Blogia
cuatrodecididos

portadas

Sin partido pero afiliados a las ONG

Sin partido pero afiliados a las ONG

Los menores de 30 confían en el asociacionismo y el voluntariado para participar en cambios sociales rápidos y palpables

En pleno centro de Madrid, un grupo de jóvenes que representa a la ONG ACNUR asalta a quienes los quieran oír. Les cuentan los problemas que padecen miles de refugiados por todo el mundo y lo fácil que es poner un granito de arena para intentar solucionarlos: menos de 10 euros al mes. La mayoría pasa de largo sin detenerse; otros los escuchan por educación y se marchan sin contribuir. Pero después de un fin de semana de trabajo, cada joven consigue convencer a alrededor de media docena de personas para que colaboren con los refugiados. A tenor de las encuestas sobre valores de la sociedad, si quienes estuvieran en esa calle reclutando donativos fuesen miembros de partidos políticos, se quedarían lejos de esa cifra. Y su éxito sería todavía mucho menor entre los jóvenes, cuyo desapego de la política crece a pasos agigantados. Las ONG son su referente, las instituciones más valoradas, según el informe Juventud en España 2008. Son un medio para aprovechar su tiempo, para reconfortarse, para sentir que hacen algo útil. Pero el tercer sector es más que eso. Dice el sociólogo Félix Requena: "Un indicador de la salud de la democracia".

Si atendemos a los números, la salud no es mala, aunque venimos de una tradición asociativa muy inferior a otros países de nuestro entorno. La participación en ONG viene creciendo sin parar en los últimos años. Las plataformas que las agrupan no tienen datos de 2008 y puntualizan que trabajan en un sector muy fraccionado donde es difícil hacer cálculos globales. Sin embargo, casi todas manejan cifras parecidas: más de un millón de personas trabajan como voluntarios en España, y alrededor de cinco millones aportan dinero en mayor o menor cuantía a alguna ONG. Esto es algo menos que el número de personas que van cada domingo a misa, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Sin embargo, las organizaciones no gubernamentales tienen mejor consideración que cualquier religión. Y no sólo entre la juventud. Como apunta Ignasi Carreras, director del Instituto de Innovación Social de Esade, diversos barómetros han ido mostrando a lo largo de los años que estas instituciones son las que gozan de mayor credibilidad.

Sin embargo, las siglas ONG pueden tener muchos significados. "Se atienen al mismo régimen fiscal que una peña de fútbol y, lógicamente, no nos referimos a ellas", dice Leticia Tierra, gerente de la Plataforma del Voluntariado. Su organización ha puesto en marcha un observatorio que pretende ir conociendo un poco más su propio mundo. El pasado julio publicaron un primer estudio que permitió conocer el perfil mayoritario de quienes regalan su tiempo a la acción social: mujer, con estudios altos y por debajo de los 45 años.

Todas las plataformas y sociólogos consultados coinciden en señalar a la juventud como una de las esencias de las ONG. Pero también están de acuerdo en otra realidad emergente: cada vez hay más jubilados y prejubilados con mucho tiempo libre que no se resignan a dejar de aportar cosas a la sociedad. En el primer estudio del observatorio de la Plataforma del Voluntariado todavía no se nota mucho esta tendencia: el sector que agrupa a quienes tienen desde 56 años en adelante apenas llega al 10% del total. Sí está claramente marcada la presencia de gente joven: casi la mitad de los hombres y más del 35% de las mujeres que trabajan como voluntarios tienen entre 18 y 35 años. Aunque no son cantidades homologables, la diferencia resulta significativa si se compara la proporción del número de afiliados a los principales partidos políticos y a sus filiales juveniles. En el PSOE no representan ni el 5%; en el PP, algo menos del 10%.

Lo cierto es que las ONG no están exentas de un cariz político. "La ideología lo condiciona todo", dice el sociólogo José Antonio Díaz. "Pero tanto los de derechas como los de izquierdas pueden encontrar organizaciones afines. Normalmente, los conservadores se irán a las ligadas a la Iglesia, mientras que los de izquierdas buscan otras, como el Movimiento por la Paz el Desarme y la Libertad", apostilla.

Pero, ¿qué les lleva tanto a unos como a otros a dedicar su tiempo a una ONG? Quienes trabajan en ellas no se mojan. Dicen que es difícil entrar en motivaciones, que son muy personales. "Hay una pluralidad enorme. Seguro que si vas preguntando, cada persona te puede dar una respuesta diferente", dice José María Medina, presidente de la Coordinadora de ONG para el desarrollo.

Los sociólogos son más precisos. Eduardo Bericat, catedrático de la Universidad de Sevilla estudió el estado emocional de los jóvenes según su participación en la sociedad. Hizo preguntas sobre si se sienten útiles, si son felices, cómo andan de orgullo, en qué medida se aburren o se divierten. Las conclusiones fueron claras. Aquellos que participaban en asociaciones de tipo laico o religioso mostraban unos balances emocionales "sustancialmente más positivos" que los demás. El propio Bericat esboza el porqué: "Las cosas que hacemos pueden ser por motivaciones directamente instrumentales -un trabajo por un dinero, por ejemplo-, pero también a veces recibimos compensaciones morales. Esto sucede cuando ajustamos la conducta a nuestros valores sociales". Como, por ejemplo, cuando dedicamos tiempo a una ONG. "En una estructura social que deja poco hueco para el trabajo en la juventud, que tiende a que se incorporen muy tarde, todas estas acciones semilaborales en organizaciones sociales son muy aptas. Favorecen experiencias vitales muy importantes", añade.

El doctor en Sociología Félix Requena apunta a factores parecidos en su libro Redes sociales y sociedad civil. A la experiencia y los réditos emocionales, incluso profesionales, que aportan las ONG, añade factores que configuran un tipo de compromiso con la sociedad distinto del de hace años: "Los vínculos y obligaciones involuntarias derivados de la clase social, la religión, la raza, son sustituidos por otros de naturaleza más voluntaria. Ahora existe una mayor propensión a que las personas se relacionen con quienes quieren". Esto explicaría, en su opinión, la proliferación de voluntarios y la disminución de vocaciones de misioneros en las iglesias. Los voluntarios se convierten así en una especie de "nuevos misioneros a tiempo parcial", lo que da sentido a "una vida cada vez más desprovista de lo trascendental". "Se puede ser voluntario sin tener que aceptar el peso de unos dogmas difíciles de entender y de llevar", añade.

Esta teoría, aplicada al conjunto de la sociedad, se acentúa especialmente en los menores de 30 años, que dan a la religión muy poca importancia, según el último informe del Instituto de la Juventud. La sitúan, en este orden, por detrás de la familia, la salud, el trabajo, ganar dinero, el tiempo libre, los estudios y el aspecto físico.

Queda aún por debajo la política. El interés por este tema ha bajado cinco puntos, hasta el 18%, en los últimos cuatro años, según el Informe Juventud en España 2008, publicado hace unas semanas. En opinión de Pedro Zerolo, secretario socialista de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG, esto es fruto de un desprestigio que muchos propician en la política. Pero cree que "las mujeres y los hombres jóvenes participan activamente en el movimiento asociativo, que es la antesala de la participación activa en política". Lo dice por experiencia propia. Hace más de cinco años dio el salto desde la Federación de Gays y Lesbianas hacia un asiento como concejal en el Ayuntamiento de Madrid. "España es hoy lo que es gracias al movimiento asociativo. Las organizaciones sociales y ciudadanas son las primeras que recogen las demandas de la ciudadanía y las transforman en discurso, las hacen llegar a los partidos que las incorporan y las hacen leyes", explica Zerolo. El presidente de la Plataforma de Organizaciones de Acción Social, Juan Lara, va más allá: "Vamos por delante del Estado en la detección de las necesidades donde surgen y somos los primeros en intentar paliarlas". Pone como ejemplo la Ley de Dependencia, cuyos objetivos venían cumpliendo muchas asociaciones antes que la Administración.

La gerente de la plataforma del voluntariado da otras explicaciones al desapego por la política: "Los jóvenes buscan cada vez más cambios rápidos, palpables". Según dice, participan en movimientos en los que se sienten identificados, "como los sociales y medioambientales", pero no tan a largo plazo como los políticos. El cambio en la manera de relacionarse con la sociedad influye mucho también en quienes se acercan a las ONG. "A través de Internet interpretan información, están más capacitados para asimilarla de forma gráfica y no tanto en texto. En eso tenemos que evolucionar nosotros también. Un ejemplo muy claro en esta nueva relación es la campaña de Obama: microfinanciación por Internet, participación a un asunto concreto, en favor de un hecho, aunque sea político", explica.

Esta nueva forma de voluntariado la ha sabido captar perfectamente la nueva ONG Microvoluntarios. Han encontrado la forma de que la gente participe desde casa en lo que mejor se le da. Ponen en contacto a voluntarios con ONG. En su página web hay una serie de tareas, que pueden desempeñar, desde pedir subvenciones para una organización, hasta una nota de prensa o una campaña de marketing viral, es decir, propalar por Internet una idea en cadena para convencer a otros. Se creó hace tres meses y ya hay más de 1.500 inscritos, 700 tareas y más de dos centenares de ONG. "Va a ser una revolución porque tenemos muy poco tiempo y con este método podemos hacer algo que nos gratifica de manera cómoda. Ya tenemos muy pocas excusas para no echar una mano", dice José Manuel Areces, director de comunicación de la fundación Bip Bip, que impulsó Microvoluntarios.

Se diferencian de la cooperación tradicional, como el de cuidar enfermos o apadrinar niños. Esta última acción sufrió un serio revés tras los escándalos de hace dos años en asociaciones como Anesvad o Intervida. Los ciudadanos buscan mayor transparencia, organizaciones que les den confianza. Pero siguen contribuyendo. Según los datos preliminares de la memoria sobre 2007 que está a punto de sacar la Coordinadora de ONG, las donaciones particulares crecieron en torno a un 10%, mientras que las públicas, aproximadamente un 7%. Lo que ascendió de forma espectacular fue el voluntariado, en torno a un 20%, según su presidente, José María Medina.

Está por ver cómo afecta la crisis a las ONG. Lucía Tierra, de la plataforma del Voluntariado, recuerda que estas organizaciones se financian en un 70% u 80% a través de subvenciones estatales y del impuesto del IRPF. "Hasta dentro de un año o dos no sabremos si bajan estas partidas". Lo que sí hay ya es muchas más necesidades de ONG por la coyuntura económica. La secretaria de Estado de Política Social, Amparo Valcarce, no es optimista en cuanto a que haya más voluntarios: "La experiencia de otras crisis no muestra una subida en la participación, que tiene más que ver con la salud de la democracia en general". Ignasi Carreras advierte de que las ONG "no dan abasto" y que organizaciones como Cáritas o Cruz Roja están siendo más demandadas que nunca. Pide ahora un esfuerzo de solidaridad. Que cuando alguien vea a unos jóvenes pidiendo fondos para quienes los necesitan, los escuche e, incluso, que colabore.

Pablo Linde en El País.

Pasados de la raya

Pasados de la raya


España es, tras Reino Unido, el país europeo con mayor consumo de cocaína - Cuatro adictos en proceso de rehabilitación cuentan su lucha para dejar de esnifar


297, 294, 291, 288... Cuando le entran ganas de meterse una raya, Alberto cuenta hacia atrás de tres en tres. O piensa en el arroyo del pueblo de sus abuelos, en el sonido del correr del agua... Es el gran reto de las miles de personas que intentan dejar la cocaína cada año (22.000 el año pasado sólo en la red pública): controlar el deseo irrefrenable de meterse una raya.

