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Punset y el amor...
Ni romántico ni culturalmente determinado. El amor es un instinto práctico. Pero su utilidad es de tal índole que de ella dependen nuestra felicidad y hasta nuestra supervivencia. En su próximo libro, y en esta entrevista, Eduardo Punset desmonta los tópicos que lo rodean.
Los tilos que ahora nos protegen del sol los plantó Eduardo Punset hace 30 años. «Lo que se reían mis hijas cuando me veían con apenas unos palitos y les decía, ‘un día os darán sombra’.» Elsa, la mediana de sus tres hijas y desde hace dos años su asistente, asiente sonriente mientras sus dos hijas corretean entre los árboles, ajenas al esfuerzo de su abuelo por ‘levantar’ esta magnífica masía del Ampurdán. Aquí recala entre viaje y viaje y escribe sus libros. Primero fue sobre la felicidad, ahora sobre el amor (Viaje al amor, ed. Destino), y habrá un tercero: sobre el poder. En su despacho, fotos y recuerdos de su época de ministro, en el Fondo Monetario Internacional... Dan ganas de hacer un repaso de su vida, pero no estamos aquí para hablar de política sino de aquello que más le gusta y a lo que se dedica en exclusiva desde hace 11 años: la divulgación científica. Así que vamos al grano.
XL Semanal. ¿Qué es el amor?
Eduardo Punset. Un instinto de supervivencia.
XL. Empezamos poco románticos...
E.P. Es que el amor tiene una explicación evolutiva muy precisa en nada vinculada al romanticismo. Es un instinto de superviviencia en el sentido de que ningún organismo intenta vivir solo. Hace 3.500 millones de años, la primera célula necesitaba que alguien la ayudara a respirar un aire que se estaba oxigenando y, por lo tanto, convirtiendo en letal. Así que si pasaba por allí otra célula `inmune al oxígeno, le pedía que se quedara con ella.
XL. Es lo que llama la fusión irrefrenable del otro, lo que nos lleva a que el amor es, antes que nada, práctico. Pero aclaremos una cuestión: ¿de qué amor hablamos? ¿Del amor en general, a nuestros padres, hermanos y amigos, o del amor de pareja?
E.P. La neurología moderna cuestiona estas distinciones. Los circuitos activados por el amor materno, fraternal o el amor romántico son los mismos. Es más, son los mismos circuitos para el amor que para el desamor. Lo que pasa en el cerebro del bebé al que dejan llorando en la cuna hasta que revienta es exactamente lo mismo que le pasa al adulto cuando ha perdido a su gran amor. Y lo más tremendo es que los recursos con que cuentan uno y otro son igual de insignificantes. El adulto no tiene más recursos para hacer frente al desamor que el bebé para sobrellevar el desamparo o el abandono de la madre.
XL. Hombre, algún recurso más tendrá, aunque sólo sea porque puede hablar...
E.P. Bueno, el adulto puede recurrir a terceras personas para que lo alivien, puede comunicar su sufrimiento, pero en realidad no le sirve de nada, porque en el enamorado se produce una especie de obnubilación, se activan unos mecanismos que llamamos los inhibidores latentes y que le `aislan´ de cualquier consejo exterior: no ve más que el amado, no ve sus defectos. En este sentido, la situación es la misma.
XL. Después de afirmar en su último libro que el alma está en el cerebro, ahora insiste con el amor...
E.P. Una de las grandes contribuciones de la neurología moderna, al disponer de la tecnología para estudiar neurona por neurona el mecanismo cerebral, es descubrir que todo está en el cerebro: el alma, las ideas, todo... Es imposible disociar materia e ideas. Y sí, el amor también está en el cerebro.
XL. Dice que uno envejece cuando deja de enamorarse. Es decir que si pudiésemos estar enamorados constantemente, no envejeceríamos. Ni los radicales libres, vamos...
E.P. Exacto. Digámoslo de otro modo: una forma de envejecer es no enamorándose. Esto es un proceso paralelo al equilibro que se rompe cuando llega la

Leo con preocupación que "se puede atrasar el fallo sobre el Estatuto catalán". Espero que sea una serpiente de verano. Sería bueno que el Constitucional dictara pronto sentencia sobre los nuevos estatutos. Bastante equivocación fue anteponer la última reforma estatutaria a la constitucional. Al final, hasta el propio Maragall lo ha reconocido. El error podría ser letal para la Constitución y para el Tribunal, si las decisiones se retrasaran. No se deben prolongar las incertidumbres. Lo exige la consideración debida a los ciudadanos.
