque la economía no es ámbito de su competencia; para los grupos sociales tradicionales, la Iglesia tendría que ayudar a paliar los efectos más negativos del deterioro económico; desde planteamientos creyentes más abiertos, éste sería el momento de mantener una actitud profética; para los sectores neoconfesionales, la Iglesia debería orientar la actuación de nuestros gobernantes.

Desde mi punto de vista, es preciso plantear bien la cuestión, antes de descender al terreno de las actuaciones concretas. En concreto, hay cuatro puntos de partida que admiten poca discusión:

1. La Iglesia no es el gobierno y, por consiguiente, su labor no puede consistir en sustituirle.

2. La Biblia no es un Tratado de Economía y, en consecuencia, ni desde ella ni desde la fe cabe encontrar soluciones inmediatas a los problemas económicos.

3. La fe es una experiencia que afecta a la totalidad de la persona humana y que, por tanto, puede iluminar también la realidad socioeconómica, desde una claves propias.

4. La Iglesia debe adoptar una actitud valiente, humilde y propositiva, para unir sus ideas y acciones a todas las que intenten gestionar solidariamente la crisis.

En el terreno de lo práctico, la Iglesia tiene que “meterse en economía” por fidelidad al Evangelio, dado que el criterio último de verificación del seguimiento es el “tuve hambre y me disteis de comer” (Mt 25), aunque desde una perspectiva que será necesariamente distinta a la de los empresarios, partidos, sindicatos o asociaciones de consumidores. Esto tiene mucha importancia porque en economía —y más aún cuando ésta atraviesa dificultades— hay que tomar dos decisiones fundamentales: a qué problemas vamos a dar prioridad, por una parte; y cómo se van a repartir los costes del ajuste (y entre quiénes), por otra.

Así, uno espera que la Iglesia pida a los gobernantes que, en estos momentos, no se recorten los fondos sociales, los recursos dedicados a la cooperación internacional o a las inversiones públicas, y que evite la tentación de presionar para reducir los ingresos de los grupos más débiles (asalariados poco cualificados, autónomos y pensionistas) o haga recaer el peso del ajuste laboral entre los inmigrantes (con el peligro real de que las recesiones vayan asociadas al aumento de la xenofobia). Es momento también para defender la solidaridad interterritorial, que parece estar siendo sometida a cierta erosión en los últimos tiempos por la pugna entre las distintas Autonomías en el diseño de un nuevo modelo de financiación.

Por el contrario, la Administraciones Públicas habrán de buscar otros ámbitos en los que ahorrar fondos, sabiendo que un déficit moderado puede tener plena justificación en períodos recesivos. Especialmente en las épocas de crisis es conveniente mantener la progresividad fiscal, pues los más poderosos económicamente tienen siempre más posibilidades de reducir la carga impositiva. No parece muy justo permitir los grandes enriquecimientos en las épocas de bonanza (piénsese en el auge inmobiliario o bursátil) y socializar las pérdidas en los años de vacas flacas. La crisis demanda siempre más solidaridad.

Obviamente, será también misión de la Iglesia a lo largo de estos próximos años acompañar a las víctimas de la crisis actual a todos los niveles para que puedan defender sus derechos y para evitar que sufran un fuerte empeoramiento de sus condiciones de vida. Ciertamente, la Iglesia no puede resolver los problemas macroeconómicos, pero puede llevar a cabo pequeños gestos simbólicos —como los que hizo el propio Jesús en su tiempo— que alienten la esperanza y apunten en la dirección en la que debería moverse la acción política desde una perspectiva cristiana: cultivando el bien común frente a los intereses particulares y poniendo en el centro de la preocupación de los diferentes poderes públicos la situación de los últimos.

Las comunidades cristianas deben ser un espacio de acogida, apoyo, búsqueda de soluciones y denuncia de los abusos para todos ellos. Pero también tendría que desarrollarse en su seno un tipo de discurso que suele escucharse poco: la llamada a vivir de un modo más sobrio y sencillo en un mundo que es finito y está devorando sus recursos; la invitación a ahorrar e invertir en actividades socialmente productivas aunque no sean financieramente muy rentables; la llamada a compartir lo que tenemos (dinero, conocimientos, empleo); la iniciación en el consumo responsable; la constatación de la oportunidad de fortalecernos con nuestra afiliación a los sindicatos; la conveniencia de participar mucho más en el movimiento asociativo y voluntario; siendo, en definitiva, una escuela de solidaridad.

Pedro José Gómez Serrano es profesor de la Universidad Complutense y del Instituto Superior de Pastoral de Madrid.

Falsos derechos

Falsos derechos

Según Simone Weil, a la izquierda hay que exigirle más y decirle la verdad. No sé cómo juzgará eso nuestra izquierda de hoy, poscristiana, posmoderna y postizquierda...Pero intentaré decir lo que me parece más ético y más verdadero, a propósito de temas hoy en debate.

