Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Que seas feliz contigo mismo, que te aceptes y seas aceptado, que estés en paz contigo y la transmitas, paz en tu mente y en tu corazón.
Que seas feliz en tu familia, cada vez os sintáis más unidos y creativos.
Que seas feliz en tu trabajo, que hagas bien con tu trabajo, que den frutos tus tareas y proyectos.
Que seas feliz en la justicia, respetando y defendiendo los derechos de los demas, respetando y valorando a los demás.
Que seas feliz en la generosidad, dando y compartiendo, ayudando y sirviendo, viviendo la solidaridad.
Que seas feliz en el perdón, una vez y otra, superando resentimientos y deseos de venganza.
Que seas feliz en la paciencia, afirmándote y creciendo en las dificultades, saltando sobre los obstáculos, aceptando los fracasos.
Que seas feliz en la humildad, reconociendo tus valores como don, renunciando al comparativo y alegrándote con los méritos de los otros, sin permitirte sentimientos de envidia.
Que seas feliz en la fe, metiendo a Dios en ti vida y poniendo tu vida en sus manos, confiando en él más que en ti mismo.
Que seas feliz en la esperanza, esperando en Dios contra toda esperanza, superando desengaños e impaciencias.
Que seas feliz en la caridad, pensando más en la felicidad de los otros que en la tuya, evitando críticas morbosas, palabras ofensivas y sentimientos malos, haciendo el bien a los demás.
Que seas feliz en las Bienaventuranzas, en la creencia del Evangelio, con la dicha de los pequeños y los pobres.
Que seas feliz en Jesucristo, nuestra alegría y nuestra salvación.
Que seas feliz en Dios, fuente de todo amor. Que Dios te sonría siempre y te tenga en las palmas de las manos, y que tú te dejes hacer, te dejes querer.
Parroquia del Carmen

SETEM y la Campaña Ropa Limpia convocan a los medios de comunicación a participar en una Cabalgata de Reyes especial para entregar "carbón" a la empresa Induyco
El martes día 9 de enero de 2007 los Reyes Magos harán una última parada en su recorrido por España para dejar "carbón" a Induyco, principal empresa proveedora del Grupo El Corte Inglés. Será el acto final de la iniciativa de la Campaña Ropa Limpia y SETEM en la que se han recogido miles de firmas de consumidores y consumidoras que piden más información sobre el origen de su ropa.
SALIDA A LAS 10,00 desde SETEM (C/Gaztambide 50, Madrid)
DURACIÓN APROX.: 2 horas. (incluidas paradas en tiendas, sede central Induyco y Rueda de Prensa)
Descarga AQUI tu INVITACIÓN en FLASH para esta CABALGATA ESPECIAL de la Campaña Ropa Limpia y SETEM y ¡¡¡no faltes a la cita!!!
SETEM-Aragón, así como otros SETEM de todo el país, recogerá las últimas firmas para la Campaña "¿Qué hay detrás de la ropa de Induyco?" el domingo 7 de enero por la tarde, día que comienzan las rebajas, en la Glorieta Sasera, frente a El Corte Inglés (Zaragoza),para llevarlas el martes 9 a Madrid, a la sede de la empresa Induyco.
"ADMITO, ADMIRO y agradezco el alzamiento popular en defensa de la República. Pero usted no ignora que dentro de él han ocurrido abusos monstruosos. La crueldad, la venganza, hijas del miedo y de la cobardía, me avergüenzan", dice Garcés a Marón en La velada en Benicarló, diálogo sobre la Guerra Civil que Manuel Azaña, presidente de la República, escribió en mayo de 1937. Marón responde: "Mayores atrocidades cometen los rebeldes". Y Garcés replica: "Lo sabemos. Nadie monopoliza la barbarie ni el desmán. Pero esto no es una compensación. Ellos son la negación de la ley; nosotros somos el Gobierno, la legitimidad, la República. Una conducta noble, sin otro rigor que el de la justicia, habría robustecido la autoridad de nuestra causa".
Este diálogo manifiesta la impresión dominante entre quienes, combatiendo por la República contra la rebelión militar, se sentían desolados por la crueldad que también en territorio leal condujo a abusos monstruosos. Nada justificaba el golpe de Estado, nada excusaba aquella rebelión militar que el mismo Azaña definió como horrenda culpa y crimen de lesa patria; pero nada justificaba tampoco las atrocidades cometidas en la República, no siempre por grupos de incontrolados; no las justificaban, ni la rebelión, ni aquella justicia histórica invocada por Ángel Ossorio / Marón en el diálogo con Garcés / Azaña.
Este desgarrador sentimiento de repulsa a la rebelión y de vergüenza por los crímenes cometidos en la República no puede confundirse con una igualación o equiparación de culpas ni de responsabilidades. A cada cual correspondía la suya. A los rebeldes, por haber desencadenado una guerra civil de efectos devastadores; a los que tomaron las armas para aplastar la rebelión, porque, además de que nada justificaba la matanza de tantos inocentes, contribuyeron a hundir la propia República.
