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cuatrodecididos

El olor de la pobreza

Hace tres años, en un viaje por tierra de Lima a Ayacucho, paramos en medio de una pampa, en lo alto de la cordillera, en una aldea donde había un pequeño puesto de policía. Le pedí al oficial que me permitiera usar su baño. "Desde luego, doctor", me dijo, muy amable. "¿Quiere usted miccionar o defecar?". Le repuse que lo primero. Su curiosidad era académica porque el "baño" del puesto era un corralón a la intemperie donde micciones y defecaciones se confundían entre nubes de moscas y una pestilencia de vértigo.

Este recuerdo me ha acompañado sin tregua mientras, tapándome a ratos las narices, hojeaba las 422 páginas de un reciente informe publicado por las Naciones Unidas titulado "Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua". El prudente título y la fría y neutral prosa burocrática en que está redactado no impide que este extraordinario estudio, inspirado sin duda en la sabia concepción de la economía y el progreso de Amartya Sen -un economista que no cree que el progreso consista en estadísticas-, estremezca al lector enfrentándolo con tanto rigor como crudeza con la realidad de la pobreza y sus horrores en el mundo en que vivimos. La investigación que han llevado a cabo Kevin Watkins y su equipo debería ser de consulta obligatoria para todos quienes quieren saber lo que son el subdesarrollo económico y la marginación social en términos prácticos y los abismos que separan a estas sociedades de las que han alcanzado ya medios y altos niveles de vida.

De esta lectura, la primera conclusión a la que llego es que el objeto emblemático de la civilización y el progreso no son el libro, el teléfono, el Internet ni la bomba atómica, sino el excusado. Dónde vacían su vejiga y sus intestinos los seres humanos es el factor determinante para saber si están todavía en la barbarie del subdesarrollo o han comenzado a progresar. Las consecuencias que tiene en la vida de las personas este hecho simple y trascendental son vertiginosas. La tercera parte de la población del planeta -unos dos mil seiscientos millones de personas-, cuando menos, no sabe lo que es un excusado, una letrina, un pozo séptico, y hace sus necesidades, como los animales, al pie de los árboles, junto a arroyos y manantiales, o en bolsas y latas que arroja en medio de la calle. Y unos mil millones utilizan para beber, cocinar, lavar la ropa y su higiene personal, aguas contaminadas por heces humanas y animales. A ello se debe que por lo menos dos millones de niños mueran cada año de diarrea y que enfermedades infecciosas, como cólera, tifoidea y parasitosis, causadas por lo que el informe llama eufemísticamente "carecer de acceso al saneamiento", devasten enormes sectores de África, Asia y América Latina y sean la segunda causa de la mortalidad infantil en el mundo.

En un importante barrio de Nairobi (Kenya) llamado Kibera está generalizado el sistema de los llamados "inodoros volantes", bolsas de plástico que la gente utiliza para hacer sus necesidades y que luego arroja por los aires a la calle (de ahí el apodo). Esta práctica motiva que el nivel de enfermedades infecciosas en el barrio sea altísimo. Aquellas golpean sobre todo a los niños y a las mujeres. ¿Por qué a éstas? Porque como son ellas las que se ocupan sobre todo de la limpieza hogareña y del acarreo del agua están más expuestas que los hombres al contagio.

En Dharavi, un sector populoso de la ciudad de Mumbai, en la India, hay un solo váter por cada 1.440 personas, y en la estación de las lluvias el agua que inunda las calles convierte a éstas en ríos de excrementos. La abundancia del líquido elemento es, en este caso como en el de muchas ciudades del tercer mundo, una tragedia, porque, dadas las condiciones de existencia, el agua, en lugar de ser la vida, es muchas veces el instrumento de la enfermedad y la muerte.

Y, sin embargo, paradójicamente, el problema del agua, inseparable del saneamiento, es acaso el principal que mantiene a los hombres y mujeres prisioneros del subdesarrollo. Los datos del informe son concluyentes. Cuando tienen agua, se trata por lo general de aguas servidas, que acarrean toda clase de bacterias y males que los enferman y matan, pero, en la mayoría de los casos, la pobreza condena a los pobres a una sequía que es todavía más catastrófica para su salud y sus posibilidades de mejorar sus condiciones de vida. Una de las demostra-ciones más chocantes de la investigación es que los pobres pagan mucho más cara el agua que los ricos, precisamente porque los pueblos y barrios donde viven carecen de instalaciones de agua y desagüe y tienen que comprarla a aguateros o servicios comerciales pagando precios exorbitantes. Así, por ejemplo, los habitantes de los barrios pobres de Yakarta (Indonesia), Manila (Filipinas) y Nairobi (Kenya) "pagan entre 5 y 10 veces más por unidad de agua que aquellos de las áreas de ingresos altos de sus propias ciudades y más de lo que pagan los consumidores de Londres o Nueva York". Ese precio desigual del agua hace que el 20% de los hogares más pobres de El Salvador, Jamaica y Nicaragua inviertan la quinta parte de sus ingresos en agua. En tanto que en el Reino Unido el gasto promedio por agua de los ciudadanos es apenas el 3% del ingreso.

