más valen cuatro decididos que cuarenta remisos

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Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2005.

01/04/2005

Aprender a ser felices (II)

+ Valorar y reforzar las fuerzas positivas de nuestra alma. Descubrir y disfrutar de todo lo bueno que tenemos. No tener que esperar a encontrarnos con un ciego para enterarnos de lo hermosos o importantes que son nuestros ojos. No necesitar conocer a un sordo para descubrir la maravilla de oír. Sacar jugo al gozo de que nuestras manos se muevan sin que sea preciso para este descubrimiento ver las manos muertas de un paralítico.
+ Asumir después serenamente las partes negativas o deficitarias de nuestra existencia. No encerrarnos masoquísticamente en nuestros dolores. No magnificar las pequeñas cosas que nos faltan. No sufrir por temores a sueños de posibles desgracias que probablemente nunca nos llegarán.
+ Vivir abiertos hacia el prójimo. Pensar que es preferible que nos engañen cuatro o cinco veces en la vida que pasarnos la vida desconfiando de los demás. Tratar de comprenderles y de aceptarles tal y como son, distintos a nosotros. Pero buscar también en todos más lo que nos une que lo que nos separa, más aquello en lo que coincidimos que en lo que discrepamos. Ceder siempre que no se trate de valores esenciales. No confundir los valores esenciales con nuestro egoísmo.
+ Tener un gran ideal, algo que centre nuestra existencia y hacia lo que dirigir lo mejor de nuestras energías. Caminar hacia él incesantemente, aunque sea con algunos retrocesos. Aceptar la lenta maduración de todas las cosas, comenzando por nuestra propia alma. Aspirar siempre a más, pero no a demasiado más. Dar cada día un paso. No confiar en los golpes de la fortuna.
+ Creer descaradamente en el bien. Tener confianza en que a la larga –y a veces muy a la larga- terminará siempre por imponerse. No angustiarse si otros avanzan aparentemente más deprisa por caminos torcidos. Creer en la también lenta eficacia del amor. Saber esperar.
+ En el amor, preocuparse más por amar que por ser amados. Tener el alma siempre joven y, por tanto, siempre abierta a nuevas experiencias. Estar siempre dispuestos a revisar nuestras propias ideas, pero no cambiar fácilmente de ellas. Decidir no morirse mientras estemos vivos.
+ Elegir, si se puede, un trabajo que nos guste. Y, si esto es imposible, tratar de amar el trabajo que tenemos, encontrando en él sus aspectos positivos.
+ Revisar constantemente nuestras escalas de valores. Cuidar de que el dinero no se apodere de nuestro corazón, pues es un ídolo difícil de arrancar de él cuando nos ha hecho sus esclavos. Descubrir que la amistad, la belleza de la naturaleza, los placeres artísticos y muchos otros valores son infinitamente más rentables que lo crematístico.
+ Descubrir que Dios es alegre, que una religiosidad que atenaza o estrecha el alma no puede ser la verdadera, porque Dios o es el Dios de la vida o es un ídolo
+ Procurar sonreír con ganas o sin ellas. Estar seguros de que el hombre es capaz de superar muchos dolores, mucho más de lo que el mismo hombre sospecha.

La Lista podría ser más larga. Pero creo que, tal vez, esas pocas lecciones podrían servir para iniciar el estudio de la asignatura más importante de nuestra carrera de hombres: la construcción de la felicidad.

José Luis Martín Descalzo
01/04/2005 12:09 #. Tema: portadas No hay comentarios. Comentar.

05/04/2005

Humanidad

«La muerte de cualquier hombre me disminuye,
porque soy parte de la humanidad.
Por eso no preguntes nunca
por quién doblan las campanas:
están doblando por ti».


John Donne
05/04/2005 23:14 #. Tema: citas No hay comentarios. Comentar.

07/04/2005

No se trata de

No se trata de “¿cómo murió?” sino de “¿cómo vivió?”
No se trata de “¿cuánto ganó?” sino de “¿cuánto dio?”
Estas son las unidades para medir el valor
De todos los seres humanos, y no su nacimiento.

No se trata de “¿Tuvo dinero?” sino de “¿Tuvo corazón?”
¿Tuvo siempre una palabra amable, una sonrisa?
¿Supo siempre enjugar una lágrima?
¿Estuvo al lado del que le necesitó?

No importa cuál fue su templo, ni cuál fue su credo.
Lo que importa es si ayudó a los necesitados.
No importan los elogios que, al morir, le hizo la prensa.
Lo que importa es cuántos lloraron su muerte

Anónimo
07/04/2005 16:48 #. Tema: citas Hay 1 comentario.

14/04/2005

No inútilmente

Contemplo yo a mi vez la diferencia
entre el hombre y su sueño de más vida,
la solidez gremial de la injusticia,
la candidez azul de las palabras.
No hemos llegado lejos,
pues con razón me dices
que no son suficientes las palabras
para hacernos más libres.