1. No existe un derecho al aborto. Ello no significa que legalmente no pueda haber una despenalización: en un Estado laico, ni un delito es un pecado, ni legal equivale a moral. La ley civil tiene como objetivo la convivencia, no la moral: no pretende entrar en las conciencias, sino regular conductas que afectan a la paz social. Por eso las leyes pueden penalizar cosas no inmorales (hablar por el móvil conduciendo) y no penalizar cosas inmorales (el adulterio). Pero una cosa es lo legalmente tolerado y otra lo moralmente permitido.
Nadie tiene derecho a eliminar una vida que está ya humanamente programada.Se busca moralizar el aborto arguyendo desde el "derecho al propio cuerpo" y los "derechos de la maternidad". Pero esos derechos (como casi todos) tienen un límite: nadie puede esgrimir un derecho contra el derecho de otro: de lo contrario, el violador tendría derecho a violar "porque se lo pide el cuerpo". Y la mujer, derecho a abortar hasta en el noveno mes (y echar luego los fetos a una trituradora como se hizo en Barcelona). La maternidad tampoco da derecho a la mutilación genital de una hija, ni a prostituirla para ganar dinero: pues el misterio de la maternidad consiste en esa maravilla de algo que, siendo en algún sentido propio, es a la vez extraño. Y lo es por su contextura vital, no por su tamaño o su edad.

Que "tengo derecho a hacer lo que quiera con mi cuerpo" lo he oído decir a más de un drogadicto. Y no: por nuestro que sea, el cuerpo merece también un respeto. Creerse con derecho a disponer de una vida indefensa solamente porque estorba no tiene nada que ver con una mentalidad de izquierdas, más bien es fascismo puro y duro. El afán de sustituir la expresión aborto por la más políticamente correcta de interrupción del embarazo quizá revele ya una mala conciencia no reconocida.

Repito que no hablo de leyes civiles sino de derechos morales. Para el legislador, será sin duda conveniente que lo legal quede amparado por valores morales. Pero todo el mundo sabe que cualquier valor moral tiene sus situaciones límite donde ni el veredicto es claro, ni los expertos coinciden ni el legislador tiene por qué tomar partido. Incluso quien considere inmoral el aborto deberá reconocer que cabe hablar de grados de inmoralidad,según se trate de un ser ya constituido como persona, o en marcha hacia esa constitución, o sólo programado para ser tal. Y debe saber que siempre hubo discusión sobre cuándo se dan esas fases: según Tomás de Aquino (y con su lenguaje), el alma humana no la infunde Dios hasta el tercer mes de la gestación: porque antes la materia "no está aún preparada para recibirla".

En este contexto, un cristiano deberá sentirse obligado al máximo respeto a la vida personal, y aplicarse ese principio a sí mismo, al margen de lo que la sociedad penalice o tolere. Así dará ejemplo de una fina sensibilidad humana, aunque pueda comprender que no todos acepten eso porque, ante las situaciones límite, también nuestra razón patina.

Pero eso no significa que la Iglesia tenga derecho a imponer su propia moral a través de leyes civiles: pues según san Pablo, una parte de la moral cristiana en lo que toca al cuerpo se funda en eso que llamamos la resurrección de la carne.

2. Se habla también genéricamente de eutanasia, englobando en este término mil cosas que no lo son. He hecho testamento vital; he protestado a veces contra parte de la medicina moderna que presume de alargar la vida cuando no hace más que retardar la muerte (que no es lo mismo). Creo que el ser humano tiene derecho a no morir sufriendo y que la lucha contra el dolor es siempre legítima, aunque pueda tener la muerte como daño colateral. Veo claro que, en casos recientes en que se discutía sobre si desconectar una vida de la máquina que la está alimentando, la desconexión era moralmente lícita, pues allí no se trataba de la vida natural sino de una vida artificial...

Dicho esto, me parece equivocado argüir en favor de una acción occisiva directa invocando un derecho a morir dignamente: la sociedad capitalista reduce la dignidad a algo cuantitativo y exterior, cuando en realidad se trata de algo cualitativo e interior. Bill Gates siempre tendrá más dignidad, a nuestros ojos, que el obrero que murió en accidente laboral construyéndonos el AVE y que, además, era inmigrante; pero nos equivocamos en ese modo de concebir la dignidad. Etty Hillesum, la muchacha judía que murió en Auschwitz, entrando desnuda en una cámara de gas junto a cientos de personas, murió con más dignidad que quienes confundimos dignidad con comodidad. Y no es que yo desee a nadie el destino de Etty: sólo pongo un caso límite que ayude a ver qué es eso de la muerte digna. Sin entrar en cuestiones de regulación legal; pero pidiendo que no se confunda simplistamente lo legal con lo moral.