No me resisto a citar esta estadística del informe: "Cuando un europeo utiliza la cisterna de un inodoro o un estadounidense se ducha, consumen más agua que la que tienen cientos de millones de personas que viven en los barrios urbanos pobres o las áreas urbanas de los países en desarrollo". Y otra es que con el agua que se ahorraría si los "civilizados" cerráramos los caños del lavador mientras nos cepillamos los dientes un continente entero de "bárbaros" podría bañarse.

A primera vista, se diría que no hay mucha relación posible entre la falta de agua y la educación de las niñas. Y, sin embargo, la hay y muy estrecha. El informe calcula que se pierden 443 millones de días escolares al año a causa de enfermedades relacionadas con el agua y que millones de niñas faltan a la escuela y reciben una educación deficiente o nula, y en todo caso inferior a la de los varones, porque diariamente deben ir a buscar agua a acequias, ríos y pozos que están a menudo a varias horas de camino de sus hogares.

En Los Miserables, Victor Hugo escribió que "Las cloacas son la conciencia de la ciudad", y, en una de esas interpolaciones del narrador que recorren la novela, mientras Jean Valjean pataleaba entre la mierda con el desmayado Marius a cuestas, intentó una curiosa interpretación de la historia a partir del excremento humano. Algo así hace este formidable estudio, sin la poesía y la elocuencia del gran romántico francés, pero con mucho mejor conocimiento científico. Proponiéndose nada más que describir las circunstancias y reverberaciones de un problema concreto que afecta a la tercera parte de la humanidad, este Informe radiografía con dramática precisión el extraordinario privilegio de que gozamos las dos terceras partes restantes, cada vez que, casi sin darnos cuenta de ello, abrimos la canilla de un lavador para lavarnos las manos o la regadera de la ducha para recibir esa lluvia de agua fresca que nos limpia y rejuvenece, o cuando, aguijoneados por un retortijón, nos encerramos en la intimidad de un excusado, aligeramos las entrañas y, solazados, limpiamos con un pedazo de papel higiénico todos los rastros de aquella ceremonia, jalamos una cadena y sentimos, en el torbellino del surtidor, que nuestras suciedades recónditas desaparecen en las entrañas de los desagües, lejos, lejos de nuestras vidas y olfatos, para bien de nuestra salud y buen gusto.

Qué infinitamente distinta a la nuestra es la experiencia de esos miles de millones de seres humanos que nacen, viven y mueren literalmente asfixiados por su propia inmundicia, a la que no consiguen arrancar de sus vidas, pues, visible o invisible, la mugre fecal que expulsan regresa a ellos como una maldición divina, en la comida que comen, el agua en que se lavan y hasta en el aire que respiran, enfermándolos y manteniéndolos en la mera subsistencia, sin posibilidades de salir del confinamiento en que malviven.

Uno de los aspectos más sombríos de este asunto es que, en gran parte debido al asco y la repelencia que todo lo relacionado con la mierda despierta en los seres humanos, los gobiernos y los organismos internacionales que promueven el desarrollo no suelen darle la prioridad que debería tener; lo frecuente es que lo subestimen y dediquen presupuestos insignificantes a planes de saneamiento. Y la verdad es que vivir en la suciedad no sólo enferma el cuerpo sino también el espíritu, la autoestima más elemental, el ánimo para rebelarse contra el infortunio y mantener viva la ilusión, motor de todo progreso. "Nacemos entre heces y orina", escribió San Agustín. Un estremecimiento como una viborilla de hielo en la espalda debería recorrernos al pensar que un tercio de nuestros contemporáneos nunca sale de la porquería en que vino a este valle de lágrimas.

Mario Vargas Llosa

Burka


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En defensa de la diversidad


Ramin Jahanbegloo es filósofo iraní. Con este artículo reanuda sus colaboraciones en EL PAÍS, tras su detención durante 122 días en Teherán, en régimen de aislamiento.

"No podrán sobrevivir aquellas culturas que pretendan excluir a las demás", decía Mahatma Gandhi. La diversidad cultural es hoy una realidad: en el mundo hay unas 6.000 comunidades y un número semejante de lenguas distintas, lo que, naturalmente, da lugar a la existencia de una variedad inmensa de visiones del mundo, creencias, valores y prácticas. Los avances realizados en las tecnologías de la comunicación y el transporte nos han permitido superar las fronteras geográficas y alcanzar un grado de conexión tal que una matanza local en Rwanda o la explosión de una bomba de Bagdad tienen una repercusión inmensa en el ciudadano de España, Japón o Australia. La globalización, pues, no consiste sólo en extender la economía de mercado o las transferencias de capitales, sino que también entraña un flujo constante de ideas que cruzan las fronteras.