Los expertos usan el término inglés, craving, porque no encuentran otro que describa tan claramente el ansia desmedida por consumir cocaína, la droga más adictiva y con más recaídas. "Es la que más aumenta el flujo de dopamina, la que más altera el cerebro", explica Diego Urgelés, coordinador médico del Centro de Asistencia Integral al Cocainómano (CAIC), de la Agencia Antidroga de Madrid. "La heroína da más placer, pero no modifica tanto las estructuras cerebrales. Cuando una persona se enfrenta a una intersección de opciones siempre elige la que asocia con la dopamina, por eso es tan difícil dejar la cocaína. Si te estuvieran dando martillazos en la cabeza mientras la consumes, te acabaría gustando".

En muy poco tiempo, la cocaína se ha puesto a la cabeza de la demanda de tratamientos a adictos (en un 60% de los casos unido al consumo de alcohol). Sirva el ejemplo de la ONG Proyecto Hombre, que atiende a 20.000 personas al año. En 1991, un 1% de sus pacientes eran cocainómanos. En 2002, el 20%. El año pasado, el 70% (en algunos centros hasta el 80%). España es, tras Reino Unido, el país europeo con mayor consumo. El 5,8% de la población de entre 15 a 24 años la ha tomado en el último año; el doble que hace una década. Pero lo que más alarma a los expertos son los adolescentes. El 4% de los chavales de entre 14 y 15 años la han probado. Y cuanto antes se toma, más maleable es el cerebro y más probabilidades existen de desarrollar una adicción.

Lo que lleva al quid de la cuestión: un 9% de los consumidores son adictos. Un 4% desarrolla la adicción al año de probar la primera raya, pero la mayoría tarda más. Seis, ocho años. Puede que más. La cocaína no consume físicamente ni tumba como la heroína o el alcohol. Se puede consumir hasta la ruina o hasta explotar. Según la Agencia Antidroga, el 83% de los adictos son varones de unos 37 años, de un nivel socioeconómico medio y sin antecedentes penales; pero los expertos insisten en que hay de todo. Consumidores de fin de semana y diarios. Recientes y de años. Jóvenes y mayores. Sí comparten una característica: mantienen su trabajo y su familia y sólo reclaman ayuda cuando llegan los problemas. Una separación, deudas, la salud (uno de cada cuatro adictos desarrolla una patología dual. Trastornos bipolares, brotes psicóticos, depresión).

Una vez que el adicto pide auxilio, la principal tarea de los terapeutas es que no recaiga. Pero el cocainómano es muy tramposo, incluso consigo mismo. "Si el cerebro te está pidiendo coca enseguida generas un monólogo para convencerte de que por una raya no pasa nada", explica el terapeuta Carlos Dulanto. Cualquier excusa es buena. "Nuestra labor es evitar que eso pase", añade la psicóloga Sagrario Guijarro, del Centro de Atención Integral al Drogodependiente (CAID) de Usera (Madrid). "Somos como comerciales".

A las ganas desenfrenadas y al autoengaño se añade un obstáculo: no existe un fármaco que anule sus efectos o sustituya a la coca. La heroína tiene la metadona; el alcohol, el antabús; el tabaco, la nicotina. Pero la coca, al menos de momento, se deja a pelo. A base de terapia, de fuerza de voluntad, de sopesar pros y contras, de luchar contra las ganas de esnifar. Cuatro pacientes en distintas etapas del tratamiento cuentan como lidian cada día contra su adicción.

Testimonios
"Soy un enfermo, un adicto"

La cita es en un bar, ante un Trinaranjus. Alberto (nombre ficticio), 33 años, viste a la última: zapatillas Puma, chaqueta Nike. Es mecánico industrial, paciente de Carlos Dulanto, especialista en adicciones, y cuenta su historia mientras fuma.

"Probé la coca a los 24 años en una fiesta de Nochevieja. Muy pronto empecé a consumir solo. Me encerraba en mi cuarto a ver pelis porno, beber y meterme rayas. Enseguida perdí el control. Era tomarme una cerveza y tener apetencia. Tenía rachas. Podía tirarme dos semanas sin probarla, pero si empezaba no tenía fin. Un gramo, otro y otro. Llamaba a los camellos a cualquier hora. Un día toqué fondo. De pronto sentí que alguien quería matarme. Salí de casa y me escondí en un supermercado. Me sacó la policía, pero yo seguía convencido".

"Cuando se me pasó, me metí otra raya. 24 gramos en dos días. A partir de aquello cambié. La coca te quita el dinero (debo 14.000 euros), las ganas de relacionarte, de hacer deporte, de todo. El 1 de octubre de 2007 fui al terapeuta y lloré como una Magdalena. Ahora sé que soy un enfermo, un adicto. Al poco de empezar la terapia me enganché a las máquinas tragaperras. Luego a ir de putas. Ahora lo controlo, aunque a veces compro por Internet cosas que no necesito. He dejado de beber y sé que no debería ver a mis amigos".

"La mayoría toma coca. Sé que es peligroso pero no quiero dejar de verles. A veces se me pasa por la cabeza, pero no voy a estropear el año que llevo así. Hago snow, he ido a Cuba... Tengo alegría, estoy en un momento genial. Me gusta mi vida. Pero no bajo la guardia".


"No sabes cuando parar"


Sebastián, 47 años, responde al móvil desde Palma Mallorca durante una pausa laboral. Es comercial, está casado y tiene tres hijos. Hace siete años ingresó en Proyecto Hombre. Ahora acude de vez en cuando a contarle su caso a otros pacientes.

"De los 30 a los 40 años fui consumidor de cocaína, los dos últimos a un ritmo de tres o cuatro veces por semana. El gran problema de la cocaína es que no sabes cuándo parar. Puedes pasarte horas y horas. En el trabajo llegué a ir colocado a reuniones, algo horrible. Mi mujer estaba al tanto, así que me encerraba solo en nuestra segunda casa. No quería que nadie me viera. Tu cara se transforma después de meterte tres gramos, me daba vergüenza. Caí muy bajo. Teníamos invitados a cenar y yo me presentaba colocado. Me comporté de forma lamentable, tuvimos bronca y me largué a la otra casa a consumir toda la noche. Cuando me desperté no podía parar de llorar. Abrí los ojos y entré en Proyecto Hombre".

"Ahora he cambiado de vida. Corro, toco la guitarra, he recuperado a mi familia, la tranquilidad y las ganas de vivir. Es una segunda vida. Pero es curiosísimo. Aunque han pasado siete años es ver en la tele un programa sobre gente de marcha consumiendo y se me retuerce el estómago. La coca siempre está ahí, latente. De vez en cuando te viene un chispazo: ahora me pondría una raya. Pero la racionalidad me puede. ¿Voy a tirar todo por la borda por darme un gusto de media hora? Lo que hago es evitar riesgos. No veo a los amigos de antes, no piso una discoteca. Tengo claro que la coca no se me irá nunca de la cabeza y no pongo la mano en el fuego".

"Tuve un brote psicótico, hablaba solo y me asusté"

Cuando habla Víctor (nombre ficticio) se oye a la vez un silbido. Tiene el tabique nasal destrozado tras 16 años de consumo desenfrenado. El encuentro tiene lugar en el Centro de Atención Integral a Drogodependientes (CAID) de Usera (Madrid), el lugar en el que dio con el equipo que ha conseguido ayudarle. "Empecé a los 19 años. La primera vez fue en la mili, qué ironía. Nos metíamos las rayas en el capó del coche antes de entrar en la discoteca. Por mi trabajo tenía acceso a cocaína y el problema es que siempre quieres más. Al principio me metía dos gramos al día. Medio a las 6.30. Otro medio a las 12.00, y otro a las 13.30. A las 15.00 me metía la última raya para que me bajara el efecto y mi mujer no lo notara. Era un maestro mintiendo. Un día me contó que estaba embarazada y se lo confesé. No podía ser padre en esas condiciones. Ella me dejó y empecé a consumir más, ocho gramos al día. Tenía deudas y manejaba siete u ocho tarjetas de crédito. Abría una para pagar la deuda de la otra y así. Mis únicos amigos eran mis camellos. La primera vez que fui a terapia lo hice por mis hermanos".

"Estuve en una comunidad terapeútica de la Agencia Antidroga. Había un taller de motos, deportes, psicóloga... pero yo no quería dejarlo. Cuando salí, en lugar de llamar a mi familia llamé a quien no debía. Inicié un segundo tratamiento, pero recaí. Entonces tuve un brote psicótico. Llegué a casa de mi hermana hablando solo y me asusté. En 2006 llegué al CAID y conocí a Sagrario, mi psicóloga, quien más me ha ayudado. Tengo una deuda de 120.000 euros, pero voy rehaciendo mi vida. Echo de menos a mi mujer y mi hijo, pero sé que no podemos volver. Procuro no hablar del pasado, me centro en mi trabajo: cobrador de morosos. Vengo al CAID una vez al mes. Me queda el paso más difícil, que es dejar la terapia con Sagrario. Sé que tengo que hacerlo, pero me da miedo".

Un reportaje de El País.

La ciencia descubre las claves de la felicidad

La ciencia descubre las claves de la felicidad


El altruismo pesa más que el hedonismo a la hora de conseguir satisfacción - El bienestar depende por igual de los genes y de nuestra actuación - Los 40 son un bache; los 60 el apogeo


Si es usted un escéptico que no cree en fórmulas mágicas para la felicidad; si la crisis le deja sin dinero para regalos pero con tiempo para dedicar a otros; si entre sus objetivos para 2009 está el conseguir un ansiado bien material... lo que sigue podría interesarle. Resulta que la búsqueda de la felicidad, del bienestar subjetivo, del sentimiento de satisfacción personal, ya no es cosa de gurús que dan consejos, sino que ha entrado de lleno en el ámbito de las ciencias si no exactas, sí experimentales.

Y algunos de sus hallazgos son sorprendentes. Muestran, por ejemplo, que hay más felicidad en el altruismo que en el hedonismo, y en dormir más cada día que en comprarse un coche nuevo. También se sabe que cada uno de nosotros tiene una felicidad basal dependiente de los propios genes pero no por ello marcada a fuego: es posible manipularla... siempre que se descubran los mandos correctos. Lo bonito del asunto es que entre quienes diseccionan la felicidad para buscar sus ingredientes hay economistas, sociólogos o psicólogos que publican sus trabajos en las revistas científicas de mayor impacto internacional. Sí, hay una búsqueda científica de la felicidad.

El estado de máxima felicidad tiene un nombre: flow, flujo, un concepto acuñado hace dos décadas por el psicólogo de origen húngaro afincado en EE UU Mihaly Csikszentmihalyi, y que hace referencia a la absorción total que experimenta desde quien se entrega por completo a una tarea intelectual hasta quien se sumerge en un videojuego. Csikszentmihalyi es, junto con su colega Martin Seligman, uno de los pioneros de la llamada psicología positiva. Cuando Seligman se estrenó como presidente de la Asociación Psicológica Americana, en 1998, llamó la atención sobre un sesgo en su disciplina: entre 1980 y 1985 la literatura científica incluía 2.125 trabajos sobre felicidad, comparados con 10.553 sobre la depresión. Seligman reivindicó la importancia de estudiar no sólo lo que entristece a la gente sino lo que la hace feliz.