3. A propósito de otra cuestión hoy en litigio, me dijo hace poco un amigo jesuita: "Respetaré que Zapatero suprima los crucifijos, pero le exijo que acabe con los crucificados". Hacer aquello sin esto no pasará de ser una prótesis de silicona que enmascare el escaso volumen de nuestros izquierdismos. Y mientras sigamos subvencionando nuestros productos agrícolas e impidiendo que África pueda vender los suyos, somos parcialmente culpables de muchas muertes en cayucos.

José Ignacio González Faus es jesuita.

Políticos al borde del suspenso

Políticos al borde del suspenso

La formación de los líderes españoles se estanca por falta de reciclaje - En otros países y en el sector privado se cultivan el liderazgo y la estrategia


El futuro presidente del Gobierno no sabrá inglés. Sólo uno (Leopoldo Calvo-Sotelo) de los que han gobernado España a lo largo de la democracia dominaba esta lengua. En el caso de Adolfo Suárez o Felipe González quizá se entienda más, pero resulta extraño que no tuvieran tiempo o interés para aprenderlo José María Aznar, en los 14 años que estuvo en su escaño antes de gobernar; ni José Luis Rodríguez Zapatero, en los 18 años que permaneció en esa misma situación, ni tampoco Mariano Rajoy, en los 22 años que lleva como diputado. En todo ese tiempo (desde mediados de los años ochenta) se ha exigido este idioma para entrar en la mayoría de las empresas, y más aún para acceder a un puesto de responsabilidad. Tras las próximas elecciones, la situación no cambiará: ni Zapatero ni Rajoy se manejan en inglés. Este dato es sólo una pequeña muestra de lo poco que se reciclan los políticos. La inmensa mayoría (el 75% de los diputados nacionales) son licenciados, pero no más de un centenar de los que están en activo realizan cursos de reciclaje (inglés aparte) cada año en centros independientes de los partidos.

El funcionamiento de las políticas públicas, la estrategia política, el liderazgo, la gestión de equipos o la comunicación son asignaturas pendientes para los políticos españoles. Una formación que se hace cada vez más necesaria en una sociedad en continuo movimiento que plantea retos cada vez mayores derivados de cuestiones como el vertiginoso avance de las tecnologías, el mundo virtual, los avances científicos o el incremento de las migraciones. Todo ello hace que el ejercicio de la política requiera tener una visión cada vez más global de la sociedad. Con independencia del nivel de preparación inicial que tengan, ¿están los políticos adecuadamente formados para liderar esta sociedad?

La respuesta unánime de sociólogos, expertos en formación política y de muchos cargos es un rotundo no. En medio de ese complicado panorama social, los dirigentes anuncian cambios que muchas veces no tienen detrás un análisis previo de la situación ni obedecen a estrategia política alguna. Y, cuando la hay, muy a menudo no se sabe transmitir bien a los ciudadanos.

La inmensa mayoría de los políticos son autodidactas en estas cuestiones, van aprendiendo de la experiencia o asistiendo a minicursos (de dos o tres días) sobre cuestiones como telegenia o comunicación impartidos por fundaciones vinculadas a los partidos.

En otros países, como Francia, hay una preocupación porque los políticos sepan de liderazgo, políticas públicas o estrategia. En Francia, la mayoría de los presidentes y altos funcionarios han recibido este tipo de formación a su paso por la legendaria Escuela Nacional de Administración (ENA), aunque estos diplomados escasean en el actual Gobierno francés. El equipo es más variado que nunca en cuanto a fuentes de reclutamiento. La tradición implica que el diploma de la ENA tenga valor de salvoconducto para entrar en instituciones prestigiosas de Francia: el Tribunal de Cuentas, el Consejo de Estado, los ministerios. Pero muchos se pasan a la empresa, tejiendo una red de poder que ha sido muy criticada en la sociedad francesa. Lo que ha hecho Sarkozy ha sido reclutar a las gentes del poder en otros lugares. Empezando por él mismo, que tampoco es un enarca, sino un profesional del Derecho con pocos años de ejercicio, ya que se ha dedicado a la política desde su primera elección como alcalde, a los 28 años.

En Estados Unidos y el Reino Unido los políticos de primera fila se han formado en las universidades de élite -en Yale (los Clinton, Bush padre...), Harvard (Bush hijo), Oxford (Blair, Thatcher...), Cambridge...-. Y en ambos países hay un cuerpo de funcionarios estable (llega hasta el nivel equivalente al de los directores generales de España) que no cambia con los vaivenes de gobiernos y pasa por un reciclaje periódicamente.