Una visión caleidoscópica del mundo ha venido a sustituir al discurso monolítico lineal del pasado, dando lugar a unos cambios constantes en el pensamiento que conforma nuestra herencia cultural común, la cual adopta el aspecto de una inmensa red de conexiones, ligadas todas ellas por el hecho de la coexistencia.

Las diferencias mutuas entrañan la necesidad de diálogo, un diálogo que implique cierto tipo de intercambio de visiones. No se puede encomiar una diversidad que no implique un diálogo ético-hermenéutico en el que las partes intenten alcanzar un aprendizaje transcultural. Es ahí donde hemos de liberarnos de los malentendidos derivados de ciertas actitudes preconcebidas, envenenadas por la idea de una supuesta superioridad. No se trata de idealizar ni de rechazar al "otro". Tenemos que superar esas deformaciones que aparecen por lo general bajo las denominaciones de orientalismo u occidentalismo.

El orientalismo y el occidentalismo exceden los límites de la diversidad porque deshumanizan al otro, convirtiéndolo en el mal. A diferencia de esas dos situaciones, que suelen estar acompañadas de una actitud proclive a responder a la injusticia con otra injusticia, en el marco de un diálogo ético-hermenéutico diversificado, la confrontación y la protesta no son fines en sí mismos, sino medios que se ponen al servicio de la armonía ética y de la curación. Me permito añadir que la defensa de la diversidad constituye un antídoto contra las guerras terroristas y los conflictos culturales. Ha de ser éste un esfuerzo global en un mundo amenazado por la división cultural. Ha de ser un reto no sólo de las relaciones internacionales, sino también de las intra-nacionales.

Parece que la cuestión más destacada es la división entre el mundo islámico y Occidente. Pero también nos podemos referir a los conflictos hindú-musulmanes del subcontinente indio. La violencia a la que nos enfrentamos en el ámbito internacional nos insta a considerar más a fondo la posibilidad de resolver los conflictos entre las diversas culturas y tradiciones por la vía del diálogo.Inspirándonos en la visión y la práctica de Gandhi, de Abdul Ghaffar Khan y muchos otros, podemos experimentar con un pacifismo creativo y dialogístico, a modo de proceso o de método para entrar en contacto con la naturaleza herida y sagrada de las vidas de los otros. En este sentido, cuando defendemos la diversidad estamos invitando a escuchar al "otro"; estamos transformando una forma de pensar centrada en la idea del "nosotros contra ellos", y esa transformación nos ayuda a reconocer que cada cual tiene su parte de verdad.

La participación y el aprendizaje transculturales podrían impulsar la creación de un "código moral universal", el cual, a su vez, nos ayudaría a resolver los problemas comunes del futuro. El futuro de la condición humana depende de nuestra capacidad para construir un nuevo tipo de comunidad que se extienda allende los límites del Estado-nación tradicional. Esta comunidad dependerá de una nueva interpretación moral consensuada de las cuestiones que nos afectan globalmente.

Compartir una misma visión y participar en un aprendizaje común nos servirá para superar la inclinación hacia ese esencialismo cultural que fija y cosifica las identidades. Los participantes deberán negociar la estructura abierta de una diversidad subrayada por el diálogo intercultural. Éste requiere la voluntad de cambio y la participación en el mismo de todos los implicados. Cuando la cohesión moral es fuerte, se suelen compartir las responsabilidades, lo cual permite que los individuos participen en un proceso dinámico de interacción cultural basado en la inclusión. En este proceso, a diferencia de los procesos basados en la uniformidad cultural, se da un deseo colectivo de descubrir y examinar asunciones, de desarrollar los significados compartidos y los valores comunes y de integrar múltiples perspectivas a través de diálogo. Los llamados conflictos de culturas tienen más quever en el fondo con un tipo de comportamiento interno incivilizado de cada una.

En todas las culturas existe un conflicto entre los valores de los pluralistas y los valores de los absolutistas. La mayoría de la gente, por devota que sea, no suele tener una visión absolutista de su credo. Es decir, no tiene un deseo particular de perpetrar actos atroces de violencia terrorista en el nombre de la religión, ni tampoco lo tiene de vivir bajo la tiranía de gobiernos opresores que los someten a unas leyes religiosas muy estrictas. Hoy, a mi parecer, el conflicto real no es el que se da entre el islam y Occidente, sino entre los musulmanes pluralistas y los musulmanes absolutistas.