La idea cuajó. Desde 2006 hasta ahora la felicidad ha protagonizado más de 27.300 artículos científicos -aunque la tristeza aún gana, con más de 53.000-. Ahora hay un Journal of Happiness Studies (revista de estudios sobre la felicidad) incluido en el sistema de citas científicas, y una World Database of Happiness, o base de datos mundial, que recopila información al respecto, con sede en la Universidad Erasmo de Rotterdam (Holanda).

La ola ha contagiado, además de a las editoriales -véase la proliferación de obras alusivas, como Emociones positivas, del psicólogo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) Enrique G. Fernández Abascal-, a áreas colindantes, como la economía. La Unión Europea acaba de financiar el proyecto Hapiness, una investigación que durará tres años y analizará cómo influyen las condiciones ambientales -desde el clima y la polución a la disponibilidad de servicios educativos o de salud- en el bienestar subjetivo (uno de los sinónimos técnicos para felicidad) de los europeos. La directora del proyecto, Susana Ferreira, del University College en Dublín, espera que los resultados sean útiles para la toma de decisiones "de la clase política y para el público en general".

Ferreira y el resto de investigadores son economistas. No son ni mucho menos los únicos en este campo. En economía es importante saber por qué el público toma las decisiones que toma, y esa pregunta ha guiado a Daniel Kahneman, premio Nobel de Economía de 2002, hasta la felicidad. Le ha guiado, en concreto, a la siguiente cuestión crucial: si la felicidad es el motor del comportamiento humano, habrá que saber cómo medirla. "Las declaraciones directas de bienestar subjetivo podrían ser útiles a la hora de medir las preferencias del consumidor (...) si esto pudiera hacerse de modo creíble", escribía Kahneman en 2006 en la revista Journal of Economic Perspectives. Y en el mismo párrafo señalaba cómo en economía se da el mismo boom pro-felicidad que en psicología: entre 2001 y 2005 se publicaron más de 100 trabajos sobre economía y felicidad, comparados con sólo cuatro entre 1991 y 1995.

Así pues, ¿cómo se mide la felicidad? Una primera respuesta parece obvia: preguntando a los principales interesados. Las prestigiosas encuestas del European Social Survey (ESS), que se hacen desde 2001, incluyen la pregunta: "¿Cómo es usted de feliz?". No son estudios frívolos. El ESS ha recibido el premio europeo Descartes por su alto rigor científico; su coordinador en España, Mariano Torcal, de la Universidad Pompeu Fabra, estima que cada campaña española del ESS cuesta unos 500.000 euros. El proyecto Happiness utilizará estos datos del ESS.

Hay otras encuestas similares -realizadas con métodos distintos-: el Eurobarómetro y sus equivalentes en otros continentes, o el World Values Survey (WVS), con datos de más de 50 países desde principios de los ochenta.

Los resultados de estas encuestas pintan grosso modo el siguiente panorama. En los países ricos se es más feliz que en los pobres. Bien. Pero superado un nivel mínimo de riqueza, dinero y felicidad se desacoplan: aunque la capacidad adquisitiva se multiplique, el sentimiento de bienestar apenas varía. La paradoja ya la señaló en los años setenta el economista Richard Easterlin, y se corrobora a lo largo de los años. Fernández Abascal lo ha expresado así: "Mis hijos tienen todas las videoconsolas y no son más felices de lo que era mi padre, que jugaba con una cuerda y una caja de cartón en la calle: tenían menos medios, pero los niveles de felicidad eran parecidos".

Las encuestas del WVS también muestran que el nivel de felicidad se mantiene más o menos estable a lo largo de los años, así como las diferencias entre países. En los países nórdicos y en América Latina se declaran más felices que en Asia (Dinamarca, Colombia, Nigeria y Puerto Rico están habitualmente en cabeza). Sin embargo, tras los últimos datos, del pasado julio, Ron Inglehart, el responsable del WVS, llamó la atención sobre el hecho de que desde 1981 la felicidad parece haber aumentado en 45 de los 52 países estudiados. Inglehart y otros autores lo atribuyen a la mejor calidad de vida en países que empiezan a salir de la pobreza y a la extensión de la democracia, supuestamente asociada a más libertad personal.

Pero, en cualquier caso, la foto que proporcionan las grandes encuestas es para muchos demasiado borrosa, así que tratan de afinar con investigaciones más precisas, a menor escala. Algunas dan resultados sobre edad y sexo. En general, hay coincidencia en que son más felices los jóvenes y los jubilados. Un reciente estudio del Instituto Nacional de Estadística francés (INSEE) con encuestas realizadas después de 1975 revela que, tras un bache en torno a los cuarenta años, la felicidad "remonta y alcanza su apogeo durante la sesentena", independientemente del estado civil o el nivel de renta. Y el pasado julio investigadores estadounidenses -Easterlin entre ellos- analizaron décadas de datos antes de concluir que de jóvenes las mujeres se declaran más felices, pero hacia los 48 años las tornas cambian y son ellos quienes se sienten más satisfechos con sus vidas.

En general, hay acuerdo en que estos trabajos muestran que la felicidad se correlaciona con "beneficios tangibles en muchos ámbitos de la vida", ha escrito Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de Stanford. Entre ellos: más probabilidades de estar casado y menos de divorciarse; más amigos y mayor soporte social; más creatividad y productividad en un trabajo de más calidad y bien pagado; más actividad y energía vital; mejor salud mental y física; capacidad de autocontrol; e incluso más longevidad. Además, "la gente feliz no es egoísta; la literatura sugiere que tienden a ser relativamente más cooperativos; caritativos y centrados en los demás", dice Lyubomirsky en Review of General Psychology.

Pero esto no basta para sacar conclusiones sobre la fórmula del bienestar vital, para empezar porque no es posible saber si se está más feliz por estar casado -por ejemplo- o a la inversa. Es decir, hace falta diseccionar a la felicidad más y mejor en el laboratorio. Los investigadores lo están haciendo, con resultados curiosos. Antes han afilado sus armas, es decir, han diseñado nuevos métodos para medir la felicidad, aparte de las encuestas declarativas. Kahneman es autor de uno de ellos.

Varios trabajos sugieren que la felicidad que los individuos declaran cuando se les pregunta en global cómo se sienten es muy influenciable por factores intrascendentes, como la formulación de las preguntas o el que se acabe de tener una experiencia buena o mala -un ejemplo clásico: pacientes que se someten a una prueba desagradable dicen pasarlo menos mal si los últimos minutos son placenteros, aun a costa de prolongar el examen-. Así, Kahneman pide a los sujetos del experimento que asignen un grado de felicidad a cada una de sus acciones diarias, reviviéndolas, y no sólo dando un valor global. Con este método realizó y publicó en Science en 2004 un trabajo con casi un millar de mujeres que declaraban cómo de satisfactorias eran sus actividades: el sexo, salir con amigos y relajarse ante la tele figuraban muy alto en la lista, mientras que dormir poco y una agenda laboral muy apretada eran de lo más desagradable. De nuevo, familia y amigos se revelan importantes, pero no el dinero (cubierto lo básico).

Y este no es el único resultado anti-intuitivo sobre la felicidad. Hay más, como que pacientes operados de cáncer puedan sentirse más felices que personas sanas; que víctimas de accidentes muy graves declaren niveles altos de felicidad; o que -por el contrario- personas que han ganado la lotería no sean, poco después del susto, más felices que el común de los mortales. La explicación podría estar en los genes. Varios estudios con gemelos indican que hay una especie de nivel permanente y personal de felicidad, al que pasado un tiempo todo el mundo tiende a volver pase lo que pase, o casi. Ya en 1996 un trabajo con 4.000 parejas de gemelos sugirió que el sentimiento de bienestar con la propia vida es genético en al menos un 50%. Y este mismo año, investigadores británicos y australianos han vuelto a obtener un resultado similar.

Otro resultado anti-intuitivo: genera más felicidad gastar dinero en los demás que en uno mismo. Lo ha demostrado un trabajo de Elizabeth W. Dunn (Universidad British Columbia, Vancouver, Canadá) en Science el pasado marzo, en el que se daba dinero a voluntarios, se les instruía sobre cómo gastarlo y se medía después su grado de satisfacción personal. Este resultado coincide con otros donde la mayor felicidad se correlaciona con acciones de ayuda a los demás y de promoción de la virtud. El altruismo, concluyen los investigadores, pone sobre la pista de la felicidad mucho más que la búsqueda del placer. "Dado que la gente parece pasar por alto los beneficios, las políticas que lo promuevan podrían ser una buena manera de traducir más riqueza nacional en más felicidad nacional", escribe Dunn.

Pero entonces, si el dinero no da la felicidad y el placer personal tampoco, ¿por qué la sociedad actual parece concentrarse en esos factores? ¿Hay un desenfoque generalizado? La causa podría ser un fenómeno ilusorio que Kahneman describió, en Science y otras publicaciones, en 2006. "Cuando la gente considera el impacto de un único factor en su bienestar -como los ingresos, pero no únicamente-, es propensa a exagerar su importancia; llamamos a esta tendencia ilusión de foco (...). Esta ilusión puede ser fuente de errores en la toma de decisiones importantes", ha escrito este experto.

Este fenómeno tampoco ayuda a estimar la felicidad de los demás. "A todo el mundo le sorprende lo felices que pueden ser los parapléjicos", ha dicho Kahneman. "La razón es que no son parapléjicos todo el tiempo. Disfrutan de sus comidas, de sus amigos. Leen las noticias. Tiene que ver con dónde se pone la atención".

Todos estos experimentos tienen un objetivo final: ayudar a mejorar el grado de felicidad personal. No es una utopía, dicen los investigadores. Los genes, al fin y al cabo, dejan un 50% de espacio a la autoexperimentación. Se puede empezar por estas Navidades: pedir menos a los Reyes y ser, en cambio, más generoso...

Lo que el dinero no da

"Aquellas personas con más ingresos que la media están relativamente satisfechas con sus vidas, pero apenas son más felices que los demás en cada momento; tienden a estar más tensas; y no dedican más tiempo a actividades especialmente divertidas. Es más, el efecto de los ingresos en la satisfacción vital parece ser transitorio", escriben en Science (junio 2006) Daniel Kahneman y otros economistas y psicólogos.

No es el único trabajo que explora el efecto del dinero en quien lo posee. También en la revista Science, en noviembre 2006, psicólogos y expertos en marketing estadounidenses concluyen que el dinero hace sentirse a la gente más autosuficiente, y comportarse en consecuencia. "Los resultados de nueve experimentos sugieren que el dinero hace que la gente prefiera sentirse libre de las dependencias y de los dependientes", escriben los investigadores. Cuando se estimulan los pensamientos relacionados con el dinero la gente "pide menos ayuda y está menos dispuesta a ayudar a los demás".

Esto explicaría, según estas fuentes, "por qué el dinero es visto a la vez como el mayor de los bienes y de los males. A medida que los países y las culturas se desarrollaron el dinero habría permitido adquirir bienes y servicios (...) a la vez que disminuían los lazos con amigos y familia. De esta forma, el dinero fomentó el individualismo pero redujo las motivaciones comunes, un efecto aún aparente en la respuesta que hoy da la gente al dinero".

Mónica Salomone en El País.