Detrás de la carencia formativa de los políticos españoles hay apretadas agendas, muchas veces marcadas desde abajo con dudoso criterio, y hay también un tópico: está mal visto en la clase política que un ministro, un secretario de Estado, un consejero o un alcalde en activo se forme. Sigue primando la idea de que "a determinado nivel ya hay que llegar preparado", coinciden numerosos expertos y políticos. Una idea que en la compleja sociedad actual ha perdido ya todo su sentido, no sólo en el ámbito político. Hasta algunos presidentes de empresas asisten sin pudor a cursos de reciclaje para perfeccionar habilidades directivas o aprender nuevos contenidos. Pero este hábito no ha calado aún en la política española. La formación de base con la que llegan a la política los dirigentes españoles suele ser universitaria (alrededor de 75% de los diputados nacionales son licenciados o doctores). Tienen buenos conocimientos generalistas, pero no específicos para el liderazgo. Y, una vez que ocupan un escaño en un hemiciclo, una cartera o una alcaldía, la inmensa mayoría no vuelve a pasar por un aula.

Sólo un centenar de dirigentes en activo se apuntan cada año a la media docena de cursos específicos para políticos en activo externos a los partidos que realizan algunas universidades y escuelas de negocios. Sin embargo, en los últimos años se han empezado a detectar un mayor interés en la clase política.

Prueba de ello son, por ejemplo, la creación del Centro de Estudios en Políticas Públicas y Gobierno por parte de la Universidad de Alcalá de Henares (acaba de concluir el primer curso para políticos electos de las Administraciones del Estado) así como el aumento de participantes en los cursos de corta duración que ofrece el PSOE, a través de la Fundación Jaime Vera (que se han pasado de 830 a 5.500 en los últimos cuatro años) o los planes del PP de incorporar, a través de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), formación en cuestiones como las políticas públicas o el liderazgo mediante convenios con alguna escuela de negocios.

¿Son mejores políticos los hombres y mujeres que han hecho toda su carrera en el partido, los licenciados o los graduados en secundaria con un perfil más parecido a la mayoría de la ciudadanía? La catedrática de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos Edurne Uriarte considera que la mejor formación inicial para los representantes públicos es la licenciatura en Ciencias Políticas y se queja de que la mayoría sean titulados en Derecho: "Un ministro de Justicia o de Sanidad, por ejemplo, lo prioritario es que tengan un conocimiento de qué es la política, qué es el Estado, qué quieren los ciudadanos y cuáles son los problemas sociales, y que tengan capacidad para gestionar todo eso. No tiene que ser un especialista, debe ser un gran gestor y un gran comunicador. Ésta es una cualidad escasa, pero que se aprende".

El no saber construir estrategias globales se traduce muchas veces en la elaboración de políticas basadas en medidas que, injustamente o no, son tachadas de "ocurrencias". Los ciudadanos lo perciben. La imagen que tienen los españoles de los políticos es mala. La encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de hace un año es la última que preguntaba a los ciudadanos por esta opinión. La respuesta es dura: el 70% cree que los políticos "buscan siempre sus intereses personales por encima de cualquier otra consideración" y el mismo porcentaje tiene la percepción de que "no se ocupan de la ciudadanía poniendo su atención en problemas que no son los que afectan a los votantes".

Los datos de la última Encuesta Social Europea, conocidos el pasado noviembre, corroboran esas opiniones. El 36% de los españoles afirma que no le interesa nada la política y la puntuación media que da a los partidos es de un 3,6 sobre 10. En el resto de los países europeos encuestados, sólo hay más desinterés en Portugal.

El catedrático de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad Rey Juan Carlos, Manuel Villoria, que dirige el Departamento de Gobierno, Administración y Políticas Públicas del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, recuerda que "la visión que tienen los españoles es mala históricamente, cínica y crítica", aunque "muchas veces se basa en datos que tienen su razón de ser, porque a los políticos les falta capacidad para ser líderes". Villoria dice que los que ocupan cargos en el Estado tienen, en general, "un nivel de formación muy alto, hay pocos, hay muchos titulados superiores y de cuerpos de élite de Estado".

De hecho, de acuerdo con los datos del Ministerio de Administraciones Públicas, las titulaciones más habituales a día de hoy entre los altos cargos (de secretarios de Estado a directores generales) son las de licenciado en Derecho y en Ciencias Económicas y Empresariales. La mayoría de ellos proceden de la Universidad (como profesores titulares o catedráticos), los Administradores Civiles del Estado, la inspección y la carrera diplomática.

"Para los políticos es difícil mantener un proceso de formación largo de reciclaje, de seis u ocho meses, aunque algunos lo intentan, desde consejeros autonómicos a directores generales. Lo pasan mal porque no hay una cultura de formación de altos cargos en España, y muchos reciben críticas de sus compañeros o de los miembros del Gobierno", cuenta Villoria, quien considera absolutamente necesario ese reciclaje por la transformación constante del mundo en el que vivimos. "En España es preciso entender que los políticos deben estar formados y preparados, sobre todo en el nivel intermedio, de secretario de Estado para abajo".