Se pueden tener unas firmes convicciones religiosas sin caer en el fundamentalismo. Pensemos en musulmanes pacifistas convencidos como Maulana Kalam Azad y Khan Abdul Ghaffar Khan. Merece sobre todo la pena conocer la figura del primero, porque es una demostración de la dignidad humana más genuina y de una voz contra la opresión, el prejuicio y laintolerancia. Honrando la memoria de Maulana Kalam Azad, honramos conjuntamente a la India y a Pakistán. Como dirigente del movimiento pacifista por la independencia liderado por Mahatma Gandhi, no sólo representa la idea de la libertad frente al dominio colonial, sino también de la fe tolerante que respeta otras creencias. Su fe se encarnaba en el principio de Unidad en la Diversidad, algo que constituye la esencia de la tradición histórica de la India. Pero también estaba profundamente comprometido con la revelación coránica, que proclama: "Se invitó a todos los mensajeros de Dios, cualquiera que hubiera sido el lugar y el tiempo de su nacimiento, a seguir el mismo camino". De la visión universalista de Maulana Azad, que encuentra una expresión inmortal en la poesía mística de Mirza Ghalib, el segundo presidente de India, Sarvapalli Radhakrishnan, decía que simbolizaba "la emancipación de la mente, liberada de las supersticiones, el oscurantismo y el fanatismo; liberada de los prejuicios de raza, de lengua o dialecto, de religión o casta". Por eso la segregación de la India y Pakistán echó por tierra su sueño de una nación unificada, en donde los hindúes y los musulmanes coexistieran en armonía.

Maulana Azad fue uno de los primeros pensadores políticos de la India moderna que definieron y enunciaron la idea de una democracia secular para la India independiente. Lo característico de su contribución fue que combinaba una defensa del secularismo y de la unidad nacional con una profunda fe en el islam. Para Azad, en el islam no hay lugar para el odio y el prejuicio religioso.

Hoy no existe un conflicto entre culturas. El verdadero conflicto es entre aquellos que defienden la idea de la diversidad y aquellos que se oponen a ella. Se trata de la antigua confrontación entre el odio y el miedo, por un lado, y la esperanza y el valor, por el otro. Es una lucha entre la arrogancia de la violencia y la responsabilidad del pacifismo. Y en una era de pensamiento y acción globales, en la que las naciones dependen unas de otras, al igual que dependen los individuos, y en la que si existe un futuro, éste ha de ser para todos, las consecuencias del conflicto entre la intolerancia y el diálogo determinarán nuestro destino. No debemos olvidar la heterogeneidad del pasado y hemos de ser capaces de aceptar la pluralidad social, política y cultural del presente.

Muchos pensarán que mi compromiso con la diversidad cultural y el diálogo transcultural emana un aura de optimismo en unos tiempos que llaman más bien al pesimismo. Estoy de acuerdo en que, sin duda, vivimos una época de violencia. Ciertas cuestiones, como la proliferación nuclear, la represión religiosa, las guerras culturales y el fervor nacionalista ponen en peligro la promesa de la diversidad. Pero estos peligros hacen aún más necesarias la diversidad y el pluralismo.

El pluralismo transcultural constituye uno de los programas políticos más humanos en los que podamos empeñarnos, aunque encontremos una fuerte resistencia. Es, en último término, una lucha a favor de la democracia. Gran parte de ella puede ganarse y se ganará desde dentro de cada cultura y cada fe religiosa. Cada cultura tendrá que buscar la manera adecuada de luchar contra sus propios fantasmas y sus propios males. Pero la lucha por la diversidad es también una lucha por unos valores morales compartidos.

En otras palabras, la permanencia de la democracia en los Estados euro-americanos está vinculada a su respeto por la diversidad y la pluralidad de la vida en otras culturas y continentes. Pero el proceso de pluralización no funcionará si no se considera que el pacifismo es una virtud universal. Si el pluralismo transcultural es nuestro ideal, el pacifismo debería ser nuestro valor ético fundamental.

Independientemente de la opinión que se tenga de Mahatma Gandhi, lo que nadie puede poner en tela de juicio es su dedicación a la unidad hindú-musulmana. Hizo de ello la misión de su vida. Insistió en que los hindúes, que constituyen la mayoría del país, no pretendieran nunca imponer sus derechos sobre los musulmanes, sino que intentaran ganarse su corazón. "No hay en ninguna de las dos religiones nada por lo que tengan que estar separadas", decía. "Una unidad fundamental atraviesa toda la diversidad de la naturaleza. Las religiones no son una excepción a las leyes naturales. Se les dan a los hombres a fin de que puedan percibir con mayor prontitud esa unidad fundamental. No es necesario en este momento establecer una religión universal; mucho más necesario es desarrollar el respeto mutuo por las diferentes religiones".

Gandhi nunca aceptó la teoría de que los hindúes y los musulmanes constituían dos naciones distintas. Recalcó los valores éticos fundamentales que son comunes a todas las religiones. "La esencia de una verdadera enseñanza religiosa", afirmaba, "es que uno debe ser amigo de todos. Eso lo aprendí en el regazo de mi madre". Creía que la mejor manera de propagar una religión es a través de las vidas honradas de sus seguidores.