Izaskun contra las promesas incumplidas

Izaskun contra las promesas incumplidas

La reserva de puestos de trabajo para discapacitados (un 2%) no se cumple - La pregunta lanzada por la mujer con síndrome de Down a Zapatero pone en evidencia las lagunas del sistema

Las altas tasas de paro entre los jóvenes con discapacidad son una buena noticia. Por más paradójico que resulte, cualquiera puede reconocer la situación que han padecido tradicionalmente los discapacitados físicos y psíquicos en España: una inactividad en casa y en la calle que se mitigaba con paseos del brazo de la madre, una paga caritativa y mucha incomprensión social. Que ahora, cada vez más, salgan al mercado laboral a pedir un trabajo indica que algo está cambiando y que el nivel de formación, directamente relacionado con el empleo, avanza.

Pero ahí se acaban las buenas noticias. Los que trabajan con el colectivo de discapacitados se pasan media vida renombrándolos y contándolos y en ninguna de las dos cosas obtienen grandes éxitos. La subnormalidad pasó a ser minusvalía y la minusvalía, discapacidad... Y qué decir del recuento: la última Encuesta de Discapacidades, Deficiencias y Estado de Salud (EDDS) es de 1999, que ahora se está actualizando. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha visitado 100.000 hogares, y dentro de un año más o menos se presentará una nueva que, cómo no, habrá cambiado de nombre, pero al menos ofrecerá datos frescos.

Mientras tanto, se da por bueno el dato de 3,8 millones de discapacitados en España, un 8,5% de la población. Entre ellos hay que contar a miles de ancianos, y hacerse cargo de que el grado de deficiencia de muchos de los jóvenes incluidos no permitirá sumarlos a las filas del Instituto Nacional de Empleo (Inem). Así que, el número de personas con discapacidad que buscaban empleo en 2007 (con datos del Inem) eran de media 84.893 al mes, un 2,7% de los demandantes; y en 2007 se registraron 164.281 contratos de trabajo a nombre de 90.300 personas con discapacidad. Los datos mensuales señalan una tendencia creciente de demanda de empleo. Pero las tasas de paro entre los discapacitados están muy por encima de las que presenta la población en general.

De 2001 a 2005 los contratos eran decrecientes, pero a partir de ese año la tortilla ha dado la vuelta. Eliminar la discriminación que soportan las mujeres discapacitadas en el acceso al empleo es otro de los grandes retos del colectivo.

Y en éstas, llegó Izaskun, con una aparición triunfal en la tele que la ha elevado al estrellato, por lo menos por unos días. En qué acabará la cosa, no se sabe, pero la muchacha se frota las manos, por algo será. Cuando aún se buscaba a la niña de Rajoy (¿se acuerdan?) aparece la niña de Zapatero: Izaskun Buelta tiene en realidad 32 años y tuvo la oportunidad de preguntarle al presidente del Gobierno esta semana qué está pasando en este país con el empleo entre los discapacitados. Ella tiene síndrome de Down y el desparpajo característico de estos muchachos. ¿Por qué no podía ella, por ejemplo, trabajar en La Moncloa? "Ahí le dejo mi currículo", le espetó al presidente. Y diga lo que diga, más bien, calle lo que calle, Izaskun está esperando una llamada para cambiar su vida. "Yo estoy preparada", le dijo. Y lo está, tiene formación como administrativa pero lleva cuatro años felices trabajando en una pastelería madrileña, Embassy, donde prepara las cajas y las llena de dulces -que come a discreción-. Vive con otras cinco compañeras en unos apartamentos tutelados que la Fundación Aprocor tiene en la Comunidad de Madrid. Es un centro concertado que proporciona formación y ayuda, con tutores, para dar el salto a empleos ordinarios.

-Pero tienes 32 años y Zapatero te llamó niña...

-Pero él puede llamarme así, porque ya me conoce.

Izaskun sacó el viernes a su madre a comer por ahí, con su paga de trabajadora remunerada, y se compra sus ropas, ordena su habitación, prepara algunas cenas y todas organizan algunas fiestas en el piso.

Es una situación privilegiada de la que no deja lugar a dudas la "tremenda" lista de espera que engrosan jóvenes como ella, que quieren independizarse y tener un empleo. Las dificultades no son pocas. Lo saben los trabajadores del centro de Aprocor, pero Izaskun ha querido que el mareo de entrevistas a que se ha visto sometida estos días sirva para ayudar a todos a dar ese salto. Para convencer a las empresas de que no sólo contarán con incentivos, sino que muchos de estos jóvenes están preparados para desempeñar cientos de tareas. Ella, por ejemplo, sabe atender el teléfono y la puerta, repartir el correo, enviar faxes, archivar...

-Y ordenar todos los papeles -apunta la directora del centro, Leticia Avendaño.

-Eso es archivar, zanja Izaskun, la primera de sus hermanas que se ha independizado.

La muchacha se presta una vez más a una sesión de fotos y a las mismas preguntas de los repetitivos periodistas. Nada personal. Llega la hora de comer.

-Tu madre te estará esperando abajo...

-¿Abajo? ¿Y por qué no ha subido?, se revuelve inmediatamente.

Adora a su madre y a sus gatos, y le gusta leer. Ahora va a empezar lo último que ha publicado Boris Izaguirre.

-Bueno, así que querrías ser administrativa... En cualquier empresa, ¿no?

-No, en Moncloa.

Bien, bien.

Lejos de las luces del estrellato hay muchos discapacitados que han conseguido un trabajo. A veces en la Administración Pública, a veces en las empresas. Desde 1982, la LISMI (Ley de Integración Social del Minusválido, entonces se les llamaba así) obliga a las empresas de más de 50 empleados a reservar un 2% de sus puestos de trabajo para discapacitados. No se cumple, y los datos se pierden de nuevo, esta vez en la maraña de 17 comunidades autónomas. Este incumplimiento puede sancionarse con multas que oscilan entre 300 y 90.000 euros, ya sean las faltas leves, graves o muy graves. "Sabemos que ese 2% no se cumple, pero no tenemos todos lo datos, hay comunidades que han hecho un gran esfuerzo, como Canarias, y otras, como Madrid, que el año pasado empezó a insistir e informar a las empresas de más de 500 empleados para que contraten a este colectivo, cuando el tope es 50", explica Nuria García, gerente de la asociación para el empleo de Feaps, la confederación para las personas con discapacidad intelectual, que son los que tienen más dificultades para encontrar empleo.

Otra fundación, Equipara, nacida para fomentar el empleo en este colectivo, asegura que sólo el 14% de las empresas cumple con la reserva de plazas. Son datos que da por buenos el Cermi, la gran plataforma de defensa de estas personas, que aglutina más de 4.500 asociaciones y entidades que representan a los 3,8 millones de discapacitados.

En la Administración Pública la cosa pinta mejor, pero falta por hacer. El Gobierno elevó al 5% la reserva de plazas en las oposiciones, pero las trabas para el colectivo aún son muchas. El Cermi ha pedido que este porcentaje suba hasta el 7% y que los puestos sin cubrir se acumulen para posteriores convocatorias. "Siempre ponemos el mismo ejemplo: para ser bedel se necesita aprender la Constitución, y eso deja fuera a muchos de los nuestros. No hay materiales adaptados para ellos, de lectura fácil, a pesar de que se ha avanzado en medidas de este tipo", asegura Nuria García. Es cierto. Los exámenes suelen diseñarse de tal forma que los aspirantes con discapacidad cuenten con más tiempo para hacerlos o con material adecuado (piensen en sordos o ciegos, por ejemplo).

"Pasar del 2% al 5% en la Administración Pública casi ha triplicado el acceso de estas personas a un empleo", dice la socialista María José Sánchez Rubio, portavoz de su partido para las políticas integrales de la discapacidad. Y cita los 3.700 millones de euros comprometidos hasta 2012 para sacar adelante la Estrategia Global de Acción para el Empleo de Personas con Discapacidad.

Eso significará incentivos para las empresas, aunque ya los tienen, y en algunos casos las bonificaciones por las cuotas a la Seguridad Social alcanzan el 90% o el 100% si son centros especiales de empleo. Pero también en este asunto parecen pesar como plomo los muchos años en que a los discapacitados se les llamaba por otros nombres. Los empresarios no acaban de verlo. "Hace falta mucha educación y funciona muy bien el boca a boca, porque cuando los contratan se dan cuenta de lo bien que trabajan", dice Nuria García. "Este colectivo tiene menos bajas laborales, en contra de lo que piensa la gente que asocia discapacidad con enfermedad", remacha la socialista Sánchez Rubio. ¿Por qué? "Quizá les ocurre como a las mujeres, que les ha costado tanto tener lo que tienen que se emplean a fondo en ello", aventura.

Por discapacidad perciben las empresas las mayores bonificaciones de todas las que se dan, pero ahí siguen las cifras de paro. De los dos millones de discapacitados en edad de trabajar, apenas un 32% se encuentra en situación activa y soportan una tasa de desempleo del 26%, frente al 16% de la población general. Muchos, ya se dijo, no podrán estar nunca preparados para el trabajo, pero otros tienen que ir saliendo al mundo de los jefes y los compañeros, del café y la comida, y de la vuelta a casa en autobús, o en metro.

Los cinco dedos de la mano derecha le faltan a Nadia Mazzei desde que nació. "Soy discapacitada, pero eso no me incapacita", dice. Y lo confirma su empleo en una empresa de teleoperadores, y otros anteriores en la hostelería, cara al público. "Yo siempre digo que puedo hacerlo todo y luego me busco la vida, lo hago un poco más despacio o pido ayuda, y a veces, lo que no puedo hacer, me empeño y lo hago". Está estudiando Sociología, que la "engancha". Tiene 22 años y acaba de recibir una oferta como administrativa, que aceptará encantada para que el alquiler deje de ahogarla. Cuando era chica, los niños le hacían chuflas en el colegio -"ya sabes lo crueles que son"-, "pero los mayores no se fijan en esos detalles".

Los estudios que menciona Nadia son fundamentales para elevar la tasa de empleo. Pero el colectivo de discapacitados, tanto intelectuales como físicos, no ha gozado nunca de un acceso fluido a las aulas universitarias. Pero baste un dato: los que tienen formación superior alcanzan una tasa de actividad del 62,4% y de empleo del 50,7%. No todos tendrán capacidad para llegar hasta ahí, pero cabría mejorar su formación y ocupación en niveles inferiores. Es especialmente preocupante que en algunos casos sean ciertas barreras físicas las que impidan a personas inteligentes llegar lejos en sus estudios. Eso, como cuando se trata de dificultades económicas, es desperdiciar talento.

Pero durante años, el talento, mucho o poco, se ha medido por la apariencia física, ya sea una silla de ruedas o unos ojos rasgados. Ésa es la razón por la que una muchacha que se levanta para ir al trabajo, que llega a su casa y recuerda a su compañera de piso que no haga tanto ejercicio en la cinta de gimnasia sin haber comido nada, que se pone sus pantuflas y se tiende a ver la tele o a leer un rato (¿alguien se reconoce?), tenga las puertas cerradas cuando busca empleo, por la forma de su cara.

Y que todos estos jóvenes estén condenados aún a ilustrar los calendarios para incentivar la contratación en las empresas. "Se necesita un cambio de mentalidad", recuerda Nuria García. Con el trabajo llegará la integración social.