Así vivieron sus memorias muchos españoles del exilio y muchos disidentes de la dictadura: es el recuerdo que late en la, de otra forma, engañosa expresión "todos fuimos culpables", acuñada en el exilio. Por eso, cuando los exiliados comenzaron a encontrarse con disidentes del interior -monárquicos, católicos, antiguos falangistas-, el primer punto del orden del día era proyectar hacia atrás una amnistía general que permitiera mirar hacia adelante. Sin ella habría sido imposible el encuentro de Múnich o las "mesas democráticas" en las que comunistas y católicos se hicieron demócratas antes de la democracia.
Sobre ese clima moral, que entrañaba profundas consecuencias políticas, se basó la transición. No es verdad, por mucho que se repita, que aquéllos fueran años de amnesia y silencio sobre el pasado: nunca se ha escrito ni debatido tanto de la guerra y del franquismo como en los años de la transición. Ocurrió, sin embargo, que memoria y recuerdo se encaminaron a abrir caminos de futuro: si la transición fue posible se debe a que los mayores, los que hicieron la guerra, habían aprendido su terrible lección, y a que sus hijos, al borrar la divisoria entre vencedores y vencidos, liquidaron su no menos terrible herencia.
Esa historia compleja, alimentada por tantas biografías cruzadas -de padres fascistas que caminan a la democracia, de hijos educados en Falange o en la Acción Católica que se hacen socialistas o comunistas-, es lo que el Gobierno, en su culto al adanismo, no tuvo en cuenta cuando se embarcó en un proyecto de ley denominado, en sus primeros pasos, de memoria histórica. ¿Y qué es memoria histórica en un país dividido a muerte por una guerra, en la que hermanos -de sangre, nada de metáforas- tomaron partido contra hermanos? Cuando un país se escinde, la memoria compartida sólo puede construirse sobre la decisión de echar al olvido el pasado: ése es el sentido de la amnistía general, como Indalecio Prieto y José María Gil-Robles lo comprendieron ya desde los primeros años de la posguerra.
Pero amnistiar no es ignorar ni silenciar: sabemos muy bien lo que pasó.
... (... continúa)
Os quedaréis sin la vida
si le quitáis el misterio.
Hay que salvar el aroma
de la madera cortada.
La mano de Dios confina
con las murallas del mundo,
con la esperanza del hombre.
Jugarse el tipo, de gracia,
como los niños que juegan.
Servir bajo el día a día.
Crecer contra la evidencia.
Decir siempre una palabra
última de lucha, para
caer luego de rodillas
en silencio.
Pedro Casaldáliga
Un artículo de Fernando Savater
EL PAÍS Opinión
Hace unas semanas, José Blanco acuñó un apotegma taoísta: "Los que no saben, hablan, y los que saben, callan". Bueno, a partir del 30 de diciembre ya quedó claro en cuál de las dos categorías hay que apuntar al Presidente del Gobierno. Aunque la calificación puede extenderse -y con agravantes- a la pléyade de expertos en el asentimiento y el hosanna que se han apiñado últimamente para "asesorar" al prócer en lo tocante al fementido "proceso de paz". Rodeado de tantos empeñados en dar jabón, no es raro que el hombre haya resbalado. Y aún se les oye tocar el tambor a los más obstinados, como a los conejitos de las pilas incansables, llamando al somatén contra el PP, que no apoyó al Gobierno en su confusa aventura. Por cierto que no aclaran lo que hubiéramos ganado si la oposición hubiera brindado en este punto su adhesión inquebrantable al Ejecutivo, salvo que tras el atentado de Barajas se les habría quedado cara de tontos a dos líderes en lugar de sólo a uno. Seguir a estas alturas tratando de culpabilizar a los críticos de Zapatero en nombre de lo que hizo o dejó de hacer Aznar es cubrirse de ridículo, cuando no de alguna sustancia aún más fétida. Pero no cejan porque cuando se les acaba el sectarismo se les agotan las ideas. Incluso hay algún caradura ignorante que sigue llamando "enemigos del proceso de paz" a quienes hicieron desde el primer día las reservas y advertencias que luego se han revelado tan dolorosamente pertinentes.
Sin embargo, tampoco saldremos de pobres con quienes no cesan de bailar la danza de los siete velos pidiendo la cabeza del frustrado Pacificador. Convendría recordar, en cambio, su afirmación más errónea y reveladora: "Hoy estamos mejor que hace un año". Ningún no nacionalista residente en el País Vasco habría suscrito semejante aseveración. Y no sólo por la intensificación de la kale borroka, sino por el regreso de constantes formas de intimidación personal (incluso contra gente moderada del PNV), vuelta a las pintadas y ocupación de espacios públicos por panegíricos del terrorismo, etcétera. Pero también por la perpetuación de una situación de acoso a cuanto no recibe el euskolabel nacionalista en la cultura, la educación, la universidad, los festejos públicos... Si las cosas hubieran realmente mejorado, la gente menos adicta al régimen no seguiría marchándose y los partidos constitucionales no tendrían cada vez más problemas para encontrar voluntarios para las listas electorales. Los aspectos cotidianos que no chorrean sangre pueden hacer también la vida insoportable o humillante para los menos dóciles. Uno se pregunta: ¿en cuántas localidades de mi tierra me está vedado comprarme una casita en el campo o ni siquiera irme a pasar una temporada? Pongo la ETB: aparece uno de los concursos más populares, Date el bote. Cada uno de los participantes se presenta a sí mismo con una breve cancioncilla y a mí me toca el que canta "ya no se puede ir a los bares a potear tranquilo, están llenos de policías, a ver si los mandamos a todos a Jamaica". Risitas, es lo normal. Luego el programa de debate Políticamente incorrecto, en el que aparecen en sobreimpresión mensajes de los telespectadores: "Los españoles son los terroristas, etcétera". Y si tropiezo con la retransmisión de la gran competición de bertsolaris en el palacio Euskalduna, ni cuento los loores a De Juana Chaos y similares que tendré que ver en pancarta y soportar en verso. La lista es interminable, pero por lo visto sólo interesa a quienes vivimos allí.