Lo mismo puede decirse de la diversidad. No se puede alcanzar la diversidad sin diálogo; y sin respeto por la diversidad, el diálogo es inútil. Defender la diversidad no consiste simplemente en sentar a hablar a dos personas o a dos comunidades, sino más bien en establecer relaciones positivas y constructivas con los individuos y las comunidades de otras confesiones y culturas; unas relaciones dirigidas a la comprensión y el enriquecimiento mutuo. Se trata de un encuentro entre gentes que tienen confianza en la fuerza cultural de sus tradiciones respectivas y que aspiran a dar testimonio de lo que es específico y personal en sus experiencias culturales en relación con la humanidad y su destino. El diálogo es, pues, un testigo que se ofrece y se recibe en nuestro avanzar conjunto por el camino que hemos tomado para eliminar el prejuicio, la intolerancia y la incomprensión.

Ramin Jahanbegloo

Un hombre pregunta (II)

(…)

Le tienes en la lengua cuando cantas
en la voz cuando blasfemas,
y cuando preguntas que dónde está
esa curiosidad es Dios,
que camina por tu sangre amarga,
en los ojos le tienes cuando ríes,
en las venas cuando amas,
ahí está Dios, en ti,
pero tienes que verle tú,
de nada vale quién te lo señale
(…)
Dios está en eso tan sin nombre
que te sucede cuando algo te encanta,
pero de nada vale que te diga que
Dios está en cada ser que pasa.
Si te angustia ese hombre
que se compra alpargatas,
si te inquieta la vida del que sube y no baja,
si te olvidas de ti y de aquellos,
y te empeñas en nada,
si sin por qué
una angustia se te enquista en la entraña,
si amaneces un día silbando a la mañana
y sonríes a todos
y a todos das las gracias,
Dios está en ti,
debajo mismo de tu corbata.


Gloria Fuertes

Patentes contra pacientes

Patentes contra pacientes

Farmacéuticas y países ricos impiden el acceso a medicamentos que podrían salvar millones de vidas

Cinco años después de su aprobación, la Declaración de Doha que permite a países en desarrollo acceder a genéricos para garantizar su salud pública, sigue sin poder aplicarse


El 14 de noviembre de 2001 los líderes mundiales firmaron la Declaración de Doha, que anteponía la salud de las personas a los beneficios económicos. Cinco años después, a las personas más pobres de los países en desarrollo todavía se les niega el acceso a medicamentos baratos que pueden salvar sus vidas.

El documento "Patentes contra pacientes: Cinco años después de la Declaración de Doha", hecho público hoy por Oxfam Internacional, Intermón Oxfam en España, afirma que los países ricos hacen muy poco, o nada, para cumplir sus obligaciones. En algunos casos, debilitan de forma consciente el alcance de este acuerdo.

En la declaración se afirma que los países en desarrollo pueden anteponer las garantías de salud pública a las reglas de propiedad intelectual de la Organización Mundial del Comercio (conocidas como ADPIC) con el fin de asegurar el acceso a medicamentos genéricos más baratos. Estas medicinas representan la forma más eficaz para mantener unos precios asequibles, asegura el informe.

"Los países ricos han traicionado el espíritu de la Declaración de Doha –afirma Ariane Arpa, directora general de Intermón Oxfam–. La declaración contempla las medidas adecuadas, pero exige voluntad política para ponerlas en marcha. Y los países ricos no la tienen. Vamos hacia atrás, y hay gente que sufre y muere innecesariamente".

Desde 2001 la situación ha empeorado para las personas enfermas en los países en desarrollo:

+ Más de 4 millones de personas se contagiaron de SIDA en 2005.

+ El cáncer, considerado como un "problema de ricos", está aumentando en la población de los países en desarrollo a un ritmo que hace prever que se duplique el número de enfermos en el año 2020, un 60% de los cuales vivirán en países en desarrollo.

+ El número de enfermos de diabetes ha crecido de 30 a 230 millones de personas en los últimos 20 años, la mayor parte de los cuáles vive en los países pobres.


La Organización Mundial de la Salud asegura que el 74% de las medicinas para combatir el SIDA están controladas por monopolios, que el 77% de los africanos no tienen acceso a un tratamiento y que el 30% de la población mundial sigue sin recibir medicamentos de forma regular.

Hay muchas razones que explican esta situación, pero la más importante es que los países ricos, especialmente Estados Unidos, acosan a los países en desarrollo para que acepten reglas más estrictas sobre propiedad intelectual, que permitan a las empresas farmacéuticas preservar sus monopolios. Esto reduce la competencia de los medicamentos genéricos y mantiene los precios muy altos.