Izaskun todavía está deslumbrada por los focos, se aturde con las preguntas sobre su pasado o su futuro, interroga con la mirada a las tutoras porque sabe que las preguntas personales no debe contestarlas. Ésas se quedan para ella, su madre -la persona que adora- y sus hermanas. La que está en Tanzania la ha visto en la tele por Internet, pero pronto la verá en persona, porque es el viaje que Izaskun tiene en mente. Si un nuevo empleo como administrativa no le obliga a aplazarlo.

Un reportaje de Carmen Morán para El País.

¿Alerta naranja? Yo no he sido

¿Alerta naranja? Yo no he sido

Las instituciones se acusan por la descoordinación ante el temporal - Los intermediarios de cada aviso se multiplican y complican un sistema que es sencillo, pero no siempre llega al ciudadano

Nieve, lluvia, viento: un plan tentador. Coinciden en ello los viajeros atrapados durante días en Barajas y los conductores que casi abandonan a sus familias para iniciar una nueva vida en carreteras aisladas; también los que se quedaron sin luz por el vendaval de esta semana. Uno de los regalos que deja el temporal es el espectáculo de las Administraciones acusándose mutuamente de inoperancia. El termómetro se ha helado tomando la temperatura de la coordinación estatal. Compañeros de bancada ministerial se han peleado para no ser ellos quienes se queden con la patata caliente.

Una porción importante de los coscorrones ha sido para la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). "Les invito a que miren las previsiones que ofrecieron ayer las televisiones", cargó la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, cuando le acusaron por permitir que las carreteras de medio país se convirtieran en una reserva de pingüinos. La Aemet ha tenido casi que pedir perdón porque todas las borrascas se le desviaban para ir a depositar su nieve a 50 kilómetros de donde estaba previsto.

El blanco ha sido el color de la temporada, pero amarillo y naranja se han ganado un sitio en periódicos, radios y televisiones. La paleta de colores que define las alarmas meteorológicas se ha convertido en parte sustancial del debate político y ciudadano. El Plan Nacional de Predicción de Meteorología Adversa (Meteoalerta) contempla cuatro niveles de alarma. Las cosas se ponen feas a partir del naranja, signo de un riesgo importante. El rojo es el plato fuerte del menú: riesgos meteorológicos extremos por su intensidad, infrecuencia y peligro. Para preservar su sabor apocalíptico, se recomienda no utilizarlo más de una vez al año. El naranja admite hasta cinco o seis usos. Con el amarillo es otra cosa: los mapas de Protección Civil se pintan con alegría de este color. Es una simple llamada para permanecer atento a la predicción meteorológica.

El lenguaje del semáforo se comenzó a utilizar oficialmente hace dos años. Es una de las innovaciones introducidas por el Meteoalerta, punto de encuentro entre la Aemet (dependiente del Ministerio de Medio Ambiente) y Protección Civil (Interior). Este plan de emergencia comprende alertas y planes de actuación para lluvias, nevadas, vientos, tormentas, temperaturas extremas, fenómenos costeros, tormentas de polvo, aludes, galernas cantábricas, rissagas en Baleares, nieblas, deshielos, olas de calor y de frío y tormentas tropicales. Casi nada.

El plan, común para toda Europa, lo impulsó la constatación de que comunicar a la población la cercanía de una alarma meteorológica resultaba más difícil que predecirla. Así, con los colores, la situación se vuelve cristalina: si hay alerta naranja, toca poner cadenas y preparar chaquetones. ¿O más bien beber mucha agua y no exponerse al sol? Todo depende de la estación del año y de los umbrales meteorológicos en cada provincia y comunidad. ¿Queda claro, no? Quizá no tanto.

Los umbrales se fijan siguiendo el principio de que una tormenta no es igual de peligrosa en el Levante -donde no se alcanzaría la alerta roja por lluvias hasta los 90 litros por metro cuadrado gracias a que sus infraestructuras y equipos de emergencia están preparadas para recibir cada año la gota fría- que en Melilla, donde unas precipitaciones de 70 litros por metro cuadrado en octubre sumieron a la ciudad autónoma en el caos.

La intervención ante una emergencia es competencia de las comunidades. Los protocolos de cada autonomía definen cómo se acomete la acción. Por ejemplo, Madrid maneja el Platercam, su propio plan para nevadas. Los gobiernos autonómicos introducen una nueva complicación: las alarmas de colores se convierten en alertas numéricas. Las alertas se fijan teniendo en cuenta elementos puntuales, como la cantidad de quitanieves disponibles, el nivel de los ríos... El resultado es una progresión de cero a cuatro. Nivel 0, preemergencia; nivel 1, el ayuntamiento de turno gestiona la situación; nivel 2, la ayuda de la comunidad es necesaria; y nivel 3, alarma nacional.

Cuando se considera que las situaciones constituyen alarmas nacionales, las comunidades piden ayuda urgente al Ministerio de Interior. En ese momento, además de fuerzas de seguridad y Protección Civil, Interior puede movilizar recursos de otros ministerios, como las Unidades Militares Especiales de Defensa.

A todo esto hay que añadirle los protocolos propios de muchas corporaciones de transportes y gestoras de infraestructuras. AENA o los ferrocarriles tienen los suyos propios. En la DGT, el negro es la cúspide y se alcanza cuando la carretera es intransitable. Luego siguen rojo, verde y amarillo. Toda esta ensalada de números y colores se baraja y se extiende sobre la mesa. El Ministerio de Interior reparte el juego.

Con estos mimbres, la coordinación no siempre resulta sencilla. Por ejemplo, en el caso de las emergencias en carreteras, hay muchos implicados. 26.000 kilómetros (el 15% del total) dependen de Fomento, los otros 140.000 kilómetros de los gobiernos autonómicos, diputaciones forales, consells... Ésa es una de las razones por las que, en su comparecencia de la semana pasada en el Congreso de los Diputados, la ministra Álvarez insistió en la necesidad de repartir responsabilidades. También apuntó la necesidad de fortalecer los sistemas de cooperación entre la Administración central y las autonomías, y establecer planes de acción más directos.

La eterna lucha de las competencias autonómicas produce situaciones difícilmente explicables. En el Departamento de Medio Ambiente y Vivienda de la Generalitat, responsable del Servei Metereològic de Catalunya, reconocen que no guardan absolutamente ningún contacto con la Aemet. Los partes de la agencia nacional llegan a la Generalitat y se van directamente a la papelera. También Galicia y País Vasco cuentan, además de con los correspondientes centros regionales del Aemet, con sus propias agencias meteorológicas. "Pero nosotros estamos obligados por ley a informarles", explica Ángel Rivero, portavoz de Aemet.

Otra cuestión fundamental es averiguar para qué sirven tantas alarmas si, a pesar de todo, los conductores se lanzan a las carreteras con nieve. El 26% reconoce en una encuesta del Real Automóvil Club de España (Race) que sale a carretera pese a los avisos. Ante el discreto éxito que ha tenido el dispositivo de alarmas, el ejecutivo ha anunciado que activará campañas de sensibilización más activas.

La cuestión es fundamental. Mientras las previsiones crecen en precisión, los ciudadanos se desentienden de los boletines o no comprenden qué significan. "El problema está en los sistemas de alerta, no en los de predicción. Ésa fue la gran lección del tsunami", dijo Francisco Cadarso, presidente de la Agencia Española de Meteorología, durante un ciclo de conferencias de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en 2007. "Las advertencias son útiles únicamente en caso de que la población las crea, comprenda y actúe al respecto", le apoyó Dieter Schiessl, director de la OMM, vinculada a Naciones Unidas.

No es una exageración. Cuando el huracán Katrina arrasó Nueva Orleans, la falta de información emergió como una de las causas de la muerte de más de 1.800 personas.

Estados Unidos no estuvo informativamente a la altura de otros países habituados a sufrir huracanes. La contraposición con Cuba es inevitable. La isla caribeña informa puntualmente ante la proximidad de cualquier fenómeno meteorológico agresivo. Todos los movimientos de las tormentas se radian y los boletines informativos son continuos. A fuerza de escucharla, los niños conocen la escala de huracanes de Saffir-Simpson tan bien como la tabla de multiplicar. O mejor.

El sistema de difusión de información al ciudadano en España se basa en el libre albedrío. La Aemat tiene disponible en su web www.inforiesgos.es todas las alarmas y mapas posibles. Cualquier medio puede acceder a ellos y difundirlos. Sin embargo, mientras los avisos a instituciones y entidades están perfectamente regulados -con horarios, órdenes de boletines cada vez que la situación rebase un umbral...- la radiotelevisión pública es una de las pocas instituciones nacionales a las que Aemet no está obligada a distribuirle sus boletines.

RTVE tampoco está obligada a seguir ningún protocolo. La corporación defiende su cobertura meteorológica y matiza que es importante informar sin crear alarmas innecesarias. "Cuando ha sido preciso, hemos modificado nuestra programación con avances informativos y los contenidos de los espacios de noticias y de actualidad se han adecuado a lo que la situación demandaba", añade un portavoz. Tampoco renuncia al placer de cargar contra otros: "Un incremento de la prevención radica en un buen y detallado pronóstico, más que en una actualización minuto a minuto del fenómeno".

No se pueden crear paralelismos entre la cobertura que requiere un fenómeno tan grave como un huracán y una nevada, pero es cierto que el colapso de las infraestructuras españolas ante un fenómeno relativamente previsible como la nieve en los días más fríos del invierno puede ser poco tranquilizador ante una eventual catástrofe.


Previsiones desbordadas en Sant Boi

Los sistemas de previsión meteorológica son cada vez más precisos. Los datos que recopilan los satélites se complementan periódicamente con radares a pie de tierra y las mediciones de los centros regionales. Aun así, la infalibilidad queda aún lejos y los errores de los sistemas de alerta tienen a menudo consecuencias trágicas.

Cuatro niños murieron el sábado pasado cuando jugaban al béisbol en un campo de entrenamientos cubierto en la localidad catalana de Sant Boi (Baix Llobregat). El techo de la instalación deportiva saltó por los aires y el túnel de bateo se hundió bajo una avalancha de bloques de cemento.

El Servei Metereològic de Catalunya alertó el viernes a los servicios de emergencia de la Generalitat (CECAT) de los riesgos. El CECAT actúa apoyándose en las previsiones de este servicio y no toma en cuenta las del centro catalán de la agencia estatal Aemet. El CECAT avisó de la alerta por temporal al Ayuntamiento de Sant Boi, junto a todos los consistorios catalanes.

Los avisos comenzaron a llegar el mismo viernes por correo electrónico y fax. El boletín de emergencias señalaba que el viento representaba una alerta de nivel 1, es decir, una situación de riesgo con velocidades de hasta 90 kilómetros por hora. En ese momento, nadie previó que las puntas del vendaval alcanzarían los 150 kilómetros por hora. Esa velocidad se puede equiparar a un nivel 2: riesgo alto por vientos superiores a los 125 kilómetros por hora. Cinco minutos después del accidente, con la policía y los bomberos ya desescombrando, volvió a llegar el fax que alertaba sobre vientos de 90 kilómetros por hora.

Fuentes del ayuntamiento de Sant Boi insisten en que, con la información que manejaban, el accidente era inevitable. El dispositivo que activaron comprendió policías locales, bomberos y voluntarios de Protección Civil.