Francisco Longo dirige el Instituto de Dirección y Gestión Pública de ESADE, una escuela de Administración y Dirección de Empresas que imparte uno de los cursos con más tradición (lleva 20 años) en este campo. En ella se forman muchos directivos del sector público. Opina que "es necesario incrementar tanto la demanda como la oferta", aunque matiza que no hay que olvidar que, en cualquier caso, "la legitimidad política no se gana por la formación sino por las cuotas de representatividad".

Pero, teniendo en cuenta que en democracia lo que más hay es, como dice Longo, "profanos mandando a expertos", ¿qué formación necesitan los políticos cuando hay líderes como Luiz Ignàcio Lula da Silva, el presidente de Brasil, sin apenas estudios, a los que adoran los votantes? "El que existan Lulas no es malo", dice Longo, "lo malo es que existan Lulas de mala calidad", reflexiona este experto. "El liderazgo no necesita legitimarse en el dominio de especialidades técnicas y además se aprende. Y como nos hacen falta líderes en muchos terrenos no debemos tener una idea carismática del liderazgo porque nos cerramos muchas puertas. Con los retos que tiene la sociedad actual ni hay que buscar grandes técnicos ni líderes carismáticos, pero sí gente con mucho sentido común, que sepa negociar, argumentar e influir, que son habilidades propias del liderazgo".

Longo menciona dos grandes enemigos de esta formación: el activismo y la inseguridad. "Por una parte, los políticos viven su actividad a salto de mata, sin tiempo, colgados de los móviles y hacen gala de ello porque les parece que esa situación es legitimadora, falsamente desde luego, y no piensan de forma estratégica. Por otra parte, los políticos tienen temor a mostrar sus carencias".

Virgilio Zapatero, rector de la Universidad de Alcalá y catedrático de Filosofía del Derecho, Moral y Política, ha ejercido como político durante 20 años antes de ser elegido rector en 2002. No es casualidad que esta universidad se haya interesado en crear un curso específico para el colectivo. "Hay cosas que se pueden aprender, por eso se montan estos cursos. En la política hay de todo, pero es claramente mejorable la formación. Algunos están muy preparados, tanto en unos partidos como en otros, y hay muchos otros políticos que se limitan a decir los temas". Zapatero opina que debería haber además filtros más rigurosos de entrada de la política, los que es responsabilidad de los partidos. "Tienen que cuidar más la entrada en sus listas y, una vez dentro, los políticos tienen que prepararse bien el tema. Porque hay algunos que no dominan los temas y sólo venden titulares o medidas publicitarias".

El problema que más alegan los políticos en activo para justificar las carencias esta formación es la falta de tiempo. Pascual Montañés imparte Dirección Estratégica en el Instituto de Empresa, materia que él define como "la asignatura del poder" y su especialidad es la"inteligencia política". Explica la situación con un relato: "Una empresa fichó a un leñador por sus buenos resultados pero que al poco de estar trabajando en su nuevo destino empezó a rendir mucho menos. Cuando le preguntaron qué es lo que le pasaba contestó: ’Es que estoy tan ocupado que no tengo tiempo de afilar el hacha’. Muchos políticos no se paran a afilar el hacha ni siquiera a ver si hay algún problema en ella.

"En liderazgo hay un gran vacío. Muchos llegan mal preparados y les falta humildad", dice Rafael Bengoa, director del primer curso sobre esta cuestión realizado por la Universidad de Alcalá. "En los políticos de otros países se empieza a ver que hay más humildad de gobierno, lo que quiere decir que aquí hay mucho trabajo por hacer", añade.

Pero Bengoa asegura que "los políticos se están dando cuenta de que está cambiando la naturaleza de su trabajo". "El individualismo creciente hace difícil hacer cosas colectivas. La gente vota cada vez menos y no se apunta a partidos políticos como antes. Hay una pérdida de fuerza de lo político que está haciendo que esté cambiando la función de los políticos, la naturaleza de su función, pero es algo que ellos no tienen interiorizado.

Los dos principales partidos, PSOE y PP, forman a sus afiliados en diversas cuestiones en la Fundación Jaime Vera y la FAES, respectivamente. La Jaime Vera, con 25 años de vida, ofrece formación a todos sus afiliados y otra específica dirigida a políticos con perfiles concretos.Su director, Francesc Romeu, explica su actividad: "Organizamos jornadas; editamos publicaciones; hemos hecho, por ejemplo, El abc del concejal, una asesoría jurídica y política permanente por Internet, en tiempo real, y por teléfono y convenios con universidades, porque la investigación. Con todo esto se trata de ayudar al reciclaje permanente y, por supuesto, a la aplicación de las políticas del partido". Romeu recalca que los políticos necesitan cursos muy prácticos, en los que los políticos pierdan sus miedos, detecten sus puntos débiles y aprendan la base de la organización de equipos.