"Las estadísticas mundiales de salud son desoladoras, y aún así Estados Unidos continúa negociando acuerdos comerciales con reglas cada vez más duras que limitan a los países el uso de las garantías sanitarias. De ser aplicados, estos acuerdos obligarán a Colombia a pagar 940 millones de dólares más cada año hasta el 2020 para cubrir los costes de sus medicinas, lo que afectará a seis millones de pacientes. Algo similar ocurrirá en Perú, donde los precios de los medicamentos pueden incrementarse un 100% en 10 años y un 162% en 18 años", afirma Gonzalo Fanjul, responsable de investigación de Intermón Oxfam

Otros países ricos, especialmente los de la Unión Europea, se han mostrado pasivos ante la estrategia de los EEUU. Las compañías farmacéuticas han ido incluso más allá, desafiando directamente a países como India y Filipinas que han tratado de utilizar las garantías sanitarias que contempla la regulación de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Responsabilidad de las farmacéuticas

En 2005, varias asociaciones de enfermos de cáncer en India utilizaron las leyes nacionales de propiedad intelectual para frenar el intento de la compañía suiza Novartis de patentar su anticancerígeno Glivec. Está acción permitió a las empresas indias seguir produciendo un medicamento genérico que cuesta 2.700 dólares por paciente y año, frente a la versión de Novartis que ronda los 27.000 dólares por paciente y año.

Sin embargo, Novartis ha apelado recientemente la decisión de los tribunales, desafiando el derecho de India a interpretar los acuerdos ADPIC para proteger su salud pública. Si Novartis triunfa en su empeño, podría poner en peligro la industria de genéricos de aquel país. India es el mayor exportador de medicamentos genéricos del mundo, un 67% de los cuales los vende a países en vías de desarrollo.

"Novartis ha asegurado a Oxfam Internacional que no existe mercado para Glivec en India y que si ha desafiado a las autoridades es para que el país alinee sus leyes de propiedad intelectual con los ADPIC. Sin embargo, India sólo quiere usar una flexibilidad reconocida por el ADPIC y Novartis trata de impedir el ejercicio de ese derecho", dice Fanjul.

Mientras, en Filipinas, el gobierno ha hecho análisis y ha aprobado una versión genérica de Novarsc, un medicamento para el corazón que en estos momentos está patentado por la compañía estadounidense Pfizer. Las autoridades quieren asegurar una versión barata de Novarsc, que cueste un 90% menos, y que esté en el mercado en cuanto termine la patente, que expira en junio de 2007.

Oxfam Internacional considera que la acción del Gobierno es congruente con las reglas ADPIC y con las leyes de propiedad intelectual filipinas. Sin embargo, Pfizer ha demandado al Gobierno de este país. Si gana, limitará la capacidad gubernamental de acceder a medicinas más baratas y de aplicar las garantías ADPIC.

"Los países en desarrollo tienen la obligación de utilizar todas las medidas que protejan su salud pública, pero cuando tratan de hacerlo se enfrentan a una gran presión", afirma Fanjul.

Para que la Declaración de Doha funcione, Oxfam pide:

* Que la OMC revise el impacto del ADPIC para asegurar que todos los países pueden proteger sus sistemas públicos de salud.

* Que EEUU deje de presionar a los países pobres para que adopten criterios más estrictos sobre propiedad intelectual, especialmente en las negociaciones de acuerdos de libre comercio.

* Que la UE no busque medidas ADPIC-plus dentro de los Acuerdos de Asociación Económica y que dé espacio político a los países para aplicar las flexibilidades reconocidas por el ADPIC.

* Que los países ricos den apoyo político y técnico a los países en desarrollo para usar las garantías ADPIC y asegurar el acceso a medicamentos baratos.

* Que los países en desarrollo implementen las garantías sanitarias.

* Que se ponga fin a las demandas presentadas por Novartis y Pfizer contra los países en desarrollo.

"Los países ricos deben cumplir sus compromisos y dejar de socavar la Declaración de Doha con acciones que únicamente les benefician a ellos. Ahora, más que nunca, necesitamos un sistema comercial global que anteponga la salud a los beneficios económicos y que asegure medicamentos baratos para todos", concluye Fanjul.

Comercio con Justicia

Un hombre pregunta (I)


¿Dónde está Dios?
Se ve, o no se ve.
Si te tienen que decir dónde está Dios,
Dios se marcha.
De nada vale que te diga que vive en tu garganta.
Que Dios está en las flores y en los granos,
en los pájaros y en las llagas,
en lo feo,
en lo triste, en el aire, en el agua;
Dios está en el mar y a veces en el templo,
Dios está en el dolor que queda
y en el viejo que pasa
en la madre que pare y en la garrapata,
en la mujer pública
y en la torre de mezquita blanca.
Dios está en la mina y en la plaza,
es verdad que está en todas partes,
pero hay que verle sin preguntar
como si fuera mineral o planta.
Quédate en silencio,
mírate la cara,
el misterio de que veas y sientas,
¿no basta?
Pasa un niño cantando,
tú le amas,
ahí está Dios…


Gloria Fuertes

Memoria histórica


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El precio político

Un artículo sobre la actual situación de la negociación con ETA de Fernando Savater...