Es cierto que al Tribunal tampoco se le guarda siempre el obligado respeto. Su imagen mediática resulta a veces estereotipada y lamentable. Según ella, la acción del Constitucional vendría regida por tres principios implícitos:
1. Todos los magistrados, o son "progresistas", o son "conservadores".
2. Sus posiciones al sentenciar estarían determinadas por esa presunta condición.
3. Al declarar inconstitucional un precepto, legal o estatutario, el Tribunal propinaría un "varapalo" al partido que lo hizo aprobar.
Si esto fuera así, poca falta haría un Tribunal Constitucional. Por fortuna, los tres principios son falsos. Dar a entender que de hecho funcionan redundaría en flaco favor a la institución y en falta de respeto para sus miembros.
La atribución de progresismo o conservadurismo a los magistrados es conjetura tentadora pero azarosa. Quienes penetran en tales jardines tienen gran peligro de patinar. Podría dar algún ejemplo divertido. Lo cierto es que se tiende a esta simplificación: cualquier magistrado propuesto por el PP es por necesidad "conservador"; en cambio, será "progresista" si fue apadrinado por el PSOE. Así de sencillo. En términos taurinos, habría dos hierros decisivos: los de la ganadería de Ferraz, con brillante trayectoria centenaria, o la genovesa, no tan antigua, pero de no menor relumbrón. Todos reconocen que entrambos vienen ofreciendo las mejores corridas políticas en nuestro ruedo ibérico. Para quienes rechazan la fiesta, la metáfora podría convertirse en deportiva y decir que los jugadores saltan al campo a defender los colores del club que los fichó. Un poco sorprendente, ¿no?
Más estupefaciente aún resulta el segundo principio: la posición de cada juzgador dependería de esa su condición progresista o conservadora. Funcionaría así un elegante sistema binario: si lo dice uno, entonces es sí; si lo afirma el otro, por supuesto que no. Luego bastaría añadir una fundamentación, más o menos incomprensible para la mayoría. Si esto fuese así, sobrarían en el Tribunal sus juristas de reconocido prestigio. Bastaría una inteligencia natural bien despierta y una buena aguja de marear. No quiero dar ideas. Pero alguna vez, oyendo a tertulianos, periodistas y políticos, con sus opiniones agudas, tajantes, inapelables y a bote pronto sobre lo que debería decir el Constitucional, me asaltó la pregunta: ¿no cabría aprovechar tanto talento desperdiciado? ¿No es maravilla que estas gentes no necesiten siquiera haber leído los escritos de las partes?
En realidad, la cosa no debe de ser tan elemental. El sesgo ideológico de un magistrado no es siempre la dimensión decisiva. No todo se dilucida en esas coordenadas, ni se agota la riqueza de una personalidad en ellas. Hay muchos otros aspectos relevantes. Así, proceder del ámbito judicial o del académico podría resultar incluso más influyente para juzgar ciertos asuntos; por ejemplo, una recusación o una inhibición.
Es más, parece lesivo para la dignidad del Tribunal suponer que sus decisiones dependan más de quiénes y cómo sean los magistrados o de quiénes son los recurrentes, que de la cuestión objetiva que se les somete. El voto del magistrado se convertiría así en un voto político, en un acto de voluntad y no de juicio. Cabría entonces que la misma cuestión resultase constitucional o inconstitucional, según estuviera o n
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Algunos ciudadanos daríamos nuestro voto por un hearing. Nuestro voto a quien en las próximas elecciones nos prometa que obligará a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, a los miembros del Tribunal Constitucional y a los de todos los órganos colegiados que se eligen actualmente por cuotas de partido, a pasar por una audiencia parlamentaria pública en la que se conozcan y debatan sus méritos, sus opiniones y sus proyectos.
Como nuestra confianza sobre la capacidad de los parlamentarios para protagonizar esa tarea con suficiente independencia es relativa, nuestro voto iría, exactamente, a quienes prometieran una audiencia "a la anglosajona". Es decir, que se celebre un mes después de que se haga pública la identidad de los nominados por cada partido, para permitir que los medios de comunicación, y los ciudadanos en general, acopien información y obliguen a los parlamentarios a darse por enterados, quieran o no, de esos datos.