La FAES está configurada como un laboratorio de ideas (think tank), aunque proyecta dar más relevancia en el futuro a la formación, según explica Jaime García-Legaz. Es su secretario general desde junio de 2007 y va de número cuatro en la lista del Partido Popular al Congreso por Murcia. "Damos formación en cuestiones como comunicación, telegenia, legislación electoral a través del departamento de formación del partido, que está dirigido por el Bermúdez de Castro, el secretario de Formación del PP. La coordinación con el partido es completa. Pero no damos formación específica en temas de fondo de políticas públicas, estrategia de negociación o gestión de equipos".

En la formación de los políticos "hay terreno en el que avanzar y mucho margen de mejora en conocimientos de política y gestión pública", reconoce este político. Y añade que, aunque hay altos cargos que son funcionarios y han recibido algo de formación, por ejemplo, en el Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), "en realidad la mayoría de la gente llega a ocupar cargos políticos por otras razones. Hay una falta de sensibilidad porque al final los méritos internos cuentan más que cuestiones como la formación y un diputado, por ejemplo, se puede preguntar para qué se va a formar si lo que va a hacer que siga son otro tipo de méritos".

Susana Pérez de Pablos en El País.

Hay que instaurar una nueva cultura empresarial

Hay que instaurar una nueva cultura empresarial


A posteriori, a todos nos ha sorprendido que la situación haya llegado tan lejos. Pero, seamos sinceros, ya hace mucho tiempo que incluso personas muy informadas, como George Soros, alzaban voces de alarma. Cuando el Foro Económico Mundial publicó su Global Risk Report (Informe de Riesgos Mundiales) a comienzos de 2007, prevenía precisamente contra esos riesgos que ahora han producido el derrumbamiento del sistema.

En el discurso inaugural que pronuncié en enero de 2008 ante la reunión anual del Foro Económico Mundial de Davos aludí a un mundo esquizofrénico y dije que tendríamos que responder de nuestros pecados. La razón de que no viéramos lo que se nos venía encima no sólo tiene que ver con la negación de verdades incómodas, sino con el hecho de que nadie se sentía realmente responsable o capaz de actuar.

Nuestro sistema internacional, que, creado a mediados del siglo pasado, se basa en la existencia de instituciones multilaterales, ha carecido o bien de autoridad o bien de competencia para enfrentarse a los desafíos de un orden financiero mundial que se ha caído por la borda. Por otra parte, los Gobiernos de los países, bien por interés nacional, bien por razones ideológicas, no han mostrado iniciativa para lidiar con un sistema financiero global fundamentalmente restrictivo. Además, el G-7, que agrupa a los principales países industrializados, y el Fondo Monetario Internacional tampoco han demostrado contar con la necesaria visión a largo plazo.

Consciente o inconscientemente, y causando un gran daño a la opinión pública, a las economías nacionales y, por desgracia, también a la gente corriente, muchos actores han abusado de la ausencia de mecanismos de regulación. Sólo ahora asistimos a "cumbres financieras mundiales" destinadas a aprobar normas que necesitábamos desde hacía mucho tiempo. Todavía está por ver si seremos capaces de crear una "comunidad mundial" que encuentre el equilibrio preciso entre la necesaria regulación y el mantenimiento del dinamismo empresarial. Para conservar el empleo, ahora es más importante que nunca no sofocar el motor de la economía real, sobre todo en las primeras fases de este ciclo recesivo.

Aunque la regulación es importante para el futuro de la economía mundial, por sí solas las normas no bastan. La crisis ha demostrado claramente no sólo la interdependencia mundial, también que la economía y la sociedad están profundamente imbricadas. Dicho de otro modo, la economía no es un ámbito autónomo y autosuficiente, y más bien la crisis ha puesto de relieve que debe servir a la sociedad. Hay que tener cuidado de que las medidas que se adopten para paliar esta situación no perjudiquen a la capacidad de innovación de la economía real.

En 1971 fundé el Foro Económico Mundial partiendo de la teoría del stakeholder (todo aquel que tiene interés en el buen funcionamiento de una empresa), descrita en un libro que publiqué ese mismo año. Según esa teoría, que también ha sido la filosofía del Foro durante los últimos 40 años, los directivos de una empresa deben servir a todos los implicados en sus actividades. La idea va más allá del servicio a los accionistas, ya que supone que la dirección, para garantizar la prosperidad a largo plazo de la compañía, debe gestionarla desde la convicción de que no sólo actúa como representante de los accionistas que la han elegido, sino que es fideicomisaria de todas las partes interesadas en su funcionamiento.

En los últimos años, las bonificaciones y otros complementos salariales vinculados a los intereses a corto plazo de los accionistas han minado el carácter integral de esta función profesional de los directivos. La exacerbación de la búsqueda de beneficios ha ido imponiéndose cada vez más al fortalecimiento a largo plazo de la competitividad y la sostenibilidad.