Y es que se está confundiendo desde comienzos del llamado "proceso" la paz con la tranquilidad. La paz es la Constitución, el Estado de derecho, los estatutos aprobados según las normas legales y los códigos penales y civiles que se aplican por igual a todos los ciudadanos españoles. Esa paz no pueden darla acuerdos subrepticios con los terroristas, ni con sus portavoces o servicios auxiliares n
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EL PAÍS Opinión
El año 2006 pasará a la historia política y constitucional española como el año en el que las Cortes Generales aceptaron que Cataluña se autodenominara nación en el preámbulo de su nuevo Estatuto de Autonomía. El debate sobre el Estatuto puso nuevamente sobre la mesa los términos clásicos de "nación" y "nacionalidad", pero también introdujo el debate sobre el uso de conceptos como "comunidad nacional" o "realidad nacional", para referirse a determinadas comunidades autónomas, entre ellas Cataluña o Andalucía.
Casi coetáneamente, la Unión Astronómica Internacional decidió cambiar la definición de "planeta" y considerar que se "equivocó" cuando anteriormente aceptó a Plutón como tal. Semanas antes de la decisión, se planeaba, en cambio, ampliar el concepto de "planeta" y dar cabida en él a objetos que hasta entonces se consideraban "lunas" o "asteroides".
Los términos jurídico-políticos, en cambio, no viven en el mundo de las ideas o en un laboratorio, y se usan en un sentido polémico. Muchas veces son difíciles de concretar. Y raramente, por no decir nunca, se pueden definir después de una votación entre especialistas. El concepto de nación es uno de aquellos términos que han hecho correr ríos de tinta. Además arrastra unos condicionantes históricos, simbólicos y culturales que añaden más complejidad aún al propio intento de definir el concepto.
La tradicional distinción entre un concepto jurídico-político de nación (ligado a la soberanía, al poder constituyente de un Estado) y un concepto cultural-histórico de nación (ligado a aspectos antropológicos) es muestra del peso de las experiencias históricas y políticas (la Revolución Francesa en el primer caso y la construcción del Estado alemán en el segundo).
La determinación concreta del concepto de nación en tierras españolas se ha encontrado con estos condicionantes, y con otros más "celtibéricos" derivados de la peculiar historia del artículo 2 de la CE.
Aquella palabra ("nacionalidad") utilizada inicialmente sólo por los partidos nacionalistas en los inicios de las Cortes Constituyentes está plasmada en tal artículo constitucional. El Gobierno de la UCD vio en ella una posibilidad para la integración de los nacionalistas o, al menos, de los moderados. Aquella otra palabra ("nación") evitada por los partidos de izquierda (y ausente de los primeros trabajos parlamentarios del texto constitucional) será adoptada por éstos (y contemplada también en el artículo segundo de la Constitución). Para explicar esta coexistencia se utilizó la expresión "Nación de naciones".
La idea de "Nación de naciones" pretende predicar el carácter nacional de diversas instancias pertenecientes a un mismo conjunto. Se asienta, por tanto, sobre la base de un concepto no excluyente de nación, es decir, evitando que la afirmación del carácter nacional de un ente se haga a costa de excluir el carácter nacional de otros sujetos. Por ejemplo: ¿España es una nación porque no lo son Castilla, Cataluña o el País Vasco? O ¿Cataluña es una nación porque España no lo es? El carácter nacional de España no tiene que ser incompatible con el carácter nacional de Cataluña ni fundarse en su negación. La idea de "Nación de naciones" sugiere la imagen postmoderna del mosaico o por usar la expresión inglesa patchwork, esos cubrecamas hechos con retales que son una unidad, algo nuevo, pero cuyas partes conservan una singularidad plenamente distinguible.
Pero la idea de España como "Nación de naciones" además tiene otra potencialidad: permite ir más allá de la distinción entre nación en sentido jurídico-político y nación en sentido cultural-histórico. E implica reconocer los elementos políticos de las nacionalidades (derivados de su autonomía política constitucionalmente garantizada) y los elementos culturales de la Nación española (derivados de los elementos culturales comunes). Por consiguiente, no cabe considerar Cataluña una simple nación cult
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Una de las tentaciones políticas más peligrosas es empeñarse en ofrecer respuestas simples a los problemas complejos, y eso es lo que está ocurriendo con el debate sobre la inmigración. A estas alturas, es muy difícil sostener que nuestras reformas legales juegan algún papel relevante en el hecho de que casi 30.000 africanos hayan llegado a las costas españolas a lo largo de este año. Se trata de hombres, mujeres y niños que se embarcan en un viaje en el que tienen serias posibilidades de perder la vida, y que a menudo obliga a sus familias y comunidades a contraer deudas con las que cargarán durante años. Hace falta una buena razón para asumir semejante riesgo, y parece poco probable que la encontremos en el BOE.
