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cuatrodecididos

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¡Socorro! necesito a alguien
¡Socorro! no a cualquiera
¡Socorro! sabes que necesito a alguien
¡Socorro!

Cuando era más joven, mucho más joven que ahora
nunca necesitaba la ayuda de nadie
Pero esos días ya pasaron y ahora no estoy tan seguro de mí mismo
Veo que mis ideas han cambiado
He abierto las puertas

Ayúdame si puedes, me siento deprimido
y apreciaría tu compañía
Ayúdame a poner los pies en el suelo
Por favor, por favor ¿no me ayudarás?

Ahora mi vida ha cambiado tanto
Mi independencia parece desvanecerse en una neblina
A veces me siento tan inseguro
Sé que te necesito
como nunca antes te había necesitado

Ayúdame si puedes, me siento deprimido
y apreciaría tu compañía
Ayúdame a poner los pies en el suelo
Por favor, por favor ¿no me ayudarás?

Cuando era más joven, mucho más joven que ahora
nunca necesitaba la ayuda de nadie
Pero esos días ya pasaron y ahora no estoy tan seguro de mí mismo
Veo que mis ideas han cambiado
He abierto las puertas

Ayúdame si puedes, me siento deprimido
y apreciaría tu compañía
Ayúdame a poner los pies en el suelo
Por favor, por favor ¿no me ayudarás?
Ayúdame, ayúdame

Lennon & McCartney

Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX,
no nos parecerán lo más grave las fechorías de los malvados,
sino el escandaloso silencio de las buenas personas.

Martin Luther King

Al hambriento pertenece el pan que reservas,
al desnudo la ropa que guardas en el armario,
al descalzo el zapato que se pudre en tu casa,
al necesitado la plata que has enterrado.
Pero tú eres contentadizo e inaccesible;
tú evitas todo encuentro con un pobre,
para no verte obligado a entregar sólo un poco.
Y no sabes decir más que una cosa:
No tengo nada y no puedo dar nada, pues soy pobre.
Sí, realmente eres pobre:
pobre en amor, pobre en fe en Dios, pobre en esperanza eterna.

Basilio de Cesarea

Yesterday

Ayer,
todos mis problemas parecían tan lejos
Ahora es como si estuvieran aquí para siempre

Oh, creo en el ayer

De pronto,
no soy ni la mitad del hombre que era antes
Una sombra se cierne sobre mí
Oh, de pronto llegó el ayer

¿Por qué tuvo que irse? No lo sé
No me lo dijo
yo dije algo que no debía
Ahora anhelo el ayer

Ayer,
el amor era un juego tan fácil
Ahora necesito un lugar donde esconderme
Oh, creo en el ayer

Paul McCartney

Con dinero

Con dinero se puede comprar placer, pero no amor.
Con dinero se pueden comprar diversiones, pero no alegría.
Con dinero se puede comprar un esclavo, pero no un amigo.
Con dinero se puede comprar una mujer, pero no una esposa.
Con dinero se puede comprar una casa, pero no un hogar.
Con dinero se pueden comprar alimentos, pero no apetito.
Con dinero se pueden comprar medicinas, pero no salud.
Con dinero se pueden comprar diplomas, pero no cultura.
Con dinero se pueden comprar favores, pero no perdón.
Con dinero se puede comprar la tierra, pero no el cielo.
Con dinero se pueden comprar títulos, pero no honradez.
Con dinero se puede comprar bienestar, pero no felicidad.
Con dinero se pueden comprar "rezos", pero no a Dios.
Con dinero se pueden lograr armas, pero no sembrar la paz.
Con dinero se puede comprar droga, pero no sentido de la vida.
Con dinero puedes someter esclavos, pero no hacer personas libres...
Con dinero se pueden tener cosas y "pasarlo bien" (a veces),
pero sólo amando a las personas podemos ser felices...

Los tres hijos del rey

Érase una vez un rey que tenía tres hijos. Poseía, además, muchas riquezas. Pero sobre todo un brillante de valor extraordinario, admirado en el mundo entero. Se iba haciendo anciano y se preguntaba así mismo para cuál de los tres hijos sería aquel brillante al repartir la herencia? Tuvo una idea: Sería para el que realizase la mayor hazaña en un día señalado...

Al llegar la noche del día siguiente, cada uno relató al rey su aventura vivida. El mayor había dado muerte al terrible dragón rojo que sembraba el pánico por todo el reino.

El segundo, con una pequeña daga, había vencido a diez hombre bien armados.

El tercero dijo:
- Salí esta mañana y encontré a mi mayor enemigo durmiendo al borde de un acantilado... Luché conmigo mismo y mis ganas de despeñarlo... y al final le dejé seguir durmiendo.

Entonces el rey se levantó del trono, abrazó a su hijo menor y le entregó el brillante.

Tony de Mello

Cuando lo normal es raro

Usted no es normal. Si está leyendo estas páginas, seguramente pertenece a la minoría de la humanidad que tiene un empleo estable, adecuado acceso a la Seguridad Social y que además disfruta de una considerable libertad política. Además, a diferencia de otros 860 millones de personas, usted sabe leer. Y gasta más de dos euros al día. El porcentaje de la población mundial que combina todos estos atributos es menos del 4%.

La Organización Internacional del Trabajo calcula que un tercio de la población activa está desempleada o subempleada, y la mitad de la población mundial no tiene acceso a seguridad social de ninguna clase. Freedom House, una organización que estudia los sistemas políticos de los países, clasifica a 103 de las 192 naciones del mundo como "no libres" o "parcialmente libres", lo cual significa que las libertades civiles y los derechos políticos básicos de sus ciudadanos son nulos o muy reducidos. Más de 3.600 millones de personas, o un 56% de la población mundial, viven en esos países. Según el Banco Mundial, aproximadamente la mitad de la humanidad vive con menos de dos euros al día.