He descrito de la siguiente manera esta perversión de la cultura profesional del directivo: hace unos años, cuando me sometí a una operación quirúrgica, sabía muy bien que mi futura calidad de vida dependería en gran medida de la cualificación del cirujano. Por eso busqué un experto que fuera el mejor de su profesión. Naturalmente, di por sentado que me ponía en manos de un médico que haría uso de toda su capacidad profesional sin pretender que, además de abonarle sus honorarios, yo compartiera con él mis futuros ingresos (puesto que, evidentemente, éstos dependerían de su pericia).

Si miramos hacia delante, veremos que lo que se necesita es una filosofía de la gestión empresarial basada en valores profesionales y no en la maximización del beneficio. Es evidente que, en un entorno de carácter internacional y competitivo, los directivos altamente cualificados tienen sueldos elevados. Sin embargo, los que además de preparación cuentan con la correspondiente cualificación moral siempre deben esforzarse al máximo en cualquier situación -y sin duda, muchos lo hacen-, sin contar con incentivos suplementarios como las bonificaciones. Quizá en el ámbito empresarial necesitemos algo equivalente al juramento hipocrático de los médicos, para incorporar esta responsabilidad integral. Si no somos capaces de hacer valer esa responsabilidad entre los directivos de todos los sectores económicos, de nada servirán los reglamentos y normativas, porque siempre habrá lagunas.

En épocas de crisis es necesario contener el huracán ocasionado por los errores del pasado y evitar males mayores. Sin embargo, es todavía más importante no conducirse a ciegas y sin profundizar. Es preciso identificar los problemas fundamentales, para cambiar nuestro comportamiento en consonancia con ese análisis. Por eso cabe esperar que la crisis actual sea de índole transformadora.

A medio plazo, es esencial desarrollar una auténtica cooperación mundial para superar las consecuencias negativas de nuestros instrumentos financieros y avanzar en lo tocante a desafíos globales, como el cambio climático, la lucha contra la pobreza, la asistencia sanitaria y otros importantes asuntos.

En la actualidad corremos el peligro de que estas y otras cuestiones cruciales se vean relegadas, con consecuencias tan desastrosas como las que ha ocasionado hacer caso omiso de las señales de alerta que apuntaban hace tiempo la proximidad de esta crisis financiera.

Espero que la adopción consciente de una cultura corporativa integral, basada en los intereses a largo plazo de todos los que buscan el buen funcionamiento de la empresa, y no en los del accionista parcial, de cortas miras, sea una de las consecuencias positivas de esta crisis.

Klaus Schwab es el fundador del Foro Económico Mundial y su director ejecutivo.

La nueva escuela se mete en casa

La nueva escuela se mete en casa


Desde lavarse los dientes hasta atender el teléfono, los padres pueden usar la vida diaria para reforzar el aprendizaje de sus hijos - Un manual explica cómo

Martes: Escuchar la previsión del tiempo y elegir la ropa adecuada. Miércoles: lavarse los dientes utilizando sólo un vaso de agua. Con la actividad del martes se practica la competencia lingüística y la cultural y artística. Con la del miércoles, la importancia del medio ambiente y la iniciativa personal. Así, con ejemplos sencillos, estructurados en una agenda del año escolar, el manual para padres Diario de Familia intenta mostrarles qué actividades cotidianas que ya muchos de ellos hacen normalmente sirven, además, para reforzar el aprendizaje de sus hijos.

El texto, realizado por el Proyecto Atlántida de innovación educativa y la asociación laica de padres y madres Ceapa, está a punto de presentarse. Se trata de un instrumento concreto de lo que muchas veces parecen sólo bellos objetivos escritos en papeles. Las metas de la educación obligatoria van más allá del mero aprendizaje de la lista de autores barrocos o las ecuaciones de segundo grado, sino que pretende asegurarse de que todos los chicos a los 16 años (tanto los que aprueben como los suspendan las ecuaciones) sepan construir, hacer cosas con todos esos datos, que tengan unos mínimos con los que puedan manejarse en la sociedad del siglo XXI.

Esto es lo que se ha llamado las competencias básicas. En 2005, la UE instó a todos los países a incorporarlas y en España están presentes en la ley educativa desde 2006. Son ocho: lingüística; cultural y artística; conocimiento del mundo; iniciativa personal; lógico-matemática; tratamiento de la información y competencia digital; social y ciudadana; y de aprender a aprender. Y esto es, más allá de los exámenes de cada materia, lo que se va a medir en las famosas evaluaciones de diagnóstico de la educación que establece la ley, que se parecerán mucho más a las pruebas que se hacen para el Informe Pisa que a los clásicos exámenes.

Este curso, el Ministerio de Educación evaluará en 4º de primaria (en una muestra representativa de alumnos) cuatro de esas competencias: lingüística, matemática, conocimiento del mundo físico (estas tres son las que mide Pisa) y la social y ciudadana. El próximo curso las evaluarán en 2º de la ESO, y el resto de competencias en los siguientes. Además, entre los 10 objetivos educativos prioritarios que se marcaron el pasado mes de junio el Gobierno y todas las comunidades (también hay un documento), está el de reforzar las competencias básicas.