La idea es evitar el modelo de audiencia descafeinado y de guante blanco que inventaron el año pasado los partidos españoles para el estreno del consejo de administración de RTVE y que algunos querrían extender en el futuro. Salvo el diputado del PNV José Ramón Beloki, que indagó más en las opiniones de los nominados, los otros portavoces parecieron más interesados en dar la amable bienvenida a los consejeros que en demostrar que habían investigado sus obras y méritos.
Es cierto que ese sistema de audiencias, con tiempo e investigación pública previa, tiene, a veces, un efecto perverso y que en Estados Unidos, por ejemplo, donde se aplica con mucha frecuencia, ha dejado fuera a algunas personas extremadamente valiosas e idóneas para un cargo por cuestiones que eran claramente secundarias o, incluso, anecdóticas.
En nuestro caso, sin embargo, es poco probable que corramos ese riesgo. Nuestro problema no es que queden fuera de estos organismos algunas personas muy valiosas. Es que entran muchas personas nada competentes, ni prestigiadas, ni meritorias, personas que ocupan los cargos como "cuotas" de partidos y cuyo gran mérito es el puro sectarismo. El uso indecente de esas fichas en blanco, la frivolidad con la que se rellenan, no con nombres respetados, sino con los de los más serviciales, cuando no, simplemente, con el nombre de la propia hija, va a terminar por hundir el prestigio de unas instituciones, empezando por el propio Parlamento y por los tribunales de justicia, que son imprescindibles para el funcionamiento de cualquier democracia.
El problema no reside, como se ha dicho muchas veces, en que los partidos elijan para esos cargos a personas que se sientan próximos a sus proyectos. El problema no es que un juez sea liberal o conservador, se sienta próximo al PP o al PSOE o proceda del nacionalismo, sino que sea sectario, servicial o incompetente. Y desgraciadamente en este país hay cada vez más decisiones de jueces que no se explican salvo por su pertenencia a una determinada asociación judicial (¿no sería hora de plantearse también si es conveniente seguir con el actual pluralismo de asociaciones y con la impresión que tienen muchos magistrados de que no es posible hacer carrera si no se apuntan a una de ellas? ¿No sería más útil una única asociación judicial de defensa de intereses estrictamente profesionales, como ocurre en otros países europeos?).
Aunque el sistema de cuotas continuara en vigor, ¿funcionarían igual esos organismos si sus componentes hubieran tenido que pasar un examen público? ¿Hubiera votado la izquierda (incluso los más moderados de la derecha) por un magistrado claramente fascista, como lo hizo, si se le hubiera obligado a explicar en público su pensamiento y los votantes hubieran visto el espectáculo? ¿Votarían derecha e izquierda a un magistrado corrupto propuesto por los nacionalistas si se hubiera podido investigar antes sus negocios? ¿Votaríamos los ciudadanos a los partidos que consintieran
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Josu Jon Imaz ha remitido este texto a los medios de comunicación... es una verdadera lástima su retirada de la vida política...
Hay momentos en la vida en los que las personas debemos enfrentarnos a decisiones complejas. Dar importancia a los proyectos en los que creemos o apostar por vincular esos proyectos a nuestra propia participación en los mismos. No quiero ocultar que en las últimas semanas he vivido esta disyuntiva. Y he tomado una opción. No seré candidato a la presidencia del EBB del Partido Nacionalista Vasco, para la que fui elegido hace cuatro años. Volveré a la actividad profesional después de más de trece años de compromiso intenso con aquellas funciones que EAJ-PNV me ha encomendado: diputado al Parlamento Europeo, consejero de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno Vasco y presidente de nuestra ejecutiva, el Euzkadi Buru Batzar.
Siempre he creído en la política como servicio a la sociedad. He recibido mucho de esta sociedad desde niño, y he entendido la actividad política como compromiso personal con ella y sus ciudadanos. Como forma de devolver, aún a costa de más de un sacrificio, lo mucho que este país me ha dado. Por eso, siempre he defendido la política como un camino de entrada y salida. Finalizado este servicio, lo normal es que salgamos sin perpetuarnos en la actividad política. Ello sirve para mantener viva la conexión entre clase política y sociedad civil, tan necesaria en los tiempos que vivimos.
He trabajado en la medida de mis posibilidades por una Euskadi en paz, en la que la violencia, la amenaza y la extorsión sean para siempre desterradas desde el firme compromiso con los valores de la persona como clave de bóveda para construir la sociedad vasca. Y me siento muy orgulloso de haber mamado desde joven estos valores a través de mi militancia en el Partido Nacionalista Vasco.