En realidad, de lo que estamos hablando es de un poderoso efecto huida: los africanos se aferran a cualquier oportunidad para salvar a sus familias de una vida miserable, y cualquiera en su lugar haría lo mismo. Uno de cada seis niños africanos muere antes de cumplir los cinco años, casi siempre por una combinación de malnutrición y enfermedades que serían fácilmente prevenibles, lo que significa que en este debate no hay atajos: hasta que no resolvamos el problema de la pobreza, la inmigración insegura seguirá siendo incesante e imparable.
Ésta es una respuesta incómoda, porque el desarrollo de África es un problema muy complicado en el que los propios africanos deben tomar la iniciativa. Uno de los retos principales consiste en superar la debilidad institucional y democrática heredada de la colonia y de la Guerra Fría. Pero sería insensato ignorar el papel que debe jugar la comunidad internacional, cuyo compromiso hasta ahora ha sido, por decirlo de forma suave, insuficiente. La ayuda internacional es imprescindible, por ejemplo, para elevar el alarmante estado de la educación, que en países emisores de emigrantes como Malí deja a uno de cada dos niños fuera de la escuela primaria. Lamentablemente, la cooperación de los países industrializados sigue sin estar a la altura de la retórica de sus dirigentes.
Lo que es peor, los intereses creados en los países ricos pueden destruir con una mano lo que los ciudadanos y contribuyentes construyen con la otra a través de la ayuda al desarrollo, como demuestra el caso español. Mientras la cooperación oficial ha situado a África entre sus prioridades, incrementando los recursos y los esfuerzos para reducir la pobreza de este continente, otras políticas gubernamentales trabajan exactamente en el sentido contrario. España se opone, por ejemplo, a una reforma de la política agraria europea que beneficiaría a África enormemente. Un incremento de tan sólo el 1 por ciento en la cuota mundial de exportaciones que disfruta este continente se traduciría en un aumento de más del 20 por ciento en la renta media per cápita de los africanos, equivalente a 50.000 millones de euros anuales.
El comercio no es el único ámbito en el que los intereses nacionales van por delante de las buenas intenciones. España es el principal exportador mundial de municiones para armas ligeras a África subsahariana, por delante de grandes fabricantes como el Reino Unido. Entre los años 2002 y 2003 empresas españolas exportaron a Ghana 534 millones de cartuchos, una cifra similar a la de años anteriores. Dice el Ministerio de Comercio que se trata de munición de caza, pero eso convertiría a este pequeño país de África occidental en una monumental montería, así que es muy posible que esa munición tenga usos menos recreativos. Ghana es limítrofe con un país como Costa de Marfil, que sufre un grave conflicto interno, y cercano a otras zonas de gran inestabilidad como Sierra Leona, Guinea Conakry o Liberia. Todos ellos son países emisores de emigración hacia Europa.
El Gobierno ha empezado a ser consciente de este conflicto, y por eso presentó hace unos meses el Plan África con el doble objetivo de reducir los flujos de inmigración y de contribuir al desarrollo de la región
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El atentado de Barajas con el que ETA rompió el alto el fuego es un hecho que obliga a replantear teorías e hipótesis muy arraigadas en los partidos en materia antiterrorista, por razonables que en su momento las considerasen. Obliga al Gobierno a explicar no sólo que su optimismo era equivocado, como hizo Zapatero, sino las razones que le llevaron a no reaccionar frente a señales obvias que contradecían ese optimismo. Y obliga al principal partido de la oposición a reconocer que eran falsas sus acusaciones sobre las concesiones que el Gobierno ya había hecho a ETA.
No hubo ayer ni lo uno ni lo otro. Zapatero no dio una explicación de lo ocurrido, ni avanzó los criterios sobre los que, sobre la base de la experiencia, propone refundar la unidad contra ETA en el nuevo pacto multilateral que propuso. Y Rajoy no sólo no rectificó sus acusaciones, sino que las agravó con juicios de intenciones a voleo, incluyendo uno gravemente calumnioso que no rectificó cuando el presidente del Congreso le dio ocasión para hacerlo: que "si no hay bombas será porque ha cedido".
Casi lo único positivo de la jornada fue que Rajoy aceptara participar en la reunión de la Comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista propuesta por Zapatero como paso previo a una reunión de todas las formaciones democráticas para poner en común iniciativas de respuesta a la nueva situación. Con esa propuesta, el presidente buscaba un equilibrio entre el reconocimiento de que un partido con cerca de diez millones de votos y con el que tiene firmado un pacto en la materia no es uno más; y su intención de ampliar ese pacto a otras formaciones que en su momento no lo suscribieron. Ambas cosas son acertadas, pero faltó que Zapatero ofreciera a Rajoy una explicación de los motivos que le llevaron en su momento a renunciar a un aspecto esencial de aquel pacto: la negativa a negociar con ETA. Rajoy le recordó que en el programa electoral con el que ganó el PSOE las elecciones figuraba el compromiso de aplicar ese principio y de mantener vigente el pacto hasta la desaparición definitiva de ETA.