Lo máximo que se preveía eran desprendimientos de tejas y algún árbol derribado. "De haber sabido que el viento sería tan fuerte, habríamos activado un protocolo más exigente", explica la misma fuente. Eso habría incluido avisos a la población para que se resguardaran, llamamientos a colegios, anuncios radiofónicos, patrullajes...

Alarmas y planes de emergencia funcionaron regularmente, pero el vendaval había desbordado las previsiones. Todos los expertos en seguridad ciudadana consultados coinciden en que no hay culpables: las fuerzas de la naturaleza resultan imprevisibles. En privado, algunos responsables autonómicos apuntan que muchos ayuntamientos no siempre disponen de planes de actuación adecuados. En Sant Boi, para despejar cualquier duda, niegan que este sea

"La predicción siempre es una probabilidad", explica Ángel Rivera, portavoz de Aemet. Los boletines de información ya avisan sobre su carácter no infalible. Siempre se comprenden tres grados de probabilidad para cada fenómeno. Muy probable es el que pasará con un 70% de posibilidades; probable, entre un 40% y un 70%; posible, menos del 40%.

El País.

Callar, nunca

Callar, nunca


Instituciones como el Parlamento británico o la CNMV cuestionan la libertad de prensa ante el pánico en los mercados - Renace el fantasma de la censura previa

Para unos se trata de la vieja pataleta de matar al mensajero; para otros un recorte de derechos excepcional pero necesario. La crisis económica ha puesto en la picota la labor de los medios de comunicación. El Parlamento británico ha llegado a abrir una reflexión acerca de si en tiempos de turbulencias los periodistas económicos deben actuar bajo algún tipo de restricción para impedir que sus informaciones disparen el pánico entre inversores y consumidores. Además, la CNMV ha publicado una circular con los criterios para evitar la difusión de noticias o rumores que puedan alterar el precio de las cotizaciones. La CNMV quiere que las compañías eviten las filtraciones para que la información en el mercado sea simétrica. En este sentido advierte que cualquier maniobra de este tipo supone un delito de información privilegiada.

La pretensión de silenciar la labor de los medios con el pretexto de salvaguardar la seguridad de algún colectivo no se limita sólo a la información económica; se da también en otros ámbitos como el terrorismo, la violencia de género o la cobertura de catástrofes. ¿Deben los periodistas callar en estas circunstancias? ¿O es precisamente en momentos de crisis cuando su labor se hace más necesaria?

Algo está claro: si los medios hicieran caso a los Gobiernos y otros poderes, numerosos asuntos relevantes no habrían llegado jamás a la opinión pública. La hemeroteca es la prueba.

El Comité de Economía de la Cámara de los Comunes estudia una serie de reformas regulatorias para evitar que se vuelva a dar un colapso financiero como el que padecemos desde hace ya 18 meses. Entre las alternativas que este organismo ha llegado a barajar se encuentra examinar el papel de los medios en la estabilidad financiera, para determinar si los periodistas deberían "operar bajo algún tipo de restricción durante las crisis bancarias".

El simple hecho de hablar de cualquier mecanismo de censura previa espanta a los colectivos de informadores. Otra cuestión es que desde las propias asociaciones profesionales se haga autocrítica acerca de cómo se está cubriendo la crisis económica.

"Imponer cualquier tipo de limitación sería un auténtico disparate", advierte Magis Iglesias, presidenta de la Asociación de Periodistas de España (FAPE). "En esta crisis, en la que han fallado todos los mecanismos de control, la prensa se erige en la única garantía de la verdad. Si aquellos que han cometido errores que le están costando millones de euros a los ciudadanos quieren un silencio cómplice por parte de los medios de comunicación, están equivocados", añade.

La cobertura que se está haciendo en España sobre la crisis económica está siendo "buena", según la opinión de Magis Iglesias. "Es evidente que hay algunos aprovechados que abrazan el amarillismo para vender más periódicos, pero son siempre casos aislados, como también hay malos taxistas o malos médicos", matiza la presidenta de la FAPE.

En los últimos actos en los que ha intervenido en diferentes provincias españolas, a Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), los empresarios locales le pedían su opinión acerca del tratamiento que están dando los medios de la crisis, ya que en su opinión se estaban cometiendo ciertos excesos. "Por eso creo que el debate que se ha generado en el Reino Unido no está mal traído. Sin embargo, no me parece buena idea que la labor de la prensa se discuta en el espacio político. El poder, ya sea político o económico, suele estar cabreado con los periodistas y le gustaría tenernos más controlados. Los profesionales debemos resistirnos a cualquier tipo de limitación más allá de la que fija la Constitución, porque la libertad de expresión y el derecho a la información pertenecen a la sociedad", argumenta.

Aunque González Urbaneja se opone a que se implanten mecanismos de censura previa, "nuestra labor es informar de todo y a los políticos no hacerles mucho caso", insiste. Eso sí, reconoce que los medios de comunicación sí que deberían tener mayor nivel de autocrítica porque se están dando tendencias peligrosas en la profesión.

"Cuando la Bolsa cayó un 9% el pasado 10 de octubre, las palabras más repetidas en los titulares fueron hundimiento y desplome. A la siguiente sesión el Ibex 35 rebotó un 10% y los periódicos no sabían qué adjetivo usar. Hay demasiada ansiedad, y esta circunstancia genera un exceso de gusto por lo raro, lo extraño y lo extraordinario, pasiones que amenazan la calidad del periodismo".

¿Se discute en las redacciones sobre si las cosas se están haciendo bien? "Me temo que no mucho. Lo que más me preocupa es que hay un deslizamiento en la prensa de calidad hacia el tratamiento sexy de la información, y a veces se corre el riesgo de caer en inexactitudes o mentiras", concluye González Urbaneja.

Ángel Boixadós, presidente de la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE), pide que no se busquen responsabilidades donde no las hay. "Lo que tiene que haber es una buena práctica profesional. No ser ni muy dramático cuando las cosas van mal, ni olvidar el espíritu crítico cuando las cosas marchan bien. Los medios contribuimos al estado de ánimo, y en la marcha de la economía influye mucho la psicología. Pero de ahí a descargar toda la responsabilidad en los medios me parece un poco exagerado. ¿O acaso no debemos informar de la estafa de Madoff?".

Hace tres años, en España hubo un intenso debate acerca de la información económica que publicaban los medios. El entonces presidente de la CNMV, Manuel Conthe, sugirió que los medios de comunicación desvelaran sus fuentes cuando personas interesadas les filtrasen noticias que pudieran originar una manipulación en el precio de las cotizaciones. Los medios se negaron acogiéndose al secreto profesional. Conthe también promovió que las compañías cotizadas informaran al supervisor del contenido de todas las reuniones que mantuviesen con periodistas.

"Tratamos de incorporar códigos deontológicos en las empresas periodísticas para evitar que de forma involuntaria contribuyeran a difundir rumores interesados. El Tribunal Constitucional defiende la libertad de expresión, pero su jurisprudencia exige a los medios que se cercioren de los datos que les proporcionan para no dar pábulo a intoxicaciones", explica Conthe.

¿Y qué opina el ex presidente de la CNMV de la iniciativa que se ha puesto en marcha en el Reino Unido? "Creo que los medios tienen un sesgo espontáneo hacia el dramatismo porque las noticias trágicas tienen mayor difusión. Esa tendencia hace que el lector vea una imagen del mundo escorada hacia lo extremo. Dicha forma de actuar, en una época de crisis económica, puede contribuir a minar la confianza de la gente. El periodismo riguroso es difícil, caro y necesita tiempo. Por ese motivo a veces suele estar reñido con la competencia por ser los primeros en dar la noticia".

Otro de los defectos que según Manuel Conthe deberían corregir los medios de comunicación es lo que él denomina como efecto aureola. "La prensa suele ser muy dada a ensalzar a aquellas personas que están en la cúspide y ser poco críticas con ellas. Las personas influyentes, bien por su poder, bien por su dinero, suelen tener una protección tácita de los periodistas".

Juan Iranzo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), no es partidario de poner límites a la labor de los periodistas. "Sólo habrá que perseguir aquellos casos en los que quede demostrado que hayan falseado la realidad". Iranzo se muestra a favor de la libertad de expresión, aunque apela a la ética de los periodistas, "porque en este momento de crisis la sensibilidad de la gente es muy alta". En su opinión, las turbulencias económicas se están cubriendo de forma asimétrica por parte de la prensa. "La actual crisis tiene muchos orígenes, pero es fundamentalmente una crisis de confianza, y hay medios de comunicación que responden de forma profesional y otros de forma irresponsable".

Damian Tambini, profesor de la London School of Economics, señala que hace falta un nuevo sistema regulatorio para la prensa económica. A su juicio, los códigos de conducta de los periodistas financieros se centran en su vinculación con una empresa, pero no en el impacto de las noticias en el sentimiento del mercado. "Dentro del nuevo sistema normativo que va a emerger tras la crisis económica, una pequeña parte debe dedicarse a determinar el papel del periodismo financiero".

El debate acerca de si los medios deben guardar silencio en determinadas ocasiones no se limita sólo al ámbito económico. La cadena de televisión pública británica BBC tuvo que retirar a principios de diciembre unos reportajes sobre la piratería en Somalia por petición del Ministerio de Exteriores, lo que según los comités de redacción ha dañado seriamente la independencia de la cadena. El Gobierno británico justificó su decisión en que la emisión del reportaje podría haber dañado los esfuerzos para liberar el petrolero saudí que había sido secuestrado.

Para Magis Iglesias, los Gobiernos no pueden decidir de forma aleatoria cuándo conviene y cuándo no emitir una información. En el caso de España, la presidenta de la FAPE recuerda que la Constitución ya fija límites para la libertad de expresión y de información. Éstos son el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la vida.

"Si con una información puedes poner en peligro la vida de un secuestrado se está infringiendo la ley. Por eso creo que la autorregulación es la solución. No pasa nada por retrasar esa información unas horas o unos días", indica. Ahora bien, Iglesias reconoce que en los últimos años "determinadas empresas periodísticas han olvidado que es precisamente el prestigio lo que les garantiza el futuro, y han mirado más a la cuenta de resultados, adelgazando las redacciones y limitando las condiciones de trabajo en ellas". "Precisamente, en situaciones de crisis", añade, "es cuando aflora el buen periodismo, porque es cuando hace falta un profesional que sea cómo se trabaja en situaciones complejas".

Esta visión es compartida por Ángel Boixadós. "En la APIE nos preocupa que algunos editores opten por redacciones de bajo coste. Es posible que se esté rompiendo la cadena intergeneracional de conocimientos".

David Fernández en El País.

Padres, no amigos

Padres, no amigos

Colegas o ’hiperpadres’, muchos progenitores viven el desconcierto de ver crecer a sus hijos huérfanos de modelo y de límites


El niño de seis años se encarama en el carro del supermercado mientras sus padres lo empujan y sortean estanterías. Es él quien dirige la compra y elige los productos que acaban en el carro. ¿Croquetas, pizzas, zumos? Para él es un juego, pero la decisión de compra está en sus manos. "Se le da un papel de adulto. Algo que se repite en otras situaciones diarias. No hay un modelo de autoridad saludable", señala Ana Sáenz, psicóloga vinculada al centro Marie Langer, especializado en ofrecer propuestas sobre malestares cotidianos. Sáenz reside en Bilbao, está integrada en la red de psicología Procesos Correctores Comunitarios (Procc) y colabora con colegios e instituciones. "Para crecer los niños necesitan sentirse seguros y autónomos, pero muchos padres desconocen las necesidades vitales de cada periodo. Se les exige mucho en ciertos aspectos y se les sobreprotege en otros", asegura.