Creo en una Euskadi en la que los diferentes sentimientos de pertenencia de quienes componemos la sociedad vasca convivan compartiendo un proyecto de país, cuyo futuro construyamos entre todos. Creo en una Euskadi en la que la voluntad democrática de sus ciudadanos sea la base de la mutua convivencia y en la que los acuerdos amplios entre diferentes sirvan para hacer frente a los retos de futuro. Un país pensando en nuestras hijas e hijos, en el que encuentren las mejores oportunidades para desarrollarse como personas en su integridad. Trabajo por una Euskadi en la que nuestra identidad vasca se construya en base a valores en un mundo cada vez más abierto y complejo, en el que el amor a lo propio no nos lleve a construir el futuro contra nadie. Como ese árbol al que equiparaba su obra el universal escultor Eduardo Chillida, enraizado en tierra vasca pero con sus ramas y hojas abiertas al mundo.
Me siento orgulloso de haber tenido esta responsabilidad en un Partido cincelado con la talla humana y política de personas como José Antonio Agirre, Manuel de Irujo, Juan Ajuriaguerra, Javier Landaburu o tantos otros. De personas que con su trayectoria construyeron un patrimonio llamado EAJ-PNV, con un activo que ha servido para que centenares de miles de vascos nos den su confianza y hayamos contribuido al autogobierno, a la convivencia, al bienestar y la estabilidad de Euskadi. Pero este patrimonio no es nuestro. Nos toca gestionarlo. La pluralidad de discursos, la división y la tensión que en algunos momentos ha trasladado EAJ-PNV a la ciudadanía, contribuyen a debilitar nuestro proyecto, a confundir a la sociedad vasca y a perjudicar la capacidad de este partido para articular en torno a él a las mayorías sociales vascas necesarias para construir el modelo de país que queremos.
Hoy, el esfuerzo por conseguir la unión en el seno del Partido Nacionalista Vasco nos obliga a todos. A mí también. La reproducción de la división que hace cuatro años se produjo en una transición de liderazgos compleja puede debilitar de forma importante a EAJ-PNV. Siempre h
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Regina Otaola (Eibar, 1952), alcaldesa por el PP del municipio guipuzcoano de Lizartza (600 habitantes), denunció el pasado viernes haber recibido una amenaza de muerte tras izar la bandera española en el consistorio. La enseña amaneció ayer cubierta por una gran ikurriña. Fue horas antes de que la primera edil acudiese a una misa en la ermita del pueblo coincidiendo con el día grande de las fiestas locales. Lo hizo custodiada por la Ertzaintza y sus escoltas, como se aprecia en la imagen. Una treintena de simpatizantes de ANV la recibió y despidió con banderas vascas y gritos de Alde hemendik ("Fuera de aquí") y Zuek fascistak, zarete terroristak ("Vosotros, fascistas, sois los terroristas").
Pregunta. ¿Le merece la pena pasar por todo eso?
Respuesta. Claro. Una no ejerce un cargo porque sea cómodo, sino porque cree en una serie de principios. Yo sabía perfectamente dónde me metía.
P. ¿Se siente con fuerzas para aguantar toda la legislatura?
R. Sí, sí. Además, pienso que no van a ser así los cuatro años. Confío en que vaya bajando la tensión y podamos hacer un trabajo bueno para Lizartza. Lo importante no son los cuatro energúmenos que siempre están ahí, sino el resto de vecinos, que es gente de paz. Ellos tienen claro que queremos que todos vivan en libertad y en igualdad.
P. ¿Cómo discurre la actividad de la corporación?
R. Acudimos algunos días, que no adelantamos así por así, y escoltados. También hacemos reuniones fuera. Tenemos nuestras limitaciones, porque no es un Ayuntamiento normal al que puedes ir de tal a tal hora, pero vamos trabajando.
P. El PP se hizo con la alcaldía el 27-M con 27 votos tras la anulación de la lista de ANV. ¿Se le ha acercado en estos meses algún vecino para apoyarle?
R. Sí, más de uno.
P. ¿Y qué le transmiten?
R. Que sigamos y seamos fuertes. Que están hartos de que unos cuantos intenten mandarles y atemorizarles y que lo que quieren es vivir con normalidad y tranquilidad. Y los que se han acercado no tienen por qué ser del PP. Nosotros no les hemos preguntado la afiliación. Es gente que piensa que es necesario que se haga algo.
