más valen cuatro decididos que cuarenta remisos

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Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2005.

03/03/2005

Cerrar un ciclo

Hay que saber cuándo una etapa llega a su fin. Cuando insistimos en alargarla más de lo necesario, perdemos la alegría y el sentido de las otras etapas que tenemos que vivir. Poner fin a un ciclo, cerrar puertas, concluir capítulos…, no importa el nombre que le demos, lo importante es dejar en el pasado los momentos de la vida que ya terminaron. ¿Me han despedido del trabajo? ¿Ha terminado una relación? ¿Me he ido de casa de mis padres? ¿Me he ido a vivir a otro país? Esa amistad que tanto tiempo cultivé, ¿ha desaparecido?

Puedes pasar mucho tiempo preguntándote por qué ha sucedido algo así. Puedes decirte a ti mismo que no darás un paso más hasta entender por qué motivo esas cosas que eran tan importantes en tu vida se convirtieron de repente en polvo. Pero una actitud así supondrá un desgaste inmenso para todos: tu país, tu cónyuge, tus amigos, tus hijos, tu hermano; todos ellos estarán cerrando ciclos, pasando página, mirando hacia delante, y todos sufrirán al verte paralizado. Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y noche su relación con una persona que se fue para no volver. Todo pasa, y lo mejor que podemos hacer es no volver a ello.

Por eso es tan importante (¡por muy doloroso que sea!) destruir recuerdos, cambiar de casa, donar cosas a los orfanatos, vender o dar nuestros libros. Todo en este mundo visible es una manifestación del mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen su lugar. Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que descubran tu genio, que entiendan tu amor. Deja de encender tu televisión emocional y ver siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte.

Nada hay más peligroso que las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del ‘momento ideal’. Antes de comenzar un nuevo capítulo hay que terminar el anterior: repítete a ti mismo que lo pasado no volverá jamás. Recuerda que hubo una época en que podías vivir sin aquello, sin aquella persona, que no hay nada insustituible, que un hábito no es una necesidad. Puede parecer obvio, puede que sea difícil, pero es muy importante.
Cerrar ciclos. No por orgullo, ni por incapacidad, ni por soberbia, sino porque, sencillamente, aquello ya no encaja en tu vida. Cierra la puerta, cambia el disco, limpia la casa, sacude el polvo. Deja de ser quien eras, y transfórmate en el que eres.

Paulo Coelho
03/03/2005 12:16 #. Tema: portadas No hay comentarios. Comentar.

06/03/2005

Paradojas del amor

Al ingrato que me deja, busco amante,
al amante que me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata,
maltrato a quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.


Juana Inés de la Cruz
06/03/2005 23:27 #. Tema: poemas Hay 1 comentario.

10/03/2005

Semillas

Una persona se acercó a la Tienda de las semillas y se dio cuenta
de que tras el mostrador se hallaba el mismo Dios.
-¿Qué deseas, hijo?- le preguntó.
El hombre respondió:
- Deseo el amor, la bondad y la justicia, no sólo para mí sino
también para todos los seres humanos.
Y Dios le repicó:
- Hijo mío, creo que no has leído bien; aquí no vendemos frutos,
sino semillas.

Tony de Mello
10/03/2005 09:59 #. Tema: cuentos Hay 1 comentario.

13/03/2005

Una pena

QUIZÁ un tanto ilusamente, llegué a creer que la hecatombe del 11-M serviría para sellar una nueva hermandad entre los españoles, superadora de viejas rencillas. Así me lo hicieron presagiar tantos gestos abnegados, muestras de perfecto amor, que florecieron espontáneamente en aquellas horas luctuosas, cuando la llaga del dolor nos fundía a todos en una misma sangre: aquellas colas de hermosos madrileños que esperaban turno para transfusiones; aquellos voluntariosos vecinos de Atocha y Santa Eugenia y el Pozo del Tío Raimundo que corrieron a auxiliar a las víctimas atrapadas entre el amasijo de hierros; aquellos médicos, policías, asistentes sanitarios, bomberos, sacerdotes, psicólogos que se extenuaron en las labores de rescate y salvamento y posteriormente en el consuelo de los familiares de los asesinados... Todo aquel magma de generosa humanidad me hizo pensar que aquella tragedia tendría a la postre un reflejo fecundo que, a poco que nuestros políticos lo supieran administrar, propiciaría el advenimiento de una época sin cabida para las mezquindades y los enconamientos partidarios. Quizá porque soy un idealista, llegué a concebir un país apretado como una piña, donde las naturales y legítimas diferencias quedasen desplazadas y arrumbadas en la cuneta, como andrajos que el hombre nuevo se aparta, antes de iniciar su andadura.

Un año después de la matanza, ya podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la política -o, mejor dicho, la politiquería- ha desbaratado aquel caudal de esperanza. La muerte de doscientos hermanos, lejos de erigirse en sacramento de unidad, ha servido para excavar un foso de división cada vez más insalvable. Algún día, cuando se sucedan las generaciones, nuestros nietos volverán la vista atrás y se avergonzarán de sus abuelos, sobre todo de los hombres que los representaban, más preocupados de sacar tajada del río revuelto que de fundar sobre la sangre derramada los cimientos de una nueva convivencia. Algún día, nuestros nietos descubrirán, con infinita pesadumbre e infinita repugnancia, que aquel dolor multitudinario fue malversado y empleado para alimentar rencores seculares. Y así, repararán en aquella comisión parlamentaria de la vergüenza que se formó con el pomposo propósito de esclarecer las circunstancias que rodearon la matanza y que, en lugar de preocuparse por traer confortación a las víctimas, escenificó un ajuste de cuentas entre facciones.