Ayer era una buena ocasión para explicar que era precisamente el éxito de la política de firmeza (orientada a la derrota policial de ETA) que recogía el Pacto Antiterrorista lo que permitió en 2005 explorar la posibilidad de un final pactado que evitase una sangrienta agonía de ETA y facilitase la integración de los 150.000 votantes de Batasuna en el sistema democrático. Había motivos para considerarlo verosímil. Pero antes de dar el paso de la resolución del Congreso, Zapatero debió asumir como una prioridad convencer al PP de que podían dar ese paso juntos; habría permitido concertar una respuesta también compartida si el ensayo fracasaba.
Es posible que Zapatero piense que es más prudente no adelantar sus propias propuestas para el nuevo periodo, a la espera de esa reunión con el PP y de la ronda de contactos del ministro del Interior con los demás grupos. Pero precisamente porque, como él mismo recordó, suya es la responsabilidad de dirigir la política antiterrorista, debió haber sido menos genérico a la hora de sacar las conclusiones de este fracaso con vistas a la nueva orientación. Por ejemplo, respecto a la separación radical entre lo que cabe acordar con ETA (reinserción) y lo que de ninguna manera puede ser sujeto de negociación con los terroristas.
Existen divergencias sobre a partir de qué grado de debilidad de ETA deja de ser imprudente la búsqueda de un final pactado; sin embargo, esa diferencia es ahora menos acusada desde el momento en que hasta los partidos nacionalistas admiten que Barajas no sólo ha arruinado esta tregua sino cualquier proceso planteado sobre la base de treguas de cualquier tipo: el abandono definitivo y comprobable de la actividad terrorista será en adelante condición para cualquier diálogo sobre la reinserción de los presos y activistas clandestinos. Rajoy admitió, aunque de manera oblicua, que (sólo) en e
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La séptima edición del Foro Social Mundial atrae al mundo a África como activistas, movimientos sociales, redes, coaliciones y otras fuerzas progresistas del Pacífico Asiático, América Latina, el Caribe, América del Norte, Europa y todos los rincones del continente africano haciéndoles converger en Nairobi, Kenia, durante cinco días de resistencia cultural y celebración; paneles, talleres, simposios, movilizaciones, muestras de cine y mucho, mucho más; iniciando el 20 de enero y culminando el 25 de enero de 2007.
Desde sus modestos orígenes en Porto Alegre en el año 2001, el Foro Social Mundial se ha extendido hasta convertirse en una contra-fuerza global que desafía las suposiciones y los dictados del imperialismo y sus políticas neo-liberales asociadas que a lo largo de décadas han impuesto el colonialismo y el neocolonialismo; han devastado las economías del Sur; han reforzado las maniobras desastrosas y represivas de variadas dictaduras artificiosas; han marginado a las mujeres; han privado a la juventud de su derecho a participar; han intensificado la destrucción del medio ambiente; han desatado conflictos sangrientos, inhumanos e innecesarios en nación tras nación, en región tras región y han profundizado la explotación de las personas pobres alrededor del mundo.
Conjugando fuerzas alrededor del llamado a la acción enfocado en que Otro Mundo es Posible, el Foro Social Mundial ha colocado la justicia social, la solidaridad internacional, la equidad de género, la paz y la defensa del medio ambiente en el orden del día de las personas de mundo. Desde Porto Alegre a Mumbai, desde Bamako a Caracas, desde Karachi y ahora Nairobi, las fuerzas y los contingentes del Foro Social Mundial han ampliado colectivamente los espacios democráticos para aquellas personas que buscan alternativas sostenibles y progresistas ante la globalización imperialista.
Aún así el proceso del Foro Social Mundial no es la última tentativa para crear un "movimiento mundial revolucionario de vanguardia" monolítico, ni tampoco es una reencarnación del "frente unido" internacional que procura derrocar, uno por uno, a los gobiernos alrededor del mundo. Tal noción sería una negación completa de la esencia misma y el concepto propio del Foro Social Mundial tal como se ha planteado en su Carta de Principios. No, el Foro Social Mundial no es para nada eso, y dista mucho de ello.
Más bien, el Foro Social Mundial es, para utilizar una palabra de Kiswahili, un Jukwaa global, es decir, una PLATAFORMA internacional, para citar la Carta de Porto Alegre "un lugar abierto de reunión donde grupos y movimientos de la sociedad civil opuestos al neo-liberalismo y a un mundo dominado por el capital o por cualquier forma del imperialismo, que a su vez están comprometidos con la construcción de una sociedad planetaria concentrada en la persona humana, se juntan para conjugar su pensamiento, para debatir las ideas democráticamente, para formular propuestas, para compartir sus experiencias libremente y para crear redes de acción efectivas."
El FSM Nairobi 2007 será una oportunidad para presentar a África y sus movimientos sociales; África y su historia intacta de la lucha contra la dominación extranjera, el colonialismo y el neocolonialismo; África y su rica herencia de la riqueza natural, la diversidad cultural, lingüística y étnica; África y su reputación para abrazar las comunidades alrededor del mundo; África y sus contribuciones a la civilización del mundo; África y su papel en la búsqueda de una posible y más progresista sociedad humana global.