P. ¿Estos días ha recibido el respaldo de otros partidos?
R. Me ha llamado la presidenta de las Juntas Generales [la socialista Rafaela Romero]. Tampoco espero que me llamen del PNV o de EA, porque les parecerá un sacrilegio haber puesto la bandera española, digo yo.
P. ¿Es partidaria de la ilegalización de ANV?
R. Sí, y nunca he entendido cómo se puede ilegalizar una parte sí y otra no.

Darfur: La población civil, atrapada por la violencia en Sudán
El Darfur de hoy es un lugar de violencia e inseguridad, donde resulta fácil conseguir armas, y cuya población se encuentra atrapada en un laberinto de ataques armados cada vez más complicado. Las fuerzas paramilitares, armadas por el gobierno sudanés, son cada vez más fuertes, mientras que siguen surgiendo nuevos grupos armados de oposición. A menudo se producen combates entre grupos (e incluso etnias) que antes formaban parte del mismo bando. Sin embargo, hay algo que no ha cambiado: es la población civil la que sigue pagando las consecuencias.
Según los cálculos de las Naciones Unidas, 4,2 millones de personas dependen en Darfur de la ayuda humanitaria. De ellas, 2,2 millones se concentran en campos para desplazados.
La población sigue huyendo. Entre enero y agosto de 2007, según cifras de la ONU, huyeron casi 250.000 personas, algunas de ellas por tercera o cuarta vez.
Durante años, las personas desplazadas han pedido la protección de una fuerza de la ONU. Por fin, tres años después de la aprobación de una resolución por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, éste ha establecido una fuerza híbrida de la Unión Africana y la ONU para mantener la paz, integrada por más de 26.000 personas, y el gobierno sudanés ha autorizado su entrada en el país.
Esta fuerza deberá desplegarse antes del 31 de diciembre de 2007 y debe estar plenamente operativa lo antes posible para ejercer su mandato. Se trata de una tarea ingente. El gobierno de Sudán, bajo presión, ha aceptado en numerosas ocasiones la realización de intervenciones, para terminar rompiendo sus promesas en cuanto la comunidad internacional baja la guardia. El trabajo de la ONU y de la Unión Africana ha sido obstaculizado sistemáticamente por retrasos a la hora de obtener visados, autorizaciones para viajar o permisos de importación.
Pide al gobierno de Sudán que tome medidas para proteger a la población civil y para facilitar el despliegue de la fuerza híbrida de paz.
Asistimos hoy a un profundo deterioro del Estado de derecho, y su característica más paradójica es que se realiza, precisamente, mediante la constante invocación del Derecho. Podría definirse, parodiando la lejana época del uso alternativo del Derecho, como la época del uso populista del Derecho ¿Y en qué consiste? En haberse llegado a convertir el proceso burocrático y parlamentario de producción de leyes en un mero discurso propagandístico, cargado de mesianismo y rasgos salvíficos, con el que los actores políticos hacen creer a la sociedad que curarán todos sus males. Hacer leyes se ha convertido en una operación de imagen, una actuación orquestada para convencer a la ciudadanía de que la incansable actividad y la omnipotente capacidad de los gobernantes resolverá cualquier género de problemas... mediante la producción incesante de nuevo Derecho. No bien los medios introducen en la agenda un nuevo problema, los políticos se lanzan ávidos a legiferarlo y prometen con ello nada menos que su definitiva erradicación. Da igual que se trate de maltrato de género, accidentes de tráfico, contaminación, abusos infantiles o la paz mundial; en cualquier caso, la respuesta del sistema político es "el Derecho a bote pronto".
Este uso populista del Derecho, como todos los mecanismos perversos, se retroalimenta indefinidamente. Pues a una sociedad compuesta de ciudadanos impecables (como los definió Rafael del Águila) le fascina la limpia exactitud de la ecuación "problema social = norma = juez = solución". De forma que, al cabo de poco tiempo, no concibe otro método de resolución de problemas que no sea la ley y la justicia. Esta demanda la abastecen los políticos, encantados, incluso un poco maravillados en el fondo, por la facilidad con que se aplaca la opinión pública, pero en cualquier caso entusiastas de un sistema que les permite demostrar una capacidad de gestión superlativa. ¿Se resuelven de verdad los problemas, qué pasa después con todas esas normas jurídicas? Parece que eso es lo de menos, pues lo importante es el efecto placebo que posee la actitud legiferante: la ciudadanía se siente atendida, al tiempo que el sistema político se legitima simplemente por su estajanovismo normativo.