No están ausentes, pero en ocasiones desertan. Muchos padres y madres, además de guardar en la cartera las fotos de sus hijos, tienen la sensación de llevarlos a cuestas. Suelen ser padres condescendientes, colegas en lenguaje coloquial, o hiperpadres. ¿Pero son padres y madres? No, son amigos, o animadores sociales y, si son perfeccionistas y tienen tiempo, profesores domésticos, pero no siempre ponen límites a los afanes consumistas y expansionistas de sus hijos. A no ser que su bolsillo flaquee, les violenta menos comprar un juguete o la maldita chuchería que repetir cada tres minutos en un tono sereno que no pueden tener todo lo que ven. Muchos tienen criterio, lo que no saben es decir que no sin enfadarse; otros pasan en pocas horas de ser padres modélicos a sentirse víctimas. "Prefiero no enterarme de algunas cosas para no estar todo el día de gresca", afirma el padre de una adolescente. "Paso del grito a la autocompasión y hasta empiezo a hablar sola por el pasillo", admite la madre de un chico preadolescente y otro al final de la ESO.

El modelo de padre y madre ha experimentado varios cambios en los últimos años, pero algunos han perdido el guión en medio del viraje. En algunas familias el padre o la madre son figuras desvaídas, fotocopias que podrían imantarse en la nevera junto a los recados urgentes. "Juan, mañana tienes examen de Cono... Estudia, no me seas vago". "Oye Vanessa, reina, si llevas una hora con la PSP, ahora no te pongas a bailar con la Wii, ¿eh?". Su papel es insustituible, pero a veces les resulta ingrato, grande, aplastante. Les cuesta ejercer y mantener cierta insobornable autoridad. Pero si ellos dejan de ser padres, sus hijos se quedan huérfanos y sin referentes, advierte Emilio Calatayud, magistrado del Juzgado número 1 de Granada.

En el otro extremo, o mezclado con ese modelo amable, se encuentran los hiperpadres, arquitectos mentales de completos currículos de futuro para sus vástagos. Pintura, música, baloncesto. ¿Qué más? Algunos parecen estar examinándose cuando juegan con sus hijos. ¿Lo están haciendo bien? Todo les parece poco. ¿Todo por sus hijos, pero sin sus hijos? "¿Qué clase de niños quieren?", pregunta Sáenz. "El modelo que se les propone es el de la sociedad de consumo, aquello que funciona. Por ejemplo, se niega la pubertad, etapa en la que salen afuera y se despiden de su infancia. Se busca que pase cuanto antes y se adelanta la adolescencia por influencia de la televisión. Se les roba así parte de su niñez y se les empuja a adoptar un prematuro rol juvenil". En definitiva, dan bandazos e incluso adoptan ellos el papel de niños, haciendo como que lloran o imitando sus rabietas, apunta Sáenz. "¿Qué autoridad muestra un adulto que actúa así? Algunos niños pueden pensar: ’¿Y éste es el que me cuida?".

Carmen Loureiro, psicóloga de Nexo y colaboradora del Centro Abierto Tomillo, en Madrid, piensa que "el denominador común entre los padres es la culpabilidad". Gracias a esa culpabilidad proliferan las escuelas para padres en colegios o gabinetes psicológicos. El vacío es tal que José Antonio Marina acaba de crear una universidad para padres virtual.

Nunca hubo padres tan informados, pero algunos siguen cursillos y hasta exploran en Internet foros educativos. En especial cuando sus hijos llegan a la ESO. "Mereció la pena mientras fue pequeño. La fiesta acabó con la adolescencia", afirma una madre. La clave la da Alicia Fernández-Zúñiga, psicóloga y directora del Instituto de Lenguaje y Desarrollo (ILD), en Madrid: "Lo que no hagas cumplir antes de la adolescencia será imposible exigirlo después".

"Yo soy padre de mis hijos, no su colega", dice el juez Calatayud. "Por temor a ser autoritarios nos da miedo decir no", continúa. Emilio Calatayud reconoce que es más fácil ser juez que padre. "Hay que poner límites a los hijos desde el primer minuto de vida. Luego cuesta más", avisa. A veces los padres se descuidan y el chaval díscolo acaba en el juzgado. "Hay un empeño en judicializar todo, pero por suerte el 80% de los jóvenes que cometen delitos no son delincuentes", explica. Se refiere a chicos que han cogido una moto ajena, han cometido un pequeño robo o han participado en una pelea. Suele imponerles castigos en beneficio de la comunidad, sea el cuidado de discapacitados o la limpieza de espacios públicos. Quiere que sean conscientes de sus actos y que entiendan que hay que ser solidarios y no depredadores. Se convierten así en voluntarios forzosos durante un tiempo. En algunos casos, la sanción incluye sacarse el graduado escolar o terminar la enseñanza obligatoria. La mayoría no reincide. Un 20% entra en una espiral peligrosa.

"Claro que hay que poner límites claros y sencillos. Muchos niños no calculan bien las consecuencias de sus actos, no tienen perspectivas. No podemos renunciar a señalar límites en situaciones cotidianas", opina Carlos Espinosa, docente e inspector de Educación en Málaga. "Estoy a favor de las sanciones integradoras y no de los castigos desintegradores", prosigue. "Echarle de clase si molesta sólo sirve para que el chaval pierda el tiempo, pero encargarle que recoja las pelotas del patio, o de todas las pilas del colegio para llevarlas a reciclar, sí es útil", agrega. Espinosa es coautor del libro Los niños y jóvenes del tercer milenio, y sostiene que los alumnos son cada vez más espabilados y curiosos, aunque no conecten con el saber formal o no siempre sean buenos estudiantes.

Al igual que el juez Calatayud, Espinosa ha tratado tanto a muchachos de ambientes marginales como a chicos malos de buenas familias. Entre unos y otros hay abismos, advierte, aunque coincidan en los juzgados. Los primeros crecen entre carencias y son rebeldes, "pero van por otros derroteros", dice. Los hijos de clase media que maltratan a niños y ancianos sin que sus músculos se alteren son maestros de la simulación y suelen ser más peligrosos. "Con muchos de ellos las técnicas educativas fracasan, son maltratadores, y hay que combinar distintas terapias", sostiene.

"Hay una tendencia a dejar hacer", reconoce Alicia Fernández-Zúñiga. "Pero es preciso establecer unas pautas y cumplirlas. Está demostrado que los niños que siguen unas normas crecen más seguros que los que carecen de ellas. Los que no las incorporan se vuelven más tiranos, no más seguros", señala. Fernández-Zúñiga observa que el cachete es ya algo infrecuente. Lo que percibe en muchos padres es cansancio, pensar: "Pero si tiene de todo...". En los talleres de padres que imparten en su centro, más de una vez ha convocado a abuelos y cuidadoras. "Estas últimas pasan mucho tiempo con los niños, sin tener autoridad y en ocasiones criterio". Sería interesante plantearse una escuela de cuidadoras y no sólo de padres, comenta.

Emilio Calatayud registra desde hace unos cuatro años un incremento de violencia familiar protagonizada por menores, así como grabaciones de peleas entre compañeros en el móvil, como si fuera un hito. Percibe también una mayor participación de niñas en episodios violentos dentro del ámbito familiar. Y al mismo tiempo, situaciones de violencia de género en primeras parejas. "En alguna ocasión ha habido que dictar órdenes de alejamiento de sus ex novias a chicos de 14 o 15 años", reconoce.

El juez piensa que en la todavía joven democracia española "se insiste más en derechos que en deberes, lo que favorece todo tipo de contradicciones, hasta caer en el absurdo". No entiende cómo se le ha condenado a la madre de Jaén que pegó a su hijo de 10 años a un año de alejamiento. "Supongo que la condena se ha fundamentado en el artículo 173, pero quizá habría que volver a redactarlo. Está muy bien corregir sin atentar contra la integridad física, pero también hay que ejercer de padre o madre", sostiene.

Un abeto entrelazado de guirnaldas. Felicidad de familia numerosa con chimenea. Los anuncios navideños transmiten un tipo de familia tradicional que ha dejado de ser mayoritario. Las familias de un sólo adulto con uno o dos hijos o las numerosas a fuerza de reconstituidas son tan reales como las otras. "El desconcierto de muchos padres se agrava porque ellos mismos están en precario con su proyecto de vida o con su pareja", afirma Sáenz. "A muchas mujeres, a pesar de haber separado su doble condición de madres y trabajadoras, les cuesta separarse de sus hijos por motivos laborales", añade. Por su parte, Carmen Loureiro recuerda que "el estrés, la inmadurez emocional de los padres y la confusión entre las necesidades de los niños y las que nosotros les atribuimos, confluyen en reprimendas inútiles que lastran la verdadera comunicación. Algunos fantasean sobre cómo deben ser sus hijos y se frustran si no cumplen sus expectativas. Olvidan que un niño necesita sentirse aceptado y saber que el amor de sus padres es incondicional", agrega.

"Es útil saber y poder decir no sin que te cause trauma, y explicar a tus hijos que no son raros por no tener Play", afirma Mariana Peláez. Asistió a un taller de padres del centro Marie Langer a través del colegio Siglo XXI de Madrid al que acuden sus dos hijos. "Surgen temas que nos interesan y se escenifican conflictos sin contar nada íntimo", añade. Francisco Javier Santaella, director de una entidad financiera, y su esposa, padres de tres hijos, han seguido en Andalucía un taller similar. "Hubo un antes y un después tras el taller", asegura. "Al casarte todo parece idílico, pero con los hijos surgen contradicciones", admite.

"La falta de conciliación está en la raíz de los problemas", opina una experta en educación de la Fundación Tomillo que trabaja ahora con hijos de inmigrantes. "Con 12 años, hay niños que pasan la tarde solos, o con una cuidadora. Los niños aprenden a través de modelos y si no lo encuentran en sus padres traspasan al grupo de iguales sus expectativas. Las habilidades comunicativas de los padres son decisivas: su actitud cuenta tanto como sus palabras. Sin embargo, muchos llegan cansados después de relacionarse con sus compañeros y sus habilidades aparecen menguadas".

Los niños son esponjas y captan cada gesto, recuerda Loureiro. "No están peor educados que antes, lo que sucede es que hay que dirigir sus emociones desde la motivación", concluye.

Inmaculada de la Fuente en El País.

Las 17 Españas no se entienden

Las 17 Españas no se entienden

Las comunidades autónomas viven de espaldas unas a otras y el ciudadano lo sufre - Una mayor coordinación resolvería problemas estadísticos y burocráticos


Aunque parezca algo de sentido común, hasta este año los Gobiernos de Aragón y de Castilla y León no se habían puesto de acuerdo sobre cómo debe organizarse la atención sanitaria en las zonas limítrofes entre las dos comunidades. Qué ambulancia debe acudir, a qué hospital hay que trasladar al enfermo y quién lo paga. Convenios similares los han firmado también este año Castilla y León con Galicia y el País Vasco con Cantabria. Son, respectivamente, una comunidad del PP, otra del PSOE, otra gobernada por el PNV y otra con presidente regionalista, simplemente llegando a acuerdos entre ellas para facilitar la vida a sus ciudadanos.