Así, estadísticamente, hoy en día un ser humano "normal" es muy pobre; vive en condiciones físicas, económicas y políticas opresivas, y está regido por un gobierno incapaz y corrupto. Pero la normalidad no sólo se define mediante estadísticas. Normal quiere decir algo que es "habitual, típico o esperado". Por tanto, lo normal no es sólo lo que es estadísticamente más frecuente, sino también lo que otros suponen que lo es. En ese sentido, las expectativas de una pequeña pero influyente minoría distorsionan la realidad de la vasta mayoría. Existe una enorme diferencia entre lo que el ciudadano medio de las democracias occidentales avanzadas -y las élites más ricas en todas partes- suponen que es o debería ser normal, y las realidades diarias que confronta la abrumadora mayoría de la gente. La información sobre las nefastas condiciones habituales en los países pobres es bien conocida y ampliamente debatida. Sorprendentemente, sin embargo, las expectativas sobre lo que significa ser normal en el mundo actual suelen reflejar la anormal realidad de unos pocos países ricos y no la norma global. Suponemos que es normal comer tres o cuatro veces diarias; caminar por la calle sin miedo, y tener acceso al agua, la electricidad, el teléfono y el transporte público. O que durante el día los niños van a la escuela. Lamentablemente, nada de esto es lo más común. Hoy en día, 852 millones de personas, incluidos muchos niños y ancianos, no comen tres veces al día, y cuando lo hacen, esa comida no les proporciona el consumo calórico diario necesario para una persona normal. Aproximadamente, 1.600 millones de personas carecen de acceso a la electricidad, y 2.400 millones recurren a combustibles tradicionales como la madera y el estiércol para la cocina y la calefacción. Un 30% de la población mundial jamás ha hecho una llamada telefónica. La delincuencia callejera y la violencia urbana son normales en gran parte del mundo. El índice medio de homicidios en Latinoamérica es de aproximadamente 25 por cada 100.000 habitantes, y en el África subsahariana, de unos 18 asesinatos por cada 100.000 habitantes. (En la Unión Europea se producen sólo tres homicidios por cada 100.000 habitantes). Se calcula que unos 246 millones de niños, aproximadamente uno de cada seis, trabajan, y de ellos, 73 millones tienen menos de 10 años. Mientras que un nacimiento generalmente es un momento de alegría y celebración en los países de mayores ingresos elevados, en el resto del mundo es una amenaza de muerte, enfermedades y discapacidades. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren más de medio millón de mujeres debido a complicaciones derivadas del embarazo en los países en desarrollo, donde el riesgo de mortalidad materna es de una de cada 61. En los países ricos, el riesgo de mortalidad materna es de una entre 2.800.

Esta percepción distorsionada de lo que es normal puede adoptar formas más sutiles. Un buen ejemplo son las suposiciones que hacemos sobre la calidad de las noticias que recibimos. Lo normal es suponer que las noticias están exentas de injerencias gubernamentales. Pero en gran parte del mundo, ése no es el caso. Un sondeo del Banco Mundial sobre la propiedad de los medios de comunicación descubrió que en 97 países, un 72% de las cinco emisoras más importantes y un 60% de las cinco empresas de televisión más vistas son propiedad del Estado. El estudio también encontró pruebas estadísticas fehacientes de que los países con un mayor control estatal de los medios disfrutan de menos derechos políticos, así como de una calidad muy pobre de servicios educativos y sanitarios.

Las suposiciones del mundo rico sobre lo que constituye la norma global pueden resultar en costosos errores. Se han derrochado miles de millones de euros porque se da por hecho que los gobiernos de los países más pobres son en diseño y normas más o menos similares a los de las naciones ricas, sólo que un poco menos eficaces. A pesar de los constantes recordatorios de que la mayoría de los gobiernos del mundo son incapaces de realizar tareas relativamente sencillas, como entregar el correo o recoger la basura, la mayoría de las fórmulas que se proponen sobre cómo deberían solventar sus problemas dichos países suponen la existencia de capacidades inexistentes en la gran mayoría del sector público del mundo.

Esto en parte sucede porque queremos que la gente tenga una vida mejor, y es natural que usemos nuestra definición de normalidad como guía para ayudar a los demás. Lo que impulsa el desfase entre lo que suponemos que es normal y la realidad a la que se enfrentan miles de millones de personas no es sólo la tendencia provinciana a imponer nuestra experiencia a los demás, sino también una manifestación sincera de nuestros valores. Esto no quiere decir que estos juicios de valor acerca de cómo deben ser las cosas deben abandonarse; de hecho, son estos valores los que señalan la dirección en la que se encuentra el progreso. Pero una cosa es tenerlos como metas y otra muy distinta -y peligrosa- es suponer que nuestros ideales son parte de la realidad. Es fácil equivocarse diseñando una política educativa "normal" para un país donde es común que los niños lleguen a la escuela sin haber comido o donde las niñas arriesgan su seguridad física cada vez que salen de su casa. La política de impuestos o de normas laborales en países donde el trabajo informal y las transacciones ilícitas son lo normal tampoco responde bien a los conceptos tradicionales.

Muchas decisiones de política pública han sido erradas porque han confundido ideales con realidades. En tiempos como éstos, en los cuales los valores se han vuelto tan habituales en la retórica política, es importante estar muy alerta a la posibilidad de que nuestras opiniones, planes y decisiones se cimienten en falsas suposiciones sobre lo que es normal. Cuando eso ocurre, los valores conducen a malas decisiones, y no a una mayor claridad moral.

Moisés Naím

Los cuentos sirven para dormir a los niños
y para despertar a los adultos