El tema de la séptima edición del Foro Social Mundial es "las Luchas de las Personas, las Alternativas de las Personas".
Unas simples palabras no pueden ca
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El 23 de enero de 1932 (hace ahora 75 años), a las once de la noche, el presidente de la República, Manuel Azaña, hizo llegar al entonces ministro de Justicia, Fernando de los Ríos, el documento en virtud del cual se ordenaba la «disolución en territorio español de la Compañía de Jesús».
El decreto, publicado al día siguiente en La Gaceta -órgano oficial del régimen-, ABC y El Socialista, estipulaba la propiedad estatal de todos los bienes de los jesuitas, a quienes daba un plazo de diez días para abandonar la vida religiosa en común y someterse a la legislación. No era la primera vez que la Compañía de Jesús sufría una expulsión en España, pero sin duda sí fue la más dolorosa y cruenta.
La disolución de los jesuitas ponía el punto y aparte a una situación de persecución contra la Iglesia que comenzó a fraguarse nada más instaurarse la II República. Esta etapa tuvo su punto culminante con la aprobación del artículo 26 de la Constitución republicana -que declaraba disueltas aquellas órdenes religiosas que impusieran, «además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a una autoridad distinta de la legítima del Estado»- y con el famoso discurso de Azaña, el 13 de octubre de 1931, en el que declaraba que «España ha dejado de ser católica».
Durante aquellos días llegarían la quema de iglesias y conventos, que se agudizarían tras la disolución de la Compañía y durante los primeros meses de la Guerra Civil. Como apunta el historiador y ex presidente del Parlamento de Navarra, Víctor Manuel Arbeloa, «desde los primeros momentos del régimen la Compañía fue objeto de animadversión y persecución».
La ejecución del decreto afectó a los 3.001 jesuitas españoles, además de los 621 que estudiaban en el extranjero. «De golpe y porrazo», constata el jesuita Alfredo Verdoy, se clausuraron 80 casas de la Compañía en España, echaban el cierre todos sus centros educativos y obras sociales y sus estudiantes se exiliaban a Bélgica e Italia.
Comienza la persecución
Apenas se proclamó la República, la Compañía sintió la persecución. Uno de los mayores expertos en esta materia, el jesuita Alfredo Verdoy (autor de «Los bienes de los jesuitas. Disolución e incautación de la Compañía de Jesús durante la II República», Trotta) señala cómo «en muy pocos meses, de octubre de 1931 a enero de 1932, se fue cociendo la perentoria necesidad no sólo de disolver la Compaía de Jesús, sino todas las órdenes y congregaciones religiosas, especialmente las que más influjo tenían en el campo educativo y social».
Sin embargo, no fueron pocos los jesuitas que, desafiando el orden establecido, optaron por permanecer en España. La revista de los jesuitas en Castilla recordaba, en junio de 2004, cómo todos ellos hubieron de «refugiarse en un régimen de clandestinidad en diversos pisos», conocidos como «Coetus», donde continuaron ejerciendo su ministerio.
Las negociaciones previas a la entrada en vigor del decreto, que encabezaron el Nuncio y el cardenal Vida y Barraquer, sólo sirvieron para limitar el alcance de la ley a los jesuitas. En opinión de Arbeloa, «los jesuitas eran la punta de lanza de la Iglesia, especialmente en el ámbito social y cultural. Y por ello molestaban, y mucho. Los políticos laicistas no hicieron esfuerzo alguno para tratar de llegar a una «concordia» como la que preparó el equipo del cardenal Vidal y Barraquer y el Nuncio Tedeschini».
¿Por qué los jesuitas y no todos los religiosos? Para Verdoy, «porque, de haber optado por expulsar a todos, el Gobierno republicano se hubiera enterrado vivo. No olvidemos que el deseo de suprimir la Compañía había unificado a los anticlericales y a todos cuantos pensaban que los jesuitas acabarían mermando el poder de la República, y dulcificando su carácter revolucionario».
Aunque los jesuitas estaban preparados para una expulsión, «hicieron cuanto pudieron en su defensa y, ante el decreto, reaccionaron con a
... (... continúa)Algunos hombres ven las cosas como son y se preguntan "¿Por qué?".
Yo sueño las cosas como nunca han sido y me pregunto "¿Por qué no?".
George Bernard Shaw

Las palabras las carga el diablo, como las armas. Por eso, desde siempre, el hombre las ha usado con cuidado, no fueran a explotarle entre las manos. O entre los labios, para ser precisos.
Nunca hasta ahora, no obstante, el miedo a las palabras ha sido tan evidente ni tan exagerado el tacto con el que se utilizan; no sólo entre los personajes públicos, sino también entre la gente anónima, arrastrada por aquéllos a un lenguaje que no sólo no es el suyo, sino que muchas veces ni entiende. Lo que provoca situaciones que en ocasiones rozan lo histriónico, cuando no entran directamente en la condición de humor.