Pero las cosas de sentido común no siempre forman parte de la agenda política. Enrique Gómez Campo es el director general de Desarrollo Autonómico del Ministerio de Administraciones Públicas, y reconoce que las comunidades autónomas "tienen la tendencia a no hablar entre sí". La percepción del ciudadano, gracias en parte al debate político, es que los problemas los debe solucionar el Estado. Nadie mira al vecino.

El terror de cualquier empresa que quiera operar en toda España (y de cualquier periodista de ámbito nacional, disculpe el lector la queja) es que alguien le diga: "Lo sentimos, pero eso es competencia autonómica". La descentralización del poder en España es un éxito incontestable. Pero en asuntos de competencia autonómica no es raro encontrarse con 17 sistemas distintos de contabilidad, normativas distintas o formas de aplicar una ley.

En una comparecencia parlamentaria reciente, el presidente del Tribunal de Cuentas, Manuel Núñez, presentó un informe de fiscalización del sector público autonómico con datos de 2003. Núñez denunció que las diferentes formas de contabilidad de las comunidades "han limitado la posibilidad de ofrecer una información homogénea". Esto le sucede al Tribunal de Cuentas, pero son más conocidos casos como el de las listas de espera, donde hay una ocultación deliberada de los datos y nadie tiene poder para hacerlos públicos. Responsables del Gobierno reconocen que en ocasiones es más sencillo tener estadísticas de la UE que de España.

Un caso sangrante es el de la Ley de Dependencia, uno de los proyectos estrella del área social. Las autonomías, que son las que deben evaluar a las personas que requieren ayuda, envían sus datos al Ministerio de Educación y Política Social, que los publica en su web, pero algunas sólo aportan datos globales consignados a la casilla "sin especificar", lo que no permite saber si el afectado está efectivamente recibiendo la ayuda o no, ni de qué tipo (económica, plaza residencial, etc), lo que impide conocer el grado de cumplimiento de la ley.

La burocracia sanitaria es uno de los principales problemas a los que se enfrenta el ciudadano, aunque nadie se vaya a quedar sin atención médica. "En la asistencia sanitaria un ciudadano español no debe tener problemas en ninguna parte del país", aclara Gómez Campo, porque los derechos en este ámbito son los mismos en toda España.

Pero hay otros ámbitos sanitarios donde se pueden dar problemas. Por ejemplo, en noviembre de 2006 la Comunidad Valenciana anunció que no pagaría las recetas de medicamentos firmadas en otras comunidades autónomas. La medida no afectó a turistas ni a viajeros de paso, pero sí a pueblos fronterizos de Castilla-La Mancha. Según el Gobierno valenciano, las farmacias fronterizas estaban dispensando un número muy importante de recetas de pacientes geriátricos de localidades fronterizas. Al no contar como habitantes valencianos, se producía una "desviación de fondos" de una comunidad a otra.

Curiosamente, aquel año el lobby Farmaindustria había denunciado que la Comunidad Valenciana tenía una deuda con las farmacéuticas de 607 millones de euros, el 28% de toda la deuda farmacéutica del sistema sanitario español, seguida por Andalucía y a mucha distancia de las demás.

Ante estos problemas, el PP pone la vista en el papel del Estado. "No hay un elemento homogeneizador y eso perjudica la libre disponibilidad del ciudadano, la movilidad", dice Juan Manuel Moreno, responsable de Política Autonómica del PP. Moreno aporta sus propios ejemplos a la descoordinación. Las licencias de pesca y de caza son distintas en todas las comunidades. Se puede tener licencia para pescar en una orilla de un río pero no en la otra orilla, donde, vaya usted a saber, a lo mejor hay una sombra más agradable. "Si vas en tren de Madrid a Barcelona con un perro, atraviesas tres comunidades con tres normativas distintas sobre protección de animales", expone Moreno.

El dirigente del PP apunta una cuestión que no pocos empresarios han denunciado, y es que se puede romper la unidad de mercado. "Por ejemplo, si quieres hacer una red de clínicas veterinarias, tienes que adaptarla a todas las normativas". Para Moreno, es un ejemplo de que "a veces, hacemos lo contrario de lo que hace la UE". Europa unifica criterios y España los divide por 17. Para este partido, el principal problema es no terminar de definir las competencias, que el Estado ejerza el liderazgo y garantice "la igualdad de derechos". "Nuestro modelo es complicado y muy caro. Tenemos una sensación de Estado inacabado que acabará por hacer de España un Estado inviable".

Sin embargo, hay asuntos en los que el Gobierno apenas puede hacer más que ofrecer un despacho de un ministerio para reunir a consejeros autonómicos y engrasar acuerdos. El portavoz de la Entesa Catalana en el Senado, Carles Bonet, suele bromear diciendo que el único sitio donde se reúnen las comunidades autónomas (y no todas) es la FORTA, el órgano que agrupa a las televisiones. Y si se puede llegar a acuerdos entre todos en materia de televisión, se tiene que poder sobre cualquier cosa.

Desde el PSOE ponen más el acento en el tempo del desarrollo autonómico que en los desajustes. Para María del Mar Moreno, responsable de Política Territorial, el Estado está "en proceso de construcción". Se han constituido las comunidades, se les ha dado competencias y dotación económica y después se ha reforzado la coordinación desde Madrid. "Estamos entrando en una fase, nueva y necesaria, donde hay que mejorar la coordinación horizontal [entre comunidades]", dice Mar Moreno. Un terreno donde "la Constitución no dice nada, porque no hay una cultura de colaboración que nazca de la Constitución".

Para Mar Moreno, son pocos todavía los asuntos exclusivos donde el Estado no tenga nada que decir. Pero además, "hay una limitación política, muy poca cultura política de cooperación y colaboración". Y añade: "Todo lo contrario. Hay cierto frentismo. Todos los asuntos que se ponen sobre la mesa tienden a contaminarse del debate político. Debería ser natural que una comunidad del PP se pusiera de acuerdo con otra del PSOE". Moreno rechaza también las quejas sobre la burocracia sanitaria: "No conozco un ciudadano español que no haya sido atendido en otra administración que no sea la suya. No tiene ninguna consecuencia práctica".

A la espera de que se concrete alguna fórmula, actualmente los convenios entre comunidades autónomas como los citados al principio son el único instrumento de cooperación que hay previsto. Sólo se han firmado 47 en toda la democracia, aunque su número aumenta cada legislatura. En toda, la pasada se firmaron 12, mientras que sólo en 2008 ya van una decena. Estos convenios se conocen porque la Constitución obliga a enviarlos al Senado para que dé su consentimiento (algo que hace sin pestañear) antes de ponerlos en práctica. La mayoría de estos convenios son en materia sanitaria. La semana que viene se firmará otro entre Castilla y León y Extremadura.

Joan Lerma es el presidente de la Comisión General de Comunidades Autónomas del Senado, que es la que tramita los convenios. "Estos problemas se pueden resolver con mayor cooperación entre las comunidades autónomas", opina Lerma. El ex presidente de la Comunidad Valenciana (1982-1995) cree que "una reunión entre las comunidades sin el Gobierno se mira con recelo, por una tradición centralista. Gracias en parte al discurso de la derecha, se ve como la antiespaña".

Por concretar, "que se reúnan las comunidades y se pongan de acuerdo en homologar las licencias de caza debería ser lo normal", dice Lerma. "En Alemania, los länder se reúnen precisamente para evitar que el Gobierno federal se meta en determinadas cuestiones y nadie piensa que eso sea poner en cuestión el Estado". Pero hay una resistencia difícil de vencer. Lerma pone como ejemplo el debate de la financiación autonómica. Es más fácil políticamente discutir con el Gobierno que con 16 iguales. Es más fácil reclamar a Zapatero que exponer tus argumentos enfrente posición. "Con el discurso actual, parece que todo el dinero sale del Estado, y no se ve que lo que piden se lo pueden estar quitando a la comunidad de al lado".

Pablo X. de Sandoval en El País.

"¿Acaso tiene que haber 17 de todo? Pongámonos de acuerdo"


El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara (Olivenza, 1958), hizo pública el año pasado una propuesta que podría poner a España a la altura de Alemania en cuanto a cooperación entre sus territorios: crear un foro para que los líderes autonómicos se reúnan al margen del Gobierno central y lleguen a acuerdos en temas de su competencia. En los últimos meses se la ha trasladado a todos los presidentes con los que ha coincidido. Fernández Vara ha sufrido, primero como médico y luego como consejero de Sanidad, las consecuencias de vivir ignorando al vecino.

Pregunta. ¿Cuál es el origen de la idea?

Respuesta. He sido consejero de Sanidad durante 12 años. Me preocupa mucho que el sistema de salud sea equiparable. No puede ser que el hecho de que haya 17 servicios distintos socave el sistema. Después, como presidente, me he dado cuenta de que hay otras áreas en las que ocurre lo mismo. La solución estaría en que tuviéramos un punto de encuentro, que podría ser el Senado. Pero mientras eso no ocurra nos encontramos con una paradoja: para todo lo que tenemos competencias exclusivas, y que tienen que ver con la vida diaria de la gente, no hay donde nos podamos encontrar y llegar a acuerdos.

P. ¿No es suficiente con las reuniones en los ministerios?

R. En las conferencias sectoriales se discuten temas que son competencias del Estado que afectan a las comunidades o competencias compartidas. Pero en cuestiones exclusivas, como por ejemplo las licencias de pesca, el Gobierno no nos puede convocar para hablar de ellas. Tenemos que encontrar dónde reunirnos para facilitar la vida al ciudadano, para hablar lo que tiene que ver con el día a día de la gente. Por ejemplo, al estudiante universitario que se va a otra comunidad no le pueden asignar médico en el centro de salud con la tarjeta sanitaria de su autonomía de origen. Es decir, ahora mismo, si viene un europeo a España, le asignan médico en el centro de salud. Pero si llega de otra comunidad, no.

P. ¿Qué otras consecuencias prácticas tiene esa descoordinación?

R. Por ejemplo, el calendario vacunal, el de las vacunas de nuestros hijos, ya no es igual en todas las comunidades, porque algunas han decidido no aplicar el acuerdo del Consejo Interterritorial de Sanidad. El día de mañana no habrá quién elabore un dato epidemiológico fiable. Esto tenía que ser algo de sentido común. Las empresas, para presentarse a concurso en España, tienen que tener 17 pliegos distintos. Hay una comunidad autónoma, no diré cuál, donde a los extranjeros les atienden gratis en los hospitales, pero si va un ciudadano de otra autonomía y se ha olvidado su tarjeta sanitaria, le cobran. Yo no digo que volvamos atrás. El Estado de las autonomías es lo mejor que se ha hecho en este país. Pero nos falta rematarlo. Rematarlo es eliminar la parte negativa que hay en crear 17 de todo. ¿Acaso tiene que haber 17 de todo? Pongámonos de acuerdo.

P. Quizá sea más fácil políticamente reclamar al Gobierno central.

R. Lo fácil es echar la culpa de todo al Gobierno. Detrás de todo esto subyace una idea: la España de las autonomías no se termina de construir cuando se transfiera la última competencia a la última comunidad, sino cuando las autonomías cooperemos entre nosotros.

Aquí queremos muchas competencias exclusivas, pero cuando pasa algo lo fácil es echar la culpa al Gobierno. Esto, si no lo hacemos sin el Ejecutivo de España, no lo vamos a hacer, porque estaremos tutelados. El Estado de las autonomías tiene que demostrar su madurez.