EL PAÍS - Opinión - 06-11-2006
A mí me pasa como a ustedes: me tranquiliza mucho saber que De Juana Chaos está a favor del (¿llamado?, ¿supuesto?, ¿valeroso?, ¿fementido?) proceso de paz. Y eso por lo del asunto de la esperanza, que no lo tengo del todo claro. Verán, según he oído asegurar varias veces, sólo hay dos hechos incontrovertibles en este jaleo: que ETA lleva tres años sin matar y que la gente está muy esperanzada con el "proceso". El primero de estos hechos -la ausencia de cadáveres, no de violencia- no es consecuencia del proceso mismo sino su origen, aunque algunos a estas alturas ya se despisten al respecto. ETA no dejó de intentar matar porque llegó Zapatero sino porque llegó Al Qaeda. Pero vamos con la esperanza. Si dejamos a un lado los políticos en ejercicio, que pueden tener razones partidistas para alentar u oponerse al proceso, es fácil comprobar que los más esperanzados con él no son precisamente los miembros de las organizaciones cívicas que más han luchado contra ETA, como el Foro de Ermua o Basta Ya, ni la mayoría de las víctimas, ni siquiera los intelectuales que proceden del propio nacionalismo, como Joseba Arregi o Kepa Aulestia. Los que más proclaman ahora su esperanza son los que estos años se lamentaban sin mover un dedo, los que nos regañaban a quienes nos movíamos por empeorar las cosas y aumentar la crispación, los que miraban para otro lado porque "entre unos y otros...", los que un día pedían pena de muerte para todo el que llevase txapela y al siguiente recomendaban "¡que les den la independencia de una vez y ya está!". Vamos que, con las debidas excepciones, a mayor compromiso y conocimiento de causa más escepticismo, mientras que los más pasotas e ignorantes están esperanzadísimos. Hasta el punto que a mí no se me va de la cabeza el comienzo de aquella deliciosa frottola veneciana del siglo XVI: "Io non compro più speranza / che gli è falsa mercancía!". Aunque ahora, con el solvente apoyo de De Juana, se equilibran un poco las cosas...

El resultado de la iniciativa gubernamental en Estrasburgo, buscando apoyo del Parlamento Europeo, tampoco es que le anime a uno mucho. Primero, por lo que revela de la propia idea que se hace el Gobierno de este asunto, al mencionar como precedente a favor el apoyo a Blair para negociar la paz en Irlanda. Por el contrario, en el caso que nos ocupa no hay dos comunidades enfrentadas, ni terroristas de uno y otro lado, ni mucho menos falta de libertades democráticas para nadie (salvo la que deriva de la coacción violenta de los etarras). Se trata más bien de un Estado de derecho tratando de liquidar a una mafia. ¿Se imaginan ustedes al atribulado Romano Prodi llevando a Estrasburgo su plan contra la Camorra napolitana -que también cuenta con apoyos y complicidades entre la población, de igual calaña que los de Batasuna- para recibir la simpatía de los demás gobiernos? Y en la tribuna de invitados, algunos capos y dos o tres abogados de camorristas... Pero además hemos tenido de nuevo ocasión de constatar la desinformación que sobre el terrorismo de ETA reina en Europa. Las intervenciones en el debate fueron memorables, que como ustedes saben viene de "memo". Para Monica Frassoni, de los Verdes, la clave del éxito del proceso son "el diálogo, la no violencia y el derecho a decidir de los ciudadanos vascos", es decir lo que llevamos décadas practicando a trancas y barrancas todos los vascos y el resto de los españoles que no ponemos bombas ni pegamos tiros en la nuca. Gracias, señora, no sé que haríamos sin sus consejos. A Jens-Peter Bonde, diputado de Independencia y Democracia, se le nota aún mejor informado: "¿Qué se puede hacer en el País Vasco para impedir el terrorismo y buscar una solución duradera en la paz? Podemos impulsar a los compañeros españoles a negociar y darles incentivos económicos. Se puede buscar una solución al terrorismo creando puestos de trabajo y bienestar". Es generoso, este Bonde: si nos portamos bien, es partidario de dar buenas propinas. ¡Y pensar que semejante cráneo privilegiado estará igual de enterado del resto de los problemas en los que cuente su voto! El señor Brian Crowley, copresidente del grupo Unión de Europa de las Naciones, se atiene a la sabiduría tradicional: "Cuando uno entra en un proceso de paz, hay que encontrar la paz con los enemigos, no con los amigos". Después, sin ducharse siquiera tras el esfuerzo teórico anterior, prosigue: "Llegar a la paz con los enemigos puede acarrear muchísimos problemas para uno mismo y su entorno". Sí, es lo que tiene. Y nada menos que Martin Schulz, presidente a la sazón del Grupo Socialista Europeo, declara a Radio Euskadi para ponerles contentos: "Europa