El populismo es especialmente acusado en el terreno del Derecho Penal. Aquí se ha abandonado toda reserva, toda cautela y, también hay que decirlo, toda ideología, de forma que no hay cuestión desagradable que no pueda abordarse y tratarse mediante el Código Penal. Se trata sólo de tipificar como delito más y más conductas que se perciben vagamente como molestas o inadecuadas, exacerbar las sanciones, proclamar la "tolerancia cero" con el villano de turno, considerar como auténticos enemigos del género humano a categorías enteras de personas, borrosamente definidas. Hasta cierto punto, entraba en la lógica que esto acabara sucediendo: pues si se propala la idea de que al hacer leyes tenemos en las manos el más poderoso de los martillos, la opinión tenderá a percibir la realidad social como un conjunto de clavos precisados de ellas. Y, efectivamente, a pesar de que las estadísticas dicen lo contrario la sociedad está convencida de que la criminalidad aumenta, de que la inseguridad ciudadana crece. El discurso de la seguridad compra votos, no hay más que escuchar a los políticos. Y compra también... más Derecho Penal.
En la práctica médica los placebos no curan, pero tampoco causan daño a la salud. Desgraciadamente, en la práctica política el uso populista del Derecho como placebo ocasiona severos daños, tanto al Derecho mismo como a la democracia. Para tener un ejemplo de lo primero basta mirar en derredor y observar las distorsiones a que se conduce a la opinión pública respecto a lo que es un proceso penal. Estremece que las palabras que el tribunal dirige amenazador a un acusado ("le permito hablar lo justito para cumplir su derecho de defensa, nada más") pasen sin más comentario que el de alabar su mano firm
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El sistema operativo que utilizamos la mayoría es el denominado Windows. Si la marca se hubiese registrado en castellano diríamos: yo utilizo el Ventanas, ¿y tú? El nombre escogido por Microsoft tiene su razón de ser. Este sistema fue concebido para que el usuario pudiera tener activas varias ventanas a la vez. Cada una de ellas constituye un canal de comunicación a través del cual una persona desarrolla una tarea determinada. Hay personas que mantienen abiertas más de veinte al mismo tiempo. Basta con accionar un solo botón para saltar de una tarea a otra: el usuario graba un fichero, contesta un correo electrónico, avanza en un texto a medias, abre un e-mail entrante, lo reenvía, visualiza un vídeo, luego imprime una fotografía, minimiza esa ventana y se va a una hoja de cálculo para proseguir con ciertas operaciones...
Este modo de enfrentarse al trabajo se ha ido extendiendo al mundo real. Cuando un joven se comunica, lo hace con diversas personas y a través de distintos canales al mismo tiempo. Desde su ordenador chatea en dos o tres ventanas distintas con diferentes grupos de personas; tiene abiertos dos blogs; contesta un sms en su móvil, comiéndose letras para comprimir el espacio del mensaje, y todo ello mientras juega con la Play y dialoga a voces con su madre desde la habitación contigua.
El sistema de ventanas abiertas simultáneamente ha provocado un cambio formidable en las habilidades personales. Se ha desarrollado, sobre todo entre los más jóvenes, una inaudita velocidad para cambiar de asunto. Se aumenta la adaptabilidad y capacidad de descodificar en pocos segundos los estímulos recibidos. Procesamos y reaccionamos ante la información a mayor velocidad. También ha mejorado la posibilidad de avanzar varias tareas en paralelo, la denominada multitarea (multitasking), una especie de pluriempleo de las neuronas. Asistimos a lo que podría denominarse horizontalización de la concentración. Es decir, abarcamos muchos más frentes.
Pero no hay mejora que no suponga una renuncia. "Quien mucho abarca, poco aprieta", dice el refranero. La tendencia a abrir más y más frentes simultáneos desemboca en una reducción de la capacidad de concentración. Más amplitud supone menos profundidad. Se pasa por la información de puntillas, quedándonos con lo esencial, sin ir a la esencia y causas primeras de las cosas.