Algún día, cuando nuestros nietos traten de analizar el penoso espectáculo de politiquería representado durante estos meses, descubrirán, con infinito pasmo e infinita náusea, que ni siquiera lo más sagrado ha quedado al margen de la casposa trifulca partidaria. Y comprobarán con horror que la pelea de corrala protagonizada por dos facciones a la greña salpicó incluso a las propias víctimas del terrorismo, enzarzadas ahora en una discordia peregrina e ininteligible. Nuestros nietos no podrán entender que una porción de esas víctimas se sienta hoy más preterida y desdeñada que nunca, después de que se haya instituido una alta magistratura presuntamente dedicada a su protección y consuelo; tampoco podrán entender que otra porción de esas víctimas se oponga a que las campanas de las iglesias doblen en memoria de quienes murieron, olvidando la verdad honda de aquel poema de John Donne: «La muerte de cualquier hombre me disminuye, / porque soy parte de la humanidad. / Por eso no preguntes nunca / por quién doblan las campanas: / están doblando por ti».

Hoy, a la pena que me araña por la muerte de aquellos inocentes, se suma otra pena amasada de vergüenza, mientras contemplo este trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín.

Juan Manuel de Prada
13/03/2005 23:42 #. Tema: opinión Hay 1 comentario.

17/03/2005

El camino del amor

Cuando te llame el amor, síguele,
aunque sus caminos sean ásperos y empinados.
Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate,
aunque te pueda herir la espada oculta entre sus plumas.
Y, cuando te hable, créele,
aunque su voz perturbe tus sueños
como arrasan el jardín las ráfagas del viento norte.
Pues, a la vez, el amor te corona y te crucifica.
A la vez, él te hace crecer y te poda.
Y mientras te eleva a las alturas y acaricia
tus más tiernas ramas que tiemblan al sol,
baja, también, a tus raíces y las sacude
para que no se agarren a la tierra.
17/03/2005 23:41 #. Tema: citas Hay 1 comentario.

20/03/2005

Distinguir la noche del día

Preguntó un gurú a sus discípulos si sabrían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día.

Uno de ellos dijo: "Cuando ves un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo".
"No", dijo el gurú.

"Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un anacardo".
"Tampoco", dijo el gurú.

"Está bien", dijeron los discípulos, "dinos cuándo es".
"Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, aún es de noche".

Tony de Mello
20/03/2005 22:58 #. Tema: cuentos Hay 1 comentario.

24/03/2005

El Amor

Si hablara todas las lenguas
de los hombres y los ángeles
y no tuviese amor,
soy como bronce que resuena o címbalo que retiñe;
y si teniendo el don de profecía
y conociendo todos los misterios y toda la ciencia,
y tanta fe que trasladase los montes,
si no tengo amor, no soy nada;
y si repartiese todos mis bienes
y entregase mi cuerpo al fuego,
no teniendo amor,
nada me aprovecha.
El amor es paciente,
el amor es servicial;
no envidia,
no se jacta,
no es presuntuoso;
no es descortés,
no busca lo suyo,
no se irrita,
no piensa mal;
no se alegra de la injusticia,
sino que se complace en la verdad;
el amor todo lo perdona,
todo lo cree,
todo lo espera,
todo lo tolera.
Todo pasará, menos el amor.

1 Cor 13
24/03/2005 23:15 #. Tema: poemas No hay comentarios. Comentar.

27/03/2005

Aprender a ser felices (I)

Me parece que la primera cosa que tendríamos que enseñar a todo hombre que llega a la adolescencia es que los humanos no nacemos felices ni infelices, sino que aprendemos a ser una cosa u otra y que, en una gran parte, depende de nuestra elección el que nos llegue la felicidad o la desgracia. Que no es cierto, como muchos piensan, que la dicha pueda encontrarse como se encuentra por la calle una moneda o que pueda tocar como una lotería, sino que es algo que se construye, ladrillo a ladrillo, como una casa.
Habría también que enseñarles que la felicidad nunca es completa en este mundo, pero que, aun así, hay razones de alegría más que suficientes para llenar una vida de jugo y de entusiasmo, y que una de las claves está precisamente en no renunciar o ignorar los trozos de felicidad que poseemos por pasarse la vida soñando o esperando la felicidad entera.
Sería también necesario decirles que no hay “recetas” para la felicidad, porque, en primer lugar, no hay una sola sino muchas felicidades y que cada hombre debe construir la suya, que puede ser muy diferente de la de sus vecinos. Y porque, en segundo lugar, una de las claves para ser felices está en descubrir “qué” clase de felicidad es la mía propia.
Añadir, después, que, aunque no haya recetas infalibles, sí hay una serie de caminos por los que, con certeza, se puede caminar hacia ella. A mí se me ocurren, así de repente, unos cuantos:

(...)

José Luis Martín Descalzo
27/03/2005 23:31 #. Tema: portadas Hay 1 comentario.


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