podrá también resolver el problema vasco, porque es político, absolutamente político". ¡Vaya, otro que no se ha enterado de que no va a haber "precio político"! Por cierto, delicioso el "también": no hay problema político que Europa no resuelva en un pis-plás... En su justificación de voto, el peneuvista Ortuondo se felicitó de que por fin la Cámara mire de frente un viejo conflicto, que por no haber sido tratado como es debido en su momento ha llevado a un grupo de extremistas a la utilización de la violencia: ¡y lo dice el representante del partido gobernante en Euskadi desde hace tres décadas, por tanto, víctima declarada de la ceguera e intransigencia española! En fin, no seamos crueles, para qué seguir. Si no llega a ser por la intervención final de Rosa Díez respondiendo a Ortuondo, sería para avergonzarse de pertenecer no ya a la Unión Europea sino a la especie humana, supuestamente racional.

Volvemos a lo de siempre: el proceso es largo y difícil, confiemos en el Gobierno. No deseo otra cosa, pero me gustaría estar seguro de que hablamos todos de lo mismo. A pesar de que según Patxi López el presidente ya lo ha dejado claro "todo y para todos", los más torpes seguimos levantando la mano a ver si alguien nos contesta. La entrevista que hace poco realizó Francino a Zapatero en la SER fue tan devotamente servicial que nos enteramos de pocos secretos, pero a mí me impresionó la reiteración de ZP en mencionar los "cuarenta años" que llevamos en busca de la "paz". Nada puede ser más falso: lo que llevamos es casi cuarenta años en paz y democracia, luchando por acabar con la violencia terrorista. En estas décadas hemos pasado de los modos dictatoriales a la Constitución, ha habido dos amnistías, se han celebrado numerosos comicios regidos por una Ley Electoral que favorece claramente el peso de los partidos nacionalistas, España se ha convertido en el Estado más autonomista de toda Europa y en el País Vasco, concretamente, han gobernado sin cesar los nacionalistas (al comienzo por amable concesión de los socialistas). Aquí se ha hecho todo por la paz y hemos vivido en paz democrática todos. Todos menos los hijos de perra que han seguido matando a la gente de paz, fuesen con uniforme o sin él. Todas las víctimas del terrorismo en la España democrática han sido víctimas de la paz, no de la guerra. Y quienes les han matado luchaban contra la paz. Algunos nacionalistas de los que condenan la violencia interceden por los etarras encarcelados, arguyendo que aunque con métodos equivocados lucharon en defensa de las libertades de los vascos. Sin duda todo el mundo tiene derecho a la enmienda y debe ser ayudado si quiere enmendarse, pero debe quedar meridianamente claro que los etarras no están en prisión por haber luchado por la causa de las libertades, sino contra nuestras libertades: contra las de los no nacionalistas, desde luego, pero quiero pensar que también contra las de los nacionalistas con una pizca de decencia.

¿Va a pagarse un precio político, no a ETA, sino a los partidos nacionalistas para consolarles de la desaparición de ETA? El Gobierno dice que no y yo espero que así sea. Pero dejemos claro de qué "precio político" hablamos. ETA ha asesinado a la gente de paz para cerrar el País Vasco, para clausurarlo e impermeabilizarlo frente a España, el Estado de derecho de que forma parte. Y quienes hemos luchado contra ETA no lo hemos hecho tan sólo para acabar con la violencia, sino para mantener constitucionalmente abierto el País Vasco en y hacia España. El terror impuesto por ETA es efectivo: gracias a él, hoy se manifiestan tranquilamente los grupos abertzales dónde y cómo les apetece con sus reclamaciones sobre el "proceso", mientras el resto de la población se muerde los puños de rabia dentro de sus casas; gracias a ese miedo, nosotros no tenemos en el País Vasco un Partido de los Ciudadanos como el que felizmente funciona en Cataluña (¡enhorabuena, compañeros!). De modo que el precio político sería organizar una mesa de partidos extraparlamentaria en la que se aceptasen nuevas y quizá definitivas concesiones a los nacionalistas para blindar al País Vasco frente a España y hacerlo así invulnerable al control del Estado de Derecho, gracias al cual a los no nacionalistas no nos han devorado civilmente hablando del todo durante estos negros años. En una palabra: sería la peor de las concesiones políticas que el cese de la violencia se alcanzase gracias a que quienes ni somos nacionalistas ni pensamos serlo próximamente acabásemos institucionalmente un poco más arrinconados que antes.

Nos dicen: pero ¡algo habrá que darles! ¿A los abertzales, una vez que condenen la violencia? Desde luego: el derecho de formar un partido político en el que libremente, en igualdad de condiciones con los demás, sin coacciones ni extorsiones, puedan defender sus ideas independentistas con argumentos y sin amenazas. ¿Qué eso les parece poca cosa? Es mucho más de lo que durante estos años hemos tenido otros. Y del resto nada de nada, claro.

Fernando Savater