Pero todo esto tiene varios problemas. El primero es el desconocimiento sobre estas ideas, dice Pedro Rascón, presidente de Ceapa. Entre las comunidades, el desarrollo de materiales para profesores y de formación "es muy desigual", añade el profesor de la Universidad de Las Palmas José Moya, uno de los responsables de Atlántida. Aunque estén colaborando en el proyecto con el Ministerio de Educación y con distintas consejerías (como Cantabria, Castilla-La Mancha o Extremadura), las dudas están ahí.

Tal vez porque el segundo escollo es que muchas personas, tanto profesores como padres, ven todo esto con recelo. Con una concepción más clásica de la educación, consideran que el alumno lo que debe aprender es, simplemente, a hacer esas ecuaciones de segundo grado y saberse el nombre de los autores del Barroco. Esta postura sostiene que los problemas de la educación vienen precisamente de haber aflojado la exigencia de esos contenidos a aprender.

Sin embargo, los que defienden las competencias básicas, lo entienden de la siguiente manera: "Lo que está precisamente en crisis es el tipo de cultura que transmitimos como obligatoria. No es posible saber verbos irregulares en inglés y no saber pedir pan en ese idioma... saber adverbios y pronombres en español y no tener hábito lector... saber capitales y fórmulas y no ser respetuoso", firma el Proyecto Atlántida en grandes letras en una página de Diario de Familia.

Lo que se está proponiendo es un cambio muy profundo que obliga a transformar el día el día de los centros, y a los profesores a exponer cada vez más los contenidos y temas relacionados con actividades de la vida diaria, y eso es complicado. Uno de los objetivos de la agenda es "motivar, formar a las familias, junto al profesorado para aumentar el nivel de competencia curricular del alumnado tanto en el currículo formal (escuela), con el informal (familia) y el no formal (la calle), que la escuela salga a la vida y ésta entre dentro de las aulas...", explica Florencio Luengo, responsable también de Atlántida.

Y lo que han hecho es una herramienta que va a lo concreto, a esas actividades de la vida diaria que han propuesto en año y medio de trabajo los propios padres entre cosas que ya hacían con sus hijos. Pero el gran valor del trabajo, asegura Moya, es poner en contacto esas pequeñas cosas con las competencias básicas que se entrenan. Por ejemplo, que el niño atienda el teléfono de casa y coja los mensajes ayuda, por supuesto, a mejorar la competencia lingüística, y a la del tratamiento de la información, es decir, que el chaval vaya aprendiendo a obtener de forma crítica la información, transformarla en conocimiento y transmitirla correctamente. O cambiar las sábanas de la cama supone entrenar la interacción con el mundo físico, la competencia social y ciudadana y la autonomía e iniciativa personal. Esta última pretende que el chaval tome decisiones propias y asuma sus consecuencias, y desarrolle su "autonomía, creatividad, autoestima, autocrítica, iniciativa, control emocional..."

"La modernización de la escuela pasa por este tipo de cosas. Cuanta más gente convencida haya, mejor", dice Pedro Rascón. Moya recuerda que tradicionalmente, la idea más extendida es que "la familia educa y el profesor enseña; pero la escuela cada vez se ve más obligada a educar. Y, con el aumento de la información gracias al desarrollo tecnológico, en la familia también se aprende".

Sacar un poco de tiempo

Al final, los ejemplos son sólo ejemplos. Los que propone la agenda del Diario de Familia tratan de explicar qué tareas cotidianas que refuerzan las competencias básicas. Pero a partir de ahí, la idea es que los padres las adapten a la edad de sus hijos: "Si proponemos que vea una película con su hijo y comente su contenido, dependerá de la edad del hijo, la película escogida y el tipo de comentarios que se realicen", explica Florencio Luengo, uno de sus autores.

Además, se trata de que los padres, después de enterarse bien de en qué consisten esas competencias, se inventen sus propias actividades, y, sobre todo, que saquen tiempo cada día para desarrollarlas con sus hijos.

En la agenda hay propuestas de actividades diarias (ir a comprar el periódico para que te devuelvan cambio), semanales (cocinar con tus hijos/hijas), mensuales (encargarle de llevar toda la ropa sucia, separando la blanca con la de color), incluso, anual (acordar la paga mensual). "Es sólo un juego para entrenar las competencias", advierte el texto.

Debajo de la actividad de cada día, la agenda tiene un apartado para valorar su resultado. Y se pide además a los padres que envíen sus opiniones (sobre la agenda y las actividades) para ir mejorándola año a año.

El texto explica de una manera sencilla las competencias básicas y también da herramientas para poder hacer talleres en las asociaciones de padres, a los que podrían unirse los profesores. Tanto Ceapa como Atlántida están preparando ya actividades de este tipo con distintas consejerías.


El País