La multitarea ha traído el denominado síndrome de las ventanas, que debe su nombre a las ventanas de Windows. Un síndrome que provoca ansiedad por abrir el máximo de canales de comunicación o áreas de trabajo posibles. Inconscientemente buscamos pasar menos tiempo en una tarea determinada y, si es posible, aumentar el número de frentes abiertos. Desacostumbrados a profundizar, buscamos sentirnos útiles aumentando el número de temas que abordamos de forma somera y superficial. Una persona ante un ordenador con una sola ventana abierta tiene la sensación de que está siendo poco eficiente, de que le faltan estímulos, de que permanece ociosa.
Investigaciones recientes han demostrado que la multitarea tiene un límite. Neurólogos, psicólogos y profesores de escuelas de negocios norteamericanas sugieren que deberíamos controlar el número de tareas que atendemos en paralelo. Jonathan B. Spira, analista jefe de Basex, una empresa de investigación sobre prácticas empresariales, estimó que en Estados Unidos el coste de las interrupciones debidas a la multitarea rondaba los 650.000 millones de dólares al año. Un coste calculado a través de la pérdida de productividad que supone el cambio constante de frentes a los que se presta atención.
Los síntomas del síndrome de las ventanas son muy similares a los de los niños con déficit de atención. Recientemente se ha hablado mucho sobre el aumento de niños con síntomas de hiperactividad. Educadores y profesores denuncian que la capacidad de concentración de los jóvenes alcanza niveles inferiores a los exigidos en los planes de estu
... (... continúa)En lo esencial, unidad;
en lo dudoso, libertad;
en todo, caridad.

El 3 de julio de 1976 se abrió una etapa decisiva en la reciente historia española. El Rey designó a Adolfo Suárez presidente del Gobierno para que sacara a España del largo túnel del franquismo y materializara el establecimiento de un sistema democrático con elecciones por sufragio universal y pleno respeto a los derechos de las personas. Suárez superó grandes dificultades para conseguir que ese proceso, que tiene en la Constitución de 1978 su punto culminante, se haya convertido en un modelo para países que se inician en la democracia. En enero de 1981 presentó la dimisión de forma abrupta, un misterio pendiente todavía de aclaración definitiva. Ocho destacados ministros que colaboraron intensamente con él analizan para este periódico la personalidad y los momentos decisivos en la trayectoria de este singular político que hoy cumple 75 años sumido en una cruel enfermedad.
"Era una persona arrebatadora con una gran capacidad de convicción y una simpatía extraordinaria. Además era el ministro secretario general del Movimiento y el Rey vio claro que el desmontaje del franquismo nadie podía hacerlo mejor que Adolfo Suárez". Con estas palabras Alberto Oliart explica las razones por las que el Rey nombra a Suárez presidente del Gobierno el 3 de julio de 1976 y le encarga un objetivo inaplazable: restablecer la democracia en España. La opinión de Oliart, que ocupó varias carteras ministeriales en los gobiernos de la transición, la comparten con términos similares otros destacados ex ministros que tuvieron un papel muy activo en llevar a buen puerto la travesía hacia un sistema democrático.
Alfonso Osorio, vicepresidente en el primer Gobierno de Adolfo Suárez, no duda en afirmar que el Rey le nombró porque tuvo actuaciones muy destacadas durante su etapa ministerial con Carlos Arias, como la defensa que hizo de la ley de asociaciones políticas, pero sobre todo "porque se necesitaba a alguien que pudiera hacer girar la llave del Consejo Nacional del Movimiento, que conformaba en enorme medida las Cortes que deberían aprobar la reforma política".
Rodolfo Martín Villa apunta además el factor generacional como dato a tener en cuenta: "Con la llegada del Rey, de alguna manera, se jubila toda una clase política, por ello tenían que aparecer personas de su generación en el Gobierno". "Suárez", precisa este veterano político que ocupó la cartera de Gobernación en los primeros años de la transición, "es biológicamente y políticamente hijo de una determinada época en la que pienso que no tenía duda alguna en la necesidad de entenderse con los otros, en hacer posible una amnistía política y conseguir desde el propio régimen anterior una apertura a las libertades. Cualquier otro, con distintas características personales y con los mismos propósitos, habría fracasado".
"Muchos pensábamos que Areilza podía ser uno de los candidatos a la presidencia del Gobierno, pero creo que el Rey optó por un cambio. Independientemente de cuales eran las filiaciones que pudiera tener, Suárez era un hombre joven, entusiasta, abierto, con una voluntad clara de ir a un sistema plenamente democrático", precisa Marcelino Oreja, el primer ministro de Exteriores de Suárez.