Te respondo
que todavía no sabemos
hasta cuándo o hasta dónde
puede llegar una palabra.
Quién la recogerá ni de qué boca
con suficiente fe
para darle su forma verdadera.

Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza.
Pues más allá de nuestro sueño
las palabras, que no nos pertenecen,
se asocian como nubes
que un día el viento precipita
sobre la tierra
para cambiar, no inútilmente, el mundo

José Angel Valente
14/04/2005 22:48 #. Tema: poemas Hay 1 comentario.

18/04/2005

Te guste o no

No sé si m gusta más de ti
lo que te diferencia de mi
o lo que tenemos en común.
Te guste o no
me caes bien por ambas cosas.
Lo común me reconforta,
lo distinto me estimula.

JM Serrat
18/04/2005 23:19 #. Tema: citas Hay 2 comentarios.

24/04/2005

Carta a Benedicto XVI desde tierra de nadie

Querido Benedicto XVI:

Todo comienzo invita a la esperanza. Estas últimas semanas me he sentido así, ilusionado porque todo cambio es ocasión de moverse, y al moverse, sacudir inercias y emprender búsquedas. Porque por ahora un nuevo papado es como un papel en blanco en el que se pueden escribir páginas bellísimas, páginas de evangelio hoy…Y eso es lo que quiero seguir esperando ahora. Lleno de deseos, inquieto (siempre) por el futuro, te escribo desde “la tierra de nadie.”


La tierra de nadie es ese espacio intermedio donde estamos tantos católicos, que no nos sentimos en paz con declaraciones dogmáticas tajantes para problemas culturales y sociales que requieren muchas consideraciones cotidianas; pero tampoco nos sentimos alineados con quienes meten en el mismo saco todas las reivindicaciones del mundo, ya se trate de familia, vida, investigación, como si todo valiese o como si todo fuese lo mismo…

La tierra de nadie es ese espacio en el que viven divorciados que, tras un fracaso que ha podido ser inevitable, se sienten en la encrucijada de rehacer su vida (y sentirse apartados de la Iglesia), o quedar presos de una situación muy dura. Es el espacio donde viven los hombres y mujeres que aman a otros hombres y mujeres, respectivamente, y aman al Dios de Jesús, pero sienten que se les dice que uno de los dos amores no cabe en su vida o en su Iglesia. Donde teólogos que buscan nuevas formas de anunciar el mismo evangelio tienen miedo de buscar, porque equivocarse se iguala a atacar… pero si no se buscan nuevos caminos, aunque no haya error, tampoco avanzará la búsqueda de una verdad más plena.

En la tierra de nadie están tantas mujeres que ven una cierta contradicción entre las afirmaciones que les dicen que pintan mucho en la Iglesia, y la masculinidad absoluta que hemos visto en la liturgia, voces y toma de decisiones de estos días pasados. Y muchos jóvenes que necesitan una palabra de moral que les hable de sus vidas, sus problemas y sus límites hoy (y no hace cincuenta años, cuando la sociedad era otra, la cultura era otra, las imágenes y prácticas otras, el mundo otro). En la tierra de nadie, sin dramatismos, estamos los que nos llevamos bofetadas de unos (que nos acusan de pertenecer a una Iglesia muy encastillada), y de otros (que dicen que nos dejamos llevar por el mundo).

En esta tierra de nadie a veces se anhela una palabra entrañable, una búsqueda pastoral conjunta, un espíritu integrador, una capacidad de oscilar entre la unidad y la pluralidad, entre la diversidad y la comunión, entre los múltiples carismas y el mismo cuerpo… Porque hay muchas cosas que no están claras, y precisamente por eso necesitamos darnos tiempo, escucharnos, buscar juntos, clarificar, con valentía. Y porque, unos y otros, no encontramos la forma de hacerlo.

Así que, querido Benedicto… acércate a esta tierra de nadie, que es tierra de Iglesia, de esta Iglesia tan rica en gentes, problemas y sueños. Y sé pastor de todos. Dicen que tienes una mente privilegiada, que eres un gran teólogo. Pues que el Espíritu de Dios te ilumine para abrir puertas y tender puentes; pues eso es ser pontífice, el que tiende puentes, entre Dios y los seres humanos, y entre unos y otros…; para conjugar la unidad con la escucha; la firmeza con la flexibilidad; la tradición con el cambio; y la existencia de límites con el diálogo. Y especialmente sé la voz de los miles de millones de personas que no tienen quién hable en su nombre, quién pida por ellos paz, pan y palabra

Rezo por eso. Confío en ello. Espero. Y, si Dios quiere, intentaré colaborar en ello, hoy y siempre.

Jose Mª Rodríguez Olaizola, sj
24/04/2005 21:32 #. Tema: portadas Hay 1 comentario.


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