En el ámbito político, la cosa es más que evidente. Cuando nuestros dirigentes, con el presidente José Luis Rodríguez Zapatero a la cabeza (él fue, de hecho, el que popularizó el término) hablan de los ciudadanos, o de la ciudadanía, para referirse a los españoles (palabra que no supone una ideología, simplemente identifica a unas personas), lo hacen para evitarse problemas, pero ignoran que, al hacerlo, están borrando a un tercio de aquéllos, o sea, a los españoles que viven fuera de las ciudades, que es a los que se refiere el término: ciudadanos = habitantes de las ciudades. Del mismo modo, cuando los nacionalistas periféricos (también los hay españoles) se refieren a España como el Estado, están haciendo también una transposición de términos que, aparte su incorrección (administrativamente, el Estado lo forman todas las instituciones públicas, incluidas las autonómicas y las locales), está vacía de contenido, por cuanto, por una parte, estados son también los de los demás países, por lo que habrían de precisar a cuál de ellos se refieren, y, por otra, conduce a situaciones tan absurdas o tan cómicas como sugerir que llueve en los ministerios ("Lluvias en todo el Estado", dicen ciertos telediarios autonómicos) o considerar que éste es un aparato: "El aparato del Estado", repiten unos y otros continuamente, como si el Estado fuera una televisión.
El absurdo al que conduce esta actitud aumenta de día en día si observamos las aportaciones que continuamente se añaden al vocabulario político nacional: desde identificar Madrid con España entera para no tener que decir la palabra odiada (lo que convierte al Gobierno de la nación en uno autonómico y al de Madrid en inexistente) a sustituir el País Vasco por el norte -como si Santander o Asturias no fueran también el norte-, pasando por expresiones como talante (que, sin añadirle algo, bueno o malo, por ejemplo, no quiere decir nada en realidad), el lenguaje político en España se ha convertido en una entelequia que hubiera hecho las delicias de Valle-Inclán, de estar vivo. Aunque la palma en este terreno se la lleva, para mí, la expresión que los parlamentarios andaluces inventaron para definir su tierra, intentando equipararla con otras de más caché: realidad nacional. Sólo les faltó añadir con destino en lo universal.
Influenciados por los políticos o contagiados por la estupidez del ambiente, los españoles en general nos hemos dedicado últimamente a reinventar la lengua de nuestros antepasados, en orden a hacerla presuntamente más agradable. Así, para no ofender a los diferentes, como se les dice ahora a las minorías, ya sean éstas religiosas o raciales, hablamos de magrebíes, ciudadanos de color, del Este, subsaharianos (¿los blancos lo son también?) y hasta de individuos de etnia gitana (así dicen los periódicos, al menos), cuando los así llamados se llaman a sí mismos normalmente de otra forma, mucho más conocida y natural. Y lo mismo sucede con los maricas, que ahora se les dice gays, rebajando al parecer de esa manera la presunta carga homófoba social, con los indocumentados (ahora simplemente sin papeles), los vagabundos (ahora sin techo), los viejos (ahora mayores, también la tercera edad) y hasta las personas solas (ahora singles, en inglés). Por supuesto, los ciegos son invidentes, los cojos son minusválidos, los subnormales d
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Cáritas Española celebró este fin de semana su sesenta aniversario. Esta asociación es pionera en la asistencia y promoción de los más pobres de entre los pobres
«No somos el «brazo social de la Iglesia», sino la misma Iglesia, que quiere seguir siendo fiel a su identidad», afirma Silverio Agea, secretario general de Cáritas Española, que este fin de semana celebró en El Escorial su 60 aniversario, coincidiendo con la LXI Asamblea General, bajo el lema «Cáritas y el compartir fraterno de la comunidad eclesial».
Desde 1947, Cáritas trabaja por la atención y promoción social de distintos colectivos en riesgo, tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Desde transeúntes a enfermos de SIDA, pasando por el trabajo con inmigrantes, niños y jóvenes, drogodependientes, reclusos, discapacitados y personas mayores. Desde Cáritas, además, se realizan proyectos como el de Empleo (que este año cumple el cuarto de siglo desde su puesta en marcha), Vivienda, Formación y Estudios. En este último ámbito, y gracias a los informes Foessa, Cáritas se ha destacado como un pilar insustituible a la hora de establecer políticas sociales y educativas en España.
A lo largo de todos estos años, el trabajo de Cáritas ha ido cambiando al mismo ritmo que la propia sociedad española. Así, en los duros años de la posguerra, «Cáritas nació con una misión totalmente asistencial», apunta Silverio Agea, para atender a los miles de desplazados y de empobrecidos tras la Guerra Civil y la contienda mundial, así como a los ancianos y huérfanos.
De la asistencia a la denuncia
«Pero, de inmediato -añade el secretario general-, Cáritas notó que no sólo podíamos quedarnos en la asistencia, sino que había que trabajar en la promoción social». En los años cincuenta, la tan manida expresión de «no dar el pez, sino enseñar a pescar» se convirtió en el ámbito de actuación de esta organización, que vivió la década de los sesenta con emoción, al albur de la «primavera de la Iglesia» que supuso el Concilio Vaticano II.
De esa fecha datan programas, pioneros en nuestro país, como el citado de Empleo, así como otros destinados a la promoción de la mujer, la juventud y los «sin techo», una realidad que comenzó a hacerse patente a finales de los años 60.
La tercera etapa, en la que todavía anda inmersa esta organización, «surgió al darnos cuenta que, junto a la labor asistencial y la promoción social, Cáritas debía liderar la transformación de la sociedad». De este modo, surgieron los movimientos de denuncia de las «estructuras de pecado», y la sensibilización social.