Landelino Lavilla, que colaboró con Suárez de una manera decisiva desde el Ministerio de Justicia en el desmantelamiento de las estructuras franquistas, aunque a partir de 1980 mantuvo notables diferencias con él, sostiene igualmente que fue el hombre que el Rey necesitaba: "Respondió muy bien, tenía los valores del hombre estrictamente político, su capacidad de percepción, de intuición y su voluntad al servicio de todos, hicieron que fuera la persona capaz de hacer una operación política importante. Adolfo lo hizo de una manera espectacular en su primera fase".
La vinculación de Suárez con órganos del franquismo es en opinión de José Pedro Pérez Llorca, ponente constitucional, portavoz parlamentario de UCD y varias veces ministro, una razón fundamen
... (... continúa)COMO se sabe, el Camino de Servidumbre -biblia del pensamiento económico liberal- de Friedrich August von Hayek publicado originalmente en 1944, está dedicado a los «socialistas de todos los partidos». Hoy, una posible biblia del pensamiento constitucionalista español merecería ser dedicada a los «nacionalistas de todos los partidos», porque el síndrome nacionalista ha penetrado profundamente en el modo de entender la política no sólo de los partidos nacionalistas, sino incluso de los partidos de ámbito nacional que más alejados podríamos suponer de aquél.
Varios ejemplos recientes lo confirman. Con alcance general, el socialismo que nos gobierna -contra una buena parte de la tradición no sólo histórica sino también reciente (Felipe González) del PSOE- se ha decantado por un gaseoso entendimiento de la llamada España plural, cuyos frutos tangibles corresponden sin embargo a la física del estado sólido, como el polémico Estatuto de Cataluña atestigua. Pero no sería justo limitar esa deriva al PSOE. Hemos asistido hace semanas a la propuesta del máximo dirigente de UPN de desvincular a sus parlamentarios del Grupo Popular al que pertenecen «para evitar que la única voz de Navarra que se escuche en el Parlamento sea la de Nafarroa Bai». Y horas después de expresar una sensata oposición a esa propuesta, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, justificó su interés de formar parte de la candidatura popular al Congreso en «dar más voz a Madrid en el Parlamento».
Cabe preguntarse si estamos ante una malformación ideológica inevitable, amargo fruto a largo plazo de la propia configuración del Estado de las Autonomías, o más bien, como pienso, se trata de una secuela no de esa configuración genética, sino de las malformaciones de su declinación política, que han dado lugar al surgimiento de una dinámica no ya de emulación entre Comunidades -lo que sería políticamente salutífero- sino directamente de confrontación de tipo «suma-cero» entre las comunidades autónomas.
Eso deriva de la percepción de que la capacidad de presión particularista sobre el Gobierno de la Nación es una función de la importancia de los grupos de identidad nacionalista en el Congreso de los Diputados, que inviste y ante quien responde ese Gobierno.
La desmesurada influencia alcanzada así por las minorías nacionalistas, especialmente en las frecuentes ocasiones en que ningún partido ha disfrutado de mayoría absoluta (cinco legislaturas, incluidas la Constituyente y la actual) manda la señal equivocada sobre incentivos y recompensas asociados a esa «voz propia» de las Comunidades, que excita un gen nacionalista de tipo instrumental, que se desarrolla inquietantemente en todos los partidos.
Hay que recordar en este punto una obviedad constitucional. Las Cámaras son la representación del pueblo español en su conjunto y, si bien el Senado se define como Cámara de representación territorial, ni siquiera los senadores lo son sólo de la provincia o Comunidad que les otorga el mandato. Pero desde luego, el Congreso de los Diputados es una arena política cuya función constitucional se relaciona más con la garantía de la libertad y la igualdad de los ciudadanos que con la exaltación de las diferencias territoriales. Eligiendo y controlando al Gobierno de la Nación, y aprobando las Leyes del Estado que deben hacer realidad los valores y principios que inspiran la Constitución, los diputados -desde el punto de vista del sistema político- realizan una función esencialmente nacional.
En todo caso, conviene preguntarse si esta situación tiene remedio. Para algunos, éste pasa por una reforma electoral encaminada a reducir al límite o eliminar la presencia nacionalista en el Congreso de los Diputados. Otros piensan que es más adecuado propiciar una reforma constitucional que «blinde» contundentemente las competencias estatales frente a la insaciabilidad de las pr
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