La «denuncia profética», como integrantes de la Iglesia, tuvo dos elementos fundamentales. De un lado, el fomento de la Cooperación Internacional que en 2005 supuso el 14% del presupuesto de Cáritas, unos 167 millones de euros, y que en 2006 ya alcanza el 20% del total- ; del otro, la irrupción del fenómeno de la inmigración.
Una fecha clave para esta tercera fase fue 1994 y el drama de los Grandes Lagos. Posteriormente llegó el liderazgo de Cáritas en la lucha por la erradicación de la deuda externa y el cumplimiento de los Objetivos del Milenio. En el ámbito de la Cooperación Internacional, la labor de Cáritas siguió los mismos patrones que en nuestro país. «Al principio -recuerda Agea-, trabajábamos para paliar las urgencias y atender las grandes catástrofes humanitarias. Después comenzamos con la promoción social, y ahora también estamos comprometidos con la prevención de las situaciones injustas», provocadas por la sempiterna lucha Norte-Sur.
Sesenta años después, la red nacional de Cáritas está constituida por unas 5.000 Cáritas Parroquiales, 68 Cáritas Diocesanas y sus correspondientes Cáritas Regionales o Autonómicas, que hacen de esta entidad «un observatorio privilegiado de la realidad» existente en nuestro país, hasta el punto de que, segú
... (... continúa)por Antonio Muñoz Molina
La política española resulta tan difícil de explicar al extranjero porque está toda entera contaminada de delirios, algunos de ellos tan difundidos, tan arraigados, que casi todo el mundo ya los confunde con la realidad. El delirio ha sustituido a la racionalidad o al sentido común en casi todos los discursos políticos, y los personajes públicos atrapados en él lo difunden entre la ciudadanía y se alimentan a su vez de los delirios verbales y escritos de unos medios informativos que en vez de informar alientan una incesante palabrería opinativa. La actualidad no trata de las cosas que ocurren, sino de las palabras que dicen los políticos, de los cuales no se conoce apenas otra cosa que sus exabruptos verbales. En ningún país que yo conozca los titulares están tan hechos casi exclusivamente de declaraciones entrecomilladas. El que llega de fuera se ve asaltado, nada más subir al taxi en el aeropuerto, por un zumbido perpetuo de opinadores que someten a escrutinio las declaraciones y contradeclaraciones previamente enunciadas por los charlistas de la política. Da la sensación de haber entrado en un bar de barra pringosa en el que el humo de la palabrería fuera más denso que el del tabaco, y en el que un número considerable de afirmaciones tajantes parece dictado por la ofuscación de una copa matinal de coñac.
El delirio contamina todos los saberes y con frecuencia termina por sustituirlos del todo. Hay una geografía delirante, que se manifiesta, por ejemplo, en los textos escolares y en los mapas de las noticias sobre el tiempo, y en virtud de la cual cada comunidad autónoma es una isla rodeada de un gran espacio en blanco y sin nombre o se dilata para abarcar territorios soñados. Casi cualquier delirio es un delirio de grandeza. El País Vasco abarca en los mapas Navarra y una parte de Francia: Cataluña se extiende hacia el norte y a lo largo del Levante y por las islas del Mediterráneo, en un ejercicio de megalomanía geográfica que se parece bastante al de los reinos que don Quijote imaginaba que conquistaría con su bravura de caballero andante. Galicia se agranda por las anchuras atlánticas de la lusofonía y por los confines de niebla de los reinos celtas. Y no quiero pensar qué ocurrirá cuando los cerebros políticos de mi tierra natal descubran por azar algún libro en el que se muestre que hubo una época en la que el territorio de Al-Andalus cubrió casi entera la península Ibérica y una parte del norte de África.
La geografía fantástica se corresponde con el delirio lingüístico: en esos mundos virtuales el español es un idioma molesto y residual que sólo hablan guardias civiles, emigrantes y criadas, y que por lo tanto no merece más de dos horas de enseñanza semanal en las escuelas, aparte de comentarios despectivos sobre su rusticidad y su patético provincianismo. Al fin y al cabo sólo se habla en tres continentes. Cuando no hay modo de prescindir de este idioma al parecer extranjero que sin embargo es el único de verdad común de toda la ciudadanía, se le desfigura en lo posible con una ortografía delirante, que debe de ser un enigma para la inmensa mayoría de los cientos de millones de hablantes que lo tienen como propio. Y cuando los jerarcas de tales patrias viajan por el mundo se convencen a sí mismos en su delirio de que hablan inglés, para no rebajarse a la indignidad de hablar español: pero con raras excepciones hablan inglés tan mal y con un acento español tan inconfundible que sólo los entienden los españoles diseminados entre el público, que constituyen, por otra parte, la mayoría de éste. Los dignatarios -da igual el partido o el territorio al que pertenezcan- cultivan un delirio grandioso de política internacional, y viajan por el mundo con séquitos más propios de sátrapas que de gobernantes democráticos, con jefes de prensa y de protocolo, con asesores, con periodistas, con fotógrafo de corte y cámaras de televisión, incluso con pensadores áulicos, en alg
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